Hola, aquí de nuevo, con el capítulo 5 a la velocidad del Jiraishin de Minato!
Se supone que iba a publicar éste capítulo el sábado, pero no tuve tiempo. Pero, mejor tarde que nunca
Pikutel: muchísimas gracias por seguir la historia, y déjame decirte que me encantan en principal las que escribes :3, son hermosas! Acerca de tus preguntas, efectivamente Gaara y el Shukaku se encuentran en la temporada de celo, que ocurre en los Bijuu más o menos al inicio de la primavera y dura exactamente un mes. Así que tendremos al Ichibi molestando al pequeño Gaara durante muuuucho tiempo ;)
Ahora, acerca de Naruto, bueno, éste es un GaaHina, pero tengo muchísimas intenciones de meter al Jinchuriki en la historia. En éste capítulo se hablara sólo un poco tanto del Uzumaki como del pequeño torbellino que es Bolt.
Y, efectivamente, Gaara debería de tener ese horrendo peinado de Benito Juárez que Kishimoto decidió ponerle… pero como amo a Gaara, pues no permitiré para nada que su belleza se vea opacada por ese HORRIBLE peinado. Quédate tranquila ;) y gracias por leerme!
adx-25: muchas gracias por tu review! sígueme leyendo! Prometo no decepcionarte.
Y bueno, ya para continuar, les aviso que en éste capítulo hablare sobre Naruto y sobre algunas otras cosas más, y será la primera aparición del que se volvió mi encanto: Shikadai Nara. Sí, sí, ya sé que con anterioridad no había mencionado al chico, y de hecho no tenía pensado hacerlo, pero como Bolt ya tiene dos años es obvio que el pequeño Shikadai también tendría la misma edad, por lo mismo tendré que hablar de los otros niños aunque sea un poco. Lamento todo el revoltijo y si tienen alguna duda, saben que pueden dejarme reviews o MP para aclararles todo. Con gusto, les responderé.
"blablabla"- pensamientos o recuerdos
-blablabla- Shukaku
-blablabla- conversaciones normales
*aclaraciones
-Naruto (obviamente) no me pertenece, sino al gran Masashi *Me monto en tu moto* (aunque le guste matar personajes maravillosos T.T), de ser mío ya estaría casada con Shikamaru y miraríamos las nubes mientras decimos "problemático" todo el día :3
CAPITULO 5 "EL TORBELLINO AMARILLO"
El atardecer estaba comenzando a caer en la cálida Konoha.
El Kazekage miraba desde su lugar en el tejado de la residencia Nara cómo el sol se ocultaba. Los atardeceres siempre le gustaron; incluso cuando era un niño solitario y temido por todos, le gustaba subirse al tejado a admirar la belleza del paisaje. De todos modos, Shukaku amaba los paisajes como ese.
Hubo una ocasión, en la que sus memorias se mezclaron y el Ichibi le mostró al Kazekage el recuerdo de una ciudad envuelta en un color rojo, que aunque debió parecerle el escenario más perturbador y tétrico de todos, al pequeño Gaara le dejó sin aliento la vista de una ciudad en ruinas sumergida en un mar rojo sobre el cielo, con enormes montañas escondidas entre las nubes. Shukaku le había dicho en varias ocasiones que deseaba llevarlo a ese lugar, que juntos podrían crear un mundo como ese, que solamente debía permitírselo.
-Ven conmigo, y te daré todo lo que necesitas. Sólo… ven.
-¡Basta con esas tonterías, Shikamaru!
Una voz femenina lo sacó de sus pensamientos de golpe.
Abrió los ojos, algo molesto, porque estaba a punto de caer en el trance del Shukaku, quien sabía ahora estaba durmiendo. Gaara conocía a la perfección al Ichibi, porque durante todos esos años juntos había aprendido a tenerlo callado de dos maneras: o le daba lo que pedía, que normalmente eran cosas absurdas que el pelirrojo no podía conseguirle, o lo dejaba que lo molestara hasta que se hartaba… y finalmente se dormía.
-Oye, mujer, pero si solamente está durmiendo, déjalo en paz.- la voz de la chica lo obligó a mirar abajo, solamente para encontrarse a su hermana mayor discutiendo con Shikamaru.
-¿Ya están peleando de nuevo? Qué molestos.- dijo el Shukaku en su cabeza y Gaara no pudo haberle dado más la razón.
Observó con atención a su hermana reclamarle algo al shinobi de las sombras y cómo éste parecía estarle dando el avión, repitiendo constantemente "sí, sí, sí" con esa típica mirada de "qué molesto". Claro que Gaara sabía que no había nada más que le molestara a su amada hermana que le dieran el avión.
-Parece que no aprende.- dijo el pelirrojo para sí mismo, riéndose en voz baja. La puerta corrediza se abrió de pronto y el Kazekage vio cómo su "cuñado" parecía estar buscando algo. Hasta que lo vio.
-¡Gaara-danna!- dijo el chico y el tic en el ojo izquierdo del jinchuriki se hizo presente.- ¡Gaara-danna! ¡Temari ya tiene lista la comida!
-¿Le has dicho lo molesto que es que te llame "danna"?
"Aún no"
-Deberías hacerlo, dadakko.
"Claro"
-¡Gaara-danna!- antes de que el pelirrojo contestara, Temari salió, hecha una fiera.
-¡Maldita sea, Gaara! ¿Quieres bajar a comer? ¡Tienes tres segundos o te dejaré comer de la caja de arena del gato!- dijo enojada, a lo que el pelirrojo no dudó en obedecer.
En un instante, ya estaba al lado de Shikamaru, quien lo miraba suspirando y negando. Temari entró a la casa, lanzando maldiciones a diestra y siniestra; Gaara pudo ver a la madre del Nara deambular cargando unos platos, con un gesto algo serio y distraído, ajena a su alocada nuera quien parecía decirle algo.
-Seguramente está quejándose de mí- le dijo el shinobi al Kazekage. Gaara lo miró- Últimamente tu hermana está de un humor del demonio.- y el silencio se prolongó, ambos mirándose, Shikamaru esperando alguna respuesta de su cuñado, y el Kazekage tímido, sin saber realmente qué decir.
Y no es que a Gaara no le agradara su cuñado. De hecho, desde que se enteró que su amada hermana y el genio se traían "algo", muy a pesar de que al principio no le gustaba la idea, con el tiempo se dio cuenta de que no había nadie mejor para alguien como ella que él. Y es que a pesar de que Shikamaru siempre parecía ignorarla y aunque tuvieran personalidades completamente diferentes, el pequeño de la arena no le podría haber confiado a nadie en el mundo a su preciada hermana que al Nara.
El día de su improvisada boda, Gaara le dijo que estaba agradecido de que su hermana al fin encontrara a la otra mitad, y que no podía estar más feliz por ambos… y claro, también por el pequeño que se avecinaba a la familia.
Y así había sido como su compañero de armas se había convertido en su cuñado. Vaya giros de la vida.
El grito de su hermana los sacó a ambos de su ensimismamiento, y caminaron dentro de la casa, sólo para detenerse en medio del corredor. Gaara soltó una risita:
-Shikamaru- le dijo, mirando al suelo.
-Sí, lo sé- dijo el aludido, suspirando. En el suelo había un pequeño bultito envuelto en una frasada guinda que Gaara había traído de Sunagakure, tirado en medio del corredor. Shikamaru se inclinó y destapó al bulto, para encontrarse a su pequeño hijo de dos años hecho un ovillo y con el dedo en la boca. Y Gaara vio la sonrisa más sincera y amorosa que raramente había visto en el serio ninja: el día de su boda, cuando después de casi un minuto de silencio por parte de su hermana y de ésta dijera "acepto", esa misma sonrisa que mezclaba entre orgullo, alegría y regocijo se dibujó en su cuñado. La segunda vez que la vio fue la primera vez que tomó a su hijo en brazos en el hospital.
El Kazekage sabía que ese tipo de sonrisas solamente se las dedicaba a su hijo.
El Jounin se inclinó para tocar a su hijo, quien dormía tranquilamente en medio del corredor.
-Shikadai. Hey, Shikadai- le habló, pero el niño solamente se movió incomodo- Hey, hijo, levántate o tu madre te va a meter una patada- le dijo al niño, para sorpresa de Gaara, quien se rió para sí mismo, completamente seguro de que su hermana sería capaz de hacerlo.
Pero claro, como siempre, el niño siguió durmiendo.
Shikamaru no tuvo más remedio que cargarlo, porque sabía que si su madre lo veía ahí tirado iba a echarle la bronca tanto al pobre niño como a su padre.
-¡Otra cosa hubiera heredado de ti, Shikamaru!- se quejaba siempre Temari- ¡Sólo espero se quite con el tiempo! No tengo intenciones de discutir con otro vago como tú al que no pueda controlar.
El niño abrió los ojos durante unos segundos cuando sintió a su padre cargarlo, sólo para encontrarse con la mirada divertida de su tío. Shikadai era un niño de dos años muy perezoso y vago como su padre, físicamente muy parecido a él: con la misma mirada despreocupada, la forma de los ojos, el semblante serio a pesar de su corta edad aunque redondo, con mejillas rosadas, la piel igual de clara y el cabello oscuro ligeramente largo. La única diferencia entre los Nara era que su sobrino había heredado los ojos del color de su hermana, esos preciosos orbes azules y las pestañas gruesas. Kankurou decía que si Shikadai hubiera sido una niña como su padre tanto quería, sería la niña más hermosa de todas, a lo que el padre dijo:
-Por una parte, me alegro de que no sea así- dijo esa misma noche que había nacido su hijo, estando completamente ebrios todos- Porque ¡mataría a cualquier ninja que pusiera sus ojos en mi pequeña! ¡Otra más de sake por aquí! ¡Soy padre, maldita sea!
El recuerdo hizo reír a Gaara, y llamó la atención de su sobrino, quien después de abrir los ojos ya un poco más despierto estiró los brazos a él, para sorpresa de Shikamaru, quien miró a su cuñado como para esperar una aprobación. Gaara tomó al niño en brazos y éste acunó su cabeza en el cuello de su tío.
-Pio- dijo el niño soltando un bostezo para proceder a dormirse. Gaara sintió un nudo en la garganta y tragó con dificultad, mientras Shikadai se aferraba con fuerza a su cuerpo, como no queriéndose separar de él. El Kazekage palpó suavemente la espalda de su sobrino y lo meció de un lado a otro, recordando las veces que veía a su hermana o su suegra intentando dormirle, cantándole alguna que otra canción de sus respectivas aldeas. Pero el pelirrojo no se sabía ninguna, y la única que cruzaba su mente era la canción secreta del Shukaku, así que comenzó a tararerla mientras el niño sonreía adormilado…
… estaban tan absortos en su mundo, que ninguno notó los cuatro pares de ojos que los miraban, completamente enternecidos. Temari contenía las lágrimas ante la escena, mordiéndose el labio para evitar que los sollozos se escaparan y limpiándose las lágrimas con cuidado. A su lado, su esposo la sujetaba de los hombros, sintiendo la misma ternura que ella por su cuñado y su hijo, mientras que Kankurou y la señora Nara sonreían con alegría.
Ajeno a las miradas y disfrutando de ese pequeño momento de tranquilidad, un pensamiento cruzó por la mente del Kazekage:
"Bolt Uzumaki", pensó el jinchuriki con cierta tristeza.
Los recuerdos de la tarde pasaron por su mente como queriendo torturarlo:
-¿El hijo del jinchuriki de Kurama? ¿Ese niño?, el ichibi no podía creerlo, al igual que el propio Gaara, pero el bollito era la viva imagen del Uzumaki, con esos cabellos como los girasoles y esos enormes ojos azules. ¿Qué hay con esas marcas, Gaara?
"Naruto también las tenía"
-Era una pregunta retórica, genio, bufó molesto el animal.
"Entonces no hagas preguntas si no quieres oír respuestas"
-¿Estás molesto, dadakko?, se mofó el Shukaku al notar cómo su jinchuriki apretaba los dientes, pero no recibió respuesta.
Y mientras ellos tenían un debate interno, Temari miraba al pequeño estirando las manos.
-Oh, Hinata, por Dios, Bolt está enorme.- dijo su hermana, encantada con el pequeño. Había estirado sus manos para cargarlo y, sin miramientos, el rubio había aceptado. La Hyuuga sonrió totalmente apenada y antes de contestar, varios sirvientes se acercaron.
-Lady Hinata, está todo listo para el té- anunció una mujer joven a la cual el jinchuriki ni siquiera miró, muy a pesar de que ella no le despegaba el ojo. Hinata, atenta a la acción, sintió una extraña punzada en su interior… y antes de alertarse, recordó que era misma mujer le había lanzado ojitos al Uzumaki la primera vez que el chico había pisado su casa hacía tanto tiempo atrás.
Hiashi encaminó el pequeño trayecto.
-Síganme, por favor- dijo, y todos comenzaron a caminar mientras el pequeño Bolt jugaba con uno de los largos mechones de Temari, comparando los colores. A Bolt le encantaban las personas de cabello rubio. Asociaba el color amarillo con su padre y aunque a veces le diera tristeza por no verlo, en otras ocasiones lo llenaba de tanta alegría que se volvía imparable. Por ese motivo, la Aldea de Konoha lo llamaban "el remolino amarillo"
-Por favor, tomen asiento- pidió Hiashi, lo cual todos obedecieron sin chistar. Se sentaron alrededor de una enorme mesa para tomar el té que estaba hecha de bambú, varias tazas pequeñas de porcelana fina y una tetera con un delicioso olor a canela; la mayor de las Hyuuga tomó la tetera con una elegancia que los hermanos de la arena nunca antes habían visto en su vida, se levantó levemente la manga de la yukata blanca que traía mostrando solamente una ligera parte de su delicada y nívea muñeca, acto que a Temari le recordó que en una ocasión Shikamaru le dijo que, en la familia Hyuuga, a las mujeres no solamente se les enseñaba a pelear como era debido, sino que también eran unas "verdaderas geishas antiguas"
-¿Geishas?- se burló Temari en aquella ocasión mientras le preparaba la comida.
-Sí.- le contestó Shikamaru- Las mujeres Hyuuga descienden de un linaje tan antiguo como la vida del shinobi mismo en el cual, si no quedaban como cabeza de la familia, su función era presentarse como geishas cuando sus esposos eran presentados ante la sociedad.
-Pero… una geisha es como una prostituta, ¿no?- Shikamaru la miró- Me estás diciendo entonces que…
-No seas tonta, Temari- se burló su esposo- A lo que me refiero es que, al descender de geishas, deben adquirir todos los conocimientos como tal: arte, danza, canto, baile, cómo atender a su hombre propiamente, a actuar en sociedad, y todas esas cosas molestas. Con el transcurso de los años, se perdieron muchas tradiciones en el mundo shinobi pero dentro del clan Hyuuga permaneció el mantener a las mujeres como "joyas de la familia"- bostezó- Pero claro, si alguna Hyuuga rompiera el código de honor, sería no solamente marcada para siempre y se volvería una inútil, sino que sería desterrada incluso de la Aldea.
-¿Se puede hacer eso?- preguntó la rubia asombrada.
-Los Hyuuga, si quisieran, podrían matarlas… - luego una manita se enredó con su dedo y volvió toda su atención al bultito en su mano- Míralo cómo duerme- dijo con una sonrisa- Totalmente ajeno a su alrededor.
-Es porque es un bebé, tonto.- volvió a su deber de prepararle la comida a su trabajador esposo, por ello no se dio cuenta cuando el Nara se inclinó hacia su dormilón hijo:
-Asegúrate de mantener entretenida a tu madre cuando esté ocupado, Shikadai- le susurró con malicia- Mamá tendrá mucho tiempo libre para ti…
-¡Oí eso, Shikamaru Nara!- le gritó desde la cocina, lo que provocó un espasmo de terror en el shinobi… y que el pequeño se despertara.
Temari volvió a la realidad cuando sintió que el pequeño Bolt quería bajarse de su regazo. Le lanzó una mirada a su madre, quien asintió: Bolt logró, a duras penas, ponerse de pie para caminar despacio hacia el borde de la mesa, la cual era más alta que él.
-Ya está- sonrió Hinata al servir las tazas de té. Entregó una taza a cada uno y luego volvió su atención a su hijo, quien la miraba como si estuviese viendo la escena más grandiosa en su corta vida. Hinata le sonrió entonces, acto que provocó que Bolt soltara una risa de oro que a todos les pareció adorable; el rubio gateó hasta su madre y, sin ayuda de nadie, subió hasta su regazo donde se sentó. Y le lanzó una sonrisa de oreja a oreja a Gaara.
-No puedo dejar de mirar el parecido…
-Es como si estuviera viendo un Naruto enano- dijo Kankuro, haciendo eco en los pensamientos del pelirrojo.
-Tienes razón, el pequeño Bolt es más parecido a Naruto que Shikadai a su padre- dijo Temari, bebiendo té. Ante el comentario, el tic en el ojo izquierdo de Gaara volvió, provocando una risa sofocada del ichibi.
-¡Hablando de enanos parecidos!
"Fingiré que no existes"
-Por cierto, ¿dónde está el pequeño Shikadai?- preguntó Hinata- No lo he visto últimamente. ¿Vino contigo?- Temari negó y le dio un sorbo a su té.
-Si una tortuga y un perezoso se enamoraran y una cría pudiera salir de ellos, Shika-kun sería esa cría- Hinata soltó una risotada.
-El otro día lo llevé a que visitara a su padre mientras trabajaba- comenzó Kankurou riéndose también- Y no llevábamos ni dos pasos cuando se tiró al suelo, le dije que tenía que caminar, que ya estaba en la edad, pero el mocoso no se movió de ahí.- bufó- Tuve que cargarlo hasta la oficina de Shikamaru, y ahí se quedó dormido.
Todos los presentes se rieron, y Gaara vio cómo Hiashi le tendía un trozo de galleta a Bolt, el cual la aceptó sin dudarlo. El hombre suspiró con una extraña mirada que Gaara no entendió: como si hubiera algo en el rubio que lo embelesara. Ante la mirada incomprensible del hombre, Gaara sintió una extraña sensación, imposible de describir mientras observaba cómo Hiashi se perdía en el pequeño Bolt.
Hiashi sonrió.
-En la Residencia Hyuuga no ha habido ni un solo día de paz desde que Bolt piso la casa- le alborotó el cabello.
-He oído que lo llaman "el remolino amarillo de Konoha"
-Es en honor a los Namikaze- dijo Hanabi.
-¿Quiénes son los Namikaze?- preguntó Kankurou, pues no le sonaba ese apellido.
-Los Namikaze son el clan del Yondaime, Minato Namizake- explicó Hinata- El padre del niisan.
-Ohh, cierto- dijo Kankurou- Naruto es el primogénito del Rayo Amarillo- Hanabi asintió- Pero, ¿por qué no lleva su apellido? ¿Es un hijo ilegítimo?
-Era para proteger a Naruto, ya sabes, porque era hijo del fallecido Yondaime y un jinchuriki.- dijo la pequeña.
-Al principio, yo quería que lo llamáramos Hizashi como mi hermano- comenzó soltando una risita Hiashi- Y luego, mi yerno pensó que sería increíble llamarlo Minato en honor a su padre, pero…
-¿Dónde está Naruto Uzumaki?- preguntó Gaara, sonando incluso un poco grosero. Había querido preguntar eso desde hace más de dos horas pero nadie lo dejaba hablar, y aunque estaba sonando grosero, tenía que saberlo.
-Ay… dadakko…, musitó en desaprobación el ichibi pero Gaara prefirió ignorarlo.
El silencio se prolongó en la habitación, todos mirando a Gaara; sus hermanos con una mirada avergonzada y los Hyuuga completamente impresionados. Solamente Hinata mantenía la mirada en su taza de té, hasta que Hinabi fue la que contestó:
-Nii-san está en una misión muy importante junto con el señor Uchiha, Kazekage-sama- dijo la chica.
-¿Cuándo volverá?- preguntó, ansioso. Ahora que sabía que estaba vivo y acompañado por su amigo, se sentía más tranquilo… pero al ver la mirada fría en los miembros del clan Hyuuga, supo que algo andaba mal.- ¿Hanabi?
"¿Sí es ese su nombre?"
-¿Y cómo voy a saberlo yo, dadakko? Acabas de darles en la vena masoquista, por lo que veo.
"¿De qué hablas?"
-¿No lo pillas, niño de oro?, silencio, -Sí serás realmente idiota: me parece que, el Uzumaki los abandonó.
"¿¡Qué!? Vamos, eso no puede ser verdad"
-Pues yo no lo veo por aquí, y no hemos sabido de él durante mucho tiempo. Algo me dice que no es porque esté en "una misión". Seguramente dijeron eso para ocultar la humillación de la chica, y más tarde dirán que "murió en batalla". Cómo si no hubiéramos escuchado algo similar…
Gaara esperó no solamente a que los Hyuuga contestaran, sino también a que alguien corrigiera el pensamiento que el Shukaku le había puesto, pero ante el silencio supo que quizás su Bijuu estaba en lo cierto.
"No puede ser cierto", pensó. Él mejor que nadie sabía cuánto había sufrido el jinchuriki por haber sido abandonado, por el desprecio y no haber tenido una familia; podía creer cualquier cosa del chico: que era un idiota, no pensaba antes de actuar y que era sumamente impulsivo, pero tras todos los acontecimientos de la guerra y lo mucho que hizo por su amigo aun cuando el Uchiha lo abandonó, había algo que había aprendido del Uzumaki:
-Naruto volverá- dijo en voz baja, mirando a Hinata. La chica levantó la vista, con los ojos algo llorosos, pero antes de siquiera derramar una lágrima, sonrió.
Gaara dio un respingo.
-Oh… dadakko. Eso es lo que necesitamos.
"Cállate"
-Una sonrisa como esa después de una buena sesión de sexo salvaje. Ya lo siento…
"Idiota"
Ya en la noche, en la residencia de su cuñado, Gaara no podía conciliar el sueño.
Igual y no era como una novedad, pero en esa ocasión se sintió ligeramente estresado y con el tic en su ojo izquierdo aumentando. La mirada de Hinata no dejaba de pasar por su mente, desde la más tímida de sus miradas hasta esa sonrisa que lo volvía loco. Dio vueltas alrededor de su futón tantas veces que si se hubiera podido hacerse un huevo, estaba seguro de que ya habría uno ahí.
¿Por qué no dejaba de pensar en Hinata?, se preguntó en más de una ocasión. No era la primera mujer que se topaba en su vida, y lo peor era que ni siquiera entendía por qué de pronto las imágenes que a lo largo de los años el Shukaku le mostraba, ahora todas se centraban en ella. Tenía la necesidad de tomarla, le oírla jadear su nombre, de hacerla suya una y otra vez durante todo ese mes que necesitaba de una mujer…
-La necesitamos, Gaara.- le dijo Shukaku, quien creía ya que estaba dormido- La queremos.
Gaara no contestó, y, a dos días de que comenzara el celo, se dejó llevar por el impulso que las emociones le pedían, se levantó de golpe y fue al lugar donde sabría que sus emociones se terminarían.
"La residencia Hyuuga", pensó cuando finalmente llegó. Sus ojos siempre serenos habían adquirido un color casi similar al de su cabello, su sangre hervía y la piel parecía quemarle. Gaara ya no razonaba; se estaba dejando dominar por todas esas sensaciones que había sentido desde el primer día en que vio a la Hyuuga. Por su mente siempre serena, solamente deseaba poseerla, hacerla suya una y otra vez hasta que lo saciara por completo, hasta que todos esos años de abstinencia se saciaran en una noche… y luego, quería seguir pasando las siguientes noches y días de ese molesto mes haciéndolo con ella, sometiéndola, mirándola sonrojarse, que sus pupilas se ennegrezcan, que sus labios se hinchen, que grite su nombre tantas veces que se quede grabado en el aire.
-Tómala ya, dadakko. Por favor…, oyó al Shukaku decir. Gaara no era dueño de sí mismo, y de su boca deformada por una mueca horrible con colmillos, se dibujó una sonrisa malvada. Agudizó el oído y su olfato captó la escencia de la mujer que lo había estado volviendo loco desde hace unos días. Y se giró hasta que la encontró.-
Miró a Hinata en el umbral de la puerta, cómo sus cabellos bailaban con el viento, cómo su mirada aperlada se perdía en la luna del mismo color, su delicado cuerpo envuelto en esa yukata blanca, sosteniendo algo en sus mano. Gaara estaba preparado para lanzarse sobre ella, dominado por completo por el instinto animal del Shukaku, cuando escuchó un aullido seguido por un pequeño llanto. Las luces se encendieron rápidamente y todos salieron.
-¿Se despertó?- preguntó Hinata acercándose a su padre, y vio al pequeño Bolt en sus brazos moviéndose impacientemente y llorando. La chica lo miró enternecida y lo tomó en brazos, para mecerlo con suavidad. Hiashi pareció mirar la escena con unos ojos que al pelirrojo le recordaban a su cuñado mirando a su hijo, luego se alejó hasta su habitación.
Poco a poco, el lado animal del Kazekage desapareció hasta que volvió a su propio ser, totalmente apenado.
Las luces se apagaron y todo volvió al silencio, mientras Hinata mecía y le cantaba al pequeño hasta que su llanto se convirtió en hipeos. Gaara supo en ese momento algo que hasta ahora no podía entender, supo qué era aquello que pasaba por la mirada de su cuñado y su hermana cuando estaban a solas con su pequeño… y supo por qué no podría obedecer a lo que el Shukaku le pedía que hiciera con Hinata.
-Amor.- dijo Gaara con cierto recelo.
Hinata no solamente amaba a su hijo, sino que estaba enamorada de Naruto. Y él nunca podría competir contra eso. Ni siquiera cuando su instinto animal le dijera que tomara a esa mujer, él no podría.
No cuando su corazón le pertenecía a su mejor amigo.
