Drabble dedicado a Andrea Sumeragi por su pasado cumpleaños. -muack-
Latidos
Los ángeles existen.
Y también entonan ritmos celestiales.
Al principio Harry se incorporó de su sitio, creyendo que alguien golpeaba una puerta. Ni siquiera se molestó en alargar la mano para colocarse los lentes, sólo quedó mirando la entrada, esperando pacientemente.
Aunque la paciencia jamás ha sido una virtud en el-niño-que-vivió-para-pasar-pruebas-peores; pero para ello está la escuela de la vida, para aprender quieras o no, porque si no aprendes, mal por ti.
Pero nadie entró al cuarto, y Harry no tiene el tiempo (ni la paciencia) del mundo para esperar a alguien en especial. Detrás de esa habitación el mundo mágico se puede desintegrar lentamente ante los ojos de los muggles mientras sirenas y centauros danzan juntos a la luz de la luna por la destrucción de la humanidad.
A Harry no le importaría.
Harry se acomodó en su sitio, en el cálido lugar que ha estado en las últimas doce horas y en las que permanecerá el mismo tiempo de ser necesario. De hecho, estaba dispuesto a quedarse la eternidad y un par de horas más.
No es que represente un gran esfuerzo, el sonido constante y rítmico lo llenaba de calma, le aseguraba que los milagros existen y que no todo lo malo es para él. (como se lo hizo creer alguna vez Vernon)
Le indicaba que no todo estaba perdido.
Envuelto en el más grande de los silencios (exceptuando el sonido que sentía -por raro que suene esto-), Harry notó que muchas cosas a su alrededor siguen su curso, aunque él no se percate de ello.
La vida fluye, el tiempo no se detiene. Una vida nace mientras otra llega a su fin, cada segundo existe alguien que sonríe, alguien que llora, alguien que espera, alguien que sufre, alguien que goza.
Harry rió inconscientemente, percatándose también que él está en el raro caso de ser quien vive todo al mismo tiempo.
Y los ángeles siguen cantando.
Harry cree morir con cada contracción para revivir en cada relajación
Por unos instantes pudo escuchar en su mente la voz lejana de Hermione, hablándole sobre el ciclo cardíaco y su etapa de duración. Aunque puede que esto sea más sus ansias de volver a escucharla hablar, irritarse mentalmente con ella y al instante recordarse que jamás cambiará para sentirse plenamente feliz por ello.
Pero la escuela de la vida jamás te da todo sencillo, porque cuando descubres que puedes vivir en paz con determinados detalles, alguien supremo parece creer que tienes que sufrir un poco más para saborear la dicha de la fortuna, quizá como castigo por no haberlo descubierto antes.
En esta ocasión Harry inspiró una gran cantidad de aire con un poco de calma, menos tembloroso que antes. El suave golpe podía sentirlo más real y constante, la calidez que emanaba lo adormecía, haciéndole recordar la primera vez que sintió aquella sensación contra su cuerpo.
A esa tierna edad la inexperiencia y el asombro no le permitieron descubrir que esa fue la primera vez que su alma se conectó a otro ser, para no desligarse más.
La constante de tenerla a su lado jamás le hizo sentir el vacío que significaría su eterna ausencia... hasta el día de hoy.
Harry volvió a sentir el sabor de sus propias lágrimas, creyendo por centésima vez que es mentira aquello de que son saladas. A él le saben a angustia, incertidumbre, impotencia al tener que solamente esperar.
Y aún así estaba dispuesto a no moverse ni un milímetro de su sitio.
No sería actuar fiel a sus sentimientos, no sería leal dejarlos a un lado e ignorarlos cuando su vida se desintegra si se mueve de ahí, simplemente estaba incorrecto desligarse sin mirar atrás.
Porque su vida ya no le pertenece, porque desde hace mucho es de ella
Porque cada vez que sintió el constante bombeo del corazón de Hermione contra su cuerpo, fue en señal de apoyo, comprensión, protección.
Porque se siente correcto estar entre sus brazos
No lo había comprendido hasta el día de hoy, hasta esas últimas lentas horas agridulces que le permitían tenerla cerca y al mismo tiempo sentirla lejana a pesar del constante golpeteo que tenía como almohada.
Tiempo atrás Harry supo la leyenda sobre seres místicos que fueron creados específicamente para cuidar de los humanos, sean magos o muggles, aunque las palabras exactas en el relato no eran así de vagas, sino más descriptivas, Harry no recordaba a la perfección lo que había leído, o quizá se lo había contado Hermione en una de sus innumerables pláticas.
Sólo en estos instantes, cuando tiene tiempo para pensar en todo y en nada, Harry relacionó este singular cuento con el hecho que su ángel guardián cayó del firmamento por un fortuito accidente. Y, a pesar del tiempo y las circunstancias, aún seguía allí.
Una constante sin la cual Harry se siente perdido.
Harry sonrió por la misma cantidad de veces que se sintió abatido, parecía llevar de manera inconsciente un yin-yang con su respectiva luz de esperanza centellando más fuerte que nunca en medio de las profundas tinieblas.
La respiración de ella se hizo más profunda, firme. Los párpados se movieron con lentitud, como si miles de agujas estuviesen picoteándole para permitir el retorno de aquel sueño que parecía no tener fin.
Casi por impulso, Harry hizo más firme el contacto de sus brazos contra el delgado cuerpo, envolviéndolo con firmeza. Nada borraba la sensación de angustia, y seguro que la tendrá presente en lo que le resta de existencia, pero por diez mil colacuernos húngaros que volvería a pasarlo todo, sin chistar, con tal de terminar así, siempre, una vez más.
Hermione se removió con lentitud, como si hasta respirar le resquebrajase el alma, sus labios pálidos se formaron en una mueca de quejido pero no fue capaz de soltar algún sonido que reflejase dolor.
Sin abrir del todo los ojos, ella sonrió. Sus dedos temblorosos envolviéndose en la oscuridad y suavidad de los cabellos de Harry.
El paraíso estaba aquí y ahora
Harry deslizó un dedo por el brazo de Hermione, su mano, envuelta en vendajes, recorriendo nuevamente la suave textura que la envolvía; la sonrisa de Hermione duró unos instantes, y luego ella frunció el entrecejo. Parpadeando, mientras se acostumbraba a su condición, Hermione le cuestionó sin decir palabra alguna.
Él se encogió de hombros como respuesta, tomando con cuidado la mano de ella, para envolverlas entre las suyas, y llevárselas a sus propios labios, depositando en ella una caricia tan suave que pareció irreal.
Los blancos dientes de la joven se clavaron al instante en su labio inferior, siendo esta la clara señal de que sus orbes castaños están distinguiéndolo con los vendajes encima. Harry deslizó una mano hasta el rostro de ella, colocando cuatro alargados dedos en la mejilla de ella, y con el pulgar liberando el labio de su prisión.
Los masculinos labios se abrieron y cerraron un par de veces, luego sacudió con la cabeza, sin saber si estaba tratando de quitarse los horribles recuerdos de ella cayendo herida entre sus brazos, o negándose a entregarse a la angustia.
La mano de ella que él sostenía, Harry la puso junto en su pecho izquierdo, haciéndola consciente del acelerado latir de su corazón; con la otra mano, Harry sostuvo firmemente su mejilla, mientras acortaba la distancia entre sus rostros.
El paraíso sabe a gloria... y vale la pena todo lo vivido por alcanzarlo
Harry posó su frente contra la de ella, sonriendo con más ganas. Se negó a despedirse del sabor de sus labios y se permitió degustarlo un par de veces más. Nunca sería suficiente, nunca se sentiría saciado de ella.
Luego el joven se acomodó, para escuchar aquel coro celestial que lo mantuvo con vida en instantes anteriores. Hermione deslizó sus dedos en la nuca de Harry, haciendo suaves círculos.
Suaves gotas comenzaron a golpear el techo, pero ellos ignoraron el clima, el tiempo y el espacio, como siempre ocurre cuando están juntos.
Fin del proyecto.
