¡Wow! ¡Tiempo record! ¡A la velocidad del Jiraishin de Minato :D!

Bien, aquí con el siguiente capítulo. Es que estoy taaan inspirada, oh Dios, hay tantos fanfics sobre el final de Naruto, algunos buenos y otros malos, que ¡qué más da! ¡Yo soy feliz!

En fin, le avanzaré al siguiente fanfic. Estos serán solamente unos OneShots acerca del SasuSaku y el NaruHina, y claro, del SaraBolt :3, oh, Dios, qué emoción!

En fin, gracias por leerle, de verdad aprecio que se tomen el tiempo :)

Dejen Reviews! Cada Review hará que mi corazón encantado vibre con el polvo de esperanza y magia (jajajaja, eso qué!)

"blablabla"- pensamientos o recuerdos

-blablabla- Shukaku

-blablabla- conversaciones normales

*aclaraciones

Naruto (obviamente) no me pertenece, sino al gran Masashi *Me monto en tu moto* (aunque le guste matar personajes maravillosos T.T), de ser mío ya estaría casada con Shikamaru y miraríamos las nubes mientras decimos "problemático" todo el día :3


CAPITULO 4. "BOLLITO"

Gaara se quedó mirando al pequeño bollito delante suyo, totalmente impresionado, y ajeno a todos los presentes que estaban conteniendo la respiración por el miedo. Hanabi apretaba los puños, pidiéndole con la mirada a su hermana mayor que la dejara acercarse, asustada por el pequeño en las manos de Gaara, pero ésta, con los ojos clavados en los dos, le impedía hacer cualquier cosa.

Hiashi, el más cercano a ellos, dio un paso sigiloso hacia ambos, pero el movimiento brusco de las arenas lo obligó a quedarse en su lugar. Temari y Kankurou también estaban inmóviles, primero impresionados por la reacción de su hermano menor y luego por el pequeño.

Mientras tanto, el niño miraba a Gaara con asombro.

Durante su corto tiempo de vida, estaba acostumbrado a que muchas personas vinieran a visitarlo pero nunca había visto a alguien como él; se sentía encantado cada vez que alguien entraba a verlo, porque siempre lo miraban como si fuera la persona más grandiosa que sus ojos pudieran presenciar. Muchas personas lo mimaban y llenaban de regalos, desde el líder de la casa Hyuuga hasta aquella preciosa mujer de cabellos como los botones de cerezos y ojos como jades y aquella bonita niña de cabello negro. Pero sin duda, sus invitados favoritos eran sus tíos Shino y Kiba.

Shino, siempre que lo visitaba, le llevaba algún juguete nuevo o libros para que Hanabi o Hiashi le leyeran antes de dormir… a pesar de que él realmente no entendía lo que decían. Pero eso no era lo que al pequeño le gustaba de su tío, sino que le mostraba un baile de todo tipo de insectos, haciendo curiosos movimientos que al chiquillo le fascinaban… claro que, al final su tío Shino terminaba casi dándole un infarto porque el pequeño se llevaba los insectos a la boca o quería aplastarlos para ver qué llevaban dentro.

-Nunca debes lastimar a los insectos, chibi-chan- le dijo en una ocasión que miraban un capullo. Días antes, su tío le había regalado un gusanito curioso color verde con amarillo que había llamado "Oruga-chan", el pequeño estaba encantado con el animalito hasta que un día despertó y no pudo encontrarlo por ningún lado.

Claro que todos en la familia Hyuuga estaban asustados porque el chiquillo no dejaba de llorar, preguntándose quién se había comido a Oruga-chan. Fue hasta que Shino volvía de una misión que lo llevó al jardín y le mostró lo que pasaba:

-Puede que algunas personas vean a los insectos como cosas desagradables y que deben ser pisoteadas, pero, ¿sabes una cosa?- lo cargó sobre sus hombros delante de un árbol donde algo parecido a una bolsita transparente colgaba. El pequeño intentó golpear la bolsita, pero Shino le sostuvo las manos. Esperaron pacientemente hasta que la bolsita se rompió, y de ella salió un animalito que el pequeño en ocasiones veía por los jardines.

Soltó un chillido de alegría, moviendo sus manitas hacia la hermosa mariposa rosada que salía de ahí. Shino le sonrió y le dijo:

-Ellos son vida, ¿entiendes? Y nunca acabamos con la vida de otros seres, sean animales o personas.

El tío Shino era tan tranquilo, amable, y le gustaba todas las cosas que le decía siempre aunque realmente no le entendía nada, pero sin duda el pequeño travieso amaba cuando Kiba y Akamaru lo visitaban.

Siempre que el shinobi y su mascota fiel pasaban a la casa Hyuuga, le llevaban un sinfín de regalos al pequeño, desde pequeñas armas de goma hasta diferentes juguetes de otras aldeas… pero el mejor regalo que pudieron darle, fue ese cachorro idéntico a Akamaru: el pequeño Maru-chan.

-Akamaru tuvo su segunda camada hace un mes- le dijo a Hinata ese día que los visitaba.- Y, como se acerca el cumpleaños de este pequeño remolino rechoncho, he decidido regalarle uno de sus cachorros- Kiba se arrodilló delante del pequeño, quien ajeno a todos, admiraba al canino de pelaje blanco que se había echado al suelo- ¿Te gusta, torbellino?- le dijo al enano- ¿Tener tu propio cachorro?- el niño, con tan sólo un año de edad en esa época y sin entender realmente a lo que se refería, solamente asintió.

Kiba soltó una risotada y cargó al pequeño, lo acercó al cachorro y los dejó conocerse. Para los presentes, aquella era una escena enternecedora que los tenía embobados, porque miraban con encanto cómo el pequeño se acercaba al perro y lo acariciaba con algo de brusquedad. Luego, comenzó a gatear mientras el cachorro lo seguía.

Ahora, el pequeño podía caminar tranquilamente por la casa mientras Maru va detrás. O rodar, como les gusta últimamente.

-Quiere a Maru como a nada en el mundo, pequeño- le había dicho su tío un día- Porque puede que Shino te diga que los insectos son grandiosos, pero, ¿sabes una cosa?- le guiñó un ojo- No hay animal más fiel ni mejor amigo para un hombre, que un perro.

-¿Gaara…?- la voz de Temari sacó a los dos de su ensimismamiento, parpadeando el primero y el segundo buscando con la mirada azulada el motivo de su felicidad. Giró la cabecita completamente hasta que encontró a su madre… y acto seguido, comenzó a llorar.

-¡Mama-chan! ¡Mama-chan!- gritó el pequeño con una voz infantil que distorsionaba las palabras, claramente la voz de un niño que no sabía hablar aún, moviendo sus puñitos hacia las Hyuuga. Hanabi dio un paso para acercarse, pero las arenas se lo impidieron.

-¡Hermana!

-Espera, Hana.

-¡Pero…!- y miró al niño, quien había dejado de llorar. Ahora, miraba con asombro y lágrimas en sus enormes ojos azules, las arenas a su alrededor. Estiró una de sus pequeñas manitas llenas de hoyuelos y tocó la arena, para que ésta se deslizara entre sus dedos. Volvió a repetir la acción y, acto seguido, soltó una sonora risotada que tranquilizó un poco a los presentes.

-Gaara, habló Shukaku- ¿Es éste chiquillo… el jinchuriki de Kurama?, le preguntó, igual de impresionado que él. Gaara no sabía qué contestar.

Era cierto que el bollito era idéntico al Uzumaki: ambos tenían ese tono peculiar de piel, como entre melocotón o hasta bronceada, los cabellos intensamente dorados como un sol, esos enormes ojos azules como el mar y esas curiosas marcas en sus mejillas.

Pero…

"No hay manera de que sea Naruto", dijo, decepcionado.

-Por supuesto que no, esta cosa es… un bollito amarillo.

"Entonces… él es…"

-Kazekage-sama- oyó el pelirrojo una voz. Se giró, con el bollito frente a él, para encontrarse con la nívea mirada de la heredera de los Hyuuga- Hermoso, ¿no?- dijo, tratando de no asustar al jinchuriki, mientras el pequeño reaccionaba a la voz de Hinata.

Estiró sus manitas hacia ella, impaciente. Gaara parpadeó.

-Es idéntico a él- dijo, sin apartar la mirada de ella- Como… un mino clon de sombras.- Hinata soltó una risa que al jinchuriki le pareció el sonido más hermoso que jamás había escuchado.

-Está asustada, chiquillo, dijo el Ichibi- Debes soltar al enano… ahora.

"Es Naruto"

-Tsch, mira bien al bollito, dadakko, le dijo casi golpeándolo, a lo que el Kazekage volvió la mirada al enano, quien también se había vuelto a él- Naruto debería tener tu edad, y lo que sostenemos en un bollito rechoncho que no sabe ni hablar.

"Tienes razón", dijo Gaara, al instante, dejó al niño en el suelo. Y todos se movieron.

Hanabi se abalanzó sobre el pequeño y lo abrazó con fuerza. A los segundos, el pequeño comenzó a patalear: amaba a Hanabi porque lo mimaba como nadie, pero odiaba que su carita siempre se perdía en su pecho. No lo dejaba respirar.

Gaara observó cómo todos le prestaban atención al bollito, y cómo éste chillaba furioso en los brazos de la pequeña Hanabi. Solamente Hinata no se había movido. Temari se acercó a Gaara.

-¿¡En qué pensabas, Gaara!?- le dijo, golpeando levemente su brazo- ¡Nos has dado un susto de los mil demonios!

-Lo siento- musitó el jinchuriki, mirando aún al enano, quien peleaba por alejarse de Hanabi- Es sólo… que…

-Es idéntico, ¿no?- dijo Kankurou, a su lado- Me refiero a Naruto.

-Tienes razón- apremió Temari- Es como un… ¿cómo lo llamaste, Gaara?

-Mini clon de sombras- dijo Hinata, sonriendo- Y parece que sí lo es.

-Son iguales- dijo su hermana con una risa que Gaara nunca había visto en ella: era adoración, encanto, júbilo y hasta le parecía… amor. ¿Al enano?

Fue en ese momento, en el que el enano levantó las rechonchas manos e hizo un puchero, que supo realmente quien era.

"Claro, qué idiota soy", se dijo, sonriendo. Acción que todos entendieron, porque se giraron a él. El pequeño hizo otro puchero, luego demandó la atención de los presentes. A pesar de que amaba las visitas, odiaba que dejaran de prestarle atención a él; tenía ese complejo de querer que siempre lo miraran, de que todos pusieran sus ojos en él, de que cada berrinche que hiciera fuera alabado y se rieran ante sus travesuras. El pequeño, a sus dos años, sabía exactamente qué hacer para tener a todos comiendo de la palma de su rechoncha mano.

No lo entendía aún, pero todos, incluso un viejo de ojos lechosos, le decían que era idéntico a su padre.

Pero aquella persona no le gustaba para nada.

No se parecía en nada a nadie que conociera, y era intimidante. No podía apartar sus enormes orbes azules de su imponente figura. El pequeño, finalmente, se rindió y sacó su mejor arma. Una que sabía funcionaría.

Soltó un aullido, uno que provocó que se volvieran a él. Hanabi intentó calmarlo, incluso Hiashi, ya ni qué decir de aquella rubia que comenzaba a gustarle, quien se acercó a preguntar por qué el pequeño encanto estaba llorando, hablándole con una adorable voz infantil y acariciando su cabello.

Él amaba que hicieran eso, pero que la única persona que realmente amaba no lo estuviera abrazando lo frustró. Y comenzó a llorar de verdad, con varias lágrimas quemando sus mejillas.

-Quiere a su madre- dijo Hiashi, limpiando las lágrimas con la manga de su yukata. El pequeño estiró sus manitas con hoyuelos, y por un instante el pelirrojo pensó que lo estaba llamando, pero la figura de Hinata caminar hacia el pequeño lo paralizó.

Observó cómo la chica Hyuuga tomaba al pequeño en sus brazos, para luego mecerlo y sonreír mientras parecía decirle algo. Pero él estaba perdido.

Shukaku soltó una risa:

-Ese bollito es el hijo de Naruto Uzumaki… y de esa chica.

Gaara, por primera vez en su vida, sintió que algo dentro de él se rompía.

Algo que no sabía que podía romperse, y seguir con vida a la vez.