Pañales
- ¡Tadaima!
Ambas voces sonaron alegremente cuando la puerta de aquél humilde piso del centro de Tokio se abrió. La mujer de pelo corto y de un negro brillante cargaba con cinco bolsas de la compra y una gran maleta de un color muy infantil; el hombre, a su lado, llevaba un niño en brazos y otras tres bolsas como podía. Se miraron divertidos, pues sabían que no había nadie más en la casa, y había sido absurdo saludarle a las paredes de la vivienda, porque dudaban que a estas les importase lo más mínimo. Sonrieron tanto que sintieron el impulso de dejar caer el bebé, las bolsas y la maleta para abrazarse en un intenso abrazo.
- Deberíamos descargar la compra, Wataru –aconsejó Miwako, mientras dejaba las pesadas bolsas sobre la mesa del recibidor.
- Claro –coincidió Takagi–. Lo que no entiendo es por qué tenemos que comprar tanto si sólo somos dos. Normalmente en Japón compramos sólo para la comida del día.
- Ya, cariño. Pero es que nosotros somos policías –explicó Sato a la vez que guardaba un par de botes de café soluble en el armario–. No tenemos tiempo de comprar entre semana.
- Tan sólo hace tres meses que te pedí que te vinieras a vivir conmigo –dijo mirándola con una sonrisa divertida– y mira la guerra que me estás dando…
- ¿Perdona? –se giró automáticamente Sato asesinándolo con la mirada, sin dejar de guardar los botes. Se volvió de nuevo y se puso de puntillas para alcanzar el armario de las especias, y colocó uno de los frascos.
Takagi dejó los paquetes de arroz en el primer lugar que vio y se dirigió hacia la mujer; le rodeó la cintura con los brazos y olió su pelo, aspirando el aroma con placer. Miwako se volvió a girar, quedando ella con los brazos apoyados en la encimera, y sus narices a cinco centímetros de separación.
- Te encanta provocarme¿verdad?
- Me encantan todas tus facetas… –contestó dulcemente Wataru–. Verte enfadada también es una de ellas… Así que…
La sonrisa de ella se amplió poco a poco, con solo ver el rostro del detective que por momentos le parecía más atractivo, sobretodo cuando le devolvió la sonrisa. No se daban cuenta, pero aquellos cinco centímetros iban disminuyéndose, se acercaban por segundos.
Takagi desvió la nariz y se zambulló en aquél negro azabache, mordiéndole la oreja a su propietaria, que se deshizo en risas y soplidos. Takagi descendió por el cuello, y ella se unió, haciendo lo mismo. Separó las manos de la encimera y las colocó en el revoltoso cabello del detective.
Los dos miembros de la policía se desplazaron de una esquina a otra de la cocina, topándose con los armarios y tirando al suelo objetos que estaban en las encimeras. Hasta que Takagi elevó a Sato en el aire y la posó encima de una de ellas.
- ¡Au!
Sato se había pinchado con algo, que ni siquiera se molestó en saber qué era. Estaba demasiado concentrada en apoyarse en la cabeza de su amado, mientras éste la besaba por el cuello y descendía por el pecho. Pero entonces olió algo extraño, era muy desagradable.
- ¡Takagi¡Guarro! –le soltó Sato empujando a Takagi hacia atrás, quien tropezó con un par de bolsas de la compra.
- Sa-Sato, pero ¿qué? –se extrañó el hombre desde el suelo–. ¿No creerás que tenía intención de hacerlo en la cocina y por eso me has empujado?
- No me refiero a eso, so bobo. ¡Te has tirado un pedo en pleno besuqueo!
- ¿Eh¿Pero qué dices¡Eso no es cierto!
- ¡¡Pero si aún huele!! –se enfureció Sato, bajando de un salto al suelo. Caminó hacia Takagi y le ofreció una mano para ayudarle a levantarse. Pero entonces husmeó un par de veces y lo comprendió; pudo evitar contener una carcajada.
- ¿Qué te pasa, Miwako? –preguntó curioso; la observó unos segundos y la risa se le contagió.
Ambos se desternillaron intentando contener las risotadas, pero no pudieron resistirlo más y aquello se convirtió en un recital de risas incomprensibles que Takagi no entendía, aunque también se riera. Finalmente el efecto risueño se fue desvaneciendo, hasta que terminaron con un par de risitas tontas.
- ¿Y bien¿Vas a decirme de qué te reías?
- Takagi, creo deberías cambiarle el culo a Mitsugi –sugirió risueña mientras sacaba un par de barras de pan de una bolsa.
- Creo que no nos quedan culos de reserva, Miwako –bromeó–. Pero tienes razón. El bebé se ha hecho caca.
Salió de la cocina y, esquivando las numerosas bolsas de la compra, llegó hasta la mesa, donde el bebé jugaba sentado en el suelo.
- Veamos¿quién es el bebé más guapo del mundo? –preguntó con cariño al bebé. Apartó las cosas de la mesa y tendió la toalla que había dentro de la maleta de color infantil en la mesa–. Esto… Miwako –dijo mientras lo preparaba todo. Cogió al niño en sus brazos y lo recostó sobre la toalla. Le hizo carazas divertidas al bebé y éste rió. Era tan bonita su manera de reírse que enterneció al policía. Le desabrochó el pañal y descubrió un gran despliegue pastoso de lo que parecía chocolate, pero que desde luego no era tan dulce–. ¡Puaj¡Qué manera de cagarte, macho! xD
- ¿Me decías algo, Wataru? –preguntó distraída Miwako desde la cocina, arreglando los yogures en la nevera.
- Sí… Me preguntaba si te gustaría tener un bebé conmigo –curioseó Takagi con una sonrisa dulce, sin dejar de mirar al niño mientras sacaba una toallita y le limpiaba el trasero.
- No seas tonto, Wataru –contestó también dulcemente asomándose por la puerta del frigorífico–. Somos demasiado jóvenes.
- Ya, es cierto –dijo Takagi suprimiendo la sonrisa de sus labios, desilusionado. Sacó otra toallita y terminó de limpiar el culo al bebé–. Ya estás listo, chaval –Abrió la bolsa del color infantil y buscó lo que necesitaba.
- Wataru… –dijo cuando cerró la puerta de la nevera–. Sólo te pido que no te ilusiones con este bebé.
- Lo sé, lo sé. No debo encariñarme con el bebé de Yumi –admitió Takagi, sin dejar de rebuscar en la bolsa–. Sé que sólo nos ha pedido que lo cuidemos esta noche y mañana; pero por eso precisamente quiero tener un bebé contigo…
- Cariño… Lo hemos hablado varias veces… Ya llegará…
- ¡Oh¡Mierda, mierda!
- ¿Qué te pasa ahora¿No irás a hacer una pataleta para que acepte tener un bebé conti…?
- ¡No, no es eso! –interrumpió irritado Takagi, sin encontrar lo que estaba buscando en la maleta del bebé.
- ¿Entonces?
- ¡No hay pañales! –soltó dándose la vuelta, para enfatizar su preocupación.
- ¿Qué? –se extrañó Sato, intentando amoldarse al cambio de tema–. Pe-pero, tiene que haber en la bolsa. Le dije a Yumi que lo tuviera todo preparado.
- ¡Y yo que sé¡Lo único que sé es que no hay pañales!
- Pues habrá que ir a comprar.
- ¿No me digas? –ironizó Takagi al borde de la desesperación–. Tranquila, ya voy yo a comprar los malditos pañales antes de que cierren.
Wataru arrancó del perchero su chaqueta, cogió con brusquedad las llaves que estaban encima del tocador y cerró la puerta tras de sí, dando por terminada la discusión.
Sato quedó perpleja un segundo, pensando en lo rápido que se había molestado Takagi, sin siquiera ella replicar nada. Se percató de que el monedero de Takagi permanecía en el tocador; se dirigió allí, lo cogió, y esperó quince segundos.
Se escuchó el sonido de unas llaves entrando en una cerradura, y la puerta se abrió, mostrando a un Takagi avergonzado.
- Toma, cazurro –y le tendió la cartera–. Si reaccionas así ante esta pequeñez, no sé cómo vas a reaccionar cuando tengamos nuestro propio hijo…
Wataru cogió la cartera con resignación y cerró la puerta esta vez con más suavidad. Sato creía que se había puesto así sólo por lo de los pañales. Pero se equivocaba. ¿Por qué demonios no quería tener un bebé con él¿A caso no quería formar una familia? Pensó que quizá si Sato estaba así era por lo que había ocurrido hacía unos años. Pero prefirió no pensar en ello.
Durante aquellos minutos, en los que permanecieron separados por una ausencia de pañales, ambos se sintieron preocupantemente relajados, descansados. Quizá no había sido una buena idea ir a vivir juntos…
- Ya estoy aquí –sonó una voz cansada. Takagi llegaba con un paquete de pañales en sus manos.
- ¿Cómo has tardado tanto¿A caso te has ido a la conchinchina a comprarlos?
- Pues sí. En el 24 horas más cercano no quedaban pañales y he tenido que ir andando hasta el que hay quince manzanas más allá.
Sato enmudeció enseguida. Takagi, con paso decidido se dirigió hacia la mesa en el que estaba la bolsa del bebé, pero no llegó. Su pié resbaló y cayó de culo al suelo. Afortunadamente los pañales eran blanditos y la escena no fue tan cómica como si lo hubiera sido llevando un jarrón o algo de valor, rompible.
- ¿¡Estás bien, Wataru!? –exclamó Sato acercándose a él para ayudarle–. Lo siento, el niño se ha vuelto a mear justo antes de que llegaras con los pañales, y no me ha dado tiempo a pasar el mocho.
- Genial, ahora tengo "meao" del niño en los pantalones y dos moratones en el culo.
- Anda, quítatelos que los lavo enseguida, antes de que se reseque.
Ayudó a Takagi a levantarse, como había hecho antes al tropezar él con una bolsa de la compra, y él se quitó los pantalones, quedando en paños menores. Se los dio a Sato, y mientras ésta se dirigía a la pica de la cocina para frotarlos, él volvió a subir al niño sobre la toalla en la mesa, y lo recostó.
- Que ya tenemos pañales, Mitsugi –dijo con repentino cariño, iluminándosele la cara–. ¿Quién quiere ponerse estos pañales¿Tú¿Tú¡Aaah¡No está! –Le tapó los ojos con sus manos–. ¡Mitsugi no está! –Se las quitó de nuevo–. Ahhh. Sí está… –Le cogió las piernas, se las elevó y colocó el pañal debajo del trasero del niño. Lo descendió y le abrochó el pañal–. Espero que los pañales estos se puedan poner de igual forma por delante que por detrás, porque no estoy seguro de haberlo hecho bien.
Cogió de nuevo al niño y lo dejó en el suelo. Pero enseguida vio que el charco de pipí aún permanecía allí.
- Miwako¿no ibas a limpiar esto?
- Ahí va –cayó en la cuenta Sato–. Lo siento, es que con lo del pantalón se me pasó.
- Tranquila –sonrió. Se dirigió a la cocina, pasó por el lado de Sato, que seguía en la pica limpiando los pantalones de Takagi, y cogió la fregona. Pero justo cuando llegó a la puerta de la cocina, se detuvo–. Oye…
Sato dejó de frotar el pantalón para atender. Cerró el grifo en seguida.
- Necesito saberlo –dijo Takagi sin darse la vuelta aún–. Necesito saber por qué no quieres tener un hijo conmigo…
La mujer, viendo la gravedad del tono de voz de Takagi, supo que aquello era mejor hablarlo tranquilamente en el sofá del salón. Se secó las manos con el primer trapo de cocina que encontró e invitó a Takagi a pasar al salón. Tuvieron que esquivar el charco de orina para poder llegar hasta el sofá.
- Supongo que deberías haberlo entendido ya, Wataru –empezó Sato, cogiéndole de las manos–. Quiero ser feliz a tu lado… Quiero compartir contigo todos nuestros buenos momentos… No necesito tener un hijo contigo para saber que te amo con toda el alma.
- Rechazaste también casarte conmigo…
- Y creí que lo habías entendido también… Esto es lo mismo… No necesito un papel que me ate a ti para saber que quiero pasar el resto de mi vida contigo. No quiero un contrato. No quiero un compromiso. Si te das cuenta… la palabra compromiso implica obligatoriedad… Y yo no quiero estar obligada a estar a tu lado, yo quiero vivir contigo porque así es como lo siento. Es lo que mi corazón me dice… El corazón puede decir más que una pluma en un contrato…
- Y ahora el corazón te dice que no quieres tener un hijo conmigo… ¿es eso?
- Lo que mi corazón me dicta ahora es que quiero permanecer a tu lado el máximo tiempo posible… Quiero estar bien contigo… No necesito un bebé para sentirte ligado a mí. Lo único que necesitamos es amor. Y nosotros nos amamos. Nos queremos. Nada más es importante.
Takagi no dijo palabra, sumiéndose en un profundo silencio, así que perdió su turno de hablar.
- Sé por qué insistes tanto. Es porque tú ya tienes un hijo¿verdad? Y sientes que debes recompensármelo. Sientes que ahora tienes que tener uno conmigo para no sentirte mal.
Takagi medio asintió, avergonzado, y siguió sin decir nada.
- Sabes que tuviste mi apoyo en su día. Yumi necesitaba tener un hijo y nos pidió si tú podías ser el padre. Sabes perfectamente que lo entendí sin ponerme celosa. Es por eso que no necesito que me lo recompenses. Mitsugi es tu hijo, y entiendo que te encariñes con él. No quieras sustituirlo por otro bebé.
- Pero en su día te dije que sólo le haría el favor a Yumi y que no me responsabilizaría del niño, que no le cogería cariño. Y sin embargo no puedo dejar de pensar que quiero a ese bebé como nada en el mundo.
Silencio.
- Soy padre… Pero quiero ser el padre de tu hijo. Quiero formar una familia contigo… Sólo de pensar que soy padre de alguien que no es tu hijo, ya me hace creer que soy un desconsiderado.
- Pues debes olvidarlo. Debes pensar que por mí no hay problema. Wataru, somos demasiado jóvenes para formar una familia. No te digo que no quiera formarla en un futuro. Solo digo que por ahora quiero vivir mi noviazgo contigo, sin las complicaciones que se nos han presentado hoy. Sólo quiero ser feliz a tu lado…
Sato sonrió, y a continuación lo hizo Takagi. Ambos habían captado el mensaje que el otro quería transmitir; ambos fueron capaces de llegar a un acuerdo a través de aquellos labios que se unían simbolizando sus propios deseos. En definitiva: ambos estaban hechos el uno para el otro…
Se levantaron del sofá, cogidos de la mano, como la primera vez que se la dieron hacía casi dos años, y se dirigieron a la cocina.
¡PAF!
El niño comenzó a reírse de su padre, que yacía en el suelo, con el trasero dolorido.
- Tercer asalto –logró decir–. Ya son tres los moratones.
- ¡Lo-lo siento, Wataru! De nuevo se nos ha olvidado limpiar el meado de Mitsugi.
- Nada, hija, no pasa nada, si debo tener el culo ya pa' colgarlo en el museo del prado como escultura a color morado. ¡Ay, mierda! Genial, ahora parece que me haya meado por detrás los calzoncillos.
Sato, que había ido a por la fregona, se detuvo un momento, le hizo u escáner corporal a su novio, y le mandó una mirada picarona.
- Pues lo siento mucho, pero vas a tener que quitarte eso si quieres que lo lave.
- ¿De verdad? –siguió el juego Takagi, con el mismo tono de voz–. A no ser que lo dejemos todo para dentro de una hora¿qué te parece?
Se quitó la prenda interior con unos movimientos torpemente sensuales, y la lanzó junto al pantalón de la cocina. Se acercó con una gran sonrisa a su amada la cogió por sorpresa, besándola por el cuello. La subió a su cintura y casi sin darse cuenta se desplazaron como pudieron hacia la puerta del dormitorio, sin dejar de luchar por el puesto al mejor hacedor de chupetones. Tras ese trayecto, la puerta del dormitorio se cerró, dejando a un bebé junto a su propio charco de orina, y dos prendas de vestir encima de la encimera junto a la pica.
Todo ello, para recogerlo una hora después.
Notas: Wenas!!! Hace tiempo GriTzi, Jenn y yo formamos el grupo de los Shotenagüer o algo así, no recuero xD. consistía en que uno de los tres decía dos palabras, una a cada uno de los otros dos. Y a partir de esa palabra debías idear un shot. Y al parecer yo he sido el único que ha cumplid la promesa, eh, chicas? xD Pues nada, que este shot está dedicado a ellas dos.
Ale, que paséis unas beunas fiestas y un Feliz Año Nuevo 2008!!!!
