Los primeros rayos del sol comenzaron a surgir tímidamente en el horizonte, pero el amanecer no despertó a nadie en el campamento pues todos los soldados, que defenderían a Roma del avance francés, se habían estado preparando desde hacía varias horas atrás.

Dante no había dormido más de 15 minutos en toda la noche y eso preocupaba profundamente a Ludwig. Sabía que el italiano estaba muy tenso por tener que defender la ciudad que lo había traicionado. Mientras los débiles rayos del sol acariciaban las tiendas de campaña, el alemán afilaba su espada pensando en la próxima batalla.

Tal vez él no debía intervenir, es más, ya había intervenido demasiado en un pasado que no era suyo, tal vez debía mantenerse al margen esta vez. Sin embargo, no podía. Feliciano era su amigo, su mejor amigo y debía ayudarlo sin importar nada.

De pronto se escuchó una trompeta para reunir a todos los soldados. El rubio guardó su espada y se puso el yelmo que le habían prestado antes de salir de la tienda de campaña, listo para la batalla. Se formó en una de las filas de soldados romanos mientras Feliciano y Lovino se formaban al frente. Ambos vestían una armadura y el mayor de los italianos traía el estandarte papal. Dante recorrió con la mirada a las tropas y les hizo una señal para que se acercaran. Ludwig pasó entre los demás soldados sin dudar.

-Deja que ellos se unan a las tropas-gruñó el mayor de los italianos- No deben recibir un trato preferencial…

-Ellos son mi equipo personal-le respondió el menor muy cortante- se han ganado su trato preferencial a pulso. Los necesito a mi lado.

Lovino torció la boca, demostrando su inconformidad pero no dijo nada más. Cuando el sol terminó de salir, todos avanzaron hacia el encuentro con los franceses. El ejército galo se acercaba desde el norte, todos perfectamente alineados y con las armas listas. Alemania pudo apreciar los estandartes con la flor de lis negra en ellos. Francis iba al frente, dirigiéndolos con autoridad.

¿Qué es lo que había pasado a lo largo de los siglos? ¿Por qué todos habían relajado tanto esas poses de autoridad que antes tenían? ¿Por qué todos eran unos vagos despreocupados? Aunque pensándolo bien, era mejor que estuvieran así de despreocupados en el siglo XX, de lo contrario seguirían peleando sin descanso por demostrar quién es el mejor.

A pasos firmes, los soldados romanos se acercaban más y más, prepararon los escudos y las espadas hasta que ambos ejércitos se detuvieron, frente a frente. Era el momento de la amenaza formal.

-Molto bene!-exclamó Lovino levantando el estandarte que ondeó suavemente- ¡Todos aquellos que osen retar a Roma, perecerán! ¡Esta es mi última advertencia! ¡Retírense ahora o morirán ante el poderoso ejército romano, pues no entraran a Roma jamás!

-¡No pasarán!-gritaron todos los soldados romanos levantando sus espadas con valentía, sin embargo, eso no intimidó a los galos. Francis sonrió burlonamente y su rey soltó una risotada.

-¡Evitemos que corra sangre aquí!-gritó Francis-Todas las otras regiones no opusieron resistencia, se dejaron conquistar como bellas mademoiselles….-ese comentario burlón hizo que Dante apretara el mango de su espada. La furia brillaba en sus ojos castaños y de no ser porque Ludwig lo sujetó, se hubiera lanzado al ataque sin dudarlo- Entreguen Roma y tendremos misericordia…

-¡Jamás!-gritaron los dos italianos al mismo tiempo y el ejército secundó el grito levantando las armas- ¡Es su perdición! ¡Fuego!-y de pronto, los arqueros romanos lanzaron cientos de flechas contra el ejercito galo. Francis las vio venir y todos los franceses levantaron sus escudos para protegerse.

-¡Ataquen!-gritó el joven galo y todos los soldados comenzaron a correr hacia los italianos quienes, con un grito de guerra, se lanzaron a la batalla. El choque fue atronador. Cientos de espadas chocaron a la vez, los hombres caían, la sangre comenzó a teñir el suelo.

Azelio y Stefano se encargaban de la caballería. Con ágiles saltos y ataques entrecruzados, lograban bajar a los jinetes antes de darles el golpe de gracia. Varios caballos huyeron desbocados del lugar, asustados por tan salvaje batalla. Vittoria y Benedetto dirigían a los arqueros que también derribaban a algunos jinetes de sus monturas.

Feliciano y Lovino buscaron inmediatamente atacar al rey francés y a Francis, pero no podían llegar hasta ellos. El mayor de los italianos recibió un duro golpe en el estómago que lo tiró al suelo por un momento, Dante se dio cuenta y estuvo a punto de no ayudarlo, pero sus sentimientos pudieron más y le lanzó su escudo sin dudar.

-¡Protégete! –Le gritó el menor antes de lanzarse contra un soldado que, al caer, le dejó un espacio abierto para que llegara con Francis- ¡Muere, maldito bastardo!- Feliciano saltó para atacar al galo, pero Francia era más hábil que él y le quitó la espada con un rápido movimiento. El menor de los italianos cayó al suelo indefenso, no tenía escudo ni espada-Bene… ¡Mátame si eres tan hombre!

-Honhonhon~-rió maliciosamente el rubio y le apuntó con la espada- Parece ser que me quedaré con tu territorio para siempre-una sonrisa de victoria apareció en sus labios cuando levantó la espada- Viva la France!-y lanzó la estocada…

-NEIN!-gritó Ludwig lanzándose sobre el italiano y lo protegió con su escudo. La espada del galo se impactó con tanta fuerza contra el metal, que salió volando. Francis observaba al alemán completamente anonadado. Fue tanto el shock que retrocedió sin saber qué hacer- Bien, estás desarmado… ¡Ríndete!-Alemania le apuntó con su espada.

-C'est impossible!-exclamó el galo señalando al germano- ¡Es el Sacro Imperio Romano! ¡¿Qué haces aquí?! –Ludwig bajó el arma. Francis también lo había reconocido. Pero no le daría la razón. Volvió a apuntarle con la espada- ¡Ríndete ahora mis… agh!

-¡Ludwig!-exclamó Feliciano cuando el rey francés apareció de la nada y le clavó su espada al germano en el estómago. Alemania cayó al suelo y vio como el ataque tan certero del monarca francés había perforado un punto débil de la armadura- ¡NO! ¡Ludwig! FIGLIO DI PUTANA!

-Honhonhon~-rió Francis tomando la espada de Ludwig para apuntarle a Dante- Gané… -todo estaba perdido, Roma había caído en manos francesas-Viva la France! Viva la France!

Todo era oscuridad, Ludwig se sentía pesado, como si estuviera cayendo en un enorme pozo. De pronto, una gota cayó sobre su cabeza, obligándolo a despertar. Se encontraba en una habitación completamente en penumbras. Hacía frío y olía muy mal.

-¿Qué pasó?-se preguntó el alemán y trató de mover sus manos, pero no pudo- ¿Qué es esto?-firmes grilletes sujetaban sus muñecas y sus tobillos. Una vez que sus ojos se adecuaron, pudo comprobar que se encontraba en una habitación de piedra muy fría y húmeda. Un calabozo- ¿Feliciano?

-Veo que ya despertaste-dijo una voz a su lado. Azelio también estaba encadenado, igual que Stefano y Benedetto-¿Cómo te sientes? No nos dieron mucho tiempo, pero Vittoria trató de curarte lo mejor que pudo.

-¿Cómo sobreviviste a ese ataque?-preguntó Stefano sorprendido- Creímos que morirías, fue tan certero y tan letal que pensé que no la lograbas amigo, pero aquí estás… incredibile!

-¿Qué fue lo que pasó? ¿Dónde está Feliciano?-preguntó el germano apresuradamente

-Perdimos, eso pasó-dijo Benedetto con voz apagada- Cuando te desmayaste, nos capturaron a todos los sobrevivientes y nos metieron aquí.-A lo lejos se escuchaban las voces de los otros soldados-Y Dante… pues… él y su fratello están en manos del rey.

-¡Tenemos que liberarnos!-exclamó Ludwig tratando de quitarse los grilletes- ¡Debemos rescatarlos y escapar!

-¿Ven? ¡Esa es la actitud!-dijo Azelio empujando a Benedetto- ¡Ánimo! ¡Saldremos de esta! No se preocupen, estuve pensando en distintos planes y creo que hallé el eslabón débil de los grilletes, solo necesito algo duro para golpearlo… -Vittoria le dio una roca- Veamos…-el pelinegro la tomó y golpeó varias veces un punto de los grilletes hasta que estos cedieron-¡Excelente!

-¡Rápido! ¡Antes de que vengan los guardias!-dijo el germano y uno por uno, Azelio los liberó- ¡Vámonos!-todos los sobrevivientes salieron del calabozo lo más rápido y silencioso posible. Se encontraban en los subterráneos de una vieja fortaleza romana. Mataron a los pocos guardias que los vigilaban y salieron a las calles.

Roma era un caos, los franceses saqueaban y robaban por doquier. Mientras los soldados trataban de detenerlos, Ludwig y el resto del clan se dirigieron a la residencia papal, era obvio que ahí encontrarían a Feliciano y a Lovino. En la entrada había varios guardias pero pudieron eliminarlos fácilmente para poder entrar.

-Esta es la última vez que te pregunto-la voz de Francis resonaba en la habitación papal- ¿Por qué te está ayudando el Sacro Imperio Romano?- Feliciano le devolvió la mirada retadoramente y escupió a sus pies. Se hallaba sumamente herido pues había recibido muchos golpes- ¿No vas a decirme? Très bien… -el galo chasqueó los dedos y uno de los guardias golpeó al italiano en el estómago.

Justo en ese momento, Alemania irrumpió en la habitación y le clavó una espada al guardia que había golpeado a Dante. Francis rápidamente trató de atacar al germano pero Azelio lo atacó por la espalda. Francia estaba en desventaja. Ludwig cargó a Feliciano mientras Stefano cargaba a Lovino que se encontraba desmayado en un rincón. Rápidamente emprendieron la huida, sin embargo, eso no borraría el hecho de que la capital de los Estados Pontificios ahora se encontraba en manos de Francia. Los guardias galos los persiguieron hasta las afueras de Roma, dónde les perdieron el rastro en el río Tíber.


Gracias por leer y por sus comentarios. Lamento haberme tardado tanto en actualizar.

isabelchan- Yeii viva el spamano! Si, es una pena, pero se quieren aunque no lo admitan.

kayra isis- gracias, me da gusto que te agradara. Lo sé, el Imperio Español es genial y Toñito volverá a salir, no temas.

Naku- y se pondrá aún mejor!

Espero que les haya gustado y no olviden comentar