TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.
Hay dos días en la vida
Para los que no nací
Dos momentos en la vida
Que no existen para mí
Ciertas cosas en la vida
No se hicieron para mí
… (Dos días en la vida, Jarabe de Palo)
CAPITULO II. EL DESPERTAR (parte 2 de 3)
-¿Ya saben lo del torneo de hoy?
-¡Síííí! La Gala de Artes Marciales, será aquí en el gimnasio de la prepa.
-¡Muchos chicos guapos, fuertes y atractivos!
-Ahh, pero también supe por Hitori del C que viene un campeón extranjero que es guapisísimo.
-¿En serio¡Dinos más!
-Bueno…
Seto gruñó molesto al pasar por entre el grupo de jovencitas que platicaban en el pasillo de la preparatoria. Con paso decidido llegó a su salón de clases, temprano como era regla suya. Había unos cuantos compañeros conversando que lo saludaron antes de seguir con su charla. El castaño tomó su lugar para sacar un libro que leer mientras tanto. Una nota adhesiva estaba en la portada.
"Ni sama,
Después de clases iré al Museo de Ciudad Domino. No te preocupes, estaré bien. He pedido que te cocinen tu platillo favorito para cuando regreses de clases –porque lo harás- Si no te lo comes, Johannes me hablará a mi celular y yo iré a donde quiera que estés con el plato en mano.
Te quiere,
Moki
PD. Es en serio."
Con una media sonrisa, el ojiazul guardó la nota en la pasta interior del libro que abrió para comenzar su lectura. Pasados varios minuto, Tristán llegó al salón de clases.
-Kaiba.
-Taylor -respondió sin mirarle.
El recién llegado tomó asiento al lado izquierdo de Seto, estirándose un poco. Tea apareció al lado de Yugi, platicando animadamente. El castaño les observó por encima de su libro, en especial al tricolor que ya no portaba su Rompecabezas del Milenio. Hacía un año que todo había terminado y el famoso Faraón Atemu había vuelto a su mundo antiguo. La paz reinaba en el mundo y ahora Yugi Mutou y Joey Wheeler eran una feliz pareja.
Seto se preguntó cuales eran las cualidades de las que carecía y Yugi desbordaba para haber ganado el corazón de Joey. Cerró sus ojos negando para sí mismo. Esos pensamientos eran veneno en su ser.
-Kaiba kun –Yugi le sonrió- Ohayo.
-Mutou.
-Hola, Kaiba.
-Gardner.
Yugi tomó asiento al otro extremo de Seto y Tea detrás de Tristán. Su plática siguió su curso sin más palabras para el ojiazul que se preguntaba si acaso el rubio no les había comentado nada de lo ocurrido el viernes anterior. Se había preparado mentalmente para una agresión que no parecía venir. Como un aguijonazo pensó que quizá para Joey eso no le importaba en lo absoluto.
El profesor entró seguido de un apresurado Ryou que llegó corriendo a su asiento tras Kaiba.
-Cielos, Ryou, creí que eras otro Joey Wheeler –le bromeó Tristán.
-Sí, lo siento. Es que mi papá no encontraba todas sus cosas. Estaba tan emocionado que no veía sus propios lentes puestos.
-Je, je. ¿Por qué? –inquirió Tea.
-Ah, llegó una Fundación a Ciudad Domino para estudiar las piedras egipcias que hay en el Museo. Mi padre dice que son muy famosos por sus traducciones y que han publicado libros que actualmente se consideran de cátedra. Como Director del Museo, mi padre está con la cabeza en las nubes, no quiere dejar en mal término la reputación de la ciudad y el museo.
-Vaya, que interesante –intervino Yugi- ¿Qué es lo que estudiarán exactamente?
-La época de Atemu. Bueno, pensé que nosotros podríamos ayudarles pero sospecho que no nos creerían ni un ápice.
Todos rieron al comentario.
-El profesor está por dar su clase, ¿podrían callarse? –les reprochó el castaño.
-Ops, lo siento… Superior Kaiba –dijo con sorna el de cabello puntiagudo.
-¡Tristán!
-¿Qué, Yugi? Su ego aumentó cuando lo nombraron así.
-Chicos, por favor –medió Tea.
-Bueno, muchachos –habló el profesor- Antes que nada debo anunciarles que hoy tendremos la mitad de horas de clase…
-¡Hurra! –gritaron varios.
-… habrá una gala sobre artes marciales y todos ustedes podrán asistir a la exhibición. Recuerden, son alumnos de esta institución y tendrán que mostrar su educación con los visitantes pues habrá extranjeros; eso me recuerda que los Superiores deben apoyarnos como anfitriones…
-Ahí te hablan, Kaiba.
-Cállate, Tristán –Tea le dio un coscorrón.
La puerta del salón de clases se abrió de golpe para dejar pasar a un muy apurado Joey que se apenó de inmediato cuando todas las miradas cayeron en él.
-Wheeler, si sigues con estos retardos, acabarás la preparatoria en medio siglo.
-Lo siento, profesor, ¿puedo pasar?
-Hoy te lo permitiré pero tendrás un reporte.
-Gracias profesor y disculpe.
Mientras el maestro seguía dando instrucciones, el rubio fue a su pupitre detrás de Yugi.
-Hola a todos.
-Cielos, viejo, me hubieras dicho que pasara por ti.
-No, Tristán; es que tuve mucho trabajo con lo del periódico. Hubo un pedido extra y más rutas que cubrir. Todo por un boletín de unos tipos de una fundación.
-Ryou también nos comentó algo¿verdad?
-Sí, Tea. La Fundación Fénix.
-¡Esa! Al menos gané un extra –comentó Joey.
-Me da gusto por ti.
-Gracias, Yugi.
-¡Ustedes! –el profesor los señaló- ¿Vienen a estudiar o a platicar?
-Lo lamento, sensei.
-Muy tarde, Wheeler. Superior Kaiba, asígneles deberes extracurriculares y encárguese del reporte del joven Wheeler.
-Sí, profesor Tanaka.
-Ahora… -aquél continuó.
Todos miraron a Seto que no se inmutó con la vista clavada en el pizarrón.
-Lo que me faltaba –masculló Tristán.
Joey observó desde su asiento al ojiazul que parecía no percatarse de su persona. Yugi le miró de soslayo pero el rubio solo sacudió su cabeza, sacando su cuaderno de apuntes.
Los alumnos murmuraban entre sí, expectantes ante al arena de duelo montada dentro del gimnasio. Todos los asientos estaban llenos de estudiantes y solo las sillas a nivel del suelo las ocupaban los entrenadores y personal de la Gala.
-¡Tristán, me estás pisando!
-Perdón, Tea. ¿Ya vieron a las chicas karatecas?
-¡Sólo piensas en eso!
-¿Yugi, estás bien?
-Sí, Ryou. Es que Joey no ha llegado y se ha quedado sin lugar.
-No te preocupes, él conseguirá asiento donde sea –le consoló Tea.
-Tampoco está el pesado de Kaiba –observó Tristán, buscándolo con la mirada- Seguro que su ego no cupo en el gimnasio.
-¿Qué tienes en contra de Kaiba?
-Vamos, Yugi; ese infeliz nos dejo tarea para el siguiente milenio. Si su vida es una desgracia, no me interesa. Que no se desquite con nosotros.
-¡Miren, ya va a comenzar! –Ryou levantó una mano- ¡Bien!
Joey escuchó una oleada de aplausos desde el pasillo donde cruzaba. Miró su reloj, girando su rostro en todas direcciones. La puerta del baño de hombres se abrió, saliendo Seto de ella. De inmediato se detuvo al encontrar su mirada con la del rubio.
-Ve al gimnasio, Wheeler, si no quieres que te haga otro reporte.
-Kaiba, debemos hablar.
-Me parece que todo quedó claro.
-No quiero resentimientos… mira… es que…
-Lárgate ya con tu adorado Yugi y déjame en paz.
-Tú… -Joey abrió los ojos como platos, ruborizándose de golpe- ¿Cómo sabes...?
-Tengo deberes que hacer, Wheeler.
-Espera –el rubio le detuvo- Por favor no le digas a nadie… vamos a decirlo, pero…
-Hasta para ser gay eres cobarde, perro.
-¡No me llames así!
-Eres un malnacido perro sarnoso y Yugi es…
-¡NO TE ATREVAS! –Joey le sujetó por el cuello del uniforme- ¡NI UNA JODIDA PALABRA O TE PARTO LA BOCA!
Ambos se miraron desafiantes. Joey podía ver su reflejo iracundo en los ojos azules de Seto. De pronto, algo dentro de sí le dijo que esa mirada era diferente; pero no atinó a saber que era lo que ocurría.
-Buda bendito¿qué pasa aquí?
De inmediato, Joey soltó al ojiazul al escuchar una voz con acento extranjero cerca de ellos. Un joven de su edad, vestido en jeans y camiseta verde oscuro con una maleta al hombro se acercó. Tenía el cabello largo y negro suelto en su espalda; de tez pálida y rasgos de aire hindú con caminar confidente. Sus ojos púrpura se le figuraron al rubio con la misma ferocidad de un dragón mítico de esas esculturas de palacios antiguos.
-Hey, tú –dijo el recién llegado, interponiéndose entre Joey y Seto- Es una deshonra atacar a alguien que ni siquiera levanta los puños contra ti.
-No te metas –siseó Joey.
-Tranquilo mocoso, no sabes lo que dices.
-Wheeler, al gimnasio –ordenó Kaiba.
El rubio se arregló su chaqueta con la mandíbula apretada contra el de cabello negro, caminando de regreso al gimnasio. El otro se volvió al castaño que mirada a Joey.
-Ten cuidado con ese chico, es peligroso.
-Lo tomaré en cuenta. ¿Necesita algo?
-Sí, ahora que recuerdo. ¿Existe la probabilidad de que haya un sanitario para gente normal en esta escuela?
-Al final del patio –señaló Seto.
-Buda iluminado, qué bien. Gracias bonito.
Un traicionero rubor apareció en las mejillas del ojiazul que usó todo su temple para volver a la normalidad, aunque le miró inquieto al extraño.
-¿Es usted parte de la gala?
-Sí, ¿por qué?
-Entonces habla muy bien nuestro idioma.
-Ou… no solo se pelear¿sabes? Gracias de nuevo.
-Bienvenido a Ciudad Domino.
Ambos se separaron a sus respectivos lugares. Kaiba ya no encontró lugar en las gradas y permaneció de pie al lado del barullo que contemplaba jubiloso la muestra de los marcialistas. Cuando terminó la primera ronda, el anunciador se paró en medio de la arena para hablar sobre una exhibición especial.
Una música de acordes africanos sonó al momento que un joven llegaba en medio de una serie de mortales circenses, recibiendo fervorosos aplausos de parte de los espectadores que gritaron emocionados cuando le fue lanzada un par de espadas Wudan con las cuales comenzó una serie de katas de alta dificultad al ritmo de la música. Las espadas fueron sustituidas por una lanza de mango de bambú y luego el marcialista hizo una serie a manos libres con una velocidad que dejó mudo al auditorio.
Seto no podía creer que era el mismo que le interrumpió con Joey. Ese largo cabello negro estaba trenzado y tenía puesto su traje de combate en seda negra con un dragón rojo bordado en la espalda. Los aplausos estallaron una vez más al finalizar la asombrosa exhibición. El anunciador se le acercó para felicitarlo.
-Nuestras más sinceras y asombradas felicitaciones para el campeón invicto!,¡Khura!
Más aplausos nacieron mientras Khura pedía el micrófono.
-Estoy muy agradecido de estar aquí en Ciudad Domino, es un sitio muy lindo y su gente muy amable –su comentario fue recompensado con otros aplausos y varios gritos de chicas- Ahora quiero invitar a los más atrevidos a un duelo amistoso conmigo. Será un honor batirme con los más fuertes de Ciudad Domino.
Los murmullos no se hicieron esperar. El ojiazul no supo que hacer al ver que Khura le guiñaba un ojo con coquetería.
-¡Joey¿A dónde vas? –preguntó alarmado Yugi cuando aquél se levantó de sus pies.
-Iré a cerrarle el hocico a ese mentecato.
-¡Eso es hermano!
-Joey¿no vas a pelear con ese campeón, o sí? Mira los demás estudiantes que están bajando, son cintas negras de su especialidad. Todos le conocen. Tú…
-¿Eres mi amigo Ryou?
-Sí, pero Joey…
-Enseguida vuelvo.
Todos se miraron consternados sin entender por qué su amigo lucía furioso con el extranjero. Seto le vio bajar las gradas y unir a los otros estudiantes alrededor de Khura.
/Idiota/ pensó, cruzándose de brazos.
En la arena, Khura les saludó con una sonrisa y una reverencia.
-Hagámoslo justo, todos vengan al mismo tiempo. Prometo no hacerles daño.
A la señal del referí, todos se lanzaron contra el pelinegro que en un abrir y cerrar de ojos arrojó a cada uno fuera; dejándolos boquiabiertos y algunos asustados. Joey se dio cuenta que a él simplemente lo ignoraba y eso lo irritó aún más. No dudó en obsequiarle un nada amistosos puñetazo pero Khura le esquivó, tomando su muñeca para hacerle una llave y quedar así detrás de él.
-Parece que el cachorrito está enojado –le susurró Khura al oído- Que lástima que solo sea enojo. Seto se merece más.
-¿Qué?
-No te preocupes, yo cuidaré bien de él.
El rubio no pudo replicar pues el otro le giró con una fuerza impresionante que lo lanzó como al resto fuera de la arena, cayendo pesadamente de espaldas. Khura buscó la mirada de Seto y al encontrarla le sonrió feliz.
Los aplausos volvieron a aparecer y el marcialista se giró a saludar a los demás estudiantes. El castaño parpadeó confundido aunque con cierta angustia por Joey quien fue ayudado a levantarse por un profesor y luego por un casi lloroso Yugi que corrió a sujetarle. Kaiba sintió una opresión en el pecho pero prefirió ignorarlo, dándose media vuelta para salir del gimnasio.
-Eres muy valiente al venir conmigo, Mokuba.
-No digas eso, Kaho. Eres una chica linda.
-Askdfghj… uy, si… mira cuantos están babeando por mi. Bueno, en fin. Te decía que no sé como comprarme una montaña de cartas.
-Monte.
-Eso. Mi hermano dice que de puros monstruos pero no lo sé, no sé nada, es más. Sé que tengo el tiempo para practicar y esas cosas pero no doy con que cerro empezar.
-Monte.
-Como sea. Además no hay quien me enseñe. Todos en la Fundación son más rucos que mi padrino, apenas si saben que ya se inventó la luz eléctrica. Y mi hermano es un asno en los Duelos de Monstruos.
-Yo puedo enseñarte.
-Ay, Mokuba, eres un amor; pero sé de antemano que tienes cosas más importantes que hacer que enseñarle a esta fenómeno sobre duelos. ¿Me pasas ese libro viejo y gordo a tu lado?
Mokuba se giró para tomar con trabajo un pesado libro de pastas de cuero y hojas amarillentas que estaba en el suelo como él y Kaho, en una sala cerrada del Museo donde se exhibían piezas de los templos egipcios. La pelirroja lo tomó con sus manos vendadas para colocarlo sobre sus piernas cruzadas con un bufido. El olor a papel carcomido se hizo evidente cuando lo abrió.
-Oye, Kaho¿por qué usas vendas?
-¿Cuáles vendas?
-Las de tus manos.
-Son guantes.
-Ah.
El pelinegro observó a la chica fruncir su ceño al leer el libro lleno de inscripciones antes de tomar su maltratada libreta de apuntes y escribir apresurada unas cuantas notas.
-¿Qué es lo que buscan en este museo, Kaho?
-Algo de un Faraón. Ya sabes, asuntos de estado. El pobre murió bien joven y sin haber amado. Bueno, no, se casó con alguien por ahí. Ya sabes, lo usual: incesto, lujuria, poder…
Mokuba no pudo evitar sonrojarse.
-¿C-Cuál era el nombre de ese Faraón?
-Askdfghj… -Kaho revolvió una pila de papeles- … Atemu.
Tanto la boca como los ojos de Mokuba se abrieron sorprendidos. No tenía mucho que las aventuras con Yugi y los demás habían terminado con el regreso de Atemu al Egipto Antiguo. Quiso decir algo cuando recordó que la chica había mencionado sobre un matrimonio.
Atemu jamás se casó.
-Ka… ejem… Kaho, no sé tanto como tú pero me parece que ese Faraón nunca tuvo una pareja.
-¿Uh? –la pelirroja levantó su rostro hacia el chico- Eso no fue lo que leí. Espera, espera, espera…
Ella se levantó para ir hacia una mesa improvisada en un rincón donde trabajaba su laptop. Después de beber de su lata de refresco, se giró a Mokuba.
-No, mira; hace apenas tres meses que en Alejandría se encontró un verso laico hecho para una boda y menciona al hijo de Ra, Atemu y su consorte –Kaho tecleó un par de veces- Sip, Atemu y Seth, mira, mira.
El pelinegro ya sabía que su hermano mayor era la reencarnación de Seth del Egipto Antiguo y su estupor alcanzó límites insospechados para él cuando la joven se hizo a un lado para dejarle ver unos jeroglíficos egipcios con los nombres reales de Atemu y Seth en un papiro.
-¿Ves este dibujo raro? –señaló la pelirroja con su índice en la pantalla- Significa unión, matrimonio y tenemos las insignias reales. Una boda real. Diría que los casaron siendo niño como era la costumbre pero por alguna razón los separaron, aunque Seth regresó antes de que Atemu muriera, heredando su trono.
-¿Eso es… en serio?
-De los archivos en Berlín y Louvre tenemos algunos datos pero hay muchas lagunas de lo que pasó exactamente. Por eso andamos las tras pistas de ese Faraón y mi decodificador trabaja en estas piedras y por lo poco que ya he traducido, Atemu amaba con locura a Seth.
Kaho corrió a otro extremo donde estaba una enorme caja de la cual sacó unas notas suyas.
-Esto que te voy a decir es ultrasecreto, es una hipótesis de la Fundación. Tenemos sospechas de que Seth en efecto tuvo un heredero de Atemu y que le fue arrebatado al nacer. Si con el análisis de estas piedras conseguimos los datos que buscamos, podríamos hacer una búsqueda del heredero. Mi padrino apuesta a que esa línea de sangre no se perdió, de existir descendientes se compararían sus ADN con el del padre de Atemu que ya tenemos y ¡BAM¡Qué trancazo histórico!
-P-P-P-Pero… Seth fue un hombre.
-¿Qué¿Cómo sabes eso?... askdfghj… espera, mal pregunta¿cómo puedes afirmar eso?
-Pues… -Mokuba se rascó la cabeza sin saber como explicarle a Kaho- … ¡del Doctor Hawkins¡Eso!
-Oh, rayos, Mokuba. No le creas ni tantito a ese viejo loco. Sus tesis fueron refutadas por el gremio de científicos. Inventa lo que no es.
-No, Kaho, sé que es difícil de creer, pero Seth fue un hombre, un sacerdote… creéme.
La pelirroja frunció de nuevo su ceño, pero volvió a la caja de cartón, revolviendo su contenido para mostrarle al chico un fólder maltratado.
-Ve esto –le dijo sentándose de nuevo- Son copias de traducciones hechas por esta loca y evaluadas por los sabiondos del mundo egipcio. Son extractos de pergaminos inconclusos que hablan de un hombre cuyos hijos marcharon al Oriente para "salvarse". Lo curioso es que les decían hijos de Ra cuando eran solo campesinos nómadas. Esos descendientes se multiplicaron hasta Arabia, India, China y creo que hasta aquí, Japón. Son trozos sueltos realmente, pero con las mismas características. Serían mi aportación si estas piedras dicen lo que guardan.
-Kaho, te aseguro…
-Está bien, digamos que tu Seth fue un chico y que por lo tanto no hubo matrimonio ni heredero. ¿Por qué no aparece su figura en las piedras? Hay Faraones después de Atemu y ninguno menciona a tu sacerdote, cosa imposible… a menos que haya sido mujer.
-Pues, yo…
-No lo tengo aquí, pero si regresas mañana te mostraré una foto de un texto griego que alude a un papiro de Amarna donde dice "… porque el cielo de Ra ha enviado a mi hijo que crece en el seno de Seth… mi dulce aibou…" puño y letra de Atemu. Eso lo traduje hace un par de días.
-¿Cómo dices… aibou?
-Parecido, sí… es como… mmm… mi otro yo… los Faraones se referían a sus hijos como extensiones suyas. Lo usual¿por qué?
-Por nada.
-Ok, promete que no divulgarás lo que te he dicho. Mi padrino me matará si esto se sabe, aún está a prueba. Nosotros no anunciamos nada a menos de tener la certeza en la palma de la mano; no como tu doctor Arthur Hawkins, ese crédulo aún se chupa el dedo.
-Lo prometo –Mokuba salió de su perplejidad para notar la hora- ¡Oh, no¡Es tardísimo! Debo irme.
-Eso es cierto. Anda, no quiero que te regañe tu hermanote por mi culpa.
-Lamento si me comporté como un necio…
- Askdfghj… no te preocupes –Kaho le guiñó un ojo- La diferencia hace la creatividad. Eres muy lindo e inteligente, contigo si es saludable pasar el tiempo. Vete, vete ya.
-Hasta mañana entonces, Kaho.
-De acuerdo, Mokuba.
Con un adiós de la mano, la pelirroja esperó a que Mokuba saliera para volver a su trabajo de leer su viejo libro.
"… las costas del Caribe se han teñido de un color bermellón a una velocidad increíble. Los biólogos han declarado que la fauna y la flora no ha sido afectada por este fenómeno aunque no deja de sorprender el hecho de que esta coloración está creciendo hacia el Océano Atlántico. En otras noticias…"
Continuará…
