Ludwig de pronto olvidó cuanto tiempo había estado ahí, en esa época. Al ser un hombre serio y rutinario, rápidamente adoptó una nueva rutina: trabajar con el resto de los miembros del clan, ayudar a Feliciano en el taller de pintura mezclando diversos colores para crear nuevos, lavando los pinceles y las paletas e incluso posando y además era el asistente de Azelio en su taller de inventos. Entrenaba diariamente, tanto solo como con Feliciano y al final de cada día, dormían en la cama del menor. El italiano rápidamente se había aferrado al rubio buscando que ahuyentara sus pesadillas de Dante y del Imperio Bizantino. El alemán se volvió su somnífero diario.
Sorprendentemente, Alemania aprendió nuevas técnicas con el castaño mejorando su dominio con un hacha retráctil que inventó Azelio. Vittoria le hizo un traje negro con detalles en plata. El rubio se sentía raro vestido así, pero descubrió que el traje era extrañamente ligero y bastante cómodo. Recordaba que cuando se puso el traje por primera vez, Vittoria lo obligó a posar frente al resto del grupo.
Leonardo la felicitó por tan buen trabajo, Stefano y Benedetto le mostraron los bolsillos escondidos para armas extras además de darle algunos consejos en cuanto al movimiento de la tela y Azelio le dio su hacha mostrándole cómo funcionaba. Feliciano los observaba desde lejos y desvió la mirada con un suave sonrojo en las mejillas pero su rulo formó un suave corazón. El alemán realmente se veía muy guapo así. Esto no pasó desapercibido por su maestro quien se acercó con una sonrisa traviesa en los labios.
-¿Estás bien, Dante?-preguntó Leonardo- Ludwig se ve bastante bien ¿no crees?
-Ese no es el punto del uniforme-comentó el castaño fríamente evitando a toda costa ver al germano- El objetivo es distinguirnos y que nos sirva para proteger nuestra identidad…
-Certo, pero eso no quita que se vea increíble ¿verdad?-el pintor conocía al italiano bastante bien porque era muy observador. Feliciano no pudo evitar mirar al alemán y cuando sus miradas se encontraron, los ojos castaños del menor se desviaron rápidamente y sus mejillas adquirieron un tono rojizo más intenso.
-Me encanta como se te ve, Luddy-dijo Vittoria encantada
-Ya eres parte del grupo…-dijo Dante dándole la bienvenida con la mayor frialdad que pudo- Ahora irás con nosotros a todas las emboscadas y participarás en los planes para expulsar a los otomanos de Florencia ¿Aceptas este desafío con honor y valentía?
-Acepto-dijo el rubio con la mirada en alto y con total seguridad
Todos juntos lograron expulsar varios grupos de turcos. Uno de esos grupos había secuestrado a un joven prodigio que comenzaba a hacerse fama: Miguel Ángel Buonarroti. El joven de 15 años había llamado la atención de Lorenzo el Magnífico, gobernante de Florencia por parte de la dinastía Médici. Lo había acogido en su Palacio de la Via Longa. Ahí, el pintor y escultor estudiaba junto con otros humanistas. Era muy importante y él lo sabía por lo que era un buscapleitos. Según se había corrido la voz, antes de su secuestro, se había peleado con Pietro Torrigiano en el Jardín de los Médici y le habían roto la nariz de un puñetazo.
Había cierta rivalidad no declarada entre Miguel Ángel y Leonardo pues el veterano se sentía celoso del rápido ascenso del adolescente, sin embargo, esos rencorcillos guardados quedaron en el pasado cuando se corrió la voz de que lo habían secuestrado y le exigían a los Médici una gran cantidad de florines para liberarlo.
Cuando Dante se enteró de que había sido un grupo de otomanos los que tenían cautivo al pintor, no dudó en organizar una expedición de rescate. Ludwig, que conocía la importancia de ese pintor en el futuro, no dudó en apoyar al castaño siendo el primero en tomar las armas para el rescate. Una vez que hicieron un plan, salieron de la casa de reunión. El alemán había aprendido a escalar las paredes de las casas y los pudo seguir fácilmente, corriendo sobre los techos, hacia el centro de la ciudad.
Según los testigos, había un grupo de otomanos escondidos en las riberas del río Arno por lo que se dirigieron al sur casi en el borde de la ciudad donde encontraron una serie de canales que abastecían de agua al resto de la ciudad. Con cuidado y mucho silencio, entraron en uno y se dividieron para buscar. Un par de susurros se escuchaban en el fondo de uno de los canales.
Dante les hizo una señal a Stefano y a Benedetto para que rodearan el canal a fin de tapar las salidas y evitar que escaparan. Vittoria y Azelio se quedaron rezagados como refuerzos mientras Feliciano y Ludwig se acercaban para un ataque frontal.
A la señal, ambos se lanzaron sobre el otomano más cercano. Ludwig lo sometió contra el suelo mientras Dante saltaba sobre el siguiente estrellándolo contra una de las paredes del canal. Los otros dos comenzaron a huir hacia el lado contrario arrastrando a Miguel Ángel con ellos cuando de pronto, Benedetto les cerró el paso y Stefano les cayó encima pues se había ocultado en el techo del canal.
Solo se escuchaban gritos, gruñidos, golpes y maldiciones pues la oscuridad del canal no ayudaba mucho hasta que se acercó un hombre alto y fornido con una antorcha. Alemania lo reconoció de inmediato, después de todo, Sadiq no había cambiado prácticamente nada desde que era el Imperio Otomano. Feliciano lo vio y la ira centelló en sus ojos castaños. Sin dudar un segundo, el menor se lanzó sobre él pero Ludwig lo detuvo.
-¡¿Qué haces?! ¡Suéltame!-exclamó Dante furioso forcejeando contra el mayor
-Feliciano, cálmate y mira…-comentó el rubio y señaló una línea de polvo a los pies del otomano. Era pólvora- Si lo atacas, volará en pedazos el canal…
-Eso no me matará-gruñó el menor aún forcejeando- Soy inmortal ¿recuerdas?
-Tú sí, pero ¿y los chicos?-preguntó el germano y eso detuvo al castaño. Claro que si se derrumbaba el canal todos podrían quedar atrapados o morir aplastados por las piedras. Dante dejó de luchar y fulminó con la mirada a Sadiq
-¡Eres un cobarde!-le gritó furioso cuando el alemán lo soltó. El Imperio Otomano solo sonrió con superioridad mientras sus secuaces se llevaban a Miguel Ángel pero de pronto, el adolescente se liberó soltándole una patada a su captor y salió huyendo rumbo a la salida del túnel donde se encontró con Vittoria y Azelio-¡Retirada!-todos los miembros del clan salieron corriendo antes de que derrumbaran el canal mientras escuchaban los pasos apresurados de los otomanos que no dudaron en perseguirlos.
Estaban corriendo a la salida cuando Feliciano se resbaló con un poco de agua. Ludwig se detuvo y pudo ver en cámara lenta como un otomano se lanzaba sobre él para clavarle una daga en la espalda. El ojiazul lo empujó y la daga se clavó en su brazo.
-¡Corre!-gritó Alemania golpeando al atacante antes de sentir que el menor lo tomaba del brazo ileso y lo jalaba para que ambos salieran.
-¡No te dejaré aquí!-exclamó el castaño y ambos salieron corriendo. Una vez afuera del canal, reanudaron a lucha a campo abierto. Con el brazo herido, Ludwig era más lento en sus ataques pero Feliciano se encargó de defenderlo cuando fuera necesario. Sadiq estaba a punto de unirse a la lucha cuando de pronto reconoció al rubio.
-¿Sacro Imperio Romano Germanico? –murmuró asombrado y sumamente confundido. No era posible, ¿qué hacía el Sacro Imperio ayudando a Florencia? ¿Qué pretendía? ¿Adueñarse también del territorio del castaño? Sea lo que sea que el germano estuviera haciendo ahí, lo averiguaría.
Casi le da un infarto a Leonardo cuando los vio llegar mojados, cansados y heridos. Inmediatamente se acercó a Ludwig para curar su herida mientras el resto se cambiaban la ropa. Miguel Ángel los observaba emocionado e inmediatamente comenzó con las preguntas que lo atormentaban. Benedetto y Stefano se encargaron de responder sus dudas mientras Azelio limpiaba las armas. Dante observaba con atención como curaban al germano.
-Salvaste mi vida y la de los demás...-dijo Feliciano una vez que su maestro terminó de curarlo. Ludwig asintió diciendo que no era nada especial, que eran un grupo ahora y que eso hacían los miembros del clan- Grazie…
-Prego-respondió él mientras examinaba su brazo cuando escuchó las exclamaciones de sorpresa de Miguel Ángel. Al parecer estaba encantado con sus actividades y quería unirse como Leonardo.
-¡No sabes lo que dices!-saltó el veterano negando con la cabeza. Lo que menos deseaba era que su rival estuviera al tanto del clan y de los planes- ¡Esto es muy peligroso! ¡Estuviste a punto de morir hoy!
-¡Podría ayudarlos! ¡Podría conseguir dinero para ustedes e incluso cierta protección con los Médici!-exclamaba el adolescente emocionado-Me encantaría entrar en la acción, pero soy pintor y escultor, no un luchador.
-Y eres un buscapleitos según parece-gruñó Da Vinci señalando los vendajes de su nariz. Miguel Ángel se cruzó de brazos y lo fulminó con la mirada antes de pedirle a Azelio que lo dejaran participar. Marconi miró a Dante buscando alguna respuesta pues él era el líder.
-No lo sé…-comenzó Feliciano, la protección y el dinero de los Médici les serían muy útiles pero no quería involucrar a más gente en sus planes-Te pondremos a prueba y veremos cómo funciona el trato. Por ahora debemos descansar, ya es bastante tarde.
-Stefano y yo lo escoltaremos al Palacio-dijo Benedetto mirando al pintor adolescente quien asintió y se despidió. Leonardo estaba muy molesto pero no comentó nada, tan solo se despidió y salió de la casa junto con Vittoria.
-¿Crees que sea una buena idea?-le preguntó Azelio a Feliciano- Lo que menos deseamos es que los Médici sepan lo que estamos haciendo, podrían tratar de detenernos, o peor, tratar de entrar en el plan también.
-Todo está bajo control, amico-dijo el castaño guardando sus armas sin saber que alguien los observaba desde afuera y los iba a denunciar…
Gracias por leer.
Lamento haberme tardado tanto en actualizar pero sufrí un problema de inspiración además de que me atacó un monstruo llamado trabajo y no me dejó tiempo para actualizar. Espero que les haya gustado y gracias a isabelchan56 por su comentario, aquí hay más GerIta jeje
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