Septiembre 1, 1997

Ese era el día, no lo podía creer. El día que tanto había temido estaba ahí. Nunca se lo aceptaría a nadie, menos a James, jamás lo dejaría en paz, pero esa noche había dormido muy mal. Giró y giró y giró por toda la cama, incapaz de conciliar el sueño. Sus ojos simplemente se rehusaron a cerrarse. Sentía feo en su pecho, algo incomodo en el corazón. Se sentó en la cama, se levantó, caminó, y regresó, pero nunca supo que era. Hoy se daba cuenta que era lo que le causó el insomnio, que es lo que le causaba el nerviosismo. Su princesa se iría a su ultimo año de Hogwarts. No lo podía creer.

En un abrir y cerrar de ojos, Helena pasó de estar en sus brazos dormida, a estar gateando por todos lados. En otro abrir y cerrar de ojos dejó de gatear y la encontró corriendo por toda su habitación. Un segundo después le estaba diciendo "papa". Juró que ese día había sido el mas feliz de su vida. Mas tarde, se encontró enseñándole a volar en escoba, a colocar explosivos en calderos, a moverse sigilosamente al hacer una broma. Después, se encontró diciéndole adiós por primera vez en el anden nueve y tres cuartos. Y ahora, se encontraba yendo a buscarla a su habitación para llevársela, para decirle una ultima vez adiós en el mismo anden. Regresaba a Hogwarts por ultima vez, no dejaba de repetir esas palabras en su mente. Estaba extasiado de emoción.

Su hermosa princesa, habían pasado excelentes momentos juntos, los mejores. La extrañaba horrores cuando se iba, pero sabía que estaba teniendo el momento de su vida, lo sabía bien pues fueron de los mejores de su vida. Ella, era todo para el.

Siempre serás una parte de mi

Y yo sentiré tu fortaleza

Cuando mas lo necesite

Su hija, bueno… era… ¿cómo podía decirlo? ¿Especial? Si, esa era la palabra que buscaba su mente. Era impresionante a decir verdad, y cómico en algunos momentos. Otros, una pesadilla viviente. La amaba de todo corazón, pero a veces pensaba que sufría de doble personalidad. Era la imagen de sus dos padres. A pesar de nunca haber conocido a su madre, sin intención, la proyectaba, aunque no lo sepa. Habían días, donde Helena estaba tranquila, todo era calma a su alrededor. La veías en la biblioteca y leía libro tras libro tras libro. Era callada, y podría parecer tímida, y algo cohibida. Introvertida y muy prudente. Mucho mas madura para su edad. Se ponía a pensar y a filosofar de la tierra y su existencia, y luego iba con Sirius, o Lily, para cuestionar sus teorías. A veces, era muy complicado seguirle el paso, pero lo intentaba, al fin, llevaba diecisiete años a este ritmo. Pero por otro lado, tenía momentos o días enteros, los cuales eran una tortura, en los que era la reencarnación de Sirius. Su tranquilidad explotaba y lo que salía expulsado era intensidad pura. Explotaba por las mínimas cosas, se irritaba con facilidad. Se volvía en una bomba en regresión, y era extremadamente impaciente. Su mente se vuelve en un campo de batalla de la imaginación. Se volvía activa, divertida y muy… muy traviesa.

Esto mismo es lo que lo complicaba todo. Un día, llegabas a decirle un comentario sin mucha importancia, del cual podías obtener dos respuestas. La primera, era una bella sonrisa y un agradecimiento cordial y sincero. La segunda, un ataque de rabia y gritos, que seguramente te hacía salir corriendo.

Sirius se preguntaba que tipo de respuestas tendría el día de hoy. Colocó su mano en la perilla y la giró.

Te veré otra vez

Nunca te fuiste realmente

Te siento caminar a mi lado

Yo se, que te veré otra vez

Se quedó estático. Sobresaltado. Desconcertado. Sus pies estaban clavados en el suelo. Sus ojos abiertos de par en par, incrédulo a la imagen que se desfilaba delante de el. Estaba ella, ahí, en la habitación de su hija. Su cabello castaño caía misteriosamente controlado por su espalda. Le llegaba casi hasta la cintura. Los rizos, enmarcando dulcemente su rostro sonriente. Los ojos chocolates estaban iluminados con inocencia, con ternura. Lo miraban desde el centro de la habitación. Su corazón aceleró ligeramente sus latidos y sonrió. Se veía hermosa.

-Lo hice permanente, ¿te gusta?- cuestionó Lena mordiéndose el labio inferior, con miedo a la reacción de su padre, pero aun se podía divisar la sonrisa.

-Hermosa- sonrió cerrando la puerta detrás de sí. Dio unos pasos hacia su hija y le tomó el rostro en sus manos, besando su frente- idéntica a tu madre.

-¿En serio?- cuestionó con ilusión en sus ojos.

-Totalmente.

Sirius pasó a sentarse al pie de la cama de su hija, y se dedicó a observarla. Helena le dio la espalda y continuaba asesando el nuevo estado de su cabello, en el espejo de cuerpo completo en la puerta de su armario. El hombre en la cama, sonreía tontamente admirando a su hija. Verdaderamente era igual a su madre, era impresionante. Aquel que dijera lo contrario estaba ciego. Solo si la veías de cerca y con mucho cuidado, podías ver a Sirius en su rostro. La curvatura de los labios y la forma de la ceja. Lamentablemente, eso era lo único. Lo demás, lo heredó de Hermione. Era extraño. Rió un poco al recordar la conversación de los padres con los padrinos, que tuvieron unos días después de que naciera la heredera Black. En ella, creían que Helena crecería a ser igual a su padre y que le daría un infarto a McGonagall, pero todo cambio hace unos años, cuando comenzó a desarrollarse físicamente, y se convirtió en el clon de su madre. Y no solo eso, la verdad es que cada que la veía entrar a la biblioteca y salir con tres o cuatro libros en mano, sonreía y rodaba los ojos. Eran igualitas. Las dos, hablaban con cierto tono de "lo se todo". Tal vez Hermione no estuvo en Ravenclaw, pero tenía la mente de una. A veces, y sin que Helena lo supiera, hacia gestos que su madre solía hacer. En fin, en ambos ámbitos, físico y psicológico, se parecían.

-¿Qué tanto me ves?- cuestionó burlonamente la castaña, viéndolo desde el espejo. Sirius sonrió como atontado.

Ahora no estas

Pero no te he olvidado

No puedo decírtelo a la cara

Pero se que me puedes escuchar

-Nada…- dijo sonriendo mientras levantaba las cejas.

La mueca de incredulidad que le dedicó Lena, le dio a entender que no le creyó nadita. Lo sabía, por que el inventó aquél gesto… eso lo había heredado de el, lo decía con orgullo.

-Verdaderamente eres igual a tu madre- confesó finalmente con una sonrisa de lado.

Helena giró rápidamente para verlo, y ladeó la cabeza, haciendo bailar a su cabello recientemente castaño.

-¿Realmente lo crees papa? ¿qué me parezco a ella? No he visto muchas fotos de ella, sabes- cuestionó entrecerrando los ojos ligeramente y frunciendo las cejas, la duda palpable en sus palabras.

Sirius sonrió ante su gesto y simplemente puso su mano en el espacio a su lado, para indicarle que tomara asiento por un momento.

-Tenemos que salir o perderemos el tren- dijo sonriente mientras caminaba y se dejaba caer pesadamente a su lado.

-Oh vamos… es temprano, además, ¿qué es la vida sin un poco de riesgo?- cuestionó mirándola de reojo y extendiendo una suave sonrisa.

Cuando esté perdido

Cuando te extrañe demasiado

Me digo a mi mismo

Que fui bendecido por haberte tenido en mi vida

-No puedo creer que ya termino Hogwarts- aceptó la castaña mirando a sus manos, que entrelazó unos segundos antes. Mordió un costado de su labio inferior con nerviosismo.

-Tranquila mujer, no estés nerviosa… verás que es el mejor año que tienes- aseguró Sirius, poniendo su gran mano, sobre las de su princesa.

-Eso espero… digo, tía Lily me contó mucho acerca de su ultimo año y se que tengo que hacer muchas cosas y-

-¡Tranquila Lena! Ser premio anual esta sobre evaluado- la heredera Black empujó suavemente a su padre y le mostró un rostro ofendido, al cual, el padre respondió riendo- ¡es verdad, lo está! Pregúntale a James.

-Tío James, al igual que tu, ¡fueron un desastre!- contestó con su usual tono de sabelotodo, pero con una sonrisa- y si no hubiera sido por tía Lily, tío Remus, y mamá, seguramente hubieran sido expulsados.

-¡Bah! ¡claro que no! ¡éramos los consentidos de McGonagall!- aseguró el pelinegro haciendo un gesto con la mano para quitarle importancia.

-¡Por favor!- rodó los ojos con diversión- cuando la profesora McGonagall nos vio a Harry y a mi, el primer día de primer año, abrió los ojos con terror, ¡terror!

-¡No!… digas lo que digas, nos ¡a-do-ra-ba! Y si, tu no eres exactamente como nosotros y por justa razón serás premio anual y lo que sea, pero yo se…- dijo levantando su índice, para dar énfasis a su punto-… yo se que las mejores bromas de los chicos, las planeaste tu.

-¿Yo?- arrastró las palabras con fingida sorpresa y colocando una mano sobre su pecho, alejándose un poco de su padre.

-¡Si, tu!- rió Sirius negando con la cabeza.- Harry, Ronald y el sapo Longbottom son la reencarnación de los merodeadores; los chicos… no hay año que no estén castigados, igual que nosotros a su edad.

-Lo se- rió la castaña- y es Neville, papa, no sapo.

-¡Lo siento, lo siento!- rió el señor Black, levantando una mano en señal de buena fe.- pero ya dime- dijo mirándola con una ceja levantada- ¿es tu novio no es así?

El rostro de Helena se puso de los mil colores, rojo, rosa y morado. Abrió los ojos, los cuales brillaron como nunca, y apretó los labios en una fina línea. Sirius nunca diría que sintió su corazón estrujarse. Su princesa había cambiado a su rey, por un príncipe.

-Ya, ya, tranquila, respira- dijo dándole palmaditas en la pierna al ver que no contestaba. Un audible exhalo de aliento se pudo escuchar- es un buen chico, sus papas son muy amigos míos, es solo que es extraño… verlos, ya sabes… juntos, juntos… después de verlos jugar los veranos cuando venían todos aquí… además de que ya no eres una bebe, eso es todo.

-Deje de serlo hace mucho papa- susurró con una pequeña sonrisa en la comisuras de sus labios.

Ambos rieron, pero ya no dijeron nada. Se mantuvieron sentados uno junto al otro, rozando sus brazos.

Cuando tuve el tiempo de decírtelo

Nunca creí que llegaría el momento

-Te tengo un regalo- dijo Sirius de repente, rompiendo el silencio. Su mano derecha fue a meterse al bolsillo delantero de su pantalón. Inclinó su torso hacia atrás, para poder meter sus dedos al apretado lugar. Después de unos segundos sacó una pequeña bolsita y la puso en la palma de la mano de su hija- la encontré cuando guardé las cosas de tu madre, y pues… guardé esto para dártelo algún día. Hoy.

Helena se puso a apreciar el regalo. Era una pequeña bolsa de cuentas, muy pequeña que podría caber en su calcetín. Se veía que debía de haber sido muy hermosa pero estaba desgastada. La tela estaba deslavada, por lo que no se podía saber el color original. Habían varios hilitos sueltos, lugares donde con anterioridad había estado alguna cuenta. Las que aun permanecían, se veían algo golpeadas y talladas. Alguna vez, había sido un objeto muy fino.

-Papa… me encanta- susurró pasando las yemas de sus dedos sobre la bolsita, pero después cayó en la cuenta- ¿qué es?

Sirius rió ante el comentario, entendiéndola perfectamente, el también se había cuestionado eso.

-Eso… era un objeto muy preciado para tu madre- sonrió observando el objeto- lo llevaba a todos lados, nunca se separaba de el… muchas de las cosas que le pasaron, le sucedieron con el a su lado… tiene un encantamiento indetectable de expansión, o algo así- habló moviendo la mano para quitarle importancia a los detalles. Al escuchar estas palabras, Lena abrió la bolsita e introdujo su mano. Abrió los ojos con sorpresa, cuando su hombro tocó el ras de la bolsita.

-¡Oh!- exclamó sacándola.

-Lo se… tuve que limpiártela, estaba algo… sucia- dijo omitiendo detalles. La bolsita había estado sucia de tierra y algo de sangre, no que su hija necesitase saber eso.- por eso está tan deslavada y… y bueno rompí unas pocas cuentas. También tuve que sacar su contenido, tu madre guardaba objetos… interesantes se puede decir.

Sirius divagó recordando cuando sacó todos los objetos que estaban dentro. Libros en docenas, ropa de Harry y Ron, sets de pociones, frascos vacíos, la tienda de campaña, la cual por alguna extraña razón se la había pedido Regulus, un libro muy curioso llamado "vidas y mentiras de Albus Dumbledore" el cual quemó sin abrir una pagina. En fin, muchas cosas, interesantes y curiosas, así como peligrosas, para esa nueva línea del tiempo al menos, Sirius lo sabía. Muchos objetos los destruyó y otros los guardó.

-Muchas gracias papa- dijo abrazando con fuerza por el cuello a Sirius. Este, le regresó el abrazo con cariño, ignorando la rápida falta de oxigeno por la estrujada.

-¡Sirius y Helena Black!- gritó Lily desde algún lugar en la casa, indicándoles que ya debían de irse.

Cuando las palabras que pude decir

Vinieron a acecharme en mi hora mas obscura

Me digo a mi mismo,

Te veré otra vez

Lentamente se separaron un poco y se vieron a los ojos con complicidad. Sonrieron ampliamente hasta que Helena se separó completamente y se puso de pie con prisa. Sirius observó sus rápidos movimientos. Tomó su capa, su varita y después el asa de su baúl y salió de la puerta con un suave "vamos".

Sirius se quedó viendo el lugar vacío, por el que su hija había salido. En una fracción de segundo, casi imperceptible, pensó en algo. Que no hacia falta que esperara toda una vida para volverla a ver, puesto que su hija… era su viva imagen.