Abriendo sus ojos lentamente diviso las blancas sábanas que la cubrían, sonriendo se envolvió aún mas en ellas, olían bien y su textura era suave, Asami seguro había comprado unas de muy alta calidad, siempre era así, la chica sabía como comportarse en la alta sociedad, no era de extrañarse pues había crecido en ese ambiente, mirando hacia el pie de su cama pudo divisar pegada a la pared que quedaba frente a ella la cama de Asami, la chica parecía seguir durmiendo entre sus cobijas y su colección de almohadas, enterrada en aquel cómodo nido podía notar su suave respiración, ya se habían pasado seis meses luego de su contrato, la pelinegra se había vuelto más que su jefa su mejor amiga, luego de conocerla pudo ver más allá de su belleza física, la chica era encantadora también en su interior, estaba en serios problemas, lo sabía, Asami Sato la tenía perdidamente enamorada, a los tres meses de su contrato le había ofrecido una habitación solo para ella como señal de confianza, a pesar de que la habitación se encontraba al lado de la de Asami se había negado a mudarse, disfrutaba demasiado el poder platicar en las noches con ella antes de dormir, a veces se quedaba dormida contemplando a la de ojos verdes trabajar arduamente en su escritorio, a veces despertaba en la madrugada para encontrar a la chica dormida sobre los planos en los que trabajaba, debía admitir que le gustaba que hiciera eso pues tenía la oportunidad de cargarla y llevarla hasta su cama donde podía arroparla y contemplar su sueño por unos minutos antes de volver a su propia cama a dormir.
Dirigiendo su mirada hacia la ventana observó el color azul pálido del cielo y distintos tonos de violeta que le indicaba aún era temprano, sin embargo y sin importar a que hora tuviera que ponerse de pie siempre se sentía llena de energía, luego de meditar por varios minutos en su cama al fin optó por ponerse de pie e ir al baño, al salir se detuvo frente a la cama de la pelinegra, sonriendo la observó abrazando una de sus almohadas, no parecía que pronto fuera a despertar, la semana anterior había sido una semana agotadora para ella así que no era de extrañarse que en esos momentos durmiera de manera tan profunda, el sonido de alguien llamando a la puerta la alertó, sin demorar en responder corrió a abrir, para su sorpresa se trataba de Opal, la joven secretaria de Asami, la chica parecía sorprendida y no paso mucho antes de saber la razón de su sorpresa.
- ¿Korra? – Cuestionó. – Buenos días Opal. – Saludó perezosa, Opal era una chica agradable, durante su primer mes como guardaespaldas de Asami aquella chica había sido la primera en hablar con ella, en verdad era alguien con quien se podía llevar bien.
- ¿Duermes con Asami? – Se apresuró a hacer la pregunta. – Si…- Respondió, al notar el rubor sobre el rostro de la menor sacudió la cabeza. – Quiero decir ¡No! No en ese sentido, mi cama está allá y la de Asami del lado opuesto… - Aclaró, Opal sonrió, cubriendo su boca rió por lo bajo.
- Lo siento… no quise pensar mal, es solo que, bueno, fue lo primero que se me vino a la mente, debiste ver tu rostro. – Korra suspiro aliviada. – Espero que hayas disfrutado mi expresión, me tomaste por sorpresa. – Admitió. – Si lo hice, fue divertida.
- Pero dime ¿Qué haces aquí tan temprano? ¿Qué hora es?
- Son las seis, lo siento, es solo que he estado intentando llamar a Asami pero simplemente no contesta su teléfono y no tenía el número de la casa.
- Seguro dejó el teléfono en el satomovil… - Reflexionó en voz alta. – No sería la primera vez que le ocurre… ¿Es un asunto importante?
- Es Raiko.
- Entonces será mejor que le avise que estas aquí, espera un momento. – Dejando la puerta entrecerrada se dirigió hacia la cama de Asami, tomando asiento en la orilla posó una de sus manos sobre el hombro de la pelinegra para sacudirla con suavidad.
- Asami, despierta. – Habló con tono suave. – Hmm… ¿Qué pasa Korra? – Se escuchó con voz perezosa. – Opal está aquí, dice que intentó llamarte pero no contestaste el teléfono. – Un profundo suspiro escapó de los labios de la ingeniera.
- Seguro se quedó en el satomovil. – Murmuró. - ¿Es importante? – Pronunció con tono adormilado.
- Raiko…
- Maldición. – Renegó. - ¿Qué hora es?
- Las seis señorita Sato.
- Ese hombre está loco… - Bufó, una cálida sonrisa fue lo primero que vio, los azules ojos de la morena la observaban, sus mejillas se ruborizaron, suspirando volvió a cerrar los ojos.
- Dile a Opal que estaré con ella enseguida, gracias Korra.
- Cuando quieras. - Respondió poniéndose de pie.
- Estará contigo en un par de minutos. – Sentenció sonriendo, la menor le devolvió la sonrisa. – Gracias Korra… sabes, siempre pareces más alegre luego de hablar con la señorita Sato.
Korra bufó, sus mejillas se habían coloreado. – Estas loca…
- No, hablo en serio, y lo mismo pasa con ella, desde que apareciste ella parece más relajada, más alegre.
- Si claro, digo ¿A quien no le alegraría encontrar a un ladrón dentro de su oficina a media noche? – La menor rió.
- Ella no te vio así.
- Me pude percatar de eso cuando me ofreció trabajo… - Ambas sonrieron.
- Eres especial para ella Korra. – Su rostro hervía de pena. – Cierra la boca Opal, simplemente se dio cuenta de que yo tenía grandes habilidades en el campo de batalla… - Murmuró al recordar cuan rápido la pelinegra se había percatado de que ella era el Avatar, aún así luego de todos esos meses de trabajar con ella no había recibido ni una sola pregunta al respecto.
- No es solo eso, no pareces para nada su guarda espaldas, solo una gran amiga, se la pasan bien juntas, se nota que disfrutan pasar el tiempo en compañía de la otra.
- Bueno, bueno, basta de charlas señorita, es demasiado temprano para ponerse a especular cosas sin sentido.
- Korra, deja pasar a Opal. – Escuchó la suave voz de Asami, al mirar hacia atrás la vio sentada en uno de los sillones vistiendo una elegante bata roja, escuchando como ambas chicas charlaban permaneció lo suficiente como para enterarse de que la pelinegra debía partir cuanto antes a una junta, al terminar Opal se despidió de ambas y se adelantó para poder ordenar el papeleo de la junta para Asami.
- Bueno, debo alistarme cuanto antes, no es necesario que me acompañes, volveré en la tarde, temprano, iré a bañarme, vuelve a dormir si gustas, aún es muy temprano. – Y así la vio desaparecer tras la puerta del baño, alegre salió de la habitación rumbo a la cocina donde comenzó a preparar el desayuno.
- ¿Gusta que le ayude en algo señorita? – Cuestionó el impecable mayordomo. – No, gracias, estoy bien. – Respondió sonriendo. - ¿Esta vez que preparará?
- Huevos, salchichas fritas y hotcackes.
- Suena delicioso.
- Lo será.
- Si sigue así le quitará el trabajo al chef… - Bromeó el hombre, Korra rió. – Una comida, cena o desayuno al día no le va a quitar el trabajo, después de todo debemos comer tres veces al día.
- Cierto. – Respondió el sin perder detalle de los movimientos de la morena. – Señorita, espero no le incomode ¿Puedo hacerle una pregunta?
- Adelante.
- ¿Acaba usted de usar fuego control para encender la mecha? – Korra se detuvo a pensar por un momento, luego sonrió, sería inútil negarlo si la había visto.
- Eso creo. – Respondió sin apartar su mirada del sartén.
- Me pareció que ayer la vi haciendo uso de tierra control en el jardín.
- Larga historia. – Respondió ella con tono agotado, el hombre sonrió.
- El Avatar es real.
- Mi nombre es Korra. – Corrigió. – Y no podría llegar a ser más real de lo que puedes ver. – Concluyó tomando un recipiente donde una a una comenzó a acomodar las comidas, luego de tapar el recipiente tomo un termo que llenó con té verde.
- ¿Podrías guardar el secreto? – Pidió observando al hombre que devolviendo una cálida mirada asintió con la cabeza. – Gracias. – Sonrió, introduciendo todo a una pequeña mochila se dirigió hacia la puerta que llevaba al garaje, luego de un par de minutos Asami apareció, iba apresurada como era de acostumbrarse.
- Pensé que te volverías a dormir Korra. – Comentó al verla de pie junto a la puerta.
- Eso iba a hacer pero luego recordé que siempre que surgen juntas improvistas terminas con mucha hambre estando en el trabajo, así que decidí empacar tu desayuno. – Asami sonrió. – Impresionante… guardaespaldas, amiga, cocinera, el Avatar si que sabe dominar distintos y muy variados elementos. – Pronunció con tono juguetón, Korra rió. – Pensé de forma acertada al contratarte.
- Eso parece. – Respondió la morena sin perder detalle de los movimientos de la pelinegra al subir al satomovil. – Gracias, volveré temprano, si se te ocurre alguna actividad para la tarde me dices cuando vuelva.
- Suerte. – Se despidió sonriendo.
De vuelta en la habitación caminó hacia el armario, al abrir la puerta sonrió, el enorme closet se encontraba repleto de trajes en distintos tonos obscuros de rojo a ambos lados del pasillo, y en una orilla destacaban las prendas color azul, zapatos, tacones y botas había en variedad, todas de Asami, sus cosas en comparación no ocupaban mucho espacio y aún así pensaba que tenía demasiada ropa y accesorios, a veces Asami insistía en comprarle cosas y así se había hecho de varias prendas y zapatos más, al entrar caminó por el pasillo hasta encontrarse frente a sus pertenencias, tomando una pantalonera azul marino y una blusa de tirantes blanca caminó fuera de ahí para luego adentrarse en el baño, luego de una rápida ducha se vistió y salió rumbo al cuarto de entrenamiento que había en la planta baja, ahí había todo tipo de máquinas para hacer ejercicio y espacios para entrenar, en varias ocasiones había luchado contra Asami, la chica era una oponente formidable, sin usar sus poderes de maestra era difícil mantenerle el paso, entrenar con ella siempre lograba despertar su espíritu competitivo, además al luchar el contacto físico entre ambas era frecuente, era agradable entrenar juntas, mirando alrededor decidió acercarse a las pesas, levantar grandes cantidades de peso le provocaba una agradable sensación de descarga luego de la cual se sentía profundamente relajada, al cabo de una hora de arduo entrenamiento decidió que era momento de correr, gracias a la localización de la mansión podía salir a correr por el lugar sin tener que adentrarse en la ciudad.
La junta había terminado, agradecía que Korra hubiera decidido prepararle el desayuno pues al terminar la junta comenzó a sentir un fuerte malestar en el estómago, una vez que todos los presentes se retiraron de su oficina sacó la pequeña mochila que la morena le había entregado, en el termo había una pequeña nota "Calentar antes de beber" Luego de abrir la tapadera y percibir el distintivo aroma el té verde comprendió la razón de la nota, sonrió, al abrir el recipiente plástico donde iba la comida notó la cuidadosa forma en que todo había sido acomodado, a primera vista era difícil creer que Korra pudiera ser capaz de semejantes actos, pero no era la primera vez que le preparaba comida para llevar o le llevaba comida en las tardes cuando no podían salir a comprar algo, desde que ella había aparecido sus días de ayuno habían terminado, Korra nunca le permitía saltarse comidas, siempre se preocupaba por ella, luego del arresto de su padre años atrás había vivido sola, sola se las había arreglado para devolverle el prestigio a la compañía, sola había logrado salir adelante, y tenía todo lo que cualquiera pudiera llegar a desear hablando en el plano de lo material, no había nada que no pudiera comprar, pero internamente había pasado noches insoportables en aquella enorme y vacía mansión, no había nadie, amigos o seres queridos que pudieran acompañarla, las personas solían mantener su distancia al saber que se trataba de ella, la poderosa Asami Sato, o intentaban impresionarla, cosa que terminaba por hacer exactamente lo contrario, detestaba que no pudieran ver más allá de sus posesiones y logros, que no pudieran ver quien era ella en realidad, pero Korra era diferente, desde el primer día la chica había desafiado todo lo que ella representaba al ingresar en sus instalaciones con la intención de llevarse algo de valor, y aún luego de saber quien era ella la indomable mirada de la morena no había cambiado ni un poco, aquella noche luego de haberla electrocutado con el guante no pudo levantar el teléfono, el rostro de la chica, su cuerpo, simplemente no la había podido entregar a la policía, era demasiado linda y al verla recobrar la conciencia, el primer contacto que tuvo con aquellos azules orbes fue determinante para comenzar a pensar en una alternativa, la policía no era una opción, se había arriesgado mucho al ofrecerle un empleo, pero ahora agradecía haberlo hecho, Korra no era una mala persona, era por mucho todo lo contrario, poseía un corazón noble, cálido e inocente, pero también impulsivo e indomable por lo que al principio había sido difícil detectar su lado amable, le alegraba haberla podido sacar de lo que sea que intentara al estar robando cosas por ahí, y lo que más le había impresionado de ella, la chica era el Avatar, evitaba preguntar al respecto pues siempre que mencionaba algo la mirada de la morena se ensombrecía, tal vez con el tiempo sería ella misma quien diera inicio a esa plática, por el momento podía esperar.
Opal volvió a la oficina con la comida y el termo haciendo entrega de ellos, ahora un agradable aroma salía del recipiente y del vapor que emergía del termo, agradeció a la chica y luego de esto comenzó a comer, por increíble que pudiera llegar a parecer, la comida de Korra tenía muy buen sabor, aquello podía deberse a que en los últimos tres años vivió sola y debió valerse por si misma, le había contado varias historias de su viaje, la chica conocía muchos países y ciudades, siempre tenía algo que contar, suspiro al darse cuenta que durante todo el tiempo que había transcurrido después de terminada la junta en lo único en lo que había estado pensando era en su amiga, repasaba mentalmente la firme y marcada figura de la morena, recordaba la sorpresa que se llevó el primer día que le mostró el gimnasio a Korra pues al tomar una de las pesas la morena aumentó el peso en ella de manera considerable y luego la alzó con facilidad, era fuerte, su condición física era excelente, se notaba que durante toda su vida no había hecho nada más que entrenar, le gustaba, le había gustado desde el primer día, y ahora solo le gustaba más, se aseguraría de terminar de revisar un par de planos y de firmar algunas cosas lo más rápido posible para volver a casa a penas se diera la una de la tarde y así poder pasar un buen rato con ella.
Cansada bajo del satomóvil, se habían dado las tres de la tarde, trabajo era trabajo y no podía dejarlo de lado o para después, entrando a la casa soltó su cabello, suspiró, ahora podía relajarse, caminó llegando a la cocina donde encontró como siempre su plato servido, el chef siempre lo dejaba listo para cuando llegara, luego de calentar sus alimentos tomo el plato y caminó por la casa en busca de la morena, al pasar por el cuarto de la alberca divisó a Korra y a su Mayordomo, ella nadaba y él platicaba con ella desde la orilla, al ser descubierta pudo notar como los ojos de la morena se iluminaban, no podía describir lo mucho que le alegraba ser recibida por ese reconfortante gesto.
- ¡Hey Asami! – Escuchó. – Llegaste justo a tiempo para nadar.
- Eso parece. – Respondió acercándose a una de las sillas para tomar asiento. – Pero muero de hambre, se hizo más tarde de lo que esperaba.
- Siempre es así, eres una mujer ocupada. – Dijo la morena sonriendo.
- La siguiente vez que algo así surja te obligaré a ir. – Suspiró.
- ¿Tan aburrido estuvo?
- Es Raiko, ya sabes que esperar de él. – Korra rió.
- Así que se acabaron las excepciones para ti, me acompañarás al trabajo sin importar que tan improvista sea la situación, después de todo es tu trabajo cuidarme en todo momento.
- Como usted ordene madame. – Rió un poco antes de probar el primer bocado de su plato, finos cortes de pescado, mariscos, verduras y un condimentado aderezo deleitaban su paladar.
- Me retiro señoritas, a menos de que se ofrezca algo más señorita Sato.
- No, así está bien, gracias. – Respondió a su mayordomo permitiendo que se retirara.
Korra nadaba, ambas platicaban mientras ella disfrutaba de su comida, había dejado su calzado acomodado a un lado de la silla donde se encontraba recostada.
- Ven, entra al agua. – La invitó su amiga al ver que había terminado de comer.
- ¿No es peligroso entrar al agua justo después de comer?
- Soy maestra agua, no pasará nada.
- No tengo el traje de baño puesto y me da pereza ir por él.
- Oh vamos, un chapuzón te vendrá bien luego de un aburrido día de trabajo.
- No digo que no sea buena idea pero… - Sus mejillas se ruborizaron al ver aquellos ojos azules mirándola directamente, Korra vestía un pequeño short de licra azul y una blusa corta del mismo material de tirantes también ajustada que cubría su pecho, había mucho que ver, su abdomen, su poderosa espalda, sus fuertes piernas, suspiro, en eso un chorro de agua la sacó del trance, se encontraba empapada, sorprendida permaneció en silencio por un momento, ciñendo el entrecejo miró a la maestra que reía con tono burlón, bufó.
- Ahora no tienes pretextos, tu ropa ya está mojada, entra.
- Oh, claro que voy a entrar. – Respondió molesta. – A darte tu merecido. – Korra rió, aquella traviesa risa desapareció al ver que Asami comenzaba a deshacerse de sus prendas una a una quedando únicamente en su ropa interior, la fina lencería color negro cubría solo las partes que estaba diseñada para cubrir, el resto de su blanca piel quedaba a la vista, no importaba, de cualquier manera Korra también era mujer ¿O no? Sin darle más vueltas al asunto se lanzó al agua con un imponente clavado de frente, Korra reacciono e intentó nadar para alejarse pero había sido demasiado tarde, Asami la detuvo sosteniendo su tobillo, ambas comenzaron a luchar y reír, luego de mucho forcejeo Asami tomo la delantera sometiéndola con el uso de una llave, fue entonces que un fuerte calambre apareció sobre su pierna derecha, de inmediato liberó a la morena y se quejó, Korra no perdió el tiempo y la sostuvo entre sus brazos ayudándola a salir.
- Te dije que no era buena idea… - Comentó mientras masajeaba su pierna, Korra sonrió.
- Pero fue divertido.
- Lo fue. – Respondió, Korra caminó hacia una de las sillas donde tenía una toalla bien doblada, la tomó y caminó de regreso, pasando la toalla por encima del hombro de la pelinegra la uso para cubrirse las dos, Asami sonrió, recargando su cabeza sobre el hombro de la morena suspiro.
- Lo siento, no quería que te diera un calambre. – Escuchó a la de ojos azules, no, aquel suspiro no había sido por eso, se sentía feliz, ella la hacía sentirse de nuevo perteneciente a un lugar, la mansión ya no era solo un lugar vacío, un lugar al cual debía volver solo porque le pertenecía, ahora podía decir que era su hogar, eran esos fuertes sentimientos por su amiga los que no estaba segura de admitir, no quería que las cosas se pusieran extrañas entre ellas si sus sentimientos no eran correspondidos.
- No te preocupes por eso, no es la primera vez que me pasa. – Respondió, ambas permanecieron en silencio por un momento hasta que a su mente llego el recuerdo del agua control que la otra había usado para empaparla.
- Korra… ¿Por qué no te agrada decir que eres el Avatar? – Se aventuró a preguntar, tal vez la cercanía que compartían le había dado la suficiente seguridad como para preguntarlo, de cualquier manera si sentía que había ido muy lejos siempre podía cambiar de tema.
- No es que no me agrade, no debo decirlo, las personas no deben saber que el Avatar no es solo una leyenda popular.
- ¡Eso es absurdo!
- Es lo mismo que yo le dije a mis maestros, pero así ha sido durante varias generaciones, el Avatar ahora es solo un arma secreta con voluntad propia y capacidad de pensar…
- Y de sentir. – Agregó la ingeniera mirando con preocupación a su amiga que lucía un rostro triste y apagado.
- Mi función consiste en intimidar a los líderes de cada nación para que no se atrevan a romper el equilibrio, pero todo como un gran secreto que solo incumbe a militares, reyes y presidentes, la orden del loto blanco es el centro de todo, son los reguladores y el Avatar es su comodín en todo eso… por eso, decidí escapar, mi plan no era viajar tanto, tal vez solo tener una vida normal, pero siempre me encontraban.
- ¿Los robos también eran por eso? – Cuestionó con tono juguetón, Korra sonrió brevemente.
- Al principio no robaba, eso fue cosa del tercer año que llevaba escapando, conseguir trabajo era difícil, más cuando duraba poco tiempo en los lugares a los que iba, empecé por algo pequeño, luego fueron más cosas, y la última locura iba a ser robar algo de Industrias Futuro, pero ese plan no salió tan bien como lo esperaba…
Asami rió. – Salió mejor. – Agregó causando que las mejillas de la de ojos verdes se colorearan de un tono rosado. - ¿Qué ocurrió con tu padre?
- Hiroshi Sato utilizaba su afamada compañía para traficar armas y otras cosas sin que el gobierno se diera cuenta… cuando lo descubrieron lo llevaron a prisión y la compañía decayó, mi madre murió cuando yo aún era una niña, así que quede sola, fue como empezar de cero.
- Debió ser duro.
- Lo fue, pero pude lograrlo, volví a levantar la compañía y poner en alto el apellido Sato.
- Eres increíble. – Murmuró Korra. – Sola te enfrentaste a todas esas adversidades y saliste adelante… yo tuve que escapar.
- No, es diferente, tu situación es más seria, tú debes enfrentarte a todos los líderes del mundo… escucha, cualquier cosa que llegue a ocurrir sabes que puedes contar conmigo ¿Cierto?
- Si, lo se, gracias Asami. – Respondió abrazándola.
Al cabo de unas horas ambas se encontraban recostadas sobre un tendido de cobijas que habían hecho en el balcón de la habitación vistiendo sus ropas para dormir, miraban las estrellas y platicaban comiendo de un plato hondo varias frutas con crema, la noche avanzaba, entre risas y varios comentarios se había hecho tarde.
- Durmamos aquí. – Sugirió perdida en la imagen de las estrellas.
- Asami Sato durmiendo fuera de su lujosa habitación… - Comentó la morena intentando molestarla.
- Asami Sato durmiendo en su lujoso balcón. – Respondió la de ojos verdes sonriendo, ambas rieron. – No me tomes a la ligera Korra, habré crecido rodeada de lujos, pero no soy una chica delicada.
- Bueno, tienes razón, eso se refleja en tu manera de pelear.
- Cuando quieras te doy una revancha. – Dijo de forma retadora.
- ¿Revancha? Voy ganando la mayoría de los encuentros.
- Si contamos la pelea en la alberca hasta el momento del calambre… te voy ganando por tres encuentros. – Korra bufó.
- Creo que intentas aprovecharte de mi mala memoria.
- Jamás haría eso, si gustas lo puedo dejar en un empate y recuperar luego mis tres victorias para la delantera.
- No te confíes Sato. – Renegó.
- Buenas noches Korra. – Pronunció riendo un poco. –Buenas noches. – Escuchó en respuesta.
El silencio se apoderó del lugar, se podía escuchar el cantar de algunos insectos pero nada más, vivir lejos de la ciudad le otorgaba ese privilegiado silencio nocturno que tanto disfrutaba, los minutos pasaban, intentaba dormir pero le parecía imposible, no podía ignorar la presencia de Korra recostada a su lado, se sentía inquieta, sumamente inquieta, solo debía darse la vuelta y la tendría ahí, lo suficientemente cerca como para abrazarla, se sentía al borde de su resistencia cuando escuchó su nombre ser pronunciado en un tono que parecía tener la intención de ser un murmuro silencioso más que un llamado.
- ¿Sigues despierta? – Cuestionó la de ojos azules.
- Si… - Respondió dudosa. - ¿Pasa algo?
- No… - La voz de Korra parecía preocupada.
- Eres mala mintiendo ¿Lo sabías? – Silencio y luego un suspiro de la morena. – Dime que pasa Korra.
- Asami, la orden del loto blanco se encuentra en todas partes, en cada ciudad, en cada pueblo… si me encuentran deberé escapar. – Al escuchar esto sintió como un nudo se formaba en su garganta, perderla era una idea horrenda, no podía volver a vivir sola, no sin ella. – Si te encuentran no dejaré que te lleven. – Respondió con seguridad.
- Es más complicado que eso, ellos son los que están detrás de todos los gobiernos, ellos modulan todo… no quiero que te metas en problemas por mi culpa, has llegado muy lejos como echar todo abajo por una persona que encontraste una noche queriendo robar algo de tu oficina.
- Ya no eres esa persona para mi Korra. – Se arriesgo a confesar, aún le daba la espalda a su amiga y eso le brindaba un poco de seguridad ¿Cómo podía explicarle que le gustaba a pesar de ser mujer? – Te has vuelto importante para mí, creo que no podría verte marchar…
- Y yo que pensé era solo tu guardaespaldas… - Escuchó a la morena comentar con un tono más alegre.
- No… creo que ese fue pretexto desde un inicio. – Admitió la de ojos verdes, Korra rió. – Creo que lo sospechaba.
Silencio, suspenso tal vez, y luego un fuerte escalofrío invadió su cuerpo al sentir uno de los brazos de Korra rodearla por la cintura al tiempo que su cuerpo se pegaba al de ella, le faltaba el aliento, antes ya había tenido novios, tal vez había llegado a besar a una chica en una fiesta, pero ninguna experiencia pasada se podía comparar con lo que en esos momentos sentía, su corazón palpitaba con tal fuerza que parecía se encontraba a punto de explotar, enmudeció ¿Sería solo un abrazo amistoso? Podría ser, y sin embargo ella se encontraba petrificada, perdida en sus ilusiones.
- Asami…
- Dime. – Intentaba mantener la calma, pero su voz la delataba, por alguna maldita razón su tono de voz había sonado suave y sumiso, inusual.
- También eres importante para mí. – De nuevo se había quedado sin palabras, detestaba aquel juego, todo ese jugueteo la tenía fuera de si, no podía más, las cosas debían quedar claras si o si en ese mismo instante.
- ¿Qué tan importante?... – Insistió.
- Mucho. – Suspiró al sentir aquel murmuró cerca de su oído, la voz de Korra era seductora, no cabía duda de ello, su sangre hervía, el abrazo de la morena sobre su cuerpo se había intensificado, el agarre era firme sobre su cadera.
- Me gustas Asami. – Había perdido, sus defensas cayeron de golpe, relajando su cuerpo se giró para encontrarse con aquellos ojos que siempre lograban sacarla de balance, perdida en el azul poso una de sus manos sobre la mejilla de la morena y se acercó tomando sus labios en un profundo y ansiado beso, Korra correspondió al instante, sus lenguas rozaron.
- Ahora menos permitiré que algo llegue a alejarte de mí. – Murmuró contra sus labios, Korra volvió a besarla de forma repetida, sus fuertes brazos la sostenían presionándola contra su cuerpo. – Es demasiado riesgoso Asami. – Escuchó la agitada voz de su compañera.
- ¿Riesgoso? De cualquier manera no parece que tengas la voluntad necesaria para escapar cuando el momento se llegue. – Korra chasqueo los dientes apoyando su cabeza sobre el pecho de la pelinegra, ambas suspiraron.
- Todo estará bien… no soy cualquier persona, tengo el poder y los medios necesarios para causarles problemas en caso de que quieran llevarte.
- No me perdonaría si algo llegara a ocurrirte por mi culpa.
- Nada me va a pasar, si pude capturar al Avatar y tenerlo prisionero en una celda por toda una noche, creo que podré defenderme bien contra unos cuantos maestros. – Korra rió.
- Ahora me pregunto ¿Quién será el guardaespaldas de quien? – Comentó la ojiazul, Asami sonrió acariciando y acomodano lentamente la corta cabellera de la morena detrás de su oreja. – Eso no importa… siempre y cuando estés conmigo. – Respondió.
De nuevo el silencio se apoderó del lugar, las cosas no se quedarían así, ahora que sabía que sus sentimientos eran recíprocos se encargaría de investigar. ¿Quiénes eran el loto blanco? Korra no sería obligada a nada, no si ella se encontraba a su lado.
Saludos, espero les haya gustado el capítulo, seguiré actualizando en cuanto pueda ^^ gracias a todos los que han estado siguiendo la historia y a los que la han comentado :) sigan comentando ¿Que opinan? ¿Que les pareció? leerlos siempre ayuda a motivarse para escribir, pasen un buen día (o noche según sea el caso) xD chiau!
