Ludwig estaba sorprendido. No podía creer todo lo que había aprendido acerca de Feliciano. Se había dado cuenta que en realidad no sabía nada de su mejor amigo. Habían luchado mano a mano en las dos guerras mundiales y nunca se había preocupado por saber del pasado del italiano, pero ahora sabía de su estrecha relación con el poeta Dante Alighieri y además sabía de qué formaba parte de una de las mayores organizaciones de asesinos. Pero aún había una duda en su cabeza. Leonardo Da Vinci había dicho que el Clan de Feliciano buscaba otomanos en Florencia. Pero al parecer era por una buena razón. Una razón personal.
-¿Feliciano quiere vengar a su padre?-preguntó Alemania confundido- Con "padre" te refieres a Dante Alighieri ¿verdad?
-No, me refiero al verdadero padre de Feliciano-dijo Leonardo sorprendiendo al germano ¿Feliciano tenía un padre como nación? Sabía que el Imperio Romano era el abuelo del italiano pero… ¿quién era el padre?
-¿De verdad?-exclamó sorprendido y curioso a la vez- ¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¿Dónde está?
Da Vinci estaba a punto de contestar cuando se abrió la puerta de par en par. Azelio y Stefano entraron cargando a Benedetto, quién tenía sus ropas manchadas de sangre a la altura del torso. Lo acostaron en la mesa mientras Dante se dirigía a una habitación del fondo para traer vendas y agua.
El encapuchado con tonos en naranja se acercó a Dante, tomando un trapo y lo mojó en el agua para limpiar la sangre del pecho del castaño cobrizo. Ludwig los observaba en silencio notando como las pequeñas manos del encapuchado curaban a su compañero herido.
-¿Qué fue lo que pasó?-preguntó el pintor renacentista preocupado mientras los 3 chicos se quitaban las capuchas.
-Nos emboscaron-dijo Azelio, quién traía varias cortadas en la cara, el cuello, las manos y la ropa ligeramente rasgada. Se quejaba levemente al moverse.
-Era una trampa y mordimos el anzuelo- se lamentó Stefano, quién tenía un moretón en la mejilla y el labio partido- Nos estaban esperando…
Alemania miró a Feliciano quién tenía el cabello revuelto y un poco de sangre en sus mangas pero, fuera de eso, estaba completamente ileso. Azelio comenzó a narrar lo que ocurrió durante la lucha que tuvieron contra los otomanos.
Las 5 sombras saltaban sobre los tejados rumbo a la Catedral de Santa Maria del Fiore. Descendieron de un salto en la entrada del cementerio que se encontraba al lado de la Catedral. Benedetto había escuchado el rumor de que se realizaría una reunión secreta otomana en las catacumbas. Los 5 encapuchados se dirigían sigilosamente a la entrada secreta.
En ese momento escucharon unos pasos que se acercaban por lo que se ocultaron en completo silencio entre las lápidas. Un hombre con una antorcha se dirigía a la entrada. Azelio se acercó con mucho cuidado al hombre y justo cuando estaba a punto de atacarlo, dos figuras le saltaron encima desde un mausoleo cercano.
Dante trató de ayudarlo pero de la nada él y el resto de los encapuchados se vieron rodeados. La batalla se volvió encarnizada en un segundo. Azelio cayó al suelo y recibió una patada en el estómago por parte de un otomano que tenía la cabeza rapada antes de que la figura más pequeña del clan de Feliciano se lanzara sobre el calvo.
Stefano se enfrentaba a tres adversarios por lo que recibió más golpes de los que daba. Dante esquivaba los ataques ajenos con agilidad para acercarse a la entrada. Pasó al lado de Benedetto quién derribó a un otomano grande y fornido.
El líder del Clan de asesinos acuchilló a dos hombres con destreza, matándolos al instante antes de detenerse frente a un otomano alto y fornido, un antifaz blanco cubría sus ojos, ocultándolos de la vista. El italiano lo fulminó con la mirada y sin dudar un segundo, se le lanzó encima como un huracán.
Sadiq usó su espada para defenderse pero el impacto fue tan grande que ambos cayeron al suelo. Feliciano, al ser el más joven, se levantó en un segundo arremetiendo nuevamente contra él. La batalla se volvía más y más violenta, el filo de la espada del Imperio Otomano chocaba contra el acero de las cuchillas que Dante tenía en los brazos.
La batalla parecía no tener fin pues ambos grupos estaban decididos a ganar o a perecer en el intento, pero esto cambió cuando se escuchó un gemido de profundo dolor que distrajo a Feliciano. Benedetto cayó al suelo sangrando abundantemente, uno de los otomanos había roto finalmente su defensa y le había clavado el filo de su espada en el pecho.
El Imperio Otomano le soltó un ataque a Dante quién, a pesar de desear seguir luchando, tenía que retroceder como buen líder y ayudar a su hombre herido. Esquivó el ataque del otomano y regresó para ayudar a su compañero, anunciando la retirada. Les costó trabajo pero finalmente los cinco huyeron a las afueras de la ciudad.
Feliciano escuchaba el relato de Azelio con la boca torcida en un gesto de disgusto pues por fin había tenido su oportunidad para vengar a su padre pero la había perdido. A los pocos minutos se acercó el encapuchado con detalles en color naranja dando a entender que había terminado de curar a Benedetto. Dante se acercó a la figura de menor estatura.
-Te lastimaron el brazo ¿verdad?-preguntó mirando al más bajo con cierta preocupación notando un poco de sangre en la manga ajena.
Para sorpresa de Ludwig, el encapuchado pareció avergonzado.
-Estoy bien-dijo ocultando su brazo sin embargo Feliciano lo tomó con cuidado y subió la manga mostrando un brazo delgado y femenino- No te preocupes por mi… estoy bien…
-Sé que llevas poco tiempo con nosotros, pero no te preocupes-comentó Feliciano limpiando la herida con un trapo húmedo-Nadie te va a hacer daño… estás en confianza- tomó unos vendajes y comenzó a curar su herida.
El encapuchado asintió levemente antes de destapar su cabeza. Una cascada de cabello castaño claro cayó sobre su espalda. Alemania observó como el cabello enmarcaba un hermoso rostro en forma de corazón. La joven poseía unos hermosos ojos color chocolate, era muy hermosa a pesar de que tenía una cicatriz que bajaba desde su ojo derecho hasta su cuello. La chica mostraba un suave sonrojo mientras el italiano terminaba de curar su brazo.
-Vittoria-dijo Leonardo entrando a la habitación y notando como Feliciano curaba a la castaña- ¿Estás bien? ¿La herida fue muy grave? ¿Te hirieron en algún otro lugar?
-No, no, Leo, estoy bien… solo fue un rasguño-comentó ella con una suave sonrisa mientras miraba sonrojada al italiano. Alemania notó la forma en la que ella miraba a Feliciano y no le gustó. En los ojos color chocolate de la joven podía ver reflejado una mezcla de admiración, cariño y algo más.
-Muy bien, ya terminé…-dijo Dante y miró a sus compañeros y a su maestro. Pueden irse, descansen y nos vemos mañana. Cuídate Benedetto-los chicos y el pintor asintieron antes de desfilar hacia la salida. Una vez que salieron, Feliciano miró a Ludwig y le lanzó una almohada. El alemán la atrapó fácilmente- Dormirás en el sillón…-y dicho esto, Dante se metió a su habitación cerrando la puerta tras él.
Gracias por leer y por sus comentarios
Taisha: Hola, lamento no hacer los capítulos mas largos, es que hay ocasiones en las que mi creatividad no da para tanto y además me tardaría más en actualizar jeje gracias por tu comentario, pronto habrá GerIta
Piero: Yo lo se, yo lo se... jeje ya pronto se resolverá el misterio. TATE!
Kayra: Jeje no llores, así es la vida del pequeño Feli. Jeje espero que sigas pendiente porque el próximo capitulo tendrá GerIta.
Espero que les haya gustado y no olviden comentar
