Nota de la autora: Hola a todos, aquí les dejo el siguiente capi, me ha costado tantito porque he querido dejarlo perfecto, pero aquí ya está. Espero les guste me entra mucha emoción, está algo largo pero les aseguro que se llevarán una que otra sorpresita. Les mando muchos saludos y espero que me compensen con Reviews. ¡Kisses!
Disclaimer: Los personajes no son mios, son de la mente brillante de Meyer, yo solo me divierto y tengo charlas ficticias con ellos... ¡Oye Alice deja mi ropa!
EL COLOR DE TUS OJOS
"El lenguaje del amor está en los ojos"
Capítulo 3: Corazón expuesto
BELLA POV
Jodidamente odiaba llorar, y ustedes me dirían que dejara de hacerlo, pero era condenadamente difícil. Podía sentir como los bracitos de Alice me apretaban intentando transmitir su apoyo, pero no era suficiente y lo peor es que me sentía como una tonta, si ya de por si todo parecía una novela barata seguir llorando era la gota que colmaba el vaso.
-Amiga, no me gusta verte así, sabía que la noticia te caería como bomba pero no imagine qué a este punto-me consolaba Alice mientras frotaba mi espalda.
-Ya somos dos, creo que cuando me di cuenta deje de respirar varios minutos-susurré patéticamente mientras hipeaba.
Ambas deshicimos el abrazo y solo así me di cuenta de que atrás de ella no estaba ninguno de los chicos, había esperado casi de inmediato la insistente camada de preguntas de Rose, Emmett y Jazz, pero al parecer ninguno de ellos la había acompañado porque en la desolada calle, a un lado de mi vieja camioneta, solo resplandecía el lujoso Porche que le habían regalado sus padres hacía dos años.
-Vine sola, imagine que no querías que nadie te viera triste… y al parecer no me equivoque.
-Tienes razón. Lo siento Allie, te tengo aquí parada en el rellano de la puerta, ¿No quieres pasar?-Pregunté con desgana.
Aunque su presencia era reconfortante, mi parte masoquista me pedía más tiempo a solas, más tiempo para digerir, más tiempo para mentirme a mi misma de que todo era una jugarreta de mi mente y al sacudir un poco la cabeza todo desaparecería
Mi mejor amiga entrecerró los ojos viéndome fijamente, poco tarde en darme cuenta que no me miraba a mí, sino a mis espaldas, giré sobre mi misma y vi la vieja escalera que se alzaba hacia el segundo piso y a una oscuridad abrumadora de la que apenas ahora era consciente.
¿Había yo bajado eso sin hacerme daño?
De seguro a Alice le preocupó la excesiva oscuridad así como a mí me empezaba a inquietar, de verdad parecía una cueva tenebrosa, maldición, pude haberme lastimado. No debería dejar que mi nueva revelación me hiciera actuar como una estúpida. El recuerdo volvió a mandar escalofríos a mi pecho. ¡Rayos!
Sin darme cuenta, la presencia de Alice había controlado algo de mi congoja, si era cierto que el alivio era casi nada, si lo suficiente para sacarme del sopor en el que estaba, pero ahora…
-¿Cómo te diste cuenta?-le pregunté con verdadera curiosidad mientras mordía mi lengua para no seguir sollozando- ¿Cómo fue que te percataste de lo que siento? ¿Por qué no me di cuenta yo primero?
-No era tan difícil Bella, lo supe casi desde el principio, ustedes tienen una forma muy retorcida de expresarse, es como si tuviesen miedo de decirse las cosas sinceramente.
Intente omitir el "ustedes" ya que no me gustaba como se escuchaba. Como si compartiéramos algo que obviamente no existía. Al menos no para los dos.
-Dime que es mentira Alice, dime que lo que creo sentir es solo un truco de mi cabeza, que realmente estoy confundiendo las cosas-suplique mientras tomaba sus manos en busca de apoyo.
Pero no espere que las soltara.
-No es así Bella-Su mirada seria me hizo estremecer- Y quiero decirte que nada ganas con negarlo, solo prolongaras tu dolor, lo mejor que puedes hacer es aceptarlo, y posiblemente cuando te sientas mejor, puedes hablar con Ed…
-¡No! ¡Eso nunca Alice!-Grité ante el miedo que me produjo la sola idea de considerar esa posibilidad.
¿Bromeaba?
¿Cómo podía pensar que fuese a decirle algo de tal magnitud a él? A menos que mi amiga desease convertirme en el entretenimiento de por vida de su hermano no podía hablar en serio.
-Bella, cariño, no es tan malo…
-Tienes razón-le interrumpí-no es malo, es terrible.
-Lo dices como si fuese un castigo Bella, y no lo es, todo saldrá bien, puedo verlo.
Quería creerle, de verdad quería aferrarme a su convicción pero no podía y Alice se percató de ello fácilmente.
-Mi hermano puede parecer algo inmaduro… incluso un poquito cruel, pero la realidad es totalmente distinta, la forma en que se comporta contigo no la tiene con nadie más…
-Si estas intentando animarme quiero decirte que lo haces pésimo-susurré mientras volvía a sentir el hueco tamaño gran cañón en mi pecho.
Maldita sea, yo sabía que conmigo se portaba peor que con nadie, pero la pregunta era "¿Por qué?"
-No me estas entendiendo, cuando digo que Edward no se comporta contigo como con los demás no lo digo de forma obtusa, es retorcido y un poco extraño, pero Edward nunca ha sido muy bueno demostrando sus sentimientos, ¡Se sonroja y murmura maldiciones cuando Esme le da un beso por todos los cielos!
Era obvio para donde estaba hilando las conclusiones, pero no podía estar más alejada, Alice estaba insinuando que Edward se comportaba así conmigo porque en realidad… no, era estúpido incluso pensarlo, me sentía como una mosca aplastada en el cristal de un tráiler.
-Ya no quiero escuchar mas Alice, se a donde quieres llegar y no podrías estar más equivocada- dije con desgana.
Podía sentir el nudo en la garganta, lo podía sentir subiendo en señal de que volvería a llorar y quiera estar sola para cuando llegara.
Mi mejor amiga me vio con pena, de seguro ella pensaba que yo estaba en un error, pero la realidad era que la que estaba totalmente equivocada era ella. Por el amor del osito Bimbo, era su hermano, ella debía saber de antemano lo que sucedería si se diera cuenta que yo estaba…
Cerré los ojos con fuerza. Desde que había descubierto lo que me tenía como zombi había intentado evitar esa palabra, tanto en mi mente como en mis labios, no estaba lista, y mucho temía que jamás lo estaría.
-Creo… que quizá debería irme Bella-susurró Alice sin dejar de mirar la oscuridad de las escaleras con preocupación y algo de sospecha. Tenía miedo de dejarme sola.
-Estaré bien Allie-le dije intentando sonar segura aunque mi nariz roja estilo Rodolfo de seguro no la convencería, pero realmente necesitaba más tiempo sola-Mañana iré al instituto y estaré bien, no te preocupes.
Definitivamente para mañana tenía que estar mejor, tarde o temprano me toparía con él, y si la suerte no estaba de mi parte y tenía que ser antes no dejaría que viera así, de mi corría el hecho de que jamás sabría nada.
-Bella, en serio, piensa lo que te he dicho.
-No hay nada que pensar-repetí seria-por favor Alice, eres mi mejor amiga, esto que sabes no debes decirlo nunca a nadie, por favor.
Mi duendecillo me miró no muy convencida de lo que le estaba pidiendo, sin embargo dejó escapar un audible suspiro, que mas pareció un bufido de resignación y me volvió a abrazar.
-No creo que estés haciendo lo correcto, pero si es lo que deseas, nada saldrá de mis labios, aunque me roben mi costosa y preciosa bolsa Dior.
Sonreí levemente. Nunca dejaría de ser Alice.
-Gracias amiga.
-Me tengo que ir, Esme debe estar preguntándose porque tardo tanto, hoy preguntó por ti.
Esme Cullen era una mujer excepcionalmente hermosa, a menudo solíamos platicar y me sentía tan cómoda, como si fuésemos la misma persona, aunque claro esta ella era más bella, elegante y sofisticada, pero para que negarlo, esperaba que al crecer me pareciera un poco a la madre de Alice, no es que la mía fuese mala, pero Esme tenía ese encanto maternal del que Renee carecía con sus locuras.
-Mándale mis saludos- Le pedí sabiendo con pena que no iría a su casa por un buen tiempo.
Alice se percató del énfasis en mis palabras y negó con la cabeza.
-Sigo pensando que estas cometiendo un error, pero por ahora no diré nada.
-No está en tu naturaleza quedarte al margen de los problemas-dije con una pequeña sonrisa- pero has prometido no hacer nada.
Alice me enseñó su dentadura y me guiñó pícaramente.
-Sin embargo, no esperes que todos piensen así.
Entrecerré mis ojos sin saber bien a qué se refería, pero antes de que pudiera decir algo, ella se encaminó hacia su auto.
-Por cierto, sube a secarte ese cabello, te va a dar un resfriado si sigues así -me riñó suavemente al ver mi cabellera bastante húmeda, el hecho de no haberla secado después de ducharme se reflejaba en la enorme playera.
-Ya voy mamá-le respondí con sarcasmo.
-Te quiero Bella, ya verás que las cosas se solucionarán-me dijo nuevamente con ese tono misterioso que usaba pasa asegurar algunas cosas.
Subió a su Porche con una agilidad sorprendente y se escuchó el motor deportivo del auto, se despidió alzándome la mano antes de desaparecer por la empeñada que se alzaba al final de la calle.
Silencio, soledad, oscuridad.
Pude sentir todo eso al perder de vista las luces traseras del coche amarillo que se ocultó tras la calle, la sensación de vacío volvió con más fuerza y repentinamente, no me había percatado de hasta qué punto la presencia de Alice había menguado el dolor, giré sobre mis talones para ver la oscuridad de la estancia. Había frio.
Me estremecí, pero la idea de encender las luces me entusiasmaba tanto como el instituto en ese momento, la tristeza se estaba empezando a mezclar con algo nuevo pero más digerible: Frustración.
Y siendo sincera era mejor lidiar con la frustración que con la tristeza, por muy cobarde que eso se escuchara.
Es que no podía creer que esto me estaba pasando a mí, la jodida historia empezó hasta con un toque de humor y ahora parecía un drama tipo "Lo que el viento se llevó" Al menos Scarlett O´Hara tuvo su lado fuerte cuando decidió quedarse y luchar por Tara, pero yo me sentía exactamente cuando se la pasaba llorando por Ashley.
Maldito Cullen por despertar esto, maldita yo por permitírmelo y malditas lágrimas que hacían escocer mis ojos ¿Es que no se podían tomar un jodido descanso? Quería evitar llorar, y además, todavía estaba el hecho de seguir convenciéndome de que mi problema era una invención de mi mente, quizá si me lo repetía muchas veces lograra aceptar que este sentimiento era una verdadera mentira.
¿Qué diantres estaba diciendo? De ser así tardaría meses y yo tenía que ir a la escuela mañana, Joder. Me debatía entre seguir llorando o estrellarme contra la pared, quizá si me golpeaba lo suficiente me daría amnesia, y así… ¡Basta Bella!
Suspire.
Por ahora me entretendría lo más posible secando mi cabello, verdaderamente estaba muy húmedo, algunas gotitas se acumulaban en las puntas al igual que las lagrimas lo hacían en mis pestañas para ir a dar al suelo, sorbí un poco la nariz, diablos, debía verme horrible, era una suerte que los chicos no hubiesen venido, de ser así, me hubiesen sonsacado hasta que les dijera la verdad.
Con la misma lentitud que cuando baje las escaleras, tome mi cuidado para volver a subirlas, la idea de encender la luz volvió a cruzar por mi mente pero la deseche, la luz era sinónimo de alegría, y lo que menos sentía ahora era eso, estaba en camino al desecho de personas fracasadas de la vida, un futuro así se pintaba deplorablemente gris. No merecía la luz.
-Jodidamente me escuche como una Emo-susurré para mí misma-Y ahora hablo sola, la cereza del pastel será que alguien entre a la casa y me asesine, bueno, si eso ocurre me evito la tortura de ir al instituto.
Justo cuando dije eso llegué a la cima de las escaleras y de verdad estuve a punto de morir, si de por si mi patosidad era enorme, el ahora repentino charco de agua que se colaba en la cima de las escaleras no ayudó mucho y tuve que sostenerme del barandal para no romper mi cráneo contra el suelo.
-Pero qué diablos…- ¿De dónde había salido esa agua?
Miré la ventana más cercana a las escaleras pero esta permanecía cerrada, desde ella se podían apreciar las nubes negras que presagiaban lluvia pero del cielo aun no caían gotas, en ese momento solo los arboles tendrían las hojas húmedas del rocío diario de Forks, sin embargo la ventisca no era tan grande como para que los troncos se mecieran de tal forma que el agua llegase hasta la casa, y menos con la ventana cerrada… a menos que…
Por pura curiosidad mire el pasillo que conducía a mi habitación, estaba oscuro, pero podía ver claramente que la puerta de mi recamara estaba ligeramente entreabierta, ¿La había dejado así?
No podía recordarlo.
Increíblemente y a pesar de que era un poco raro, no sentía miedo, quizá tantas lagrimas derramadas, y las aun por derramar me impedían sentir otra cosa que no fuese tristeza, así que evitando pensar en un ladrón camine despacio hacia mi recamara, posiblemente ustedes pensaran que estoy loca y que la mejor idea era correr en dirección contraria, pero no veía la necesidad.
Estaba deprimida. ¿Recuerdan?
Así que camine sin detenerme topándome con un caminito de gotas que conducían hacia mi habitación. Definitivamente no podía ser una coincidencia.
Parecía como si me estuviesen conduciendo a algún lado y al llegar a la puerta de mi cuarto no dude ni un segundo en abrirla completamente.
El interior de este parecía estar exactamente igual a como lo deje, sin embargo, las cortinas de mi ventana ondeaban en dirección a donde el viento indicaba ya que esta se encontraba abierta de par en par.
Ese pequeño detalle debió suponer una nota de estremecimiento en mi cuerpo, ya que si bien esa ventana nunca permanecía con seguro, siempre estaba cerrada, y cuando digo siempre es SIEMPRE, pero vuelvo a repetirles, no tenía miedo, es más, ni siquiera le puse la debida atención a la dichosa ventana.
Quizá porque mi estado era como una lobotomía orgánica que dejaba fuera todo rastro de emoción que no fuera sentirme miserable, quizá porque en Forks carecíamos de ladrones y era estadísticamente improbable que uno se hubiese metido a la casa… o tal vez, porque mi atención estaba puesta únicamente en el caminito de agua que continuaba todavía dentro de la habitación.
Hasta ese momento me percate de que mi dormitorio no estaba tan exactamente igual como yo pensaba; me acerque poco a poco a mi cama, en donde el pequeño sendero de gotas terminaba justo a sus pies, el colchón aun conservaba sus sabanas purpuras que tanto me gustaban, pero justo en medio había algo que antes no estaba:
Sobre la cama, como si fuese su nube particular, había una pequeña ovejita de peluche (en mi perfil), se veía de lejos que también había sufrido un percance con el agua porque se miraba algo mojada… vale más bien muy mojada, pero poco me importo ese detalle, era una criaturita de lo más encantadora, con su cabeza ladeada como si me estuviera observando fijamente, tenía un coqueto moño azul alrededor de su cuello y de una de sus orejitas bailaba una nota.
Estaba más que sorprendida, sabía que ese muñeco no estaba ahí hace unos minutos, no había forma de que fuese mío, y aún así parecía tan sereno como si perteneciera a ese lugar desde siempre, llevada por la curiosidad me acerque hasta él y lo tome en mis manos, sinceramente era una cosita preciosa, nunca me incline bastante por los peluches, pero era casi una grosería hacerle una mueca a esa ovejita, era tremendamente linda y se sentía tan suave a pesar de que verdaderamente estaba empapada, ese detalle me enterneció sin saber por qué.
Recordé que de una de sus orejas colgaba una nota de color rojo, la tome y la abrí esperando hallar alguna pista que me dijera como había llegado, pero dentro del papel, solo habían dos palabras escritas con una elegante caligrafía:
-Lo siento.
Me tense al escuchar en voz alta lo que decía la nota, el sonido fue ronco y amortiguado, pude percibir incluso algo de vergüenza en el tono, pero eso era lo de menos, esa voz… era… ¡Dios! Sentía que el corazón se me iba a salir del pecho, ni siquiera me cuestione como había llegado hasta mi habitación, ni como hizo para mojar mi casa sin que me diese cuenta, tampoco pensé mucho si esa era la razón por la que Alice había mirado tan insistentemente la oscuridad, todo lo que podía pensar era que estaba allí, en la misma habitación que yo.
Con las manos temblando y la respiración entrecortada me di la vuelta con una paciencia absurda, tan distraída había estado con el muñeco que no me había percatado en que había otra presencia en la habitación, una presencia que había estado como espectadora desde que entre al cuarto en el rincón más profundo de mi alcoba, la misma presencia que había entrado por la ventana y dejado el peluche en la cama… la misma que ahora se encontraba frente a mí y me observaba fijamente con unos ojos de un color muy familiar.
¡Me lleva el ca….!
EDWARD POV
Agarra aire Edward. No puede ser tan difícil. ¿Recuerdas la vez que escapaste de la oficina del director con solo un popote, dos clips y una sonrisa a la Sra. Cope? ¿Qué puede ser más difícil que ese escape digno de Hollywood? ¡Nada! ¡Jodidamente Edward Cullen no le tiene miedo a nada!
Mi consciencia me estaba dando todo el apoyo moral que necesitaba justo en ese momento pero yo tenía mis dudas, siempre fue fácil decir que no le tenía miedo a nada, porque la realidad era esa.
Es decir… ¿Qué diantres podía temer cuando lo tenía todo?
Sabía que aun comportándome como un bastardo, mi familia jamás dejaría de quererme, creo que si investigara el árbol genealógico de Carlisle y Esme descubriría que son descendientes directos de Jesucristo, mi pequeña duende malévola siempre ha estado conmigo inclusive cubriendo mis metidas de pata y tenia los mejores amigos que pudiese encontrar en milenios.
Aun con mis jodidas costumbres era un excelente estudiante, era sano, rico, atlético, increíblemente guapo y todas las chicas que quisiera con las piernas abiertas solo preguntándome en que ángulo las quería.
No me hacía falta nada. ¡Nada!
O eso creía.
Ahora no estaba tan seguro, no sabía que quería exactamente, y estar escondido en el cuarto de Bella como un maldito prófugo no me hacía esclarecer mucho las ideas.
¿Cómo llegué aquí? Bueno, es una cosa muy chistosa. Déjenme que les cuente.
-Flashback-
Después que Esme me explicara de una forma muy particular mis verdaderos sentimientos por Bella (Sí, así de marica como se lee), bueno, después de eso me quede con un completo imbécil intentando reaccionar.
Nunca he sido de las personas que cuestionan demasiado las cosas, pero ahora es que razono lo pendejo que fui por no haberme dado cuenta de lo que sentía, aunque denme algo de crédito… ¿Cómo podía imaginar que estaba enamorado de ella si no hacía más que tratarla con la punta del zapato?
No sería la primera vez que hago las cosas de forma poco convencional, sin embargo, mi verdadera preocupación era si ella estaba en las mismas que yo, o de verdad pensaba de mí la peor de las opiniones.
Me dieron ganas de vomitar.
Pensándolo bien no sé ni cómo llegué a colarme por su ventana, solo sé que salí de mi casa en el volvo para dar una vuelta, quería respirar aire fresco y procesar la información, pero mientras recorría las calles de Forks reparé en una tienda de regalos.
Todo lo que recuerdo es que en un segundo estaba dentro de mi carro y al siguiente estaba perdido en un mar de listones, tarjetas, globos y peluches de maricones colores con un enorme signo de interrogación sobre mi maldita cabeza. Ahí reaccioné.
¿Qué diablos me pasaba?
Juro por E.T que me sentí como un puto-jodido-enamorado-adolescente de mierda buscándole un regalo a la chica que lo traía de cabeza.
Creo que eso es exactamente lo que eres imbécil
¡Como sea! ¿Pueden intentar comprenderme? No soy un experto en ser delicado con las mujeres, hasta hace poco lo único que quería de ellas era meterme bajo sus faldas y ahora sentía que quería otra cosa que ni yo mismo sabía que era… ¿Por qué ustedes las mujeres tienen que ser tan complicadas? ¿Y porque me hacen la vida más complicada a mi también?
El punto es que ni siquiera sabía la razón para estar parado frente a esas estupideces que tanto gustan a las chicas, hasta me puse como una virgen ruborizada cuando dos señoras pasaron a mi lado murmurando lo tierno que me veía escogiendo un regalo para mi posible novia.
¿Tierno yo? ¡Tenían que estar de broma esas viejas frígidas sin vida!
Después de esa vergüenza a mi ego me había dado media vuelta para pitar de ahí como un perfecto cobarde… cuando lo vi.
Si, ya sé que dije que los peluches eran ridículos y maricones y no me retracto de mis palabras, pero en uno de los estantes había un muñequito que para ser ridículo y maricón llamaba mucho mi atención, tenía la forma de una oveja, una oveja muy mona si tenía que admitirlo en voz alta bajo tortura extrema, pero lo más curioso de todo es que cuando lo sostuve entre mis manos el rostro de ella, junto con sus impresionantes ojos color chocolate se coló en mi mente.
Bella
Las tripas se me revolvieron.
¿Así se sentía el amor? ¿Cómo si tuviese indigestión? Porque definitivamente mariposas no eran. Las ganas de vomitar se hicieron más intensas y las manos me sudaron como un cerdo. Maldición.
Todo se veía tan diferente ahora que lo sabía y lo intentaba asimilar, aunque muy en el fondo sabia que ya estaba más que asimilado, de hecho lo repetía como un desquiciado a mi subconsciente para ver si este se dignaba a decirme porque se lo tenía tan guardadito, sin embargo, el verdadero reto sería decirlo en voz alta, eso sí que sería un logro.
Como sea, al salir de la tienda el pequeño peluche venia conmigo, me quedé en la acera un momento pensando mientras miraba fijamente a la criatura. ¿Por qué lo había comprado? ¿Ahora que iba a hacer con él?
La respuesta me llegó tan aprisa que tuve que sostenerme de la pared.
Yo… lo había comprado para ella.
Quizá para ustedes no es la gran cosa, pero yo NUNCA había comprado un regalo para una chica que no fuese Alice o Esme, ni siquiera a Rosalie le había regalado algo adecuado en su cumpleaños que no fuesen bromas de juguete o consoladores que terminaban golpeándome en la cabeza.
Era la primera vez que compraba un obsequio… a una chica, y no era cualquier chica… era Bella.
Sentí otro vuelco en el estomago.
Bueno, ¿Y ahora qué?
¿Ir a su casa, tocar la puerta y extenderle el peluche con una sonrisa bobalicona?
Lo más probable es que terminara con la pobre oveja destrozada de vuelta en mis manos.
¡Rayos!
Me sentía tonto, vulnerable y dispuesto a recibir una paliza en cualquier momento, no me sentía yo mismo, era como si después de saber todo lo que sentía por ella algún peso se me hubiese quitado de encima y desease hacer algo… ¿Pero qué? ¿Qué era lo que quería?
Miré mi preciado volvo, siempre que me sentía confundido o frustrado solo tenía que subirme y acelerar para relajarme con la velocidad, pero en ese momento no tenía ganas de ello, así que metí las llaves en mi bolsillo y comencé a caminar con el peluche todavía en las manos.
Caminé quizá por horas, pero como si el destino quisiera darme una patada en el trasero, terminé mi paseo justamente frente a su casa. Tragué en seco.
Todo se veía oscuro y por un momento pensé que no había nadie, miré otra vez la oveja que descansaba en mi mano y sin pensarlo mucho me acerqué.
¿Esto era lo que quería? ¿Venir a su casa? ¿Hablar con ella?
Jodida conciencia, sería bueno que me ayudaras en este momento.
Cuando estuve cerca de la puerta escuché unos pasos que bajaban la escalera, con miedo a que me descubrieran busqué un escondite y di con el enorme abeto que se levantaba en el jardín del Jefe Swan.
No lo pensé mucho, metí al peluche en mi sudadera y subí la cremallera para que no se fuese a caer, no podía imaginar las molestias que me tomaba para con la criaturita, pero sentía que no debía dejar que le pasase nada.
Me dirigí al enorme árbol y sin mucho esfuerzo me trepé en el cómo lo hacía cuando era niño hasta llegar a una de las ramas que podían cubrirse fácilmente con las hojas, el saldo de ese truquito espía me costó mi carísima sudadera, de hecho me costó todo mi jodido cuerpo.
¿Cómo iba a imaginar que al treparme como un puto tarzan quedaría empapado por culpa de las ramas?
Tenía los converse empapados, el pantalón se me pegaba a la piel provocándome frio y el cabello me goteaba… Joder ¡Ni con acondicionador podría componerlo!
Perfecto. Hacía poco estaba en la comodidad de mi carro y ahora estaba encima de un estúpido árbol.
Me mantuve ahí unos minutos pensando en lo que debía hacer, pero la idea no llegaba, quizás Esme tenía razón y pensaba demasiado.
Al final decidí que lo mejor era irme, si me mantenía ahí como un estúpido lo único que conseguiría sería un resfriado por la ropa que ahora estaba helada.
Volví a observar el muñeco que había comprado en la tienda de regalos y me dio lastima. Se veía peor que yo, y eso que lo metí bajo mi ropa para que no se estropeara, estaba realmente mojado y ahora sus orejitas caían graciosamente por el peso del agua.
-Lo siento hermano, lo mejor será que te devuelva. No sé que estaba pensando.
Ahí caí en cuenta de que… ¡Estaba hablando con un jodido peluche!
Maldije mientras sostenía mi cabeza.
Resoplé y cuando ya estaba a punto de inclinarme para sostenerme de una rama y bajar, vi un manchón amarillo bajando de la colina a toda velocidad.
Alice.
-¡Me lleva el carajo!
Ella me vería, no pregunten cómo, pero lo haría, desde siempre había tenido su forma de encontrarme por mucho que me escondiera, llámenle cosa de gemelos o esas pendejadas, pero lo haría, lo haría y jamás terminaría de preguntarme qué hacia trepado en el árbol de la casa de Bella.
Sin mencionar que iba acompañado de una sospechosa y encantadora oveja de peluche. El cuadro era de lo más patético.
Sudor frio bajo por mi espina dorsal. Era hombre muerto.
Ya era muy tarde para bajar, el carro estaba cerca de la calle y me vería por lo que mi única salida… era arriba.
Con una velocidad sobrehumana seguí subiendo las ramas hasta llegar cerca de la copa, entonces casi grito un aleluya al ver una ventana cerca, con cuidado de no caer y matarme de la forma más absurda con un peluche como único testigo, logré hacer ceder la puertecilla y dando un salto ágil me escabullí dentro de la habitación.
Con solo aspirar el aroma supe de quien era.
Las fresas y las fresias nadaban de una forma casi asfixiante y me perdí un segundo en el pequeño mundo de la chica cuyo nombre me hacía sentir nudos en el estomago.
Era la primera vez que entraba allí y todo estaba muy bonito y ordenado, su cama tenia sabanas purpuras y habían pequeñas luces que adornaban el cabezal.
Me dirigí hacia su escritorio y encontré una nota encima de sus libros, como estaba expuesta libremente no pude evitar leer lo que decía.
"Cariño, la nevera está llena y te dejamos dinero en el frasco de la alacena, cuídate mucho, regresamos en dos días, cualquier cosa llámanos. Besos. Mamá y Papá"
¿Ella estaba sola? ¿Se había quedado sola?
No sé porque pero de repente me sentí preocupado y molesto.
Ella estaba sola, sola y tenía el descuido de dejar todas las luces apagadas y deambular como un fantasma, podía caerse, cortarse, podía rodar por las escaleras, esa tonta era extremadamente torpe y atraía toda clase de problemas.
Su ventana no tenia seguro, un ladrón pudo haberse metido, un violador, maldita sea… la lista no acababa y mi sangre la sentía como lava de solo pensar que un miserable hijo de perra se atreviera a…
El timbre sonó y entonces me di cuenta de que ya llevaba mucho tiempo ahí.
De seguro Alice entraría a la casa y en ese momento debía aprovechar para salir otra vez por la ventana, sin embargo cuando comencé a caminar hacia mi salida, el timbre volvió a sonar, y otra vez, y otra vez.
¿Por qué Bella no abría la puerta?
Podía escuchar como Alice insistía en la puerta, pero parecía que nadie se movía, yo había escuchado que alguien estaba dentro de la casa.
¿Y si algo le pasó? ¿Si esta lastimada?
Los nervios y el temor de que ella estuviese herida comenzaron a desesperarme, nunca había sentido tal preocupación. Esto de estar enamorado te pone paranoico…y te hace cometer locuras.
Locuras como salir de la habitación de Bella hacia las escaleras, -sabiendo deliberadamente- que alguien podría verme y llevarme el castigo de mi vida, además de la vergüenza de verme sorprendido por la chica en cuestión después de haberla tratado como solo un bastardo la trataría.
Pero regresando al punto, estoy loco, porque lo hice. Con sumo cuidado abrí la puerta de su alcoba y asome la cabeza por el pequeño pasillo de la casa Swan como todo un espía barato ¡Si alguien me veía podía despedirme del mundo que conocía! Pero de verdad estaba preocupado, el timbre seguía sonando como un maldito pito y no había forma de que se callara, y si ella….
Sacudí la cabeza, ella estaba bien, tenía que estarlo. Pero nada malo pasaría con estar bien seguro de ello.
"Claro, por malo no te refieres a que nos encuentren y nos hagan puré ¿Cierto?"
-¡Oh! Hola conciencia hasta que te dignas a aparecer-Susurré como un enfermo
"Cállate y sigue caminando, tu nos pusiste en esta situación a ambos y ahora por TU culpa estoy preocupado"
-¿Mi culpa? ¿No recuerdo haberte oído cuando me porte como un imbécil con ella?
"Ahí estaba iluso, pateando cada uno de tus podridos sesos pero no me escuchaste, y ahora que por fin te das cuenta espero que no lo arruines, así que mueve el trasero, nuestra chica nos necesita"
-¿Nuestra?
"Si nuestra, soy tu ¿Recuerdas?"
Torcí la boca. Esto lo confirmaba. Había perdido el juicio en menos de 24 horas.
Deje que la vocecita de mi cabeza se entretuviera con ella sola, yo tenía asuntos más importantes que atender, y dentro de mi monólogo interno había dejado de prestar atención al silencio. El timbre ya no se escuchaba. ¿Acaso Alice se había rendido?
"Imposible"
Asentí dándole la razón por primera vez a mi cerebro. La duende jamás se rendía.
Vislumbre las escaleras, fue sencillo por la enorme ventana que se levantaba frente a ella y dejaba entrar un poco de luz a la estancia, me detuve antes de tocar el barandal porque escuche murmullos. Voces.
Con total cuidado me asome y aún con la oscuridad que se apreciaba en la sala pude ver que la puerta principal estaba abierta, y en ella dos figuras. Eran Alice y Bella. Mi hermana estaba parada, de tal forma que podía verla perfectamente, miraba a Bella con una expresión de pena absoluta… ¿Acaso ella estaba mal?
No podía saberlo. Estaba de espaldas a mí y me fijé que tenía una camisa y unos pants enormes, imposible que fueran de ella. Pero además de eso no pude ver su rostro, estaba escondido ante mis ojos y eso extrañamente no me gusto para nada, al igual que la imposibilidad de oír su plática. Hablaban casi en susurros, como si lo que comentaran fuera un secreto mortal.
De repente y sin previo aviso, los ojos de Alice miraron la oscuridad donde yo me encontraba.
Giré mi cuerpo para ocultarme.
¡Joder!? ¿Se habrá dado cuenta? ¿Tenía que ser tan condenadamente perceptiva?
No escuché nada que indicara una advertencia a mi presencia, pero no quise tentar más a la suerte. Bella estaba bien. ¿Eso era lo que me preocupaba no? Misterio resuelto, hora de la retirada.
Corrí como un poseso –pero silenciosamente- a su habitación, una vez dentro me dirigí a la ventana, y ya tenía una pierna fuera ella cuando algo me detuvo.
El pequeño bulto dentro de mi sudadera pareció pesar 20 kilos y entonces recordé en quien había pensando cuando lo compre.
Contemplé la habitación. Su habitación y las ganas de vomitar se intensificaron.
"Creo que es un buen momento para que dejes el peluche"
Genial, a buena hora se dignaba a aparecer mi conciencia. Miré por todas partes pensando en el lugar adecuado para dejar la condenada ovejita, me sentía tan ridículo. No era bueno en esto de ser detallista.
¿Qué tal si no le gustaba la ovejita? Por lo que se veía en su recámara no era muy amante de los peluches, lo mejor era que me llevara a la pobre criatura de regreso a la tienda.
"Joder Edward, ya estás aquí, compraste el maldito peluche para ella y aceptaste que estas enamorado como un idiota de la chica, no seas un marica y esfuérzate"
Esto de ser regañado por mi conciencia no es de todos los días, pero empezaba a creer que tenía razón.
Saqué la criatura de mi sudadera; estaba mojada, con las orejas caídas como la baba, me dio tanta lastima y casi hace que mi coraje se esfumara, pero había algo en los ojos del estúpido peluche que por más jodido que estuviese no le quitaba lo tierno. Infeliz.
Volví a pasear la vista por el cuarto –lo sé, es como la tercera vez pero no lo supero- y reparé en una esquina su escritorio, tenía una computadora más vieja que el año del caldo y a un costado una lapicera, me dirigí ahí como autómata y tomé uno de sus bolígrafos "un bolígrafo de Bella" –casi vuelvo a vomitar- ¡Demonios! Tenía que controlarme.
Hasta hace un momento no me había dado cuenta que la estúpida y adorable ovejita tenía una dedicatoria en una de sus orejas, pensé en escribirle algo a Bella, algo para que el repentino cambio de mis sentimientos no le llegaran de golpe y me estrujara mis partes blandas –estaba seguro que aunque pusiera un pergamino le caería en el hígado la noticia- pero tenía que intentarlo ¿no?
Ahora… ¿Qué le ponía? "¿Soy un estúpido, acepta esta ofrenda?" sonaba muy obsesivo, "Me acabo de dar cuenta que te amo como un imbécil" creo que debería evitar las palabras obscenas, "compré este peluche porque sus ojos me recuerdan a ti" pensará que la acoso.
Rasqué con desespere mi cabeza.
"¿Podrías apurarte?" me regañó mi consciencia.
Estúpida, al menos podría dar una idea.
Y entonces caí en cuenta de lo que me trajo a ese punto, de lo que era necesario decir antes de poder externarle cuales fueran mis sentimientos, no era bueno para pedir disculpas, podría contar con los dedos de una mano cuantas veces lo había hecho en mi vida, pero necesitaba decirlo, quería hacerlo y si de alguna manera eso ayudaba a quitar el estúpido muro entre nosotros lo haría.
Y eso fue lo que escribí, un burdo pero sincero "lo siento", no era ni la mitad de lo que quería expresar pero bastaría, y tenía que bastar porque en cuanto terminé de trazar las letras en la pequeña dedicatoria escuché pasos en el pasillo.
¡Puta madre!
No me daría tiempo de salir de allí, así que no sé cómo lo hice, pero me las arreglé para dejar la estúpida oveja en la cama y me escondí en la esquina más oscura de la habitación de la chica que me traía idiota.
-Fin de Flashback-
Y así mis queridas lectoras fueron los hechos de cómo me enredé estúpidamente para llegar hasta donde estoy, medio escondido en una habitación que no es mía, en una casa que me es ajena y donde vive un jefe de policía.
Mi corazón me estaba perforando el pecho.
Sabía que me descubriría pero no tenía opción, entregar la oveja había sido más importante que salvar mi pellejo, menuda estupidez; ya no me quedaban ideas, ya no me quedaba nada, y rezándole a San Pedro de los Frijoles me quedé esperando mientras el sonido de unos pasitos se acercaba.
Mientras mis manos sudaban como las de un cerdo…
Mientras la boca se me secaba…
Mientras mi corazón me palpitaba estruendosamente…
Mientras una delicada sombra cruzaba el umbral de la habitación.
¡Y eso es todito mis queridas lectoras! Espero que les haya gustado, se viene lo mejor, este solo es un preludio; muchas gracias por las que me han dejado reviews se los agradezco en el alma. =) les mando muchos abrazos de panda y Kisses! Digánme que les parece...
