Inocencia

Shizuka Hattori había sido siempre una mujer de acción. Por eso, para aquellas navidades, se había propuesto hacer algo divertido.

-- ¿Seguro que no le importa, señora Hattori?

-- ¡En absoluto, profesora Ryuka¡En realidad me hace muchísima ilusión! De hecho iba a presentarme al pequeño cásting que el ayuntamiento había preparado.

-- ¿De verdad? Oh, pues ha sido toda una suerte, porque sólo dos candidatos de este colegio se han presentado para ser los Reyes Magos del centro comercial de Osaka. Aunque precisamente por eso se lo había pedido a usted.

-- ¿Y de qué Rey voy a tener que hacer?

-- De Melchor; los otros dos candidatos ya eligieron con anterioridad.

-- Oh¡fantástico!

-- Sí, menos mal que este año van a cambiar un poco de aires, porque la pantomima del papá Noel la teníamos algo atragantada. Esta nueva moda de los Reyes Magos va a revolucionar Japón, y todo gracias a Juan Ramiro, el español que se ha adueñado del centro comercial de Osaka.

-- Sí, todo se lo debemos a él.

Cuando por fin llegó el día seis de Enero, los habitantes de la ciudad tuvieron libre gracias al nuevo día festivo, en el que se celebraba una nueva fiesta. Por las noticias se había oído hablar de ellas, y se recomendaba que fueran al centro comercial a celebrarlo. También se rumoreaba que si hacías una carta explicando lo que deseabas y se la dabas a los Reyes Magos, sentados en sus tronos del centro, ellos te lo regalaban al día siguiente.

-- ¡Venga, Heiji, vamonos ya!

-- ¡Que no quiero¡Yo quiero ir con mi mamá!

-- Mamá no va a poder venir, hijo, tiene mucho trabajo –se excusó el señor Hattori.

-- ¡Hoy es festivo, mentiroso¡Además, mamá es ama de casa¡Yo no me voy hasta que sepa dónde está!

-- A ver si te queda claro, Heiji. ¡Tú eres mi hijo, solo tienes cinco años¡Así que haces lo que yo te digo¡¿Estamos?!

-- ¡Que no, y que no¡No pienso ir!

El señor Hattori intentó respirar hondo y tranquilizarse, se repeinó el pelo algo nervioso y continuó, esta vez con voz algo más dulce.

-- Heiji¿sabías que si le mandas una carta a los Reyes Magos, ellos te enviarán lo que tú pidas?

El pequeño, aún algo molesto, miró de reojo a su padre, tentado. Sin dejar de refunfuñar, desapareció del salón y volvió un minuto más tarde con un papel y un lápiz.

-- ¿No vas a abandonar esa cara tan fea, no? –rió su padre, divertido.

-- Veamos, quiero… –dijo pensativo Heiji. Escribió algo, seguramente con muy mala letra, y dobló el papel para que su padre no lo viera–. ¿Nos vamos?

Al llegar al centro comercial, comprobaron que había una gran cola antes de llegar a los tronos de los Tres Reyes Magos. Se pusieron enseguida tras el último niño. Durante todo aquél tiempo, Heiji no dejó de preguntar cosas sobre aquellos nuevos Reyes, y su padre tuvo que explicarle que venía de Oriente, y que habían decidido ampliar su zona de repartimiento, ya que no se contentaban con hacer felices solamente a los occidentales. Cuando por fin fue su turno, Hattori cogió a su hijo de un brazo.

-- Heiji –llamó su padre–. Dame la carta que la tiraré al buzón –Estaba claro que necesitaba saber qué quería su hijo para poder comprárselo, aunque dudaba poder hacerlo, ya que se había gastado casi todo el presupuesto en las navidades, el día veinticinco.

Casualmente, a Heiji le tocó sentarse en la falda del rey de la barba blanca, presumiblemente llamado Mechón o algo así. Pero, por algún extraño motivo, sus músculos se agarrotaron.

Shizuka notó a su propio hijo bastante tenso. Quizá, a pesar del peludo disfraz, su hijo la había reconocido. Prefirió seguir con el engaño y le preguntó qué quería que le trajeran al día siguiente. Sin embargo, el niño no se atrevió a desvelar su secreto y, aún bastante rígido, se bajó de las faldas del Rey Melchor.

Al mismo tiempo, Heizo abrió la pequeña nota, en la que su hijo Heiji había escrito hacía tan solo una hora lo que deseaba. Cuando supo qué era, sonrió levemente, y miró a su mujer dulcemente.

"Quiero a mi mamá"


Durante la semana siguiente, sus padres, su profesora, e incluso su mejor amiga, Kazuha Tôyama, notaron a Heiji un tanto callado, distante, y simple. Los dos primeros ya se olían de qué podía tratarse, pero no lo supieron con toda seguridad hasta unos días más tarde, cuando le pidieron a la profesora Ryuka que les ayudara.

-- Heiji, cariño –llamó la profesora al terminar las clases–. ¿Te ocurre algo? Llevas unos días bastante extraño.

-- Profa… hay algo que tengo que confesar… Tengo que contárselo a alguien…

Ryuka no supo de qué le estaba hablando su alumno. Hjeiji hablaba con el mismo tono de voz que un adulto emplearía si hubiera descubierto algo importante como un delito y se lo tuviese que decir a alguien.

-- Mi mamá es el rey Mechón.


-- ¿Cómo¿Eso te ha dicho? –se rió la señora Hattori, que sostenía el teléfono entre el hombro y la cabeza.

-- Ahá –corroboró Ryuka–. Al parecer te reconoció el día de los reyes Magos, y creyó que eras uno de ellos. Me preguntó incluso si contribuías a pagar los regalos de los miles de niños del mundo y que si por eso estabais tan pobres.

-- ¿Y qué le contestaste? –curioseó la madre colocándose bien el teléfono.

-- No supe qué decirle, así que le dije que debía irse a casa cuanto antes.

-- Bueno, pues debemos inventar una historia para arreglar nuestra pequeña mentirijilla.

-- ¿Qué ocurre, cariño? –preguntó Heizo al cabo de media hora, cuando vio que su mujer permanecía demasiado tiempo en el teléfono. Pero en aquél momento ella ya colgaba.

-- Tu hijo, que me reconoció el día de los Reyes. Pero ya tenemos montada la historia para arreglarlo.

-- No sé si está bien que sigamos mintiéndole, Shizu –le dijo, y a continuación le contó lo que había escrito en la carta de Heiji. Y en ese momento se le ocurrió una buena idea a Shizuka.

-- Heiji¿qué tal el día de los Reyes Magos? –le preguntó dos días más tarde a su hijo.

-- Te vi –respondió alegremente–. La profa me contó que a muchos niños les pasa. Cuando van a ver a los Reyes Magos, una magia hace que veamos a nuestros padres para que cojamos confianza.

-- Sí, es verdad. Es normal ver a los padres cuando vas a ver a los Reyes.

-- Además, yo ese día tenía muchas ganas de verte. La profa me dijo que por eso te vi tan claramente. Misterio resuelto. ¡Porque soy un gran detective!

-- Claro que sí hijo, eres el mejor de los detectives.

A pesar de que a Heizo le molestaba engañar a su hijo, lo cierto era que verlo así de feliz e ilusionado le llenaba de bienestar. Porque la lucha entre lo que está bien y lo que es bueno se había terminado ya. Porque no siempre todo era blanco y negro. Quizá algo de engaños no le venían nada mal al mundo, sobretodo por la ilusión que conllevaba. Por eso…

-- ¡Kazuha! –se alegró el chiquillo al abrir la puerta de su casa–. ¡¡Me encantan estos Reyes nuevos¡¡Me traerán todo lo que quiera!!

… la Inocencia era algo que los niños no debían perder…

-- Esto, Heiji… Los Reyes ya han pasado… y recuerda que al parecer no pusiste nada útil en el papel u

-- ¿¡Me estás llamando inútil, Heizo!? –soltó la señora Hattori–. ¡PLAF!

...aunque su alrededor cometiera millones de fallos que les hicieran sospechar.


Notas: Wenas!!! Traigo hoy un shot, basado parcialmente en echos reales con mi primo. Espero que les haya gustado. Sé que dije que normalmente escribiría shots de Sato y Takagi, pero también dije que habrían de otros personajes, así que ahí estaá n.n

Lean y Reviews, por favor!! n.n