"En los hechos ocurridos durante la noche pasada en el estadio de Pro Control, donde se debatía el campeonato de la liga de invierno, ocurrió un atentado organizado por un conocido grupo terrorista que por motivos de seguridad no se nombrará, la desaparición de la Ejecutiva en Jefe de Industrias Futuro, Asami Sato, se relaciona a las actividades de esta organización de maleantes, como sabemos Industrias futuro participa en más de una actividad concerniente a actividades militares, recientemente la Ingeniera trabajaba en una de estas actividades, mejoramiento de armas y elaboración de nuevos diseños para naves de la milicia, así pues todo apunta a que el objetivo del ataque fue la captura de la señorita Sato, su desaparición no puede ser más lamentable que el alto número de víctimas que hubo luego de la detonación de más de diez potentes bombas incendiarias que se cree, fueron cuidadosamente instaladas esa misma noche antes del evento pues el registro realizado al estadio por la mañana no dio evidencia a la existencia de dichos explosivos, de los presentes siete mil quinientos aficionados se registraron doscientos heridos de gravedad, cuatrocientos heridos de quemaduras de primer y segundo grado, y más de tres mil asistentes con presencia de heridas menores, lamentamos la pérdida de ciento cincuenta vidas, el atentado no será algo que se pase por alto, doy mi palabra como comandante de las tropas internas de Ciudad República que no daré descanso a los responsables de este desafortunado evento."
Ciñendo el entrecejo y apretando los puños arremetió contra la televisión lanzando una fuerte ráfaga de viento que de inmediato aplastó el aparato sacando de él varias chispas y pedazos de cristal.
- ¡Korra! – Reclamó Mako.
- ¡Miente! ¡¿Cómo puede pararse al frente y decir todo eso?! Ella hizo todo eso, toda esa gente salió lastimada por su culpa.
- Tranquila. – Intentó confortarla Opal, todos habían pasado la noche en el departamento de los hermanos en un intento por tranquilizar a la joven morena, nadie entendía lo que estaba pasando, intentaban ponerse al corriente de la situación pero la morena no había hablado con claridad hasta entonces, entre constantes lamentos, lágrimas, berrinches, ataques de ira y largos silencios Korra parecía completamente perdida.
- Fue mi culpa que todo esto pasara. – Suspiró con pesadez.
- No digas eso. – Murmuró Bolin. – Korra, ayúdanos a entender lo que ocurre, queremos ayudar, pero necesitamos saber que está pasando.
- Soy el Avatar, eso ya lo deben saber.
- Si. – Respondieron a coro.
- No se supone que yo deba estar aquí, mi lugar es al lado de una poderosa organización que mantiene el equilibrio del mundo, escapé y luego de mucho escapar llegue aquí, le advertí a Asami que me perseguían, y que los que me perseguían no eran personas con las cuales se podía jugar ¡¿Cómo pude ser tan idiota?!
- Tranquila. – Pronunció el maestro fuego con voz suave sosteniendo los hombros de la morena.
- Asami dijo que los enfrentaríamos y estas son las consecuencias de mi descuido, Kuvira es un miembro de esa organización que me persigue y Noataq también.
- ¿Noataq? El político.
- Si. – Suspiró. – Tenzin el consejal, también, pero él es diferente, el maestro sangre del estadio era Noataq, Kuvira puso a Asami en la posición correcta para poder decir que todo fue obra de un ataque terrorista y Noataq ejecutó el secuestro, no entiendo como no pude verlo antes, todo iba demasiado bien, las cosas no podían ser más claras ¡Por supuesto que Kuvira no visitaba a Asami por negocios!
- Espera Korra… - La detuvo Mako intentando asimilar todo lo que había escuchado. – Estamos hablando de personalidades importantes ¿En serio pondrían en riesgo a todas las personas del estadio? Por dios ¡Hubo muertos!
- Mako, soy el Avatar ¿Cuál crees que es la razón por la cual ocultaron mi existencia? No te enfoques en pequeñas multitudes, hablamos de una organización que controla a los líderes de todo el mundo y yo soy su arma principal, mil personas, dos mil personas, para ellos es un bajo precio a pagar en comparación con el precio que podrían pagar si yo no vuelvo con ellos. – Se lamentó.
El silencio se apoderó de la habitación, la magnitud de la situación alcanzaba niveles que ninguno de los presentes jóvenes alcanzaba a imaginar o que si se aventuraba a hacerlo era difícil no quedar intimidado.
- No necesito su ayuda chicos, estoy bien, es mejor que se mantengan fuera de problemas, no dejaré que a ustedes también les hagan daño, solo mantengan algo claro en sus mentes, el Avatar no existe, ustedes no han visto ni escuchado nada, cayeron inconscientes y no recuerdan nada de lo que ocurrió ayer durante el torneo. ¿Entendido?
- Pero Korra… - Intentó objetar el hermano menor.
- ¡¿Entendido?! – Afilo la mirada. - ¡Entiendan! No hay nada que puedan hacer, esto está más allá de el alcance de cualquier persona… agradezco que me hayan permitido pasar aquí la noche, Mako, lamento lo del televisor.
- No te preocupes por estupideces. – Respondió con rostro angustiado al ver como la morena se acercaba a la puerta del departamento.
- Fue un gusto poder haberlos conocido, me alegra haber escapado, de no haberlo hecho nunca los hubiera visto en mi vida, esperen a Asami, no descansaré hasta hacer que vuelva a su hogar, nos vemos Hurones. – Se despidió ofreciendo una cálida y pequeña sonrisa para luego cerrar la puerta tras de ella.
Con pesadez comenzó a abrir los ojos lentamente, la adrenalina se disparo al sentir las manos atadas detrás de su espalda y la mordaza entre sus labios, de inmediato las escenas de la noche anterior llegaron a su mente, la pelea de los hurones y de pronto una densa neblina que rápidamente la adormeció haciendo imposible el poder defenderse de sus secuestradores, bufó, aún se sentía un poco mareada, cuando su vista al fin se volvió nítida pudo apreciar la celda en la que se encontraba metida y más allá de los barrotes un hombre enmascarado cuyos ojos la observaban detenidamente.
- Ah… parece que al fin despertaste. ¿Descansaste? – Ciñendo el entrecejo resopló.
- Las advertencias fueron suficientes señorita Sato, intentamos evitar el tener que llegar a estos extremos pero al parecer te gusta vivir emociones fuertes, continuabas empujando más y más en la dirección contraria, tus amenazas nos mantuvieron a raya el tiempo suficiente para que volvieras a Korra una figura pública, eres lista, pero luego de realizar varias y muy meticulosas investigaciones nos dimos cuenta de que tal vez no eras tan peligrosa como nos lo querías hacer ver, los únicos que compartían el secreto del Avatar eran tú y un insignificante mayordomo que no tenía más que el conocimiento básico de las habilidades de Korra, nunca existió ningún material que nos pusiera en evidencia, nunca existió ningún aliado, cualquier persona a quien se lo comentaras y tuviera el poder suficiente para transmitir la información de forma masiva no habría dudado ni un poco en compartir con el mundo el secreto del legendario maestro capaz de dominar los cuatro elementos, era demasiado riesgoso para las dos, si el secreto salía no podrían seguir juntas, es una lástima no contar con familiares en los cuales poder confiar secretos de esta naturaleza ¿No es cierto?
Su respiración comenzó a agitarse debido a la rabia que sentía. – Debiste crear evidencias Sato, debiste al menos grabarla, tener un arma con la cual amenazarnos, cayeron en la trampa sin que tuviéramos que poner mucho esfuerzo en ella, pensé que lograrías dar más batalla. – Rió él mostrando superioridad. – Dentro de un par de horas te traeré nueva ropa y algo para que comas, la orden del loto blanco nunca ha sido un mal anfitrión. – Sonrió para luego salir del lugar, una cálida lágrima acarició el rostro de la Ingeniera, no podía imaginarse la angustia que Korra se encontraba pasando en esos momentos, derrotada relajó su cuerpo recargando su peso contra las paredes de su prisión.
- La traeremos de vuelta chica. – Afilo la mirada, sentada sobre la montura que Asami había elaborado para colocar en la espalda de Naga, observaba la mansión que había sido el hogar que había compartido con su amada, tal vez no volvería a ver aquel lugar nunca más, por el momento debía atender a una reunión a la que había sido citada en la estación de policía, al llegar fue recibida por la jefa de policía, Lin mostraba un par de cortadas y moretones en el rostro.
- Ah, Korra, llegas temprano. – La saludó con una pequeña sonrisa intentando no mencionar nada acerca de la Ingeniera.
- ¿Para que me citaron? Es Kuvira ¿Cierto?
- Quiere hablar contigo sobre lo sucedido en el estadio en busca de pequeñas pistas que nos puedan ayudar a encontrar a los responsables.
- Lin…
- Dime.
- ¿Tu alcanzaste a ver algo?
- Nada, solo recuerdo que observaba el combate, luego el gas me adormeció y caí de inmediato, lo siguiente que recuerdo fue haber escuchado las detonaciones de las bombas, una de ellas explotó cerca de donde nosotros estábamos, intenté proteger a Varrick y a Zhu Li que aún yacían inconscientes en el suelo pero aún me encontraba mareada, solo pude cubrir a Zhu Li y diminuir el impacto sobre Varrick, el pobre hombre se encuentra en el hospital, no ha despertado desde entonces, luego de sacarlos de ahí volvía a ayudar a otras personas y fue cuando te encontré… debí estar más atenta.
- No, nadie esperaba que algo así ocurriera, a todos nos tomo por sorpresa.
Le alegraba saber que nadie más había presenciado el momento en que había iniciado a usar más de un elemento, no quería meter a más personas en problemas.
- De cualquier manera esto no se va a quedar así, eso tenlo por seguro, sígueme. – Ordenó la jefa de policía, paso a paso se adentraron en el edificio hasta llegar a una amplia oficina dentro de la cual se encontraba Kuvira sentada tras un escritorio, al ver a la morena una amplia sonrisa se dibujó en su rostro.
- Korra… adelante, toma asiento, Beifong déjanos solas y cierra la puerta al salir. – Ordenó con tono severo, Lin ciño el entrecejo y obedeció sin decir más.
Intensa mirada azul se fundía y chocaba con aquellos fríos ojos verdes, batallaba para mantener la calma, para mantenerse firme sobre su asiento, era difícil ignorar el fuerte impulso que sentía de atacar a Kuvira, de someterla y hacerla pagar por lo que había hecho.
- Es trágico todo lo que ocurrió ¿Cierto? – Lanzó la mujer militar sonriendo de lado.
- Hubo demasiados inocentes involucrados. – Gruño de regreso.
- Siempre hay inocentes involucrados.
- ¿Cómo puedes ponerte de pie frente a las cámaras y prometer encontrar a los responsables? Tú los asesinaste, tú lastimaste a toda esa gente.
- No Korra, tú lo hiciste, sabías que algo malo sucedería si seguías el juego de Sato y aún así decidiste continuar, pues mira las consecuencias de todo eso.
- ¡Basta! No fue mi culpa, tengo el derecho de vivir en donde yo quiera, con quien yo quiera y hacer lo que yo quiera.
- No, eres el Avatar, tu destino está grabado en piedra desde que naces, tu deber es mantener el balance en este mundo, eso y solo eso, tu lugar está al lado de la Orden del Loto Blanco.
- Deben liberar a Asami.
- ¿O si no que? – Sonrió con superioridad. – Si te atreves a hacer alguna estupidez ten por seguro que Sato pagará por tus errores, durante el combate las cámaras dejaron de funcionar al iniciar el tercer round, no hay evidencias de que el Avatar existe, no tienes alternativas, debes hacer exactamente lo que te voy a decir que hagas, volverás a la mansión y vivirás ahí como se supone que una buena novia lo haría, esperando a escuchar buenas nuevas sobre el caso de Sato, luego de un mes declararás frente a las cámaras que la pérdida de tu novia es demasiado para ti así que decidirás volver a tu hogar natal en el sur, en ese viaje serás llevada de vuelta a las instalaciones de la orden, hasta entonces Sato será bien cuidada, eso te lo aseguro. – Colocando un pequeño sobre encima del escritorio lo acercó a la morena, Korra lo tomo en sus manos, al abrirlo encontró en su interior el collar que Asami llevaba puesto la noche anterior.
- Kuvira… - Bufó apretando el collar entre su puño.
- Ella está bien, no te preocupes, sabemos lo importante que es para ti, ahora vuelve a casa, habrá gente interesada en interrogarte, ya sabes que decir, si cometes algún error Asami será la primera en enterarse. ¿Me entiendes?
- Si. – Respondió con tono amargo.
De vuelta en casa fue recibida por el mayordomo, quedó sorprendida cuando el hombre le anunció la presencia de sus amigos en la sala, suspiró, eran Opal, Bolin, Mako y otro invitado, Tenzin, los cuatro enmudecieron al ver a la morena, no sabían que decir, ya les había pedido guardar distancia pero simplemente no podían quedarse con los brazos cruzados.
- Korra. – Saludó el maestro aíre poniéndose de pie. – Cuanto lo siento Korra, debieron enterarse de que te estaba pasando información, no me dijeron nada, te lo habría advertido de haberlo sabido.
- Lo se Tenzin. – Suspiró entre sus brazos, aquel hombre siempre había resultado ser muy comprensivo, lo conocía desde pequeña, uno de sus más queridos maestros dentro de la organización. – Hablé con Kuvira. – Inició, todos tomaron asiento en la sala, sus amigos ya sabían todo así que no importaba si les decía lo que acababa de tratar con la mujer militar.
- No puedes hacer lo que te piden. – Objetó Bolin cuando la morena terminó de explicar lo que le habían exigido.
- No puedo hacer nada más. – Manteniendo la mirada fija en el suelo suspiró. – No mientras tengan a Asami, no pienso arriesgarla, por eso les pido que no intenten hacer nada más.
- De igual manera estamos aquí para ti. – Sonrió Mako. – No estás sola.
- Gracias chicos, gracias Tenzin, por venir.
Así los días comenzaron a pasar uno tras otro, periodistas iban y venían en busca de sus comentarios, no era difícil parecer angustiada, a pesar de que Kuvira le hubiera asegurado el bienestar de Asami no se sentía cómoda con la idea de que se encontrara prisionera de la Orden, se sentía angustiada, derrotada, triste, sus seguidores le ofrecían apoyo, ser una celebridad le hacía difícil el sentirse sola, apreciaba toda esa atención, pero era precisamente esa creciente atención la que había molestado al Loto Blanco, Varrick continuaba inconsciente en el hospital, las compañías de Industrias Futuro e Industrias Varrick eran temporalmente dirigidas por otras personas, la ciudad se encontraba desconcertada, no habían atrapado a nadie en dos semanas, en tres, nada, de un día a otro habían sido atacados por un fantasma silencioso que había cobrado varias vidas y nadie podía hacer nada, impotente observaba los días pasar, no volvería a causar daño a personas inocentes, volvería con el Loto Blanco y todo volvería a la normalidad.
El día de la declaración se llegó, cito en las afueras de industrias futuro a un grupo de periodistas y dio su testimonio, volvería al sur, la pérdida de Asami la tenía destrozada y vivir más tiempo en la ciudad que había conocido a su lado era simplemente demasiado para ella, se disculpó con sus seguidores, con su equipo de Pro Control, pidió por la captura de los responsables, y sin más se retiró de los micrófonos y las constantes luces de las cámaras, podía escuchar las constantes preguntas y la agitación del público, nadie quería que se fuera, nadie quería que abandonara la esperanza, pero sus manos se encontraban atadas, no podía traer justicia a toda esa gente, no podía mostrar el verdadero rostro del monstruo que se había llevado tantas vidas y que luego se había disfrazado de su salvadora y protectora, había fallado como Avatar, le había fallado a las personas que se supone debía proteger, de nuevo sentía un fuerte nudo en el estómago.
Desde el barco podía observar la ciudad alejarse cada vez más y más, iba de vuelta a la prisión que por años la mantuvo cautiva, pero no importaba, volvería con gusto cuantas veces se lo pidieran si ello implicaba el bienestar de Asami, al llegarse la madrugada un par de guardias llamaron a su puerta, era momento de partir, bajo el manto obscuro de la noche se escabulleron para poder llegar a una pequeña lancha que navegaba al lado del enorme barco de pasajeros.
La ciudad militar se encontraba escondida entre las bastas tierras de lo que antes solía ser el reino tierra, el camino lo conocía de memoria, antes de adentrarse en el territorio del Loto Blanco se podían ver varios vehículos militares con el emblema de las naciones unidas, nadie tenía permitido el paso, se decía que era un campo militar donde se probaban distintas armas y naves cuando en realidad se trataba de la ubicación de aquella maldita ciudad, con la mirada reconocía cada uno de los edificios, habían llegado, estaba de vuelta.
- Avatar… es bueno tenerte aquí. – Saludó Noataq con una sonrisa.
- Lamento no poder decir lo mismo. – Bufó afilando la mirada, los edificios eran todos similares, las personas que ahí habitaban todas vestían el mismo uniforme, todos seguían un estricto orden militar, comparado con la libertad que se había permitido vivir ahora aquel lugar lucía incluso peor. - ¿Dónde está Asami? – Se apresuró a preguntar.
- Ella, está en su departamento. – Sonrió.
- Quiero verla.
- Por supuesto, sígueme. – Ordenó tomando la delantera, la morena caminaba detrás de él, al parecer se dirigían hacia el edificio central, en el cual solía vivir, ahí habitaban las personalidades más importantes del Loto Blanco, pero estaba segura de que la razón por la cual Asami había sido recibida ahí era por la seguridad que había, un guardia en cada puerta.
Al llegar Noataq abrió la puerta del departamento, sin dudarlo ingresó en él y ahí estaba ella vistiendo un uniforme militar con los colores azul y blanco, lucía bien, no parecía maltratada o mal alimentada, de inmediato se sintió aliviada, la ingeniera parecía sorprendida.
- ¿Korra? – Cuestionó incrédula, entonces se acercó a ella y sin previo aviso volteo el rostro de la morena de una cachetada. - ¡¿Qué demonios estás pensando?!
Confundida miró aquellos ojos verdes llenarse de lágrimas. - ¡No deberías estar aquí! Te di todo lo necesario para que pudieras enfrentarlos, tu sola pudiste mostrarle al mundo que el Avatar es real.
- No podía dejarte aquí. – Respondió sintiendo como sus propios ojos se humedecían.
- No quiero que pierdas tu libertad por mí. – Sus brazos estrecharon con fuerza a la ingeniera cuando esta al fin se refugio entre ellos. – Aunque tuviera mi libertad no podría ser feliz si tú no estás conmigo. – Sollozo sonriendo, al fin podía sentirla de nuevo cerca de ella, sus dedos acariciaban el ondulado cabello de la ingeniera, de nuevo podía disfrutar de su agradable aroma.
- Escucha Asami, puedes volver a Ciudad República, no te harán nada pero yo no puedo salir de aquí.
- ¿Estas escuchando lo que dices? No pienso volver, no si tú no vienes conmigo.
- No te puedes quedar aquí… es solo una enorme prisión, además ¿Qué pasará con Industrias Futuro? Todo tu trabajo, todos tus esfuerzos, no lo puedes desperdiciar.
- Varrick puede tomar mi lugar, Korra, nada de eso importa, por más alto que mi compañía llegue no podría ser feliz si tú no estás conmigo. – Sonrió Asami devolviendo las palabras que la morena momentos antes acababa de pronunciar.
- Eres difícil de persuadir Sato. – Sonrió, las suaves manos de la ingeniera limpiaron un par de lágrimas que corrían por sus mejillas.
- Te amo Korra.
- Y yo a ti. – Respondió antes de perderse en un cálido beso.
- Supongo entonces que ninguna saldrá de aquí ¿Estoy en lo correcto?
- No me voy a ir sin Korra. – Afilo la mirada amenazando al hombre bajo el marco de la puerta.
-Y ya que el Avatar no va a salir de aquí me doy la libertad de darte la bienvenida a la Orden del Loto Blanco, Asami Sato, bienvenidas a su nuevo hogar permanente. – Sonrió Noataq para luego cerrar la puerta detrás suyo al salir de la habitación.
Bueno, aquí el capítulo 9, espero les haya gustado, dos capítulos más y damos por terminado el fic B) un saludo a todos, nos leemos en el siguiente capí, chauuuu :3
