Buenas! Seguro que pensabais que tardaría mas xD yo también n.nU, pero hoy es el cumpleaños de una de mis mejores amigas, que está en Sevilla y seguro que divirtiéndose a tope, y quería dedicarle este capi n.n, y bueno ya dejando a la cumpleañera aparte xD este es quizás algo más largo, pero bueno, no os acostumbréis que depende de la iluminación que tenga xD de nuevo, comento que procuraré no tardar mas de 2 o 3 semanas y sin más os dejo con el capi que espero que os guste.
Disclaimer: los personajes de Inu Yasha no me pertenecen, son de la magnífica Rumiko-sensei, hago uso de ellos en una idea original sin ánimo de lucro y con tal de entretener y expresar sensaciones al lector.
Indicaciones:
"…."-pensamientos
Cursiva-recuerdos
En la Fiesta (Cap 4)
Esa misma tarde seria la "Fiesta" que nombró miroku el día anterior, y eso...inconscientemente alteraba a la pelinegra e irritaba al plateado.
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Había llegado la hora del almuerzo, después algunos se iban a la última clase que entraba en la tarde y a la fiesta…kagome, en ese instante se encontraba en la biblioteca, suspiró recordando la fiesta… no la apetecía ir, no la gustaba…sacó de su mochila el libro que el día anterior cogió intrigada y observó los detalles que éste tenía. Un lomo marrón suave pero antiguo, con detalles al relieve, pintados muy cuidadosamente…los detalles resaltaban y lo hacían aún más intrigante.
-Kagome: "debe ser una historia importante"-pensó antes de empezar a leer en aquél solitario lugar, pero al apenas empezar, una vibración la llamó la atención.-me retrasaré un poco, espérame, sango- sonrió leyendo y contestando tranquila al mensaje, mientras reanudaba la lectura.
(Lee lo que leyó inuyasha la otra vez y de ahí sigue)
"(…) lejos del amor y de la tristeza, la sacerdotisa se encontraba en perfecto equilibrio, hasta que un día, todo eso cambio…, comenzó de repente a sentir un aura demoníaca, y partió de inmediato a purificar sus almas de demonio, pero no sólo había uno, eran varios, pero lo más extraño era que luchaban entre sí, algo no cuadraba, eran tres contra uno que tenía un haori rojo, en dos o tres minutos eliminó a dos de ellos pero el tercero apareció por detrás sin previo aviso, iba a ser herido cuando una flecha destruyó a ese ser; él atónito miraba a la mujer no muy agradecido, pero la sacerdotisa apenas se inmutó, se giró y volvió sobre sus pasos.
Un grito proveniente del joven la llamó, el porqué lo había hecho, ella apenas lo miró.
-eres un medio demonio, sólo mato demonios, mi deber ha acabado-
-buscó la perla!-nombró apenas, amenazante- ¿tú eres quién la guarda?-
-eso no es de importancia, deberías irte, antes que quiera matarte-
-tú matarme ja!- se burló pero su mirada cambió cuando una flecha lo rozó
-a la próxima no fallaré, vete- el medio demonio, apenas hizo caso, pero en cuanto vio otra flecha partió alejándose, o eso parecía.
La joven sacerdotisa, apenas pensó en aquel joven, al contrario que él; los días pasaban y no hubo más anomalía, hasta que de nuevo, apareció un demonio, pero esta vez aunque la sacerdotisa podía sola, el medio demonio apareció y mató a la criatura.
-qué haces aquí-preguntó seca, mirando apenas al joven.
-nada- bufó, internamente no estaba seguro de lo que estaba haciendo
-no conseguirás la perla- informó y sin más demora partió a su aldea, el joven apenas hizo caso de lo que dijo, empezó a despreocuparse de la perla y centrarse en las actividades de la sacerdotisa.
Día a día la sacerdotisa hacía sus labores, guardando y protegiendo la perla, además de la aldea, en esos días la perla se encontraba limpia, pura con un brillo sin igual, dando paz, tranquilidad y alegría, ¿era debido al ánimo en el que se encontraba su guardiana? Podría ser, pero no podemos averiguar eso"- al leer esa línea la joven lectora-sí, era por eso, estaba a gusto-murmuró apenas y reanudo la lectura-"en las batallas el medio demonio aparecía y sin consulta alguna la ayudaba, ambos hacían un buen equipo, como si se conociesen de toda la vida, pero algo estaba naciendo, algo que desconocían pero no querían huir de esa sensación.
Poco a poco la sacerdotisa en su tiempo libre, partía al bosque y allí lo encontraba, cerca del Árbol Sagrado, no hablaban, se acompañaban y se sentían a gusto, demasiado tiempo solos quizás; la perla lucía brillante, hermosa y rebosante de paz, pero algo no iba bien…el equilibrio se estaba rompiendo. (…)"-iba a continuar leyendo cuando una sombra la tapó la luz del sol, procediendo de la ventana, impidiéndola seguir.
-Kagome: perdona, podrías…?-se quedó con la pregunta observando al del accidente ahí delante.
-Inuyasha: ese libro…-empezó y ella lo miró desafiante- es bueno?
-Kagome: eh?... e si, es interesante, te lo recomendaría, si lees claro- comentó algo burlona al final, viendo el ceño fruncido de él.
-Inuyasha: sabes, justo ayer empecé a leerlo, me pareció dejarlo por aquí, ya veo que lo recogiste.- comentó sentándose al lado de ella, como si no importase.
-Kagome: ah, pues lo lamento, tendrás que esperar a que lo termine o pedir otro ejemplar.-dijo sin más.
-Inuyasha: je…no hace falta que seas distante no te voy a hacer nada-sonrió arrogante.
-Kagome: no te temo si es lo que piensas, solo soy así, si no te gusta ya sabes…puerta.- roló sus ojos e intentó centrarse de nuevo en el libro pero su acompañante la incomodaba.
-Inuyasha: me llamo Inuyasha..-ella no hizo caso- que tal tu bicicleta
-Kagome: bien, y tu moto
-Inuyasha: bien, y tu nombre es..
-Kagome: para que quieres saberlo?
-Inuyasha: sólo por educación, pero ya veo que es algo que te falta- se levantó dispuesto a marcharse.
-kagome: kagome-murmuró-me llamo kagome.- él sonrió complacido y se sentó de nuevo-lamento el accidente y mi comportamiento.-un deje de angustia había en su voz, pero no se percató, él la miró intrigado.
-Inuyasha: no tiene importancia, imagino que eres desconfiada por naturaleza, se ve que no tienes muchos amigos- decía sin percatarse que aquello la dolía, ella se levantó y recogió el libro, dispuesta a partir.-e-espera! Dije algo para…!-iba a seguir cuando el encargado de nuevo le llamó la atención, soltándole todo el rollo que era una biblioteca, etc. Entonces intervino.
-Kagome: perdónalo Richard, ha sido culpa mía-mencionó dejando dudoso al encargado y sorprendido al ambarino.
Richard: bueno, porque eres tu kagome-sonrió apenas y se fue, ella le devolvió la sonrisa y miró a su ahora, "amigo".
-Inuyasha: g-gracias, porqué lo has hecho?
-Kagome: ha sido culpa mía, no debí irme así solo porque no me encontraba bien- él la miró, se analizaron mentalmente pero ningún resultado fue bueno, estaban curiosos el uno del otro.
Sonó el timbre, ambos desviaron las miradas y partieron a la salida, era hora de "divertirse".
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Ahora, lejos de las numerosas carreteras y edificios, se encontraban entre una de tantas, pero bastante separadas unas de otras, mansiones, en una en particular se encontraban tres morenos de pelo largo conversando, pareciendo amigos, dos de ellos de piel tostada y otro de tez blanca. El ambiente era de lo más apacible, excepto por algunas nubes a lo lejos que amenazaban de tormenta.
-Naraku: veo que vives bien, Bankotsu.- habló el pálido con una sonrisa de lo más arrogante, mirando mientras la gran ansión que tenia delante, Bankotsu sonreía orgulloso mientras su "socio" alerta, no le agradaba el tal "naraku".
-Bankotsu: igual que usted, ¿no?, si prefiere, entremos ya y así zanjamos el asunto.-empezó a andar seguido de naraku y su socio.
Las paredes blancas con numerosos cuadros de antepasados, pintura clásica pero elegante y el diseño de la casa era fascinante, entre las paredes también reposaban en algunos pilares, piezas de arte, de gran valor por supuesto, todos ellos del Sengoku Jidai, armaduras, espadas, todo tipo de armas, pero había un arma, cuyo valor era indeterminado, el gran tesoro de los Sichinintai: La Alabarda. Banryuu, donde hacia ellos caminaban, pasando antes por pinturas y figuras salvajes de lobos y su manada.
-Naraku: interesante mansión, bankotsu.
-Bankotsu: me alegra que te guste, algún día espero ver la tuya. "y de paso ver a tu hijastra"-siguieron caminando hasta llegar al final del pasillo, a una de las puertas que tenía dos vigilantes, y que cuyas puertas eran reforzadas y tenía seguridad avanzada, sensores al movimiento.
Finalmente pulsó la contraseña para desactivar la alarma y las puertas se abrieron lentamente, dejando ver a lo lejos, la brillante punta del arma, grande sin duda, y no solo en grosor también de largo, la empuñadura también larga con un acabado de media luna boca abajo, siendo cuchilla.
-Bankotsu: dos metros y medio de espada, uno de empuñadura, con un peso de casi noventa kilos, perteneciente al jefe más joven y poderoso de los legendarios asesinos Sichinintai, por supuesto es una leyenda, pero dicen que la historia es cierta, y son nuestros antepasados así que, guardamos su recuerdo como un tesoro.
-Naraku: he de reconocer que es impresionante, no me esperaba que su tesoro fuese tan preciado, grande y costoso-dio un paso más para acercarse, pero una mano le detuvo
-Kouga: no debería avanzar mas si no quiere resultar herido.-naraku lo miro furioso, pero se calmó y giró a ellos, como si de verdad no hubiese peligro.
-Bankotsu: debería hacerle caso, aunque desconecte la alarma principal las otras siguen intactas, le dije que la vería, pero no de cerca.-naraku gruñó a sus adentros.
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-Inuyasha: ya se tardan! Teníamos que haber ido directamente-gruñó el ambarino arto de esperar, mientras que su amigo azulado esperaba sonriente a que ambas chicas saliesen del servicio, se estaban cambiando de ropa, según sango no era adecuado ir con ropa normal, había que lucir hermosa, su amiga quiso negarse pero la llevó a empujones a los servicios. Llevaban esperando más de diez minutos, y el plateado estaba que se quería ir de inmediato si no fuera por su amigo, que no paraba de agarrarlo y decirle que se controlase.
-Miroku: ya no tardaran, tranquilo, seguro que se verán hermosas- su amigo bufó estaba más que arto, en cuanto la puerta del servicio femenino se abría y salía una Sango demasiado animada, vestía una falda corta a la mitad del muslo, una blusa de tirantes, ahora su cabello estaba atado en una cola alta, zapatos no muy altos y un colgante de plata con forma de corazón, se había pintado, los ojos y los labios, el azulado la miraba con la boca abierta y los ojos como platos, recorriéndola enteramente con los ojos, mientras se acercaba, no pudo pronunciar ni una palabra de la impresión y lo sexy que estaba.
-Sango: siento la demora, kagome no quería cambiarse-vio a ambos y el azulado aun no la había dicho nada, carraspeó intentando llamarle la atención, éste al parecer se percató y cerró la boca, al igual que parpadeó varias veces los ojos, como pensando que palabra usar sin ofenderla.
-Miroku: ehm esto... e… sango…estás…super sexy!-la elogió ella se sonrojó un poco, esperaba algo como hermosa, pero bajó su mirada viéndose de nuevo y peno que si, era el piropo perfecto, sonrió para sí misma y se puso un poco más cerca de su acompañante en esa tarde
-Sango: gracias…-susurró mientras giraba a ver la puerta de los baños, kagome aún no salía-kagome! venga no tenemos toda la tarde!-gritó intentando sin éxito que saliese.
-Kagome: me cambio! Adelantaros vosotros!-gritó apenas, comenzando a quitarse el poco maquillaje que tenía, los otros bufaron excepto sango que gruñó y caminó casi corrió, hacia el servicio, entrando y sacando a la chica del brazo, mientras.-e-espera sango!!-gritó en intentó zafarse de su agarre cuando se percató que ya estaba fuera
-Sango: ves? No era tan terrible-caminó como si nada hacia miroku, que miraba sonriente a kagome, éste con sango a su lado, comenzaron a andar de camino a la fiesta, mientras que inuyasha aún esperaba a que ella hiciese algo, pero en verdad es que estaba sorprendido, bloqueado, embobado con lo que tenía delante. Ella llevaba una falda del mismo estilo que el de sango, pero la parte superior la tapaba sólo a partir del ombligo y se ataba en el cuello, zapatos altos de tela, que se ataban a lo largo de la pantorrilla de forma cruzada.
Aún no se había movido de donde la había dejado sango, estaba muy avergonzada, él la miraba pero no decía nada, no estaba segura de avanzar, pero demasiado tarde de los nervios había dado un medio paso, así que termino por andar quedando en frente de él, aún sin decirse nada.
-Kagome: …n-nos vamos?-preguntó nerviosa, parecía mentira que para bailar pudiese hacerlo con total seguridad y en ese mínimo momento no, aunque claro allí no había sentimiento aquí si. Él saliendo de su embobamiento asintió apenas y juntos avanzaron siguiendo el mismo camino de sus amigos, a lo lejos se les veía hablar muy animadamente, como dijo miroku 2para conocerse más".
-Inuyasha: si que hablan esos-comentó apenas
-Kagome: si, parece que se llevan bastante bien
-Inuyasha: te apuesto lo que quieras, a que en un minuto comete un movimiento perverso-sonrió mirándola-
-Kagome: no creo que tenga que apostar, lo poco que he visto de él ya me demuestra que en nada lo hará-le respondió sonriendo, estaba más tranquila ya, y justo segundos después oyeron un cachete acompañado de un "pervertido", ambos rieron enérgicamente, la tensión se disolvió.-menos mal que no aposté
-Inuyasha: si, si no habrías tenido que darme lo que apostásemos.
-Kagome: que tenías en mente?
-Inuyasha: mmm… "un beso…que!? Pero tu estas loco? Como que un beso, miroku definitivamente te esta afectando, los besos para kikyo!" el libro.-ella lo miró desafiante
-Kagome: espera tu turno-dijo secamente, él la miró de igual manera
-Inuyasha: como que mi turno? Tu cogiste el libro después que yo!
-Kagome: que yo sepa no tiene tu nombre ni tampoco lo encargaste, al contrario que yo!-
-Inuyasha: si ya! Seguro que sedujiste al encargado para que te lo diese, él vio que yo lo cogía primero.
-Kagome: y para que lo iba a seducir? No me rebajaría a tal punto por un simple libro, él ya me conoce, por eso no es necesario que firme ni nada
-Inuyasha: o sea que ya te lo has tirado- una mano se dirigió demasiado rápido y fuerte hacia la mejilla del muchacho, haciéndole girar el rostro, con los ojos muy abiertos, no se esperaba tal respuesta, pero ella apenas le dio fue directa y más rápido a la fiesta, era en la esquina de esa misma calle; rápidamente se encontró con miroku y una marca en la cara-"seguramente de la mano de sango"-pensó apenas y entró en el edificio sin decir nada, buscando una copa, necesitaba relajarse.
Inuyasha, una vez se dio cuenta que estaba parado, casi corrió al edificio, viendo a miroku con la mejilla roja, él se percató y ambos se miraron, suspiraron y intentaron entrar entre la muchedumbre de la entrada; una vez lo consiguieron algo apretados y agitados oyeron enseguida gritos de admiración y algún que otro "vamos nena", se volvieron a mirar y asintieron- "no podían ser ellas, ¿o sí?- pensaron mientras esquivaban a le gente y obstáculos del suelo, viendo a lo lejos, encima de una amplia mesa a dos mujeres bailando y con copas en sus manos, gritando y riendo sin parar.
-Siii sigue así nena!!-
-Uoooo esa morenaaa!!-gritó otro
-La castaña la castaña!!- gritaban más, esos comentarios no les gustaba nada a ambos chicos, fruncieron más el ceño y se acercaron a la mesa, intentando inútilmente que bajasen, consiguiendo que ellas al percatarse de sus ruegos, les cogieron de los brazos y les obligaron a subirse a la mesa, ambos tensos permanecían quietos, ahora sin apenas hablar, mientras que las chicas bailaban alrededor de ellos dando vueltas, no estaban ebrias pero sí demasiado alegres.
Sango agarró el brazo de miroku, acercándose peligrosamente a él, extendiendo una de las piernas entre medias de las suyas y moviendo la cadera, después se alejó medio empujándolo y paseó por la larga mesa como si fuese una pasarela y pidió más bebida, recibiéndola enseguida entre gritos y piropos, acercándose de nuevo a él y dándole de ver, mientras subía una de sus piernas hacia delante, él quieto, demasiado quieto bebía y miraba a la sonrojada sango, sintió su pierna casi en su cintura, en cualquier otra circunstancia eso seria demasiado para él, pero ahora no, la cogió inesperadamente para ella por la cintura y la levantó en el aire, ella no gritó ni se asustó, parecía disfrutarlo pues no paraba de reírse, pese a no tener casi consciencia, ahora si podía decir que casi estaba ebria.
De un salto se abrió paso entre la multitud, dirigiéndose a la salida, con dificultad por la gente, por el suelo y por los movimientos inesperados de la castaña. "si llego a saber que esto pasa no vengo" pensó el azulado intentando pasar y por acto reflejo miró como iba su amigo, no mucho mejor, suspiró y decidió preocuparse solo por su amiga.
Mientras el ambarino, intentaba de alguna manera coger el brazo de la chica, pero no paraba de moverse, dando vueltas, algún que otro salto y sus rápidos movimientos, gruñó para sí y frunció más su ceño; la joven descendió lentamente por las piernas del plateado, después alzó una de sus piernas y roló sin percatarse de algunos restos de botella rotas por la mesa, se irguió de rodillas y se balanceó de arriba abajo, mostrando bien su muy delgada figura.
No sentía nada, sólo roces e intentos de posesión pero ella muy ágilmente escapaba, no sería cazada, no allí, no en esa habitación, dio un salto alejándose de la persona, tirándose al suelo para después alzar uno de sus brazos y después bajarlo mientras se levantaba a modo de reverencia, empezando a dar vueltas y segundos después acompañado de pequeños saltos, acercándose de nuevo al personaje que la elogiaba.
-basta kagome! ¿No ves que estás borracha?-intentaba convencerla sin éxito, siguiendo ella su baile, casi hipnótico.
Alzó una de sus piernas y resbaló por el frío suelo, acercándose demasiado al personaje que no quería que la tocara, de un modo astuto distrajo su atención, alzando las manos como mariposas y así alejarse poco a poco a gatas hacia atrás, nuevamente alzó las manos como si quisiese tocar el cielo
El ambarino, la miró ya preocupado, vio algo en la mirada de la chica que no le gustó, se acercó a ella dando un paso en falso, tropezándose con un brazo que se interpuso inesperadamente, cayendo boca abajo y sin querer cogiendo el tobillo de la chica, haciendo que esta cayese, clavándose en uno de los brazos un cristal de botella demasiado grueso, pero del que tampoco se percató.
Se levantó suavemente y estiró sus manos segundos después como un pájaro, empezó a andar despacio para dar comienzo a algunos saltos, en uno de ellos accidentalmente tropezó y cayó disimuladamente pues se apoyó en sus brazos, como su fuese parte de su estrategia, pero demasiado cerca de su solicitante.
Se acercó a ella casi a gatas e intentó que ésta volviese en sí, no abría los ojos, eso era mala señal, intuitivamente agarró uno de los brazos de él, como intentando levantarse, el dorado se puso de rodillas y la agarró por el otro brazo irguiéndose ambos.
El hombre se levantó rápidamente y se puso encima de ella, deslizando sus manos por toda su figura, ella intentó zafarse como si fuese parte del baile, pero él no la dejo, apretó más el agarre empezando a dejar una marca en su blanca piel, la chica fuera de su papel, intentó escapar con más fuerza pero no la dejaba, empezó a sentir su aliento en el cuello.
Al final la tuvo que agarrar de la cintura para no perder el equilibrio ninguno de los dos, quedando demasiado cerca el uno del otro, ella apretó más el agarre de su brazo y se soltó de inmediato, intentando escapar de su agarre, abrió los ojos y rápidamente los cerró.
Sus manos quemaban su piel, las sentía demasiado cerca de donde no debían, lo empujó sin ninguna mejoría, empezaba a desesperarse, y más cuando sintió los labios asquerosamente húmedos sobre su cuello, demasiado cerca de sus labios.
El ambarino se percató de su acto, miró a la multitud un instante buscando un hueco y lo encontró, la agarró más fuerte de la cintura, consiguiendo solo varios empujes provenientes de ella, estaban al borde de la mesa, dio un paso en falso y cayeron al suelo, rodeados de una multitud de zapatos y bebida que caía de los vasos, él se encontraba encima de ella en una postura no muy agradable, intentó ubicarse mientras miraba a la pelinegra que empezaba a moverse violentamente entre sus brazos, queriendo escapar.
Desesperada, empezó a dar pequeños golpes en el pecho del hombre consiguiendo tan dolo el enfado de éste y una cachetada de su parte, el hombre empezó a adentrarse entre la ropa, sin más recursos a los que acudir, subió la pierna, dándole y quitándoselo de encima, se levantó y salió corriendo de la habitación, chocando contra uno de los muebles cayendo al suelo, estrepitosamente, él la siguió y nuevamente la atrapó, quedando casi sentado en la cadera de la chica inmovilizando sus piernas.
Empezó a darle golpes en el pecho, mientras que de sus ojos salían lágrimas, él inquieto y preocupado se irguió lo suficiente para levantarse y con él la levantó a ella, agarrándola consiguiendo, como resultado más golpes.
Aún sin rendirse, buscó con una de las manos algo para golpearle y lo encontró, le dio justo en la cabeza, aturdiéndole, y aprovechó para escapar, bajó varias escaleras y cuando creía que estaba segura alguien la cogió de nuevo.
-DEJAME!-gritó asustada, casi desesperada, abrió los ojos enseñando la tristeza y agonía que sentía en ese momento, él la miró asustado –"¿qué es eso?"-pensó sin saber, sintiendo que los golpes cedían y ella caía lentamente hacia atrás, desmayándose.
-Kagome!-la llamó pero no respondía-…será mejor sacarla de aquí-murmuró para sí, la cogió entre sus brazos y salió por una puerta, distinta a la de la entrada, vio no muy lejos un banco y fue hacia allí; la dejó con sumo cuidado, limpiando el rastro de lágrimas de sus mejillas y la miró dolorido. "¿qué te ha pasado, para actuar de esa forma?...-pensó intrigado, mientras con la mirada intentaba ver a su amigo. –Lo siento…-murmuró apenas al aire, sin sospechar que alguien le había escuchado.
Reviews:
setsuna17: muchas gracias por tu review!! me anima mucho a seguir n.n, espero que este tambien te guste, un beso!
Shin Gouki: esto solo es el principio jeje gracias por tu apoyo y si empiezas un nuevo curso te deseo lo mismo, chao!
