21 de Diciembre 1993

En la sala de la mansión Potter, todo era calma. Tranquilidad y silencio. Al menos en ese instante. Lily y James, sabían que en cualquier momento, alcanzarían a escuchar los gritos. Sabían que Sirius, estaría enojado a mas no poder. Y esta vez Helena, había tenido la culpa. Estaba teniendo un año difícil, Lily lo sabía. Entendía por lo que pasaba. Era una jovencita de trece años, con un padre un tanto… insensible, en ciertos aspectos. Era una bruja brillante, digna de Ravenclaw. Excelente calificaciones, perfecto comportamiento… pero a veces, este se veía afectado por el gen merodeador, además de que Harry, Neville y Ronald, no siempre eran una buena influencia en ella.

-¡Esta es la ultima vez que haces esto jovencita!- exclamó en un rugido, el padre de la pelinegra. La adolescente, atravesó la puerta de la cocina, roja por el enojo. Sus pisadas eran fuertes y sus puños estaban hechos un puño. Detrás de ella, salía Sirius, igualmente rojo de la ira. Aquel que dudara de su relación padre e hija, definitivamente no los habían visto pelear. Helena había heredado el gen Black en ese sentido. Los Potter, Regulus y Anser, levantaron la mirada asustados, para ver la nueva discusión de los Black.

-¡Pues no esperes que te obedezca, que seguramente lo vuelvo a hacer!- espetó furiosa, desde el primer escalón. Sirius detuvo abruptamente su andar, al escuchar sus palabras.

-¿Estas desafiándome, Lena?- su voz era amenazadora, un padre a punto de explotar. Entrecerró los ojos, arrugando su cicatriz.

-Si es necesario- masculló la bruja entre dientes. Sus bellos ojos chocolates resplandecieron con la furia de los Black. Era en este momento, donde Sirius se arrepentía de haber agradecido que la mujer sacara eso de su familia. ¿Por qué no simplemente podía haber heredado la altivez y el orgullo, que obviamente tenía? ¿o la impaciencia?, que también compartía. No… también debía de ser desafiante, ¡Incluso con su propio padre!

La joven heredera Black, dio media vuelta dispuesta a irse.

-¿a dónde crees que vas? ¡no hemos terminado!- exclamó Sirius reanudando sus zancadas. Su hija, ya iba a la mitad de la escalera. Giró y exclamó con altanería.

-Pues yo creo que ya lo hicimos- dijo con seguridad en la voz. Viró su cabeza, mandando a volar su cabello negro como la noche y subió muy derecha, las escaleras de mármol.

-¡Terminamos hasta que yo lo diga!- espetó enojado, comenzando a subir las escaleras- ¡tu madre jamás hubiera aceptado este comportamiento!

Helena, se detuvo en la cima de las escaleras y respondió con violencia, segundos después de haber escuchado las palabras de su padre.

-¡Pues estas son las noticias! ¡no la conozco! ¡así que no esperes que me comporte como ella!- exclamó con rabia, sabiendo que no debería de haber dicho esas palabras. Sirius se detuvo a la mitad de la escalera y abrió los ojos con dolor. Helena quería decir algo, pero su lado Black se lo impidió. Simplemente continuó caminando por el pasillo hacia su habitación.

-Canuto- susurró James poniéndose de pie y mirando a su amigo, pero este continuó dándole la espalda. Después de unos segundos, continuó caminando, esta vez, mas calmado, aparentemente.

Helena sabía que no debía de haber dicho eso. No era su culpa, no debía de haber dicho eso. No debía, no debía… pero lo dijo. Y ahora, su corazón dolía con culpa. Ardía la sensación de culpabilidad. Caminó por su habitación y se sentó en la gran cama. Sus movimientos eran calculados e incomodos. Miró a la gran repisa frente a sus ojos. Habían libros en cada repisa, unos sobre otros, uno sobre otro.

Las palabras que le había dicho a su papa, retumbaban en su cabeza, taladrándole con remordimiento. Pero era la verdad, no la conocía… sabía su nombre, claro. Había visto pocas fotografías de ella, y sabía que se parecían pero no la conocía. Lo poco que sabía de ella, se lo habían dicho sus tíos, y sus padrinos. Su papa rara vez hablaba de ella, mas que comentarios espontáneos con relación al gran parecido entre ambas. Su amor por la lectura. Su bondad y amabilidad. Cosas por el estilo. Pero nunca le hablaba de su madre. No como ella quisiera. No como ella lo necesitaba.

Sabía que por el momento, lo que debía de hacer, era ir a la habitación de su padre y pedirle disculpas. Eso también lo compartía con su mama. Ambas, según tía Lily, eran brujas racionales… pero no por eso frías.

Se puso de pie y salió de su habitación. Caminaba lentamente, sin hacer ruido alguno por el pasillo, acercándose a la habitación que rara vez entraba. No era que lo tuviera prohibido, es solo que también había sido la habitación de ella, y lo sentía como lejano, distante… algo muy privado. Había estado solo un par de veces, cuando era mas chica, y tenía pesadillas y se iba a dormir con su papa. Aunque la mayoría de las veces, su papa era el que iba a su cuarto y se quedaba con ella.

Cuando das lo mejor de ti, pero no logras nada

Cuando recibes lo que quieres, pero no lo que necesitas

Cuando estás tan cansado, pero no puedes dormir

Atorado en regresión

Llegó a la puerta. estaba entreabierta.

-¿Papa?- susurró, muy bajo. No hubo respuesta. Empujó suavemente la madera, haciéndola rechinar y lo que vio, rompió su corazón.

Y las lagrimas caen por tu rostro

Cuando pierdes algo que no puedes remplazar

Cuando amas a alguien, pero todo se va a la basura

¿podría ser peor?

Su padre, su fuerte e indestructible padre, estaba sentado en el piso y su espalda estaba recargada en la cama. Tenía las mejillas brillosas y los ojos irritados. Veía a la nada, no se había dado cuenta de que su hija estaba observándolo estupefacta desde el umbral.

-Papa- habló con voz mas fuerte, pero no demasiado. El hombre pareció salir de su trance, pestañeando varias veces. Giró la cabeza para ocultar su rostro, y limpiar sus lagrimas antes de que su hija las viera. Ya las había visto.

-Lena, pasa…- su voz fue ronca, áspera. Pero sus palabras fueron suaves y tranquilas.

La bruja comenzó a caminar al lugar donde estaba sentado su papa y lo imitó. Sus cuerpos se rozaban y ella lo miró con una mueca de tristeza.

-Perdón papa, no quería decirte eso- su voz estaba cargada de lamentación. Verdaderamente se arrepentía. Y Sirius la conocía tan bien, que sabía como se sentía con solo verla parada en su puerta. esa expresión la había visto antes en Hermione.

-No, Lena… perdóname tu a mi… tienes razón, no la conoces y es mi culpa- el brazo derecho de Sirius rodeó los hombros de la niña y la acercó a el. La barbilla del mago descansó en la coronilla de su hija.

La luz te guiará a casa

E incendiará tus huesos

Y yo, intentaré arreglarte

Padre e hija, se quedaron en silencio, cada uno en sus pensamientos. Ninguno de los dos recordaba por que habían estado discutiendo. Ya no les importaba eso. Ni siquiera se acordaban de haber discutido. Era uno de los muchas altercados que habían tenido últimamente, pero no afectaba su relación. Helena sonrió al recordar cuando fue sorprendida por primera vez, en una travesura con sus amigos. La primera vez que fue castigada. A principio de este año, exactamente. Su padre, le había mandado una carta felicitándola y agradeciéndola por mantener su nombre en alto en el colegio. Ella solo pudo reír al leer esto ¿Qué padre felicita a su hija por ser castigada? Solo el… y su tío James.

Sirius, por otro lado, pensaba en todas las veces que había hablado con Lena de su madre. Y la respuesta se redondeaba en un solo numero. Cero. Desde pequeña, Helena había entendido que su madre no estaba en el lugar, y era increíblemente prudente como para preguntar. Sirius sabía que le había preguntado a Lily y a sus padrinos, y que ellos le habían contado cosas vagas y no muy profundas. Pero no le preguntó a el. Jamás. Y el sabía, simplemente por que era igual a ella, que moría de ganas por hacerlo. Pero algo se lo impedía. El mismo Sirius, se lo impedía. Esta era su oportunidad. Ahora o nunca.

Ya sea en el cielo o en el infierno

Cuando estas tan enamorado, como para dejarlo ir

Pero si no lo intentas, nunca sabrás

Cuanto es lo que vales

-Helena- la bruja se movió en sus brazos para mirarlo. Una vez mas, los ojos chocolates se unieron con el mar de plata. Pero era una mirada diferente. – tienes razón… no conoces a tu madre y es mi culpa, siempre lo ha sido… no se por que no te hablé de ella antes.

La joven escuchaba sorprendida el cuento de su padre. Era lo que siempre había querido. En Hogwarts, escuchaba historia de sus amigas, acerca de cómo se habían conocido y enamorado sus padres. Todas sabían hasta el ultimo detalle. Ella solo podía decir, que se conocieron en su séptimo año. Era la única información que tenía, de la historia de amor de sus papas.

-Tu madre siempre quiso que le contáramos a nuestros hijos nuestra historia… decíamos que duraría para toda la vida… Tu mama… llegó durante nuestro séptimo año- sonrió Sirius mirando a la nada, como recordando lo que había pasado- la conocí y se molestó conmigo por algo tonto que hice…- rió ligeramente y no vio la pequeña sonrisa en los labios de su hija,- si no me hubiera disculpado, seguramente nada hubiera pasado… pero lo hice y nos hicimos amigos, los mejores… yo le contaba mis mas obscuros secretos y ella a mi los suyos…- la miró de reojo, no le iba a contar todos los detalles de la historia.

-Sigue- suplicó con voz de niña pequeña. Ante los ojos de Sirius, era como si tuviese seis años otra vez, y le estaba pidiendo, que le lea un cuento mas antes de dormir. Su corazón latió con ternura. Los ojos chocolates brillaron con la incertidumbre y la emoción.

-Y así, duramos todo el año como mejores amigos… me entendía como nadie, y tu madre, bueno ella era un acertijo- rió divertido al recordar lo molesta que se había puesto cuando la llamó así por primera vez.- hay Lena, no sabes… la entendía pero a la vez no, ¿me comprendes?

Su hija sonrió un poco mientras asentía, escuchando atentamente a las palabras de su padre, la historia que había querido escuchar desde hace tanto.

-En la boda de tus tíos, James y Lily… bueno, digamos que le confesé mi amor eterno- sonrió recordando una escena en la cocina. Definitivamente no le iba a contar todos los detalles. Nunca. – estuvimos un muy buen tiempo juntos, pero… son igualitas en ese departamento, siempre había drama a su alrededor- rió al sentir un ligero empujón de la pelinegra.- como todos los novios, tuvimos peleas….- la ojeó con una ceja levantada, sintiendo la urgente necesidad de preguntar- ¿tu no tienes novio, verdad Lena?

-¡No!- exclamó sonrojándose y abriendo los ojos de par en par.

-Bien… no lo tengas nunca- amenazó su papa. Lena solamente rodó los ojos divertida.

-¡Continúa!- suplicó acomodándose un poco mas bajo el pesado brazo de Sirius, y lo miraba con admiración.

-¿Dónde iba?... ah, claro, el pleito… pues si, nos peleamos por un tiempo… pero finalmente, me di cuenta de que no podía dejar que una tonta pelea me separe de la mujer que amo… y nos casamos- sonrió mirando hacia abajo, al rostro ligeramente redondo.

-¿Y luego?- la emoción era palpable en su voz.

-Luego… bueno tuvimos nuestra corta pero hermosa vida de casados- dijo frunciendo las cejas, recordando los meses que estuvieron unidos legalmente, sabiendo que no todos habían sido exactamente hermosos, pero aun así, los apreciaba- estábamos en guerra Helena, se que lo sabes muy bien… eran tiempos difíciles, pero todo era bueno al lado de tu madre. Gracias a ella, Regulus y yo nos reconectamos, y ve nada mas… ahora es tu padrino.

-¿Tu elegiste a tío Reg como mi padrino?- cuestionó frunciendo sus negras cejas, muy curiosa por la respuesta.

-Claro que quería a mi hermano como tu padrino, pero tu mama lo propuso… el y ella, bueno eran muy unidos- asintió sonriendo y asegurándole a su hija, que habían sido grandes amigos, mas que eso.- lo mismo fue con tu tío Remus, eran excelentes amigos…

La luz te guiará a casa

E incendiará tus huesos

Y yo, intentaré arreglarte

-Pero papa, dime- dijo la niña sacando a su padre de su ensimismo- ¡cuéntame de cuando supieron que iban a tenerme!

Sirius rió abiertamente, como un ladrido. Echó la cabeza hacia atrás para dejar que la risotada escape fácilmente de su garganta. Helena miró sorprendida a su papa. ¿Había preguntado algo muy divertido?

-¿Qué?- arrastró las palabras.

-Nada… es solo que nos enteramos que te tendríamos, no de la manera linda y romántica en las que se enteran los padres, oh no…- dijo sonriendo y negando con la cabeza- ¡tu madre me metió un gran susto! Fue por estas fechas, lo recuerdo bien…

-¿Cómo sucedió?

-Bueno, pues verás… tu madre llevaba unos días enferma, y ¡No me lo dijo!- exclamó incrédulo, como si aun no creyera la situación.

-¿No se supone que era tu esposa y que deberías de conocerla?- ahí estaba el lado Black, pero no le molestó. Se le hizo muy simpático el ver a la tierna niña en sus brazos, hablar de semejante manera.

-¿Recuerdas que te dije que era un acertijo? Tu madre era una mujer difícil- sonrió abiertamente y Helena mordió su labio inferior con exaltación. Era la mejor historia de amor que había escuchado. Fuera de lo normal, mejor que la de sus amigas definitivamente, tan… ordinarias y comunes.

-¡Dime mas!

-Bueno, pues un día que estábamos hablando… ¡tu madre se desmaya en mis brazos! ¡y ahí ves a tu padre perdiendo la cabeza!- sus hombros temblaban debido a la risa, Lena estaba igual. Podía imaginarse perfectamente a su padre, lo había visto "perder la cabeza" cuando se cayó por primera vez de una escoba a los seis años, mientras le enseñaba en el jardín.

-¿Y con eso supiste que estaba embarazada?- levantó una ceja con duda.

-No… tuvimos que llamar a Madame Pomfrey-

-¿La de la escuela?- preguntó sobresaltada abriendo los ojos de par en par.

-La misma- asintió con la cabeza, sabiendo exactamente que es lo que pasaba por la mente de su hija. La enfermera era muy vieja.- en fin, tu madre resultó estar enferma, pero… nos enteramos también de que tu venías en camino y no podíamos estar mas felices.

Las lagrimas cubren tu rostro

Cuando pierdes algo que no puedes reponer

Las lagrimas cubren tu rostro

Y yo…

Después de unos segundos en silencio, Helena no pudo morderse la lengua antes de preguntar. Ya sabía lo que sucedía después de que naciera. Murió un mes después en la guerra. No sabía muy bien como, ni siquiera tío Remus le quiso contar. Y prefería no saberlo.

-¿La extrañas?- su voz sonaba incierta y tímida. Sirius la miró. Dejó sus ojos prendidos en los de ella por unos segundos. Lena no sabía que estaba sucediendo. No podía decir si estaba molesto por su pregunta o dolido.

-Todos los días- dijo finalmente con una sonrisa melancólica.

-Yo también- dijo en un intento de decirle que no estaba solo, que ella también extrañaba a su madre.

Las lagrimas cubren tu rostro

Cuando pierdes algo que no puedes reponer

Las lagrimas cubren tu rostro

Y yo…

-Helena…

La bruja pudo notar que su padre estaba repentinamente serio, y ella lo imitó.

-¿Si?

-Tu madre…- desvió la mirada y vio al frente con una suave sonrisa en las comisuras de sus labios- fue la bruja mas valiente que conocí en mi vida. Era amable, gentil, bondadosa, sin prejuicios, de un gran corazón… una bruja brillante, la mejor de su edad… y te amaba con todo su corazón.

-¿En serio?- nunca se lo dijo a nadie, ni siquiera a Harry, pero siempre quiso saber como se escucharía la voz de su mama, que le dijera que la ama.

-Oh si, mas que a nadie en este mundo- aseguró Sirius mirándola y comenzando a trazar unos círculos en su mejilla. Helena sonrió ante el gesto que la había calmado en sus noches de pesadilla, en sus miles de caídas al correr, o en sus cumpleaños. Un gesto que solo hacía su padre con ella.

-Hay veces que sueño con ella- confesó sonriente y comenzando a jugar con un hilo de su blusa- me sonríe y me dice que me quiere, aunque no escucho su voz… sueño, que nos acompaña a Hogwarts o al Callejón Diagon… sueño que esta conmigo.

-Lo está… Helena, ella siempre está con nosotros- aseguró el pelinegro, deteniendo el movimiento de sus dedos. Reacomodó su postura y puso ambas manos en las mejillas de su hija- ella siempre está con nosotros, aunque no la veamos… las personas que nos aman, nunca nos abandonan y siempre podemos encontrarlas aquí- Sirius apuntó con dos dedos al corazoncito de su hija. Helena sonrió al pensar que efectivamente estaba ahí, siempre a su lado.

-¿Realmente lo crees?

-Estoy seguro de ello…

Lagrimas cubren tu rostro

Y yo prometo aprender de mis errores

Lagrimas cubren tu rostro

Y yo…

Ella lo miraba con admiración. Ahora entendía muchas cosas. Ahora, su mente se organizaba. La racional Ravenclaw reorganizaba su ideas, e hizo una ultima pregunta, simplemente necesitaba saber la respuesta.

-¿No te duele verme, y verme tan parecida a ella?- preguntó bajando la mirada. Quería saber, pero a la vez no quería hacerlo. No quería saber, si cada que su padre la miraba, era la responsable de su dolor.

-No… Helena, no- dijo levantando gentilmente su mentón. – tu… tu fuiste la razón por la que yo pude salir adelante, tantos años atrás… eres muy parecida a ella, si, pero a la vez tan diferentes… y cuando te veo, solamente puedo llenarme de felicidad, puesto que eres la prueba del inmenso amor que nos teníamos.

Helena sonrió al escuchar las palabras de su papa. Parpadeó varias veces tratando de reprimir sus lagrimas.

-Dime en que nos parecemos… por favor- suplicó ladeando la cabeza. Sabía que se parecían, mucha gente se los decía, pero quería escucharlo de su papa.

-Pues… lo primero, están los ojos… esos ojos, tu madre me volvió loco con sus ojos- rió recordando la explosión que tuvo con sus amigos, en su habitación de Hogwarts en su séptimo año- tu rostro… es una replica a primera vista, pero si te veo bien puedo verme en ti… ambas, bueno, aman leer… - rió y pasó una mano por su cabello- son brillantes, muy inteligentes. Eres igual de buena que ella, tienen el mismo corazón de oro, gracias a Merlín… ¿te imaginas si los dos hubiéramos tenido exactamente la misma personalidad?- preguntó riendo con terror. Ella también soltó unas risitas- ayudan a sus amigos, nunca los abandonan… eres sensible, pero fuerte. Determinada… si me lo preguntas, ambas son algo tercas- lo empujó suavemente por el brazo- creo que ambas… aprecian sus momentos a solas, pero les gusta estar acompañadas… en fin, muchas similitudes… pero diferencias también.

-Pero-

-Lo importante no es en lo que se parecen, Helena… pueden parecerse en cosas buenas o en cosas malas… pero lo importante, es que ella te amaba, lo sigue haciendo…

Helena miró a su padre con ojos abiertos de par en par. Y lo abrazó fuertemente. Enterró su rostro en su pecho mientras el hombre envolvía su brazos alrededor del cuerpo de la bruja. Su padre no podía verla, pero ella sonreía en su pecho. Por primera vez en su vida, podía sentirla. Decir que la conocía. Confiaba, en que su madre no la había dejado sola ningún segundo, que aunque no pudiera verla, estaba siempre a su lado. Ahora entendía, que siempre que se sintió sola, o triste, algo misterioso la tranquilizaba. Siempre fue ella. Podía sentir… que estaba ahí con ellos, en la misma habitación, sentada sonriente a su lado y abrazándolos también. Podía imaginar, y creer… que eran la familia que siempre habían querido ser.

La luz te guiará a casa

E incendiará tus huesos

Y yo, intentaré arreglarte