Nota de la autora: Hey, hey, ¡Hey! Les dije que volvería. Aquí traigo el capítulo número 2, espero que les guste, en lo particular me gusto hacer este capítulo. Les mando muchos abrazos de panda, y ya saben dejenme sus Reviews para saber que tal les va pareciendo la historia. Bellz levanta la espada, está dispuesta a atacar a los fantasmas lectores. Kisses.

Disclaimer: Los personajes no son mios, son de la mente brillante de Meyer, yo solo me divierto y tengo charlas ficticias con ellos... ¡Oye Alice deja mi ropa!


EL COLOR DE TUS OJOS

"El lenguaje del amor está en los ojos"

Capítulo 2: Y lo tenías en tus narices

EDWARD POV

Estaba tan furioso como Grinch en día de navidad, y lo peor es que no sabía porque, o bueno, si lo sabía pero eso hacía que me pusiera todavía peor, ni siquiera pude desayunar en la cafetería con mis amigos porque ahí estaba la desgraciadita de Swan y no quería más drama por hoy, la vi de espaldas pero me di cuenta como todos la miraban como si fuera el mesías o algo por el estilo.

Ella-no-era-perfecta.

A la salida ninguno de los chicos estaban en el estacionamiento, de seguro habían salido a pasear y a mí me tomaron por idiota, así que tome mi volvo y me dirigí a casa, si el mundo me da la espalda, yo también ¿No? Quería tumbarme en cama y olvidarme de todo, solo quería cerrar los jodidos ojos.

Al llegar a casa pude ver una hilera de carros fuera del pórtico, y no sé porque sentí una removedera de intestinos al no ver por ningún lado la basura automovilista de Isa… Isabella.

Suspire.

Nadie me creería pero pondría mi hermoso trasero en una parrilla si mintiera al decir que no tenía intenciones de insultarla cuando ella creyó que iba a hacerlo en el pasillo. Pero claro, quien le cree a la oveja negra.

Entre a la casa y Esme salió a recibirme con la sonrisa de siempre y una cuchara de madera en la mano.

-Hijo, ya llegaste, me preguntaba porque no habías regresado de la escuela con tu hermana y tus amigos-me dijo mientras me daba una caricia en la mejilla. Si muy puto. Pero es mi mama y se lo permito ¿Ok?

-Me quede haciendo otras cosas, pero ya estoy aquí madre-mentí mientras le besaba la frente; y se joden, ustedes que no pueden besar a sus madres sin dejar de verse jodidamente calientes como yo.

-Bueno, ve con ellos mientras termino de hacer la comida-me pidió dulcemente.

Me encamine hacia la sala cuando ella me llamó como recordando algo.

-Cielo, ¿Sabes porque no vino Bella?

JODER. ¿Hasta mi madre tenía que recordármelo?

-No sé, ma. De seguro tuvo algo importante que hacer-respondí entre dientes, no tenía que ser un grosero solo porque Swan y yo no pudiéramos convivir como seres humanos normales.

-Oh, de acuerdo, es una lástima es una excelente chica, tan linda, y muy buena cocinera…

Esme me dejo solo en el vestíbulo mientras continuaba alabando a Swan en su recorrido a la cocina, hasta ella pensaba que era perfecta. Que retorcido mundo.

Iba a ir directamente a mi habitación, pero por curiosidad avance a la sala para ver que hacían los chicos, efectivamente estaban viendo una película sentados en el suelo comiendo palomitas y al parecer era de romance, vaya, que bajo habían caído Emmett y Jasper con tal de complacer a las chicas. ¡Gay!

-Tenga cuidado chicos, si no se cuidan dentro de poco estarán usando fajas y bailando tango-me burle sin poder contenerme.

Me hubiera quedado callado. Cuatro pares de ojos se giraron para matarme con la mirada, diablos, hasta parecía de esas películas que te chupaban el alma sin tocarte, nadie decía nada pero podía sentir el ambiente tenso.

-¿Qué? ¿Ahora que dije? Solo era una broma, chicos.

-No tienes que decirlo Edward, estamos conscientes de lo "inocentes" que son tus bromitas-me dijo Alice crudamente.

Y ahí lo entendí, seguía enfadada, demonios, venía a MI casa a olvidarme de todo el asunto y tenía que sacarlo a colación. ¿Qué no podía superarlo?

-Alice, pensé que ya lo habías olvidado, no te metas en algo que no es tu asunto-le conteste aburrido y con cierto tono prepotente.

-Bella es nuestra amiga Edward, claro que es nuestro asunto, tu comportamiento deja mucho que desear-hablo Rose con seriedad.

-¿Y que soy yo? ¿Su perro? –ya me estaba enojando- Yo también soy su amigo y en ningún momento he visto que la regañen por insultarme, yo los conocí primero y parece que se les olvida ese insignificante detalle.

-Edward reconoce que tú eres el que siempre empieza, Bella solo se defiende, has llegado a sobrepasar los límites, te conocemos amigo, por eso nos damos cuenta de que te comportas con ella muy mal, como si no la soportaras, y no entendemos que es lo que te hizo para que actúes así-medio Jasper de manera pacífica, como intentando analizarme.

-Deja tus mariconadas psicológicas para quien te crea Jasper, a mí no me interesa, si la prefieren a ella por sobre mí de acuerdo, eso es todo lo que tienen que decirme-ultimé mientras me daba la vuelta para dirigirme a las escaleras, pero una pequeña mano me agarro del brazo.

Me giré y vi los ojos brillantes de Alice, podía ver cómo le dolía discutir conmigo, y aunque eso le sume puntos a mis mariconadas, la verdad es que a mí tampoco me gustaba discutir con mi duendecillo, la quiera un chingo.

-No se trata de eso Edward, queremos entenderte, tú no eres así, porque no admites que es lo que verdaderamente sientes.

¿Lo que verdaderamente qué? ¿Era acaso otro truco?

-No entiendo lo que me quieres decir Alice, no hay nada que decir, Swan es para mí un cero a la izquierda, ni siquiera sé porque hacen tanto alboroto por otra discusión tonta, ella no es la perfección que todo el mundo ve, por eso no entiendo cuál es su preocu…

De repente deje de tener a Alice frente a mí rostro para contemplar la mirada iracunda de Emmett, el me sostenía de las solapas dejando mis pies fuera del alcance del suelo, de lejos podía escuchar los susurros de los chicos para que se tranquilizara y no llamara la atención de Esme, pero solo podía ver el semblante molesto de quien consideraba uno de mis mejores amigos.

-Nos preocupa porque ella es nuestra amiga pedazo de idiota, y porque aunque no lo haya dicho estoy seguro que le duele lo que le dices por tus estupideces y por no ser lo suficientemente hombre para darte cuenta de lo que sientes-me recriminó.

"¿Es que acaso no te das cuenta de que tus infantilismos solo le hacen daño? ¿No te das cuenta de que tú eres el errado? Claro que te das cuenta, pero lo sigues haciendo porque no sabes de qué otra forma acercarte a ella sin parecer un pendejo precoz, te voy a decir algo Edward, más te vale que vayas usando la nuez que tienes por cerebro, porque te aseguro que no solo yo te voy a moler los huesos, pero si soy el que más lo va a disfrutar"

Me soltó sin contemplaciones, dejándome caer al suelo mientras los demás lo sostenían para que no se acercara nuevamente a mí, sin embargo no estaba molesto con él, ni siquiera me incomodaba el cuello donde me había rozado la tela en su duro agarre, estaba atontando rememorando lo que había dicho.

"¿Es que acaso no te das cuenta de que tus infantilismos solo le hacen daño?"

No era un idiota, sabía que mis comentarios la molestaban y la hacían rabiar, pero… ¿Daño? ¿Por qué a ella le heriría lo que yo le dijera? ¿Y porque la idea me producía asco? ¿Acaso era eso lo que sintió hoy cuando vi sus ojos húmedos? Oh diablos, no quería que me importara, ni siquiera quiera pensar en ello, pero la cabeza me daba vueltas.

Por el rabillo del ojo vi como los chicos me miraban a la expectativa, como si esperasen que yo reaccionase e hiciese algo, incluso Emmett tenía los ojos curiosos de saber cuál sería mi siguiente comentario, lo que ninguno se imaginó, menos yo, fue que actuara como un verdadero pendejo.

-Yo…yo… creo que, debo…iré a mi habitación.

Y pite de allí, llegue a mi recamara, mi santuario y me tire en la cama deshecha enterrando mi cabeza en la almohada, mi plan de cerrar los ojos y olvidar era una jodida mierda, solo podía recordar las palabras de Emmett, las palabras de los chicos, no es que fuese la primera vez que me reñían mi actitud con ella, pero sentía que ahora todo era diferente, ¿acaso había cruzado una línea?

¿Qué diablos pasaba? Es como si ellos sospechasen algo que yo me estaba perdiendo.

La imagen de Isabella en el pasillo se tomó su tiempo para atormentarme de forma particular y gratuita la mente, ¡Rayos! yo no me sentía culpable, si se sentía mal era su culpa por ser tan tonta y dejarse creer lo que otros le dicen, digo ella también me dice cosas y yo no… ¡Arg!

Ni siquiera me dieron ganas de bajar a comer, podía escuchar ruido en la planta baja pero no quería ver a nadie, no quería escuchar a nadie, al cabo de unas horas oí como gritaban algo de ir al centro, y después el motor del jeep de Emmett se levantó en el silencio para después escucharse en la lejanía.

"¡Eres un idiota Edward!" "tu comportamiento deja mucho que desear" "tú eres el que siempre empieza" "le duele lo que le dices"

"le duele lo que le dices"

Maldita sea. Puse la almohada sobre mi cabeza para dejar de escuchar las estúpidas voces de mis amigos, yo siempre he sido así, sarcástico, burlón, molestoso, engreído y arrogante, pero ellos nunca habían hecho nada más que negar con la cabeza o rodar los ojos, nunca se habían molestado, porque nunca había hecho algo que ellos consideraran malo.

¿De verdad era yo el problema?

Y si era así, ¿Por qué lo hacía? ¿Qué me provocaba Swan para desatar mi lengua venenosa? Siempre había dicho que la del problema era ella, ella me provocaba molestarla, ella y su supuesta jodida perfección, ella y su lengua que no se cortaba para ponerme en mi lugar, ella y esa cabeza tan dura y terca, ella y… esos ojos tan…

-Rayos, pensar definitivamente no es mi fuerte-gruñí.

-Quizá porque estás pensando demasiado.

La voz intrusa en mi habitación se escuchaba, aunque dulce, con una nada disimulada diversión, levante la vista para ver la figura de mi madre recargada el marco de mi puerta viéndome con una pequeña sonrisa, en sus ojos, tan parecidos en los míos brillaba una chispa de comprensión.

-Ilumíname madre, se supone que tu deber es hacerme pensar-le dije con la voz ronca, diablos, me sentía tan marica.

Ella entro a mi habitación viendo reprobatoriamente el desorden que era mi habitación para sentarse en la esquina de mi cama, esto era una estampa de lo más extraña, digo, amaba a mi madre pero dudaba mucho que pudiera darme una respuesta a un problema que ni siquiera podía identificar.

-¿Qué tal si te cuento una historia?

-Aun no es mi hora de dormir-le dije sarcásticamente.

-Anthony…

Uy. Cuando me llamaba por mi segundo nombre era mejor tener el pico cerrado. Así que hice la seña de una aureola en mi cabeza como la de un angelito y le di a entender que la escucharía.

-Bueno, cambiare un poco la situación para que la puedas ver desde otra perspectiva ¿De acuerdo? –Asentí con la cabeza- Hace algún tiempo, en una escuela dentro de un aburrido pueblo, existieron dos jóvenes que a pesar de ser diferentes eran buenas personas… a su manera-dijo con una sonrisilla traviesa.

Diablos. Esto no me olía bien.

-La chica era algo tímida, algo terca pero muy generosa, él en cambio era cariñoso, sin embargo lo ocultaba tras su armadura de vagabundo arrogante-me dijo mirando mis ojos con el ceño fruncido a lo que yo rehuí de su mirada- el chico buscaba cualquier pretexto para molestarla ya que no entendía como las personas podían apreciar a alguien que era en extremo diferente a él y quererla de la misma forma que parecían estimarlo-vaya, podía comprender al pobre chico- pero más allá de aquella razón, había otra, la verdadera razón, aquella que ocultaba tras los supuestos celos, las burlas y los insultos.

Mire a Esme con la curiosidad en la punta de la lengua, esa historia se me hacía muy conocida, demasiado…

-El chico… tenía miedo-susurró mi madre.

-¿Qué? ¿Eso no puede ser posible? Por qué yo… quiero decir, ¿Por qué el chico le tendría miedo a ella?-le pregunté sin poder contenerme. Esa historia era ridícula.

-¿Me vas a dejar continuar mi historia?-preguntó ella con el ceño fruncido.

-Lo siento-murmuré apenado mientras volvía a dejarme caer en la cama refunfuñando.

-Cómo iba diciendo, el chico tenía miedo, pero no de ella, sino de él mismo, tenía miedo de no comprender a alguien como ella, la chica lo confundía, un sentimiento que en sus años de rebeldía nunca había experimentado, ella era diferente, y era una diferencia que a él le atraía irremediablemente, como un imán, pero tenía miedo de caer al vacío y no salir de ahí. El chico tenía miedo de enamorarse.

Juro que el aire se me atoro en la garganta. Es más juro que me quede como esas caricaturas que se vuelven de piedra. ¿Enamorarse? No, no, no, no. Eso no. Eso era tonto, eso era ridículo, jamás, ella, no… ella…

Mientras negaba con la cabeza como un poseso Esme continuo hablando.

-¿Y cómo no iba a tener miedo? Él no quería y nunca se había enamorado, por esa razón, por ese miedo él prefería cubrir sus inseguridades con burlas y groserías, sin embargo no podía ocultar el deje de alivio que sentía al cruzar palabras con ella, aunque fuesen de un modo nada ortodoxo…

No, no, no. Seguía escuchando a mi madre relatar la historia como si fuera una película, mientras la comparaba conmigo, conmigo y con ella, podía sentir un sudor frio correr por mi espalda, no podía ser tan idiota, simplemente… no podía ser tan tonto como para no haberme dado cuenta de algo así.

-Pero allí estaban los detalles para cualquiera que lo viera minuciosamente, la forma en que él se percataba de cada pequeño detalle de su piel…

"La cicatriz oculta de su codo"

-Del carácter que siempre sobresalía en ella…

"Su cabeza dura y terca"

-De las cosas que a ella le gustaban…

"La cocina, los libros, las películas"

-De sus reacciones más comunes…

"Su sonrojo, sus mohines"

-De aquel color de ojos que eran tan difíciles de describir, y tan fáciles de perderse para él.

"Sus ojos, sus ojos color…color…. del chocolate, chocolate derretido"

JODER ¡JODER! JODER JODER

Me levante de un salto de la cama mientras mis ojos se abrían desmesuradamente, mi respiración se agitaba y mi corazón corría como si se lo llevara el diablo.

Era cierto, era verdad, aunque quisiera negarlo, aunque deseara hacerlo: no había retroceso.

Siempre había dicho que la del problema era ella, ella me provocaba molestarla, ella y su supuesta jodida perfección, ella y su lengua que no se cortaba para ponerme en mi lugar, ella y esa cabeza tan dura y terca, ella y esos ojos tan… tan bellos.

Era ella, siempre había sido ella, ella por la que llegaba más temprano a la escuela solo para molestarla, ella que con su lengua mordaz me sorprendía con cada comentario ingenioso, ella con su sonrojo tan particular y tan exquisito, ella y esa mirada caoba que me hacía sentir tan insignificante, tan débil… tan suyo.

-¿Edward?

La voz de mi mamá me saco de las ensoñaciones, me observaba con curiosidad, y al mismo tiempo con expectativa, no sabía cómo se había enterado ella de todo, ni siquiera sabía cómo se había percatado de este sentimiento que ni yo mismo podía digerir ahora, pero lo sabía, lo sabía y me había dado una patada en el trasero de una forma muy particular para que lo entendiera.

-¿Cómo termina la historia?-pregunté con temor.

-La historia todavía no termina hijo, aun se escribe, pero lo importante de la historia no es el final, es que los protagonistas se dieran cuenta de su ceguera, aunque como te darás cuenta, uno de ellos es el que debe de dar el primer paso… la pregunta es: ¿Cuál de los dos será?

Tenía la jodida sospecha de que sabía quién tenía que darlo.

-¿Y si la chica no siente lo mismo? ¿Si ella en verdad no le gusta lo diferente que es el chico?-volví a preguntar con un nudo en la garganta.

-Yo estoy segura de que si siente lo mismo, solo que ella también necesita un empujoncito-comentó divertida mientras se levantaba de la cama y se acercaba a mí- y aunque yo estuviese equivocada, ¿Sería tan cobarde el chico para negar sus sentimientos ya que sabe que los tiene? Yo creo que no. Porque a pesar de tener muchos defectos, son esos los que le dan la oportunidad de cambiar y ser mejor.

-Tú de verdad ¿De verdad crees eso?

Esme sonrió maternalmente mientras me daba un beso en la frente y caminaba hacia la puerta, antes de llegar al rellano se giró y me dijo.

-Claro que lo creo, además, si el chico fuese lo suficientemente observador, se daría cuenta de que él y la chica, no son tan diferentes como piensa.

Tras decir eso, levantó la mano izquierda y aventó algo, reaccione por instinto y tome el objeto que ella me arrojó, al abrir las manos me di cuenta de que eran las llaves de mi carro.

La mire sin entender.

-Sería una muy buena idea ir a pasear un rato, quizá se te ocurra hacer algo interesante.

Y después de eso salió dejándome solo, con unas llaves y la cabeza echa un verdadero lio.

BELLA POV

El silencio de mi casa hacia un contraste perfecto con los sollozos ahogados de mi pecho, cuando creía que me encontraba mejor una nueva ola de amargura volvía a instalarse allí, justo al lado de un órgano que me martillaba intensamente y el llanto regresaba.

Alice tenía razón cuando me recomendó no pensar tanto, la solución estaba frente a mis narices, siempre lo estuvo, también tenía razón respecto a estar sentada… no lo estuve, la revelación me llegó cuando estaba dándome una ducha y la epifanía me golpeó lo suficiente como para dejarme resbalar en los fríos azulejos de la regadera y abrazar mis rodillas mientras la primera ola de lágrimas se mezcló con el olor de aroma de mi shampoo.

Nunca me he considerado una persona sentimental, de hecho el drama lo reservaba para mis libros y películas, pero ahora parecía que la situación se mofaba de mi al permanecer por horas bajo la regadera sollozante, internamente desee no estar sola, desee que alguien estuviese ahí para decirme que estaba confundiendo las cosas, que estaba equivocada, o como mínimo abrazarme… la revelación no podía ser más cruel de lo que ya era.

Que irónico resultaba todo, que la persona a la que dices detestar sea aquella que se roba tus lágrimas es de lo más patético, me la había pasado largos minutos negándolo, repudiándolo, mofándome de lo que creía ser cierto… pero entonces, ¿Por qué? ¿Por qué no dejaba de llorar?

¿Por qué si era mentira era tan consciente de cuando estaba él cerca?

¿Por qué si me estaba engañando, sus palabras crueles me lastimaban tanto?

¿Por qué si era una farsa sentía el hueco de mi pecho hacerse cada vez más grande?

¿Por qué si lo negaba no dejaba de pensar en sus ojos?

En esos ojos profundos, tan malditamente verdes; ahora veo porque era tan difícil describirlos, era casi imposible, eran tan bellos, igual que él, su sonrisa, su cabello, sus gestos, todos, aunque la lengua me sangrara por mordérmela al decirlo, todo él era bello como sus ojos…

El recuerdo de cómo terminó nuestra última discusión trajo consigo un nuevo dolor y con él, nuevas lágrimas.

Salí del baño cuando el cielo estaba completamente cubierto de un manto negro, la casa entera era una cueva oscura pero no me daba cuenta, a duras penas fui consciente de que ya tenía puesta la ropa interior, y con una lentitud absurda me encamine hacia los cajones de ropero para tomar unos viejos pants y una vieja camisa de Charlie que dejaba uno de mis hombros al descubierto, ni siquiera me molesté en secar mi cabello, podía sentir como las recientes gotas del baño aún se deslizaban y caían mojando la playera y parte del suelo.

Baje las escaleras sin encender las luces, arriesgándome a tropezar y morir de la forma más estúpida, pero al parecer el cielo estaba muy entretenido con mi sufrimiento porque no me paso nada, me dirigí a uno de los sillones de la sala y me quedé allí, sintiendo el frio de la estancia y de mi propio cuerpo, negándome nuevamente a creer algo que ya no tenía remedio, ¿Pero cómo pude ser tan estúpida? ¿Cómo no me di cuenta antes?

No quería verlo, no quería saber nada de él, sería un suicidio, los sollozos se intensificaron al imaginar su reacción si se llegase a enterar de lo que hasta ahora me daba cuenta. Él se reiría, claro que sí, se reiría y utilizaría aquel nuevo conocimiento para hacerme la vida más miserable de lo que podía antes de ello.

Casi podía imaginar su sonrisa burlona, esa mueca torcida y esos ojos brillantes que me intimidaban hasta la medula con una dosis exacta de desprecio. Podía ver su cuerpo contorsionarse de la risa floja que soltaría y las palabras más hirientes de su repertorio:

"Sí que sueñas alto Isa-Fea-diría el riéndose-¿Cómo puedes siquiera imaginar algo tan absurdo? Jamás me fijaría en alguien tan insípida como tú."

Para ese momento mi respiración era entrecortada y el hueco de mi pecho era un verdadero Gran Cañón, no quería ir al instituto jamás, no quería escuchar eso porque sabía que no lo soportaría, ¿Cómo llegué a esto?

De la nada un ruido melodioso me sobresaltó de mi suplicio, tarde un poco en entender que era el timbre de la casa, ni siquiera tuve la curiosidad de imaginar quien sería, inclusive estuve tentada a hacerle creer que no había nadie, después de todo la casa permanecía en oscuras, pero el insistente sonidito amenazaba con dejarme una jaqueca, así que sin ánimos de nada me dirigí a la puerta.

No mire por la mirilla, solo tome una bocanada de aire mientras limpiaba los restos húmedos en mi rostro y abría la puerta…

Del otro lado, me esperaban preocupados y afligidos un par de gemas verdes, tan cálidas que por un instante me sentí reconfortada, abrazada…

-Bella…-susurró con un tono dolido, como si creyera que mi estado era su culpa.

Pero a pesar de sentir su calor y su apoyo… no eran ese par de ojos verdes los que yo quería ver.

-Tenías razón Alice- murmuré quedito rogando por no volver a derrumbarme aunque podía sentir mis ojos aguarse nuevamente- No tenía que pensar tanto.

Mi mejor amiga me miró con dolor, mientras me abrazaba en el rellano de la puerta, me fundí en su abrazo sintiendo que la presión en mi pecho disminuía casi nada porque aunque lo negara, aunque me odiara por eso… no eran sus brazos los que querían que me consolaran.

No en ese momento.


¿Que tal chicas? ¿Les ha gustado? Espero que sí porque se viene lo mejor, espero que puedan dejarme sus reviews no saben como me animan. Mando muchos saludos, abrazos de Panda.

Bellz se retira a dormir escondida en las hojas del bosque, con su espada de madera en mano.