Capítulo 15: Descubrimientos.

((Ahhh!!!! Señor, no tengo perdón!! Fijaros si soy corta que voy y os mando un anexo con la familia en Zip y la gente de la taberna en Rar. El Rar se abre con un programa llamado WinRar, podéis descargarlo en y es gratis. Es que como en casa tengo ambos a veces me juega malas pasadas el ordenador y me lo comprime en el que le da la gana...

Perdón a ambas por mi despiste....))

(Voz de Dakota)

"Os digo que es cierto." Les dije al resto. "Qaletaqa decía la verdad."

"Dakota." Me dijo Dena. "A ver… ¿te das cuenta de lo que estás diciendo? No podemos decirle a Sari que su madre sigue viva si no lo está."

"Yo también dudo que Sari vaya a poder soportar otro golpe como ese." Afirmó Qaletaqa. "Pero os aseguro que esa mujer… era demasiado parecida a ella. Por mucho que físicamente haya cambiado un poco. No… reconocería esa forma de trabajar en cualquier lado."

"Y dónde están." Nos dijo Claire.

"Dijeron algo de que la habían cogido presa." Afirmé recordando lo que habían dicho en el bar aquel. "Dijeron que estaba en un sitio del que nadie había conseguido salir, nadie hasta ellos."

"O sea, que no hay nada que hacer." Dijo Quil. "Lo mejor será seguir aquí, aún se nos necesita."

"Aún no hemos cogido a los que faltan pero…" Dijo Qaletaqa pensativo. "Si es Alex… no sería correcto dejarla a su suerte."

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Jared)

"¡Jared!" Me llamó Billie llegando por el camino a casa. "¡Jared!"

"Tranquilo Billie." Le dije. "Estoy aquí. ¿Ocurre algo?"

"Jared, es horrible." Me dijo jadeando cansado. "Me ha llamado Ivvan."

"¿Ivvan?" Le dijo Kim.

"Sí, el ex-marido apegado de Alex." Le dije. "¿Qué pasa con él?"

"Es por Alex." Me dijo. "La detuvieron nada más poner un pie en el aeropuerto Charles De Gaulle de París."

"¿Cómo que la han detenido?" Le dije mientras sujetaba a Kim que estaba a punto de conmocionarse. "Si a esa no le paran ni con veinte misiles tierra-aire."

"Me dijo que no presentó ni resistencia." Afirmó Billie. "Que dejó a Aqueron al cargo de la gente y que les pidió que cuidasen de los gemelos. Dejó que se la llevasen."

"Pero eso no es posible." Afirmé. "Debe estar tomándonos el pelo. Ella nunca se dejaría coger, jamás."

"Ey, Marah y yo nos vamos a dar una vuelta." Nos dijo Jacob. "El pavo ese que daba el coñazo se ha largado, así que…"

Fue algo flipante. Leah y Rebecca que estaban llorando como Kim le dieron un golpe cada una, Leah incluso le saltó encima del pecho y se puso a atizarle hasta que él la levantó por el cuello de su ropa desde atrás.

"¡Eres un cabrón!" Le gritó Leah intentando volver a pegarle con los ojos llenos de lágrimas. "¡Te voy a matar por cabrón!. ¡¿Por qué la has dejado ir?!"

"¿Y a esta qué le pasa?" Preguntó Jacob.

"Leah…" Le dije yo.

"¡Si muere te juro que te mataré yo!" Afirmó Leah sin dejar de pegarle en el estómago.

"Leah…" Le dije.

"¡Te cortaré la cabeza y luego te desmenuzaré antes de quemarte y luego…!" Continuó.

"¡Leah!" Le dije ya gritando. "Vale ya. Así no ganamos nada. Lo que hay que hacer es ir a buscarles."

"Bueno, mientras lo pensáis nosotros…" Comenzó Jacob.

"Tú no vas a ningún lado." Afirmó Paul. "Tú haces esto, tú lo solucionas."

"¿Se sabe dónde la tienen?" Le pregunté a Billie.

"Sí, algo así." Nos dijo Billie. "Están haciendo planes para salvarla."

"Genial." Dije. "Jacob, arrea que tú eres el primero."

"Yo no me muevo." Afirmó Jacob.

"¿Por qué queréis llevároslo?" Nos dijo Marah haciéndonos de escudo.

"Marah, deja de hacer eso." Le dijo Kim. "No esta bien quitarle el marido a otra mujer."

"¿Perdona?" Le dijo Marah. "Quién se lo quitó a quién."

"Que yo recuerde tú a ella." Le dije yo.

"¡Ja!" Dijo ella. "¡Jacob y yo nos íbamos a casar, pero tenía que llegar ella y… llevarse a uno de nuestros hombres!"

Entonces Jacob la miró confuso.

"Marah, que…" Le dijo él.

"Marah fue tu novia una vez, cuando Alex se fue huyendo de aquí sin decirte nada." Le dijo Sam. "Cuando Marah te sugirió casaros, tú huiste como un loco diciendo que Alex te quería también; no fuimos capaces de contradecirte. Y luego…"

"Luego ella volvió… yo llevaba razón…" Dijo Jacob para sujetarse la cabeza como si le estuviésemos dando un calambrazo.

"Paul haz el favor de dejar de jugar con el mando de castigo." Le dijo Sam dándole un golpe en el pescuezo.

"¡Eh, que yo no he hecho nada!" Se quejó Paul. "¡Para empezar, ni siquiera tengo el mando!"

Eso nos hizo mirarle, parecía estar pasando por una tortura, pero nadie le estaba poniendo el castigo de descargas.

"¡Jacob!" Le dijo Marah.

"No… me… toques…" Dijo él.

De pronto, todos nos pusimos en círculo a su alrededor para proteger a todos de este nuevo Jacob-vampiro en su locura.

"Dejarme salir." Nos dijo.

"No." Se negó Sam. "Eres un peligro ahora mismo."

Sí que lo era, tenía los ojos rojos y brillantes, como los de su mujer cuando estaba furiosa. Eran como dos faros rojos y brillantes, como si el iris fuese sangre y fuego.

"¡Apartaros digo!" Gritó casi rugiendo.

"¿A dónde quieres ir?" Le dijo Billie.

"A salvar a mi jefa." Afirmó. "Y espero que sea capaz de perdonarme, porque esto es traición… he traicionado a mi jefa y he traicionado a mi esposa…"

"Está bien." Dijo Sam. "Te dejaremos ir. Pero vamos contigo, iremos a buscar al resto de su familia adoptiva y veremos qué gente está y cómo actuamos."

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Zaharia)

"Señor." Me dijo uno de los guardias cuando fui a la prisión donde mantenían a la chica.

"Vengo a ver los avances." Afirmé. "Y a administrar calmantes. ¿Dónde está?"

"Está... dentro." Me dijo señalando a una cárcel de seguridad de la que no salían ruidos.

Con cuidado abrí la puerta esperando encontrarme con una fiera, una vampiresa loca presentando resistencia y soltando perjurias, sin embargo, lo que vi fue algo semejante a un maniquí colgando flácido de las cadenas que la retenían atada e inmóvil a la pared.

"¿Es ella?" Pregunté dudando que no fuese un error.

"Así es." Me dijo el guarda mientras apartaba a los guardianes apostados en toda la sala por si acaso. "Los guardianes están aburridos, no se mueve, no habla, no hace nada."

"Está silbando." Afirmé tras un momento pensando y dándome cuenta que de rato en rato parecía oírse una especie de silbidos suaves como siguiendo una canción. "Es alguna canción." Afirmé intentando buscar el morse en ello pero sin encontrar más que música, triste por cierto.

"No ha reaccionado a nada." Me dijo. "Tres días desde que llegó y no ha hablado una palabra, ni ha intentado nada... a decir verdad, ni siquiera come lo que le mandáis."

Entonces me acerqué a ella.

Estaba totalmente inmóvil; yo estaba preparado a que cuando me pusiese a su alcance ella me atacaría, podría incluso intentar usarme como rehén para que le soltasen, y entonces yo la mataría.

Me acerqué hasta el punto de sentir su aliento, pero no reaccionó lo más mínimo. Parecía una muñeca, sin voluntad, sin ganas de hacer nada.

"¿Estáis seguros que es ella?" Les dije.

"Completamente." Me dijeron.

Entonces le hice un corte suave en la cara, lo justo para que le saliese un hilillo de sangre que froté y olí.

Sí, su sangre coincidía.

"¿Qué haces?" Le dije. "¿Por qué no intentas resistirte?. ¿Acaso esto es una trampa?"

No me dijo nada, solo pareció levantar un poco los ojos y luego de mirarme los volvió a bajar aunque le mantenía la cara cogida con mi mano.

Aquellos ojos... reflejaban haber visto miles de horrores. Parecían reflejar muerte, la suya propia.

Tenía los ojos velados y opacos, como si hubiesen perdido todo el brillo de vida, eran los ojos de un muerto en vida. Me hizo soltarle la cara.

Era como si hubiése perdido las ganas de vivir.

"Dejadnos solos." Les dije a todos los vigilantes.

"Pero..."

"¡He dicho que nos dejéis!" Les gruñí enfadado.

Aquella mujer no era la misma que había liberado a aquellos presos; no, esta era apenas un trapo de lo que fue. No parecía tan peligrosa, no parecía tan loca.

"¿Sabes por qué estás aquí?" Le pregunté en varios idiomas.

"Sí." Me dijo. "No hace falta que lo repitas; lo había entendido a la primera..."

"Vaya, ya pensaba que eras muda." Afirmé.

Entonces ella sacudió la cabeza sin levantarla.

"¿Sabes por qué estás aquí?" Le repetí.

"Supongo que por obstrucción a la justicia, liberar presos... la lista es larga." Afirmó suavemente.

Su voz parecía tan apagada como su mirada.

"¿Y no piensas presentar resistencia?" Le dije. "Decepcionante."

"¿Acaso serviría de algo presentar resistencia?" Me dijo. "No me matarían, me volverían a coger y volvería aquí."

Al menos era tan lista como esperaba de alguien con sus antecedentes.

"¿A qué viene ese deseo de muerte?" Le dije dándome cuenta de golpe.

"¿Acaso importa?" Me dijo.

No dijo nada más. Se quedó callada como una tumba, no importó que le diese un golpe para incitarla a hablar, no soltó ni una palabra más.

En los sucesivos días tampoco soltó palabra alguna, eso sí, las canciones parecieron acrecentarse.

Era como ver un canario moribundo en su jaula, cantaba tonadillas con silbidos que se escapaban al oído de cualquiera pero no al mío. Era siempre música triste, y ninguna canción era algo conocido...

A veces me daba hasta pena, solía observarla en silencio, sin que se diese nadie cuenta. No comía apenas y desde luego no reaccionaba a nada.

En verdad parecía estar esperando su muerte. Si seguía sin comer, pronto enloquecería.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Qaletaqa)

"Aquí es." Me dijo Dakota.

"Está bien, vete ya." Le dije. "No le digáis a Sari nada hasta que no llegue yo."

"Qaletaqa... ten cuidado." Me dijo.

"Tranquilo." Afirmé antes de intentar abrir y encontrarlo cerrado por lo que toqué a la puerta y se abrió una rendija dejándome ver un ojo ambarino.

"Está cerrado." Me dijo el dueño del ojo mientras aparecía el hermano del primer ojo allí.

"Eh, necesito descansar." Dije sujetando la puerta. "Y tenía oído que aquí todos los hermanos somos bienvenidos."

"Kai, déjale pasar." Oí una voz grave decirle.

"Pero..." Dijo el crío.

Entonces la puerta se abrió de golpe y me encontré cara a cara con un hombre con capucha con unos ojos ambarinos brillantes.

"Disculpa al crío." Me dijo. "Puedes pasar, pero una parte del bar está cerrado. ¡Thea, Rhea, clientes!"

"¡Ya va!" Dijo una mujer morena para aparecer poco después por una puerta. "Disculpe, no esperabamos a nadie hoy y..."

"Últimamente llegan demasiados nuevos." Afirmó una chica que estaba con el crío.

"Niños." Les dijo el de la capucha quitándosela y revelando la cabeza de un lobo pero con cuerpo de hombre cubierto de pelo y marcas rojas. "No es momento de eso."

"Disculpad, venía buscando a alguien." Afirmé yo. "Creo que se llama Medea."

"Cuidadito, chaval." Me dijo el tío con cara de lobo mientras salían otro par de tipos de la nada con los críos y me rodeaban. "Aquí no nos gustan los cotillas."

"¡Aqueron!" Le llamó la mujer. "El joven viene buscando a alguien."

Aqueron, aquel nombre era familiar. ¡Sí, ese era tío Aqueron! Sin embargo, no pareció muy contento de verme.

"¿Qué haces tú aquí?" Me dijo.

"Busca a Medea." Le dijo 'cara perro'. "¿Le echamos?"

"Aquí no sois muy hospitalarios ¿no?" Le dije. "He hecho un viaje muy largo."

"No mientas crío." Me dijo. "Estabais cerca de Austria hace unos días. Ahora mismo no tengo tiempo para perderlo contigo. Tómate lo que quieras y largo. Gente, dejarle."

"¿Veis como aquí algo olía a podrido?" Afirmó tía Alice desde la puerta.

"A reventar de licántropos, como no." Afirmó su hermana, Rosalie.

En un segundo allí se había llenado aquello de gente, estabamos todos divididos en bandos, básicamente haciendo frente a los Cullen y a mí mientras en el aire volaban los gruñidos.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Edward)

Había sido curioso, en un segundo desde que Alice había hablado, aquel bar había pasado de estar vacío salvo por Qaletaqa y unos licántropos que estaban rodeándole, una mujer humana tras una barra y Aqueron mirándo a los licántropos que estaban furiosos con Qaletaqa a estar lleno de gente, con licántropos, vampiros y humanos listos para cortar cabezas.

"¡Parad ya!" Oímos gritar a alguien. "Son solo los Cullen."

"Ivvan..." Dije. "Debería haber sabido que estabas aquí."

"¿Qué hacéis aquí?" Nos preguntó.

"Buscar a Medea." Afirmó Jasper. "Estuve aquí el otro día y oí que estaba por aquí; Medea, la de los 1000 ataques, la asesina..."

"Medea no está." Afirmó Ivvan.

"Dejar de buscarla, dejarla en paz." Afirmó Chad.

Así que estaba allí toda la familia... aquello cantaba en todas las de la ley a que las suposiciones de la familia eran ciertas. Vampiro en La Push, familia adoptiva unida... cantaba a nuestra 'prima' en todas las de la ley.

Intenté leer las mentes, pero me dolió la cabeza.

"Está aquí." Afirmé. "Solo hay una persona que me pueda dar dolor de cabeza."

"¿Te refieres a... esto?" Me preguntó Chad con ironía mostrándome un metrónomo en una esquina.

"Han intentado varios listos colarse a espiar." Nos dijo el hombre-lobo, y nunca podría ajustarse más la palabra como a este negro con marcas rojas, uno negro con trozos blancos y uno blanco que ahora nos tapaba la salida todos hostiles hacia los que supusimos éramos los intrusos.

"Bueno... esto se pone interesante." Afirmó Emmet crujiendo sus nudillos.

"Emmet, no." Le dijo Esme. "No estamos aquí para pelear."

"No tendríais opción de victoria." Le dijo otro. "Aquí somos todos gente peligrosa. Incluso esos dos retacos."

Entonces reparamos en que allí también estaba Lily con un chico moreno de su edad más o menos que le sisearon al tío que había dicho aquello.

Sí, la familia adoptiva estaba toda allí; aquello era bastante sospechoso ¿no?

Entonces fue todo muy rápido, en un visto y no visto, estábamos todos colgando del techo.

"Zulema." Le dijo un negro descomunal.

Entonces reparé en algo, los únicos que no colgaban del techo eran Esme que tenía a un hombre vigilándola, Alice que estaba cara a cara con una chica que parecía tener el torso cubierto con vendas frías y pelo morado hacia atrás en una cola de caballo, y Jasper que estaba rodeado de tres, no cuatro tíos de pelo blanco.

"Eh, parar ya." Les dijo el negro. "Vlad, para ya o te la vas a ganar. Zulema, haz el favor de bajar a la gente. Sabéis que no podemos usar nuestras habilidades así."

"Yo no veo por qué no." Dijo la chica. "No estamos haciendo sangre siquiera."

"Kimpei, controla a tus tropas." Le dijo Ivvan mientras Aqueron se encargaba de reducir al tío de pelo blanco que resultó ser solo uno y la chica bajaba las manos dejándonos caer y dándonos un talegazo de campeonato.

Entonces el móvil de Ivvan comenzó a sonar.

"Disculpad un momento." Les dijo.

"Eh, Ivvan." Le llamaron. "A todos nos interesa lo que le pase a Medea." Le dijo el negro que por lo que deduje se llamaba Kimpei.

"Luego os cuento." Les dijo antes de salir por otra puerta.

"Eh, tsk, tsk, tsk." Dijo Zulema volviendo a levantarnos en el aire. "¿A dónde creéis que vais?"

"Lo sentimos." Nos dijo una chica que parecía ser dulce. "Pero no podemos dejaros meter las narices en nuestras cosas. Lo entendéis ¿verdad?"

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Ivvan)

"Dime Carlo." Le dije. "¿Has encontrado algo?"

"Ja, es más que algo." Me dijo su hermano divertido. "Deberías ver el as que se guardaba nuestra chica en la manga."

"¿Un as?" Le dije confundido.

"Digamos... que esta vez, la señorita tiene la baraja entera en la manga." Me dijo divertido. "Y menuda baraja..."

"Oye, a qué te refieres." Le dije.

"Eh, capullos vampiros de cuarta." Me dijo otra voz. "Espero que tengáis una explicación aceptable a haber perdido a nuestra chica porque si no... más os vale que nos os pongáis a tiro u os arrancaré la cabeza de cuajo."

¿Una amenaza?

"Perdona, ese era..." Me dijo Lucifer recogiendo el teléfono antes de ponerse a gritar.

"Eh, escuchar atentamente." Me dijo otra voz más calmada. "Nosotros tenemos el plan y la fuerza, vosotros tenéis la localización. Os esperaremos frente a las costas de Turquía, en el estrecho con la isla de Rodas. En tres días con tres noches."

"¿Quiénes sois?" Le pregunté.

Piiiiiii... piiiii.

Habían colgado. Ahí había gente, había una gente que por algún motivo, tenían acceso al móvil de los gemelos Lycaon ((Carlo y Lucifer)) y eso significaba que eran conocidos o nunca hubiesen podido hacerse con el móvil.

Raro era algo, aquello era demasiado extraño. Sin embargo, cuando salí fuera, las cosas empeoraron.

"Así que... esto es lo que hay tras la fama de los cazadores..." Me dijo Jasper. "Un equipo bien coordinado."

"No tenemos tiempo que perder." Afirmé. "Chicos, los gemelos encontraron algo. Vamos a movernos."

"Si esa Medea es quien creemos que es..." Dijo Alice. "Yo voy."

"Entonces también yo." Dijo Jasper. "Un poco de cerebro no vendrá mal."

"Antes de que mi mujer se una... supongo que debo rendirme." Afirmó Edward. "Me uno también yo."

"Ivvan, hay... un problema." Me dijo Aqueron al oído. "La gente de La Push viene para aquí. Se traen al 'cazador' con ellos."

Aquello sí que iba a ser un problema. No hacía falta recordar cómo se había puesto Edward cuando se enteró de qué era lo que había estado tramando nuestra Isabella durante tanto tiempo, manteniéndolo escondido incluso de nosotros. ¿Cómo se suponía que iba a reaccionar cuando viese en carne y hueso que había salido bien, que nuestro colectivo contaba con un nuevo miembro?

"Diles que hagan el favor de hacerle algo." Le dije. "Que le cambien, lo que sea."

"Digamos que hubo un detalle que se nos escapó a todos." Me dijo. "Ha cambiado."

"Todos lo hacemos." Le dije. "Pero seguimos siendo iguales en cierto modo."

"No él." Me dijo. "Ha... ya lo verás tú mismo." Afirmó dándome unas palmadas en el pecho. "No es como nuestra Alex... ella usa la cirugía estética."

"¿Quién ha cambiado?" Dijo Edward.

"Nadie." Le dijo una de las chicas de ojos rojos, Zaira.

"Resulta que nosotros tenemos una jefa... y el compañero de la jefa..." Le dijo Thristan.

"Thristan, Zaira, ya vale." Les dijo Kimpei. "Ivvan, esta gente quiere unirse a la partida." Me dijo a mí.

"Vamos a trabajar con vampiros, licántropos y humanos que cazan vampiros y licántropos." Les dije a los Cullen. "¿Creéis que vais a ser capaces de guardar los secretos que descubráis, sean lo que sean?"

"Sí." Afirmaron Alice y Esme las primeras.

"Claro que sí." Afirmó Emmet divertido. "Total, ya no creo que pueda ser nada peor que lo que ya hemos visto."

Uno a uno fueron aceptando, solo quedaba Edward.

"Edward." Le dijo su madre. "Edward, hijo."

"Cariño..." Le dijo su esposa.

"Sí, vale." Acabó diciendo. "La verdad es que no me queda otra opción."

"Esa Medea es afortunada." Dijo Esme. "Tiene muy buenos amigos..."

"Somos una familia." Afirmó Chad cogiendo a Lily en brazos mientras Alexiel y Carric llegaban. "Familia significa cuidar los unos de los otros y apoyarnos aún cuando no estamos del todo de acuerdo con lo que hacemos cada uno."