1,355 palabras sin tomar en cuenta las notas de aquí, la estrofa siguiente y el título.
Quisiera acercarme a ti, pero me frena una razón
oculta en lo más profundo de mi ser.
Quisiera devolver el tiempo a mi favor,
y no dejar que nada se interponga entre tú y yo.
Sálvame, despiértame otra vez, temo cerrar los ojos
sin saber si vas a estar conmigo al amanecer.
Salvatore Casandro & Paola Vargas
Refugio
Callar es lo mejor.
Además, en esos momentos, la parte del cerebro de Hermione Granger encargada de formar vocablos se quedó inmóvil e inservible, por lo que no soltar palabra alguna era una tarea relativamente fácil, al contrario que le está resultando ser la marea de emociones y pensamientos dentro de ella.
La joven deslizó dedos trémulos por su rostro, en lo profundo de su mente asombrándose de siempre sentir la humedad en sus mejillas cada vez que tocaba su rostro.
«Un boggart es...es un... trans...formación... miedo... falso...bogg... cuyo fin... es...»
Sacudiendo la cabeza y volviendo a secarse el rostro con sus empapados dedos, la joven de apellido Granger respiró profundamente, intentando recordar las palabras de quien aquel entonces fue su profesor de Defensas Contra las Artes Oscuras.
Hermione inconscientemente relacionaba la materia con un muchacho de quince años pasándose la mano por el cabello negro y negándose cien mil veces a tomar el puesto de tutor, a pesar de que al final el muchacho aceptó y cumplió más que satisfactoriamente su papel.
«Profundos temores, no son reales»
Los dientes se clavaron con fuerza en el labio inferior, mientras la respiración se volvía más profunda y la vista se le nublaba. Hermione tardó algunos minutos más en comprender que por más que secara sus ojos, aquellas lágrimas no desaparecerían, por lo que abandonó el intento de pasar por quien-sabe-cuánta-vez sus manos por el rostro.
También es mejor dejar de luchar contra lo inevitable.
Hermione pasó las manos por el cabello, en un intento de sacar de su mente aquella horrible imagen al tiempo que deseaba que aquel gesto sacase la angustia clavada en lo profundo de su alma.
Pero todo lo que consiguió fue que las fuerzas físicas la abandonaran.
Con las piernas tan consistentes como si estuviesen hechas de gelatina, el cuerpo de Hermione se tambaleó. Sin recordar si tenía apoyo y sin fuerzas para mantenerse, la gravedad hizo su trabajo con ella.
Dejarse caer al vacío provoca una sensación de libertad, aunque el final de la caída es muy doloroso.
Hermione no pensó en esto último, de hecho, sus pensamientos solamente rebobinaban a aquel boggart, apenas murmurando sin voz que no era real.
Pero el dolor sí es real.
Entre cortas bocanadas de aire, y contra toda lógica física, Hermione apenas sintió que ni sus pies ni ninguna parte de su cuerpo tocaban la tierra, sino que sus brazos se encontraban aprisionados entre otros, su pecho comprimiéndose contra otro, siendo éste otro quien la sostenía.
No la iba a dejar caer. Ni física ni emocionalmente.
Hermione atinó a rodear con sus brazos aquel cuerpo delgado que en esos momentos se encorvaba para luego deslizarse suavemente hasta el suelo. El cuerpo de Hermione, incluyendo la punta de sus pies envuelta en las sandalias, no alcanzaba a palpar el piso, y extrañamente ella nunca antes había sentido que estaba pisando tierra firme.
La joven ahogó en la camisa de Harry sus sollozos, angustias y miedos, dejando escapar en sus lágrimas y temblores todas esas emociones que la volvían más vulnerable; Hermione se permitía estar así delante de él. Y Harry sabía que él es el único a quien Hermione se permite mostrarse en este estado.
Poco a poco una calidez iba extendiéndose por el cuerpo de la muchacha, quien tardó esta vez milésimas de segundo en comprender que Harry frotaba sus manos contra los brazos de ella, para que el frío del ambiente no calara en sus huesos. Hermione seguía sin recuperar el ritmo normal de su respiración aunque los espasmos de su cuerpo cedían lentamente.
Negándose a cerrar los ojos por si acaso al volver a abrirlos se encontraba sola, Hermione se removía entre los brazos del unigénito Potter, como si deseara fusionarse físicamente con él, y más aún se negó a dejar de verlo al sentir los labios de Harry sobre los de ella, llegando a saborear en los mismos sus propias lágrimas saladas, dejando al descubierto una realidad tan inmensa que inconscientemente se preguntaron cómo pudieron transcurrir tantos años sin en la ignorancia.
Sólo existía una forma en que sus espíritus se comunicaban.
Hermione dejó que Harry le arrebatara sus miedos y dejara en su alma parte de él mismo, la preocupación de él, deseando calmarla en cada roce de sus pieles y en cada encuentro de sus labios.
Los dedos de Harry, ágiles al deslizarse alrededor de una snitch dorada, pasaron de sus brazos a su cuello y de ahí a la nuca llena de rizos castaños, para realizar movimientos circulares, provocando que la rigidez de su columna vertebral (que hasta esos momentos Hermione se había percatado que poseía) fuese cediendo para recostarse en el otro brazo que le rodeaba la espalda.
Entre pausas Hermione arrimaba su frente a la de Harry, observando su barbilla, notando un ligero corte producto del afeitado de la mañana, apenas teniendo tiempo de decir unos monosílabos que querían preguntar si acaso todo eso era real cuando Harry volvía a repetir sus acciones, reclamando más los labios de ella, descubriendo y haciéndola descubrir que se estremecía más cuando rozaban las puntas de sus narices, sin importarles que los lentes de él se resbalasen, de hecho, llegaron al silencioso acuerdo de las manos de ella deslizándose por el rostro de Harry para acomodárselos.
Deslizando el pulgar por el rostro de ella, la joven lo vio sonreír al comprobar que no existían lágrimas por secar, pero aún así volvió a besarla por algunos minutos más, declarando tácitamente que no es una técnica potteriana besar a chicas llorosas.
Harry sonrió con más ganas en los labios de Hermione, recordando que hasta ese momento él creyó que sus besos provocaban llanto a las féminas aunque como todo inexperto de la vida, Harry tomó de referencia a una persona. Hermione, nuevamente su Hermione, le demostraba con pruebas que, con la persona correcta (única e inigualable), sus labios provocaban justamente lo contrario. Si ella se lo demostraba, Harry no era quien para querer refutarle.
Hermione entendió esto, y lejos de aterrorizarla por la sincronía de sus pensamientos, volvió a sentirse en paz, como si al final encontrase el sitio que con tantas ansias había buscado, a pesar de que ese sitio haya estado siempre a su alcance, detrás de unas barreras que al final resultaron frágiles.
La imagen de ella diciéndose a sí misma que Harry no la necesitaba en lo absoluto iba desintegrándose quedando en un recuerdo minúsculo y borroso, cada vez más lejano e ilusorio al punto de preguntarse si alguna vez sucedió mientras que al mismo tiempo Harry quiere impregnar más en ella sus besos, haciéndola cada vez más consciente de que lo que está sucediendo es real, duradero y sin final establecido.
Harry acomodó los brazos de ella y empezó a mecerla entre sus brazos, de cuando en cuando posando los labios en la sien, en el rostro, en la frente, en los ojos, en los labios, en la barbilla... provocándole con cada uno de sus besos sopor producto de la presión mental de instantes anteriores y el consecutivo estado de relajación al cual él la llevó. Aunque Hermione se negaba a deslizarse en el mundo de Morfeo, no por miedo a despertar ante una ilusión, sino con las ganas de no desaprovechar un instante más.
No obstante, entre los dos, más necio y obstinado siempre ha resultado ser Harry, exponiendo que la eternidad es el límite en el tiempo para ambos. Por lo que la joven comenzó a dejarse llevar, arrimando su cabeza en el pecho, sintiendo aún esporádicos besos en la coronilla y los dedos moverse circularmente en la nuca, escuchando también el acelerado latir debajo de la camisa negra de Harry lo que terminó de obrar maravillas al encaminarla a dormitar.
Hermione sintió que los brazos de Harry aflojaban ligeramente la presión que ejercían sobre ella, denotando que la preocupación del joven también cedía.
Después de todo, él estaba para sostenerla. Y no fueron necesarias las palabras para asegurarle que siempre estará allí, tanto como ella está para él, siempre e incondicionalmente.
Como bien aprendió en esa ocasión, es mejor dejar de luchar contra lo inevitable.
Fin del proyecto.
Desafío impuesto por janepotter para LPDF. Gracias por la idea n.n
