¿Por dónde empezar? ¿Por el principio? no, eso tardaría demasiado, quizás debería por contar cuando todo se volvió un caos.
Todos los sobrevivientes aun recordaban ese día, día en que la guerra estallo, una tercera guerra mundial, quien lo diría, la devastación fue total, ciudades enteras fueron destruidas gracias al poder de las armas que los mismos humanos habían creado ¿y para qué? Simple, para destruirse entre sí y ganar ¿ganar qué? Nada, después de que todo acabo no había nada, todo quedo tan dañado que no había países que gobernar, el gobierno dejo de existir y cada quien intentaba sobrevivir como fuera.
Claro que hubo muchos que aprovecharon esa situación y comenzaron a crear sus propios "gobiernos", habían otros que solo querían pasar un día más; los nuevos gobiernos eran tan autoritarios y crueles que grupos "rebeldes, opositores, anarquistas" o cualquier nombre que aquellos que se hacían llamar gobernantes les habían puesto no tardaron en existir. Ellos no estaban contra del gobierno, al contrario, querían a alguien que pusiera orden y paz entre todo el caos que existía, querían a alguien honesto y capaz, no a un tirano y sanguinario dictador el cual se hacía llamar "emperador". Y es aquí, justo en este punto cuando todo cambio.
― ¿segura que es la mejor opción?― una mujer de cabellos obscuros y ojos grises cargando a un pequeño de unos cuatro años le preguntaba a su esposa quien de la mano llevaba a una niña de siete años.
― seguro….Yui y el resto ya se han unido― contesto tranquilamente la mujer castaña de brillantes ojos color avellana.
Ambas caminaban por una larga fila de personas, algunos de ellos eran niños no más grandes que sus hijos, seguramente huérfanos de aquella terrible guerra.
Llegaron a una base, había muchas personas ahí. Todos ellos habían escapado de aquellos que se hacían llamar los nuevos gobernantes; ambas mujeres sonrieron cuando encontraron a una castaña y a una rubia entre toda esa multitud.
― ¡yui, Mugi!― grito la mujer de ojos avellana
― Mio-chan, Ricchan― decía la rubia quien no perdía aquella sonrisa amable a pesar de todo.
El pequeño que cargaba la mujer morena miraba curioso a las mujeres con quienes hablaban sus madres.
― Kenji-kun, Mitsuki-chan, han crecido mucho desde la última vez que los vimos― dijo la rubia ―seguramente se llevaran bien con Kazuo-kun―
― deben venir a donde están Azusa y Sawa-chan― dijo feliz la castaña mientras caminaban entre toda la multitud.
La reunión fue nostálgica, abrazos, risas y lágrimas fueron los principales protagonistas, saber que estaban a salvo era muy distinto a verlas en personas y asegurarse que era así. Los pequeños miraban la escena confundidos, ellos niños que crecieron en la guerra, viendo la destrucción eran muy afortunados, su familia estaba junta, no pasaron hambre y no tenían que matar para vivir, no vieron morir a sus padres frente a sus ojos "aun no", fueron criados con amor y uno de ellos vivió la primer parte de su infancia con lujos al ser el nuevo "heredero Kotobuki".
―mama― decía un pequeño rubio de unos ocho años a una mujer alta de cabellera castaña y gafas ― ¿aquí viviremos?
La mujer se agacho a la altura de su hijo y con una mano le revolvió el cabello mientras le miraba a los ojos ― así es pequeño― le contesto una de sus madres.
―Hikari-nya ¿quieres ir a jugar con los demás?― decía una mujer de ojos chocolate a su pequeño hijo castaño quien estaba aferrado a otra mujer de cabello obscuro.
Una vez los niños estaban distraídos con sus juegos la conversación entre las mujeres se volvió más seria.
―Jun y Ui llegaran en unos días― dijo Yui calmada ― Aiko-chan enfermo y no pudieron salir antes.
― ¿saben algo de Nodoka?― pregunto Mio, Todas negaron con la cabeza en respuesta.
Pasaron algunos días, Ui y Jun llegaron con una pequeña en brazos, sabían que unirse a la resistencia era la mejor opción, temían por el bienestar de sus hijos, el entrenamiento era duro pero sabían que era lo mejor.
Un día las puertas se abrieron y una caravana de vehículos con heridos y muertos llego, entre los heridos estaba aquella expresidenta estudiantil, y entre los cadáveres estaban su esposo y pequeña hija. Estuvieron con ella cuando despertó, estuvieron con ella cuando se desmorono al darse cuenta que había perdido a su familia, estuvieron con ella cuando dejo de comer y solo se dejó morir y estuvieron con ella cuando se unió a la lucha y decidió vengarlos; en un año tuvieron su primer enfrentamiento contra los opresores, fue un caos, hubieron muchos bajas pero a pesar de todo, ganaron.
― ¡ganamos!― grito Ritsu mientras sonreía y gotas de sudor se mezclaban con polvo y sangre sobre su rostro.
― ¡capitán!― decía Yui quien a pesar de tener un brazo roto producto de una explosión sonreía.
―aun no soy capitán ¡pero algún día lo seré!― dijo la otra riendo ― vamos a buscar al resto.
Encontrar a las demás con vida aunque no tan sanas fue una verdadera alegría. Varias pequeñas batallas se libraron, en algunas se perdía y en otras se ganaba, pasaron algunos años y decidieron que sus hijos debían aprender a defenderse, pronto ellos ya sabían disparar y desarmar a otra persona.
― ¡¿Por qué no?!― exigieron saber cuatro chicos bastante molestos.
― ¿acaso están locos?― contesto Mio ― no pueden ir, es muy peligroso―
― Pero mama, ustedes van a pelear todo el tiempo―
― lo hacemos para que ustedes no tengan que hacerlo― contesto Ritsu a su hija quien seguía molesta por que no los dejaban combatir.
― Por favor― dijo el chico rubio con mirada suplicante.
― eso no funciona conmigo― contesto tajante Sawako a su hijo.
― ustedes son prácticamente unos niños― comenzó a decir Azusa ― no los arriesgaremos de esa manera.
―pero mama ya tengo trece, Mitsuki también― contesto el chico castaño ―Kazuo ya tiene catorce, ya no somos unos niños.
―te recuerdo que Aiko tiene doce― contesto Ui mirando a su hija quien apretaba fuertemente una escopeta.
― ¡yo también quiero pelear!― dijo fuertemente mientras unas lágrimas amenazaban por caer.
Ui se acercó a su hija y la abrazo con fuerza ― sé que es difícil pero… si nosotras morimos…ustedes tendrán que cuidar de los otros― le dijo suavemente.
No importo que tan molestos estaban los chicos, ellas no los dejarías luchar…no aun.
Los chicos caminaban resignados hacia sus cuartos cuando vieron como un chico de cabellos obscuros y ojos verdosos era sacado de la habitación de los nuevos reclutas, el chico hiso una mueca de disgusto que rápidamente cambio cuando vio a los chicos.
― ¿tan rápido te echaron?― pregunto burlonamente Hikari
― dije que tenía 15 pero no me creyeron― dijo molesto el chico a lo que los demás rieron.
― Como se te ocurrió eso― pregunto Mitsuki ― hubiera sido más fácil si te pintaras un bigote―
― creí que al no tener padres me reclutarían más fácil pero son muy estrictos con la edad…al menos Kazuo podrá enlistarse el próximo año―
El mencionada simplemente metió las manos en los bolsillos ― aunque tenga la edad dudo que me dejen― dijo con simpleza
― es una lástima, eres un buen francotirador, casi tan bueno como Mugi-san, casi tan bueno como yo piloteando ¿ya les dije que fui el mejor manejando el cazador?―
La plática continuo mientras caminaban, un año paso y el día menos pensado ocurrió lo impensable, el reloj marcaba las 2:43 a.m.; un gran estruendo se escuchó por todo el lugar, las alarmas se encendieron y todo se volvió un caos, los pasillos pronto se llenaron de personas con armas, niños llorando, varios disparos y explosiones se podían escuchar.
Mitsuki intentaba abrirse paso entre toda la multitud mientras sostenía una berreta en su mano derecha y en la izquierda sostenía la mano de un pequeño que tenía los ojos llorosos y con la mirada buscaba desesperadamente a que alguien llegara a salvarlos.
― ¡Mitsuki!― escucho que alguien le llamaba y al girar la vista pudo ver a su amiga Aiko quien intentaba alcanzarla dando empujones entre todas las personas.
― ¿¡dónde están los demás?!― exigió saber la morena a su amiga.
La chica castaña intento recobrar el aliento ― n…no lo sé… estoy segura que los chicos están juntos, quizás nos estén buscando― dijo intentando sonar convincente.
― Onee-chan… ¿dónde están nuestras madres?― preguntaba el pequeño a su hermana y esta simplemente le dio una pequeña sonrisa.
Se abrieron paso entre toda la multitud hasta que una fuerte explosión provoco que todo se sacudiera, las luces parpadearon y trozos de concreto y polvo comenzaba a caer.
― ¡debemos evacuar rápido!― grito Mitzuki mientras se levantaba junto a su hermano y Aiko.
Intentaron por las salidas de emergencia las cuales estaban saturadas, los que no peleaban intentaba escapar, una parte de ellos quería pelear y otra deseaba encontrar a sus seres queridos.
― ¡Aiko, Mitzuki, Kenji!― escucharon una voz que les llamaba con desesperación, alzaron la vista y pudieron ver a un chico de cabellos castaños quien se abría paso entre la multitud intentado llegar hasta ellos ― ¡vamos, hay un helicóptero esperando!― les informo el castaño.
Si adentro todo era un caos, afuera era el infierno mismo, cadáveres eran parte de la vista principal, fuego, explosiones, disparos, sangre y gritos eran los protagonistas.
― ¡resiste! ¡No me dejes!― suplicaba una mujer rubia a su exprofesora que yacía en el suelo recargada en una pared, los lentes estaban tirados a un lado con los cristales rotos; en el pecho un agujero del cual no dejaba de brotar sangre daba a entender que no duraría mucho.
― Mu…Mugi chan― intentaba hablar con dificultad, vio que la rubia tenía ganas de callarla, de suplicar que no se esforzara, que todo estaría bien, que se mejoraría ― ve…Kazuo― fue lo último que dijo antes de cerrar los ojos para siempre, antes de que su corazón dejara de latir y solo quedara un cadáver, uno más entre las desenas que desfilaban ante sus ojos.
Los sollozos de la rubia provocaron que una castaña y una morena se acercaran corriendo, portaban rifles y sus rostros estaban cubiertos con sudor, polvo y unas cuantas gotas de sangre, al ver la imagen lagrimas resbalaban por sus mejillas.
― Mugi-chan…vamos― dijo delicadamente Azusa a su amigas quien con recelo soltó el cuerpo de la mujer mayor.
Yui se limpió las lágrimas con el dorso de la mano ― debemos encontrar al resto― dijo con voz calmada.
― ¡más rápido Mio!― gritaba Ritsu mientras corrida por las escaleras de incendios hacia la parte superior del edificio, Mio corría detrás de ellas casi sin aliento.
― ¿porque no los buscamos en sus habitaciones?―
― A estas alturas lo más probable es que intente salir… Mitsuki es muy lista, estoy segura de que está cuidando de Kenji en estos momentos― dijo con orgullo.
― ¿seguro que sabes lo que haces?― pregunto un chico rubio a su amigo moreno quien oprimía varios botones de un helicóptero el cual se encontraba en la parte más alta del edificio y cubierto por un gran domo que cubría a otras naves las cuales se iban llenando de otras personas, principalmente niños y mujeres.
― ¡completamente!― le grito el chico.
― "¿Dónde están?"― Se preguntaba mentalmente el chico mientras los sonidos de disparos lo hacían estremecer.
Mugi corría aunque no podía distinguir bien por donde iba, de sus ojos aun no dejaban de salir lagrimas pero tenía que continuar, debía encontrar a Kazuo y ponerlo a salvo y quien sabe, quizás deba despedirse para siempre de él.
Mitsuki, Aiko, Kenji y Hikari por fin habían conseguido llegar hasta donde estaba el helicóptero ― ¡donde están nuestras madres!― pregunto irritado el pequeño Kenji.
Mitsuki se giró para ver todo lo que ocurría alrededor, sabía que el domo no resistiría mucho, sabía que si no salían de ahí pronto, jamás lo harían, sabía que debía poner a Kenji a salvo, aunque todo su ser le gritara que se quedara y peleara.
― ellas vendrán pronto― le dijo a su hermano mientras lo tomaba y lo colocaba dentro del helicóptero y le abrochaba el cinturón de seguridad, los ojos avellana del niño brillaban tal y como brillaban los de Ritsu aunque tenía esa mirada de miedo tan distintiva de Mio.
― ¿y ahora?― pregunto Aiko quien estaba detrás de ella; Mitsuki la vio a ella, vio a Hiroto quien estaba impaciente por despegar, observo a Kazuo y Hikari quienes sostenían sus armas con temor sus armas, y entonces lo entendió, es verdad, eran solo unos niños.
― ¡Mitsu!― la chica busco desesperadamente de donde provenía la voz y entonces las noto, entre toda la multitud dos mujeres se acercaban rápidamente a ellos, la morena se abalanzo hacia ella rodeándola con sus brazos ―¿¡donde está tu hermano?!― pregunto angustiada Mio.
― está en la nave― dijo Mitsuki y Mio corrió hacia el mientras que Ritsu abrazaba a su hija y le susurraba "buen trabajo"
Kazuo, Aiko y Kikari observaban alrededor esperando encontrar a sus respectivas madres, Hikari casi cae cuando unos brazos lo rodearon por la espalda, el chico de inmediato se sintió tranquilo ― Hikari-nya… que bueno que estas a salvo― dijo Yui con una sonrisa. Azusa de inmediato reviso a su hijo asegurándose de que no estuviera herido; unos sollozos acompañados de lamentos llamaron la atención de todos, Mugi abrazaba fuertemente a Kazuo quien lloraba fuertemente al igual que su madre.
― ¿Qué…que sucede?... ¿dónde está Sawako-san?― pregunto Aiko a sus tías quienes solo agacharon la cabeza y negaron lentamente, mas sollozos se hicieron presentes.
―solo un poco más― decía cansada Ui quien llevaba casi arrastrando a su esposa quien tenía la pierna derecha prácticamente desecha ―están ahí, lo sé― le repetía mientras subían por unos escalones del edificio, los disparos cada vez se oían mas cerca, atacar de madrugada cuando nadie se lo espera ¡que cobarde!
―Ui― le llamo Jun ―ya vienen―dijo con voz cansada ― si no me dejas aquí no podrás llegar por Aiko-chan―
― ¡no te dejare!― repitió mientras lagrimas caían por sus mejillas y la otra simplemente le daba una sonrisa burlona.
― Lo se…pero debes hacerlo, te veré pronto lo prometo― Ui la miro y aunque su corazón estaba hecho añicos, sabía que debía hacerlo, ambas habían jurado proteger a Aiko a cualquier costo, un casto beso en los labios cargado de amor fue la despedida.
―"querrá matarme cuando sepa que mentí― pensó tristemente Jun mientras sacaba una granada de uno de sus bolsillos ―"que irónico"― fue todo lo que pensó antes de ver las armas de los atacantes acercarse y quitar el seguro de la granada y la explosión acabara con su vida y la de aquellos que se acercaban disparando hacia todas direcciones.
Ui corrió los últimos pisos que sobraban para llegar a la azotea, justo cuando la puerta final estaba delante de ella el sonido de una explosión la detuvo, sabia de que se trataba, la odiaba, ¿¡cómo podía?!, la promesa la mantuvo cuerda y abrió la puerta para ver a su hija quizás por última vez.
La explosión había desconcertado a todos, el helicóptero estaba a punto de despegar, Aiko se negaba a subir sin sus madres, justo cuando iba a protestar por cuarta vez vio a la castaña acercarse con los ojos rojos por el llanto y sin Jun a su lado, fue todo lo que necesito para romper en llanto y correr a abrazarla.
― Las puertas no resistirán más― alguien informo, las balas de las naves enemigas rebotaban por el domo ya cuarteado, si salían morían, si se quedaban morían, que hacer.
― Tengo una idea― dijo Ritsu con voz seria y calmada, esa voz asustaba a Mio, pero ahora no había tiempo para eso. ― necesito que suban rápido― les dijo a los chicos quienes obedecieron rápidamente.
Los chicos observaban como sus madres hablaban sobre el plan que se les había ocurrido, observaron sus reacciones, primero fue sorpresa, luego tristeza y por ultimo determinación.
― mama que suce…―Mitsuki no pudo continuar, su madre morena la callo con un dedo mientras besaba en la frente a su hermano y después a ella.
― Cuida de tu hermano― fue todo lo que dijo antes de alejarse.
―eres muy fuerte, no te rindas jamás ― dijo Ritsu a su hija mayor y después se acercó a su hijo para decirle algo en el oído que hiso que el chico riera.
El corazón de todos dejo de latir por un momento cuando notaron que sus madres de despedían de ellos como su nunca más volvieran a verse.
― debes practicar con tu guitarra, come muchas cosas deliciosas y duerme mucho― le decía Yui a su hijo quien estaba un tanto en schok.
― debes decirle que estudie y se porte bien― la regañaba Azusa
― Hikari-Nya es muy listo, y aprende muy rápido, es perfecto― dijo Yui mientras sonreía.
Azusa también sonrió, es verdad, su hijo a pesar de ser distraído e incluso un poco torpe era sumamente listo, responsable y aprendía todo con una gran facilidad ― Simplemente se feliz ¿de acuerdo?― fueron las últimas palabras que le dijo a su hijo, después un beso y se alejó con Yui.
― Por favor no te enojes― le decía Mugi a Kazuo quien tenía la cabeza gacha para que sus lágrimas no se notasen ― sabes que te amaremos por siempre― y saco un collar con un corazón en donde estaba la fotografía de Sawako y Mugi sosteniendo a un pequeño rubio de no más de un año de edad.
― sé que aun eres una niña pero algún día entenderás los sacrificios que se hacen cuando amas a alguien― dijo Ui mientras besaba la cabeza de su hija por última vez― te amo y sé que Jun también te ama, te amamos como no te imaginas―
― ¡chicas!― escucharon que alguien les llamaba y al encontrar la voz no pudieron evitar sonreír, Nodoka estaba como piloto en un avión el cual llevaba a varias personas "cuídalos por favor" pensaron todas.
El helicóptero al igual que las otras naves comenzaron a despegar, tal y como habían dicho, el domo no resistió más y colapso, las ráfagas de balas comenzaron a caer como lluvia, varias explosiones se hicieron presentes y por fin hubo un momento en que tuvieron el punto exacto por donde escapar, varias naves enemigas comenzaron a caer repentinamente y eso les daba una valiosa oportunidad para salir.
De nada sirvieron los insultos y suplicas a Hiroto para que regresara, el chico pidió disculpas mientras intentaba mantener la vista despejada a pesar del llanto, "se los prometí" repetía el chico, la noche anterior la base contaba con 1,230 personas, ese día únicamente pudieron escapar 587.
― seguimos esperando― repitió Sawako al joven rubio quien se había dejado llevar por sus recuerdos, aquellos recuerdos que se había jurado, no se volverían a repetir.
― Yo también― dijo finalmente el chico.
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Hahahaha ¿Qué les pareció?, la verdad es que este capítulo me dio bastante lata, cambie decenas de veces de parecer, pero creo que quedo decente. ¡Por fin se descubrió todo el misterio de esos chicos!, ahora veremos cómo marcha todo más adelante.
En verdad agradezco sus comentarios, y el hecho de que se tomen la molestia de leer esto (ya sé que siempre digo lo mismo), en fin, sin más me despido.
