"Feliz Navidad, Takagi"

Aquél recuerdo había quedado enmarcado en la memoria de ambos como algo inolvidable. Nunca hubieran pensado que un lugar tan frío y sombrío como un hospital fuese el lugar donde se darían su primer beso. Se trataba del recuerdo mejor guardado que llevaban desde hacía dos semanas. Y lo era, por desgracia, literalmente.

Por supuesto, la rutina en comisaría había cambiado notablemente. Cuando Takagi se recuperó completamente, Sato y él decidieron publicar su relación; y desde entonces los compañeros del detective no dejaron de acosarle y amenazarle con puños rabiosos. Aunque a decir verdad, a la semana, con lo que le acosaban era con preguntas sospechosamente de alto contenido sexual.

––¡Que no os voy a decir cómo es Sato desnuda, coñe!

––Pues espero que la dejes satisfecha ––apuntó Shiratori, con su desdeñosa sonrisa, que en realidad escondía una pizca de envidia––, porque sino me veré obligado a complacerla por ti. ¿Qué pasa, Takagi? ¿Es que no estás a la altura?

Por su parte, Sato también recibía sus dosis de cotilleos en momentos de descanso, no sin pararle los pies a su amiga Yumi, pues sabía que si le daba la mano, ella se cogería el brazo.

––Joder, Yumi, ¡ya te estás pasando!

––Venga, Sato, ¿qué más te da decírnoslo o no? Si tampoco es tan importante, según parece, ¿no?

Sato golpeó la mesa con el puño y se levantó bruscamente. Su cara ceñuda lo decía todo. Hizo resonar sus tacones mientras se dirigía a los lavabos de la planta de Homicidios de la comisaría.

Fue al empujar la puerta del baño cuando sus manos se encontraron. Alzaron entonces la mirada hacia los ojos del otro, sorprendidos, sin poder hacer otra cosa que sonreír tímidamente, intentando ocultar los interrogatorios a los que habían sido sometidos ambos miembros de la pareja. Abrieron por fin la puerta y cada uno acudió al lavabo que le tocaba.

Takagi se miró al espejo. Todavía no habían tenido ni un solo minuto de total intimidad desde que él saliera del Hospital General de Beika. Todavía no habían podido hablar, no habían podido estar juntos. Por eso el beso del hospital todavía era el mejor recuerdo que conservaban. Esta vez se observó detenidamente. Su rostro no parecía ser el de alguien que posee el amor verdadero, sino el de alguien que posee una gran entrada en su cabellera, ojeras como bolsos en la cara, y un cuerpo esmirriado comparado con el de alguno de sus compañeros.

Al otro lado del espejo, la mujer descubría un fatal hallazgo. Una arruga. Había aparecido una arruga. Pero Sato sabía que tenía fácil solución si se aplicaba un poco de maquillaje. Así podría gustarle aún más a Takagi cuando tuviesen la oportunidad de estar juntos algún día. Se pintó los labios de nuevo, pues pensó que quizás se habían descolorido con lo que llevaban de jornada. Volvió a mirar su reflejo, y descubrió que no había cambiado demasiado. ¿A quién pretendía engañar? Takagi no iba a ser una simple cita, no solo quería gustarle el día que se vieran, o las veces que se vieran. Amaba a Takagi por encima de todo, y un simple bote de maquillaje no iba a solucionar sus repentinos defectos.

¿Por qué será que cuando uno ama a alguien de verdad, lo único que ve ante el espejo son defectos? ¿Por qué es en ese momento cuando empiezan a aflorar todos esos complejos escondidos? ¿Por qué no podemos estar seguros de nosotros mismos?

Ambos tenían dos problemas: tenían pocas oportunidades de verse, y cuando las tenían, deseaban no tenerlas.

Coincidieron de nuevo al salir del lavabo. Soltaron una risita tonta, pero supieron en seguida del ridículo que estaban haciendo.

––Oye, Sato… ––empezó a decir Takagi. Suspiró, como para tomar fuerza de valor, y prosiguió––. Pronto va a ser Navidad y… No sé, me preguntaba si…

Sato vaciló por un segundo, con la esperanza de que el hombre terminara su frase, pero no fue así.

––Lo siento mucho, Takagi… ––se disculpó ella––. Sabes que suelo pasar las Navidades con mi madre… No vamos a poder… quedar…

"Quedar"

Había utilizado esa palabra.

Takagi descendió la mirada, desilusionado. Había escuchado muchas excusas, pero aquella era la menos trabajada.

––Claro, no te preocupes. Yo también tengo con quién pasarlas ––se lamentó cabizbajo, y dio un paso para irse.

––Takagi, lo digo en serio ––Sato le había cogido la muñeca, para evitar que se marchar––. No es una excusa; si lo fuera me la habría currado mucho más. Debes comprender que es una fecha especial para pasarla en familia.

––Te digo que lo comprendo, no importa, de verdad ––susurró deprimido, a pesar de saber que en Japón la noche de Navidad era precisamente para pasarla con la pareja. Y echó a andar hacia su departamento.

Sato soltó su muñeca y se le quedó mirando mientras se alejaba. Había algo en sus interiores que impedía que ambos se encontraran…


––Y bueno, ¿no me vas a contar nada sobre tú y Sato, Takagi? ––insistió Chiba, de camino al despacho del inspector Megure.

––No hay nada que contar, Chiba ––contestó Takagi intentando poseer la mayor neutralidad posible en su voz.

––Bueno, supongo que habréis quedado para estas Navidades. ¿Tienes pensado qué le vas a regalar?

Takagi aceleró el paso para llegar al despacho cuanto antes, con tal de no tener que oír a Chiba.

Cuando el detective fue a abrir la puerta, se percató de que Chiba se había detenido en el pasillo; estaba cabizbajo.

––Comprendo que no me quieras contar tus intimidades con ella, Takagi ––empezó a decir el rechoncho detective. Entonces lo miró a los ojos––. Pero tú y yo somos amigos, o al menos eso se supone que somos. Y ahora ya ni siquiera aceptas tomar unas cañas conmigo, como hacíamos antes. Has cambiado, tío.

Entonces, mientras Takagi sujetaba la puerta, anonadado, Chiba pasó por ella sin mirarlo. Fue entonces cuando Takagi decidió alargar el brazo y detener a Chiba por la muñeca, tal y como había hecho Sato con él días antes. No estaba dispuesto a perder a su mejor amigo.

––Inspector, todavía quedan cinco minutos para el comienzo de la reunión, ¿verdad?

––Sí, comenzamos en un rato.

Salieron al pasillo, justo donde treinta segundos antes Takagi quiso huir de su amigo. Lo apartó y lo llevó donde se encontraban las máquinas de café.

––Sato y yo no hemos hecho nada, Chiba ––le explicó su amigo––. ¿Era eso lo que querías saber?

––Va…vaya, lo siento… Entiendo que no quieras contármelo, quizás crees que vayas a aburrirme si me cuentas tu vida ––protestó Chiba, intentando irse de allí, pues no quería molestar más a su amigo.

––No tenemos tiempo para nosotros en todo el día ––dijo Takagi, como empezando a soltar todo lo que albergaba en su interior. Definitivamente Chiba había demostrado ser alguien en quien confiar y a quien explicarle este tipo de cosas––. Nos vemos en comisaría, sí. Nos vemos resolviendo casos junto con Conan, sí. Nos vemos en reuniones con el Inspector Megure, sí. Pero no pasa de ahí… Nunca estamos juntos ni por un segundo. Y ahora... estas navidades dice que no va a pasarlas conmigo…

––Así que… así que por eso no querías decirme nada… Porque no querías que te viera mal...

––Sí… ––y hundió su cabeza entre sus hombros.

Chiba le puso una mano en el hombro y le sonrió.

––A mí siempre me tendrás… Y aunque no pueda ayudarte con lo tuyo, sabes que estaré aquí para escucharte. Quiero que tengas la suficiente confianza sobre mí como para que sepas que puedes descargarte conmigo. Intentaré ser lo mayor posible.

––Que me escuches es toda una ayuda, Chiba… Gracias…

­­––Aunque bueno…. ––dijo Chiba de repente, como si se le acabara de ocurrir algo––. Todavía puedes hacer algo para recuperarla. O al menso para saber si te quiere tanto como dice. Dicen que si te declaras a la persona que amas antes de medianoche del día 24 de Diciembre, ambos serán felices para siempre. Cómprale algo bonito, sin importar qué, lo importante para ella será el gesto que tengas, sobretodo si lo haces con el corazón y no porque un amigo te lo ha dicho. Dile todo lo que sientes por ella con total sinceridad, ensáyalo si hace falta, pero no voy a permitir que mi mejor amigo no pueda estar con la persona que ama solo porque su estúpido amigo le diga que no pasa suficiente tiempo con él.

––Joder, Chiba ––susurró emocionado el detective––, nunca pensé que diría esto, pero… Te quiero, tío. Muchas gracias…

Entonces vieron a Sato y a Yumi, que llegaban en silencio con dos metros de distancia entre ellas. Entonces las miradas de Takagi y la detective se entrecruzaron, sin provocar más que una leve sonrisa y un toque de colorete. Yumi entró en la sala de reuniones y seguidamente salió el Inspector Megure.

––Daos prisa, la reunión va a comenzar.


El caso había sido duro y la verdad es que había costado más de lo normal, pero el pequeño Conan los había ayudado y lograron resolverlo. Sato estaba bastante hasta el gorro de los narcotraficantes que habían secuestrado a la novia del otro narcotraficante, así que antes de llegar a casa, alquiló una película en el videoclub para verla esa noche con su madre.

Cuando llegó a casa su madre ya estaba durmiendo, así que decidió conectarse a Internet para mirar su correo. Y lo primero que hizo fue revisar los e-mails con los que había estado charlando con Yumi esas últimas semanas. Sato y Yumi ya no se hablaban en comisaría, así que Sato había decidido enviarle un Christmas para ver si se animaba. Recordando eso, se puso a releer los e-mails:

Gracias por la Postal, Sato, aunque no sé para qué me la haces, la verdad. Cuando hablamos ya te dije que estabas pasando de mí, y desde entonces sólo te he vuelto a ver cuando fuimos al karaoke y ya no he vuelto a saber de ti. Te dije que por que estuvieses saliendo con Takagi no significaba que no pudieras quedar con tus amigas de siempre, pero claro, a lo mejor debo suponer que ya no somos amigas. A lo mejor como ahora estás con él ya no te importa la gente que conocías de antes.

Sobre la cena del día 27 o 28 que hacemos cada año… igual no se hace el día 28, pero quizá sí el día 27. La cena la organizo yo y vendrá Hitsumi de Yokohama mucha otra gente, Miyumi, Yakumito… Habrá juegos, etc, porque yo tenía muchas ganas de hacerlo, pero claro, como tu ya no tienes tempo… A mí me da igual si es Navidad o no, lo que quiero que sepas es que yo en 2009 lo empezaré con una amiga menos. Para fin de año estaré con mis amigos amigos (y no te incluyo).

Espero que te vaya todo bien. Adiós, Miwako, Feliz Navidad.

Sato cerró los ojos al recordar aquellas palabras que había recibido de su mejor amiga. Fue a la bandeja de salida y buscó el mensaje que le mandó ella en respuesta, para rememorarlo.

Buf… Me quedo flipada, Yumi… ¿Qué ya no somos amigas? ¿Desde cuando? Ahora entiendo por qué no me hablas en el trabajo cuando nos vemos en cafetería… y por qué no me vienes a visitar al despacho…

Yo no he dicho que porque haya empezado a salir con Takagi no quiera tenerte como amiga, es más, yo eso jamás lo diría, porque no tiene nada que ver. Que no he estado el suficiente tiempo pendiente de ti, como debería haberlo estado, lo reconozco. Pero no ha sido con mala intención ni nada parecido. Soy una despistada y he estado liada con faena. Sé que no te sirve como disculpas pero ayer mismo terminé unos informes muy importantes y en la primera que pensé fue e ti, quieras creértelo o no. Buff, es que me ha sorprendido muchísimo. Si notabas que no estaba pendiente de ti o que había algo que te molestaba, ¿por qué no me lo has dicho antes? Con lo que nos costó hacernos amigas, con todo lo que hemos pasado juntas…. Y no sé qué quieres decir, estoy confundida… ¿En serio no quieres que continuemos siendo amigas? No quiero molestarte más, pero para mí no existirá la Navidad si estoy así contigo… Que sepas que estoy aquí, que te quiero como amiga como la que más, pero que si no quieres saber nada más de mí… pues… no sé…

Sato había llegado al ordenador esperanzada por si Yumi le había contestado, pero se desilusionó cuando vio que no era así. Así que abrió un documento nuevo y se puso a escribir otro correo.

No quiero molestarte más, simplemente quería decirte que sí que sé qué es la amistad de la buena, porque la he tenido contigo. Y ahora que sé cómo es no querría perderla, pero si es eso lo que deseas… Aún así, soy incapaz de hacerme a la idea de que ya no seamos amigas… ya que ahora…. No puedo dejar de llorar… No puedo creer que esté pasando esto… no otra vez… No quiero perderte… Nada, disfruta de estas navidades, se feliz… Yo siempre estaré aquí. No voy a olvidar nada de lo que hemos pasado juntas…

Una lágrima recorrió su rostro, y finalmente le dio a la tecla "Enviar". Pensó por un segundo en Takagi. No, no podía quedar con él en Navidad si ella seguía así con Yumi. Si iba a estar con Takagi, prefería estar alegre, y sabía que si las cosas continuaban así, no iba a poder estarlo ante él. Así que por eso había decido darle largas hasta que ella se recuperara del todo y así poder pasar un romance más tranquilo junto al hombre que amaba. No quería usar a Takagi como pañuelo consolador. Quería estar con él cuando estuvieran felices. Porque lo que quería era compartir la felicidad con él, y no amargarle la vida con sus asuntos.

De repente el teléfono fijo de la casa sonó. Se puso a buscar el teléfono inalámbrico, pero no o encontraba, pues su habitación estaba más desastrada de lo normal.

––¡Hija!¡El teléfono!¿¡Es que no lo oyes!? ¡Me ha despertado!

––¡Lo siento!

Por fin lo encontró y descolgó.

––¿Diga?

––Miwako… Soy yo, Yumi…

––¡Yumi! ––se alegró de pronto Sato––.


La nieve que caía sobre la ciudad de Tokio ya iba cuajando en los tejados de los edificios. Las luces navideñas estaban colocadas desde hacía dos meses, al igual que las propagandas de las jugueterías. Y a pesar de la preciosidad del paisaje de un día 24 de diciembre, parecía que lo que albergaba en el corazón de Takagi no era más que puro frío: la verdadera esencia del invierno.

Llevaba las manos escondidas en sus bolsillos y la bufanda que llevaba al cuello le resguardaba del frío. Se dirigía a su vivienda tras otra jornada de trabajo, pues parece ser que los policías no descansan.

A diferencia de otros días, Takagi había decidido marcharse sin esperar a Sato, con la que normalmente hacía parte del trayecto. Había preferido no esperarla para que tuviese unas Navidades sin él, para que se sintiera libre sin presiones, pues sabía perfectamente que no sería más que una carga para ella si intentaba algo más.

Por las calles sólo había parejitas acarameladas paseando cogidos de la mano o del brazo, o labios enroscándose en complicados lúpings mortales. Lo único que podía hacer era saborear el recuerdo de aquél beso con aroma a hospital clínico. Se acordaba perfectamente del latido de su corazón en el momento preciso. Un beso fresco, pero con ligero sabor a café y a antibióticos.

––Takagi…

Éste se detuvo y se volvió despacio…

––Y… ¿y tu madre?

––Ella está bien…

––¿Pero no decías que…?

––Shhh ––lo acalló Sato con un dedo––. Eran simples excusas… Porque no estaba segura de mí misma. Te he estado esperando en Comisaría para contártelo, para decirte que podíamos cenar juntos, que mi madre está en Hokkaido con un Cyber novio suyo desde ayer.

––Yo… Bueno, yo… Me he sentido igual… No… No sé qué decir… ––susurró, pensando en lo que le había comentado Chiba sobre decirle lo que sentía a Sato con palabras bonitas.

Sato le sonrió…

––¿Hacen falta palabras?

Ambos se miraron fijamente a los ojos, y entonces descubrieron claramente la respuesta.

––Feliz Navidad, Takagi ––y rodeó su cuello con sus brazos y juntó sus labios con los de Takagi. Lo demás fueron latidos incontrolados de emoción mezclados con los del propio frío que sentían. Notaron enseguida que tenían los labios cortados por el frío, pero eso no haría que se separaran, puesto que, a pesar de que no era un beso maravilloso, lo que importaba era la persona que tenían delante.

Al separarse, notaron que el calor interior había superado al frío exterior. Se sonrieron. Se miraron, e instintivamente se pusieron a andar por la calle, cogidos de la mano, como una más de las parejitas que paseaban por allí.

No, no había habido banda sonora, ni había sido un beso de película, pero, ¿lo necesitaban? Ahora ambos sabían que se querían tal cual eran, con sus defectos y virtudes.

Las inseguridades habían desaparecido… porque ahora ambos estaban dispuestos a disfrutar de su mutua felicidad…



Notas:

FELIZ NAVIDAD a tooodoooos!!!

Bueno, sí, llego un pelín tarde, pero bueno xDD

Bueno, pues este es un pequeño shot de Sato y Takagi, mi pareja favorita, k por fin (spoiler) se han besado!!!!

Espeero que os haya gustado

!En fin, aquí tenemos varios temas, las inseguridades por parte de ellos, que les impiden estar juntos, y los problemas con sus respectivos amigos pk creen que cuando no estan con ellos es pk estan con la pareja, y ni eso xDDD Seguramente se kedan solos en casa, entristecidos xD

Me gusta la actitud que le pongo a Yumi, pues siempre he pensado que es un poco inmadura, y creo que reaccionaría con un e-mail así. Por su parte, a Sato le he peusto un poco al principio con un poco de manteniendo el orgullo en plan "me quedo flipada" pero en el segundo e-mail lo manda a tomar por cula (al orgullo) y le dice k estará ahí y esas cosas xD

Por parte de Chiba y Yumi quise reflejar el problema que tienen las personas en la vida real cuando tu amigo se ha echado novia y ya no está tanto contigo. Solo que aquí lo he puesto desde el punto de vista de los dos (de los cuatro en este caso xD).

Me gusta el por qué Sato no quiere ver a Takagi, algo que descubrimos al final. Creo que ella no querría estar con Takagi si su corazón no está tranquilo, y hasta que no se arregla con Yumi no acepta estar con él. Creo que esa sería una faceta de ella, otros se refugiarían en la pareja y pasarían de la amiga. Lo veo muy noble por parte de Sato. Y el pobre Takagi creyendo que el problema es él xD Ains en fin, al final no le ha comporado ningun regalo pk prefiere dejarla tranquila pk eso es lo k percibe k kiere Sato.

Ains, k me emociono xDDD

BESOS!!! y FELIZ NAVIDAD y FELIZ AÑO NUEVO!

PD: Estoy escribiendo Descontrol, y creo k pa reyes puedo tenerlo temrinado, pero no prometo nada _ siento tardar tanto _