Capítulo 8: La caza. Misterios que se resuelven.

(Voz de Sari)

"Seth." Le llamé cuando percibí que no estábamos solos después de que los encapuchados hubiesen huido.

"Lo sé, yo también los huelo." Afirmó serio.

Eran unos cuantos, y olían a humanos y a algún vampiro y a algún licántropo. No les vi, primero les oí y les oí.

"Chicos, estar alerta, aquí hay alguien que no debería estar..." Les dije.

Sabía que como estaban cerca no hacía falta un comunicador, me oirían perfectamente.

"Qué casualidad ¿no?" Dijo Quil. "Que justo hoy nos encontramos con dos grupos de extraños."

"Oh, Quil, cierra la boca." Le dijo Claire levantándose y preparándose para atacar.

Fue curioso, porque justo entonces, entraron un montón de personas al pasillo.

No hacía ni cinco minutos de que el grupo de los tipos raros de ojos rojos que llevaban un tiempo apareciendo de la nada y ayudando cuando menos lo esperábamos. No hacía ni cinco minutos que la jefa de esa gente me había dado un regalo.

"Por cierto..." Dijo tocando algo de su bolsillo. "Ten, te será de protección si lo llevas siempre encima."

Lo cogí al vuelo sin saber que era, y mientras lo desenvolvía para ver un anillo muy raro, me sorprendí.

"¡¿Qué signi...?!" Había dicho.

Sin embargo, había sido tarde. Ya había desaparecido como por arte de magia; debía ser muy ágil y veloz para poder haberlo hecho así de fácil que daba la impresión de que ni siquiera había conseguido mover el aire.

"¿Qué es eso?" Me preguntó Seth oliendo el anillo que me había pasado la mujer.

"Es... es el anillo de mi..." Dije. "Mi madre..."

"¿Es posible que siga viva?" Preguntó Claire.

"Bueno... si alguien es el diablo, seguro que esa es mi futura suegra." Afirmó Seth.

Sí, aquel era el anillo de mi madre. Plata bastante antigua engarzando una piedra roja, plata labrada con mucha fineza, el mismo anillo que según ella marcaba al linaje de los Valerius, solo a los puros; a su abuela, la mía, mi madre y ahora yo. Según lo que me había contado mi madre cuando yo era pequeña, ese anillo se lo había regalado un rey a una mujer Valerius hacía muchísimo tiempo, antes incluso que la condesa Arianna de la que yo tomaba el nombre.

Me lo puse para levantar la cabeza frotándome los ojos uno tras otro y aspirando con fuerza antes de hablar.

"Plantaremos cara a quien sea." Afirmé.

Sin embargo, no hizo falta, abrieron la puerta con lentitud, Quil ya iba a saltar cuando asomó una cabeza y volvió a desaparecer tras mirarnos.

"Aquí tampoco están." Afirmó el hombre.

"Huelo el rastro." Afirmó otro.

Fue algo curioso, porque nosotros pusimos cara de confusión mientras alguien más pedía que siguiesen buscando.

Entonces entró alguien más. Esta vez era un hombre de mediana edad, vestido con ropas de alto mandatario, pero tirando a algo más militar. Entró y tras varios pasos se puso a mirar alrededor; podía oírle oler alrededor sin moverse de su posición. Entonces paró su mirada en la cama y vino.

"No se atreva a…" Dije.

Con un solo movimiento me había levantado sin esfuerzo y me había apartado para mirar a Seth.

"¡No se atreva a…!"

"Tranquilos, no voy a hacerle nada." Afirmó. "¿Podrías moverte un momento, por favor?" Le pidió a Seth. "Gracias." Le dijo antes de ponerse a mirar en las sábanas y olerlas ante nuestra sorpresa. "Hum… estuvo aquí, estoy seguro…" Murmuró para él.

"Perdone." Le dijo Qaletaqa entrando mientras se frotaba la mandíbula. "¿Le importaría decirnos quién son y con qué derecho interrumpen la tranquilidad de un hospital?"

"Estamos buscando a alguien." Afirmó el hombre. "Han estado aquí hace poco."

"Aquí solo estamos nosotros." Afirmó Claire.

"Escuchadme, se tratan de individuos peligrosos." Dijo un hombre. "Cualquier información que podáis darnos…"

"Hombre, aquí solo estamos nosotros, y…" Dijo Claire.

"Se tratan de un grupo de gente." Afirmó otro de los hombres. "Tres mujeres, una de ellas negra; los hombres hay dos negros, uno de pelo blanco tapándole un ojo, uno con pelo rojo y negro a mechas…"

"Sospechamos que están liderados por una pareja." Afirmó el hombre mayor mirándome a mí. "Vampiros. Un varón y una mujer; ella es un poco antigua, pasará del siglo. ¿Dónde están?"

"Ni idea." Dijo Nessy. "Aquí no ha venido nadie así."

Entonces el hombre me cogió la mano, ni le vi venir y ya tenía mi mano atrapada por la muñeca en la suya y mirándome el anillo.

"¿De dónde has sacado esto?" Me dijo cogiéndolo.

"Es mío." Afirmé recuperándolo y guardándolo como un tesoro entre mis manos. "Era de mi madre."

"Pues tu madre era una ladrona." Me dijo intentando volver a quitármelo y encontrándose con Seth protegiéndome. "Ese anillo no le pertenecía."

"¡Mi madre era una gran mujer!" Afirmé furiosa apartando a Seth. "¡Era la líder del clan Valerius y no pienso dejar que nadie la insulte!"

Entonces el hombre se quedó callado y paralizado.

"¿Qué has dicho?" Me dijo.

"¡Lo que ha oído, señor mío!" Afirmé gritándole. "¡Mi madre era una gran dama y una líder excepcional; y no pienso consentir que nadie la insulte de esa manera!"

"¿Cómo te llamas, niña?" Me dijo.

"Sarah Arianna Valerius Black." Afirmé poniéndome en una postura de aristócrata digna. "Hija de Jacob Black e Isabella Alexandrine Valerius."

(Salto espacio-temporal)

(Voz de "X"?)

"¿Cómo te llamas, niña?" Le pregunté a la cría que llevaba el anillo de los Valerius.

"Sarah Arianna Valerius Black." Afirmó poniéndome en una postura de aristócrata digna. "Hija de Jacob Black e Isabella Alexandrine Valerius."

De pronto se me calló la venda; esa chica tenía el porte de las mujeres del clan Valerius, de hecho, ahora que se había puesto en esa postura parecía un poco a sus antepasadas.

Sí, aquellos ojos eran los de Valeska, no eran idénticos pero... eran iguales.

"Una Valerius..." Dije más bien para mí. "Esto cambia las cosas..."

Sí, ahora que caía, la sangre antigua olía parecida a la de algún miembro de esa familia; si la persona a la que perseguía era un Valerius la cosa cambiaba un poco.

"Y dime, niña." Le dije. "Por una casualidad no habrás visto la cara de la persona que te dio eso ¿no?"

"Fue una mujer." Me dijo como dudando un poco. "Pero no sé cómo se llamaba. Era de esta estatura..."

"¿Por una casualidad no sería algún familiar?" Le dije. "Alguien con tus ojos, o algún rasgo común a ti..."

"No." Me dijo.

"Sari, no digas..." Dijo uno de los chicos para que uno de mis hombres lo amordazase.

"Caballeros, por favor..." Les dije yo. "No somos bárbaros."

"Al principio pensé que la conocía, pero luego me di cuenta de que no." Me dijo la niña cuando soltaron a su amigo. "Pensaba... pensaba que era..."

"¿Tu madre?" Le dije.

Ella me miró sorprendida y luego asintió suavemente.

"Alain, uitandu-ma la femeile din părul negru. (Alaine, que busquen a la mujer de pelo negro.)" Le dije a mi mano derecha. "Este cel mai probabil, el a schimbat aspectul. (Lo más probable es que haya cambiado su apariencia.)"

"Da. (Sí.)" Asintió él antes de ponerse a gritarles las órdenes a los soldados.

"¿Por qué la buscan?" Me preguntó la niña cogiéndome de la manga cuando ya me iba a ir.

"Esta mujer ha liberado a unos presos demasiado peligrosos." Le dije tras parar a uno de los hombres que iban a quitármela de encima. "Es un crimen liberar presos sin consentimiento y por tanto, les tenemos que dar caza."

"Esa gente no era peligrosa." Nos dijo la chica de pelo ondulado que era híbrido también. "Vale que daban miedo, pero no eran peligrosos. Nos han ayudado muchas veces."

"Es cierto." Nos dijo Arianna. "Podrían habernos matado pero no lo han hecho."

"¿Os los habéis cruzado y no os han matado?" Le dije confundido.

Eso era imposible, aquellos hombres y mujeres eran asesinos, les habíamos encarcelado y confinado a aquellas prisiones de máxima seguridad debido a sus acciones terribles y particularmente sangrientas. Algunos habían masacrado a poblaciones enteras, otros eran terroristas...

No, no podían ser ellos; aquella gente no hubiese dudado en matarles por diversión, aunque solo fuese por cubrirse las espaldas.

"Păstraţi în căutarea unor urme. (Seguid buscando algún rastro.)" Ordené. "Ele au avut de a părăsi unul. (Han tenido que dejar alguno.)"

"Disculpen." Nos dijo un hombre con el pelo negro, aires de modelo y un piercing en el labio al lado izquierdo mirándonos. "¿Puedo ayudarles en algo?"

"Agentes del orden." Le dijo Alaine. "Estamos buscando a unos criminales, sigan con su tarea."

"Perdonen pero esto es un hospital." Nos dijo el hombre. "Voy a tener que pedirles que salgan de aquí de inmediato, están molestando a mis pacientes."

"Chad Crowlen." Dije yo recordando su rostro. "Nacido en 1895, muerto en 1918."

El hombre pareció darse cuenta de mi posición y tuvo algo de inseguridad.

"Perdone. ¿Nos conocemos?" Me dijo.

"Yo lo sé todo." Afirmé. "Y ahora... permítanos seguir con nuestro trabajo sin poner pegas. Procuraremos no molestar."

"Esto es un hospital." Afirmó él. "Aquí la gente está..."

"Chad." Le llamó otra voz de hombre. "Déjalo."

No tenía datos de aquel hombre, ni tampoco de la niña que iba con él. Debía tener los 6 o 7 años, pero sin lugar a dudas era vampiro.

"¿Quiénes sois?" Le pregunté.

"Ivvan Crawlen, y usted es..." Me dijo el de pelo largo y blanco.

"Zaharia." Afirmé.

"Luna en Rumano." Dijo Arianna. "¿Es rumano?"

"Una vez lo fui, sí." Contesté. "¿Por qué no tengo datos de su existencia ni la de la niña, señor Crawlen?"

"Ni que tuviese datos de todas las personas del mundo." Me dijo el muchacho moreno como molesto y aburrido.

"Si tuviese hijos entendería por qué nadie salvo nosotros tenemos constancia de su existencia." Me dijo el señor Crawlen.

Me fijé mejor, no había duda, la niña era un vampiro. Aquello iba contra las normas; los niños mordidos eran altamente inestables debido a su inmadurez, eran peligrosos y por eso cada vez que había un caso, los Vulturis se encargaban de acabar con él y con el que le hubiese protegido y convertido.

"Es mi hija." Me dijo el señor Crawlen.

"No se parece en nada a usted." Afirmé.

"Aún así, es mi hija." Afirmó. "Su madre y yo la hemos criado, así que es nuestra hija."

"Lillian es mi hermana pequeña, hermanastra legalmente." Se corrigió la chica morena.

"Nadie la toca un pelo mientras nosotros estemos vivos." Afirmó el joven vampiro pelirrojo.

"Eso es un problema de vuestro jefe." Afirmé mientras me notificaban que no había ningún rastro.

"Mi ex-mujer Isabella nunca dejaría que tocasen un pelo a su familia." Afirmó el señor Crawlen.

"Aunque luego se casó con un licántropo." Afirmó el modelo. "Y tuvo a estos preciosos niños con sus hermanos, el orgullo de nuestra graaaaaan familia."

"¿Isabella Alexandrine Valerius?" Dije parando en el sitio. "¿Ella es la líder de vuestra raza?"

"Era." Dijo el señor Crawlen. "Antes de morir."

"No está muerta." Afirmé. "Aquí ha habido algún Valerius y no eran esos niños."

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Ivvan)

"¿Qué está diciendo?" Le dije yo al hombre que había aparecido en el hospital.

"No sabe lo que dice." Le dijo Chad. "Los únicos Valerius aquí son Sari y Jacky."

Podía sentir la ira creciendo en él cuando aquel extraño, Zaharia, dijo que allí había estado otro Valerius que no eran los que veíamos; no había otros Valerius que estar allí, Eddy estaba en la escuela para protegerla y los más pequeños que ahora tenían 10 años estaban en el mismo lugar.

"Señor, si esto es una broma le sugiero que lo deje." Afirmé. "Es bastante macabra y de mal gusto."

"No es una broma." Afirmó el hombre. "Es la verdad. Si ven a cualquiera de estas personas avísenos y huya cuanto antes." Afirmó dándome un papel con fotos y nombres antes de ponerse a hablar con los hombres en otro idioma lo que hizo que todos se dispusiesen a irse.

Fue un visto y no visto, se fueron caminando de allí.

"Chad, cálmate." Le dije. "A mí tampoco me ha gustado un pelo."

"¡No puedes pedirme algo así!" Afirmó dando un puntapié a una pared y haciéndole un agujero de lado a lado. "¡Maldita sea!. ¡¿Cómo puedes pretender que haga como si no hubiese pasado nada y ese tío no hubiese abierto la boca?!. ¡¿Acaso sabes lo que duele?!"

"Te repito que a mí también me ha dolido." Le dije. "Pero romper el edificio no es la solución. Sari, vosotros habéis visto todo ¿no?" Le pregunté a ella. "¿Podrías decirnos qué ha pasado y quiénes eran esos hombres?"

"No sé, llegaron de pronto, buscaban a gente..." Afirmó ella suavemente. "Es... ha sido todo tan confuso..."

"Tranquila, tenemos tiempo." Le dije. "Me gustaría saber qué ha pasado."

"Es..." Murmuró.

La noté débil, era como si hubiese recibido un mazazo emocional. Me dolía verle así, así que le cogí la mano y la hice sentarse en una de las sillas de espera.

"Te traeré un poco de chocolate." Le dije.

La verdad es que esperaba que eso sirviese, como había servido con su madre; a decir verdad, el chocolate era el remedio preferido de su madre, para todo, desde 'dolor de mujeres' hasta momentos de 'bajón'.

Cuando se lo llevé, ella lo agradeció con una inclinación de cabeza.

"Vinimos aquí buscando a Chad." Me dijo sin que le pidiera de nuevo que me contase todo. "Y en lugar de eso nos encontramos..."

"¿A quién os encontrasteis?" Le pregunté.

"A esa gente." Me dijo. "A los que buscaban, pero... no son tan malos como dicen... nos han ayudado... varias veces." Afirmó. "Estaban... su líder, era una mujer. Por un momento pensé que era..."

Que era su madre. No había podido acabar la frase pero sabía qué quería decir. Ambos estábamos sombríos.

"Sari... mira, es normal que hayas creído ver..." Le dije.

"Tío Ivvan, no estoy loca." Me dijo. "Sé lo que vi, y sé que no era mi madre."

"No, es normal." Le dijo Chad. "También yo he creído verla, varias veces, la he olido, la he sentido... me ha parecido oírla varias veces."

"Con los oídos y con esto." Afirmé tocándome la cabeza. "Pero no estaba. Ni para él ni para mí. Es una respuesta muy común. La queríamos mucho y por eso nuestro subconsciente se niega a aceptarlo y busca su presencia en todos sitios aunque nosotros hayamos aceptado que no volveremos a verla."

Me dolía tener que decir eso pero era la respuesta auténtica. Incluso Chad lo sabía; él había sido el que me lo había explicado a mí y yo lo recordé.

Sentí que Sari se iba a desmoronar, nunca lo haría, era fuerte como sus padres; no sabía ella misma lo parecida que era a su madre, lo parecida que crecía cada día a ella.

Ahora que sus padres no estaban, ella era casi como mi hija; sus hermanos, Lily y ella eran los hijos que yo nunca podría tener. Así que la abracé para reconfortarla. Chad se unió al grupo.

"Estoy seguro que esté donde esté nos estará viendo." Le dije.

"Seguro." Dijo Chad.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Alex)

"Paramos." Les dije a los otros parando de correr dentro de un almacén de pescado.

"¿Ya han parado?" Nos preguntó Cassius.

"Sí." Afirmé cogiendo a Vladimir por el cuello para dejar de ver cinco de él y tener el original cogido del cuello por mi mano. "Esparces tu rastro." Le dije mirándole con ojos amenazadores.

"Oh, vamos Vlad." Le dijo Elphias. "Sabes que no podemos usar los poderes mientras huimos, a no ser que sea para despistar."

Thristan se había quedado quieto mirando el interior, así que las chicas le empujaron.

"Mueve el culo rubio." Le dijo Zaira dándole un empujón.

"¿Todo bien, Thristan?" Le dije.

"Sí." Asintió. "Es solo que… conozco este sitio. Solía venir aquí… antes de que la estrenasen."

"Perfecto." Dijo Selene. "¿Pescado?"

"¿No había otro sitio más apestoso?" Se quejó Zulema moviendo montañas de pescado a su paso para de un salto sentarse en lo alto, en una viga.

"Lo siento, pero tapará nuestro rastro." Afirmé yendo a sentarme con mi marido. "¿Qué tal lo llevas Jake?"

"Bueno… estoy con ellos, esto apesta." Me dijo cogiendo un pescado para mirarlo y tirárselo a Selene que lo evitó sin mirarlo, como siempre. "No me gustan esas chicas. ¿Por qué tienen que seguir con nosotros?" Me dijo a mí.

"Son aliados." Le dije parándole la mano mientras cogía otro pescado para repetir. "No, en serio, llevas un rato muy callado."

"Es esa chica de antes." Afirmó. "Creo que la conocía, como al pelirrojo, solo que eran dos chicos…"

"Jacky y Eddy." Le dije.

"Ya, pero… No sé, es… No sé, de pronto no recuerdo nada de antes de encontrarte en el hielo y de pronto, tras ver a gente comienzo a ver cosas."

"Estás recordando." Le dije.

"Ya sé… ya sé…" Me dijo. "Algo salió mal cuando me mordiste… Tengo amnesia."

"Jake… tengo la impresión de que… bueno, que estás conmigo por agradecimiento." Le dije.

"Te estoy agradecido, me salvaste la vida." Me dijo. "Me has enseñado mucho."

"Jake, mira, no quiero que estés conmigo porque me estás agradecido." Le dije casi suspirando. "Vas a vivir una eternidad, deberías pensar bien en lo que significa esto…"

"¿Qué quieres decir?" Me dijo.

"Pues que igual deberías…" Comencé.

Dios, esto iba a ser muy difícil… sabía lo que tenía que decir, era lo más sensato, pero… mi boca se negaba a decirlo.

"Una separación." Afirmé casi susurrando.

Ya está, lo había dicho, ahora no podía echarme atrás.

"¿Una separación?" Me dijo. "No… no te entiendo. ¿Te refieres a una separación como… como los humanos?"

"Me refiero a que igual necesitarías un tiempo para pensar." Le dije. "Ya sabes, plantearte lo de… nuestra relación."

Sé que tenía todos los oídos puestos en nuestra conversación. Jacob entonces miró al sitio que yo estaba mirando y vio algunos sentados en lo alto para no tocar el pescados, otros estaba apoyados contra las paredes, intentando apartarse un poco del pescado, y a Soldar sobre una motaña de pescado quieto y atento mientras intentaba impregnarse de su olor, como yo había hecho al sentarme sobre el pescado. Entonces gruñó para ellos antes de mirarme a mí.

"No puedo recordarlo, pero hay algo que sí que sé." Afirmó. "No puedo separarme de ti…"

"Jake, por favor." Le dije girando la cara.

"¿Dónde voy a ir?" Acabó diciéndome casi como un niño lloroso. "¿Quién habrá de quererme cerca cuando lo único que conozco eres tú?"

"No te preocupes, encontraré algún sitio." Le dije suavemente. "Te lo prometo."

Volvía al principio, a mi primera huída, cuando fui a la escuela porque amenazaba con estallar una guerra… entonces me asustaba el amarle a él, me asustaba lo que había nacido en mi interior; ahora me asustaba lo que había hecho, me daba miedo que no me recordase nunca, que acabase encontrando a una mortal cuya sangre le llamase más que la mía y se olvidase de mí.

Lo que sí tenía claro era a quiénes llamar para ayudarme.

(Salto espacio-temporal)

"Residencia de los Uley." Me dijo una voz suave al otro lado.

"¿Em?" La llamé. "Emily, soy yo, Isabella."

Identificarme sirvió para que se pusiera a hablar en un monólogo emocionada, que me preguntase cien preguntas a la vez y que me sintiese mareada ante tanta atención.

"Em, Em." La corté. "Necesito hablar con Sam."

"¿Con Sam?" Me dijo. "Es que en este momento no está aquí… Está con Jared ayudando con unas reparaciones."

"Vaya… necesito hablar con él, es urgente." Le dije. "¿Sabes a qué hora regresará?"

"No lo sé." Afirmó. "Si quieres dejarle un mensaje…"

"No importa." Le dije. "Esto es algo que necesito hablarlo con él, directamente. Sé lo que tú dirás."

"Pero… pensábamos… todo el mundo piensa…" Me dijo.

"¿Qué estoy muerta?" Le dije. "Lo sé, pero aún no es el… momento de… bueno, de descubrirme. Perdona, te tengo que dejar. Zulema y Cassius vuelven a estar en una de sus peleas, dile a Sam que me llame en cuanto llegue, es importante." Afirmé antes de colgarle.

"Zulema, Cassius, ya vale." Les dije regresando dentro. "¡He dicho…! Que ya vale, los dos." Afirmé haciéndoles flotar en el aire literalmente.

"Ha empezado él." Afirmó ella.

"Tú me habías insultado." Afirmó él.

"Vale, los dos." Les dije.

"¿Te importa bajarnos?" Me dijo Cassius.

"No, hasta que os calméis un poco." Afirmé.

"Odio cuando usas mis poderes contra mí…" Afirmó Zulema cruzándose de brazos.

"Alguien tiene que mantener la cabeza fría en esta jaula de grillos." Afirmé.