Capitulo 5
Frederick subía por las escaleras con una bandeja de bocadillos de los que parecían hechos de jamón york y queso fundido. Llego a la puerta de la habitación de su hija donde se oían seguramente los cotilleos de Annabeth y sus amigas. Cogió la bandeja con una mano y llamo a la puerta.
-¡Pase! –se oyó desde el otro extremo.
Frederick abrió la puerta. Nada más abrir un poco, sus fosas nasales se quejaron por el exceso de perfume que había en el cuarto.
-Hola chicas, ¿Qué tal andan? –Dijo asomando la cabeza –les he traído un aperitivo por cortesía de la Chase ¿les apetece?
Antes de que pudiera decir algo mas, Thalia se levanto de la cama y fue a abrir la puerta completamente para arrancarle de la mano la bandeja llena de bocadillos.
-Gracias , me moría de hambre. ¿Seguro que usted y su mujer no han sido sirvientes de alguna mansión? –dijo Thalia con la boca llena.
-Seguro Thalia, creo que nos acordaríamos –respondió el padre de Annabeth con una sonrisa. A Frederick siempre le había extrañado como es que su hija y esta chica hubieran acabado siendo amigas con lo diferentes que eran. Increiblemente ya se había acabado el bocadillo.
-Gracias por la comida, y disculpe a Thalia por sus modales –se disculpo Hazel levantándose de la cama, cuando llego al lado de de la punk un codazo en las costillas.
-¡Au! –Se quejo -¿pero qué te pasa? –pregunto frotándose las costillas con la mano libre que le sobraba, porque con la otra sujetaba la bandeja con el resto de los bocadillos.
-Se un poco educada Thalia –murmuro por lo bajo Hazel.
Thalia rodo los ojos.
-Si si, lo que sea-dijo quitando importancia con la mano – perdone .
-Tranquila Thalia, está todo bien.
-Pues arreglado, a otro asunto ¿contenta? –le pregunto Thalia a Hazel. Esta última dio un resoplido muy poco femenino y se volvió a sentar, seguida por Thalia que se ´´dejo caer´´ sobre la cama.
La punk dejo la bandeja con los bocadillos en el centro para que todas agarraran uno. Cogieron una cada una menos Thalia que ya se había comido el suyo.
-Oye, ¿y ese de quién es? –pregunto Piper, haciendo un gesto con la cabeza para que miraran a la bandeja que tenía aun un bocadillo más.
-Mmmm, no se –tarareo Annabeth –espera un momento ¡Papa! –grito.
-¿Qué pasa? –dijo Frederick marchando por el pasillo. Ninguna de las chicas se había dado cuenta de se había ido de la habitación.
-¡Aquí sobra un bocadillo! ¡¿Es tuyo?! –siguió gritando la rubia, lo que provoco que Katie cogiera un pedazo de bocadillo con los dedos y se lo metiera a traición en la boca para que dejara de chillar. Annabeth se atraganto y empezó a toser. Una vez que paro, fulmino con la mirada a su amiga quien puso cara de inocente, y señalo con el dedo índice a la que estaba a su lado. La señalada ni cuenta se dio ya que estaba bastante entretenida comiendo. –ya, ya…
-¡Ah! ¡No! ¡Ese debe de ser de Percy, lo habré subido sin querer! –grito Frederick desde su despacho que se encontraba al final del pasillo. -¡Se lo das por mi! –No espero respuesta ya que siguió hablando -¡Gracias cariño, te quiero!
Annabeth se levanto de un salto de la cama, mientras que por atrás reían sus amigas por su reacción. Fue por el pasillo medio corriendo hasta entrar por la puerta del despacho de su padre.
-Sabes hija, la gente con educación antes de entrar, llama a la puerta –dijo su padre, pasando una página de algún libro de la estantería.
-Qué pena, ahora soy una maleducada. Que deshonra debo de ser para ustedes padre –dijo con sarcasmo, cruzándose de brazos. -¿Qué hace aquí Percy, papa? –Pregunto serenamente – Y lo más importante… ¿Por qué le habéis hecho un bocadillo?
Frederick giro su rostro para encontrarse con los orbes grises desafiantes de su hija. Se parece tanto a su madre pensó pobre del chico con el que este. Enarco una ceja ante la última pregunta.
-Para que no tenga hambre –respondió y volvió a su libro buscando la información que necesitaba.
-¿Y por qué iba a tener hambre? ¿No le dan de comer en su casa o algo? Por que perdona que te lo diga querido padre, pero se nota que está bien alimentado.
-¿Cómo te fijas no hija? –pregunto pícaramente Frederick, escondiendo una sonrisa tras el libro.
¡Papa! –dijo escandalizada Annabeth. Frederick se rio con ganas, ya no intentaba ocultarlo. La rubia lo miraba con el entrecejo fruncido y con un pequeño rubor en las mejillas. Que hablara con sus amigas de chicos era normal, aceptable. Pero con su padre ni de coña, le daba vergüenza era… su padre.
-Me está arreglando el coche, y tu madre le ha hecho un bocadillo por si tiene hambre, ya está.
-¿Y por qué no lo has llevado al taller?
-Por que le vi esta mañana arreglando su moto, y pensé que a lo mejor necesitaba dinero para alguna pieza o algo –respondió Frederick, cerrando el libro y volviendo a colocarlo en su sitio. –Y cuando termine le daré el dinero por su trabajo. Y ahora si eres tan amable bájale el bocadillo. –Dijo mientras daba pequeños empujones para que su hija saliera del cuarto.
-Per… -fue interrumpida por su padre.
-Gracias –dijo cerrando la puerta en sus narices.
Annabeth giro sobre sus talones, dirigiéndose a su habitación. Entro como alma que lleva al diablo en la habitación para coger el bocadillo.
-Ey, ¿qué pasa? –pregunto Katie.
-Nada, ahora vuelvo y os cuento.
Las chicas asintieron con la cabeza. Annabeth se encamino para salir de la habitación, pero antes de que saliera, se detuvo por que la llamaron.
-¿Si?
-Tengo una pregunta muy importante para ti Annabeth –dijo Silena –es muy importante ¿preparada?
Annabeth asintió.
-Crees…crees ¿Qué esto tendrá muchas calorías? Pregunto levantando el becadillo aun sin tocar. Las chicas bufaron y rodaron los ojos antes la estúpida pregunta -¿Qué? Enserio a ver si me va a engordar. Me tengo que mantener en mi perfecta línea.
-Tranquila Silena, te lo puedes comer –respondió Annabeth. Silena al parecer más relajada pego un mordisco y cerró los ojos de placer – solo tiene 400 calorías –dijo con malicia. La chica abrió los ojos, y empezó a toser después de haber escupido encima de la cama y miro de muy mala manera a Annabet –Upss… -dijo dándose la vuelta para irse. –No se te olvide recoger lo que has dejado encima de mi cama. Oh cuando duermas, entrare en tu habitación y te untare la cara de grasa para que te salgan granos. Estas advertida. –la amenazo mientras bajaba tranquilamente por las escaleras.
Al llegar a la planta baja oyó de fondo un zorra y un por el amor de Dios Silena, que era broma. Comete el puto bocadillo y una respuesta que sonó como un ah… muy avergonzado.
Un poco más. Un poco más. Otra vuelta… y ya. Percy suspiro apoyándose en el coche. Le falto una pieza, pero ya se lo diría más tarde al . Cogió el trapo que tenía en el bolsillo del trasero y se limpio las manos llenas de grasa en el. De repente la puerta que conectaba la cocina con el garaje se abrió de un portazo y no le dio tiempo a reaccionar ya que un bocadillo salió disparado directamente hacia su rostro. Se agarro de la nariz que es donde había impactado el bocadillo y se arrodillo para cogerlo. Un sándwich de jamón y queso fundido casi le mata, pero no iba a dejarlo ahí tirado, se lo iba a comer porque era un chico en crecimiento y porque la vida estaba hecha para comer. Levanto la vista aun con la mano en la nariz y arrodillado, para poder admirar un par de piernas largas y bronceadas.
-Vaya nena, menuda bienvenida. Me ha gustado el castigo del bocadillo volador rompe caras, es mejor que el del látigo de la indiferencia. Vamos mejorando. –dijo Percy incorporándose, tocándose la nariz con cuidado. –Por cierto buena puntería.
-Gracias, estuve practicando –respondió Annabeth, sonriendo falsamente.
-¿Con una diana?
-Si, con una foto tuya en la puerta y lanzándole dardos.
-Me siento halagado –dijo el pelinegro, sonriendo con su característica sonrisa torcida, que según las chicas decían que era la sonrisa ´´moja bragas´´.
-¿A si? ¿Por qué? –pregunto Annabeth, enarcando una ceja rubia y cruzándose de brazos. Percy miro atentamente cuando la rubia cruzo los brazos ya que sus pechos subieron mostrando más carne.
-Pues… -volvió su mirada hacia la de ella –porque soy tan importante para ti, que hasta tienes una foto mía. Es para sentirse muy halagado.
Annabeth frunció los labios y se irguió a lo que Percy volvió a fijar sus ojos en el mismo lugar que antes.
-No te creas tan importante, Jackson. Ah, y mis ojos se encuentran aquí arriba –dijo señalando donde se encontraban.
-Me he dado cuenta Chase, pero a mí me gusta lo que tienes más abajo –dijo sin apartar los ojos de sus pechos. –Y tienen muy buena pinta.
-Pues que pena que nunca vayas a probarlos ¿verdad? –dijo Annabeth mordiéndose los labios y mirándolo con ´´pena´´.
-La vida es muy larga –dijo volviendo a su mirada. –Y pueden pasar muchísimas cosas.
-Sí, bueno, cambiando de tema… ¿Qué le pasa al coche? –dijo acercándose al viejo auto e inclinándose para mirar donde se encontraba el motor.
Percy aprovecho para mirar su trasero, y se mordió los labios. Pero como puede estar tan buena pensó. Se coloco detrás de ella acorralándola a ella en medio del coche y el. La presiono un poco mas contra el auto, y la rubia dejo escapar un pequeño gemido por la sorpresa.
Annabeth sentía su miembro cada vez más prieto contra ella, lo que hizo que tragase la saliva duramente.
-Y… ¿Qué le pasa? –dijo en un murmuro, que solo Percy, por la distancia la hubiera podido oir.
Percy puso el pecho contra la espalda de ella, y acerco su boca a la oreja. Esto produjo que al instante Annabeth sintiera un calor repentino por todo su cuerpo, en especial en una parte.
-Es el motor, está fallando y algunas tuercas están sueltas y solo había que apretarlas –dijo susurrando en su oído. Los ojos de Annabeth se oscurecieron tenía mucho calor, y el no la estaba ayudando sino todo lo contrario.
La rubia se giro como pudo para quedar cara a cara con él. Vio sus ojos y estaban de un verde oscuro, parecían una tormenta, y le gustaba como se veía ahora. El pelo despeinado de seguro por la frustración de reparar el auto, la camisa de tirantes blanca manchada de grasa y sudada pero que hacían que se marcaran sus definidos músculos. Le paso las manos por los brazos notando como sus músculos se ponían rígidos. Llego hasta el cuello y le cogió del pelo acercando su rostro al suyo. Las bocas estaban a centímetros y sus alientos se entremezclaban. Percy puso sus manos en las caderas de Annabeth y cada apretaba y la acercaba mas así por la excitación que estaba sintiendo en ese momento.
Annabeth se acercó más a sus labios, rozándolos brevemente.
-Nunca va a pasar –susurro en sus labios, y acto seguido lo empujo. Salió disparada por la puerta que estaba abierta y cualquiera les podía a ver visto. Necesito llamar a Luke pensó.
Percy se quedo en el garaje confundido por unos segundos. Sacudió la cabeza y sonrio.
Le estaba empezando a coger gusto a este juego que se traían.
Bueno aquí va otro y espero que lo disfruten y me encantan los comentarios enserio, aunque sean pocos los aprecio. Nos vemos y buena lectura
