Disclaimer 1: Nurarihyon no Mago pertenece a su autor, Shiibashi Hiroshi, o en su defecto a las personas en las que haya delegado sus derechos. Yo sólo escribo esto por pura diversión.
Disclaimer 2: Ritsura, Ryuzan y otros personajes de la historia The Shin Sekai han sido creados por Lord Nayrael. Los incluyo con permiso del autor.
EXTRAS
Una colección de omakes y escenas eliminadas para completar la historia de Kitsune no Mago. ¡Espero que os gusten!
ESCENAS ELIMINADAS
Yoshihira y Seimei
—¿He hecho bien, padre? —murmuró Abe no Yoshihira mientras la vida se escapaba de su cuerpo.
El líder de los Gokadoin cerró los ojos. El castillo flotante se estaba derrumbando a su alrededor. Habían perdido. Su sueño de purificar el mundo se venía abajo, igual que su fortaleza. Habían sido mil años de esfuerzo, mucho tiempo. Y estaba cansado de luchar.
La oscuridad lo envolvió.
No supo cuánto tiempo había pasado. Cuando sus ojos se volvieron a abrir, Yoshihira se encontró en un paraje de una blancura infinita. No necesitaba ser un genio del onmyodo para comprender que había muerto y que había pasado al otro lado. Ahí se acababa su viaje milenario.
"Curioso", se dijo a sí mismo. "No imaginaba el Más Allá así".
—El Más Allá tiene formas muy variadas, Yoshihira, todas igualmente auténticas —le informó una voz.
El líder de los Gokadoin se dio la vuelta. Frente a él, enmarcado por aquella blancura impoluta, se encontraba su progenitor, Abe no Seimei, el Nue de Kioto, Señor del Pandemónium.
—Padre —masculló Yoshihira con hostilidad mal contenida—. ¿Has venido a amargarme la muerte, del mismo modo que amargaste mi vida?
Seimei acusó el golpe, pero no respondió de inmediato. Sus ojos evaluaban con atención a su hijo mayor. La última vez que los dos se habían encontrado cara a cara, la cosa no había acabado bien. Había sido una batalla terrible por el destino de Japón y los ayakashi. Una batalla en la que Seimei había muerto.
—El dolor te hace hablar así, Yoshihira. Y es un dolor que en buena parte he causado, cierto —admitió Seimei con contrición—. Sin embargo, no te arrogues el derecho de ser el único que ha sufrido. Tus acciones también han causado mucho dolor.
—Mucho dolor a los ayakashi, querrás decir —puntualizó Yoshihira—. No podía permitir que seres que viven de hacer daño a los humanos corriesen libres por mi país.
—Entonces explícame por qué usaste la Manipulación Astronómica, Yoshihira. Una técnica que derriba edificios y causa terremotos siempre hará mucho más daño a los humanos que a los ayakashi. ¿O es que si un humano no está de acuerdo con tus planteamientos, merece morir?
—No me sermonees, padre. Hace tiempo que dejé de ser un niño.
Seimei suspiró.
—Debí haberte educado mejor. Es mi error —dijo el antiguo onmyoji.
Yoshihira, enfadado, se encaró con él.
—¡No te atrevas a suponer que todo gira en torno a ti! ¡Si he cometido errores, son míos y sólo míos! —le espetó su hijo—. Te odié por cómo trataste a mi madre, pero el camino que elegí lo elegí libremente.
Yoshihira y Seimei se miraron a los ojos, cara a cara, en silencio. Al final, el padre asintió.
—Tienes razón —concedió Seimei—. Supongo que no puedo evitar ver parte de mí en ti, y pensar en cómo habrían sido las cosas de otro modo.
—Ahora importa poco, ¿verdad? Los dos estamos muertos. Se acabó —dijo Yoshihira con amargura.
Seimei sonrió.
—No digas eso, hijo. Piensa en el Más Allá como una oportunidad de terminar nuestra conversación inacabada.
—¿Y si no quiero hablar contigo? —preguntó su hijo.
—Es tu elección. Pero pronto comprenderás que tenemos todo el tiempo del mundo. Si cambias de opinión, te estaré esperando.
El gran onmyoji se alejó lentamente. Yoshihira se quedó solo otra vez.
Pasó el tiempo. Podían haber sido horas, años o sólo unos segundos. Yoshihira tomó una decisión y siguió los pasos de su padre. Lo encontró en una isla en medio de la blancura, bajo la sombra de un árbol y con un juego de té desplegado sobre un mantel bordado con los símbolos de los cinco elementos.
Por primera vez en siglos, Yoshihira se arrodilló ante su padre.
—Perdona mis rudas palabras de antes —se excusó el hijo—. Sí, creo que necesito hablar contigo. Mi hermano menor me ha hecho pensar en muchas cosas.
—Ah, sí, Rikuo tiene una habilidad especial para eso —dijo Seimei—. Bueno, hijo mío, dime: ¿de qué quieres hablar?
—Tengo tantas preguntas... ¿Por qué te sacrificaste? ¿Por qué dejaste que yo te matara? ¿Por qué, incluso ahora, no me lo echas en cara? ¿Por qué decidiste tener otro hijo? ¿Por qué...?
—Vamos, vamos, son muchas preguntas. Y las respuestas son largas. Deja que vaya explicándolas una por una. ¿Quieres té?
Yoshihira asintió y se sentó a su lado mientras Seimei le llenaba una taza.
Padre e hijo sabían que una conversación no era suficiente para reparar la profunda brecha que se había abierto entre ellos. Sin embargo, era un comienzo. Necesitarían tiempo, pero como había dicho Seimei, ahora disponían de todo el tiempo del mundo.
00000
La última historia
Abe no Ariyuki se moría. Era una sensación extraña. Jamás había pensado antes en la muerte. Él era el mayor genio que había dado la familia Gokadoin y había alcanzado la inmortalidad nada más entrar en la pubertad. Para él, la muerte era algo ajeno, algo que sufrían aquellos Gokadoin demasiado débiles o faltos de talento. Una lástima, pero no algo de lo que debiera preocuparse.
Ahora, sin embargo, las tinieblas finales se cernían sobre él.
"Al menos no me ha derrotado un cualquiera", se consoló Ariyuki.
Había subestimado a Nura Rihan. Peor aún, había subestimado a los subordinados del Segundo General de los Nura. Conocía el Matoi, pero ese ataque con miles de espadas y lanzas había sido más de lo que sus defensas podían aguantar. Todos los reflejos de su galería de espejos habían sido destruidos, y él con ellos.
El Tercer Líder de los Gokadoin miró a su izquierda. Sobre el suelo del palacio, yacía Yosuzume, la yokai de alas negras que se había convertido en su más fiel shikigami. Ella también había caído bajo las armas de Rihan. Y esta vez él no podría resucitarla.
"Ese Nura Rihan... cuando ataca con todo, no hay quien le detenga. Menuda ira", pensó Ariyuki.
Si era honesto consigo mismo, esa ira era culpa suya. Suya y de Encho, claro. Los dos habían usado a Nura Rihan y a Sanmoto Gorozaemon para provocar la caída de los grandes clanes yokai del país. Por desgracia, los malditos ayakashi habían sobrevivido, así que los Gokadoin habían tenido que intervenir personalmente. E incluso en eso habían fallado.
Sintió temblar el castillo. Eso significaba que el Primero había caído también. Qué desastre.
"La muerte se está tomando su tiempo", pensó el Tercero. En cierto modo, habría agradecido que Rihan se hubiese tomado la molestia de rematarlo. Las entrañas le quemaban por dentro y el dolor parecía no terminar jamás. Pero Rihan había sido arrastrado escaleras abajo por su subordinado en cuanto la fortaleza comenzó a derrumbarse. Muy inteligentes.
En ese momento, vio unos pies acercarse a él. Ni siquiera necesitó levantar la cabeza para saber de quién se trataba.
—Hola, Encho.
—Hola, señor Ariyuki —respondió el narrador de las Cien Historias.
La Boca de Sanmoto había sido destruido siete años atrás, pero Ariyuki lo había recuperado en forma de shikigami. A fin de cuentas, pese a ser un ayakashi nacido de un ser tan repugnante y despreciable como el Rey Demonio, Encho era un tipo listo, agradable y de buena conversación. Además, le gustaban sus historias y los dos tenían una idea muy similar de qué era lo que constituía auténtica "diversión".
Sin embargo, haberlo convocado como shikigami significaba que Encho sufriría el mismo destino que Yosuzume: si su maestro moría, ellos desaparecerían con él.
Ariyuki podía verlo. El cuerpo de Encho se estaba volatilizando.
—Es hora de irnos —le dijo el narrador con una sonrisa.
—Eso parece —murmuró el Tercer Líder—. ¿Ha merecido la pena, Encho? ¿Ha sido una buena historia?
—Sí, ha sido una gran historia.
—¿Aunque seamos los villanos? —insistió Ariyuki.
—Sí. La calidad de una historia se mide por la calidad de sus villanos. Hemos representado nuestros papeles como mejor hemos podido y al final el narrador ha decidido quién gana y quién pierde. No hay que lamentarse por ello —le consoló Encho.
—Bien.
Decían que cuando uno moría su vida pasaba delante de sus ojos. Ariyuki no compartía esa opinión, pero era verdad que su cerebro, cada vez más falto de oxígeno, estaba rememorando algunas escenas del pasado. Escenas dolorosas.
—Para proteger a los que tenía que proteger... he estado prolongando mi vida... durante ocho siglos —musitó Ariyuki débilmente—. Yo tengo... tenía... un hijo.
—Lo sé —dijo Encho.
—Ese niño... se convirtió en el Cuarto. Y entonces... dejó la familia —La sonrisa de Ariyuki se agrió. Incluso ahora, el recuerdo de aquel momento le seguía amargando—. Me preguntaba... por qué mi hijo no lo entendía... ¿Sabes qué me respondió?
Encho lo sabía, había oído esa historia antes, pero se calló. Aquellas eran las últimas palabras de Ariyuki. Necesitaba que alguien las escuchase.
—"Vivimos solamente porque nos necesitan. Cuando ya no seamos útiles, en ese mismo instante, todos nosotros desapareceremos" —rememoró el Tercer Líder de los Gokadoin—. Ja, ja, ja... Ya no nos necesitan más, ¿eh?
Sus ojos se cerraron.
—Tengo frío, Encho.
Y ya no se volvieron a abrir.
Encho cerrólos ojos también y dejó que el olvido se lo llevara. Fuera el verdadero espíritu del narrador de las Cien Historias o sólo una copia en forma de shikigami, no tenía queja alguna sobre su destino.
Su historia se había terminado.
OMAKES
Abe Rikuo en Ukiyoe
La gracia de los universos paralelos consiste en encontrar situaciones imposibles de otro modo. En Kitsune no Mago hemos visto cómo el hecho de que Seimei fuese una buena persona alteró la historia de tal manera que el mundo final del fic y el de Nuramago son muy diferentes pese a que al inicio las diferencias eran pocas.
Pero sólo los lectores son conscientes de ello. ¿Qué pasaría si los protagonistas tuvieran la oportunidad de ver su mundo desde una perspectiva diferente? Bueno, de eso es lo que trata precisamente este omake...
Abe Rikuo, nieto de Hagoromo-Gitsune, estaba pasando una mala noche. Le costaba dormir y se revolvía en su cama una y otra vez. Quizás era el estrés. Aunque habían derrotado al malvado Sanmoto Gorozaemon, el mundo aún estaba agitado por el descubrimiento de que los yokai eran reales. Ni siquiera podía salir de casa sin que una horda de paparazzo le asediasen.
Su vida había tomado un rumbo extraño. Se preguntó cómo habría sido el mundo de haber ocurrido las cosas de manera diferente.
Y entonces se durmió.
—¡Rikuo-sama! —oyó que alguien le llamaba—. ¡Es hora de ir a la escuela!
—Ya voy, ya voy... —respondió el chico desperezándose.
Sorpresa. Cuando se levantó, se dio cuenta de que no estaba en su cama, sino en un futón. Segunda sorpresa: aquella no era su habitación. Por la pinta, parecía una antigua mansión japonesa, muy diferente de la casona occidental del Clan Abe en Kioto. Le resultaba vagamente familiar, aunque no recordaba por qué.
Junto a la cama encontró la ropa para ir al colegio. Tercera sorpresa: aquel no era el uniforme escolar que usaba normalmente.
"Esto es cada vez más extraño", pensó Rikuo. Sin embargo, formal como era, se puso aquel uniforme. Ir en pijama por la casa era de mala educación. Con un poco de suerte, encontraría a alguien que le explicase qué estaba pasando.
—Buenos días, Rikuo-sama —le saludó un yokai sin cuello.
—¡Ja, ja, hoy es un buen día, waka! —exclamó un forzudo monje budista.
—El desayuno está servido, waka. Pase por aquí —le invitó una mujer de largos cabellos.
¡Un momento! Los conocía a todos. Eran Kubinashi, Aotabo y Kejoro, los agentes que el Clan Nura había enviado meses atrás para asesinarlo. Aunque ahora habían hecho las paces, las relaciones entre los Abe y los Nura no eran tan amistosas como para recibir semejante recibimiento.
Quiso preguntarles a ellos, pero parecían bastante atareados y Kejoro le empujó con delicadeza pero con firmeza hasta el comedor.
Allí encontró la sorpresa más grande.
—¡Buenos días, Rikuo-sama! ¡Hoy le he preparado un desayuno especialmente energético! —le dio la bienvenida una sonriente Tsurara. Esta de rodillas en el suelo, vestida con un precioso kimono blanco y azul.
No era la única vestida así. A su lado estaba Wakana, también con kimono, sirviéndole el desayuno a un anciano con una extrañísima cabeza alargada.
—Buenos días, Rikuo —le saludó Wakana como si no pasara nada—. ¿Has dormido bien?
—¿Qué te pasa, chico? —le espetó el anciano—. Qué cara más rara has puesto. Ni que fuera la primera vez que ves a tu abuelo tomar el desayuno.
"¿Mi abuelo?", pensó Rikuo. Tenía ganas de decirle a ese señor que sus dos abuelos eran humanos normales y corrientes, y que uno estaba muerto. No sabía quién era ese anciano, pero debía ser un mentiroso de mucho cuidado.
Pero su sorpresa fue mayúscula cuando Tsurara dijo:
—¿Quiere que traiga un poco más de té, señor Nurarihyon?
—No, gracias, Tsurara —respondió él.
¿El Nurarihyon? ¡Imposible! Al Nurarihyon lo había matado Sanmoto Gorozaemon, y lo recordaba mucho más joven y fuerte que aquel vejestorio.
No obstante, algunas piezas empezaban a encajar: aquella mansión era sin duda la Casa Nura. Estaba en Ukiyoe. Cómo había llegado hasta allí era algo que no sabía todavía, pero lo averiguaría. De momento, les seguiría la corriente. Quizás todos estaban siendo víctimas de un hechizo hipnótico y sólo él había logrado liberarse.
"Una vez averigüe el secreto y quién está detrás de esta trampa, se va a enterar", se prometió Rikuo.
Terminó el desayuno en silencio, pese a que los demás le dirigían miradas curiosas. Luego se dispuso a ir a la escuela. Claro que tenía un problema: no se sabía la dirección. Sólo había estado en Ukiyoe una vez antes.
—¡Rikuo-sama! ¿A dónde va? ¡A la escuela se va por aquí! —le avisó Tsurara.
—Sí, sí, ya lo sé, ja, ja —dijo Rikuo nervioso.
El muchacho siguió caminando con la mochila al hombro, mientras sus guardaespaldas, Tsurara y Aotabo, lo seguían por detrás.
—Hoy waka está un poco raro —comentó la Yuki-onna.
—Es natural —repuso Aotabo—. Hace poco que derrotamos a Tamazuki y su pandilla. Ha sido su primera gran batalla y luego ha tenido que curarse de sus heridas.
—En vez de ir a clase, debería descansar más —Tsurara suspiró—. Al menos las vacaciones de verano empezarán pronto.
La preocupación de Tsurara aumentó con el paso del día. Aunque el señor Rikuo no parecía tener problemas con las clases, reaccionaba de manera inusual ante compañeros de toda la vida como Kiyotsugu y Shima. Incluso con Ienaga Kana se mostraba más distante de lo normal. Por eso deseó con fuerza que llegase el fin de las clases, porque entonces podría presentarse en la reunión del Club Kiyo Cruz.
Cuando llegó, se fijó en que Ienaga estaba mirando de reojo a Rikuo. Aunque aquella humana le caía fatal, Tsurara hizo de tripas corazón y fue a hablar con ella.
—Ienaga...
—¡Ah! —se sorprendió Kana—. Eres tú, Oikawa.
—Estás mirando a Rikuo-sama de forma muy rara. ¿Ha pasado algo?
—No, pero... hoy está raro.
—¿Tú también lo crees?
—¡Cómo! ¿Tú también piensas lo mismo?
—¡Eh, vosotras dos! ¡Dejad de cuchichear! —las amonestó Kiyotsugu, dando comienzo a la reunión del club—. Las vacaciones de verano están cerca y quiero que planeemos juntos las actividades que vamos a realizar...
Maki Saori levantó la mano insistentemente.
—¡Para el carro, Kiyotsugu! —exclamó la rubia—. ¿De verdad quieres que malgastemos nuestras vacaciones con actividades del club?
—¡Eso, eso! —la animó su mejor amiga, Torii Natsumi.
—¡Oh, vamos, no digáis eso! El verano es una época excelente para buscar yokai. Fijaos, me han llegado peticiones para exorcizar demonios a la página web. ¿No es genial?
Maki le sacó la lengua.
—Blergh.
—Bueno, si eso no os convence, ¿qué os parece un viaje a Kioto, con todos los gastos pagados?
Al oír la palabra "Kioto", los sentidos de Rikuo se despertaron. Quizás ése era su billete para escapar de aquella ilusión. En Kioto podría encontrar a su abuela y al Gran Tengu del monte Kurama. Seguro que ellos sabrían qué hacer.
Mientras tanto, Kiyotsugu siguió explicando su plan:
—¡Será genial! Kioto es un lugar de ensueño para los amantes de los yokai. Además, podríamos conocer a onmyoji de verdad. Si sólo Yura-kun pudiese ayudarnos con eso...
—¿Yura? ¿Keikain Yura? —preguntó Rikuo de repente.
—¡Claro! ¿Quién si no? —respondió Kiyotsugu—. Nuestra amiga kiotota es el orgullo del Club Kiyo Cruz, pero hace días que no se pasa por la escuela.
—A mí me dijo que iba a entrenar —intervino Kana—. Pero no sé por dónde puede estar...
—Ah, sí, es tan pobretona que ni siquiera tiene teléfono móvil —se lamentó Kiyotsugu—. ¡Ojalá pudiese sentir energía espiritual como un onmyoji para poder encontrarla!
Rikuo se levantó del asiento.
—Chicos, lo siento, pero he recordado que tengo un recado importante que hacer. ¡Os lo compensaré después! —dijo él antes de salir disparado.
—¡Rikuo-sama! ¡Espéreme! —exclamó Tsurara, yendo detrás de él.
Todos los demás miembros del Club Kiyo Cruz, especialmente Kana, se quedaron ojipláticos.
—¿Qué les pasa a esos dos? —preguntó en voz alta Maki. Nadie supo darle una respuesta.
Mientras tanto, en un edificio abandonado a las afueras de Ukiyoe, Keikain Yura practicaba sus artes onmyodo. Aunque era capaz de convocar varios shikigami al mismo tiempo, toda una proeza para alguien tan joven, y era la única capaz de usar el legendario Hagun, aún le faltaba mucha experiencia. Había sido consciente de su debilidad delante de aquel malvado tanuki. Había sido el Amo de los Seres Sobrenaturales el que la había salvado.
"Qué vergüenza para una onmyoji", pensó Yura.
No sabía si aquel chico era el famoso Nurarihyon o estaba relacionado con él, pero no cabía duda que los yokai de aquella ciudad le rendían pleitesía. No podría volver a Kioto con la cabeza alta si no conseguía derrotarlo antes.
—¡Agh! —gruñó cuando su cañón de mano falló el blanco otra vez—. ¡No sirvo para esto!
—¡Yura! ¡Estás aquí!
La onmyoji se dio la vuelta con aire confundido. Más que nada porque el recién llegado era Nura Rikuo y el educado joven siempre la había llamado antes por su apellido.
—¿Nura-kun? ¿Qué haces aquí?
Era una simple pregunta, pero Yura vio cómo el rostro del chico se ensombreció.
"Nura", pensó Rikuo. "No sólo me conoce por el apellido de los Nurarihyon, sino que ni siquiera tenemos suficiente confianza entre nosotros para llamarnos por nuestro nombre. Qué mundo más deprimente".
—Yo... Estábamos preocupados —dijo al fin Rikuo—. No has venido a clase los últimos días.
—Ah, ya. He estado entrenando —respondió Yura—. Pero tranquilo, iré a la ceremonia del fin de semestre.
No era eso lo que le preocupaba a Rikuo. Incluso en aquel mundo, era evidente que Yura se presionaba a sí misma hasta el límite. Los muñecos de entrenamiento rotos, los talismanes gastados en el suelo y las heridas que tenía en brazos y piernas lo probaban.
—¿Has venido solo? —le preguntó Yura de repente.
—¿Eh?
—Siempre tienes a alguien a alrededor. Como Oikawa.
De hecho, sin que ellos lo supieran, Oikawa estaba cerca. Parapetada detrás de una pared semiderruida, Tsurara miraba a su joven amo con expresión extrañada. "¿Por qué ha venido corriendo a hablar con esa onmyoji?".
De repente, se oyó un gruñido. Provenía del estómago de Yura.
—¿Tienes hambre? He traído galletas de chocolate. Te gustan, ¿verdad? —le ofreció Rikuo a la onmyoji con una sonrisa.
Yura lo miró con cierta desconfianza, pero al final aceptó las galletas.
—Está bien. ¡Pero que conste que el sonido de antes no lo ha hecho mi estómago!
"Ya, claro. Keikain, mientes fatal", pensó Tsurara, riéndose por lo bajo.
Rikuo y Yura se sentaron juntos, en silencio. La onmyoji devoró las galletas con ansia. Estaba claro que no había comido nada en mucho tiempo.
—Eres muy bueno conmigo, Nura-kun —señaló Yura.
—Somos amigos... ¿no?
—Supongo que sí.
Silencio otra vez.
—Siempre te esfuerzas muchísimo —observó Rikuo.
—Claro. Tengo que sustituir a mi abuelo al frente de la familia Keikain. Es mi destino. Llevo entrenándome con mis primos y el resto de mi familia desde que era muy pequeña.
Vaya, ese era un dato nuevo. Rikuo sabía que en el mundo que él recordaba, Yura había sido apartada de las actividades exorcistas porque su abuelo quería protegerla. Resultaba extraño ver que en aquella extraña ilusión la situación era diferente.
—¿No eres un poco joven para eso? —se atrevió a preguntar Rikuo.
—Lo entenderías si fueras de nuestra familia, Nura-kun. Por desgracia, muchos Keikain mueren jóvenes. Es la maldición del zorro.
—¿La maldición del zorro?
Yura asintió con aire serio.
—Sí. Una malvada yokai, llamada Hagoromo-Gitsune, lanzó una maldición contra nuestra familia cuatrocientos años atrás. Ella es la enemiga jurada de los Keikain. Por su culpa, muchos de los nuestros mueren antes de tiempo, como mis... No, mejor me callo.
Un sudor frío recorrió a Rikuo de arriba abajo. ¿Estaba hablando de su abuela? Y esos puntos suspensivos... Recordó que los padres de Yura habían muerto en un desgraciado accidente. ¿Quería decir Yura que la culpable había sido Hagoromo-Gitsune? "Oh, dioses", pensó Rikuo.
—Uno de nuestros antepasados logró expulsar a Hagoromo-Gitsune y a todos los yokai de Kioto de la ciudad —continuó Yura, sin percatarse del efecto que sus palabras tenían en su compañero—, pero algún día volverá. Por eso tenemos que entrenarnos. Si no, la kitsune nos matará a todos. Afortunadamente, nuestros onmyoji son buenos y hemos logrado matar a muchos yokai de Kioto, pero... ¡Nura-kun! ¿Te pasa algo?
Rikuo estaba de rodillas en el suelo. La cabeza le daba vueltas.
¿Eso era lo que quería conseguir aquella ilusión? ¿Una guerra entre los yokai de Kioto y los Keikain? ¡Era horrible! Aquel mundo parecía un aviso cruel, una advertencia de lo que podía pasar si los Abe y los Keikain no aprendían a convivir juntos en la misma ciudad. Entonces, ¿cuál era su papel en aquella farsa? ¿Por qué estaba viviendo en la Casa Nura? ¿Por qué Yura no era su amiga de la infancia? ¿Por qué Tsurara se había convertido en su sirvienta?
Demasiadas preguntas. Se mareó y sus piernas le fallaron. Cayó al suelo.
—¡Nura-kun! ¡Aguanta! —exclamó Yura alarmada.
—¡Rikuo-sama! —Tsurara abandonó su escondite—. ¿Está usted bien? ¿Qué le pasa?
El muchacho perdió el conocimiento.
—¡Aaaaaaaaah! —gritó Rikuo, despertándose de golpe.
Miró a su alrededor, presa de la ansiedad. Su corazón desbocado se tranquilizó cuando reconoció enseguida su cuarto de la Mansión Abe en Kioto. Estaba en casa.
"Un sueño". Rikuo suspiró aliviado. "Sólo ha sido un sueño".
Por desgracia, su grito había alertado a otros miembros del clan. El fiel Hakuzozu entró como una tromba en su cuarto.
—¡Joven señor! ¿Estáis bien?
—Sí, Hakuzozu, estoy bien. Sólo ha sido una pesadilla —explicó Rikuo.
—Entiendo. Siento haberos molestado. Me retiro...
—¡Espera, Hakuzozu!
—¿Joven señor?
—Yo... ya sé que no lo digo a menudo, pero me alegra mucho tenerte con nosotros, Hakuzozu. Y lo mismo va para el resto. Estoy muy feliz de ser parte del Clan Abe —dijo Rikuo apresuradamente.
Hakuzozu le dirigió una mirada comprensiva. No sabía qué clase de pesadilla había tenido el muchacho, pero estaba claro que le había causado una honda impresión.
—Yo también estoy muy feliz por servir aquí —dijo el yokai volador—. El Clan Abe es el mejor.
—Sí que lo es —reconoció Rikuo con una sonrisa.
—Que durmáis bien, joven señor.
Hakuzozu se retiró, no sin antes apagar la luz. Rikuo se arrebujó en las mantas. Se durmió enseguida y esta vez no tuvo más sueños extraños.
¿O quizás no había sido un sueño?
Hielo y fuego
Esta historia NO ES MÍA. Fue escrita por Nayrael, otro escritor de fanfiction y autor de The Shin Sekai, una continuación de Nurarihyon no Mago. El último capítulo de mi historia utilizó personajes y situaciones de su fic, así que me devolvió el favor creando un omake especial ambientado en mi universo. Está publicado con su conocimiento y consentimiento. ¡Gracias, amigo! ;-D
Podéis considerar el omake un atisbo de lo que el futuro podría deparar a un universo como el de Kitsune no Mago. Los Gokadoin fueron vencidos, sí, pero no destruidos del todo. ¿La rivalidad entre Abe y Gokadoin será heredada por la próxima generación?
—Kashaimaru —Ritsura apretó los dientes mientras miraba a su compañero de clase, de pie enfrente de ella—. No me digas que eres uno de ellos.
Incluso Kyokotsu, que no lo conocía, se quedó estupefacta al verlo delante de ellas, sosteniendo sus talismanes en la mano.
—Ya te lo dije, mi querida Ritsura —Kashaimaru le guiñó un ojo—. Estoy lleno de sorpresas.
—¿Por qué? —preguntó ella y levantó la Nenekirimaru—. Al menos tú eres listo. ¿Por qué te unirías a estos terroristas?
—Ritsura, no tenemos tiempo para charlas —Kyokotsu le recordó la gravedad de la situación.
Ritsura suspiró.
—Tienes razón, Kyokotsu.
Entonces se volvió hacia Kashaimaru y dos colas blancas aparecieron detrás de ella, así como orejas de zorro en su cabeza.
—Kashaimaru, soy la tataranieta de Hagoromo-Gitsune —continuó Ritsura mientras sus alrededores se cubrieron de hielo—. Por otro lado, tú eres un onmyoji por debajo de la media. Si valoras en algo tu hígado, lárgate.
Sin embargo, Kashaimaru simplemente se quedó mirándola con una sonrisa de suficiencia.
—Me temo que no puedo hacer eso, Ritsura-chan.
—Te lo advertí —dijo ella y salió disparada hacia él con sus colas y su espada. Su plan era usar las colas para bloquear sus rutas de huida, y la espada para cortarlo de un lado a otro. Como era humano, no moriría.
Pero en el último momento, Kashaimaru se movió, y una de las colas de Ritsura acabó atravesándole las tripas antes de que ella pudiese reaccionar.
—¿...qué? —Ritsura seguía desorientada—. ¿Por qué has... saltado allí? —preguntó ella con los ojos muy abiertos y demasiado anonadada para moverse.
—Je —Una vez más, Kashaimaru sonrió y luego su cuerpo cayó al suelo. El agujero que la cola de Ritsura había abierto era tan grande que probablemente ya estaba muerto, y el charco de sangre que había surgido a su alrededor no dejaba lugar a la esperanza.
—Ah... ah...
Los ojos de Ritsura empezaron a temblar.
—¿Por qué...? —volvió a preguntar, mientras sus pies se movían pero sin saber adónde.
—¡Ritsura! —Kyokotsu corrió hacia ella—. ¡Ha sido un accidente!
—Un accidente... —repitió la dama de las nieves. Había matado a un amigo—. Un accidente, ¿eh? No, no lo ha sido... él ha saltado allí...
—Ritsura, cálmate —Kyokotsu siguió confortándola a la vez que trataba de alejarla del cadáver ensangrentado—. Ha sido culpa suya... culpa del enemigo.
—He matado a un...
—¿A dónde creéis que estáis yendo? —Kashaimaru habló de repente—. Acabamos de empezar.
Las dos chicas se volvieron hacia lo que creían que era un cadáver. Pero de dicho cadáver comenzó a surgir una gran cantidad de "miedo".
—Eso es... ¿miedo? —Kyokotsu fue la primera en hablar—. Espera, ¿tú no deberías estar muerto?
—Je, je...
El chico empezó a levantarse sobre sus piernas mientras seguía envuelto por aquel "miedo" con forma de fuego.
—Un onmyoji por debajo de la media, ¿eh? Oh, mi querida Ritsura-chan, eres tan fácil de engañar.
Finalmente, el chico alzó su cabeza, revelando una cara salvaje y sonriente.
—Yo soy uno de los mejores onmyoji que puedes esperar encontrar —Entonces metió una mano en el bolsillo y sacó dos guantes—. Pero usar mi onmyodo haría que la escuela entera y tu familia se diesen cuenta de quién soy.
—¿Quién...? —Aunque le aliviaba saber que estaba bien, Ritsura se dio cuenta rápidamente de que era momento para la cautela, no para la alegría—. ¿Quién eres?
En lugar de responder, Kashaimaru giró su mano hacia ella y se puso un guante con un extraño símbolo.
Ritsura no reconoció el símbolo, pero Kyokotsu identificó la estrella y adoptó de inmediato una postura de pelea.
—¡Gokadoin!
—¡En efecto! Bueno, déjame presentarme de nuevo con mi verdadero apellido, Abe no Ritsura —Kashaimaru habló y realizó una reverencia al estilo occidental—. Soy Gokadoin Kashaimaru, hijo de Abe no Yoshihira, y el Undécimo y actual líder de la Casa Gokadoin.
—¿Gokadoin... Yoshihira?
Ritsura nunca se había topado con Yoshihira o con ningún otro Gokadoin, pero conocía aquellos nombres. Los Gokadoin eran, como los Abe, descendientes de Abe no Seimei, con Yoshihira siendo su hijo y el medio hermano del padre de Ritsura.
Y veinte años atrás, habían amenazado a su familia y a todo Japón... pero los Abe y sus aliados vencieron, matando a la mayor parte de los líderes Gokadoin, incluyendo Yoshihira, mientras que el resto fue encarcelado en esa prisión.
—Ahora estoy seguro de que tienes muchas preguntas, querida prima, pero tú y yo tenemos prisa —dijo Kashaimaru antes de que ella pudiese preguntar nada, y entonces le arrojó llamas rojas. El repentino destello de luz hizo que Ritsura levantase las manos y cerrase los ojos, pero cuando volvió a mirarlo, él tenía ocho fieras colas azules y el resto de su cuerpo ardía en llamas azules, con dos llamas más grandes sobre su cabeza con forma de orejas de zorro—. Para que conste, soy un onmyoji de Fuego.
Ritsura dio unos pocos pasos hacia atrás. Debido a su sangre de Yuki-onna, no le gustaba el fuego normal, y menos aún el más fuerte fuego azul. Kyokotsu también dio unos pasos hacia atrás, precavida ante el enemigo que tenían enfrente.
—Y perdona por haberte hecho pasar ese mal trago hace unos momentos —se disculpó Kashaimaru mientras avanzaba hacia ellas—. Pero a diferencia de ti, yo sólo tengo una octava parte de sangre yokai, así que incluso con mi onmyodo mis opciones de victoria no estaban garantizadas.
A medida que hablaba, Kashaimaru lanzaba talismanes al aire. Unos pocos siguieron revoloteando a su alrededor, mientras que los demás se convirtieron en pequeños zorros de dos colas.
—Pero como ya sabes, los kitsunes somos difíciles de matar. Así que usando ese hecho y mezclándolo con Taizan Fukunsai, soy capaz de dejar mi parte humana en un estado cercano a la muerte y reforzar mi propia sangre yokai. Bueno, esa es la explicación sencilla.
—¿Y qué? ¿Crees que ahora tienes alguna posibilidad contra mí? —le retó Ritsura mientras preparaba su cuerpo y su miedo para una pelea.
—Por supuesto que sí. Primero... —Y de repente, sus colas se lanzaron hacia las dos chicas. Ritsura creó de inmediato un escudo de hielo y apartó a Kyokotsu, pero el escudo se derritió incluso antes de que las colas de Kashaimaru lo tocasen y entonces se convirtió en vapor.
"¡Necesito crear menos hielo!", pensó ella cuando el vapor creado a partir de su hielo la quemó.
—El fuego siempre vence al hielo. Así que, naturalmente, un Zorro de Fuego es más fuerte que un Zorro Polar —Kashaimaru sonrió e hizo retroceder sus colas llameantes. Kyokotsu aprovechó la oportunidad para atacarlo con sus serpientes, pero los tres zorros shikigami saltaron sobre las serpientes y las despedazaron.
—Y segundo... —Kashaimaru continuó hablando como si el ataque de Kyokotsu no hubiese significado nada— ...estás por debajo de un onmyoji por debajo de la media. Eso significa que no tienes con qué protegerte de mis llamas o mi onmyodo.
Entonces los talismanes voladores se dirigieron hacia Ritsura.
Ella trató de destruirlos con sus colas y estacas de hielo, pero los talismanes los repelieron con electricidad y siguieron volando hacia ella. Luego la rodearon y Ritsura no pudo moverse más.
Después, Kashaimaru extendió sus dedos como un zorro extiende sus garras, y corrió en dirección a ella. Kyokotsu intentó pararlo, pero dos de los zorros despedazaron sus serpientes otra vez mientras que el tercero corrió hacia ella y la golpeó con una de sus colas, arrojándola a varios metros de distancia.
Por fin, Ritsura logró superar la trampa de los talismanes, pero era demasiado tarde: Kashaimaru se había acercado demasiado y, después de que sus llamas se hiciesen más pequeñas y se volviesen de color rojo, la agarró por la garganta y la empujó contra la pared.
—No necesitas onmyodo, eres una kitsune y Yuki-onna muy fuerte... eso es lo que dijiste una vez, ¿correcto? —dijo Kashaimaru mientras su mano caliente la sujetaba por el cuello.
Ritsura intentó atacarlo con sus colas blancas, pero cada vez que lo hacía, podía sentir la punta de las colas llameantes de él y tenía que hacer retroceder las suyas.
—Eres igual que mis hermanos Gokadoin: del mismo modo que ellos rechazan su ascendencia yokai, tú ignoras tu ascendencia onmyoji. Menuda estupidez.
Ahora que lo mencionaba, Ritsura recordó que podía intentar usar algunas de las técnicas que había aprendido en la Academia Seimei. Así que metió la mano en la manga, donde guardaba algunos talismanes por si acaso, y sacó uno con la esperanza de que Kashaimaru no se diese cuenta.
"Concéntrate... concéntrate... ¿cómo se hacía esto?".
De alguna manera, logró activar su talismán de papel y, por un momento, pareció que las llamas de Kashaimaru se debilitaban. Pero entonces sus ojos se clavaron en él y al momento siguiente el talismán se convirtió en cenizas.
—Lo siento, prima, pero un trabajo tan chapucero es una pérdida de tiempo conmigo —dijo él y sujetó la mano de Ritsura con la mano libre que tenía libre—. Y ahora vamos a...
De repente, sus cejas se alzaron por un instante, atrajo a la chica hacia sí y le puso encima un talismán. Ritsura pudo sentir cómo el talismán liberaba su energía y luego vio que llamas azules llenaban el terreno alrededor de los dos, con Kashaimaru saltando hacia atrás mientras la sujetaba. El talismán debía haberla mantenido a salvo de sus llamas, ya que ni siquiera sintió el calor.
—Tsk, eres rápido.
Cuando el aire se aclaró, Ritsura pudo ver a Hagoromo-Gitsune de pie sobre el suelo que sus colas habían destrozado. Por un momento, se alegró al verla, pero entonces sintió vergüenza por ser una rehén enfrente de ella.
Y por si Hagoromo-Gitsune no era público suficiente, Ritsura también pudo ver que Ryuzan y Nura Rihan se habían unido a la escena.
—Kashaimaru... —Al igual que Ritsura unos minutos antes, Ryuzan tenía una expresión de decepción en la cara al mirar a su antiguo amigo.
—¿Qué tenemos aquí? ¡Pues un chaval Gokadoin, por supuesto! —Naturalmente, el líder del Clan Nura era el más despreocupado—. Venga, deja a la chica en paz y ven a luchar con nosotros... chico.
Aunque estaba mofándose de Kashaimaru, fue Ritsura la que se sintió más humillada por sus palabras.
"Pero esto es bueno". Ritsura se dio cuenta de que, incluso si tenía una audiencia indeseada, ahora tenía una oportunidad para arreglar la situación. "Debo permanecer concentrada y buscar una oportunidad. ¡En el momento en que te olvides de mí, te vas a enterar, amigo!".
—¿En esta situación? Esta chica es capaz de apuñalarme por la espalda en cuanto dejase de mirarla —Por desgracia, Kashaimaru era demasiado prudente para concederle esa oportunidad—. Tendré que neutralizar esta amenaza primero.
El cuerpo de Ritsura se puso en tensión después de oír esas palabras, y las caras de los demás también mostraron miedo. "¡Me va a matar!". Ritsura se dio cuenta de lo mucho que había fracasado cuando Kashaimaru, con una sonrisa en la cara, se acercó... y apoyó sus labios sobre los de ella.
"¿Eh?", pensó ella cuando sintió su lengua. (1-HIT)
—¿Qué?
—¿Eh?
—¿Aaaah?
—...
Ryuzan, Rihan, Kyokotsu y Hagoromo-Gitsune estaban igualmente confundidos por lo que ocurría. (2-HIT) (3-HIT)
Las orejas de Ritsura se aguzaron y sus colas se levantaron en posición vertical. (4-HIT) (5-HIT) (6-HIT)
—Oi, oi... —Rihan se rascó la cabeza—. ¿No deberíamos... hacer algo? (7-HIT) (8-HIT)
Instintivamente, Ritsura trató de zigzaguear sus colas con la esperanza de golpearlo, pero sus colas retrocedían de inmediato cuando las colas de él se interponían en su camino. (9-HIT) (10-HIT) Luego él la atrajo aún más hacia sí y puso una mano detrás de ella, mientras sus ojos se clavaban directamente en los de Ritsura. (11-HIT) Mientras tanto, las colas de él casi envolvieron las de ella (12-HIT).
De mientras, Rihan seguía rascándose la cabeza, Ryuzan y Kyokotsu miraban con los ojos y la boca abiertos como platos, y Hagoromo-Gitsune miraba y de vez en cuando trataba de golpear a Kashaimaru con una de sus colas, pero aquel fuego azul era demasiado fuerte incluso para ella. (13-HIT) (14-HIT)
"¿Es que quiere comerse su hígado?", pensó Hagoromo-Gitsune. "No, eso no puede ser". (15-HIT) (16-HIT)
Poco a poco, la cara de Ryuzan pasó de la sorpresa a la ira. Un poco más y parecería un asesino en serie. (17-HIT) (18-HIT)
—Está durando bastante, ¿verdad? —Rihan parecía cada vez más asombrado—. Este joven hombre es formidable. (19-HIT) Parecía que ahora tenía algo más de respeto por el joven Gokadoin. (20-HIT) (21-HIT)
Las orejas de Ritsura bajaron y sus colas cayeron sobre el suelo, como si ya no le quedase energía para mantenerlas en el aire. (22-HIT) (23-HIT) Sus manos, que hasta entonces habían estado tratando de empujarlo, también cayeron. (24-HIT) (25-HIT)
(FATALITY)
Y entonces, por fin, el Zorro de Fuego apartó su cara de la Zorra Polar y la chica quedó inconsciente entre sus brazos.
—Bueno, esto ha estado bien —dijo Kashaimaru y dejó a la chica inconsciente en el suelo—. Tenía más energía dentro de ella de lo que esperaba. No pensaba que iba a necesitar veinticinco para absorberla toda.
—¿Qué... ha ocurrido? —preguntó Kyokotsu, sonrojada y perpleja.
—Nos ha enseñado que es un casanova de élite —dijo Rihan apretando los puños—. Necesito mejorar... quizás mi esposa o alguien en Toono conoce buenas técnicas de entrenamiento.
—Oi, oi, este no es momento para asombrarse —comentó Kyokotsu.
—Debe morir —dijo Ryuzan en tono áspero—. Y entonces lo despedazaré, lo quemaré y lanzaré sus cenizas sobre el océano Pacífico.
—Eh, ¿no eras tú el que sospechaba de él y el que decía que debíamos dar lo mejor de nosotros para arreglar las cosas con él? —observó Kyokotsu.
—Puede ser un maldito Gokadoin, pero ha heredado mis habilidades —dijo Hagoromo-Gitsune mientras apoyaba la mano bajo la barbilla—. Pero aún tiene un largo camino por delante...
—Hermana mayor, confiaba en usted —dijo Kyokotsu y suspiró—. ¿De verdad soy la única persona seria aquí?
Kashaimaru habló desde la distancia:
—¿Por qué pareces tan triste, Kyokotsu-chan? Si estás celosa, ¿por qué no vienes aquí? —Kashaimaru se pasó la lengua por los labios—. Te aseguro que ninguna mujer lo ha lamentado jamás.
—¡No, gracias!
—Basta de cháchara —Ryuzan se adelantó y sacó sus guantes. Su aura se oscureció—. Puede que el fuego venza al hielo, pero el agua vence al fuego.
—De acuerdo entonces. ¡Que empiece la acción!
Rikuo y Yura
Esta última historia ha sido una de las más demandadas prácticamente desde el primer año de vida del fic. Algún lector veterano tal vez recuerde que, cuando empecé a escribir Kitsune no Mago, aún tenía en duda cuál sería la pareja final. La vencedora fue Tsurara, claro, pero a muchos les gustó la pareja que hacía Rikuo con Yura en la historia.
Como fan acérrimo de los universos paralelos, el mismo funcionamiento se aplica aquí: todo Kitsune no Mago hasta el capítulo 50 es igual. Sin embargo, entre la derrota de Sanmoto Gorozaemon y la boda pasaron varios años. Rikuo y Tsurara empezaron a salir, pero incluso en las parejas más felices ocurren baches. Uno muy importante ocurrió al séptimo año. En la historia establecida, Rikuo y Tsurara lo superan y se casan. En esta línea alternativa, no lo hacen y es Yura la que ayuda a Rikuo a superarlo.
Lo prometido es deuda. Os dejo con mi última historia de Kitsune no Mago.
En la casa ancestral de los Keikain, la actual líder de la familia daba vueltas de un lado a otro, inmersa en sus pensamientos. Hacía algunos años ya que había sustituido a su abuelo Hidemoto al frente de la familia, y los problemas se agolpaban. Ser la jefa del grupo de exorcistas más numeroso de Kioto era una gran responsabilidad, pero más aún cuando los yokai habían salido a la luz pública y la gente buscaba en ellos consejo y protección.
Era un trabajo estresante. Afortunadamente, tenía a su lado a su familia y amigos, que la apoyaban (bueno, Ryuji seguía siendo tan cretino como siempre, pero la ayudaba a su manera). Sin embargo, ahora se enfrentaba a un problema que podía causar una brecha en el clan Keikain.
La puerta de la habitación se abrió. Yura pegó un respingo. Para su sorpresa, nadie apareció. La onmyoji se asomó. Había caído la noche y el pasillo estaba a oscuras, pero aún así sus sentidos le decían que allí no había nadie.
Yura se iba a dar la vuelta cuando alguien por detrás tapó sus ojos.
—¿Quién soy?
—Déjate de bromas, kitsune, o te exorcizo —respondió Yura. Por si sus palabras no eran suficientes, se sacó un talismán de la manga.
—Siempre tan tsun-tsun conmigo...
Rikuo se rió y apartó las manos. Estaba guapo, muy guapo, sus ojos carmesíes brillaban con picardía y su pelo blanco le caía suelto sobre los hombros. Sin embargo, a Yura no le agradó verlo en esa forma.
—¿Te has transformado en kitsune para venir aquí? Sabes que eso le hará menos gracia aún a mi familia.
—Mi familia también va a venir para oír nuestro anuncio —le recordó Rikuo—. Además, mi sangre de yokai estaba hirviendo. No podía quedarme quieto. Tenía que venir.
—Sí, ya, pero... —trató de insistir Yura.
Pero no pudo continuar, porque Rikuo la tomó de la barbilla y la besó en los labios.
Fue un beso largo y profundo, igual que muchos otros que habían aprendido a compartir en los últimos tiempos, pero éste le supo especial a Yura. Realmente, era la medicina que necesitaba.
—¿Más tranquila ahora? —le preguntó Rikuo, a la vez que le guiñaba el ojo.
—Lo siento —se disculpó la onmyoji—. Yo también estoy nerviosa. Estoy hasta arriba de trabajo, políticos y periodistas me asaltan con cuestiones que no puedo responder, y ahora esto. ¿Soy egoísta si quiero que me quede al menos un pedacito de felicidad que sea para mí sola?
—No, no eres egoísta —respondió Rikuo—. Eres humana. Y por eso te quiero.
Yura se acurrucó junto a su pecho y dejó que su amigo de la infancia le acariciase el pelo. Era un pelo largo y sedoso, probablemente el más hermoso que había visto Rikuo jamás, a la altura del de su propia abuela, Hagoromo-Gitsune. Resultaba extraño pensar que Yura había sido una vez una pequeña marimacho que prefería llevar el pelo corto. Rikuo le había preguntado más de una vez por qué se lo había dejado crecer, pero no había obtenido la respuesta hasta que empezaron a salir juntos.
"¿Te acuerdas de cuando derrotamos a Tamazuki y sus yokai de Shikoku?", le había preguntado Yura. "La Fusión a Tres me dio cabello largo y entonces tú lo cogiste y empezaste a alabarlo. Te parecerá una tontería, pero fue importante para mí".
"¿Por qué?", había querido saber Rikuo.
"Porque fue la primera vez que algo de mí te pareció hermoso. Jamás me has llamado fea, y siempre hablas de lo fuerte e inteligente que soy, pero a veces a una chica le gusta también que le digan que es bella".
Era curioso, los dos eran amigos desde parvulario y eran muy parecidos para ciertas cosas (aunque la sangre bromista de los kitsunes siempre acababa chocando con la férrea disciplina de los onmyoji), pero no habían abierto sus corazones hasta hacía bien poco.
Después de los eventos de hacía siete años, cuando Rikuo y sus amigos derrotaron a Sanmoto Gorozaemon y el mundo sobrenatural quedó al descubierto, el joven señor de los Abe empezó a salir con su subordinada, la Yuki-onna Tsurara. Por desgracia, después de algunos altibajos, la relación se había roto.
Yura sabía que tanto Rikuo como Tsurara habían quedado destrozados por la ruptura, y no había querido aprovecharse de la situación. Pero poco a poco, mientras trataba de animar a Rikuo y distraerlo de sus preocupaciones, los sentimientos que había escondido en lo más profundo de su alma afloraron una vez más.
Y Rikuo lo notó. Lo que ocurrió después era algo que sólo incumbía a los dos.
Tanto a Rikuo como a Yura les habría gustado quedarse así más tiempo, abrazados y recordando el pasado, pero tenían un deber que cumplir. Se lo recordó un aprendiz de la casa, que corrió a avisar a Yura de que los invitados habían llegado y estaban siendo llevados en ese mismo momento a la sala de reuniones. Por fortuna, el mensajero no abrió la puerta y no vio a la onmyoji más poderosa de Kioto en brazos del nieto de Hagoromo-Gitsune.
Rikuo cogió a su novia de la mano.
—¿Vamos allá? —le preguntó a Yura.
—Vamos allá —respondió ella.
00000
Había un ambiente tenso en la sala de reuniones. No era para menos. A un lado, algunos de los principales líderes de los Keikain. Al otro, los representantes del Clan Abe.
No estaban todos, ojo. Yura había convocado sólo a sus familiares cercanos, incluyendo a su hermano Ryuji y sus primos Mamiru, Akifusa, Pato y Masatsugu. Es decir, gente de su plena confianza. Le habría gustado que su abuelo hubiese estado allí, pero Hidemoto 27º había muerto tres años atrás por complicaciones de salud causadas por heridas antiguas. Aunque el anciano había tenido una muerte apacible después de una vida larga y llena, Yura seguía echándolo mucho de menos.
En cuanto a los Abe, estaban allí Hagoromo-Gitsune en persona, Kyokotsu, el Gran Tengu del monte Kurama, Hakuzozu, Ibaraki-Doji, Shokera y, por alguna razón, también Wakana. La buena mujer sonreía ajena a la hostilidad que flotaba en la atmósfera.
En ese momento, Rikuo y Yura aparecieron por la puerta. Nadie se sorprendió demasiado. Aunque onmyoji y yokai no se llevaban bien, la alianza que habían firmado en la guerra del Clan de las Cien Historias seguía en pie. Además, todos sabían que esos dos eran amigos de la infancia.
Sin embargo, generalmente Rikuo y Yura mantenían las distancias en público. Una reunión así, tan repentina y heterodoxa, era algo inaudito.
—Enana, ¿vas a decirnos de una vez por qué nos has llamado? ¿Y por qué están estos monstruitos aquí? —le espetó Ryuji. Por supuesto, no era propio de su hermano mayor quedarse callado.
—Que conste que no quiero darle la razón a este bárbaro sin modales, pero mañana tengo una reunión importante para hablar de la formación de Partidos Sobrenaturales y no puedo distraerme con nimiedades —dijo Hagoromo-Gitsune a modo de advertencia. La líder de los yokai de Kioto no toleraba que le hiciesen perder el tiempo.
—¡Sí, eso, eso! —intervino Kyokotsu—. ¡Quiero saber qué ocurre, hermano mayor!
Hubo murmullos de aprobación entre los presentes. La única que no dijo nada fue Wakana. Yura habría jurado que la estaba mirando a los ojos y sonriendo, como si quisiera darle ánimos.
"Has luchado contra los peores demonios de este mundo, ¿de qué tienes miedo?", se reprendió Yura a sí misma.
La líder de la familia Keikain tomó aire.
—Os hemos reunido a todos, nuestra familia y amigos, porque Rikuo y yo tenemos un anuncio muy importante que haceros —proclamó Yura con seguridad. Pero luego empezó a trabucarse con las palabras y sintió que su cara enrojecía—. Hemos decidido... Hemos descubierto que... Él y yo vamos a... Es una ocasión para...
De repente, Rikuo la tomó de la mano.
—Lo que ella quiere decir es que vamos a casarnos. Celebraremos la boda antes de que acabe el año —les informó el kitsune.
Silencio.
Instintivamente, Yura cerró los ojos. Se esperaba lo peor. Aunque la relación entre las dos familias había mejorado ostensiblemente desde su fundación siglos atrás, gracias sobre todo a luchar unos junto a otros en las guerras contra el Nurarihyon y Sanmoto Gorozaemon, lo cierto era que seguían siendo yokai y onmyoji. Enemigos naturales. Su amistad con Rikuo ya había levantado algunos sarpullidos. Que la líder de los Keikain y el futuro señor de los Abe se casasen era poco menos que una herejía.
Sin embargo, para su sorpresa, los comentarios que oyó fueron en otra dirección.
—¿Para eso nos manda venir? Buf, qué pérdida de tiempo —se quejó Ryuji.
—Enhorabuena a los dos. Ahora quiero volver a la mansión. Tengo trabajo que hacer —dijo Hagoromo-Gitsune con sequedad.
—Se veía venir —Akifusa suspiró y Masatsugu meneó la cabeza con cierta decepción.
—Supongo que no será una boda católica... —comentó Shokera con cierta lástima.
—¡Espera! ¿Entonces la chica onmyoji va a ser la nueva hermana mayor? —preguntó Kyokotsu confundida.
Por su parte, Wakana rebosaba de alegría.
—¡Qué contenta estoy por vosotros dos! Habéis tardado un poquito más de lo que esperaba, pero estoy segura de que seréis muy felices juntos —les aseguró la viuda de Seimei.
Yura se quedó con la boca abierta. Esperaba ira, desprecio, burlas, alguna clase de resistencia. No eso.
—¿Es que nadie está sorprendido de que nos vayamos a casar? —preguntó Yura atónita.
Ryuji hizo una mueca.
—Nos lo temíamos desde el día que volviste de la escuela diciendo que te habías hecho amiga de un chico llamado "Abe Rikuo". Llevamos años preparándonos para lo peor —le explicó su hermano mayor—. Cuando ese zorro empezó a salir con la Yuki-onna respiramos aliviados, pero era demasiado pedir. ¿O acaso crees que nadie se enteraba cuando el kitsune empezó a colarse en tu habitación?
—Era muy fácil de ver —aseguró Mamiru con voz inexpresiva, constatando un hecho.
—Malos onmyoji seríamos si no nos diésemos cuenta de algo así —dijo Akifusa como pidiendo disculpas—. Pero preferimos guardar silencio.
Hagoromo-Gitsune tomó la palabra entonces.
—Como ya te dije en su día, los Keikain no me caéis bien, pero tú, Keikain Yura, tienes mi aprobación. Aunque no me agrada ver cómo la sangre kitsune se diluye con más sangre humana, supongo que esa fuerza espiritual que tienes lo compensará.
—Ay, aún recuerdo la primera vez que os vi juntos, dándoos la manita —rememoró Wakana con una sonrisa nostálgica—. ¡Estabais tan monos! Me dije entonces: "seguro que de mayores harían una bonita pareja".
Yura tenía ganas de que se la tragase la tierra. Ahora resultaba que lo suyo con Rikuo era un secreto a voces.
—Sólo hay una cosa que me mosquea: que ahora tengáis tanta prisa por casaros —dijo Ryuji, frunciendo el ceño—. Espero que no estemos hablando de un caso de dekichatta kekkon.
—¿Qué?
—Ya sabes, un matrimonio forzado por un embarazo no deseado, una boda de escopeta, casarse de penalti... Como quieras llamarlo.
Yura notó que la sangre le subía a la cabeza.
—¡AAAAAAAAAAH! ¡Cierra la boca, hermano idiota! —gritó la líder de la familia Keikain—. ¡Cómo te atreves a sugerir algo así! ¡Rikuo, dile algo!
—No sé yo... —El kitsune se rascó la cabeza y fingió meditar la respuesta con aire pensativo—. ¿Acaso no te levantaste ayer con náuseas y ganas de vomitar?
—¡Tonto! ¡Eso fue porque la cena me sentó mal! ¡No empieces a darles ideas raras tú también! —protestó Yura.
Su novio se echó a reír, al igual que muchos de los presentes.
—Bueno, si vais a casaros, habrá que ir pensando en cómo organizar la boda —dijo Wakana.
—Estábamos pensando en una ceremonia íntima y sencilla... —empezó a decir Yura, pero Hagoromo-Gitsune la cortó al momento.
—¡Tonterías! Estamos hablando del heredero del Clan Abe. No toleraré una celebración paupérrima. Elige a un encargado de bodas por parte de tu familia y dile que venga a hablar conmigo. Quiero que en Kioto se recuerde esta boda incluso dentro de mil años.
Yura miró a Rikuo en busca de apoyo, pero el kitsune se encogió de hombros. Cuando su abuela se ponía en serio, no había discusión posible con ella.
De repente, Ryuji alzó la mano.
—¡Un momento! Mientras los yokai paguen la factura y yo pueda comer gratis, me da igual qué clase de boda se celebre, pero no hemos hablado de algo muy importante. ¿Quién llevará el apellido de quién?
—Será el apellido Abe, por supuesto —contestó Hagoromo-Gitsune.
—No hemos conservado el apellido Keikain durante siglos para abandonarlo ahora —repuso Akifusa con el tono más amable que pudo.
—¡Menudo apellido! —se burló Ibaraki-Doji—. ¿No se supone que sois los herederos de Ashiya Doman? Si ya os cambiasteis el apellido antes, podréis hacerlo ahora también, pringados.
—¡Keikain es un apellido único y de abolengo! —defendió Masatsugu.
—El apellido Abe es aún más noble y más antiguo —dijo el Gran Tengu.
—¡Abe es un apellido demasiado común! —exclamó Pato.
—¡Keikain es un apellido demasiado raro! —replicó Kyokotsu.
Enseguida empezó una acalorada discusión que amenazaba con acabar en una batalla campal. Por supuesto, ninguno de los presentes creyó necesario consultar a Rikuo o a Yura sobre su parecer.
—Quiero irme de aquí —murmuró Yura.
—Yo también —dijo Rikuo.
—Pues vayámonos.
Y la pareja desapareció de la sala de reuniones sin que nadie se percatase.
00000
Rikuo y Yura salieron del recinto de la casa ancestral de los Keikain y dieron una vuelta por los alrededores. A aquella hora las calles de Kioto estaban desiertas y tranquilas. Yura enseguida lamentó no haber cogido un abrigo. Era octubre y empezaba a hacer frío. Pero entonces Rikuo se quitó su chaqueta y se la puso encima de los hombros.
—Mi sangre yokai es suficiente para mantenerme caliente —dijo el muchacho.
—Gracias.
Pasearon con calma, disfrutando del aire nocturno.
—La Yuki-onna no estaba presente —observó Yura.
—Tsurara está en Ukiyoe, con su madre. Ella también necesitaba un tiempo a solas.
—¿Sigue formando parte de tu Procesión Nocturna personal?
—En teoría, sí —respondió Rikuo tras una pausa—, pero no la culpo si quiere irse. No le pondré ningún impedimento si esa es su decisión. A fin de cuentas, siempre sintió que su familia era el Clan Nura.
—¿Sabe lo nuestro?
—Oh, sí.
—¿Se lo tomó a mal?
Rikuo negó con la cabeza.
—No. Creo que en el fondo lo veía venir.
Yura asintió. Sí, ella también tenía la misma impresión.
Cuando Rikuo y Tsurara rompieron, la Yuki-onna había ido a verla. Aunque no se lo había dicho con esas palabras, estaba claro que la dama de las nieves iba a marcharse, quizás para siempre.
"Keikain-san, estarás aquí para Rikuo, ¿verdad? Este es su hogar", le había dicho la Yuki-onna.
"Sí, claro", había respondido Yura un tanto confundida.
"Rikuo echa de menos vivir como un humano. Aunque ahora las cosas se están arreglando, han sido unos años muy duros para él. Tú lo sabes y le has ayudado. Me da rabia admitirlo, pero tú... eres alguien que Rikuo necesita. Por favor, cuida de él".
Al principio, Yura no había entendido las palabras de la Yuki-onna, pero ahora estaban muy claras.
Rikuo notó el gesto pensativo de Yura y trató de tranquilizarla.
—No te preocupes por Tsurara. Tú eres y serás la única para mí, Yura. Te lo prometo.
Para su sorpresa, Yura frunció aún más el ceño.
—No.
—¿Perdón?
Yura se plantó delante de él.
—¡Siempre haces lo mismo, Rikuo! Te preocupas más por los demás que por ti mismo —dijo la onmyoji, apuntándole con un dedo acusador—. Yo soy humana, pero tú tienes sangre yokai. Tu esperanza de vida es más larga que la mía. Lo más probable es que yo muera mucho antes que tú. Por eso, prométeme que lo superarás. Prométeme que buscarás la felicidad en otra parte.
—¿Y si no quiero estar junto a nadie más?
—Al menos inténtalo. Sabes lo que le pasó al hijo del Nurarihyon. No quiero que te pase lo mismo.
Rikuo hizo una mueca. Sí, recordaba demasiado bien lo que le había pasado a Nura Rihan. Durante siglos, había llorado la muerte prematura de su esposa y había perseguido su fantasma en vano. El Clan de las Cien Historias había usado ese dolor latente para manipularlo y provocar una tragedia.
—Vaya, me dices que me preocupo demasiado por los demás, pero tú me ganas en eso —señaló el kitsune.
—Rikuo...
—De acuerdo, te lo prometo. Pero sólo si tú me prometes lo mismo.A fin de cuentas, los clanes yokai no son demasiado pacíficos. ¿Y si me ocurre algo? Tú también mereces ser feliz.
Yura asintió y alargó el dedo meñique. Lo mismo hizo Rikuo. Era un gesto que habían compartido desde que se hicieron amigos.
—Es una promesa —dijo Yura con solemnidad.
—Por un futuro brillante —Rikuo sonrió—. Te quiero, Yura.
—Yo también, Rikuo.
Volvieron a la casa ancestral de los Keikain, cogidos de la mano. Había una boda que preparar, dos familias que tranquilizar y un futuro que disfrutar. Juntos.
Notas adicionales:
¡Qué melancólicas me han salido muchas de las historias de este capítulo de Extras! En el fondo, no me sorprende. Quizás es porque estas líneas representan el final de Kitsune no Mago.
Los avatares de la vida impiden que muchos fics lleguen a completarse, pero juré que no permitiría que eso pasase con Kitsune no Mago. 58 capítulos después (contando la serie principal y esta miniserie), puedo decir que lo he conseguido.
(La calidad de la serie en sí ya es otro cantar ^_^;)
Por supuesto, esto no habría sido posible sin vosotros, mis lectores, y especialmente los reseñadores que se han tomado la gran molestia de comentar y avivar mis pasiones literarias. ¡Gracias, de todo corazón! Esta aventura no habría sido lo mismo sin vosotros.
En esta miniserie me han acompañado viejos conocidos de Kitsune no Mago. Un reconocimiento especial para Suki90, que fue la primera en reseñar, como ya hizo en mi primer fic y en el mismo KNM, y ha estado siguiéndome capítulo tras capítulo, sin faltar a la cita. También a mi buen amigo Lord Nayrael, que lee con traducciones al inglés y cuyo fic ha inspirado el final de esta miniserie. Tampoco me olvido de mis viejas conocidas Lonely Athena y Dennou, ni de Aspros, RAYHACHIBI, poisonousgolem, RIAS, Maho Kijutsu, ni de OsoreKitsune y su familia, que espero que recuperen los ánimos pronto.
Todos mis mejores deseos para ustedes y para el resto de mis lectores. Sigan leyendo, sigan escribiendo y disfruten de nuevas historias. Ésta ha terminado ya.
Un fuerte abrazo para todos.
