TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.
Tears of joy at the birth of a brother
Never alone from that time
Sixteen Years through knife fights and danger
Strangely why his life not mine
West side skyline crying
Fallen angel dying
Risk a life to make a dime...
Fallen angel
Fallen angel
West side skyline
Crying for an angel dying
Life expiring in the city
Fallen angel...
... (Fallen Angel, King Crimson)
CAPITULO III. EL DESPERTAR (parte 3 de 3)
Joey caminaba trabajosamente hacia el edificio donde vivía, apoyándose en la pared de los edificios en la acera para no agudizar el dolor de su espalda. No quería admitirlo pero Khura le había golpeado seriamente y además había mencionado a Kaiba con una familiaridad sospechosa. Sacó la llave de la entrada de su mochila para subir poco a poco las escaleras hasta tocar el tercer piso donde ahora habitaba; lejos de su abusivo padre quien fue recluido en un centro de rehabilitación cuando las cosas tocaron fondo.
El rubio alcanzó el tercer piso con un suspiro de alivio. Cuando estaba por introducir la llave de la puerta de su departamento, su vecina le habló.
-¡Joey, amor, tesoro lindo¿Cómo estás?
-Buenas tardes, Meiran –le saludó Joey con una sonrisa- ¿Tienes guardia esta noche?
Una bomba de chicle acompañó la negativa de la joven mujer.
-No, que va. Mi guardia es hasta mañana, en la estación llegaron los novatos y puedo descansar este día.
-Eres mala, Meiran.
-¡Que trabajen! Oye… ¿Qué te pasa?
La detective se acercó a Joey que ya se quejaba de su espalda.
-Una pelea.
-¿Otra?
-Esta vez fue sin querer.
-Así me dicen mis clientes cuando los encarcelo. Joey, Joey. Ven, vamos a mi casa. Te dalé un masalito oliental. Je, je, je.
La mujer de cabellos castaños y ondulados abrazó a Joey para llevarlo a su departamento y hacerlo descansar sobre un mullido sofá de colores mientras ella desaparecía por un pasillo angosto.
-Un día de estos terminarás en un hospital, Joey –le gritó desde su recámara.
-No debí hacerlo.
-Nunca debes –Meiran regresó con un frasco de ungüento- Anda, sin remilgos, quítate la chaqueta y la camisa.
Con algo de esfuerzo, el rubio se descubrió el torso y se dio vuelta para recostarse boca abajo al tiempo que la detective se preparaba para darle un masaje, arremangándose su playera negra y friccionando sus palmas como la antigua tradición china que le habían heredado. Ella dejó escapar una exclamación de sorpresa al mirar la espalda de Joey.
-Pero si tienes unos moretones mega horribles, Joey, pues¿con qué te pegaron?
-Con un solo pie.
-Eso no puede ser. Estos mallugones parecen más un golpe de animal salvaje, y tienes muchos en los costados –comentó Meiran, examinándolo- Pueden ser todo menos un pie, lo sé por experiencia.
-Fue un tipo de esos marcialistas profesionales.
-¿Eh?, ¿Cuál era su disciplina?
-Todas.
-¡Madre mía! Merecido lo tienes por necio.
Las manos gentiles de la joven comenzaron a pasar por la piel amoratada de Joey quien agradeció la atención y las enseñanzas de la abuela materna de Meiran –quien también era mitad americana- por enseñarle sus técnicas de curación. Cerró sus ojos para relajarse.
-¿Y Shashenka? –preguntó medio adormilado.
-Quedo de pasar al super después de sus clases, no tarda en llegar. Hey¿por qué no cenas con nosotras?
-No creo que…
-¡Puf! Me chocan tus argumentos. Quédate a cenar, Joey; así me ayudas a convencer a Shashenka de ir de vacaciones aprovechando que no tengo casos.
-¿No quiere ir?
-No y no puedo hacerla cambiar de opinión. Me super urge que se quite ese miedo suyo.
-Dale tiempo, Meiran.
-Le doy hasta mi alma para que se borre su pena. Listo. ¿Cómo te sientes?
Joey abrió sus ojos para sentarse, moviendo un brazo y luego otro.
-Pues ya mucho mejor. Gracias.
-Pomala ancestal. Nunca falla, ciertamente decía mi abuelita. Ya no pelees más¿de acuerdo?
-Tenía que, Meiran, el tipo me fastidió.
Ella negó con su cabeza.
-Vamos a preparar la cena.
Más descansado, el rubio volvió a vestirse, poniéndose de pie. Entre bromas traviesas le ayudó a su nueva amiga a preparar la mesa y calentar la cena que lucía apetitosa como su estómago lo confirmó con un gruñido.
-Gracias –le dijo maliciosa Meiran.
La puerta del departamento se abrió. Una joven delgada y alta de tez pálida y cabellos rubios, casi plateados, entraba por ella cargando los víveres.
-¡Bienvenida, amor! –exclamó la detective, llegando a brincos para darle un beso rápido- ¿Qué tal tus alumnos?
-Muy bien, gracias –respondió Shashenka en voz baja, sus ojos verdes se posaron en Joey- Hola, pequeño.
-¡Hola Shashenka! Déjame ayudarte con esas bolsas.
-Gracias.
-Lo invité a cenar, el pobre anduvo de perro y lo apalearon bien y bonito.
-¡Meiran!
La rubia esbozó una débil sonrisa, dejando sus cosas en la barra de la cocina y su pequeña mochila de donde colgaban sus zapatillas de ballet en el sofá. Joey puso el último cubierto en la mesa y los tres se sentaron a la mesa para cenar. Mientras Meiran destapaba un jugo de uva le dio una leve patada a Joey para señalarle con la mirada a su pareja que comía en sepulcral silencio.
-Oye, Shashenka –empezó el rubio- Te veo algo cansada, necesitas distraerte un poco.
-Estoy bien, gracias.
-Oh… claro, sí… tú, Meiran¿tienes algún caso que contar?
-Nopis. Ciudad Domino está tranquila y en paz.
-Uy, sería excelente oportunidad para que salieran de paseo…
-No puedo dejar mis clases de ballet –le cortó la rubia.
-Mmm, pero Joey tiene razón, por unos días no se morirán tus alumnos, preciosa. Anda, un viaje chiquitito chiquitito¿sí? –suplicó Meiran juntando sus manos.
Shashenka miró a Joey y luego a Meiran.
-No tenemos el dinero y lo sabes.
-Joey nos prestará de su pensión.
-¿Qué…? –la detective pateó de nuevo al rubio- Oh, sí, sí, yo les presto.
-¿Lo ves? No hay problema.
-Meiran…
-Vamos, nena. Necesitamos salir. No lo hemos hecho desde que nos mudamos aquí.
-¿Estás reclamando algo?
-No… Enka, yo… -Meiran dejó sus cubiertos- Es por tu bien… lo sabes…
La joven maestra de ballet se quedó quieta antes de llevarse una mano a su boca para callar un repentino sollozo y salir disparada a su recámara cuya puerta cerró de golpe. Meiran se mesó su maraña de cabellos.
-Nunca lo lograré –suspiró melancólica.
-Meiran, con todo respeto…
-No funcionó, Joey –se adelantó ésta- El terapeuta renunció a verla… es que es tan hermética… yo… no consigo sacarla de ahí.
Meiran alargó un brazo para alcanzar un dulcero de la barra de la cocina y tomar un puño de gomas azucaradas que comenzó a llevar a su boca. Un hábito que adoptó en lugar de fumar cuando la ansiedad la atacaba.
-Esto ya te está afectando a ti también –comentó Joey.
Él no sabía cual era el problema de Shashenka y a juzgar por la forma en que siempre terminaban los intentos de Meiran, parecía ser grave.
-Lo sé, peque, lo sé. Mi Enka sufre mucho pero juro que le voy a encontrar remedio.
Su dotación de gomas se agotó y buscó otro puño más.
-Meiran¿por qué no tratas de nuevo de hablar con su familia?
-A menos que desee morir crucificada, lo haría. De todos modos, esos buenos para nada supersticiosos fetichistas no tienen nada que ofrecer.
-Oh.
Joey terminó su bocado y se levantó.
-Gracias, Meiran, pero creo que es mejor que las deje solas.
-Llévate la cena, mi Joey. Esta será una noche muy larga.
-Gracias de nuevo. En verdad deseo que superen esto.
-Y yo… y yo…
Salomón bostezó al bajar el último escalón, entrando a su Tienda de Juegos camino a la puerta que ya había cerrado previamente.
-¿Quién puede ser a esta hora?
Quitando los seguros, abrió la puerta. Un mensajero tenía un paquete en mano junto con un recibo a firmar.
-¿Yugi Mutou? –preguntó.
-Esta es su casa y yo soy su abuelo.
-Este paquete es para él¿puede firmar de recibido?
-Seguro.
Después de entregar el recibo firmado, Salomón despidió al mensajero y cerró la puerta, leyendo el remitente del envío.
-¿Egipto?
Sacudió apenas la caja pero no escuchó sonido alguno que le dijera su contenido. Subió las escaleras, llamando a voces a su nieto.
-¡Yugi¡Yugi¡Trajeron algo para ti!
-¿Qué es abuelito? –preguntó éste, saliendo de su habitación.
-De Egipto, mira.
Salvo el remitente, la caja era completamente blanca. Yugi la tomó, regresando a su recámara con Solomon tras él, lleno de curiosidad. El chico tomó unas tijeras para cortar los sellos de seguridad y abrir el paquete sobre su cama. Una carta saltó a la vista. Solomon la tomó de inmediato.
-¡Abuelito!
-Ve que más hay en el interior. Yo leeré esto.
Yugi se cruzó de brazos en tanto Solomon aclaraba su garganta.
-"Yugi,
Ha sucedido algo extraordinario que no puede esperar. Tenemos una inesperada visita que ha pedido verte lo antes posible. Cuenta con nosotros, amigo. Un nuevo peligro se avecina.
Marik Ishtar."
-¿Marik? –cuestionó el tricolor sorprendido.
-Así lo dice¿Qué hay en la caja?
Tanto Yugi como Solomon se inclinaron cuando el primero metió sus manos dentro del relleno de unicel que abarrotaba la caja.
-¡No puede ser! –gritó el chico al sentir lo que había dentro.
-¿Qué pasa, Yugi?
Con asombro en su expresión, Yugi sacó de la caja el Rompecabezas del Milenio.
-¡Kami sama¡El Faraón! –exclamó atónito Solomon- ¿Qué está ocurriendo?
El timbre del teléfono sonó al momento, haciéndolos respingar. El anciano se puso de pie para ir a contestar. Yugi, con manos temblorosas, se colocó como antaño el Rompecabezas.
-Yami- murmuró emocionado.
Una luz brillante salió del artículo. Con el corazón latiéndole a mil por hora, Yugi contempló la imagen etérea de su antiguo amigo y protector, su esencia y la reconocible unión de sus mentes.
-Aibou… -habló Atemu.
-¡Yami! –Yugi se levantó, deseando poder abrazar al Faraón, quien le sonrió.
-Para mí también es una dulce sorpresa. Solo lamento que sea en estas condiciones.
-¿Qué sucede, Yami?
-El Libro de los Muertos ha desaparecido –los ojos de Atemu brillaron al contemplar a quien le salvara incluso de sí mismo- Un peligro como ninguno otro se cierne sobre la humanidad.
-¿Qué? Pero… tú… ¿cómo pudiste volver en el Rompecabezas?
-Sin el Libro de los Muertos, Anubis no puede retener las almas pues desconoce el nombre verdadero de su corazón. El Inframundo ha liberado a sus prisioneros, pero no porque el dios chacal lo ordenara; alguien o algo abrió sus puertas. Y lo hizo con un poder maligno que jamás se haya visto.
-¿Y tú…?
-Osiris me permitió buscar los Artículos del Milenio para ayudarle en estos extraños acontecimientos. He usado el Rompecabezas para cruzar el umbral de la Muerte y ponerles sobre aviso.
-Hay algo que no comprendo, Yami. El Libro de los Muertos está aquí. ¿Cómo puede Anubis perderlo?
-Te aseguro que el libro ha desaparecido e ignoro el por qué. Solo un dios puede usarlo y ese es Anubis.
-Esto es horrible.
-Así es. Ese poder que nos amenaza luce mucho más fuerte que el Reino de las Sombras. No puedo detener el robo del libro aquí, pero puedo seguirle el rastro con el Ojo del Milenio y dar con quien esté detrás de todo esto.
-¡Oh, Yami! Te aseguro… -Yugi volvió a respingar cuando su celular en su escritorio sonó- Que momento de interrumpir, espera.
Atemu le miró extrañado cuando aquél se sonrojó con fuerza contestando la llamada.
-¿Sí?
-Buenas noches, cariño. ¿Estás bien?
-Sí, gracias.
-¿Qué pasa? Te oyes alterado.
-Es algo… tenemos que hablarlo en persona.
-Seguro, sabes que me encanta…
-Me refiero a todos, Tea, Tristán, Ryou…
-Ah… ¿pues que ocurrió?
-Llámalos a todos y vengan a mi casa, por favor¿sí?
-De acuerdo, amor. Te veo en unos minutos.
-Está bien.
-Te amo.
-Y yo.
Yugi colgó, mordiéndose un labio. Levantó su vista al notar el silencio y quietud del Faraón.
-¿Era… Joey?
-Sí¡oh, lo olvidé! De nuevo estamos unidos –el carmín de Yugi se oscureció- Pues… sí, Yami… Joey y yo… somos novios…
Yugi calló, con cierto desasosiego que no comprendió. Durante breves segundos juraría que la mirada de Atemu se quebró al punto del llanto pero fue un episodio fugaz pues el Faraón recobró la compostura.
-Me alegro por ti, aibou.
-Yami…
-¡Ra nos ampare¡Atemu! –gritó jubiloso Solomon al entrar de nuevo a la recámara- Faraón, es un placer verte de nuevo, aunque creo que las circunstancias no son las mejores.
-A mi también me da alegría volver a verle, señor.
-Na, llámame Solomon que ya somos viejos amigos.
-Es verdad –sonrió Atemu.
-¡Rayos! Quisiera quedarme pero debo dejarlos.
-¿Qué sucede, abuelito?
-El Doctor Hawkins enfermó. Está en Tokio en un hospital.
-Pero¿por qué?
-Le han retirado su permiso de investigación. Tiene serios problemas con la ley, algo de demandas y restricciones.
-¿Pero que le sucedió? –fue el turno de Atemu para preguntar.
-Eso no lo sé, su asistente no me dijo gran cosa. Pero debo irme o no alcanzaré el vuelo. Bienvenido, Faraón, ésta es tu casa.
-Gracias… Solomon.
-Nos vemos luego, Yugi. No dejen de avisarme si sucede algo.
-Sí, abuelito.
En cuestión de minutos Solomon se había marchado, dejando solos a Yugi y Atemu. El joven duelista se encontró nervioso ante el silencio inquietante del Faraón.
-Bueno, creo que es mejor cambiarme la pijama; quizá tengamos que salir.
-Está bien, aibou.
Yugi abrió su clóset, buscando algo que ponerse. Atemu estaba reprimiendo sus pensamientos –lo sentía- al igual que sus emociones. El Faraón se movió hacia la ventana para mirar al cielo.
-¿Cómo están todos? –le preguntó al chico.
-Oh, muy bien, Yami. Tú sabes, en la escuela, siguiendo nuestros sueños. Tristán con sus motos; Tea con su danza; Ryou con sus estudios…. Joey trabajando y mi abuelito y yo con la Tienda.
-¿Y Seto?
-Ah, sí lo olvidaba… sí… Seto y Mokuba siguen con lo de los Duelos y Kaibalandia… planean irse a América en cuanto termine el ciclo escolar.
-Bien.
Terminando de cambiarse, el chico le miró de reojo. El Faraón estaba más que feliz de verle no hace mucho y ahora lucía muy serio. Se giró para cuestionarle sobre su cambio cuando el timbre de la casa sonó, cortando sus intenciones.
-¿Moki?
Seto tocó levemente la puerta de la recámara de su hermano antes de abrirla. Mokuba estaba más abstraído hacia la ventana sin hacer caso de un libro que ya se resbalaba de su regazo.
-El conocimiento no se transmite por osmosis, Moki.
-¿Eh¡Ni sama! No te escuché –el pelinegro se sonrojó- Yo… bueno… ¡estoy estudiando!
-Je. Dime Mokuba. ¿Qué te tiene tan distraído?
-Nada…
El ojiazul enarcó una ceja.
-Y yo soy una princesa.
-Quizá.
-¿Qué?
Sentándose al lado de su hermano, Kaiba le miró fijamente.
-¿Qué fue lo que insinuaste?
-Yo… no es lo que piensas… Seto¿crees que en el pasado… tú y Atemu… pues…?
-Dilo ya.
-¿Tuvieron algo que ver?
-¿Algo que ver? Sigo sin comprender.
-Bueno, pues ustedes fueron muy unidos en el pasado y me preguntaba si… pues… quizá… hasta se casaron –dijo Mokuba rápidamente sin atreverse a levantar su mirada.
El silencio reinó unos instantes antes de que Seto se echara a reír con ganas.
-Pero¿qué fue eso? Excelente broma, Moki.
-No, es en serio…
-Moki –el ojiazul palmeó su hombro- Si en eso has estado gastando tu tiempo, lo has desperdiciado de manera monumental. Jamás había escuchado tal disparate tan ingenioso.
-Oh… -Mokuba alzó su vista- ¿Te hubiera gustado que así fuera?
-¡Claro que no! Además, nunca he sido muy afortunado en el amor –dijo Seto de manera inconsciente.
-Todo puede cambiar, Ni sama.
-Estábamos discutiendo tu distracción si no mal recuerdo. ¿De quien se trata?
El rubor renació en las mejillas de Mokuba.
-Yo… es que… solo es una amiga…
-¿Y esa "amiga" tiene un nombre?
-Ka… ejem… Kaho.
Una sonrisa melancólica apareció en el rostro del ojiazul. Al menos su hermano tenía mayores esperanzas para enamorarse.
-Cuéntame de ella –le animó.
-¡Oh, Ni sama! Verás…
-Sólo denme un minuto para respirar –dijo Tristán con un bufido.
Tea, Ryou, Tristán y Joey habían llegado a la casa de Yugi para encontrarse con la inesperada presencia de Atemu y una terrible noticia detrás de él. Después de una breve introducción, todos callaron meditando lo que el Faraón les había dicho.
-Parece que los canallas no se acaban –comentó Joey.
-Y volveremos a las aventuras –terminó Tristán.
-Puede ser peligroso –les advirtió Atemu de pie tras Yugi.
-Vamos, Faraón. Siempre hemos estado juntos¿o no?
-Así es, Tea.
-No te preocupes, no dejaremos que se salgan con la suya.
-Debemos avisarle a Kaiba y a Mokuba –opinó Ryou.
-Ese engreído no nos creería nada y menos ahora que nos condenó con su lista de deberes escolares.
-Es en serio, Tristán. Yami acaba de decir que robar el Libro de los Muertos solo significa una calamidad para la humanidad.
-Lo que me recuerda, Atemu. Dudo mucho que se roben aquí ese libro, está celosamente protegido. Si lo intentan, de inmediato los encontraríamos.
-De eso no estaría seguro, Tea, peor aquí no tendrían la ventaja que poseen en el Inframundo. Ese rastro delator nos ayudaría a identificarlos.
-También me preocupa lo del doctor Hawkins –intervino Ryou- ¿Qué le habrá ocurrido?
-¡Ah! Suceden tantas cosas y yo no entiendo nada –reclamó Joey con una mueca de hastío.
-Nunca entiendes.
-¡TEA!
Joey se giró en el sillón para obsequiarle una careta teatral pero su rodilla aplastó el control de la televisión que se encendió de inmediato.
-¡No es momento de ver caricaturas, viejo!
-¡Es culpa de Tea, Tristán¡Yo no fui!
-Ahora es mi culpa.
-Chicos…
-No me provoques.
-Si eres todo un bravucón, Joey.
-Tea, te lo advierto.
-Es cierto, hermano, siempre muerdes a la primera provocación.
-Hey, Tristán¿de parte de quien estás?
-Chicos…
-Je, je. Cálmate, Joey. Ya sabemos lo "fuerte" que eres.
-¿Te burlas, Tea?
-¡Ustedes! –llamó Yugi en voz alta.
-¿Qué pasa?
Un anonadado Ryou les señaló el televisor. Todos dirigieron su mirada a la pantalla que mostraba un noticiero.
-"… los responsables de la seguridad del Museo declararon que, efectivamente, Rebeca Hawkins usó el pase de su abuelo, el renombrado investigador, Doctor Arthur Hawkins para acceder a las instalaciones del museo y hackear el sistema de seguridad; lo que le permitió hurtar el Libro de los Muertos cuyo paradero se desconoce así como la autora del robo. Esta enorme pérdida de patrimonio cultural ha hecho que se levanten cargos en contra del Doctor Hawkins y su nieta por abuso de confianza, entre otros delitos. Todas las agencias de investigación del mundo están monitoreando cualquier evidencia que ayude a recuperar uno de los más grandes tesoros del mundo antiguo. En otras noticias, una inesperada lluvia ácida en Siberia…"
Todos los presentes tenían el rostro desencajado de incredulidad. Ninguno de ellos cabía en su asombro al ver el video de seguridad donde la chica rubia que ya conocían tomaba con toda alevosía el libro ancestral para echar a correr. De ese modo, pasaron varios minutos de anonadada quietud antes de que Tristán finalmente expresara, con toda la fuerza que sus pulmones podían darle, lo que todos pensaron en ese momento.
-¿QUE ESTÁ PASANDO AQUÍ?
Continuará…
