Nota de la autora: Lo sé, me he pasado de mala onda dejando de escribir esta historia pero ahora que abandoné las filas escolares y me uní a las laborales es peor de lo que pensaba. Hoy estuve inspirada y me dije: "Ahora o nunca" y aquí traigo el siguiente capítulo de esta historia que me enamoró desde que se formuló en mi cabecita. Ya no los distraigo más. ¡Disfrútenla! Kisses!

Disclaimer: Los personajes no son míos, son de la mente brillante de Meyer, yo solo me divierto y tengo charlas ficticias con ellos... ¡Oye Alice, deja mi ropa!


EL COLOR DE TUS OJOS

"El lenguaje del amor está en los ojos"

Capítulo 4: A veces una disculpa no es suficiente

Edward POV

Decir que la sola esencia de Bella me estaba embriagando era una pinche mentira…

Me estaba intoxicando.

Esa figurita que había visto tantas veces y de la cual me había burlado mil más me estaba volviendo loco, parecía que su aroma se encerraba en la pequeña habitación con el único objetivo de hacerme perder la poca cordura que me quedaba.

La ropa le quedaba como a una jodida indigente y aun así podía percibir la delicada silueta debajo de tanta tela, podía imaginar la suavidad de su piel recién lavada, la tersura de sus cabellos rozando mis dedos… me estaba volviendo un maricón en menos de 24 horas pero no podía evitarlo. Estaba más que enamorado, estaba desquiciado, estaba sediento, estaba hambriento, estaba muriendo por Isabella Swan… y ella ni siquiera lo sabía.

Claro, ella no sabía muchas cosas, como por ejemplo que la observaba como un maldito acosador en la penumbra de su alcoba, pero esas son nimiedades. La chica a la que recientemente le había entregado el pedazo de mierda que tenía por corazón seguía de pie frente a la cama viendo a mi nueva peor amiga:

La oveja jodidos-ojitos-lindos.

Con una suavidad tan extrema que casi me hizo suspirar –Ok, acostúmbrense ahora a mis mariconadas- como decía, sus manitas sostuvieron el peluche empapado y su cabeza cayó encima de la criatura por unos cuantos segundos que me parecieron eternos. No podía resistir. Sus cabellos me impedían ver su rostro, pero sobre todo, me impedían ver sus ojos. ¿Qué estaba pensando?

Después de una interminable espera ella tomó la pequeña nota que pendía de la -muy mojada- oreja del peluche. Sabía lo que estaba leyendo, sabía que leía dos palabras que yo había escrito y que me parecían poco para lo que realmente quería decir, lo que no sabía era lo que estaba pensando y eso fue suficiente para que me valiera madres mi condición de anonimato.

No me aclaré la garganta, no pensé, sabía que si lo hacía cometería el error que Esme tanto me advirtió y terminaría arrepintiéndome; solo dejé salir de mi boca lo que tenía atravesado en todo mi cuerpo y lo expulsé en unísono con lo que decían mis letras.

-Lo siento.

Me extrañó el sonido de mi propia voz, me sentía como si mi cuerpo no fuese el mío. ¿A dónde putas había ido el Cullen seguro de sí mismo? ¡Lo necesitaba en este maldito momento!

Los hombros de Bella saltaron en cuanto me escucharon, creí ver un pequeño temblor en su cuerpo y sus manitas apretaron con más fuerza el peluche. Poco a poco como en una estúpida película vieja se fue dando vuelta hasta que su rostro estuvo completamente en mi campo de visión. Entonces la vi.

Su cara pálida tenía un ligero rubor en los pómulos que la hacían ver como una muñeca de porcelana, los rizos caoba se le acentuaban justo en el delicado mentón resaltando la fina línea de su mandíbula, sus labios –rosados y llenos- estaban entreabiertos mientras respiraba entrecortadamente por la sorpresa y su espigada nariz estaba ligeramente enrojecida; subí mi mirada un poco más, a aquello que quería ver más que nada, aquello por lo que estaba famélico.

Sus ojos.

Y respiré de nuevo. No me había dado cuenta que había dejado de hacerlo. Esos orbes, ese mar chocolate me veía a mí, solo a mí, y así quería que fuese siempre, por toda mi jodida y chingada vida. No pasé por alto que los tenía un poco hinchados y rojos y me dieron arcadas nuevamente al pensar que lo más probable es que fuese por mi jodida culpa. Pero ni eso podía evitar mi nueva revelación.

Isabella Swan era hermosa.

¿Me están escuchando? Era ¡H-E-R-M-O-S-A! Por la vida de Bambi mañana iría al oculista porque había estado completamente ciego todo este tiempo. ¿Qué jodas me había pasado? ¿Por qué me había comportado como un imbécil?

Ese ángel que tenía enfrente y me miraba con sorpresa era todo, todo, todo lo que alguna vez desee y mi peor temor es que me hubiese dado cuenta demasiado tarde.

Bella POV

Decir que la visita de Edward en mi habitación era una sorpresa era una pinche mentira…

Estaba a punto de un colapso.

Nunca, ni en mis sueños más locos hubiese esperado ver a Edward Cullen en mi habitación, todo empapado sabrá Dios porqué y con la mirada más triste que pudiesen imaginarse.

Por un maldito momento estuve a punto de tirarme en sus brazos tal cual doncella de las películas antiguas; es que esos pinches hermosos ojos esmeraldas me estaban torturando. Sentía que me abrazaban con solo perderme en ellos, era como si me pudiesen ver por dentro. Me sentía desnuda.

Escucharlo decir lo siento fue otra sorpresa, aunque no lo había visto sabía que de él vinieron esas palabras. ¿De qué me pedía disculpas? ¿De haber entrado a mí casa? ¿De lo que dijo esta mañana? ¿O de lo que me ha estado diciendo toda la vida?

Quizá incluso vino a disculparse porque a partir de ahora mi vida sería más miserable. Siendo así pudo decirlo por correspondencia, no era necesario que entrara hasta mi habitación para verme en mi deplorable estado.

Como ninguno de los dos salía del mutismo decidí a hablar. El parecía muy ocupado viéndome fijamente.

-¿Qué haces aquí Edward?

No tenía humor para andar con rodeos. El chico del cual me había percatado recientemente que amaba salió como de un sopor de un respingo. Al parecer lo asusté, abrió la boca pero en seguida volvió a cerrarla.

-Te pregunté qué haces aquí Edward-carraspee un poco, la garganta se me había secado en un instante- no es lo más convencional que entres a una casa, más a una habitación que no es tuya.

Las mejillas del cobrizo se acentuaron de un rojizo intenso. ¡Edward sonrojado! ¡Qué joda! ¿Acaso estaba soñando?

-Humm… yo, pasaba por aquí, que estupidez claro que pasaba, bueno el punto es, yo estaba pasando y tú vives aquí y yo solo quise pasar a, tu sabes, Alice vino y yo, bueno, esta mañana lo que dije fue, y vine y la oveja, la oveja de tu cama yo…

Quería verlo con todas mis fuerzas como la maldita descorazonada que quería ser, que él se merecía después de tantos insultos y malos tratos, pero su pequeño discurso envuelto en tartamudez y su desesperada mano que pasaba una y otra vez por esa mata de cabello me estaba enterneciendo más de lo indicado. ¡Maldito Cullen!

Volví a mirar la oveja que tenía en las manos, la sentía ahora tan pesada, y era porque sabía que él la había traído. Edward Cullen, el playboy-coge-todo sin sentimientos me había traído, hasta mi propia habitación, lo que parecía ser una oferta de paz.

Y aunque fuese algo que cualquiera hubiese considerado razonable, no era suficiente para mí. Él estaba tratando de arreglar las cosas; el trataba de hacer lo mejor, era más de lo que alguna vez hubiese querido para mi paz mental, pero no era suficiente y yo sabía porque.

Porque lo amaba, lo amaba como una idiota que mira el sol y se queda ciega pero aun así sigue mirando, lo amaba y no quería una disculpa, yo quería su amor, y era algo que sabía jamás tendría, porque no había nada que pudiese hacer para ser correspondida.

Me sentía enferma. Solo quería olvidar este día, quería olvidar que lo había conocido, quería olvidar el momento en que me enteré de esta verdad que me estaba quemando… quería estar sola.

-Creo… que lo mejor será que te vayas Edward.

El me miró sorprendido, sus ojos buscaban los míos pero yo desvíe la mirada.

-No, espera, yo… en verdad, venía a pedirte…

-No es necesario-le corté-en serio, vete.

-No-respondió tajante-tenemos que hablar.

Levanté la mirada solo para fulminarlo con ella, pero él siguió viéndome impasible. Aunque estaba todo empapado tenía la postura de un ganador. Era tan terco el desgraciado.

-No tengo nada que hablar contigo Edward, creo que todo lo que pudiésemos decir lo gastamos esta mañana. Déjame en paz.

-Esto es en serio, no vengo a jugar contigo, de verdad necesitamos hablar, tengo que decirte…

-¡¿Qué no entiendes que no quiero hablar contigo?! –traté pero no me pude contener, me estaba desesperando, no podía solo tenerlo enfrente mientras el solo quería ofrecer una disculpa y luego irse.

Sentí como se acercó a mí, su calor me envolvía y solo cuando sus manos se posaron en mis brazos con una dulzura extrema me desmoroné.

No podía creer que aun tuviese lágrimas para llorar, pero al parecer mi suministro no se había agotado y empezaba a sentir el escozor en los ojos. Apreté con más fuerza el peluche en mis manos. Tenía que ser fuerte, no podía llorar delante de él. No ahora.

-Bella-susurró-mírame Bella, por favor.

Sentí un retortijón en el estómago. Era la primera vez que me decía "Bella" y sentía que el mundo se me venía encima. Negué con la cabeza. Ya no quería salir más herida. Tenía que irse.

Sus manos dejaron mis brazos y tocaron mi rostro, era tan delicado que pensé que era mi imaginación, pero el calor, el calor no podía ser mentira. Edward Cullen me estaba tocando, me estaba tocando el rostro como si yo fuese de cristal. En ese momento casi creí que lo era, sentía que me rompería en cualquier momento.

-Bella, te lo pido, mírame, necesito que me mires-volvió a susurrar, sentía su aliento tan cerca…

Como una idiota obedecí y lo miré a los ojos. Verde y café, esmeralda y chocolate, era un remolino de emociones y de colores, me faltaba el aire. Me estaba mirando de una manera tan desmedida, tan obscena, como si yo fuese suya, como si solo fuéramos nosotros dos desde siempre. No podía culparlo, yo lo miraba de la misma jodida manera.

Entonces recordé las palabras de Alice. ¿Sería posible que tuviera razón? ¿Qué Edward sintiese al menos una parte de lo que yo sentía? La posibilidad era tan aterradora y seductora que por un momento me permití fantasear en que así fuese.

Sus labios se acercaron lentamente a los míos y no puse resistencia, me tenía donde quería, podía hacer conmigo lo que quisiera, estaba indefensa; lo tenía a tan corta distancia y cuando casi no había nada que nos separara murmuró mi sentencia.

-Lo siento Bella.

Y si mi corazón podía romperse después de muerto eso fue lo que pasó, porque en seguida pude escuchar cómo se rompía algo dentro de mí. Edward Cullen no me amaba, ni siquiera me quería. Todo lo que sentía era culpa y lástima de hasta donde había llegado nuestra obtusa relación. Solo era yo, Bella Swan, la que se había permitido estúpidamente caer ante algo imposible.

Bajé mi cabeza lentamente deshaciendo el beso que nunca iba a hacer, Edward me miró decepcionado pensando que había roto la magia. Lo que no sabía, es que él la había roto primero.

EDWARD POV

Juro solemnemente que mi intención no era besar a Bella.

Tampoco mentiré con una mariconada diciendo que no lo deseaba, moría por probar esos labios. Pero quería hacer por una jodida vez las cosas bien. Quería disculparme por haber sido un idiota, quería confesarme diciéndole lo mucho que la amaba, quería pedirle mil veces que me permitiera estar junto a ella… y si todo salía bien, quería embriagarme con su sabor. Pero lo correcto era que todo fuese despacio y en su momento.

El problema está en que soy Edward Cullen, no conozco el concepto de "correcto" y "despacio", por eso es que termino metiéndome en problemas por ser un estúpido cabezota.

Bella había sido muy terca al no querer escucharme, me había dicho que me fuera pero yo no estaba dispuesto a irme sin antes decirle todo, absolutamente todo lo que tenía atravesado en el puto cuerpo. Iba a ser un hombre de una jodida vez.

Pero perdí el control cuando la toqué, no debí hacerlo pero su pequeño y delicado cuerpo fue como un bálsamo para mí, todo lo que quería era estar más cerca y pensé que quizá, con un beso podría transmitirle todo. ¿Muy estúpido? Quizá sí, incluso quise darle un toque de sinceridad al repetir lo mucho que lo sentía pero al parecer esas palabras mataron el momento, porque la castaña se alejó de mi como si la hubiese pinchado con una aguja.

Estaba más que decepcionado. Al parecer yo era el único que guardaba sentimientos en esa habitación y saberlo me hizo sentir un maldito idiota.

-Bella… yo, lo siento, no fue mi intención…

-¿Es todo lo que sabes decir?-preguntó molesta.

La miré sin entender y mi silencio pareció molestarla más.

-Lo siento, lo siento, lo siento… ¿Es todo lo que sabes decir Cullen? ¿A eso es a lo que has venido? ¿Qué sucede contigo?

El rostro de Bella se ponía cada vez más rojo mientras sus ojitos se aguaban poco a poco con lágrimas que se negaban a salir; sus manos aprisionaban la pobre oveja –ya hasta me había olvidado de ella- como si la quisiera asfixiar. Agradecí no estar en su lugar.

-Bella no te entiendo, vine a pedirte disculpas pero no solo eso, yo quie…

-Yo no quiero escuchar tus disculpas Edward. No quiero tu lástima.

¿Qué era lo que sucedía con ella? ¿Lástima?

-No es lástima Bella ¿Cómo puedes creer eso? ¿Crees que me hubiese subido a tu habitación en plena noche solo para burlarme de ti?-inquirí molesto por su suposición.

-La verdad es que ni siquiera deberías estar aquí- susurró – vete Edward, vete y te juro que olvidaré todo, no volveré a hacer bromas sobre ti nunca más, pero déjame tranquila, por favor…

Bella comenzó a sollozar silenciosamente y cuando traté de acercarme dio un paso atrás. Mi pecho me estrujaba escuchándola y no pudiendo acercarme. ¿Qué podía hacer?

-Bella….

-Déjame Edward, quiero estar sola, nada de lo que tengas que decir me hará cambiar de opinión –extendió el peluche con las manos temblorosas hacía mí, al parecer quería que me lo llevara- es muy lindo… pero no lo quiero.

-Es tuyo- rebatí mientras desanimado me dirigía a la ventana para salir, no quería seguir escuchándola llorar mientras no podía hacer o decir nada. Me sentía inútil- Lo compré pensando en ti, era mi forma de pedir disculpas.

Ella lo apretó contra su pecho. Maldito peluche con suerte. Y bajó la cabeza impidiéndome ver sus ojos.

-A veces una disculpa no es suficiente Edward.

Yo la miré meticulosamente. Mi disculpa no era suficiente, pero de algo estaba seguro, no la iba a perder ahora que sabía lo que sentía, no la iba a perder ahora que sabía que era la única para mí.

-Entonces buscaré la forma de que sea más que suficiente Bella-le dije antes de saltar a la copa del árbol.

Baje rápidamente el abeto y cuando llegué al suelo escuché como cerraba la ventana. La figura de Bella desapareció tras unas cortinas y me quedé viendo su habitación una fracción de minutos.

Bella era cabezota y terca, estar enamorado de ella no me hacía olvidar eso; había dicho que mi disculpa no era suficiente… ¡Ja! Ni siquiera había escuchado lo que sentía por ella. Aunque quizá eso fuese bueno, posiblemente no lo hubiese creído.

Estaba determinado a que esa chica fuese mía. Y no por ego, ni siquiera por orgullo; yo quería ser su esclavo, pero antes que nada tenía que convencerla de era mi dueña… y sabía quién podía ayudarme a demostrárselo.

No descansaría hasta convencer a Bella Swan que tenía mi corazón en sus manos.


Ahora sí, mátenme. No se sientan mal por Ed y Bella, no soy una chica de finales tristes, pero ambos son muy cabezotas y tienen que pasar por un proceso de aprendizaje, recordémos que ambos jugaban muy pesadito. Pero en fín, espero subir capi pronto y les adelanto que solo faltan 2... así que como soy buena dejenme Reviews. Muchos besitos! nos estamos leyendoo!