Con la promesa de que podría hablar finalmente con Feliciano cuando terminara su jornada de trabajo, Ludwig decidió explorar la ciudad. Sentía una extraña nostalgia por esos tiempos más tranquilos, en el siglo XXI las personas solo iban de un lado al otro con celulares en la mano, dirigiéndose a sus trabajos sin perder un segundo porque el tiempo es oro, sin embargo en esa época, las personas aún se detenían a conversar con sus vecinos, los niños jugaban en las fuentes y plazas, etc.

Estaba caminando tranquilamente por una plaza cuando vio un gran revuelo y había un gran grupo de personas reunidas, se acercó curioso tratando de ver que había atraído a tanta gente. En el centro del círculo se encontraba un joven de cabello negro y ojos color miel. Se encontraba dando los últimos arreglos a una máquina muy extraña, parecía ser un sofisticado sistema de poleas.

Las personas observaron interesadas como el pelinegro armaba un puente de madera y con el sistema de poleas lograba levantarlo. Era un puente levadizo bastante común, pero en esa época asombró a todos que se pudiera levantar solo. Todos aplaudieron al inventor.

La tarde pasó tranquilamente, Ludwig siguió observando la ciudad hasta que comenzó a anochecer que fue el momento en el que decidió volver al taller de Da Vinci. A través de una ventana pudo ver al castaño trabajando. Definitivamente se veía más joven, como de unos 16 años o cuando mucho 17. No eran muchos años comparados con los 20 que parecía ostentar en su actualidad.

El castaño caminaba de un lado al otro. Tenía un hermoso ramo de flores en una mesa y lo estaba pintando. No pudo evitar sonreír ante la mueca de concentración que tenía el italiano. Siempre le había gustado verlo pintar, era una de las pocas actividades que realizaba en completo silencio, porque ni dormido dejaba de hablar.

En esas extrañas ocasiones, Feliciano se entregaba a su arte en cuerpo y alma. Le recordaba un poco a Roderich pues cuando el austriaco tocaba, también parecía otro. Siempre callado e imperturbable pero completamente entregado al arte.

El alemán estuvo observándolo hasta que terminó de pintar, vio que le decía un par de cosas a Leonardo quién miraba su pintura y parecía criticarla. Finalmente comenzaron a guardar las pinturas y los pinceles apagando las velas para salir del taller. Ludwig se acercó a ellos viendo al italiano quién lo vio acercarse y se ocultó tras su maestro.

-No temas, Feliciano, este caballero quiere hablar contigo un momento-dijo Leonardo tratando de tranquilizar a su pupilo-Yo no me moveré de aquí y cuando terminen de hablar, te acompañaré a tu casa…

-Grazie-agradeció el castaño y se acercó al rubio mirándolo con cierto miedo- Ehm… Ciao, Soy Feliciano Vargas… aunque tú probablemente ya sabes eso… ¿quién eres tú? ¿De dónde nos conocemos?

-Uhm… sí, ciao… mi nombre es Ludwig Beilschmidt-contestó el ojiazul mirándolo- Escucha, sé que esto será raro pero, vengo de otra época y pues no sé cómo llegué aquí… te conozco porque pues… eres mi amigo en el futuro… yo…

El italiano lo observaba horrorizado tratando de digerir lo que el contrario le estaba diciendo. No sabía si el pobre hombre estaba loco o solo trataba de engañarlo para robarle dinero. Lentamente retrocedió cosa que no pasó desapercibida para el alemán.

-No me mires así, Feliciano, no estoy mintiendo y te lo demostraré-dijo y le mostró su reloj digital. El castaño observó el aparato como si fuera algo extraterrestre pues nunca jamás, ni en sus sueños más disparatados pudo imaginar ver algo así. En ese momento todo indicio de miedo desapareció del más joven.

-Sígueme….-dijo seriamente y miró a su maestro quien asintió y los tres comenzaron a caminar por las calles que comenzaban a quedarse a oscuras. Feliciano y Leonardo se murmuraban cosas tan rápidamente que no podía entenderles pero tal parecía que el maestro cuestionaba a su aprendiz acerca de él. Siguieron caminando hasta las afueras de la ciudad donde entraron a una casa.

-Muy bien, ya decía yo que tu ropa era muy rara pero además tienes ese extraño aparato-dijo el castaño seriamente sorprendiendo al alemán. ¡¿Italia del norte estaba hablando seriamente?! Eso era lo más bizarro del mundo- Quiero saber todo de ese artefacto ¿qué es exactamente? ¿Para qué sirve? Mas te vale no mentir o te mataré…-el rubio lo observaba estupefacto.

-Feliciano, compórtate-Leonardo lo reprendió pero si le dijo que les hablara acerca del reloj. Ludwig dudó por un momento, había leído suficientes libros de viajes en el tiempo como para saber que alterar el pasado podía tener repercusiones en el futuro, sin embargo no tenía opción, debía regresar a su época cuanto antes.

Finalmente cedió y comenzó a relatarles acerca del funcionamiento de los relojes digitales, todas las pequeñas piezas que lo componían así como hablarles un poco de las baterías y la electricidad. Da Vinci estaba asombrado y encandilado por esa información mientras Feliciano tan solo lo observaba con curiosidad pero también entrecerrando los ojos con cierto recelo. Todo era demasiado fantasioso para él.

-Entiendo, entonces necesitas regresar a tu tiempo ¿no?-dijo el castaño cuando el rubio terminó de hablar- ¿Cómo exactamente dices que llegaste aquí?

-Lo hice con un reloj de arena-comentó él preocupado- Pero me lo robaron y no sé donde está, sin embargo, creo que si lo encontramos, podré regresar a mi tiempo.

Justo en ese momento se abrió la puerta principal y entraron los cuatro encapuchados que Ludwig había visto la noche anterior. Inmediatamente miraron al rubio y sacaron sus armas. El alemán levantó los puños listo para defenderse pero el castaño tan solo miró a los encapuchados con una mirada dura y estos guardaron sus armas. Alemania estaba impresionado.

-Dante ¿quién es él?-preguntó uno de los encapuchados acercándose al castaño. El nombre que ocupó para referirse al italiano confundió a Ludwig. ¿Acaso ese era el segundo nombre de Italia?

-Se llama Ludwig y es un… nuevo socio-contestó el castaño mirando al rubio antes de suspirar y miró a otro de los encapuchados- ¿Ya es la hora?

-Así es, es momento de salir, Benedetto escuchó que un grupo de otomanos se reunirían cerca del río Arno-anunció Azelio- Hay que moverse, debemos tomarlos desprevenidos…

-Bene…-dijo Feliciano y sacó de un baúl su traje blanco con rojo. Alemania observó fascinado como se vestía y se preparaba para salir. Los cuatro encapuchados salieron y el castaño miró a su maestro para darle una última indicación- Probablemente Ludwig tenga muchas preguntas ¿podría aclararle todas sus dudas, per favore?

-Por supuesto, Dante-dijo el hombre asintiendo- Tengan cuidado, ragazzi…

-Grazie, maestro…-dijo él antes de cubrirse con la capucha y salir. El alemán no pudo evitar asomarse por la ventana justo para ver como las 5 figuras comenzaban a escalar la casa de enfrente para subir al tejado. Los 5 se fueron corriendo y saltando sobre los techos rumbo al norte. Ludwig siguió observándolos hasta que se perdieron de vista.

-Muy bien, Dante me dejó a cargo de tu "educación"-dijo Da Vinci con una sonrisa- Haremos esto de pregunta y respuesta ¿te parece? –el rubio asintió- excelente, bien, haz tu primera pregunta…

-¿Por qué le dicen Dante a Feliciano?-preguntó el alemán inmediatamente pues esa duda lo carcomía desde el momento en que lo escuchó.

-Bueno, esa respuesta tiene una pequeña historia de trasfondo…-dijo él.


Gracias por leer y por sus comentarios.

Kayra isis: jeje entendiste la referencia a las Tortugas ninja jeje -le da una galleta-

Guest: Gracias por tu comentario.

Piero: Sip, obvio, el renacimiento no estaría completo sin Da Vinci jeje Gracias por tu comentario.

Espero que les haya gustado y no olviden comentar.