Hola! De nuevo creo que he tardado casi 2 semanas o 2 semanas y algo más, no sé, bueno este capi, reconozco que es algo mas largo, la verdad no esperaba emplearme tanto xD pero bueno, espero que os guste y si tenéis alguna duda me lo decís. Un beso.

Disclaimer: los personajes de Inu Yasha no me pertenecen, son de la magnífica Rumiko-sensei, hago uso de ellos en una idea original sin ánimo de lucro y con tal de entretener y expresar sensaciones al lector.

Indicaciones:

"…."-pensamientos

Cursiva-recuerdos

Adelantos (Cap 6)

Sabía que cuando la viese no pasaría nada bueno, pero no esperaba semejante reacción viniendo de él, aunque…visto…y habiendo presenciado todo lo anterior proveniente de él y todo delante de sus ojos, no le sorprende, pero estuvo desprevenida, o simplemen

Sabía que cuando la viese no pasaría nada bueno, pero no esperaba semejante reacción viniendo de él, aunque…visto…y habiendo presenciado todo lo anterior proveniente de él y todo delante de sus ojos, no le sorprende, pero estuvo desprevenida, o simplemente…¿no la importaba? Interiormente sabía cual era la razón por la cual no se había movido, podía haber evitado con un movimiento la fuerte cachetada que la dio en la mejilla cerca del labio, haciendo que sangrará, pero no lo hizo, después de eso sintió el duro y frío suelo bajo su piel, pues ya estaba cambiada para el espectáculo que detrás de esas cortinas debía dar, y no amortiguaron la caída.

-Naraku: quién demonios te has creído que eres!?-la preguntó irónicamente después de la cachetada, viéndola desde arriba- no solo no nos dices nada, que así como si nada te vistes te preparas y a media legua se nota que has bebido, vas a escondidas, llegas tarde y ni siquiera una palabra sale de tu maldita boca!-chilló culpándola de todo lo que había hecho en esa tarde, pero no dijo nada, había llegado algo más tarde de lo que planeaba ella, eran más de las nueve y obligatoriamente tenía que estar a las nueve en punto…y aunque no tuviese que hacer nada hasta pasadas las doce, antes tenía que ensayar el número y cenar, plato que tampoco comía, y todo iba bien, hasta que rato antes de empezar se topó con su "querido" padrastro y empezó su "sentido paternal". Mientras ella seguía sin decir nada, se levantó lentamente enfrente de él y antes de llegar a erguirse siquiera, él la cogió de la barbilla viendo el golpe que le había dado, ahora lo tenía rojo y sangraba un poco del labio, gruñó y la soltó bruscamente como si de peste se tratase- déjate esa ropa, pero ponte algo para tapar tu asquerosa cara!-nuevamente le alzó la voz y la dejo sola en medio del lugar, no era un vestuario precisamente, era un pequeño cuarto, donde apenas había espacio para cambiarse y un lavabo, allí mismo estaba toda la ropa que usaba para su "actuación", suspiró, se lavó y se puso un velo negro, (estilo árabe) atándoselo por detrás y así tapar cualquier herida, dejando ver solo sus grandes pero casi opacos ojos.

Finalmente se paró delante del telón y kanna, una de las sirvientas íntimas de kagura tiró de la cuerda dejándose ver, frente a todos sus "fans" y al sonar la música comenzó a bailar.

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-Rin: ¿algún día llegarás antes? Cuando llamaste eran las nueve y vienes que es casi la una, ¿qué hiciste?- preguntaba una rin, aparentemente enfadada, pero en realidad estaba preocupada, vistiendo en pijama y con el pelo suelto, además de cómo de costumbre llevar un candelabro en una de sus manos, dando un poco de luz. Desde hacía varios años ella era la madre, hermana, amiga y sirviente de la mansión, por supuesto tenían más gente ayudándola, pero ella era la jefa de entre ellos, además que todos la apreciaban mucho, sobretodo sesshoumaru. La chica aún esperaba respuesta del ambarino, pero él se dedicó a hacer una mueca.

-Inuyasha: ya no te preocupes que estoy aquí, o ¿no me ves?-preguntó irónico, sonriendo con arrogancia, ella lo miró frunciendo el ceño y apretando el pomo de la puerta, podía dejarle fuera de la casa y nadie la diría nada, quizás incluso era felicitada, sonrió interiormente al recordar lo mal que se llevaban los hermanos.

-Rin: yo veo a un muchacho que se va a quedar durmiendo en la calle como no responda a mi pregunta-le dijo lenta y amenazadoramente.

-Inuyasha: ya tan solo me fui a dar una vuelta!-en verdad se había desviado un poco del camino y tardó en familiarizarse con las casas debido a la oscuridad del lugar, pero su orgullo era mayor. La chica lo miró resignada, no iba a cambiar, suspiró y al final lo dejó entrar, pero ésta antes que su amigo y superior subiese le habló.

-Rin: por cierto, te ha llamado kikyo, de nuevo, quiere que la llames-suspiró- ¿aún sigues con ella?- lo miró dudosa pero a la vez decepcionada, llevaban como novios 2 años y la verdad…no habían progresado en nada, alguna vez venía casa, pero ella hacía muchas salidas al extranjero debido a los viajes de negocios de su padre.

-Inuyasha: ya sé lo que me vas a decir, pero es asunto mío, ¿vale? Ya vete a la cama que si no, sesshoumaru me dirá que no te dejó descansar-pensó en alto eso último asombrando y sonrojando a la joven, movió su cabeza, reprochándose su reacción y volvió a su cuarto, aún pensativa por las palabras de su amigo "le importó al señor sesshoumaru?"-se preguntó de nuevo con un leve rubor en sus mejillas y con ese pensamiento se durmió.

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-Inu Taisho: buenos días!-comentó alegre el señor de la casa, viendo a sus dos hijos y su fiel y querida sirvienta, rin.- que tal ayer?-preguntó como era usual en él, cuando podía bajar a desayunar con ellos, estaban acostumbrados a desayunar solos o directamente no desayunar, pero cuando les decían que su padre seguramente desayunaría bajaban sin dudarlo, nunca lo dirían en alto, pero admiraban a su padre y eso se notaba apenas con la mirada.

-Sesshoumaru: normal- "como siempre" pensó su padre sonriente- sabes que hoy tenemos varias reuniones y en algunas tienes que estar presente-le informó, como si fuese su secretario.

-Inu Taisho: ya ya no empieces como mizuki-rió gracioso- pero aparte de eso, hijo deberías salir más, divertirte y haber si algún día encuentras pareja- en ese instante, rin tembló sin querer, derramando un poco de leche fuera de la taza correspondiente.

-Rin: p-perdón, no quería yo..

-Inu Taisho: tranquila mujer! Deberías sentarte con nosotros en ver de servirnos, pero como eres tan cabezota, a veces me recuerdas a sesshoumaru- en ese instante el aludido, no sabía si lo hacía apropósito o qué, se turbó y en menos de un segundo se levantó serio y partió a salir, sin acabarse el desayuno, inuyasha rió ante esa acción, sorprendiendo a su padre mientras rin estaba roja de la vergüenza.-éstos jóvenes… bueno y tú hijo qué.-lo miró serio, sabía que hoy era la infiltración, necesitaba saber si estaba seguro y preparado para ello, aunque no sería hasta la noche, pero ya no lo vería hasta el día siguiente.

-Inuyasha: bien, esta noche no fallaré, si es lo que te preocupa-le devolvió la mirada, entre serio y desafiante dejando ver su seguridad- respecto a lo demás igual que siempre…-murmuró apenas, recordando la noche anterior con kagome, su curiosidad le pudo y sabía que podía confiar en su padre- por cierto, aparte de por aquí, bastante lejos del centro, hay una zona despejada y casi desierta, ¿quiénes suelen vivir por allí, aparte de Naraku?-preguntó mirando fijamente a su padre, pero no se esperó la reacción que vino tras esa pregunta. El hombre maduro, se levantó algo brusco, sabía perfectamente donde le decía, se tensó rápidamente sin percatarse, su hijo también se levantó intrigado, dispuesto a preguntarle pero fue cortado.

-Inu Taisho: ¿por qué preguntas hijo? – temió la respuesta pero intentó calmarse.

-Inuyasha: ayer anduve por allí con una nueva amiga, pero no llegué a ver su casa, al no conocer la zona, excepto la dirección de naraku, no se quién más vive por allí.-fue sincero, de nada le servía mentirle.

-Inu Taisho: aparte de él, no muy lejos están los Sichinintai, también hay algunas casas pequeñas donde se guarecen los más pobres, pero no sabría decirte, ¿cómo se llama la chica?-estaba algo menos tenso, pero preocupado, esa pregunta le turbó durante varios instantes.

-Inuyasha: kagome, su apellido no lo sé, pero no creo que sea de familia rica, actúa como si fuese de clase media-baja-se atrevió a decir, mientras miraba a su padre no muy atento, pues estaba recordando el empeño de la chica en los libros, su padre no dijo nada, tenía una vaga idea, de donde podía haber oído ese nombre y no estaba seguro, dejando el tema cerrado partió a su despacho con un "ya hablaremos cuando termines lo de hoy, nos vemos", su hijo se quedó quieto unos breves instantes pero después también partió a su tarea, la universidad.

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En el despacho de su propia mansión, estaba preparando algunos papeles mientras a la vez, realizada una llamada rápida, mientras escuchaba nervioso e impaciente, los toques.

-Inu Taisho: mizuki, busca a todas las personas que tengan el nombre de kagome, sin importar el estado civil, procedencia, pero con un balance entre 17-25 años-oyó a su secretaria afirmar la orden- llegaré un poco tarde, debo ir a un sitio, retrasa las reuniones, tanto como puedas-oyó de nuevo a su secretaria, pero para esta vez rechistar, solo que apenas acabó de hablar colgó, dejándola con la palabra en la boca, sin más se centró primero en el asunto de las reuniones y después a la búsqueda de la tal kagome, intrigada.

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Ya era de día, y tenía que partir a la universidad, pero no tenía ganas la verdad, cada día que se levantaba se encontraba más débil y con menos fuerzas, apenas se paró a verse en el espejo y observar que su labio empezó a tener un color morado, alrededor de una cicatriz en el mismo sitio, esa noche no había dormido ni dos horas, tenía ojeras, la piel demasiado blanca y su pelo despeinado, cogió su cepillo, fijándose que al lado tenía el libro que en esa madrugada al terminar, le leyó un poco a shippo.

- - - Flash Back - - -

Era ya bastante tarde, esa noche no había estado muy concentrada en el baile por lo que sus movimientos eran bastante rígidos, no muy creativos y casi nada sensuales, otros días recibía más aplausos, pero hoy, o ella no había dado la talla o sus negocios eran más importantes, claramente si hubiese alguna queja, el primero en decírselo sería naraku, cosa que no fue, por lo que era más bien la segunda opción. Caminó con algo de pesadez hacia los calabozos, con una linterna y un libro en sus manos, además de algo de comida que pudo robar de la nevera antes de bajar.

Se acercó lentamente, viendo a su querido amigo hecho un ovillo tapándose con la manta que le dio, sonrió algo triste, se sentó tranquila y con la linterna abrió el libro, con intención de leer, pero el niño puso una mano en su hombro, dándola señal que podían hablar.

-Kagome: hola shippo, ¿Cómo vas?- le miró tierna, mientras pasaba una de sus pequeñas manos entre los barrotes y cogía la del verdoso

-Shippo: gracias a ti mucho mejor-sonrió dulce, fijándose que su amiga había perdido mucho peso, su mano parecía mucho más pequeña, y aunque estaba a oscuras, podía ver el cansancio en ella, inconscientemente movió la linterna y pudo ver con toda claridad el golpe que tenía en la cara, y esto, alarmó al pequeño- kagome, ¿que te ha pasado?- ella lo miró dudosa, sin saber a qué se refería, él extendió uno de sus brazos señalando el lugar y ella suspiró, entendiendo el asunto.

-kagome: no es nada, en la fiesta me di un golpe, al parecer bebí con droga dentro, y en un despiste, me caí, pero gracias a inuyasha que estoy bien, me acompañó a casa-sonrió más ampliamente al hablar de él, y esto, no paso desapercibido por el pequeño, quién sonrió pícaro.

-Shippo: mm, si que es bueno este inuyasha…le creía egoísta y algo tonto.

-Kagome: no es así-lo defendió- es…algo testarudo, pero tiene buen corazón- sonrió algo soñadora, recordando cuando anduvieron por la carretera, el niño la veía feliz, por lo menos algo bueno la pasaba, se fijó en lo que llevaba en sus manos aparte de comida y miró curioso, alargando el brazo, intentando cogerlo, la chica que vio sus intenciones, sonrió y se lo dio.- es un libro bastante interesante, habla de la época feudal de guerras civiles, comenta la historia de la perla, lo que he leído me ha gustado la verdad, ¿quieres que te lea un poco?- éste asintió curioso- bien, por cierto, toma, algo de comida-lo cogió y empezó a comer tranquilo, saboreando la comida.

Empieza a leerle kagome, desde el punto donde lo dejó.

"(...) la perla lucía brillante, hermosa y rebosante de paz, pero algo no iba bien…el equilibrio se estaba rompiendo. La reciente felicidad de la sacerdotisa, era contagiosa, aunque era seca, fría y solitaria, su emoción por estar con alguien ajeno a la aldea, tan tranquila, alegraba su corazón, éste le pedía libertad, disfrutar y vivir tranquila, pero estaban sus responsabilidades, y aunque siempre estaba pendiente de la aldea y de la perla, empezaba a centrarse demasiado con ese medio-demonio, que rondaba en su mente día y noche.

Un día le llegó la noticia, mientras daba un rodeo, que un recién llegado estaba gravemente herido, había aparecido en los límites de la zona con su piel quemada, no podía moverse y apenas hablaba, como sacerdotisa, su deber era curar a sus aldeanos, y aunque éste fuese un extranjero, estaba en su aldea; así que, acompañada de dos o tres aldeanos la llevaron al lugar donde el individuo estaba, en una cueva algo alejada de las cabañas, llevaba consigo un mejunje de hierbas, para las quemaduras, algunas vendas por si acaso y algo de comida. Ésta en cuanto entró apenas se inmutó de la horrible apariencia que el hombre tenía, sus vendas manchadas en sangre y suciedad del mismo suelo, la humedad del lugar no ayudaba mucho, pero se estaba algo fresco, el hombre en cuanto la vio, se asombró de lo bella que era, tenía una mirada fría en sus orbes marrones, pero bella al fin de al cabo, no la quito el ojo de encima en ningún momento, en todo el tiempo que ella estuvo presente curándole y alimentándole. A veces le preguntaba el porqué de su estado, como paso, etc. y él con lentitud lo hacía, al parecer unos demonios, habían atacado la aldea donde él vivía, en dicho ataque, alzaron antorchas a las cabañas, produciendo así un incendio, del cual él salió muy mal parado.

La mujer lo escuchaba, aparentemente atenta, su mirada era siempre impasible, su comportamiento frío y distante pero con buenas intenciones. Desde entonces cada día iba a la cueva, kaede, su hermana menor, aprendiz de sacerdotisa, donde en una ocasión fue atacada por un demonio mientras entrenaba con el arco, pero el medio-demonio que se hallaba cerca la salvó y poco después apareció preocupada por su hermana, agradeciendo mucho al ambarino, con el cual su mirada fría cambiaba a una más tibia y relajada, kaede se alegraba por su hermana, aunque temía que perdiese el equilibrio del que necesitaba para ser sacerdotisa, pero en cuanto supo sobre aquel extranjero y lo que hacía su hermana, tenía un mal presentimiento, del cual, intentó avisar a su hermana, pero ésta no la escuchaba, razón, por la que un tiempo después interiormente se arrepintió…(…)"

-Shippo: no me gusta el tipo de la cueva…-murmuró apenas, la chica sonrió-parece algo tenebroso, aunque es horrible lo que le ha pasado, pero no sé…no me da buena espina-continuó, mirando pensativo el libro. La joven sonrió, opinaba como él, pero en verdad se estaba poniendo interesante, no era un libro muy gordo, pero para ser una leyenda estaba muy bien, miró después de unos instantes el reloj, era muy tarde, apenas quedaba una hora y media para que supuestamente tuviese que despertarse e ir a la universidad, pero aún no había tocado los libros; cariñosamente se despidió de su querido amigo y con cuidado y en silencio subió a su habitación, encendió la pequeña luz de su escritorio y procedió a hacer la tarea.

- - - Fin Flash Back - - -

Mientras recordaba se acabó de peinar, camufló un poco el golpe con algo de maquillaje y bajó, cogiendo su mochila, montando en su bicicleta y con cuidado marchar a la universidad, con un poco de suerte, nadie se percataría mucho de su golpe, pues estaba bien disimulado.

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-Miroku: venga sango, perdóname ¿si?, fue mi mano que se mueve sola-suplicó el azulado a su querida amiga, la cual estaba aún enfada con él cuando la tocó el trasero, la tarde anterior, estaban hablando tranquilamente de sus familias, cuando de repente su manita fue al lugar equivocado, la chica suspiró, se empezaba a acostumbrar a su forma de ser, pero no le gustaba que hiciese eso, y menos que coquetease con cualquier chica bonita que pasase.

-Sango: no lo vuelvas a hacer! Me enfade y mira que paso, bebí del vaso equivocado y me tuviste que "salvar" Otra más y al final te tatuare en la cabeza "pervertido" para que nadie se te acerque.-amenazó ruda la castaña, sabiendo que sólo era un aviso, nunca haría eso, el moreno cedió acongojado, la veía muy capaz, mientras su amigo plateado estaba apoyado en su moto, pasando el rato aparentemente, veía a sus amigos discutir y era divertido ver a miroku, asustado por una chica, pero algo en su interior le decía que algo iba mal. Salió de su ensimismamiento cuando oyó a sango decir lo que esperaba desde hacía 10 minutos.-kagome!, amiga casi llegas tarde- sonrió simpática acercándose a su amiga, que intentaba inútilmente taparse con el pelo.

-kagome: hola sango, vayámonos que llegaremos tarde- intentó evitarla, pero ésta mucho más rápida, extrañada por su reacción, la agarró del brazo haciendo que se girará, viendo con susto la herida de su labio.

-Sango: ¿pero qué…te ha pasado?-preguntó asustada, sus dos nuevos amigos, se acercaron, el primero miroku, viendo extraña a sango, y en cuanto vio lo que ella, se puso serio repentinamente, a su vez inuyasha al lado, sus ojos se abrieron con sorpresa, para después mirarla con un frunce algo profundo, apretó sus puños rabioso, esperando a escuchar la respuesta de la pelinegra.

-kagome: me caí-dijo simplemente, sango no le creyó y mucho menos, inuyasha, que había estado con ella antes de llegar a su casa-de verdad, tan solo fue que tropecé y me caí, no les estoy mintiendo, estoy bien de verdad-intentó sonreír, pero sólo consiguió una mueca. El timbre de entrada sonó, pero ninguno de los cuatro se movió, miroku estaba preocupado, no conocía apenas a la chica, pero empezaba a cogerle cariño, sango estaba igual o más preocupada, pero inuyasha aparte de preocupado estaba rabioso, se leía en su mirada una clara ira e instinto de protección hacía la chica, ¿por qué?, no lo sabía.

Por fin entraron y atendieron a las clases, kagome en todas las asignaturas ponía una mano en su barbilla tapando la herida y cuando no, con el pelo, no quería que nadie la dijese nada sobre el asunto, pero sabía que con sango tendría que hacerlo, por las malas o por las buenas. El resto de sus amigos, en sus clases también atentos, pero con preocupación hacia su amiga, sobretodo sango e inuyasha, éste último ante el nerviosismo de saber la verdad, no paraba quieto.

Al fin, alegría para unos y desgracia para otros, llegó la hora del almuerzo, ahí aclararían los asuntos, sí o sí.

Decidieron más o menos entre todos ir al patio trasero, al lado del gran árbol, el cual tenía ya muchas generaciones, y allí estaban los cuatro en absoluto silencio, dos demasiado serios y uno tirando a rabioso, otra preocupada y otra simplemente, cansada.

-Sango: bueno…para relajar el ambiente, mejor comamos un poco antes-sugirió la castaña, y todos asintieron aunque nadie hizo gesto de empezar a comer, menos kagome, iba a dar el primer mordisco a su sándwich, cuando de nuevo intervino- kagome ¿cómo puedes estar tan pancha? ¿No ves que estamos preocupados por ti? ¿Te han hecho algo? ¿Quiénes? ¿No me digas que fueron las chicas? dime!- soltó rápido angustiada, miroku a su lado le puso una mano en el hombro, a la vez que una duda le surgió, pero se calló, mientras que a kagome le resbalaba una gota "no me va a dejar comer" pensó la pelinegra, guardó su comida y suspiró, frente a ella estaba inuyasha, y su mirada parecía más intensa que antes, como si fuese una pequeña llama aguardando el momento adecuado para incendiar.

-Kagome: no hay callejones cerca de mi casa, no han sido las chicas y nadie me ha hecho nada, he sido yo, que subiendo las escaleras me tropecé y me di en la boca contra otro escalón, sango-explicó y a lo último casi sonrió, sango respiro mas aliviada, al igual que miroku pero el ambarino no se lo acababa de creer, algo le decía que era mentira, pero saber que al menos estaba bien y de verdad no había sido tan grave le alivió, pero con una duda en mente.

-Miroku: menos mal entonces kagome, de verdad nos tenías preocupados, pero… ¿qué tienen que ver las chicas en esto?-preguntó dudoso, sango recordando lo que había dicho, también la miró dudosa, en realidad no sabía porqué todos hablaban de ella de esa forma, mientras que su amiga bajó un poco la cabeza, tapando su mirada.

-Kagome: son sólo rumores, nada especial-murmuró apenas causando asombro al trío.

-Sango: pero..- fue cortada, por el timbre que marcaba el fin del descanso y la última hora del día; y con nueva tarea para casa y apenas preocupaciones (para algunos) volvieron a sus casas; el ambarino se empezó a preparar nada más entrar en su casa. Mientras que la pelinegra al volver pronto, se dispuso a hacer la tarea antes de volver a su rutina nocturna.

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Sabía, aun siendo un niño, que la vida era dura, que si se quería algo se lo tenía que hacer uno mismo, había hecho cosas de las que cualquiera se arrepentiría pero él no, él quería todo, todo lo que en su día le arrebataron y les haría sufrir tanto como él lo había hecho, no iba a quedar en segundo lugar nunca más, había luchado desde pequeño para llegar a donde ahora estaba, pero no era suficiente, quería, necesitaba más, y sólo hay una forma de hacerlo, convirtiéndote en ganador, y dicen… que en la guerra y el amor todo vale; es una guerra para conseguir ser el mejor, pero amor por querer conseguirlo, y así lo haría, tal y como en su día, con 8 años, se prometió y así podría cobrarse todo el daño que le habían hecho a él y a su padre; era una lucha por conseguir el mejor puesto…pero además, una promesa de venganza de hacía ya 24 años.

-Naraku: no debes desviarte del plan…no toleraré ningún fallo, y lo sabes.

-ya ya… deja las amenazas, ¿Qué no ves que estoy disfrutando?, no te preocupes, todo está en orden, tal y como deseas

-Naraku: ya veremos los resultados, no dejes que esa mujer se escape, es sólo una muñeca, pero éstas suelen tener armas bajo la manga.

-si si como digas….-decía jadeante-

-Naraku: se te ve ocupado, no olvides que como me traiciones, te mataré-colgó

-maldito!-gritó, mientras expulsaba la presión contenida en su entrepierna encima de la figura de su acompañante

-Naraku: todo saldrá como estaba previsto…no puede haber fallos…no dejaré que nadie se interponga en mi camino!- pensaba él, en voz alta, cuando de repente su esposa aparecía pálida, con la respiración agitada en el umbral de la puerta, con una expresión de pavor, que preocupó al pelinegro.-¿qué ocurre?

-Kagura: un… un inspector ha venido-dijo apenas, jadeante por la falta de aire, miraba asustada al hombre, nunca antes había ocurrido, no estaba preparada para algo así, y al parecer él tampoco, pero no lo demostraba tan abiertamente como ella. Sus ojos abiertos más de lo usual, la miraron con duda y miedo, pero no se quedó con los brazos cruzados. Apenas en dos zancadas ya estaba en la puerta y andaba raudo a las escaleras, viendo desde arriba a dicho inspector, "es joven, los más manipulables"-pensó.

Ya en la primera planta, andaba rápido hacia Myoga y el supuesto inspector que aguardaba al lado suyo, pelo bastante largo negro (las mechas que siempre suele tener sueltas, estaban atadas en una coletilla por atrás), ojos azules, con gafas, piel excesivamente morena, si, era un extranjero y parecía muy inocente por la sonrisa que mantenía, mientras en su brazo derecho tenía un maletín y algunos documentos sujetos en su otra mano.

-Inspector: imagino que usted es el señor de la casa-saludó amistoso, más bien intentando parecer amistoso.

-Naraku: así es, y la verdad no hemos oído nada de ningún inspector por los alrededores, se ve que eres nuevo… dime ¿de qué compañía vienes?

-Inspector: claro, de la Compañía Akitoki del hogar, es bien conocida por el presidente y su joven sucesor Hojo.-sonrió ampliamente- seguro que le suena, son muy conocidos, según tengo entendido.

-Naraku: si si, lo son, ¿que quería? – impaciente por echarlo de SU casa, lo miraba desafiante casi echándolo con la mirada, pero éste parecía no inmutarse, pues dio un paso adelante, mostrándole un papel donde bien especificaba el permiso para poder entrar y algunas quejas vecinas, sobre la cantidad de coches que aparcaban en su entrada, el señor de la casa procedió a la lectura, de forma rápida, apenas echándole un vistazo, volvió a mirarlo desafiante, casi ofendido- son clientes y socios de nuestra empresa, no creo que halla que montarse tanto revuelo por eso, es mi propiedad estoy en todo mi derecho.

-Inspector: en realidad- con un dedo se subió las gafas, tapando su mirada-y según tengo entendido, usted sólo es esposo de la auténtica dueña de la propiedad, además no es sólo por los coches, algunos vecinos a los que anteriormente he visitado me han informado, casi chismosamente, que a altas horas de la madrugada, oyen música procedente del sótano, he venido a que usted me aclarase eso, pues si no, podría ser expulsado del hogar, puesto que no es su dueño ni mucho menos, y si su mujer no le ha legado la mitad de sus derechos, propiedades o acciones, no podrá hacer nada por evitarlo, y seguido de unas sólidas denuncias a su cargo, de las cuales no se podrá escabullir.-naraku gruñó acorralado, tenía razón, su mujer no le había legado nada, él estaba al cargo de la empresa pero sólo porque su mujer no tenía la preparación adecuada y su hijastra estaba estudiando, y esto, se hizo antes de tener ella la mayoría de edad, así que no podía hacer nada.

El joven, delante de él, lo miraba con una estúpida sonrisa, para su gusto claro, esperando una respuesta, sus dientes se apretaban fuertemente unos contra otros, estaba atrapado… "no" pensó "hay más soluciones para evitar una humillación de este calibre…" planeaba su "escapada" en mente, mientras relajaba un poco su expresión y hacia una señal a Myoga, quién había estado contemplando la escena todo el rato, para que se retirase.

-Naraku: bien señor…entonces no tengo otra salida que presentarle el uso de nuestro sótano-sonrió malicioso, mientras pasaba uno de sus brazos por el hombro del "azulado", casi arrastrándolo incómodamente, pero era un infiltrado, tenía que dejarse hacer.

-Inspector: agradezco su colaboración-sonrió amplia y falsamente al pelinegro mientras interiormente, estaba asqueado por el mero contacto con él, pero al menos, estaba cerca de su propósito, y lo había conseguido sin ninguna dificultad, "mi padre tenía razón" pensó "mi asignatura favorita es la improvisación" ironizó mentalmente, pues la respuesta y amenaza de antes siquiera la había practicado y había resultado simplemente grandiosa.

Ambos bajaron silenciosos, separados y cada uno a su paso, en primer lugar como guía naraku, mientras que el inspector miraba las irregulares escaleras intrigado, al igual que las estrechas paredes que lo rodeaban, pretendía interiormente, recordar el camino, por si alguna vez tenía que volver a entrar. Observó el cambio de suelo y giró su mirada, viendo apenas una puerta a la derecha bien camuflada, y más adelante, una intensa luz blanquecina y rosada, que llenaba el lugar, "seguramente es ahí" pensó mientras se acercaba, olvidando por completo la puerta de antes.

-Naraku: sabe, va a tener suerte-comentó suspicazmente- el espectáculo acaba de comenzar, seguro que le gustará…-lo alentó e intrigo con sucias palabras, haciéndolo, inesperadamente fruncir del ceño, de lo cual, y menos mal, el señor de la casa no pudo percatarse; ya frente a las luces que iluminaban el lugar, inconscientemente le cegaron un instante para después, observar con sorpresa y casi asco, como una multitud de mesas se dividían por el espacio que había, y entre medias, una especia de pasarela, diferenció a algunas mujeres que servían bebidas y algunos personajes del mundo de los negocios, sorprendido, intentó memorizar todos los rostros y detalles del lugar, sin olvidar al arrogante y sonriente naraku que estaba a su lado.- ya sale- murmuró apenas y una esbelta pero muy delgada figura femenina, aparecía en la pasarela, con ropa que tapaba lo justo y necesario, con los pañuelos largos de seda, más las luces y movimientos que hacía con sutileza, la hacían ver hermosa y atractiva.

La atención que inconscientemente le puso a la chica, no pasó por desapercibido para naraku y eso lo aprovechó indudablemente, estaba en un aprieto, ese momento de "debilidad" era el mejor para ser el cazador y no el cazado.

-Naraku: veo que le ha sorprendido…-murmuró suspicazmente, haciéndolo "volver" a la realidad, perdiendo el contacto visual de la chica, y girando a su respectivo enemigo.

-Inspector: sin duda es impresionante-murmuró simpático, como si fuese normal-de modo que esta es la razón por la que los vecinos se quejan…imagino que sabrá que no puede seguir teniendo este tipo de "negocios" con sus "inversores"-comentó haciendo énfasis en esas palabras, que sólo ampliaron la sonrisa maléfica del pelinegro.

-Naraku: perfectamente… por eso, le ofrezco un trato.-susurró enigmático, captando la atención del "inspector" el cual, por dentro estaba sonriendo de su victoria.- usted tendrá total permiso, para asistir cuando quiera a mis "negocios", sin necesidad de pagar o garantizarme intereses empresariales, a cambio que notifique en su compañía, que la residencia de los Higurashi, en completamente normal, y que las quejas de los vecinos son insuficientes.-miró intensamente al "azulado" detrás de esas gafas, buscando, escudriñando en su interior, queriendo ver su derrota, pero nada de lo que buscaba encontró, tan solo una amplia sonrisa, como de niño complacido.

-Inspector: es usted terrible, señor naraku-amistoso, confundió al pálido, que frunció el ceño, algo preocupado, esto nunca había pasado- aceptaré con gusto su proposición, pero espero recibir algo más que tan sólo una vista desde lejos.-siguió sonriente esperando la respuesta que ya sabía.

-Naraku: por supuesto… ¿no todo puede ser tan fácil y simple verdad?-sonrió forzosamente- si tan apacible quiere que sea su visita cada vez que venga, puedo ofrecerle, en un par de semanas, una cita privada con la bailarina…si así gusta claro.

-Inspector: sería fabuloso-comentó rápidamente, sin dejar de sonreír. El pelinegro ofreció su mano, para cerrar el trato, y el moreno, sin duda lo hizo.

La misión resultó un total éxito, pero aún recordando la figura de la chica, algo le desconcertó, algo se le hacía familiar, y quería saber qué es, de nuevo… peligro.

Reviews:

AllySan: de eso puedes estar segura xD espero que te guste n.n

Lolichan36: pues ahi lo tienes con ej pelo negro xD sip, ya se han dado los primeros lances como bien dices, y bueno... sobre kagome, bueno espero no ser tan mala ;) un beso.

Shin Gouki: no son del todo erróneas, pero tampoco exactos xD menos en lo de inu y kagome XD bueno espeor que te guste este tambien.

kisa-Chan-sohma: jaja más encuentros tendrán tranquila :P, tu leelo cuando puedas que no meto prisa ni nada ;) un beso!.

Kyra1992: la verdad es que es muy corriente xD pero bueno, siempre hay algo distinto en las historias n.n, si sigues leyendo espero que te guste, un beso.

Brujita16: bueno... haber si de verdad no tardo tanto xD que la cosa se va complicando, bueno espero que te gust este tambien un besote!.

isabel: aqui lo tienes n.n muchas gracias por el review me animan mucho!! un besote y gracias por leer.

Jonas5180: te agradezco el review, puede que no sea del todo de tu gusto, y bueno solo puedo decir que intentare mejorarlo, solo es una historia, no todo tiene que ser exacto a la realidad, muchas graicas por tu critica y espero que si sigues leyendo, te guste. un beso.