TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
¿Que daño puedo hacerte con quererte?
Si no me quieres tu, yo lo comprendo
Perfectamente sé, que no nací yo para ti
Pero que puedo hacer, si ya te quiero
Déjame vivir de esta manera
Te quiero tal y cual sin condiciones
Sin esperar que un día, tu me quieras como yo
Consciente estoy mi amor, que nunca me querrás.
… (La Diferencia, Juan Gabriel)
CAPITULO IV. NAUFRAGOS.
-Ah, entonces, esta es una carta¿Qué?
-Trampa –respondió Mokuba por décima vez.
-Una carta tramposa me ayuda a bloquear un ataque o en su defecto a convertirlo en uno mío.
El pelinegro se dio en la frente con una risita.
-Ya estás comprendiendo, Kaho.
-Askdfghj…
La pelirroja dejó su carta en el suelo para mirar otra al tiempo que daba un mordisco al emparedado que el chico le había traído. Seguían en la misma sala, solo que ahora las paredes estaban llenas de transcripciones de Kaho con algunas notas subrayadas.
-Esta… ñam… es una carta… ñam… ¿defensiva?
-Defensa, sí –concedió el chico.
-Con esta en el patio puedo proteger mis signos vitales –Mokuba no pudo reprimir su risa- ¿Qué, qué dije?
-Es campo de duelo y son puntos de vida.
Kaho le miró como si le hubieran salido dos cabezas.
-¿En serio?
-Sí, Kaho.
-¿Y qué dije?
-Patio y signos vitales.
-¿A poco?
-Sí.
-¿Cómo es?
-Campo de duelo y puntos de vida.
-¿No dije eso?
-No, tú… -Mokuba levantó su vista para encontrar la maliciosa de la chica- ¡Oye!
-Je, je, pero en serio¿Qué no es lo mismo?
-No.
-Hombres…
La laptop de la pelirroja sonó anunciando el término de su trabajo. Kaho se levantó, sacudiéndose las migajas de su cara para ver el resultado. Mokuba le siguió, curioso de saber como trabajaba.
-¡Me lleva la misma que me trae! –exclamó la chica.
-¿Qué pasa, Kaho?
-Askdfghj… falta la parte donde se dice cual era el parentesco de Seth con Atemu, su cronología –gruñó, jalándose sus trenzas- ¿Quién sería el imbécil que borró esa parte en la piedra?
-¿No dice algo más?
-Nada que valga la pena.
-¿Puedes decirme?
-¿Quieres aburrirte? Bien, -Kaho entrecerró los ojos para leer la pantalla- "La gloria de Ra se anuncia bendita en este día agraciado donde las doncellas caminan con cestos de lirios perfumados, llamando a Isis con sus cantos dulces…"
-Está bien –le cortó Mokuba- Comprendo…
-Lo que sí hay es algo extraño –la chica se inclinó para mover la pantalla y cambiar las hojas del documento- Parece ser que en la época del padre de Atemu se hicieron unas piezas que luego éste usó y según se relata fueron codiciadas incluso por extranjeros.
-Los Artículos del Milenio –dijo el pelinegro sin pensar.
-¿Qué?
Kaho se volvió asombrada. Mokuba se rascó la cabeza, nervioso.
-Nada, pensé en voz alta otra cosa.
-Si tú lo dices –le pelirroja se volvió a su computadora- Lo importante es que Atemu y Seth usaban los mejores y juntos les proferían un poder ilimitado sobre sus súbditos. Luego, al morir Atemu; Seth usó ambos, trayendo la paz a su reino pero murió pronto y sin herederos y la siguiente dinastía ocupó el trono de Egipto…
De súbito, Kaho dejó su lectura para buscar en su caja de cartón con desesperación, haciendo a
Mokuba acercarse par ayudarle, escuchando lo que murmuraba mientras sus manos vendadas revolvían una montaña de documentos.
-… la tumba estaba intacta y no hubo ladrones… cuando entraron los persas no se llevaron nada… una caravana murió en los pasadizos secretos… Atemu…
-Kaho¿te has enterado de que robaron el Libro de los Muertos?
-¿Ah? Ah, sí.
-¿Sabes quien, verdad?
-Sip, Rebeca Hawkins, la nieta de tu adorado Doctor Hawkins.
-Bueno…
-La idiota no se acordó del video interno de seguridad.
-Pero¿por qué…?
-Por fastidiarnos. Le necesitábamos para culminar esta investigación.
-Kaho, eso no es…
-¡Aquí está¡MIRA!
Mokuba olvidó lo que iba a decir al contemplar un bajorrelieve en estuco de una pareja que sin dudarlo era Atemu y Seth por sus rasgos conocidos. El Faraón se encontraba sentado en una silla mientras que Seth a sus pies le ofrecía lo que parecía una copa de vino. Atemu portaba los báculos faraónicos y el signo solar les rodeaba.
-¿Qué…?
-Aahh… es una escena "doméstica". Si notas el Faraón viste piel de leopardo como cuando salía de cacería y su consorte le recibe con una jofaina de vino además de un cesto de frutas si miras bien en su regazo. ¿Qué tal, eh? Salidita de su cofre blindado, allá en Londres. Las personitas alrededor son su corte chismosota. El artista describe que los ojos de Seth son hermosos al mirar a Atermu; lo que es igual a decir que estaban enamoradísimos como Akenatón y Nefertiti…. Askdfghj…
El chico observó con más detalles la figura antigua de su hermano, quien traía puesta una túnica delgada sin nada en la cabeza salvo una delgada diadema, pero no podía negar que ése era Seto, pues su perfil era exacto a la pieza que se hallaba en esa misma sala, la cual Kaho le había dicho estaba mutilada a propósito de su contenido.
-¿Cómo…?
-Je, je. Veo que te impactó –Kaho bajó la foto para echarle un vistazo- Se le conocía como la estela T367, porque no se encontraba su ubicación cronológica. Imagínate que hay otras 366 atrás. Uno de los Decanos de la Fundación recordó haberla visto y mira, tuvo razón el viejito. Mi padrino le solicitó a Londres revisar el resto de las estelas, que flojera en serio, pero si hay otra como esas estamos a pelos de confirmar nuestras hipótesis.
-Entonces Atemu y Seth si se casaron –musitó asombrado Mokuba.
-Uhhh, pero te tengo un notición, Mokubita lindo.
-¿Qué?
-Hallaron el sarcófago de Atemu con su cuerpecito intacto. Los forenses esos medio paleontólogos lo van a estudiar. Ahora si vamos a saber de que murió nuestro joven Faraón, que comía, como dormía, cuantos orgasmos tuvo…
-¡Kaho! –el rubor apareció de nuevo en el pelinegro.
-¿Pues qué¿A poco no sería fabuloso averiguar cuantas veces se cogió a su Seth?
-¡NO HABLES ASÍ DE MI HERMANO!
El zumbido de la laptop trabajando fue lo único que se escuchó en los siguientes minutos. Kaho frunció su ceño, clavando sus ojos en Mokuba que solo atinó a pasar saliva. Se mantuvieron de esa manera un tiempo considerable antes de que la pelirroja se relajara con una mueca pícara.
-Si ya no la controlas, no la fumes, Moki.
-Sí… ji, ji.
Rodando sus ojos, Kaho se volvió a su lugar frente a sus cartas recién compradas.
-Bueno, veamos. Entonces decimos que una carta defensora en mi parcela me protege pero si le agrego una tramposa hasta mi rival puede perder kilos de vida al atacarme¿estoy bien?
Mokuba suspiró resignado.
-Es un comienzo…
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
El salón de clases estaba vacío de sus estudiantes, con la luz rojiza de la tarde bañando el aula y los pupitres solitarios de madera. Seto escribía concentrado algunos apuntes, sentado en una esquina del salón, con una mano cubriendo su frente. Miró su reloj para consultar su hora y continuar trabajando. La puerta del salón se abrió despacio y en silencio, entrando por ella Joey. El rubio se le acercó despacio a Kaiba, con su morral en el hombro.
-Entrega tu reporte al prefecto, no a mí, Wheeler –habló el ojiazul sin levantar la cabeza- El te dará tu liberación por retardo.
-No vengo a eso, kaiba.
-Estoy ocupado.
El rubio tomó una silla para sentarse al lado de Seto.
-Pues tendrás que escucharme. Esto no puede seguir así.
-¿Seguir qué?
-Tu actitud, tu estado. Estás deprimiéndote, Kaiba.
-¿Y a ti eso que te importa?
-Es que… no debe ser… Kaiba, yo…
-Sí, ya me quedó claro. Puedes irte.
-No puedo seguir viéndote como cada día empeoras.
-¿Es decir que te sientes culpable? –Seto irguió su cabeza- Me pregunto que opinaría tu Yugi de eso.
-¿Por qué eres tan difícil?
-¿Por qué eres tan idiota?
Joey se mesó los cabellos.
-¡Por favor, Kaiba! Estoy tratando de ayudar.
-Nadie te dijo que lo hicieras. Largo.
La mochila del rubio cayó al suelo cuando éste se paró de súbito con la intención de tomar por el cuello a un prevenido Seto que de inmediato saltó de su silla, chocando su espalda contra la pared.
-No te atrevas a tocarme –siseó el castaño.
-¡Pues deja de hacerme esto!
Kaiba apretó sus puños, conteniendo su frustración. Verle esa expresión de reproche en Joey estaba resquebrajando unos muros mentales que atentaban con desplomarse en cualquier momento. El ojiazul desvió su mirada para serenarse.
-Fuera de mi vista, perro.
-No puedo y menos que ahora Atemu regresó. Sabes que estaremos involucrados, quieras o no.
-Que excusas más tontas –Seto se adelantó para guardar sus cosas- Tengo asuntos reales que atender, Wheeler.
-¡Por una maldita vez…!
Joey tomó la muñeca del castaño para detenerle pero éste se revolvió furioso de su agarre, obligando al rubio a sujetarle por ambas muñecas. Ambos forcejearon violentamente. El pie de Joey tropezó con una de las patas del pupitre, haciéndolo trastabillar y caer con el ojiazul encima. El golpe los aturdió un poco, dejándolos quietos hasta que Kaiba trató de zafarse una vez más.
-Suéltame –murmuró a Joey con una voz no muy segura. Sus ojos azules dejaron entrever un dolor amargo que notó el rubio.
-Seto…
Éste se removió, liberándose al fin para levantarse veloz sin mirar a Joey, terminando de recoger sus útiles y saliendo aprisa del salón.
-¡No, no te vayas¡Yo…! –Joey se puso de pie para alcanzarlo pero el pasillo ya estaba vacío- ¡RAYOS!
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
La casa de los Mutou se encontraba quieta, sin más sonido que el de la televisión encendida en la Tienda. Yugi miraba sin mucho entusiasmo un documental, jugando con una cuchara en un helado ya derretido dentro de un tazón. Sus ojos cayeron metros más allá donde Yami contemplaba las cartas de duelo en su estante de exhibición.
-¿Qué sucede, Yami?
Los ojos violeta de éste se posaron en el chico.
-Nada, aibou¿por qué la pregunta?
-Has estado muy callado.
-Sólo pienso en lo que haré en contra de esta amenaza anónima.
Yugi sintió una punzada en el pecho. Atemu había dicho "haré" y no "haremos" como solía ser y como le gustaría que fuera.
-Cuentas conmigo, Yami y con todos tus amigos.
-Lo agradezco, aibou –replicó el Faraón, volviendo su vista a las cartas.
El joven duelista dejó su razón en una mesita al lado suyo. Ahora que Atemu volvía con plenos poderes, inmiscuirse en su mente era imposible. Algo preocupaba al Faraón y no era lo que les había relatado a todos noches atrás. La aún no definida catástrofe estaba muy lejos de ser la pena que llenaba la mirada del antiguo espíritu.
-Yami¿puedo hacerte una pregunta?
-Seguro, aibou.
-¿Te molesta que Joey y yo seamos pareja?
Girándose hacia Yugi, el Faraón volvió a mirarle.
-Tu felicidad es alegría para mí, Yugi.
-Eso no fue lo que te pregunté.
Atemu bajó su rostro unos segundos antes de volver a hablar.
-Algo le ocurre a Seto.
-Yami, no cambies…
-Una pena le embarga. Es tan grande que Kisara se ha inquietado.
-Yami… -Yugi parpadeó comprendiendo la seriedad de sus palabras- ¿Ahora mismo?
El chico tricolor ya no tuvo respuesta. La figura etérea del Faraón desapareció por completo, dejándole solo.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
-Ni sama…
Los brazos de Mokuba rodearon por completo los hombros temblorosos de su hermano que se apoyaba en su pecho, sin poder controlar ese estremecimiento en su cuerpo.
-Llora, hermano, lo necesitas.
-No puedo. No sé.
Ambos Kaiba permanecieron así, abrazados, en la recámara del ojiazul, sin notar la fantasmal presencia de Atemu quien miró asustado la escena, sin saber si hablarle a los hermanos o guardar un respetuoso silencio hasta que su otrora primo ancestral se recuperara. La tarde se convertía en noche y la habitación fue quedando en penumbras.
El pelinegro apretó con fuerza el cuerpo de Seto como queriendo desaparecer ese dolor que le estaba consumiendo –y acabando con él- al tiempo que sus ojos se rozaron. Su mirada cayó entonces en Atemu y parpadeó confuso unos momentos ante de reaccionar.
-¡Kyyyaaaaa¡ATEMU!
Los dos hermanos se pusieron en guardia con el alarido del chico. El ojiazul encendió las luces para encontrar a un Faraón mirándole serio aunque con compasión.
-¿Qué demonios haces en mi casa? –rugió airado el castaño- ¿Quién te dijo que puedes estar aquí¿Qué haces aquí?
-Ni sama¿qué está ocurriendo?
Atemu solo le miraba atentamente sin decir nada lo que molestó a Seto.
-Por última vez, lárgate de mi casa –advirtió Kaiba de frente al Faraón.
-Suéltalo, Seto. Tienes la fortaleza de Seth dentro de ti.
-No voy a escuchar más –el ojiazul se encaminó a las puertas de la recámara- Yo me voy.
Esas puertas se cerraron de golpe sin que nadie las moviera.
-No me lo parece –sentenció Atemu.
-A-Atemu… -murmuró Mokuba- ¿Tú puedes hacer eso?
-Y más. Lo que sea necesario para que me escuches, Seto.
-¿Por qué habría de hacerlo?
-Porque creo él te puede obligar, Ni sama.
Kaiba se giró hacia su hermano, dedicándole una mirada de reproche antes de volverse al Faraón para un duelo de miradas de donde salió victorioso Atemu.
-Yo… está bien.
Mokuba y Seto se sentaron al pie de la cama con el castaño cruzado de brazos y piernas. Atemu caminó hasta quedar frente a ellos.
-Seto, sabes de antemano que el Libro de los Muertos fue robado, pero no por Rebeca como quieren hacernos creer, sino por una fuerza maligna.
-Ezquizofrenia, Atemu –terminó kaiba.
-Hermano…
-No, alguien más se hizo pasar por ella para simular un robo normal. Quien lo hizo, posee unos poderes mayores que lo que hemos visto antes porque no solo robó el Libro, sino que ha destruido la barrera que divide el mundo de los muertos con los vivos.
-¿Qué…? –exclamó Mokuba muy atónito- ¿Cómo…?
-Anubis ya no tiene el control de las almas. El Inframundo ahora es un peligro para la propia humanidad. Debemos detener la catástrofe.
-¿Debemos? –inquirió con sorna el ojiazul.
-Deja de ignorar tu pasado, Seto.
-Dejaré de hablar con espíritus, eso haré.
-Hermano, Ryou ha tratado de decirnos algo, creo que es mejor escuchar a Atemu.
Bufando con hastío, el castaño cerró sus ojos.
-¿Por qué alguien desearía el Libro de los Muertos? –le preguntó a Atemu.
-Supongamos que Anubis tiene una especie de inventario de almas, sin ese libro, no puede saber si se ha escapado o se han robado una de ellas. El que obró este hurto deber haber tomado un alma que ya dormía en los reinos de Osiris y que Anubis resguarda por tanto.
-¿Quién querría una alma así?
-No lo sé, Seto. Solo alguien que puede darle un uso útil y aún no veo cual puede ser. De revivirle, tendría que darle un cuerpo o algún "huésped" pero eso hasta una persona común lo hubiese notado aquí. Implica un despliegue de poder que tuvo que ser detectado. ¿Tus dragones blancos han brillado alguna vez?
-Claro que no –contestó Kaiba.
-Yo tampoco he podido detectar un poder así. Ese es mi gran temor, que ese poder maligno es tan fuerte que no puede ser encontrado –explicó Atemu- En el reino de los dioses todo es caos, pero aquí todo está tranquilo, sospechosamente tranquilo.
-¿Puede ser ese ser… el que apareció en el Egipto Antiguo? –intervino Mokuba.
-No. Ha sido condenado ya al Reino de las Sombras, que ha sido sellado por el mismo Osiris.
-Esto ya suena a demencia.
-Seto, no puedes seguir ignorando todo esto y mucho menos en tu estado. Son demasiadas coincidencias.
-¿Mi estado? Hazme el favor de largarte de mi casa.
-Ni sama…
Kaiba y Atemu volvieron a un duelo de miradas. Mokuba les observó unos instantes, sin detenerse a pensar en las palabras que salieron de su boca.
-Realmente parecen el matrimonio que fueron.
Dos pares de ojos se fijaron en él de inmediato.
-¿Qué dices?
-Err… nada Atemu, volví a pensar en voz alta.
-Eso es algo más que ya no quiero oír, Mokuba. Tú y tus ideas solo le darán más alas a esta alucinación nuestra.
-¿Qué ideas? Me gustaría escucharlas.
-¡No vas a escuchar nada, Atemu! Esto se acabó. No te atrevas a decirle nada, Mokuba o verás.
Sin embargo, el Faraón tenía clavados sus ojos violetas en el chico que no pudo despegarse de esa mirada poderosa y profunda. No tardó mucho para que la expresión de Atemu fuese de asombro aunque también de cierta confusión, posando su mirada en el castaño que solo veía de reojo a ambos, con abierta desesperación.
-¿Casados? –dijo al fin el tricolor con estupefacción.
-No te ilusiones tanto –bufó Kaiba- Son solo ideas tontas de…
-¡Kaho no es ninguna tonta¡El tonto eres tú!
El pelinegro se puso de pie claramente ofendido, con una mirada de reproche hacia su Ni sama.
-Moki, yo… lo siento…
El chico no le respondió, saliendo de la habitación con un portazo. Seto suspiró, llevándose ambas manos al rostro y masajear sus sienes mientras Atemu seguía observándole como si quisiera comprobar los pensamientos que había leído de Mokuba sobre el supuesto pasado entre ellos dos.
-Sin embargo, esa chica le mostró pruebas… pruebas imposibles de existir…
-Ahora debo lidiar con mi conciencia –murmuró el castaño con sarcasmo.
-Seto, algo muy raro está sucediendo aquí. ¿No lo ves? Lo que sea que esté manipulando el Inframundo sin duda está manipulando la historia también. Es peor de lo que había creído… ¿Seto?
Éste se había quedado inmóvil, con la mirada perdida y los brazos caídos a los costados de sus piernas, aún sentado en la orilla de la cama. Atemu se acercó a él deprisa, con una mano pasando frente al rostro del ojiazul para despertarle pero no tuvo resultado. El Faraón usó entonces su Rompecabezas del Milenio.
Nada.
-¿Seto?
El tricolor desapareció y apareció en la habitación de Mokuba, quien estaba enterrado bajo una pila de cojines en su cama.
-Mokuba, algo le ocurre a tu hermano y no consigo despertarle.
Esa frase hizo que el chico se levantara como impulsado con un resorte, dejando ver sus ojos llorosos aunque sumamente preocupados.
-¿De nuevo? –preguntó con angustia, saliendo de su recámara para correr a su hermano.
Justo como le dejara Atemu, se encontraba el castaño. Tanto el Faraón como el pelinegro se le acercaron preocupados, aunque Mokuba tomó las manos de su hermano para darle un suave apretón, llamándole.
-Ni sama…
-¿Esto ya le había ocurrido? –quiso saber Atemu.
-Sí… desde… un par de veces… es como si su alma se perdiera como cuando el Reino de las Sombras¿Recuerdas? Solo que ahora me pareciera como si mi hermano estuviera perdiéndose en otro tipo de oscuridad, Atemu. Una oscuridad de la que no puedo salvarlo.
El Faraón intento usar de nuevo la magia de su Rompecabezas pero no tuvo respuesta. Mokuba se dio a la tarea de recostar a su hermano con sumo cuidado, enlazando sus manos sobre su pecho y cepillando los mechones de su frente con cariño. Atemu leyó en el corazón del chico un enorme pesar que llevaba el mismo nombre que el suyo.
-Despertará cuando supongo el mismo se sienta mejor. Pienso que eso sucede –confesó el pelinegro encogiéndose de hombros y tomando un lugar en la cama al lado de su hermano, encendiendo la lámpara de taburete- ¿Podrías dejarnos solos, Atemu? No es el mejor momento.
-Claro, Mokuba y no te preocupes. Ayudaré a tu hermano.
-Gracias.
El tricolor les siguió observando, con pesar de dio cuenta que era probable que su plan fracasara al tener tantas variables sin respuesta y tanto desamor rodeándoles. Por fin, su figura desapareció para volver al interior del Rompecabezas del Milenio que Yugi sujetaba con una mano, dormido sobre la vitrina de cristal en la Tienda, esperando a que el Faraón llegara. Todo estaba a oscuras, y el resplandor de la televisión era la única fuente de luz, con el noticiero nocturno hablando.
-"… nos han reportado la aparición de pequeños tornados en la Península Escandinava, lo cual ha despertado el interés de todos los científicos ambientalistas que adjudican esta serie de acontecimientos a los cambios climáticos aunque otro grupo ha declarado que no hay explicación congruente a esta situación que está agravándose; en otras noticias…"
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Continuará…
