Era más de media noche, todos estaban durmiendo, Ludwig y Feliciano dormían en habitaciones separadas, algo raro pues ya se habían acostumbrado a dormir juntos, sin embargo estaban tan cansados que se quedaron dormidos de inmediato.
Lo único que se escuchaba en la habitación era la respiración acompasada del alemán cuando de pronto, una sombra se coló en la habitación. Se vio el filo de un cuchillo y Ludwig quedó inmovilizado contra la cama por la sombra.
-Kesesese~ Ahora que ya estamos en mi territorio, no dejaré que te vayas hasta que me digas algunas cosas del futuro. Quiero saber si la Orden Teutónica se volverá un imperio… ¡Contesta!
Alemania trató de enfocar la mirada en su atacante a pesar de que aún estaba algo dormido. ¿Gilbert? ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué de pronto todos querían saber acerca del futuro? Primero Antonio, ahora Gilbert, probablemente Francis también lo habría atacado si hubiera tenido la oportunidad.
El albino se estaba desesperando por el silencio del rubio y le soltó un golpe en el estómago. Ludwig sintió como el aire se escapaba de sus pulmones y su instinto gritaba que se defendiera, pero, punto número uno, él era quizás más fuerte que el caballero teutónico y punto número dos, él no podía morir, cosa que quizás si podía hacer el joven de ojos escarlata. Lo mejor en esta ocasión era tratar de razonar con su hermano.
-Bruder, relájate…-murmuró suavemente en un tono calmado- No hay necesidad de una batalla, yo no quiero pelear contigo, pero tampoco te diré nada acerca del futuro…-en ese momento, el alemán pudo ver que sus respuestas no fueron bien recibidas por el albino quién levantó la mano con la daga para atacarlo. Alemania fue más rápido y le sujetó la muñeca pero antes de poder quitarle el arma, Gilbert cambió el cuchillo de mano y le hizo un corte en el brazo.
El germano empujó a su hermano contra el suelo antes de sujetarse el antebrazo. Ardía y un brillo rojizo le indicó que estaba sangrando. Gilbert nunca lo había atacado así. Justo en ese momento pudo ver como el teutónico se levantaba del suelo para atacarlo nuevamente. Era momento de contraatacar.
El albino se lanzó contra él con la daga en alto. Ludwig sujetó la muñeca del contrario para someterlo contra la cama pero no fue sencillo, a pesar de que este Gilbert era más inexperto que el actual, era más rápido que Prusia. Logró esquivar al rubio y le soltó un golpe con la rodilla en el estómago. Un dolor agudo atravesó el cuerpo del alemán quién lo levantó y lo lanzó contra la cabecera.
Todo este ruido despertó al Sacro Imperio Romano y a Dante quienes irrumpieron en la habitación, cada uno acercándose a ellos. El italiano se acercó a Ludwig y notó la sangre que recorría su antebrazo por lo que se quitó la playera para ponerla sobre la herida ajena. El Sacro Imperio, por su parte, estaba verificando que Gilbert no tuviera ningún hueso roto.
-¡¿Qué es lo que pasó aquí?!-exigió saber el castaño cruzándose de brazos en cuanto terminó de vendar al alemán- ¡¿Acaso ustedes también son unos traidores como Carriedo?! –Los fulminó con la mirada- ¡sabía que se tenían algo entre manos! ¡Ustedes nunca hacen nada sin esperar algo a cambio!
-Espero que también lo digas por él-gruñó el Sacro Imperio señalando a Ludwig- Después de todo, él y yo somos la misma persona.
Eso pareció calmar la ira del italiano quién pareció recordar ese pequeño detalle acerca de su mejor amigo. Feliciano miró al alemán de nuevo con esa dolorosa duda y cierto rencor guardado. Alemania pudo leer el conflicto reflejado en esos ojos castaños, él como parecía que el menor trataba de hacerlo diferente a los otros germanos sin lograrlo por completo.
-¡Ese no es el punto!-gruñó el castaño finalmente- ¡Sean o no la misma persona, no tienen derecho a atacarlo! ¡Nos vamos!-y dicho esto, sujetó a Alemania para sacarlo de la habitación, pero cuando estuvo a punto de cruzar el umbral, una daga se impactó en la puerta.
-¡No se irán de aquí hasta que no tenga un par de respuestas!-exclamó Gilbert poniéndose de pie, pero Feliciano ya había tenido bastante de traiciones y peleas por lo que, sujetó la daga y se la lanzó al germano. El albino apenas tuvo tiempo de agacharse cuando el arma se incrustó en la cabecera de la cama.
-Nos vamos, he dicho-y Dante jaló la mano de Alemania para que salieran de la casa. El Sacro Imperio se quedó lívido y sorprendido por eso mientras un suave sonrojo se extendía por sus mejillas. El italiano era más atractivo de lo que recordaba y ese pensamiento parecía compartirlo con cierto alemán que corría tras el castaño.
-Eso fue increíble, Feliciano-dijo Alemania sin poder evitarlo mientras ambos corrían hacia las afueras de la ciudad. Dante sabía que eso no se iba a quedar así y que Gilbert iba a evitar que salieran si no se apuraban- En verdad nunca te había visto hacer eso, actuar de esa manera.
-Solo calla y corre-gruñó el italiano quien pudo escuchar un par de ladridos a lo lejos. Malditos germanos y sus malditos perros de caza-Vamos, por aquí…-el bosque estaba muy cerca, en cuanto lograran perderse en la espesura del bosque que separaba el Sacro Imperio Romano del Imperio Otomano, estarían a salvo. Ambos siguieron corriendo cuando una carreta les cortó el paso. Feliciano estuvo a punto de atacar al cochero cuando se dio cuenta de que era Azelio.
-¡Dante! ¡Ludwig! ¡Los hemos estado buscando por todas partes!-exclamó Stefano mientras los dos jóvenes subían a la carreta-¿Dónde habían estado?
-¡Hablaremos luego!-exclamó el italiano agitado- Andiamo! Andiamo! –Azelio agitó las cuerdas y los caballos comenzaron a galopar rumbo al este, hacia el bosque. Los perros se acercaban peligrosamente y uno de ellos saltó para subir a la carreta antes de que Vittoria lo golpeara con una rama. Durante un par de minutos de tensión, estuvieron rodeados por los perros hasta que entraron en el bosque y los caninos se separaron para regresar.
-Uff… lo logramos-dijo Benedetto con una leve sonrisa antes de mirar a Dante y a Ludwig-¡¿Qué demonios hicieron?! ¡¿Por qué los estaban persiguiendo esos perros?! ¡¿Acaso cometieron algún crimen y están huyendo?!
-¡¿Quieres callarte?!-le espetó Vittoria abrazando al italiano con fuerza- Es un milagro que los hayamos encontrado con vida, estábamos tan preocupados cuando cruzamos la frontera y entramos al territorio del Sacro Imperio, creímos que los encontraríamos muertos.
-¿Cómo llegaron tan rápido?-preguntó Alemania un poco más aliviado
-Viajamos en un barco mercante-dijo Azelio con una leve sonrisa- Cortamos mucho camino por el mar y nos tocó viento en popa, fue muy bueno y una vez en tierra germana, pudimos comprar esta carreta y estos caballos- Dante preguntó cómo habían pagado semejante transporte- Todo se lo agradecemos a Vittoria.
-Vamos ragazzi, no es para tanto-dijo la joven sonrojada- Vendí algunas joyas que me había dado mi antiguo marido, entre ellas, mi anillo de compromiso-Feliciano quiso disculparse por eso pero la chica negó con la cabeza- No te preocupes, no tenían ningún valor sentimental para mi, odio a mi antiguo marido por lo que me hizo-gruñó molesta antes de tocar la cicatriz de su cuello.
-Me alegra que hayan podido llegar-comentó Dante antes de relatarles todo lo que había ocurrido cuando escaparon de Roma- y ahora, rumbo al Imperio Otomano…
El viaje les tomó varios días, pero gracias al dinero de Vittoria, pudieron comprar comida y agua en un pueblo de la frontera otomana antes de ingresar. Todos estaban alerta ante el menor atisbo de un ataque. Habían disfrazado la carreta como un transporte de mercancías para despistar a los germanos que aún los perseguían.
Un día después de haber entrado al territorio del Imperio Otomano, descubrieron que los españoles también estaban cuidando todos los pueblos de la frontera para atraparlos. Ludwig era un tesoro muy codiciado ahora y ofrecían grandes cantidades de oro por quién lo atrapara.
-No te preocupes, Lud-gruñó el italiano arrancando un anuncio de recompensa de un bar de madera-Nadie te pondrá un dedo encima, regresarás a tu tiempo como lo prometí…-eso último lo dijo con una tristeza palpable pero trató de disimularlo, fallando completamente.
-Feliciano… - Alemania tomó el mentón del italiano para obligarlo a que lo viera a los ojos. Esos ojos castaños estaban algo rojos, demostrando que el de menor estatura estaba haciendo un esfuerzo enorme por no llorar-sé que no quieres que me vaya pero entiende… este no es mi lugar… además, tu y yo somos amigos en el futuro, no es como si me fuera para siempre…
-Y… ¿en el futuro estarás conmigo?-preguntó el castaño anhelante secando disimuladamente sus lágrimas- ¿No me dejarás solo nunca más? ¿No volverás a marcharte?
-No lo haré, Feliciano, lo prometo-El alemán estrechó al de menor estatura entre sus brazos antes de que ambos escucharan una tos fingida. Stefano los observaba con una sonrisa cómplice- ¡Stefano! ¡Esto no es lo que crees!
-Yo no creo nada jeje-el joven seguía sonriendo- Debemos irnos, hemos encontrado el mercado de artículos robados- y dicho esto, los tres entraron en una zona de mala muerte justo en el centro de la ciudad. Azelio los alcanzó y señaló a un joven que vendía baratijas.
-¡Es él!-murmuró Alemania al verlo- ¡Ese es el que me quitó el reloj! –y efectivamente, el reloj de arena reposaba, muy sucio, entre los objetos en venta. Rápidamente se acercó y lo tomó- Adiós, Feliciano- el castaño lo miró con tristeza mientras el germano colocaba el reloj en posición para que la arena fluyera cuando algo extraño pasó, la arena comenzó a caer al suelo por una pequeña grieta en uno de los lado-Nein! Nein! Nein! ¡El reloj está roto!
En ese momento aparecieron muchos soldados otomanos que sometieron a Ludwig, a Feliciano y a sus amigos contra el suelo antes de que apareciera Sadiq, era una trampa, los habían guiado a una trampa, ¿por quién?
-Aquí está el reloj mágico, como lo prometí- y para sorpresa de todos los presentes, Benedetto le quitó el reloj a Alemania y se lo dio al Imperio Otomano
-¡Benedetto! ¡¿Cómo pudiste?!-gritó Dante furioso- ¡Me las pagarás! Vendetta!
Espero que les haya gustado y gracias por sus comentarios
Kayra: Jeje pues si, Alemania es la gallina de los huevos de oro, todos lo quieren jeje
Guest: Gracias por leer y por tu comentario
Piero: Jaja muy Frozen el asunto jaja
isabel: Si, lamentablemente no puede tocar a Feli sin los guantes, pero el italiano lo quiere así jeje
Gracias por leer y no olviden comentar
