Finalmente el diez!
Diablos, me he demorado más de la cuenta, y realmente no tengo justificación u.u
De verdad lo siento, soy muy mala. Pero ya. Me he cambiado de casa, he entregado casi todos mis trabajos pendientes y tengo algo de tiempo libre. Realmente, ser estudiante casi egresada de universidad es demasiado pesado D:
Espero disfruten este capítulo y, por favor, NO ME MATEN.
Ya saben que los amoooo! :D
Ya saben que Naruto no me pertenece, porque si fuera mío OBVIAMENTE no tendría que hacer fanfics porque OBVIAMENTE no tendría final ;)
10. MIENTRAS DORMÍAS...
Cuando Hinata despertó, no había nadie a su lado.
La luz del sol entraba tranquilamente por la ventana, motivo por el cual tuvo que volver a taparse con la sábana. No sabía qué hora era, lo único que entendía en ese momento es que tenía demasiado sueño y justamente cuando iba a dormir nuevamente, la puerta se abrió de golpe, asustándola:
-¡HINATA!- la voz de Hanabi la sobresaltó, y la mayor se levantó de golpe de la cama, con el cabello hecho un desastre, la yukata de dormir colgándole del hombro desnudo y los ojos hinchados.
Hanabi, envuelta en un precioso kimono hasta las pantorrillas color melón con pequeñas hojas de cedro verde brillante, su cabello estaba recogido en una trenza de lado y llevaba unos adornos plateados en ella, colocó las manos en su cadera, como un jarrón de doble mango.
Hinata parpadeó, reconociendo los adornos.
-¿¡QUIERES LEVANTARTE!? ¡Si el abuelo vuelve y no estás lista, le va a dar un infarto!- y justo en ese momento, Hitomi entró: usaba un kimono a la misma altura que Hanabi, solo que color amarillo con pequeñas alas de colibrí en color turquesa. Los adornos en su cabello eran color cobre.
-Hinata-hime, la reunión es en dos horas, y Hideki-sama regresará pronto.- y al decirlo, dio una palmada y varias sirvientas entraron.
-¿Qué está...?
- El líder de Hanagakure, Yahiko-sama, ha solicitado que el Kazekage y su... -carraspeó- Prometida, se presenten en su palacio para una comida casual- Hinata parpadeó, y su rostro se puso colorado de pronto. Pero su tía no la dejó reaccionar, porque las sirvientas ya estaban sobre ella.
Hitomi abrió la cortina completamente, dañando la visión de Hinata. Se tapó la cara con las manos, y cuando su visión se acostumbró al sol, miró a través de la ventana. Y lo que vio la dejó sin habla: en el jardín, justamente donde estaba el estanque donde solía jugar de pequeña, vio a Gaara. En el momento en que vio sus cabellos rojos bailar con el viento, y su mirada aguamarina en el suelo, recordó todo lo ocurrido la noche anterior: el silencio, el calor, los besos, su cuerpo. Hinata se sintió como poseída nuevamente por la pasión. Ese hombre había logrado despertar en ella un ansia voraz que no conocía.
Su entrepierna ardió, pero también sintió una ligera incomodidad, una ligera humedad.
"¿Qué demonios te pasa, Hinata Hyûga?", se dijo, sacudiendo la cabeza.
Una brisa fría golpeó ligeramente la cara de Shikadai, asustándolo.
Estaba en la torre del Hokage, mirando a través de la ventana abierta la aldea, pasando el día con el tío Kakashi y la abuela Tsunade en el trabajo. Las cosas parecían tranquilas, o al menos así lo estaban hasta que la tía Sakura entró a la habitación:
-¡Tsunade-sama!- dijo enojada, golpeando el escritorio. La rubia y el Ninja copia la miraron, incluso Shikadai, sentado sobre la cangurera saltadora que tenían en la oficina.
-Sakura- dijo la abuela, volviendo a sus papeles- ¿A qué se debe que irrumpas en mí oficina armando tanto escándalo?- la pelirrosa le quitó los papeles de la cara y Kakashi abrió su somnoliento ojo sorprendido.
-¿¡Es verdad!? ¿¡Es cierto lo que Temari dijo!?
-No sé de qué me hablas.
-¡Lo sabe perfectamente, Tsunade-sama! ¿Es, o no es?
-Sakura-chan... - pero la chica miró al futuro Hokage con una mirada venenosa que lo obligó a callarse.
-¿Es, o no es?- volvió a repetir la pelirrosa, mirando con furia a su sensei. Tsunade suspiró pesadamente, y luego la miró. Sus ojos como las avellanas parecían furiosos.
-Sí. Lo es.- el silencio se prolongó en la oficina, solamente mirándose. La mirada jade de la pelirrosa con las avellanas de la rubia, maestra y discípula, amiga y madre.
Y Sakura entendió todo.
-Ustedes... ¿de verdad... lo hicieron? ¿Estuvieron de acuerdo?
-Sakura- bufó la Hokage, quitándose los lentes- Tienes que entenderlo también.
-¿Entenderlo? ¡Cómo...! ¿¡Tienen idea de lo que... Hinata-chan... ella...!?
-¿Cómo puedes tú seguir viendo a tu amiga sufrir?- dijo enojada la rubia, golpeando el escritorio con fuerza. Shikadai se encogió, amenazando con comenzar a llorar pero el tío Kakashi caminó a su lado.
-Shh, Shikadai-kun. Shh. A mí también me da miedo la tía Sakura.
La pelirrosa miró al pequeño en brazos de su sensei, y su mirada asustada hacia ella.
-¿Entiendes ahora, Sakura, por qué estamos haciendo esto...?- susurró la Hokage- Les hicimos creer a los Daimayo que sólo se trataba del acuerdo de naciones, pero la verdad... - miró al suelo- La verdad, sólo lo hacemos por Bolt-kun y Hinata...
-No está bien- interrumpió Sakura, aún mirando al niño.- Esto no...
-¿Y qué está bien, Sakura?- la pelirrosa la miró- No estamos haciendo nada malo, sólo nos cansamos de verla sufrir.- la rubia suspiró- Y Bolt... él no lo merece.- suspiró- Bolt-kun merece un padre que lo ame, no un criminal traidor. Espero pueda entenderlo...
-Hinata... - susurró Sakura con tristeza, antes de cerrar los ojos con tristeza. Y miró hacia la ventana, a las copas de los árboles, al horizonte.
Gaara caminaba de regreso a la casa, con Bolt sujetando su mano y dando pequeños pasos. Desde que había despertado, haciendo ruido con una sonaja, Gaara supo que iba a ser un día muy pesado: el niño jugaba con una sonaja, golpeándola contra los barrotes de la cuna. Se volvió a Hinata, quien dormía tan tranquilamente que no quiso molestarla. Se bajó de la cama con cuidado y caminó hasta el niño, quien al verlo dejó su acción.
Se miraron durante un rato, los orbes azules del niño en las aguamarinas del Kazekage, y luego, estiró los brazos.
-Creo que quiere que lo cargues, le dijo el Ichibi.
-¿Cómo hago eso?
-Vamos, Kazekage, ¿no me diga que nunca a cargado a un niño?, Shukaku soltó una risita acusadora, Te he visto pasearte con el Mini-Dadakko...
-Shikadai-kun ya está acostumbrado a mis torpes brazos- dijo el pelirrojo mientras se alejaba de la cuna- Mi sobrino tiene la sangre pesada. Es quejumbroso como su padre, pero rudo como Temari.
-Hay que agradecerle a Onee-chan que el mini-dadakko tiene la sangre real...- Gaara asintió lentamente, y justamente cuando iba entrar al baño, el golpe de unas manitas contra la madera lo hizo volverse. Gaara observó con atención que el pequeño Bolt golpeaba con la sonaja la cuna.
Con una mirada de enojo.
-¡Oto!- Gaara se detuvo y miró al niño, quien lo miraba a la vez.
-No va a dejarte ir, ¿sabes?
-Lo sé- el pelirrojo suspiró, pero antes de alejarse, llamó a sus arenas y estas cargaron al niño hasta dejarlo en sus brazos. Bolt se acomodó en sus brazos, envolviendo sus rechonchas piernitas en la cintura del Kage y recostó su cabecita rubia en el hueco del cuello de Gaara. El pelirrojo, por su parte, intentó reprimir la extraña sensación que comenzaba a hormiguear por su cuerpo... o sino, dejaría caer al niño y eso despertaría a su madre.
Le dio una última mirada a la hermosa princesa de cabellos oscuros que dormía tranquilamente en la cama, abrazando la almohada que él había puesto para dividir la cama. Y luego, salió de la habitación.
Cuando Gaara terminó de bañarse, Bolt jugaba en la tina con una ranita verde.
El Kazekage prestó ligera atención al pequeño rubio mientras él parecía absorto, chapoteando con la ranita en la pequeña tina que una de las Hyuuga había preparado para él. Sus aguamarinas se perdieron en el pequeño, y mientras más lo veía, menos parecido le encontraba con Naruto. Se acercó al pequeño, y él levantó los enormes ojos azules al pelirrojo.
-Si no fuera por el cabello rubio y los ojos azules, no se parecería a Naruto.
-Tienes razón- dijo Gaara, sacando al niño del agua- La forma de sus ojos es idéntica a la de Hinata... los labios, las cejas, y el color de piel también...
-Si fuera una niña, te pediría que...
-Olvídalo.- lo calló Gaara enojado. Envolvió al niño en una toalla y lo llevó de vuelta a la habitación, pero una sirvienta se cruzó con él:
-Oh, Kazekage-sama- dijo, bajando la mirada en una reverencia- Si gusta, puede ir a cambiarse. Yo me haré cargo de Bolt-kun- Gaara dudó en entregarle al niño, pero la mirada serena de la chica e impaciente le dio confianza. La chica tomó al pequeño y se alejó lentamente del lugar, hablándole tiernamiente; se volvió a él.
-Oh. ¿Kazekage-sama?- el pelirrojo se volvió- Hideki-sama me pidió que le informara que saldremos a mediodía asistirá a un almuerzo con Yahiko-sama. Sus ropas se han dejado en la habitación.
-¿Hinata también...?
-Hinata-hime será informada en cuanto despierte- la chica miró hacia la ventana- Si gusta, puede dormir otro poco antes de partir...
-De acuerdo. Gracias- la chica sonrió y se alejó con Bolt, mientras Gaara entraba a la habitación; Hinata seguía durmiendo.
Gaara deambuló un poco en la habitación. Se vistió con la yukata grisácea que le dejaron en la cama, y se quedó sentado en la orilla. La noche anterior no había podido dormir para nada, estaba cansado, le dolía la cabeza y no podía creer lo que planeaba hacer en ese momento.
"Quiero dormir...", le dijo al Bijuu, pero este se había dormido por completo. Siempre le pasaba eso después de un buen baño.
Gaara ocultó su rostro entre sus manos, y luego dormitó. Estaba cansado, quería dormir y el ligero suspiro de Hinata lo distrajo. La pelinegra dormía totalmente ajena a lo que sucedía en su alrededor, abrazando la almohada como si fuera una persona, pero el pelirrojo prefirió no pensar en ello.
"Cinco minutos serán suficientes...", se dijo mientras gateaba hacia el centro de la cama, pero en el momento en que destapó las sábanas, se heló: Hinata dormía con las piernas a la altura de su cintura, echa un ovillo y la yukata de dormir a la altura de sus muslos.
Un par de muslos preciosos, blancos como la leche que tanto le gustaba, y un precioso color rojo en medio de ellos. Gaara sintió cómo su entrepierna palpitaba con fuerza, desesperada por salir y hundirse en el interior de Hinata.
Se preguntó entonces cómo se sentiría el estar dentro de una mujer por primera... se imaginó a Hinata tumbada debajo suyo, con sus enormes pechos entre sus manos, su boca insistente contra la suya mientras la embestía una y otra, otra, otra y muchas veces más hasta quedar saciado...
Y cuando se dio cuenta, en ese preciso momento, Gaara sintió algo en su mano.
Vaya, ni siquiera se había dado cuenta en qué momento había ocurrido aquello,hasta que el líquido caliente escurría entre sus dedos. Su cuerpo se convulsionó por segundos, su respiración estaba acelerada como nunca antes lo había estado, y nunca pensó haber encontrado tanta tranquilidad en sólo unos instantes.
Tranquilidad que duró solamente unos segundos al darse cuenta de lo que había hecho.
-Mierda... - dijo enojado. Se levantó lo más rápido que pudo de la cama y huyó de ahí antes de que cometiera alguna estupidez.
Una estupidez de la cual, estaba seguro, no se iba a arrepentir.
Bueeeeeeeno... mil años después, aquí les dejo el capítulo nuevo :)
Terminé el siguiente, pero se los publicaré mañana o hasta el miércoles, dependiendo de cómo me ajuste al horario.
Bueno... ahora que hemos descubierto la verdadera cara de Kakashi y que resulta que tiene un hijo, planeo hacerle un capítulo especial a ambos tanto en este fic como en pequeñas guerras. No olviden seguirme. Yo los amo, en serio, les agradezco que me sigan siguiendo, ya saben que son mi adoración y realmente prometo no desaparecerme tanto, de acuerdo?
Los amo! Gracias por seguir leyendome!
Besos, mil besos y sus reviews me hacen feliz! :*
Buenas nocheeees, solecitos!
YunaLoire. Out.
