Disclaimer: Hetalia no me pertenece, ya sabeN, la pobreza no ayuda demasiado :'v

Advertencias: ¡Alabad a Wy si quereis algo más de romance *^*/ (?) !


Día 4

En una cita


¡Oh! Así que van a una cita…

El recuerdo de aquellas palabras pasó con suma velocidad por la mente de ambos, a la vez, haciéndoles parar coordinadamente su caminar y, ¿por qué no?, sonrojarse cual quinceañeras hormonales ante el chico del que siempre han estado enamoradas.

Los dos se miraron disimuladamente. Y al cruzarse sus ojos, inmediatamente desviaron la mirada, mucho más rojos que anteriormente. ¿Ahora que deberían decir o hacer? ¿Qué excusa dar? No deberían de estar tan preocupados, igualmente. Sólo había sido una frase de una pequeña e inocente niña que no tenia ninguna intención secundaria de por medio, ¿cierto?

Oh, Dios. Eso no se lo creía nadie.

Ellos dos habían visto a la húngara muy cerca de la causante de todo aquello, así que varias cosas metidas en aquello sí podrían haber.

—¿Y-Y a donde vamos hoy? —intentó decir Nueva Zelanda, obligándose a mirar hacia el frente, tensándose un poco por cada letra que salía de sus labios. Australia metió sus manos a sus bolsillos para disimular la forma como se limpiaba el sudor de ellas.

—¿Qué te parece el restaurante frente al parque? Me han dicho que es bueno…

Kyle le dio una sonrisa de boca cerrada, tratando que su confianza no le traicionase y le hiciese tartamudear. A cambio, Tobías se quiso dar unos buenos golpes contra el suelo, ¿por qué rayos debía de actuar así? Era simplemente una salida, de amigos, y no significaba nada. Únicamente iban a comer, como siempre, e iban a charlar un rato de aquella semana.

¿Por qué todo había cambiado de repente con aquella insinuación de Wy?

Australia torció un poco sus labios. Debía de empezar a buscar una buena compañía para la micro nación como hermano-padre-tutor que era.

Los dos respiraran profundo, coordinándose de nuevo, ignorándose de nuevo.

Los minutos que siguieron de aquello fueron los más tensos e irrespirables que nunca tuvieron nunca. Y eso era decir mucho. El camino se les hizo eterno, y el parque, inalcanzable. Además, ninguno de los dos tenia el suficiente valor para intentar decir alguna otra palabra, así que se encontraban en un estado que era casi imposible salir.

Cada uno le iba a dar una reprimenda por aparte a la niña. Aquello no iba a pasar por alto.

«Aunque, si lo pensaban bien, todas sus salidas podían ser consideradas como citas.»

Segundo pensamiento conjunto, centésimo sonrojo compartido.

No, no. Para nada. Los dos no estaban pensando en escenarios hipotéticos donde fuese uno de ellos el valiente que afrontase el tema con seriedad y madurez para después caer en cuenta que aquello había sido una perdida de tiempo y seguirían el transcurso de sus vidas en la más completa tranquilidad y amistad que les había unido.

Claro. Claro. Tenían todo preparado. Lo único que les faltaba era algo de valentía.

«Panda de idiotas. » La voz de Melanie volvió a resonar —quien sabe cuanta vez— en la cabeza de los dos chicos. Y quizá tuviese algo de razón.

Los dos chicos no volvieron a la realidad hasta que el mesero les preguntó de nuevo que deseaban comer. ¿En qué instante habían llegado? ¿Cuándo habían tomado asiento? ¿Por qué no mejor convertir a todos los humanos en gatos, conejos, pandas, koalas y ovejas? Preguntas sin respuesta, lamentablemente. Aunque los dos preferían estar inconscientes de ese mal momento y seguir con lo suyo.

—A mi me gustaría… —Los dos comenzaron a ojear su menú, a la vez, mientras el camarero preparaba su libreta para tomar apuntes. Kyle fue el primero en decidirse, con lo más "salvaje" y tapa-venas del lugar —Quizá- ¿Francis?

Oh la lá, pensé que me habían convertido en alguien invisible —reclamó el francés, golpeándose el pecho mientras una lágrima falsa caía por su cara lentamente, casi dramáticamente—. De verdad, por allí hay un restaurante italiano, ¿por qué aquí? ¡Es inglés! Los tenia en mayor consideración…

Con un gesto de mano, se hizo algo de aire, como si la sola idea de pensar a los dos jóvenes en aquel estado le fuese casi una blasfemia. Tobías meneó un poco la cabeza, un tanto divertido por la reacción del francés. Si bien, los tres no eran muy cercanos, pero el mayor los tomaba como sus "bebés" ante la idea de que habían sido cuidados por el británico —y habían sobrevivido en el intento…

—¡Pero que digo yo! Debo de seguir trabajando —Los oceánicos intercambiaron miradas, extrañados con el "trabajo" del europeo—. Les invito a la especialidad de hoy, ¿les parece?

No les dejó responder, puesto que apenas les guiño el ojos desapareció dentro de la cocina. No pasaron más de tres segundos antes que la frase que había empezado todo aquello volviese de inmediato a sus cabezas. Maldita memoria.

Francia no se demoró ni cinco minutos en volver, y no era porque el local estuviese técnicamente vacío. Lo dos chicos observaron con curiosidad cada plato que les sirvieron, más uno central que rezaba:

"Ah, el amour~"

Y no, no debían de ser unos expertos en el idioma para darle algo de sentido lo que quería significar aquello.

Si creían que antes su cara había sido un tomate, en aquel instante los dos podían sentir sus rostros tan calientes como un desierto de Australia y tan rojos como las granadas maduras en pleno mayo. Cualquier persona de afuera podría haber afirmado que por sus orejas salía algo de humito —como una tetera, para que su cabeza no explotase por la temperatura que mantenían.

No hace falta decir que los dos no se pudieron ver a la cara bastante tiempo después.


¿Funcionó?

Funcionó.

Elizabeta rió, bastante satisfecha con aquel plan. Sabia bien que esos dos necesitaban un buen empujón de una vez por todas, únicamente había necesitado mover bien sus fichas y lograr un buen escenario para los primeros pasos.

Melanie le entregó unas cuantas fotos—No soy la mejor fotógrafa, pero esto fue lo que pude sacar.

La húngara pasó una a una las fotografías, y se notó bastante satisfecha, consiguiendo un suspiro aliviado del principado —Están bastante bien, me servirán.

Wy miró para un lado, poniéndose tensa de repente y apretando con fuerza sus puños. Hungría se dio cuenta que quería decir algo.

¿Qué sucede?

M-me gustaría utilizar algunas fotos para hacer una pintura. ¡N-No importa si no puedes! Pero se verían muy bonitos en unas acuarelas y…

Elizabeta le devolvió casi sin pestañear las imágenes, con una cara confiada. Wy parpadeó, sorprendida, y salió corriendo de allí.

La húngara solamente podía pensar en las diferentes parejas con las cuales podría atraer a la niña a su club del yaoi.


¡Me estoy quedando ciega haciendo estoooo D: !

Realmente, lamento la espera. Pero he estado enferma, y uno enfermo como que la inspiración te repele :/ Además que y apenas puedo ver la pantalla, me lagrimean los ojos y he sabido que sucede por estos lares es a causa del celular :v

¡Dios, cuantos reviews! No saben lo feliz que me hicieron, además que ese fue el insulto apea que hoy terminara esta cosa.

Cosa larga, para compensar la espera :)

¡Hasta mañana! (O más tarde, si estoy lo suficiente loca para intentar ponerme al día)