Hola, aquí mis lectores!

Publico rápido, porque tengo que dormir porque en unas horas voy a la uni -.- ¡qué problemático!

Saben, amo que me lean, pero dejen reviews! Por favor! Me harían tan feliz, y son una motivación, en serio... o me obligarán a aplicar la que todos aplican? (Cinco reviews y siguiente capítulo?)

Jajajaja. En fin, gracias por leerme y publicaré cuando terminen mis exámenes. LOS QUIERO!

"blablabla"- pensamientos o recuerdos

-blablabla- Shukaku

-blablabla- conversaciones normales

*aclaraciones

-Naruto (obviamente) no me pertenece, sino al gran Masashi *Me monto en tu moto* (aunque le guste matar personajes maravillosos T.T), de ser mío ya estaría casada con Shikamaru y miraríamos las nubes mientras decimos "problemático" todo el día :3


CAPÍTULO 6 "LA MAÑANA AGITADA Y HANAGAKURE"

Cuando Gaara llegó a la residencia Nara por la mañana, todo estaba en silencio.

Eran exactamente las 5:47 am, y no había ni un rayo de sol, ni tampoco un alma a su alrededor, lo cuál no le sorprendió.

Sabía que los viernes eran los días que su cuñado descansaba, por lo que lo más probable es que estuviera durmiendo esas horas que había hecho extra. Ahora que su hermana y él se habían mudado a Konoha, ya casi no podía verlos, a excepción cuando su cuñado tenía días libres y decían visitarlo, fue por ello que decidió pasar junto a su familia el último día antes de partir a Hanagakure.

Abrió sigilosamente la puerta corrediza y caminó por la silenciosa casa, mirando todo a su alrededor. Estaba todo tan callado, tan sereno, que le recordaba mucho a esas mañanas de su triste y solitaria niñez; su estómago rugió y el pelirrojo pensó que podría encontrar algo de comer para antes de que su hermana despertara, porque toda la noche en vela en casa de la Hyuuga lo tenía molido.

"Hinata...", pensó tristemente.

La noche anterior que había estado en su casa, no sólo la había observado en silencio, sino que también la siguió con su "ojo especial" hasta su habitación, donde recostó al enano y luego, en silencio, se desvistió para darse un baño.

El Kazekage sacudió la cabeza porque aquel acto no había provocado nada bueno, principalmente porque, por segunda vez en una noche, había seguido el consejo de Shukaku.

-Eso es, chico, le susurró el Ichibi al oído, Libera esas ansias.

Sacudió la cabeza, todavía aturdido. Gaara no era así, pensó. Él nunca había hecho algo como aquello... algo tan...

-Problemático- pensó el pelirrojo, rindiéndose ante el momento. Caminó despacio y sigiloso hasta la cocina, abriendo lentamente la puerta corrediza... pero se detuvo.

-Ahhh... - oyó del otro lado de la puerta, por lo que sus sentidos lo alertaron.

-Ahhh... - volvió a escuchar. Gaara se quedó con los dedos en la hendidura de la puerta, la cuál había abierto solamente unos centímetros. Tragó saliva, sintió sus labios resecos y la saliva que se deslizaba por su garganta parecía arena; vagamente le recordó como cuando niño corriendo por la arena y su cara se había estampado contra esta, con la boca abierta y escupiendo las grandes cantidades de arena que tenía en la boca.

Bueno, así se sentía el jinchuriki en ese momento.

-Atiende y aprende, dadakko- le dijo el bijuu, sonriendo.

"¿Estás loco?", Gaara estaba por darse la vuelta, pero el bijuu le impidió moverse. Quiso cerrar sus ojos, pero también se lo impidió, y lo único que pudo hacer fue abrir unos centímetros más la puerta y pegar el ojo en ella.

Y observar, tal como se lo había indicado el ichibi.

-Ahhh... - una vez más, escuchó. Su ojo izquierdo observaba con atención la escena delante de él: su hermana tenía la cara pegada contra la mesa, con el ceño fruncido, los ojos cerrados, las mejillas tan rojas como su cabello y la boca ligeramente abierta. Si no supiera lo que estaba pasando, Gaara hubiera creído que algo malo le estaba pasando a su hermana... pero el chico no era tan inocente como todos creían. Sabía perfectamente que aquella expresión sólo podía significar una cosa: placer en toda la extensión de la palabra.

De pronto, Temari estiró las manos para sujetarse a los costados de la mesa, ejerciendo tanta fuerza que casi podría haberla roto. Abrió los ojos y estos parecían casi negros por la excitación, se mordió los labios con tanta fuerza que Gaara pensó que se sacaría sangre y luego, miró al frente.

-Má... más- pidió con la voz ronca y cargada de excitación.- Más... rápido- y soltó el aire de golpe.

-¿Eeeh? ¿Segura?- susurró su cuñado con la voz igual de ronca que su hermana, ella asintió- Tus deseos son órdenes, preciosa- le dijo tomándola con una mano por la cadera con fuerza, tanto que sus dedos se marcaron en su cadera, y con la otra tirando de su cabello. El jinchuriki, con los ojos abiertos como platos, pensó que aquella acción molestaría a su hermana, pues él sabía que a las mujeres no les gusta para nada que les jalen del cabello, pero por el gemido y cómo se arqueaba su espalda, sólo pudo pensar que a su extraña hermana le estaba gustando.

Shikamaru arremetió con fuerza contra su hermana, y el frágil cuerpo de Temari se movió bruscamente junto con la mesa, haciendo un ruido que probablemente despertaría a todos. Los gemidos de la rubia aumentaron, a pesar de que intentaba reprimirlos, pero parecía serle imposible; Shikamaru seguía penetrándola con tanta fuerza y salvajismo que Gaara no pudo entender cómo aquello podía gustarle a su hermana, si claramente tenía una expresión de dolor.

-Shika... oh Dios... más... - le pidió.

"¿Más? La está matando", pensó inocentemente el Kazekage.

-Sólo observa, kogane no ko.

Shikamaru le lanzó una sonrisa burlesca y sombría a su hermana, entonces la tomó por ambas manos y la obligó a levantarse. Le susurró algo al oído, que provocó un nuevo sonrojo en toda la cara de la rubia, luego besó el lóbulo de su oreja. Temari se giró y se besaron; Gaara apartó la mirada, sonrojado. Una cosa era estar de voyeur observando a su hermana tener relaciones con su marido, pero otra muy diferente era verlos besarse. Eso era peor que verlos sobre la mesa.

Cuando volvió a ver hacia ellos, Shikamaru la tenía abrazada por los pechos mientras el cabello de su hermana ocultaba su rostro. Estuvieron así unos instantes, perdiéndose el uno con el otro entre gemidos y respiraciones aceleradas, hasta que un espasmo recorrió el cuerpo de su hermana y, acto seguido, emitió el gemido más gutural y salvaje que jamás en su corta vida pensó escucharía. Su cuerpo se convulsionó todavía empalada a su esposo, quien no se quedó atrás y después de unas cuantas estocadas, terminó dentro de ella. El sudor caía por sus cuerpos, sus respiraciones estaban aceleradas y ambos cayeron sobre la mesa.

-¿Otro más?- dijo el shinobi, acariciando los rubios cabellos de su mujer, lo que ella respondió con una risita.

-¿Te ha prendido, no?, el Ichibi se burló. El Kazekage estaba a punto de corregirlo, cuando se dio cuenta a qué se refería: nuevamente, y como la noche anterior, Gaara tenía su mano libre dentro de su pantalón. La sacó rápidamente, asustado ante el pensamiento de estarse tocando inconscientemente mientras miraba a su hermana y su cuñado hacerlo... ¡sobre la mesa!

-Eso sí que es estar enfermo, chico, je je je.

Gaara tragó saliva y la otra mano se resbaló de la hendidura, provocando un pequeño sonido.

Para cuando Shikamaru dirigió su mirada a la puerta, esta estaba nuevamente cerrada por completo. Gaara volvió a su habitación y se tumbó sobre el futón, escondiendo su cara en la almohada.

-Menos mal que no me vio- pensó con un suspiro, antes de quedarse dormido.


-Gaara, oye, Temari tiene listo le desayuno- dijo Kankurou moviendo suavemente a su hermano.

Gaara abrió los ojos pesadamente, le dolía la cabeza y su estómago rugió como un león. Su hermano sonrió, despeinando sus cabellos.

-Anda, Gaara, ve a bañarte y baja a desayunar, que Temari está de muy buen humor hoy.

-Claro que lo está, je je je, después de la mañana, y entonces, Kankurou vio cómo el rostro de su pequeño hermano se tornaba del color de su cabello.

Pero prefirió no decir nada. Gaara podía ser realmente raro en ocasiones.


-¿Llevas todo, Gaara?

-Sí.

-¿Tu calabaza?

-Sí.

-¿El estuche de emergencias?

-Sí.

-¿Las maletas de ropa?

-Sí.

-¿El estuche de armas que te dio Shikamaru?

-Sí.

-¿Los pergaminos de invocación?

-Sí.

-¿Golosinas para el camino?

-Sí. Espera, ¿qué?- Temari se rió.

-Irás con Bolt-kun. Y un niño necesita golosinas para estar tranquilo.

-Aunque, ese pequeño lo que necesita es un jalón de orejas.

-¡Shikamaru!

Se habían reunido en la entrada de Konoha para despedir al Kazekage y a Hinata, pues ya era hora de irse de viaje. Y mientras Temari hablaba con la pelinegra, Gaara intentaba no mirar a su cuñado.

La mañana había sido algo incómoda después de haberlos visto tener relaciones salvajemente sobre la mesa; y cabe destacar, que comer en ella le fue realmente desgradable, y ni qué decir vergonzoso. Su hermana en varias ocasiones le había preguntado qué sucedía, pero el pelirrojo ni siquiera podía mirarla a los ojos porque sólo recordaba la escena de la mañana.

Al final de la mañana, agradeció tanto que Shikadai deseara que lo cargara, porque de esa manera se había podido excusar e irse con el pequeño.

-Asegúrate de seguir mis consejos, Hinata- dijo Temari, tomándola por los hombros, luego miró a su hermano- Éste chico puede ser una molestia de vez en cuando.

-No seas así, Temari- dijo Kankurou riendo- Gaara también puede ser adorable cuando se lo propone- y apuntó al pelirrojo. Todos se giraron, solamente para verlo intentando hacer que su sobrino caminara; Gaara sabía que su pequeño sobrino era tan vago que si quisiera pasaría toda su vida embrazado a cualquiera que se lo ofreciera, pero secretamente el Kazekage amaba jugar con su sobrino.

A Temari se le encogió el corazón cuando vio cómo su pequeño hermano tomaba de los brazitos a su hijo y lo hacía caminar, inclinado detrás de él, y más sorprendida cómo Shikadai parecía encantado. Sus piernecitas rechonchas se tambaleaban mientras daba pequeños pasitos, soltando risitas de plata.

Estaban tan ensimismados que no se dieron cuenta de que todos los miraban... principalmente, un pequeño rubio, quien parecía ciertamente interesado en el Kazekage y su sobrino. Un niño al que reconocía como su compañero de juegos...

Después de seis pasos, Gaara levantó al pequeño sobre su cabeza y lo hizo saltar, para susto tanto de su hermana como de la madre de Shikamaru, a quien casi se le escapaba el alma.

-Todo está listo, Hinata-sama. Podemos partir- dijo uno de los sirvientes de la casa Hyuuga. La pelinegra, quien había observado la escena con una sonrisa en los labios, se volvió a su padre, quien se despedía de su nieto.

-Papá- susurró ella. Su padre asintió, abrazó con fuerza a su nieto quien todavía miraba al pelirrojo, y le dio un beso en la coronilla de la cabeza, demandando su atención. El pequeño Bolt lo miró.

-Cuida a tu madre, hijo- le dijo, poniéndole el puño frente a él. El rubio, quien ya conocía ese gesto, hizo lo mismo sonriendo.- Te quiero, mi pequeño.

-¡Teme!- dijo el pequeño, para sorpresa de todos. Hinata se puso colorada como un tomate, y luego soltó una risita apenada, tomando al pequeño en brazos. Todos se rieron, incluso Gaara había esbozado una sonrisa.

-¿Quién te enseñó a decir esa palabrota, cariño?- le preguntó, acariciando sus rubios cabellos, pero el niño, como siempre, se perdió en la belleza de su madre. Había sólo dos cosas que Bolt Hyuuga amaba en la vida: la primera era que todo el mundo se fijara en él sin importar dónde estuviera, amaba ser el centro de atención de todos los shinobis en Konoha.

Y la segunda, la sonrisa de su madre. Era como un sol, como el mar, algo que le daba tranquilidad. No importaba que cada que alguien los visitaba preguntaran por su padre, o que él nunca en su vida lo había visto más que en esa foto que su madre le mostraba todos los días, a cada minuto, para que no lo olvidara, Bolt sólo amaba a su madre.

Porque era ella quien le daba todo el amor del mundo.

-Teme.- volvió a decir, riendo. Hinata negó débilmente, luego lo abrazó, volviéndose hacia su hermana quien ya estaba subiendo al carruaje. A pesar de que las órdenes de los Kages habían sido muy específicas, y de que su misión principal era "pasar desapercibidos y recopilar información", Hinata sentía que algo más había en esa extraña misión. El sentimiento no se alejaba de su interior, y a pesar de siempre creer ciegamente en las órdenes que se le imponían, tenía el presentimiento de que algo no les estaban diciendo.

"Sólo espero equivocarme", pensó la Hyuuga, abrazando con fuerza a su pequeño sol.

Temari le dio un fuerte abrazo a su hermano, volviendo a recordarle si no había olvidado algo más.

-Deja en paz a Gaara-danna- dijo Shikamaru, palpando levemente el hombro de su cuñado. El tic de su ojo izquierdo volvió, pero antes de poder decirle a su cuñado que no lo llamara así, habló de nuevo- Me parece qué, desde hoy, tu hermano ya es todo un adulto, ¿no, Gaara?- y le guiñó el ojo.

Un escalofrío recorrió totalmente su cuerpo, y sudó frío como nunca antes le había pasado.

Shikamaru le dio un pequeño golpe en la mejilla y se apartó de él, dándole a entender que sí lo había visto.

-¡Gaara-sama! ¡Es hora de partir!- gritó Matsuri desde el carruaje, moviendo las manos de un lado a otro. A pesar de las insistencias de los Kages por "pasar desapercibidos", los hermanos mayores del Kazekage no iban a permitir que su hermano anduviera sin su guardia personal.

Y quien mejor que la experimentada Matsuri para cumplir la misión.

Kankurou empujó a su hermano hacia el carruaje y éste subió, aún aturdido. Las Hyuuga se despidieron, junto con el pequeño Bolt, agitando sus manos hacia los aldeanos que habían venido a desearles un buen viaje; lo último que Gaara vio fue a su cuñado guiñarle el ojo mientras movía los labios, diciéndole algo al pelirrojo.

Algo que claramente entendió.

-Será un largo viaje, dadakko, suspiró el Ichibi. Y Gaara no pudo estar más de acuerdo con él.


-¿Cuánto tiempo crees que falte para llegar, dadakko?

"No lo sé"

-Las Hyuuga tienen muy buenos encantos, ¿eeh?

"Oye..."

-Apuesto a que te mueres por probarlos igual que yo.

"Oye..."

-No me molestaría que usáramos a la mayor, aunque hay algo en la pequeña que me agrada.

"Oye..."

-Deben ser brujas. Me gustan las dos. Podríamos...

"¡CÁLLATE DE UNA VEZ!"

-¿Se encuentra bien, Kazekage-sama?

La voz de la Hyuuga sacó al pelirrojo de su ensimismamiento.

Abrió los ojos de golpe, sólo para encontrarse con que las dos hermanas lo estaban mirando, quizás algo asustadas. Gaara parpadeó, maldiciendo a todas y cada una de las vidas del Ichibi, quien se rió en su cabeza.

-¿Tiene hambre?- preguntó Hanabi, sonriendo. Gaara volvió a mirar a la ventana, negando débilmente, intentando no verse demasiado grosero. Entonces comenzó a escuchar cómo la pequeña rebuscaba en una caja celeste algo, luego un olor golpeó al Kazekage, quien se giró a la chica.

Hanabi tenía en sus manos unas deliciosas costillas a la BBQ. Las favoritas del pelirrojo.

Se recordó que solamente había desayunado, y eso había sido hace muchas horas, porque ya estaba anocheciendo.

-¿Ya casi llegamos, hermana?- dijo Hanabi, mirando a su hermana, quien solamente asintió. Gaara la miró.

-¿Cuánto tiempo podrás soportarlo, dadakko?

Algo en sus pantalones se movió cuando Hinata se apartó delicadamente unos mechones de cabello que caían en su rostro.

-No podremos estar un mes entero sin tocarla, dadakko. La necesitamos...

"Lo sé", dijo el pelirrojo, para sorpresa del Bijuu, quien estuvo a punto de molestarlo cuando un gritillo lo silenció.

-¡Mira, hermana! ¡Veo la aldea desde aquí!- gritó la pequeña, asomándose por la ventana.

Gaara se giró también.

Hanagakure era, tal y como los Hyuuga lo habían descrito, mágico, onírico y transcendental. El Kazekage no había visto tanta belleza en un sólo lugar: grandes extensiones de tierra fértil se podían observar desde la ventana del carruaje, y que parecían no tener fin. Observó una enorme montaña que parecía irreal, con una altura impresionante, alrededor de esas mil hectáreas de sólo campo y flores, pudo distinguir neblina... lo que significaba que había un río o una cascada. Un centenar de motas de colores se distribuían equitativamente por el campo, logró observar las aves revolotear de aquí a allá, cómo el viento mecía las copas de los enormes árboles que se alzaban a su alrededor, las nubes eternamente blancas sobre un cielo tan azul como su propia mirada.

El Kazekage se sintió...

-Teme.

Gaara se volvió bruscamente hacia el frente, apartando a regañadientes los ojos del mágico paisaje que ya comenzaba a adorar, sólo para encontrarse con el pequeño remolino peleando con algo de plástico. Lo agitaba, lo golpeaba contra sus rechonchas piernas diminutas, se lo llevaba a la boca y repetía el proceso una y otra vez.

-Teme.- volvió a repetir el enano, luego de un último intento por querer hacer quién sabe qué, se rindió y lo lanzó contra el suelo del carruaje, rodando hasta los pies del pelirrojo, quien miraba el objeto, el cuál distinguió como un biberón, y luego oyó un bufido proveniente del enano, por lo que levantó la vista.

Y nuevamente, se miraron.

La guerra de miradas era algo que últimamente el jinchuriki parecía disfrutar con el remolino, y muy a pesar de que sabía que era un pequeño niño de casi dos años contra quien competía, le gustaba ganar.

Bolt, por su parte, aunque le fascinaba la apariencia misteriosa del Kazekage, no le gustaba que fuera la única persona que no lo consentía.

En los últimos días había visto al pelirrojo más tiempo del que alguien se quedaba en su casa. El pequeño estaba acostumbrado a ser el centro de atención dentro del clan Hyuuga porque era el único diferente a cualquier persona dentro de su familia.

Sabía que todos sus familiares tenían el cabello oscuro, los ojos como aquél líquido que salía del pecho de su madre, la voz suave como un canto matutino de su tía Hanabi y esas presencias tranquilizadoras que lo ponían a dormir.

Y él, claramente era diferente. Al igual que el pelirrojo que, aunque no le gustara tenerlo cerca, le agradaba sentir su presencia fantasma.

Al final, Bolt se rindió y bostezó, gesto que le pareció adorable al Kazekage porque la pequeña boca del rubio, se transformó en una "o", con esos enormes y rechonchos cachetes, sus gigantescos ojos como el mar comenzaron a cerrarse y, cuando menos se dio cuenta, se quedó completamente dormido.

Gaara observó durante unos instantes cómo el enano cabezeaba, hasta que amenazó con caer de boca pero Hanabi lo rescató.

-Oh, se ha dormido- oyó, finalmente, que Hinata habló. Durante todo el viaje, la heredera no había pronunciado ni "mu", y el pelirrojo había olvidado su presencia de no ser porque de vez en cuando sus miradas se cruzaban o porque la escuchaba hablar con su hermana.

-¿Quieres que lo cargue, Hana?- oyó a la mayor hablar.

Hanabi, a quien parecía caerle bien el jinchuriki, meció al niño con manos habilidosas al niño mientras lo acunaba en sus delgados brazos hasta que el niño quedó perfectamente acomodado entre el hueco de sus brazos y su pecho.

-No es necesario- contestó Hanabi- Podré manejarlo yo sola, hermana.

-Pero... has llevado a Bolt-chan todo el viaje- comenzó la chica- ¿No te duelen los brazos?- la pequeña negó, sin apartar su cálida mirada del sereno rostro del pequeño.

-Jamás me cansaría de éste remolino amarillo, hermana.

-Pero... es pesado.

-Lo sé, pero está bien, nee-san.

-Cuando te sientas cansada, asegúrate de decirme, de acuerdo?- Hanabi asintió y, como al principio, todo volvió a estar en silencio.

Gaara soltó un largo suspiro y volvió la vista al paisaje, distante, queriendo encontrar la paz interna o mínimo algo de tranquilidad porque sabía que Shukaku pronto iba a despertar y que, precisamente, esa noche comenzaba la primera noche del peor mes de su vida.

Era el mes que el pelirrojo más odiaba.

El pequeño gritillo de Hanabi lo alertó de que algo sucedía y, cuando se volvió bruscamente a las hermanas, el blanco pecho de la pequeña estaba a la vista, y la manita del enano se aferraba con fuerza a la blusa de esta. Gaara apartó la vista lo más rápido que pudo, y se giró por completo hacia la ventana.

"¿Por qué todo a mí...?, se preguntó totalmente avergonzado. Esperanzado a que ninguna de las hermanas se volvieran a él y lo encontraran con el rostro del mismo color que su cabello.

Iba a ser un muy laaaargo y pesado mes.

-Qué molesto- susurró débilmente, sin darse cuenta que ambas lo habían mirado.