Capitulo 6
-¿Ya te vas?
-No, Luke. Me estoy vistiendo porque me voy directa a la ducha. –Dijo Annabeth con sarcasmo, recolocándose su cazadora.
Luke se recostó en su codo haciendo que la sabana que le tapaba su cuerpo bajara hasta las caderas. Annabeth tuvo que apartar la vista para no volverse a tentar de nuevo.
-Ya sabes que yo te puedo acompañar cuando quieras. –La agarró de la cintura y la pego a su pecho, dejando en su cuello pequeños besos.
Annabeth estaba a punto de acceder a un baño sucio cuando sonó su móvil indicando un mensaje. Con un suspiro se agacho recogiendo su bolso y buscando dentro de él, su teléfono. Miró en la bandeja de entrada y observó que el mensaje provenía de su padre.
Papa:
En 15 minutos está la cena. No tardes.
Me levanté de la cama sin hacer caso a las protestas de Luke, que estaban siendo ahogadas por la almohada. El cabello rubio oscuro de Luke se encontraba despeinado ante, los anteriores, tirones de Annabeth. Nunca le gustó que luciera despeinado y desaliñado así que se agachó y con los dedos peino su pelo.
-Quédate. –Le pidió disfrutando de su toque.
-No puedo. Me tengo que ir a cenar y además es tarde.
-Pues diles que te quedas en casa de una amiga y listo. Lo pasaremos bien. –Levantó su rostro de la almohada y le guiño uno de sus ojos azules.
-Mmm…suena tentador –sonrió acercándose a su rostro con una sonrisa plasmada en ella –pero nop.
Al instante el rostro alegre de Luke decayó e hizo puchero. Se acerco a sus labios y con delicadeza le mordió el labio inferior haciendo surgir de su pecho un pequeño gemido.
-Me largo.
Aparcó el coche en frente de su casa y suspiró. Dejo que su cuerpo se relajase contra el asiento de su cuero. Dirigió su mano a una ruleta y subió el volumen de la música, que ahora resonaba en sus oídos más fuertes. Necesitaba despejar la mente. No podía creer lo que la había ocurrido… ¡Se había puesta caliente como una perra! Y encima por ¡Percy! Desde luego eso no iba a volver a suceder se había puesta así porque…pues porque llevaba ya un tiempo sin alegría al cuerpo.
Si eso es. Me falta diversión.
Por el rabillo de su ojo noto una sombra moverse y giró para encontrarse con el rostro ceñudo de su insufrible vecino y…gritó del susto haciéndole reír. Enfadada por la reacción bajo la ventanilla.
-¿Qué? –Gruñó.
-¿Qué haces aquí? –Preguntó con una sonrisa ladeada.
-¿Y a ti que te importa?
-Bueno, te vi y pensé que te pasaba algo ¿Te encuentras bien? –Se notó la evidente preocupación en su voz y Annabeth se sintió un poco mal por él, por ser una borde.
Suspiró.
Apoyó la cabeza en el reposacabezas del asiento y se masajeó las sienes. Se sentía frustrada por como reaccionó antes cuando estaba en el garaje con él y eso le molestaba. Mucho.
-No, Percy. Me encuentro bien. Vete a tú casa.
-Me iré cuando tus preciosas piernas se pongan en marcha y entres en tú casa.
-¿Y si no quiero? –Le retó.
-Me obligarías a llevarte. –Respondió encogiéndose de hombros, como si lo hiciera todos los días.
-Sí, ya –rió –en tus sueños. -Anda vete a tu casa tu madre te estará esperando.
-Los tuyos también te están esperando y sigues aquí. Hasta que tú no te vayas yo no me muevo.
-Dios,Percy. ¡Eres jodidamente irritante! –Se tapó las manos de la cara para evitar que viera el tono rojizó de su cara por el enfado.
-Me gusta cuando eres mal hablada. Es sexy.
-¡Vete a tu puta casa! –Le señaló su hogar.
-Cuando estés en la tuya, yo estaré en la mía.
Annabeth apoyó la frente y gritó mientras Percy reía.
-Es sencillo. Tú sales del coche y te vas a tu casa y yo te dejo en paz y me voy a la mía. Sola no te voy a dejar.
-Lárgate –susurró -¡de una puta vez!
-Hablas mal aposta porque sabes que me gusta ¿verdad? Pillina…
-Vete. A. La. Mierda.
Percy suspiró. Metió el brazo por la ventanilla y sacó las llaves del contacto para acto seguido abrir la puerta y desabrocharla.
-¿Pero qué haces? –Preguntó confusa – Devuélveme mis llaves. –Le exigió abriendo la palma de la mano.
-Que conste que lo intente por las buenas…
La cogió de los brazos y tiró de ella hacia arriba. Se agachó a la altura de su cintura y la cogió como una bolsa de patatas. Ella por la sorpresa de ser recogida en brazos soltó un pequeño grito y se aferró a su espalda para no caerse.
-Tranquila nena, no te voy a dejar caer.
-No me llames nena.- Le gruñó.
-Lo que tú digas, nena.
Gruñó más fuerte.
A este paso me convertiré en perro de tanto gruñir.
Intentó zafarse de su agarre intentando retorcerse pero sus fuertes brazos la retenían entonces paso a pegarle puñetazos en la espalda pero paro cuando noto un escozor en el trasero.
A no…no se habrá atrevido.
-Durito como una roca. Como a mí me gusta. –Y la volvió a azotar para luego pasar por encima su palma para intentar calmar el leve dolor.
Esta acción envió un calor bastante intenso a su bajo vientre y maldijo. No debía de reaccionar así pero al parecer no podía evitarlo. No sabía lo que la ocurría ni si quiera cuando estaba con alguien le gustaba que la agarrase el culo o la azotasen.
Solo estoy cansada y tengo hambre. Luke me ha metido caña y estoy reventada. Es eso.
Percy, con la mano que tenía libre, cerró el coche y se dirigió a su casa agarrándola bien para que no resbalara. Cuando llegó a su casa la bajo con cuidado para que no se lastimara.
-Cabrón –Dijo colocándose el pelo que recién, Percy, había despeinado. Eso a Percy le entristeció un poco porque le gustaba verla despeinada. Lucía más despreocupada y más sensual.
-Te dije que te traería aquí. Y por cierto –dijo cogiendo uno de sus rizos y jugando con él con su dedo. –Cuando te ponga cachonda y te vayas a desfogar con tu amiguito Castellan, asegúrate de que te deja satisfecha y no amargada como lo estas ahora ¿vale? Y si no ya sabes…siempre puedes llamarme. –Le sonrió y se dio la vuelta con destino a su casa para cenar con su madre dejando a atrás a una furiosa y sonrojada Annabeth.
-¡Yo no me puse cachonda por ti, y fui con Luke por que le echaba de menos, idiota!
-¡Con los cuentos a los niños! –Le gritó de vuelta.
-¡Aaahh! –gritó frustrada.
La puerta de detrás de Annabeth se abrió lentamente mostrando a un Frederick ceñudo, mirando a su hija. Carraspeó para que se diera cuenta de su presencia y dijo:
-¿A ti quien te puso cachonda?
Lentamente se fue dando la vuelta para conectar sus orbes grises con los azules pálidos de su padre.
Tragó duro.
Mierda…
