Notas iniciales: Proyecto medio extraño XD dedicado a los que creen en el amor y en lo que todo es posible. Harry y Hermione pertenecen uno a la otra, duela a quien le duela. Ellos hace mucho que dejaron de ser parte de una historia de magia para convertirse en estandarte de un ideal. Gracias a Rowling por mentalizarlos. La idea del fict es mía de mi propiedad XD

Y aunque suene a repetitivo, pero es motivo diferente: Proyecto especialmente dedicado a Andrea Sumeragi por su mensaje cumpleañero para mí. Ya pronto verán más actualizaciones de mi parte para todos quienes me dejaron mensaje en su debido momento, y puesto que no me han pedido qué, imagino que lo dejaron a mi libre albedrío xDD (Recuerden que la promoción se acabó P)

Cualquier duda, inquietud o demás, me entero con un comentario, que contestaré en la siguiente ocasión P

Y ahora sep, a leer el proyecto .


Perder/Ganar


Hermione se removió en la cama con cierta pereza y cansancio. Se aferró a la almohada y hundió su rostro en la misma mientras inconscientemente se tapaba con la sábana. Ligeramente más despierta se mordió el labio inferior mientras volvía en ella ese pálpito en el pecho y los miles de pensamientos volvían a atacarla.

La luz de un nuevo día se infiltraba por la ventana abierta. Una brisa jugueteaba con las cortinas de color obscuro, levantándola ligeramente de la ventana. Un aire húmedo se respiraba como secuela por la lluvia que había envuelto a la ciudad de Londres la noche anterior.

La joven de 24 años se sentó en el borde de la cama, buscando con la mirada su bata de dormir, encontrándola casi al instante cerca del sillón, mal acomodada y a punto de caer en la alfombra.

Hermione se pasó una mano por la cara para quitarse un poco más el cansancio que la invadía, y tomó la bata para colocársela. Hacía un poco de frío, eso creyó Hermione, o quizá fue producto de abandonar la calidez de la cama y sentir en sus pies la frialdad de la alfombra.

Ella caminó lentamente por la habitación, hasta que tocó la manija de la puerta y estuvo a punto de tirar de ella, cuando alguien se le adelantó, devolviendo un tanto de paz al alma de Hermione al mismo tiempo que la volvía a inquietar.

Harry ingresaba lentamente a la habitación con una bandeja entre sus manos, la cual portaba desayuno para dos personas. Ella atinó a sonreírle levemente, mientras por impulso se pasaba una mano por su cabello castaño y ondulado, tratando de verse lo mejor posible.

La joven le abrió más la puerta a Harry, ayudándole a ingresar, tratando de tomar la bandeja de las manos de él pero Harry se negó en silencio.

Mientras cerraba la puerta al tiempo que veía a Harry depositar todo en una mesita cercana a la cama, Hermione se pasó una mano por los ojos, secando a dos fugitivas lágrimas que habían recorrido sus mejillas sonrojadas. Las emociones de Hermione estaban plenamente revueltas. Por un lado se sentía feliz de verlo, también se sentía avergonzada de que él se haya levantado antes (aunque esto no era novedad en la situación que los envuelve) y más aún que él haya tenido tiempo de preparar el desayuno y llevárselo al cuarto.

Por otro lado ¿Hasta cuándo estarían en esa situación¿Cuándo llegaría el momento en que pueda ella despertarse sin el temor de que él no esté ahí?

- ¿Qué tal dormiste? - indagó Harry rodeándole la cintura con uno de sus brazos, mientras que con la mano derecha apartaba su cabello castaño y ondulado del cuello, para depositar un suave beso en la zona y de paso provocar que las piernas de la joven se volvieran gelatina.

Hermione le sintió sonreír cuando él la sostuvo contra la pared, alzándola en el proceso. Ella se apretó los dientes y exhaló una gran cantidad de aire.

Harry la tomó entre sus brazos y la llevó en los mismos hasta dejarla en el borde de la cama, y como todo un caballero, le acercó la bandeja del desayuno en donde resaltaba por su color, un clavel rojo que ella podría asegurar que son idénticos a los plantados en el jardín de la casa muggle de la esquina.

Él pareció reparar que ella adivinó el origen del clavel, porque atinó a sonreír un tanto culpable, otro despreocupado.


Hermione terminó de darle el último sorbo restante del vaso, aún con las mejillas sonrojadas y la miraba fija en el fondo de donde antes existió jugo de naranja. El olor del cítrico nunca más ella iba a olvidarlo, no porque no conociera antes del mismo, sino porque ahora, nuevamente, adquiría un significado diferente.

- Estuvo delicioso - dijo ella con una media sonrisa, conteniendo enormemente las ganas de morderse el labio inferior para no ponerse a llorar. Apenas terminó de decir esas dos palabras, la respiración se volvió agitada, siendo demasiado obvia en su pecho subiendo y bajando aceleradamente.

Harry se acercó más a ella y tomó el vaso de sus manos para que, así se quebrase el proceso, dejarlo rodar en la cama y caer al piso. El joven se concentró mejor en la sensación de sus dos manos entrelazándose con las de ella.

Entonces Harry abandonó una de sus manos para acomodarle detrás de la oreja un mechón de bucles castaños que le cruzaban las mejillas. Luego, sin la mayor prisa delineó el perfil de su rostro, descendiendo con calma por el cuello y se quedó con mayor paciencia en la clavícula.

A estas alturas Hermione dejó escapar en un suspiro sus miedos y cerró los ojos, desconectándose de todo, volviendo a dejar que su cuerpo, mente y alma se impregne de todo lo que es e implica Harry Potter.

Y él lo sabía.

Sabía que ella hacía una brecha en su vida normal y le daba una enorme cabida para que él se apoderara de ella, no solo físicamente. No sólo sudor y excitación, no sólo besos y caricias. Es una necesidad estar juntos, mucho más allá del acto sexual.

Harry se quitó sus lentes y los dejó caer como si nada, mientras acercaba a su rostro al de ella y con suavidad unió sus labios en los de Hermione, suplicando a quien sea por el bienestar de ella, por poder disfrutar nuevamente esa dulzura de sus labios, pues aunque no era la primera vez que la besaba, aún sentía esa sensación de paz expandirse por todo su ser, recalcándole constantemente que si no es Hermione Granger, simplemente no está bien.

Hermione utilizó su brazo libre para no caer con tosquedad sobre el cuerpo de Harry, perdiéndose en las sensaciones que recorrían su ser y sacudían su alma al sentir el pecho desnudo de Harry contra su propia piel. Una mano de él perdiéndose en sus ondas castañas y la otra acariciando su cuello, clavícula y hombro. Hermione nunca pensó que esa zona de su piel sería tan susceptible a caricias, o quizá bastaba a que Harry deslizara sus manos para volverla sensible.

Sólo en el instante en que sus cuerpos reclamaron aire para seguir funcionando, fue cuando se atrevieron a mirarse, diciendo tanto sin pronunciar palabras. Hermione sintió enrojecer más cuando Harry simplemente asintió con la cabeza y permitió que ella descansara la suya en su pecho desnudo para que dibujara figuras sin sentido en su piel.

Y apenas eran las 6 de la mañana.


Lo último que Hermione recordaba era el hechizo golpeándola y entonces estaba esa horrible sensación de ir cayendo de espaldas. Eso explicaba el dolor intenso en la nuca aunque aún no lograba enlazarlo con el del pecho. Quizá ahí le golpeó el maleficio.

¿Pero eso explicaba las vendas en sus brazos¿Por qué sentía un sabor acre en la boca¿Por qué todo era tan borroso y sentía que había demasiada luz¿Aún estaba con vida o se hallaba atrapada en el limbo?

Sintió mover sus labios, su mente dio la orden de pronunciar la primera palabra que vino a su mente, pero su voz casi ni salió de su garganta.

- ¡¡Hermione¡¡Por todos los cielos¡¡No te esfuerces¡¡Iré por alguien!! - susurraba desesperada y aceleradamente un joven.

Hermione hubiese sonreído en otras circunstancias al ver el rostro pecoso de su amigo en total desesperación cuando ella creía no necesitar ayuda. Con toda la fuerza y rapidez que pudo, alzó la mano, logrando atraparlo del viejo suéter rojo que Molly Weasley le había tejido hace algunos veranos atrás y que ahora le quedaba un tanto pequeño.

Ron arrugó las cejas mientras leía con dificultad el movimiento de los labios de Hermione, y cuando pudo comprender su insistente palabra, su rostro palideció hasta las pecas.

- No me preguntes por eso, no ahora... Debes estar bien, déjame ir por alguien - se justificaba en voz baja el pelirrojo apretando los puños y desviando su mirada. Parecía no hacer el mínimo esfuerzo por soltarse no porque no pudiera, sino porque temía a destrozarle la muñeca vendada de su amiga al halar bruscamente.

- H...Ha...rrrry... - pudo decir Hermione con mayor consistencia aunque su voz soltó irreconocible hasta para sí misma.

Ron se pasó una mano por el rostro, soltándose ligeramente de Hermione, sin mucho esfuerzo y rodeó la cama de la joven, suspirando desganado en el trayecto. Tomó de la mano a su amiga y le habló en susurros, como lo ha venido haciendo desde que ella abrió los ojos.

- Tranquila, por favor.. no te alteres -

Le soltó la mano y se apartó de ella. Hermione no podía ver bien, al intentar enfocarlo le dolía el cuello por querer girar la cabeza hacia Ron e inconscientemente se enfureció con él por no ponerla al tanto de la situación.

Ella escuchó un ruido de ruedas arrastrando un gran peso. Hermione iba a protestar, sacando voz de donde no tenía, cuando Ron volvió a tomarla de la mano. Si ella estuviese con sus fuerzas reestablecidas seguro que, irritadamente, le hubiese golpeteado la mano.

Entonces Hermione sintió una calidez debajo de su propia palma, algo extraño cuando Ron había abandonado su mano y se repasaba nerviosamente el cabello rojizo, desordenándolo como nunca antes en su existencia.

Como analizándola, Ron la quedó mirando unos instantes y se percató que ella no lograba verlo del todo más que por el rabillo del ojo y aún así parecía querer fulminarlo. Se acercó a ella y la alzó un tanto mientras acomodaba una almohada en la espalda.

- Me avisas si te duele - murmuró Ron rascándose el cuello en señal de tensión.

Hermione iba a decirle que no quería ponerse cómoda sino que le soltara información sobre Harry en ese preciso instante. Pero de su garganta no salió ni siquiera un débil sonido mientras por impulso aprisionaba su mano aunque le doliese la muñeca en el proceso.

Y en verdad dolía.

Aquella angustia se expandió por su cuerpo, exteriorizándose en gruesas lágrimas que empaparon en milésimas de segundos su lastimado rostro.

- Despierta por breves periodos - dijo Ron temeroso, doliéndole cada palabra pronunciada - Los encontramos a ambos en las ruinas de la mansión... Los trajimos aquí y Harry se negó a que le pusieran un dedo encima a menos que estuviese seguro que te recuperarías. La enfermera de San Mungo afirmó que mientras más demore en hacerse atender, le tomará más semanas, e incluso meses, recuperarse completamente, así también como más pone en riesgo su propia vida - Ron detuvo sus palabras, quizá sintiéndose un tanto culpable de que su amigo comenzara a moverse agitadamente, o tal vez por la expresión de intensa preocupación que inundó el rostro de Hermione.

- Ron... ¿Ya despertó Hermione? - murmuró débilmente Harry aún con los ojos cerrados, haciendo un gran esfuerzo por abrir sus párpados.

- Sí, amigo - respondió Ron, sonriendo un tanto amargado y feliz al mismo tiempo de darle una respuesta diferente.

Si tan solo ambos estuviesen bien.

Harry sonrió, aunque le doliera físicamente el hacerlo. Giró la cabeza hacia Hermione, abriendo con pesadez los párpados, respirando con agitación y apretando los dientes en cada inhalación.

Un suave clic de la puerta les indicó a los dos jóvenes que se hallaban a solas.

- No logro distinguirte, te veo tan borrosa - musitó Harry, alargando la mano derecha hasta el rostro de Hermione y acariciándolo suavemente, los ojos verdes le brillaban intensamente y era más visible por la ausencia de sus gafas. El pecho de él ascendía y descendía con velocidad impresionante - Estarás bien. Tranquila, te repondrás -

Hermione aprisionó más su mano en él, aferrándose con fuerzas a los dedos alargados de la mano izquierda de Harry que estaba en el pecho de él, ascendiendo y descendiendo de una forma abrupta.

- Estarás bien - repitió Harry, como si aquello era lo que lo mantenía vivo - Yo te protegeré, desde donde sea que me encuentre -

Volvió a sonreírle, más débilmente que la vez anterior, mientras su mano lentamente descendía de su rostro, delineando la forma de su cara, trazando la ruta por su cuello hasta la clavícula.

Fue cuando las fuerzas lo abandonaron y dejó caer su mano en el espacio que los separaba. Los ojos de Harry se cerraron, contra su voluntad, porque arrugó el entrecejo, tratando de no dejar de verla, y siendo derrotado por su debilidad física.

De a poco el pecho de Harry dejaba de agitarse, cada vez de forma más pausada, teniendo largos intervalos antes de ascender y luego descender.

Hermione se inclinó un poco más, tomando la caída mano de Harry, para colocársela lo más acomodada posible en la cama. Sus primeros intentos fueron fallidos, pero de a poco iba logrando su cometido. Lo consiguió unos instantes más, sintiendo que los ojos le picaban y la respiración se le cortaba.

Entonces el pecho de Harry se mantuvo quieto, su imagen cual estatua de cera, con el calor escapándose de su cuerpo. Su pecho se mantuvo totalmente en calma.

Y ella rompió en llanto.


El sol lentamente iba escondiéndose por el horizonte, dando una agonía lenta y dolorosa al día, dejando que las sombras nocturnas inunden la ciudad.

Las mejillas de Hermione, estaban aún con rastros de lágrimas no limpiadas, y sus castaños ojos se mantenían fijos en Harry desde que él cerró los ojos, por lo que se acostumbraron a la poca o casi nula luz existente en la habitación.

Por ello a Hermione le extrañó, y hasta de cierto modo le dolió, cuando Ron ingresó con una vela en el cuarto.

- ¿Cómo encontraron a Harry? - preguntó Hermione, su voz aún irreconocible.

- ¿Por qué mejor no duermes un poco más? - atinó a decir Ron, de una forma tan brusca y esquiva, que no le daba un buen presentimiento a la joven, quien, a pesar de su situación física, no requirió de mucha energía para fruncir el entrecejo.

- He dormido lo suficiente para los próximos diez meses - ella le respondió, su respiración volviéndose profunda e inconsistente.

Ron sacudió la cabeza, y bruscamente se sentó en la cama, colocando sus manos en los pelirrojos cabellos.

Hermione aprisionó más entre sus dedos los de Harry, haciendo círculos en la piel del joven con quien, hasta algunos días atrás, compartió su cama y le entregó su cuerpo, alma y vida.

Ron comenzó a sollozar profundamente, haciendo sobresaltar a Hermione, pero ella no dijo nada, puesto que el pelirrojo comenzó a soltar un montón de frases que a la ligera parecía no estar entrelazadas, pero poco a poco Ron fue calmándose y expresando frases más largas.

Harry prometió cuidar a Hermione, aunque él estuviese muerto, aunque nunca más volviesen a estar juntos. Porque Harry sabía cómo protegerla desde el más allá. Porque de lo único que ella puede estar seguro es que Harry James Potter Evans la amó, la ama y la amará.

Y Ron terminó con la frase final que Harry le había dicho en sus breves periodos de conciencia.

Los días de Harry Potter, en el mundo terrenal, están llegando a su fin.

Ron quedó mirando a su mejor amigo, y sacudió la cabeza, quizá recordando otra de las frases de Harry y queriéndoselas quitar de sus recuerdos.

- Me dijo: «No es que no nos vayamos a ver más... Es sólo un "Hasta pronto"» y yo quería matarlo con mis propias manos... El muy idiota se va a morir y enton...

- Lo siento mucho, Ron - le interrumpió de pronto Hermione.

Ron alzó la cabeza, parpadeando algunas veces para cerciorarse que no estaba alucinando.

Hermione le sonreía con notable tristeza.

- Pasé once años de mi existencia sin vivir cerca de Harry, uno de aquellos años sólo leyendo de él en los libros. - Hermione posó su mirada en Harry, tomando el valor necesario para decir sus siguientes palabras aunque ella está plenamente consciente de lo que implica - Después de eso... después de aquel primer año juntos... algo muy dentro de mí me dijo que nunca más iba a apartarme de él. Poco a poco fui comprendiendo este sentimiento. Y ahora lo tengo totalmente claro.

Ron sonrió irónicamente. Estaba tentado de decirle que medio mundo mágico supo lo que Harry Potter y Hermione Granger sentían incluso antes que los implicados. Pero se detuvo, porque parecía que lo que iba a decirle Hermione es tan importante para ella como lo que fue la confesión de su pronta muerte -y consecuente despedida - para Harry.

- Sin Harry, para mí, no hay mañana - dijo Hermione con sencillez, sin despegar su mirada del joven que era capaz de dar su vida por ella y que dolorosamente se lo había demostrado - Si Harry sale vivo de esta habitación, yo salgo con él... Y si Harry muere, yo muero con él

Ron cerró los ojos, sin siquiera atreverse a preguntar si Hermione estaba bromeando.

- Hermione... ¿Estás diciéndome que...

- Sólo te pido algo, Ron - dijo Hermione, acentuando más su expresión triste - Aunque ante la ley de los hombres y del ser supremo nunca estuvimos casados, quisiera en mi lápida el apellido de Harry - Hermione sonrió más calmada, y hasta casi soltó una risita ante su idea. Luego su expresión se volvió distante y nostálgica - Si mis padres estuviesen vivos, sé que lo comprenderían.

Ron bufó al principio, con la seguridad total que nunca, ni en sus más remotas pesadillas, hubiese imaginado tener que enterrar a sus dos mejores amigos.

- Quizá Harry se equivocó y no tiene los días contados... Quizá se recupere y viva unos ochenta años.

- Entonces me prepararé para envejecer junto a él.

Hermione entonces volvió su mirada, en forma suplicante, a Ron. Al pelirrojo le costó entender lo que ella quería decirle, le hubiese gustado tener al traductor Potter para descifrarla.

- Por favor, Ron, prométemelo.

Sacudiendo la cabeza, el pelirrojo atinó a soltar una amarga carcajada.

- Quisiera ver la expresión de Rita Skeeter queriendo saber cuándo fue que se casaron. Espero que al menos me dejes decir que yo fui el padrino. Y si salen vivos de esta... exigiré que se casen de inmediato.

Hermione sonrió, tomando aquellas palabras como un «sí»


Doce meses después...

«Harry J. Potter» «Hermione J. Potter»

Las letras estaban ahí, escritas en manuscritas, fondo blanco y tono negro.

Ron se arrodilló para tomar el rostro de la rubia y ocultarlo a la altura del pecho de su túnica negra. Luna aceptó el refugio que el pelirrojo le daba, y se aferró a él con fuerzas.

En esos instantes el pelirrojo experimentó lo que Harry siempre detestó: ser el centro de atención de todos.

Aprisionando los dientes, Ron se incorporó poco a poco, llevándose a su novia en el proceso. Siendo fuerte por ambos.

Después de todo, el sobreviviente del trío famoso de Hogwarts ya había llorado demasiado por los dos integrantes faltantes. Aunque igual daba si a Ron se le escapase alguna lágrima. Fácilmente podría camuflarla con las gotas de lluvia de aquella fría mañana.

- Si hasta el cielo parece lamentar esta terrible pérdida - murmuró Skeeter a lo bajito a su Magic-Talk-Copy, un instrumento mágico que almacenaba en un pergamino mágico e interminable todo lo que escuchaba - Pareja joven de esposos, manteniendo la leyenda Potter iniciada por James, el padre de Harry, de morir tan prematuramente, aunque los Potter-Granger no dejaron a un descendiente marcado con tal fatal destino... ni tampoco el matrimonio Potter-Evans agonizó tantos meses como esta pareja. Al parecer primero murió Harry, y siendo él la fortaleza de Hermione... ella simplemente se derrumbó... ¡Oh¡Una tragedia irreparable!

Ron aprisionó las manos, convirtiéndolas en puños. Nunca antes estuvo tan tentado de golpear a una mujer en toda su existencia.

- ¡¡¡Nada de fotos!!! - rugió Ron, volviéndose bruscamente hacia un muchacho que bajaba su cámara mágica a la altura de las lápidas.

- No puede evitarlo - replicó el joven notablemente enfadado - ¡¡Es una leyenda!!

- Está bien - dijo Ron mostrando su más cínica sonrisa - Tómalas. Pero te advierto que Hermione Potter hechizó este sitio. Ella odiaba que fastidiasen a Harry, y Harry odiaba las fotos. Y ella... fue una bruja muy poderosa, tan poderosa, que seguramente sus hechizos funcionan aunque ella no esté aquí. Si quieres arriesgarte, hazlo.

Rita entonces tomó el hombro del muchacho, tan pálida como el mármol blanco de las lápidas de los jóvenes esposos. Y susurró un perfectamente audible «No te arriesgues»

El pelirrojo acunó más entre sus brazos a su novia, deseando fervientemente que Rita y su novato acompañante se largaran de una vez por todas.

Ya todos prácticamente se habían ido, y Ron anhelaba con ansias cumplir el último deseo de Harry, de volver prácticamente inaccesible aquel sitio, so pretexto de querer estar a solas con Hermione hasta la eternidad.

Pero para ello la odiosa reportera y el imbécil fotógrafo debían largarse.

Aunque... Ron estaba siendo seriamente tentado de dejarlos atrapados ahí. Mínimo se morirían del terror a la primera noche, a pesar que no es algo que le hubiese gustado a Hermione.

Pasaron cerca de diez largos minutos antes que los entrometidos periodistas decidieran irse, y Ron, dándole una última mirada a las lápidas, comenzaba a partir con Luna cuando sintió a sus espaldas que alguien estaba.

Luna ahogó un gemido al ver a dos jóvenes frente a ellos, y si no fuese porque estaba entre los brazos de Ron, se hubiese caído de espaldas.

- Disculpen por estar aquí presentes sin ser invitados - dijo el hombre con cierto tic nervioso de pasarse la mano por el cabello. Luna soltó un suspiro de resignación al percatarse que no había cicatriz alguna en la frente, lo que entonces desmentía que aquel joven fuese Harry. Aunque la rubia llegó a la conclusión que debió deducirlo por la ausencia de lentes... y por el color del cabello... y el tono de la piel. - Es que mi esposa es una fanática obsesionada de Harry Potter, a tal punto que me estaba poniendo celoso... ¡¡Uf!!

La mencionada en ese preciso instante con el codo le dio un golpe a las costillas de su marido.

- No le haga caso, es un tonto sin remedio. Creo que solamente me enamoró porque él está encantado con las castañas, aunque quiere que deje crecer mi cabello y me lo rice totalmente. ¿Eso te suena, querido?

- No te exaltes, cariño, no le hace bien a nuestro bebé - El hombre posó una mano en el abultado vientre de la joven que hasta ese instante Luna no había notado -Aún faltan unas cuatro semanas para el nacimiento y ya estoy con los nervios desbaratados. Tengo que complacerla en todo, y ella quería venir a este sitio.

Luna sonrió brevemente al ver a la joven esposa. Por unos instantes su mente jugueteó con la necesidad de verla con el cabello rizado y largo, tal como decía su esposo. Y claro está, también le faltaba aclarar la piel besada por el sol, como la de su esposo, para que sea más parecida a Hermione. Quizá si también tuviese las cejas más gruesas y no tan delineadas como la joven.

La joven esposa tomó por sorpresa a Luna, haciéndola sobresaltar, al momento de entrelazar sus manos.

- Siento muchísimo que esto haya tenido que suceder - declaró con sinceridad la mujer - Lo único que me parece envidiable es que ni la muerte pudo separarlos. No todas las parejas tenemos ese privilegio.

Luna sonrió ante aquellas palabras. Ron sintió que sus músculos se relajaban, era la primera vez que su novia sonreía en esos tiempos.

- Yo también - declaró solemnemente la rubia - Yo también quiero morir junto a Ron.

El pelirrojo hizo una mueca de fastidio.

- Pues pienso vivir muchísimos años, así que te vas acostumbrando.

- Entonces prepárese para envejecer junto a él - le dijo la embarazada, colocando las manos de Luna en las de Ron.

Luna se secó una fugitiva lágrima y asintió con ganas.

- Se ve más bonita cuando sonríe - dijo la joven quien de inmediato miró a su esposo - ¿No es cierto, mi vida?

- No lo sé, cariño. Yo sólo tengo ojos para ti. Además su novio está aquí presente¿quieres que pase una semana en San Mungo?

La joven rodó los ojos, auque todos eran conscientes que su esposo sólo buscaba complacerla en todo.

- Aún parece que va a llover por un buen rato - dijo el hombre posando su mirada en el nublado cielo. Luego sus ojos se volvieron a la distancia, distinguiendo un carruaje mágico a unos seis metros de distancia de donde se encontraban - Hay un cochero por allá, y aunque el viaje es largo ¿Les parece bien que los invitemos a almorzar en Hogsmeade? Podemos secarnos en el carruaje. Mi esposa tiene la habilidad de dejar seca la ropa y dejarla con un olor a bosque.

Luna miró hacia Ron, quien comprendió al instante el sentimiento de su novia.

- Está bien - admitió el pelirrojo sonriendo a medias - Sólo que les pido unos momentos a solas con mi novia, tengo que intercambiar unas palabras con ella, y también hacer algo con este sitio.

Los jóvenes esposos asintieron y fueron caminando en medio de la llovizna hacia el cochero, de seguro para negociar el viaje.

Luna frunció el entrecejo al mirar a Ron, intrigada por sus palabras. Ron sintió cierto placer de desquite porque millones de veces en el pasado ella le dejó así.

- Tengo algo que decirte, Luna - dijo Ron mientras desviaba sus ojos a la pareja de esposos a la distancia - Algo que tengo dentro de mí y no me pertenece, sino a mis dos mejores amigos. Es una carga muy dolorosa y pesada, y si luego de esto no quieres seguir conmigo, lo entenderé perfectamente.

Luna tomó entre sus manos las temblorosas de Ron, y se las colocó en el pecho de ella.

- Te escucho - le dijo la rubia - pero desde ya te digo que nada de lo que me digas me va a alejar de ti, nunca. Sólo si has dejado de amarme y no me quieres en tu vida.

Ron no se atrevió a mirarla mientras comenzó a contar la historia de sus dos mejores amigos, desde su punto de vista, lo que le pidió Harry luego que recuperasen sus cuerpos malheridos y al borde de la muerte, los llamados constantes que él hacía preguntando por la salud de Hermione; y después la reacción de Hermione, lo que ella le pidió y le hizo prometer. Los días después, las dolorosas semanas y los agonizantes siguientes meses, hasta que Harry partió de este mundo, y Hermione se fue con él.

Las lágrimas habían vuelto a recorrer el rostro de Luna, quien volvió su mirada hacia el punto en donde Ron estaba viendo, justo en el instante en que un hombre colocaba un clavel rojo en el cabello a una mujer.

Luna tomó el rostro de Ron entre sus manos y, colocándose de puntillas, le dio un breve beso en los labios.

- Vamos, Ron. Nuestros nuevos amigos nos esperan.

Ron se volvió hacia las lápidas, y sonriendo con tristeza, agitó su varita, murmurando unas palabras entre latín e inglés.

Entonces el pelirrojo rodeó con un brazo la cintura de su novia mientras ella se recostaba en el pecho de él, y el escenario detrás de ellos se desvanecía lentamente.

Fin del proyecto.