Capítulo 23: Propuestas indecentes.
(Voz de Alex)Aquello era raro. ¡No, no! Aquello era una pesadilla. Mi marido no me quería, por poco lo matan y a mí cuando intenté hacerle de escudo por lo que la bala me había atravesado y me había pasado rozando el corazón atravesándome el pulmón. Y ahora venían unos tíos míos que hacía tiempo que no veía porque llevaban ya algún tiempo dormido y me habían traído a dos de sus tres descendientes a los que llamaban hijos para a saber qué.
Entonces, en vista que no podía retroceder más ya que estaba pegada a la pared mientras mis dos primos estaban ahí aún sentí que me iba a dar un jamacuco.
"Bueno, ahora tienes para elegir ¿no?" Me dijo el tío Steve sonriéndome.
"Eh, aquí nadie se va a casar con ella." Dijo Jacob viniendo a mi lado y siendo retenido por mis otros primos.
"Eh, esto es un asunto de familia, así que no te metas." Le dijo Ben Al-din.
"Supongo que te acuerdas de tus primos ¿no?" Me dijo tía Cathi sonriéndome. "Este chico tan guapo de aquí es Ren y este de aquí es Rufus."
"Me acuerdo perfectamente." Dije yo. "Y me niego."
"Por favor... ¿en serio pretendéis que me case con esa cría?" Dijo Ren antes de venir a por mi plantarse ante mí con las manos en los bolsillos e inclinarse un poco hacia mí con balanceo incluido. "Cría..." Me canturreó suavemente.
Pafff. La galleta que le metí fue algo que sonó en el silencio.
"Sigues siendo un crío malcriado." Le dije molesta. "Y como vuelvas a llamarme cría te vuelvo a dar otra."
"Joder con la tía esta." Dijo Ren tocándose el bofetón que le había dado. "La hostia, que derecha tiene."
"Eh, malhablado." Le dijo su padre dándole otro golpe. "Aquí hay señoritas, haz el favor de comportarte."
En un momento se había vuelto a armar la de dios allí, así que aproveché para darle un toquecito a la pared y hacerle un agujero del tamaño de Alaska y salir de allí.
Eché a correr antes siquiera de que pudiesen seguirme y solo paré cuando estuve en pleno bosque.
Si tenía cuidado de no marcar ningún árbol con mi olor aún podía entretenerme un poco en cazar a ver si así conseguía acabar de llenarme y podía aguantar un poco la tormenta que se me venía encima.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Jacob)
"¿Seguros que es aquí?" Les dije a los vampiros que se habían puesto a seguir el rastro que había dejado Alex en el aire.
"Seguro." Afirmó James. "Parece que somos de hace siglos pero la verdad es que tenemos nuestras... formas."
"A la prima le pusimos un localizador en el pendiente por si... acaso volvía a intentar pegárnosla con queso." Afirmó Lorenzo. "Lo de fingir la muerte dos veces es algo muy feo..."
"No lo hizo por gusto." Les dije. "No le quedaba más opción."
"Shhh... ahí está." Dijeron mostrándome una mancha de sangre.
La verdad es que el olor a sangre era bastante fuerte ahora, tanto que nos hizo a nosotros oscurecer los ojos.
Lo peor fue cuando yo la vi. Estaba doblada sobre un animal agrisado cubierto por la nieve que cubría todo el bosque. Levantó la cabeza como olfateando un poco el aire y entonces fue cuando la vi.
Era la primera vez que la veía tan fuera de sí, parecía un animal.
"Obsérvala bien." Me dijo James. "Esto es lo que somos. Somos diablos que se guían por su necesidad de sangre. En esto te has convertido."
"Bienvenido a la familia, Jacob." Me dijo Lorenzo dándome un toque en la espalda con ironía.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Bella)
"Dominique, tu prima está mal, sal con alguien más y conseguirle una ofrenda." Le dijo el que al parecer hacía las veces del padre.
"Yo voy." Dijo el pelirrojo.
"Tú te quedas Ren." Le dijo su padre cogiéndole por la coleta larga por donde le había llevado cogido su hermano. "Rufus, ve a sentarte, anda."
"Sí, claro." Dijo.
"Espera." Le dijo Edward. "Te miraré esas... cosas. ¿Rufus, no?"
"Sí." Le dijo él. "Gracias."
Yo por mi parte fui con el resto de familia, y entonces vi que Jasper y Emmet no parecían tan impresionados.
"¿Cómo podéis estar todos tan tranquilos?" Les dije. "Quiero decir... esto traerá problemas ¿no? Aparecen esta familia y de golpe y porrazo..."
"De golpe y porrazo nada." Me dijo Rosalie. "Esto es lógico."
"Bella, tú... no puedes entenderlo porque... bueno, eres de esta época, más o menos. Y tu mente está acostumbrada a lo que has vivido." Me dijo Esme. "Pero hace tiempo, esto era lo normal."
"¿Cómo?" Dije.
"Míralo de esta forma." Dijo Emmet. "Isabella la cagó casándose con un licántropo, ahora, lo ha convertido en un vampiro, cosa que increíblemente no sabemos aún cómo es posible, la verdad; y resulta que en su familia, la nobleza lo es todo."
"Es como si la princesa se casase con un mendigo." Afirmó Alice. "Es romántico pero lo que viene detrás del 'vivieron felices' viene esta parte."
"Pero... primero intentan matar a Jacob y ahora esto." Dije.
"Bella, eso eran unos duelos de honor." Me dijo Rosalie levantándose. "La familia tenía derecho a matarle por deshonrar a su mujer. La negó, le dijo que estaba enamorado de otra. Eso es una ofensa muy fea."
"Pero eso tendría que haberlo hecho ella." Dije molesta.
"No, Bella." Me dijo Esme. "Desgraciadamente, antes, las mujeres no teníamos derecho a nada. Los hombres se encargaban de nosotras; primero el padre y luego el marido. Y en el caso de que no hubiese ninguno de los dos, entonces los hermanos, tíos, primos, sobrinos..."
Era curioso, pero de pronto, ya no había tanta gente allí, parecía que bastante gente había huido por el agujero que había hecho Isabella y que nos había hecho descubrir su huída del conflicto.
"Se han ido a seguirla." Me dijo Emmet. "Los lobos, se portan con ella como perrillos amaestrados."
"Es alentador ver cómo gente de las tres especies aunaron fuerzas para ir a rescatarla hasta el fin del mundo." Afirmo Esme sonriendo.
"Pues lástima que su familia parezcan ser todos demasiado clasistas." Afirmó Alice.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Edward)
"Estas heridas son algo feas." Le dije al joven cuando acabé de ponerle el vendaje en el ojo y la frente.
"Es lo que pasa cuando intentas oponerte al clan." Me dijo. "Pero qué te voy a contar, apuesto a que ya lo sabes."
"No, en mi familia no pasa esto." Afirmé. "Algo muy gordo has tenido que hacer."
"Sí, negarme a participar en esta farsa." Afirmó suspirando.
"¿Farsa?" Le dije.
"Sí, ya sabes. Lo de la prima Isabella con su marido." Me dijo. "Lo de que ya no están juntos y todo eso. Además, se rumorea que no era... ya sabes, ni de primer orden."
"Ah, que no era convertido por un puro ¿no?" Le dije. "La verdad es que eso debería ser asunto de ellos dos."
"¿Ves? Otro que piensa como nosotros." Me dijo levantando una mano para darme la razón. "Nah, Ren y yo pensamos como tú. Lo que nuestra primita haga con su vida es cosa suya. De hecho, ella es más bien... una prima. Por muy buena que se haya puesto en este tiempo."
"Os gusta, claro." Dije divertido. "No sé de qué me extraño, parece ejercer ese efecto en la mayoría de machos de donde esté."
"Digamos que es... como la hembra perfecta de nuestra especie." Afirmó. "Sin despreciar al resto, claro." Afirmó moviendo las manos como disculpándose. "Pero... es bella, letalmente bella. Todo en ella incita a los machos de cualquier especie a acercarse a ella, desde su apariencia hasta su aroma. Y a la vez, es tan letal que he oído que podría matar a cualquiera antes siquiera de que pudiese saber qué pasaba."
Sí, parecían estar hablando exactamente de ella.
"La única tara que tiene es lo que ha dicho." Afirmó levantando una mano contrariado y moviéndola. "Se niega a alimentarse de ganado. Desde que recuperó el control tras su primera panzada de sangre. Claro que cara a la familia siempre cubrió las apariencias. Me sorprende que ahora lo haya reconocido abiertamente."
"Un momento." Le dije. "¿Me estás diciendo que ya sabíais que no se alimentaba de... humanos?"
"Sí." Me dijo. "Bueno, más o menos. Como ya te he dicho, cara a los más mayores guarda un poco las apariencias. Y como no prohíbe que nos alimentemos de ellos con tal de que no montemos mucho follón con ellos pues... Bueno, ya te... puedes imaginar el resto."
Sí, claro que podía. Ella no les había prohibido que cazasen humanos solo que no llamasen la atención con ello. Era vegetariana pero permitía aquello que ella no hacía...
Claro que considerando la familia que tenía, apostaría a que no le quedaba otra opción más que transigir en ciertas cosas, hacer la vista gorda.
"¡Edward!" Rugió de pronto Isabella en mi mente. "¡Prepárame un par de hipodérmicas del tamaño del continente de África porque te juro que se la voy a clavar a la partidas de primos cotillas que me vienen siguiendo!"
"Jo." Dije frotándome las sienes. "Esta mujer está otra vez desequilibrada. ¿Pues no me acaba de meter unos rugidos en mi cabeza?"
"¿Eres mentalista?" Me dijo el chico.
"Leo la mente." Afirmé. "¿Y tú?"
"Ah, nosotros no somos… creo que teníamos algún primo por ahí que hacía algo pero…" Dijo el chico. "Nosotros somos más bien… nobles."
"O sea, de estaros tirados a la bartola." Le dije.
"Más bien de dedicarnos a vivir, y en algunos casos es también a pelear." Me dijo. "Ya sabes, somos más de… pelear y todo eso."
"¿De qué años sois pues?" Le dije. "Porque si conocéis a Alex entonces debéis ser más o menos de su época que es…"
"El siglo 17 sí." Me dijo. "Lo que pasa es que la mayoría o mucho estaban ya en la edad media y algunos conservan todo eso. Bueno, ya has visto a varios de los familiares que tenemos."
"Primos vuestros, sí." Afirmé.
"Ah, claro." Dijo como si de pronto le cobrase sentido. "Ella y su educación sobreprotectora. Sí, digamos que somos… una gran familia para ella."
Familia, educación y sobreprotectora me hacían picar el gusanito de la curiosidad.
"¿Y dices que es por su educación?" Le dije. "Cuenta, cuenta."
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Alex)
Estaba un poco distraída secando un par de renos en el norte del país cuando me percaté del olor.
Entonces resoplé. Licántropos, y podía adivinar quienes eran los que me venían siguiendo y me estaban espiando.
No, un momento. No eran licántropos. El único que olía a licántropo un poco era…
"Jacob…" Gruñí mentalmente.
El resto eran vampiros, y por el olor, juraría que eran mis primos. Eso me hizo sacudir la cabeza mientras descubría que había secado a mi víctima que me cargué tirando de los cuernos para apilarla con la otra.
"¡Edward!" Le grité mentalmente esperando que me oyese a pesar de la distancia entre el refugio y mi posición. "¡Prepárame un par de hipodérmicas del tamaño del continente de África porque te juro que se la voy a clavar a la partidas de primos cotillas que me vienen siguiendo!" Añadí mientras me cargaba a los dos renos en hombros cogidos por la cornamenta y sin importarme mucho el hecho de que iba en camiseta de mujer de tirantes y bragas, descalza y sin que me diese yo cuenta.
No quería que Jacob se me acercase, no en ese momento; si había permitido que se quedara era porque estaba herido aún, si había parado la bala era porque no quería que le matasen. Vale, me había hecho mucho daño, pero tampoco era motivo como para matarlo.
Lo que más me dolía era que no me reconocía, que me hubiese confundido con una vulgar humana que encima apestaba a colonia cutre.
Pero el colmo de mis males era que ahora, no solo mis primos habían hecho un duelo de honor para limpiar mi honra porque mi 'marido' se había preferido quedar con otra sino que además se debían haber ido alguno de la lengua y mis tíos habían tomado parte del problema para intentar arreglarlo a su manera; o sea, ofreciéndome a sus dos hijos aún solteros como futuro marido.
A decir verdad, sabía que el resto del clan lo respaldarían porque el tío Steve era hijo de mi tío biológico, el hermano de mi madre, Velkham Valerius que había nacido algo antes que mi madre y por tanto los tíos Steve y Cathi, su esposa, habían sido algo así como coetaneos de mi madre por lo que aunque, biológicamente fuesen primos míos, yo les consideraba por la edad más bien como mis tíos, y cullos hijos Dominique, el mayor; Rufus, el mediano y Ren, el menor, consideraba yo por franja de edad más bien como mis primos. Claro que tampoco me había juntado demasiado con ellos… Bueno, sí. Lo que recuerdo era cuando venían a mi casa, bueno, a la de mi madre. No eran malos chavales; Dominique incluso me había llevado en hombros siendo cría; y con Ren… bueno, estaba claro que lo nuestro había sido desde siempre una cosa más… como 'piques sanos', él me chinchaba por ser un año menor y por ser chica y yo le chinchaba por defenderme, cosa que había acabado a la adolescencia cuando habíamos dejado de vernos; luego simplemente apenas coincidíamos, no era como con su hermano Dominique que le veía bastante a menudo por la casa de la condesa aún cuando yo fui la heredera. Al que sí que había visto alguna otra vez fue a Rufus.
"Hey, ya te vale, te has escapado." Me dijo Embry sujetándome.
"No me he escapado." Afirmé. "No aguantaba más esto. Por cierto… ¿tienes algo afilado? Me basta con una simple navajuela." Le susurré.
"¿Para qué quieres tú…?" Me dijo mientras yo descubría que alguien tenía aún el par de revólveres que olían aún a pólvora y los cogía de un vuelo para salir fuera.
"¡Ah, ahora es cuando huís no cabrones!" Me puse a gritarles a mis primos que me habían seguido. "¡Pero no huyáis, cobardes!. ¡¿No se supone que erais muy valientes persiguiéndome para espiarme?!"
"Esta chica está loca, te lo digo yo." Afirmó Paul.
"Loca o no, tiene una puntería que no veas." Afirmó Jasper. "Suerte que no apunta a órganos vitales."
"Campeona familiar de caza al venado." Afirmó mi tío. "Aunque sigo manteniendo que esto no es una actividad de mujeres."
"¡Y menos aún en ropa interior!" Afirmó mi tía medio ofendida-asustada cubriéndose la boca con la mano.
"Haz el favor, que vas en ropa interior." Me dijo Aqueron dándome un golpe en las muñecas para desarmarme y cargarme en el hombro. "Si quieres matar a alguien al menos primero vístete."
"¡Mira!" Me dijo mi tía corriendo a coger un paquete. "¡Te hemos traído un regalito!"
"Va, póntelo, póntelo." Me dijo mi tío.
"¿Ropa?" Dije mirando el paquete que me habían traído.
"Que conste que ninguno de nosotros estábamos a favor de esto." Me dijo Dominique.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Alice)
"Oh, no, no, no, no, no… ¡no!" Oí que decía Isabella cuando se probó lo que quiera que llevase el paquete.
La verdad es que para entonces, la mayoría de gente estaba fuera, cerca pero fuera, cazándose la comida o bien descansando un poco.
"¿Todo bien, Alex?" Le pregunté.
"¡No!" Dijo ella. "¡Esto es un vestido y maquillaje!"
"¿Y se te cae el cielo por eso?" Le dijo Rosalie con ironía.
"Voy a necesitar ayuda." Afirmó resignándose.
"Espera, entramos y te ayudamos." Le dije.
"No, no." Dijo ella.
"Si la ayuda es para soportarlo y no tirarme al cuello de mi familia." Nos dijo. "Voy a estar de un cabreado que..."
Justo entonces reparé en que el negro cachas que había venido con ellos había vuelto trayéndose entre Corven y él a un par de tipos que parecían medio anestesiados o hipnotizados.
"Creo que te vas a cabrear aún más." Le dije dándome cuenta de que los Valerius les estaban mirando mientras se les hacía la boca agua.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Jacob)
"Eh, eh, eh, eh." Me dijeron las chicas Cullen cuando intenté entrar al cuarto donde estaba Isabella. "¿A dónde te crees que vas?" Me dijo Rosalie.
"¿A hablar con mi mujer?" Le dije. "Ale, apartaros que tengo que entrar."
"Se está cambiando." Me dijo Alice.
"¿Y eso es un problema?" Afirmé para intentar entrar de nuevo y que volviesen a evitarlo. "A ver, es mi mujer, le he visto muchas veces bastante más desnuda que cambiándose de ropa."
"Y nosotras te decimos que no puedes entrar." Afirmó Rosalie.
La verdad es que no podía entenderlo muy bien. Isabella era mi esposa, teníamos varios hijos y durante 4 meses al año pasábamos gran parte del tiempo encerrados sin salir de un cuarto más que a alimentarnos.
"Bueno, que me dejéis entrar." Les dije sacudiendo la cabeza para aclararme las ideas.
"Te hemos dicho que no, no seas pesado." Me dijo Alice dándome un empujoncito.
"Pero..." Dije mientras oía pasos al otro lado. "Mira, da igual, ya va a salir y se lo digo cuando sal... ga."
La verdad es que me acababa de quedar alucinado con la imagen que acababa de aparecer ante nuestros ojos. Isabella parecía una auténtica princesa, solo le faltaba la corona; pero al mismo tiempo, parecía una gótica.
Llevaba un vestido de gótica moderna, con una falda amplia y larga y el cuerpo con una especie de corsé bajo el pecho que dejaba el pecho con un escote generoso y tirante fino. En los brazos llevaba una especie de manga ajustada pero acampanada en la muñeca hasta el final de la palma de la mano y hasta casi las axilas pero separadas del resto del vestido. Sin embargo, lo más bonito era su cara.
Tenía la cara pálida con los ojos ahumados y enmarcados en negro, al igual que el pintalabios que era oscuro rayando con el negro y parecían remarcar sus enormes ojos verdes, solo que esta vez sin brillo.
Entonces me vio y volvió a ignorarme mientras iba a donde estaba su familia o clan o lo que quiera que fuera aquella partida de locos.
"Isabella, querida." Le dijo su tío.
"¿Lo ves, sobrina?" Le dijo la mujer. "Ahora sí que pareces una dama."
"Odio los vestidos y lo sabéis." Afirmó ella antes de suspirar. "En fin, a ver ¿qué era eso tan importante?"
"Querida... tú siempre tan directa." Le dijo la mujer. "¡Por favor, relájate! Ven, sentémonos."
"Pero cerca de la ventana, aquí hay una peste que no veas." Dijo el hombre.
"Tío, la peste son amigos míos." Le dijo ella.
"No, si desde pequeña te han gustado las mascotas." Afirmó el tío haciéndonos gruñir a todos los que eran licántropos y a mí puesto que se había metido también conmigo. "Por cierto, te hemos traído un pequeño obsequio como presentación."
Entonces ella pareció reparar en los dos tipos que habían traído y se puso seria de nuevo.
"No estaréis en serio." Les dijo.
"Vamos... cariño..." Le dijo la mujer. "Sabemos bien que estas sedienta, así que te hemos traído algo bueno."
"Fuertes, sanos, hermosos..." Dijo Kimberly. "Hummmm, deliciosos..." Añadió mientras parecía hacersele agua la boca con cara soñadora.
"Son míos ¿no?" Dijo ella.
"¡¿Pero qué dices?!" Le dijeron la mayoría de gente para que ella levantase la mano.
"¡Pero por supuesto, niña!" Le dijeron los dos tíos.
"Y supongo que puedo hacerles lo que yo quiera." Añadió.
"Cazarles, atarles y alimentarte, jugar con ellos antes de comértelos..." Le dijo Nina sonriéndole.
"¡Eso es una salvajada!" Afirmó Leah.
"¡Alex!" Le dijo Bella cogiéndole la mano. "¡No puedes hacer eso!"
"No, por favor." Dijo Alice mientras Isabella levantaba una mano amenazante.
"Venga ya, esto no es de tu estilo." Le dijo Embry. "¿Saltar al cuello de un mortal?"
"¿Quieres cerrar el hocico, chucho?" Le dijo Corven.
"Eh, Corven, lávate esa boca con jabón." Le dijo ella. "Está bien, gracias por el regalo. Todo un detalle." Le dijo a sus tíos. "Ahora chicos, venga, llevároslos a donde los encontrasteis."
"Ey, que si no los quieres tú a nosotros..." Le dijo Katrinna.
"Kat, son míos." Le dijo Isabella con un tono bastante... territorial. "Y como son míos yo decido que quiero dejarles libres. Y vosotros, Icaro y Kain... ya os vale. Son mi familia."
"¿Perdona?" Le dijo el chico moreno con camiseta de tirantes negra aparentemente saliendo de su 'hipnotismo'. "¿Entonces quienes son Jacob, Ivvan, Chad, Lillian, Bobby y el resto?"
"Ya, pero es que estos son mi familia de familia." Les dijo ella. "Así que mover el culo y llevaros a este pobre chico. Y dile a Kain que deje de hacer el lerdo por donde quiera que ande escondido, que si no le voy a arrancar las plumas una a una. Y venga, largo antes de que me arrepienta de no chupáros la sangre por idiotas."
No hizo falta que le dijesen más, el chico cogió al otro a hombros y salió por la puerta mientras todo el grupo de Sam que estaba junto a la puerta se abría para dejarles salir.
Entonces oímos aplaudir suavemente.
"Bravo, bravo, bravo." Dijo el pelirrojo. "Primita, tú como siempre tan tonta y fiel a tus principios... has dejado escapar a dos buenas presas."
"No me alimento de humanos." Le dijo ella. "Y deberíais saberlo."
"¿Podemos al menos ofrecerte otro tipo de... sangre?" Le dijo su tío mostrándole la mano.
Ella entonces miró alrededor.
"No." Afirmó firmemente. "De momento. Lo que sí agradecería es que me dijeseis con presteza a qué viene lo de vuestros hijos. Me temo que no me encuentro excesivamente bien y preferiría descansar un poco."
"Desde luego." Afirmó el hombre sonriendo. "Hemos oído lo que... pasó con tu... marido." Dijo mirándome antes de mirarla de vuelta a ella.
"Así que hemos venido a contribuir como parte de la familia." Añadió la esposa. "Estoy segura que cualquiera de nuestros dos hijos solteros podría hacerte muy feliz."
