Capitulo 4
Percy se encontraba tirado en su cama escuchando música de alguna cadena sin importancia de la radio. Nada más llegar a casa, había saludado a su madre que se encontraba en la cocina y se había subido a su cuarto para tirar la mochila con los libros en el suelo. Hoy decididamente no iba a hacer nada. Se oyeron unos pasos que subían por las escaleras y alguien toco la puerta del dormitorio. Su madre entro en el cuarto limpiándose las manos en el delantal. Se dirigió con paso lento hacia su hijo mientras se colocaba un mechón de pelo castaño detrás de la oreja. Sus ojos verdes azulados estaban rodeaos de pequeñas arrugas, que la hacían ser una mujer muy guapa, eso es lo que decía Percy a su madre cada vez que le decía que ya estaba vieja. Le tuvo a los veintidós años y ahora tenía treinta y nueve, para nada estaba vieja. Ella era la mujer más hermosa del planeta para él.
-Percy cariño –dijo Sally sentándose en el borde de la cama. Le toco la parte inferior de la pierna para que la prestara atención. –Percy… -al no hacerla caso le pellizco en el gemelo. Su hijo chillo con voz aguda e inmediatamente se tapo la boca con la cara roja.
-Mama –se quejo como un niño pequeño. –Me has hecho daño, jo… -dijo haciendo pucheros, frotándose donde le habían hecho daño. -¿Por qué me has hecho eso?
-Porque no me hacías caso. Te llamaba porque el vino a pedirte un favor.
-¿Qué tipo de favor? –pregunto Percy sentándose en la cama. Estaba cansado y quería echarse un rato a ´´descansar los ojos´´.
-Pues me ha pedido que si podías arreglarle el coche, ya que se teda bien la mecánica y eso –dijo Sally colocándole el pelo para atrás, como cuando era un niño . –Ah, y me ha dicho que te pagara algo por repararlo, ¿Qué dices cariño?
-No se mama, iba a arreglar mi moto que se ha estropeado y… -antes de que acabara la frase su madre le interrumpió.
-Hijo, si le arreglas el coche conseguirás algo de dinero para tu moto por si falta alguna pieza, ya sabes que me gustaría darte más dinero pero no puedo, cielo. –dijo acariciándole la mejilla con las yemas de los dedos.
Percy la cogió de la mano y se apoyo más en ella. Podría parecer un chico malo y todo lo que quisieran pero seguía siendo el niño de su mama y siempre será así.
-Está bien mama, está bien –dijo Percy sonriendo a su madre. -¿Esta abajo?
-Sí, está en el salón esperando haber que decías.
-Dile que ya voy, que me pongo el mono y bajo.
-Ahora le digo cariño. –respondió Sally, levantándose de la cama alisándose el delantal. –Date prisa ¿vale? –se agacho un poco y le planto un beso en la mejilla, para después con el dedo gordo frotarle la mejilla para quitarle el poco de pintalabios que había en su carrillo.
-No –respondió su hijo con sorna y pesadez. Se levanto de la cama frotándose la cara con las manos. Se dirigió al armario para coger su mono azul con algunas manchas de grasa que no se pudieron lavar colgado de la percha. Su madre salió por la puerta no antes sin advertirle, que si su ropa estaba sucia que la tirara a lavar al cubo de la ropa, Percy lo único que hizo fue rodar los ojos. Se cambio sus vaqueros por el mono y su camisa por una camiseta sin mangas blancas. Tiro la ropa al cubo como había dicho su madre, no la quería enfadar porque realmente le daba miedo. Gracias a Dios que no le reñía mucho porque sino seguramente hubiera muerto hace tiempo. Abrió su cómoda y saco un especie de tela blanca muy sucia y se la coloco en el bolsillo trasero. Salió de la habitación para encontrar al y a su madre manteniendo una conversación.
-Hola muchacho, ¿Qué tal estas? –dijo su vecino extendiéndole la mano. Percy le respondió y contesto con un todo bien, señor. –Bueno entonces por lo que veo ¿me arreglaras el coche? –Percy asintió con la cabeza. –Estupendo te lo agradezco mucho, Percy. Enserio. Lo que te puedo pagar serian 120 euros ¿te parece bien?
-¡Oh! Si si no se preocupe con eso me llega, aunque lo hubiera hecho sin que me pagara nada pero necesito el dinero. Lo siento. –explico Percy. Lo decía enserio, no le gustaba que le pidieran un favor y luego le tuvieran que pagar.
-No seas tonto, chico –dijo palmeándole el hombre – ¿te vienes conmigo o te espero en mi garaje?
-Vaya yendo, señor yo tengo que coger la caja de herramientas.
-Está bien.
-Ven Frederick, te acompaño a la puerta –dijo Sally. El vecino asintió en signo de aprobación. –Ahora te lo mando para allá.
-Bueno Sally, luego Atenea te explica mejor lo de la cena. Hasta luego. –Se despidió el y salió por la puerta. Sally cerró la puerta y se giro para quedarse enfrentada con su hijo, el cual estaba enarcando una ceja.
-¿Qué cena, madre? –pregunto su hijo cruzando los brazos.
-Luego te explico cuando vuelvas, que se me quema la comida–dijo caminando hacia la cocina.
-Pero cuéntamelo –exigió Percy siguiendo a su madre. Se apoyo con el hombro contra el marco de la puerta de la cocina. Su madre que estaba enfrente de la vitrocerámica cocinando algo, se giro con una espumadera y entrecerrando los ojos en dirección de su hijo.
-He dicho que se me quema la comida. Y tú, ve a arreglar el coche de Frederick ¿entendido? –le dijo su madre acercándose con la espumadera.
-Per…
-¿Entendido? –interrumpió a su hijo con la misma calma que antes, lo que asustaba a su hijo. Le daba miedo que le castigara sin sus tortitas azules durante tres días. Aunque no lo pareciera era una tortura.
-¡Si, madre! –grito Percy e hizo el saludo militar antes de dar un beso a su madre en la mejilla. Sally sonrió con tristeza ante las tonterías de su hijo. Se hacía grande pero siempre será su nene pequeño. –Te quiero.
-Yo también cariño.
Percy salió de la cocina para buscar sus herramientas que se encontraban el garaje en la balda de arriba. No sabía porque las había colocado ahí esta mañana después de estar con ellas, si luego las tenía que volver a coger. Una vez recogidas se fue a despedir de su madre. Salió de su casa para ir a la de su vecino. Toco tres veces la puerta con el puño. Esperó unos instantes y abrió una mujer con unos pocos años más que su madre. Tenía un rostro delicado con algunas pocas arrugas, pero que no la hacían parecer fea sino lo contrario, una persona que ha vivido mucho y muy inteligente. Sus ojos eran grises y tenía el pelo rubio aun sin ninguna cana en el recogido en un moño con algún que otro mecho suelto.
-Hola –saludo Percy educadamente -¿Cómo esta?
-Hola Percy, muy bien ¿y tú? –preguntó su vecina haciéndolo pasar al interior de la casa. Siempre le había impresionado su hogar, se notaba que tenían suficiente dinero. Sus casas se parecían pero desde luego no eran iguales. - ¿Qué haces aquí?
-Venia porque su marido me había pedido que le arreglara el coche –se explico torpemente frotándose el cuello mostrándose incómodo.
-Creía que lo iba a llevar al mecánico.
-No lo sé señora, el acaba de venir y me lo ha pedido. Pero si le molesta que yo lo arregle le puedo decir de un taller muy bueno.
-Oh no no. No decía eso. Ven que te digo donde está el garaje. Creo que Frederick ya está allí entonces. –dijo la abriéndose paso a la cocina donde había otra puerta. Percy supuso que es ahí donde estaba el garaje.
-Gracias –dijo Percy .Abrió la puerta dejando atrás a la sumida en sus pensamientos. Dentro del garaje se encontró al con su coche negro.
-Hola chico. Ven aquí. –dijo haciendo señas para que se uniera a él. Levanto el capo y le indico que mirara dentro. - ¿Qué tal lo ves?
-Pff… pues… está un poco hecho mierda con perdón por la palabra señor –dijo dejando de mirar el motor y sus demás con ponientes para girar y observar el rostro de su vecino. Su cara se contrajo en una mueca. Se notaba que nada malo quería que le pasara a su coche. Percy suspiro y agacho la cabeza para volver su mirada a los ojos azules del . –Pero creo que lo puedo arreglar. No se preocupe. –Su cara mostro signos de alivio y relajación.
-Gracias Percy –dijo palmeándole la espalda –te dejo solo para que trabajes agusto. –Percy asintió y vio como Frederick salió por la puerta. Se apoyo contra el coche y se dispuso a comenzar, porque tenía bastante trabajo por delante.
-Bueno y Pipes ¿Qué quería tu madre? ¿Por qué te saco así de clase? –pregunto Hazel pintándose las uñas de las manos de color morado.
-Pues simplemente porque esta como una regadera –dijo Piper echada en la cama de Annabeth, poniéndose en la cara un cojín y suspirando ruidosamente en el.
-No hables así de mama –le reprendió su hermana.
-Pero si es verdad Silena. No es normal que nos saque de medio de clases para hacer una sesión de fotos de estúpida.
-Encima te quejas –le respondió Thalia –al menos perdiste clases. Creo que deberías en todo caso agradecerla.
-Exacto hermana –le dio la razón a Thalia peinándose el cabello negro hacia atrás. –Bueno, cambiando de tema. Me ha contado un pajarito que pasó algo interesante en la hora del almuerzo.
Las chicas menos Katie empezaron a reírse. La amante de las plantas se cruzo de brazos poniéndose roja.
-No tiene gracia-chillo enfadada –puto twitter –murmuro por lo bajo lo que causo más risas por parte de sus amigas. –No se para que nos reunimos en tu casa Annabeth para contarnos cosas, si ya con twitter se sabe todo. Además no quiero hablar del tema.
-Oh… vamos porfa porfa –suplico Piper juntando sus manos y sacando un poco del labio inferior.
-Y luego dices que no te pareces a tu madre, Pipes. Te encanta cotillear al igual que tu hermana.-reía Annabeth
Silena y Piper sintiéndose ´´ofendidas´´ e ´´indignadas´´ cogieron el primer cojín que tuvieran cerca y se lo tiraron con fuerza a la cara. La rubia se cayó de espaldas por el impacto, lo que ocasiono risas histéricas por todo el cuarto.
-No tiene ni puta gracia –se levanto del suelo frotándose la espalda.
-Sí, si que la tiene –siguió riendo Hazel.
-Bueno volviendo al tema del almuerzo –dejo caer Thalia como si nada –venga cuéntanos. No te hagas de rogar –dijo haciendo un berrinche.
Katie siguió escuchando suplicas durante cinco minutos largos, hasta que al final les conto como se sintió cuando la beso. Las chicas la escucharon con una sonrisa plasmada en la cara.
-Así que te gusta –sentencio Silena –por Dios que romántico –dijo poniéndose una mano en el pecho y tumbándose en la cama.
-¿Qué? –dijo katie riendo –yo nunca dije que me gustara.
-Si Kat sigue diciéndote eso –le contesto Annabeth.
-Mira quien fue a hablar aquí –dijo Thalia disimulándolo con tos falsa.
-Annabeth, ¿Qué nos tienes que contar? –dijo pícaramente Hazel.
-¿Yo? Nada ¿Qué coño estás diciendo Thalia?-Dijo con tono de enojo la rubia frunciendo el ceño en dirección a su amiga punk.
-¿Yo? Pues digo que no he sido la que ha zorreado a Percy con un cigarro –dijo Thalia quitando alguna suciedad de la uña sin ponerle mucha importancia a lo que acababa de decir. Annabeth tenía los ojos como platos mirando a Thalia. Las demás chicas estaban igual que la rubia pero no mirando a Thalia sino a Annabeth y con la boca abierta.
-¿As zorreado con Percy Jackson? –susurro Silena –que fuerte…
-Yo no le zorree –contesto Annaeth.
-¿Ah no? –pregunto Katie con suspicacia, pincandola con el dedo índice en el brazo.
-No…si… o sea no…. Bueno si ¡sí! Pero me llamo aburrida, y como que pude hacer parecer una cosa muy común en obscena -dijo tirando los brazos al aire por haberlo confesado –y nadie me llama asi. Y lo deje cachondo y ya.
-Dirás bastante ¿no? Porque se le podía ver como el humo se le escapaba de las orejas de lo caliente que estaba –dijo Thalia riéndose con las demás chicas. Al principio Annabeth no se reía pero se fue contagiando de sus amigas y acabo riéndose con ella agarrándose el estomago de tanto reírse.
-Bueno es verdad, puede que me pasara un poco pero su cara no tenía precio.
-Ay… pobrecito jugaste con sus sentimientos -dijo Silena en tono de compasión.
-Sil, el problema es que Percy no quería que jugase con sus sentimientos, sino con otra cosa –dijo Katie riéndose seguida unos momentos por las otras con la cara roja de la risa.
-Por Dios chicas sois un año más pequeña que yo, pero desde luego sois más guarras que la jefa aquí –dijo apuntándose Silena así misma.
-Oh cállate hermana, ni que fueras una santa, que bien se te oye a veces en casa cuando no está ni papa ni mama ¿eh? –dijo Piper lanzándole una almohada.
¡Piper! –Chillo Silena totalmente ruborizada lanzándole otro cojín -¡cállate!
Desde ese momento la habitación de Annabeth se convirtió en un campo de batalla con almohadas como armas.
¡Hola! Aquí os dejo otro nuevo capitulo y espero que lo disfruten enserio. Bueno espero que nos veamos pronto. Hasta luego.
