TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.
Además gracias muchas de veras a todos y todas quienes me han dejado sus reviews, ya saben son sacrosantos pa esta servilleta...
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Meet me after dark again and I'll hold you
I want nothing more than to see you there
And maybe tonight, we'll fly so far away,
We'll be lost before the dawn...
If only night could hold you where I can see you, my love
Then let me never ever wake again
And maybe tonight, we'll fly so far away
We'll be lost before the dawn...
Somehow I know that we can't wake again from this dream
It's not real, but it's ours
Maybe tonight, we'll fly so far away
We'll be lost before the dawn...
Maybe tonight, we'll fly so far away
We'll be lost before the dawn...
... (Before the Dawn, Evanescence).
CAPITULO VII. A LA DERIVA.
-Gracias por tus atenciones, Meiran.
-Nee, no es nada cariño.
Joey le sonrió a la joven detective, tomando una mejor posición en su camilla después de una comida "decente" como él le llamaba y no la dieta de enfermos que había padecido desde que estuvo consciente hace ya una semana.
-Al menos me libré de la escuela –dijo el rubio, pensando en voz alta.
-¿Qué?
-Ops, nada, jeje.
Meiran entrecerró los ojos, dejando la charola sobre el mueble junto a ella. Era aún una tarde joven y el sol iluminaba la blanca habitación, llenando de calor el espacio. Algunos arreglos florales estaban alrededor de ellos, obsequio de Tea y Ryou, junto con revistas y canastos de fruta; cortesía de Tristán y Yugi.
-Joey, lindo. Quiero que hablemos en serio.
-¿Sí?
-Bueno, es que no me cabe en la cabeza que es lo que te sucedió. El video del centro de videojuegos no te muestra acompañado de alguien y pues las únicas huellas que se detectaron en aquel parque fueron de animales salvajes que suelen rondar por ahí. Tú sabes bien que creo en ti y siempre me has hablado con la verdad. Así que necesito que uses por primera vez ese cerebrito tuyo y me digas con lujo de detalle lo que pasó.
Joey miró a la ventana unos segundos, recordando; antes de volver su vista a la joven.
-Pues estaba ahí en el centro y huía de los admiradores por chistoso que suene, yo que antes buscaba la fama. Al tratar de salir choqué con esta chica pelirroja que me comenzó a insultar y me retó de la nada a un duelo de monstruos. Le seguí hasta ese barrio, temí que fuera una trampa pero no me acobardé y pues entonces comenzamos el duelo.
-Continua.
-Yo saqué mi mazo y ella solo sacó una carta. Le dije que eso era en contra de las reglas pero me aclaró muy sabionda entonces que si era válido pues un jugador podía tener su duelo con una sola carta hasta que ésta fuera vencida. Eso me pareció muy atrevido de su parte pero acepté, me dejó sacar mis cartas primero. Puse mi espadachín de fuego en modo de defensa. "Atácame si puedes" se burló y eso me dio mucha rabia, Meiran, así que vi mi mano y planee hacerla sufrir. Pero al sacar mi dragón bebé junto con mi mago del tiempo, todo se oscureció… para cuando desperté, estaba aquí.
-Y esa chica es Kaho Alkrila… de la Fundación Fénix.
-Así es.
La detective se mesó su maraña de cabellos castaños.
-El detalle es que ella estaba…
-Ya lo sé –le cortó muy serio Joey- Yugi me lo dijo.
-Aja y tu noviecito me dijo que también habías apostado con ella una carta y fue ese dragón espantoso.
-Mi Ojos Rojos es todo menos espantoso. Por eso no quiero dejarla ir, tiene mi carta y la voy a recuperar.
-O sea, Joey, no puedo ir a la estación de policía con mi amargado jefe para pedirle una orden de cateo para esa chica solo porque tú afirmas que tiene tu carta.
-¿Y si es así?
-Tesoro, esa gente pesa y no de gordos. El tal Arnas Alkrila tiene tanto poder como el Papa. ¿Cómo crees que obtiene la Fundación Fénix dinero para sus investigaciones? Los hijos de ese tipo están más protegidos que los Tesoros de la Nación. No puedo llegar así como así a plantearles que quizá su nena es una delincuente¿capichi?
-Meiran, te lo juro, estuve con ella.
-Ahora, Joey, tus heridas. Por Kami Sama, parece que te hubiera masticado un tiburón. Una mocosa, ratón de biblioteca difícilmente te hubiera puesto un dedo encima, campeón.
-Pues lo hizo, no sé como, pero lo hizo.
Meiran sacó una caja de chicles que se llevó a la boca, paseándose de un lado al otro para pensar las palabras de Joey, con las manos en su cintura. Su chaqueta abierta dejaba ver su placa de detective y su pistola enfundada.
-Los he investigado un poco para que lo niego –comenzó la joven entre masticadas- Los malnacidos tienen un cuerpo de seguridad que hace palidecer a los de tu rival richachón, ese Kaiba y no es en vano. Saben más cosas de las que dicen en sus libritos y eso lo venden al mejor postor. El director también es manager del hijo mayor de Arnas, Khura; el mismo que te pateó el trasero –Meiran miró con desaprobación a Joey- Suerte tuviste de salir vivo, amor. El chico es peleador profesional y no de artes marciales. Se rumora que siempre asesina a golpes a sus rivales. La pelirroja no tiene algún antecedente pero no dudo que haga algo también.
-¿E-En serio? –preguntó Joey asombrado.
-Deja de eso, no es gran cosa si pensamos que quizá esa fundación tiene nexos comprometedores. lo raro es que han estado moviéndose por todo el mundo de un tiempo relativamente corto hasta la fecha, aparentemente "investigando" y pues… -la detective se jaló los cabellos- ¡Rayos!
-¿Qué ocurre, Meiran?
-Bueno, Joey, es que… te creo… esas teorías locas… en fin… tengo algunas hipótesis. He revisado el video de Louvre y no he podido quitarme de la cabeza que ese supuesto hurto de Rebeca Hawkins es un engaño.
-¿Cómo¿Por qué? –el rubio abrió sus ojos como platos- Pero si…
-Es que Joey, ella desactiva el código de seguridad que protegía el vidrio y toma ese fajo de papeles viejos CON UNA MANO. No soy Albert Einstein pero sé que el mentado librito de difuntos pesa más de un kilogramo, la nena no pudo cogerlo así de simple. Ese robo fue planeado. Es más, aseguro que el libro fue robado antes.
-Meiran…
Esta levantó las manos, haciendo una bomba de chicle.
-Espera, mi trastornada mente imagina que algo muy MUY valioso fue descubierto por esos nerds de la Fundación Fénix y necesitaban el libro, pero como el buen doctor Hawkins lo estaba usando y es su eterno rival, mataron dos pájaros de un tiro fingiendo el robo.
-¿Y Rebeca?
La chica se encorvó, alargando su rostro.
-Ahí falla mi teoría. Es real.
-Pues no tanto, quizá usaron una doble y…
-Tsk, tsk, tsk, nop, pruebas de ADN positivas. Ya no divaguemos en lo que no tenemos certeza. Si tan solo tuviera idea de que es lo que busca la fundación.
-Pues ellos están muy necios en el Museo de Ciudad Domino, en el pabellón egipcio.
-Lo sé, lo sé, pero¿por qué?
-¿Meiran?
-¿Sí?
Joey tomó aire para darse valor.
-Yugi retará a esa Kaho a un duelo.
Meiran casi se ahoga con su goma de mascar al escucharle, dando zancadas hasta donde el rubio.
-¿Qué nunca me escuchan? –bufó molesta.
-Por favor, Meiran, escúchame ahora.
-Tienes cinco minutos, jovencito.
-Es como lo has dicho, ellos negarían todo y hasta presentarían pruebas a su favor. Pero si Yugi la reta como ella lo hizo, le haremos confesar y recuperaremos mi carta.
-Joey¿así de confianza en tu chico, eh?
Éste se sonrojó, gruñendo al mismo tiempo.
-Es el rey de los duelos. Esa mocosa se sentirá tentada pero no le ganará.
-Claro, y como Yugi es el más adorable pequeñín que te trae loco…
-Estás desviando el tema.
La detective rodó sus ojos.
-Prosigue, pareja.
-El abuelo de Yugi le llamó para avisarle que regresaría pronto. Maximillian Pegasus le contactó para prevenirle sobre Kaho y algo de unas Cartas Malditas.
-¿Qué rayos es eso?
-No entendemos aún –Joey se encogió de hombros- pero debe ser grave si Pegasus mismo nos advierte. Caí como un novato, esa Kaho no es ninguna duelista principiante como me hizo creer y sospecho que usó una de esas cartas contra mí. Ve lo que me hizo. Por eso, una vez que Solomon regrese y nos diga todo, Yugi la derrotará y cobraremos venganza.
-¿Cobraremos, kimozabi?
-Bueno, Yugi lo hará –Joey apretó sus puños- Ya son dos veces que los patanes esos de la fundación me han lastimado, más de lo que Joey Wheeler está dispuesto a permitir.
-De acuerdo –Meiran se acercó a él pata tomar sus manos y tranquilizarlo- Por el momento jugaremos con sus reglas.
-¿Entonces si digo que un monstruo fue el que me atacó, me creerías?
La joven suspiró.
-Te creo, Joey.
-¿En serio?
Meiran asintió, como meditativa.
-No dejaré que pase de nuevo… -murmuró sin pensar.
-¿Eh?
-Nada, perezoso. Pero sin excusa ni pretexto el lunes próximo estás con ambos pies en la escuela, con o sin Dragón Negro de Ojos Rojos¿de acuerdo?
-Ok, y le daré mi agradecimiento a Shashenka por tu tiempo conmigo.
-Jeje, si claro –la mirada de la detective se entristeció- Es hora de irme, vendré al anochecer como siempre.
-¿De nuevo temporada mala?
Meiran se puso de pie, cerrando su chaqueta.
-Mira jovencito, esos asuntos…
Calló se súbito cuando el cuarto se sacudió con fuerza ante un inesperado temblor. Ella corrió aprisa con Joey para sujetarle, mirando asustada como los objetos a su alrededor caían con estrépito. El sismo pasó, dejando todo en silencio. Los cláxones de los autos se encendieron en la calle. El televisor de la habitación también se encendió.
-¿Estás bien, Joey?
-Sí, Meiran, gracias. Eso fue considerable.
-Demasiado para mi gusto.
La sintonía del televisor se ajustó, mostrando una conferencia de prensa.
"-… nuestra corporación no solo aporta un medio de sano esparcimiento al público sino que también se preocupa por el conocimiento que no hace mejores, y más aún, previsores de un futuro consciente de sus posibilidades. Es por ello que la Corporación Kaiba, presente aquí en Kyoto, da inicio a su programa Renacimiento, el cual a partir de este momento será manejado por la Fundación Fénix como parte de nuestra alianza firmada anteriormente y que busca la cooperación entre tecnología de punta y el saber universal. Gracias por su atención, es todo."
Mokuba Kaiba en un traje claro se despedía de la prensa que ya peleaba por tomarle una foto o hacerle una pregunta. El pelinegro era escoltado por Ronald y una chica pelirroja muy sonriente, acompañados por guardaespaldas morenos de rostros duros que Joey –que tenía la boca abierta de conmoción- jamás había visto.
-Mmm, parece que el hermano mayor sigue sin aparecer –observó con calma, Meiran.
-¿Sin aparecer¿Kaiba está…?
-¿No lo sabías? Ya veo que ocupas tu tiempo con Yugi en otros menesteres –rió maliciosa la detective, ruborizando a Joey- No sé si está enfermo, pero se ha ausentado de la vida pública poco después de que ingresaste al hospital. Los únicos que le ven son…
-Los de la Fundación Fénix –masculló Joey.
-Yeap, te digo, son pesos pesados ésos. Ni Kaiba Corp se escapó a sus tentáculos. Me pregunto que ganarán con eso del tal Renacimiento –ella se acarició su mentón- Bueno, luego lo pensaré, debo ir a reportarme. Nos vemos luego cariño, Yugi no tarda en venir, así que pronto estrenarás tu terapia antiestrés.
-¡Meiran¡No lo hacemos en sitios públicos!
La joven se echó a reír victoriosa, saliendo de la habitación sin ver a un Joey rojo hasta los pies que le arrojaba una almohada. Caminó a las afueras del hospital con su habitual bailoteo, llegando hasta el estacionamiento donde le esperaba su ayudante dentro del auto.
-Que bonito es lo bonito –le sonrió al chico, sentándose al volante- ¿Sentiste ese temblor?
-Sí, dicen en la radio que tuvo una escala inusual para Ciudad Domino.
-Y que lo digan¿otra novedad?
-No detective. Aquí está su hamburguesa doble con papas y refresco.
-Ah, así que bonita es la vida.
Sin perder tiempo la joven de cabellos castaños sacó de sus envolturas su comida para casi devorarla. Después de unas furiosas masticadas se volvió a su ayudante y compañero de trabajo.
-¿Dfu yaf comdfiste? –balbuceó con la boca llena.
-Sí, detective, gracias.
Meiran se aclaró su garganta.
-Eres toda una monería, eh…
-Stan –le repitió el chico por milésima vez.
-Stan… sí… bueno, me alegra. Bien. Es hora de regresar a la estación –le respondió ella, encendiendo el auto.
Stan se abrochó su cinturón de seguridad, no por ser un miembro de la policía sino por la manera en que Meiran conducía y que ya le había arrancado uno que otro grito de terror. Otra cosa que le asombraba al chico era la forma en que la detective se las arreglaba para comer y manejar al mismo tiempo, sin contar que no para de hablar justo como ahora.
Con una media sonrisa, Stan contempló a su compañera. Meiran era de estatura media, quizá un poco más alta que sus ascendentes chinos; su maraña castaña que se ondulaba por el viento colado de la ventanilla, su piel blanca casi de porcelana. Sus ojos avellana de gruesas pestañas junto con sus finos labios que nunca paraban de comer dulces.
Sus ojos cayeron en sus manos delgadas pero algo callosas de empuñar demasiadas veces su arma o bien golpear maleantes –cosa que hacía muy a menudo- moviéndose del volante a las papas o al refresco. Stan se ruborizó al darse cuenta de cómo miraba el cuerpo atlético de Meiran, vestido en jeans y chaqueta de cuero en tanto ésta tenía su vista concentrada en rebasar autos y hablar de sus casos pendientes.
-Me aburren los monólogos –dijo la detective, chupándose los dedos al terminar sus papas.
-Eh… perdón…
-Te pregunté si te llamaron de Moscú.
-No, detective.
-Hm.
El vaso de refresco fue vaciado de un solo sorbo.
-Detective Pei¿cuánto tiempo tiene trabajando en ese caso?
-El suficiente para decirte que no es tu asunto.
-Oh… lo siento –Stan bajó su mirada pero una mano en su rodilla le hizo volverse a la mujer.
-No lo tomes así. Es algo privado… un pendiente.
-¿Es muy serio, verdad?
-Serio no –Meiran suspiró- sino de sanar heridas.
-¿Eh?
-¡Ah, mi salida!
El joven ayudante se aferró a su asiento y el tablero del auto cuanto éste viró de súbito para atravesar cuatro carriles de extremo a extremo y bajar por una desviación con un rechinido de llantas acompañado de cláxones y maldiciones de los conductores afectados por tan temeraria maniobra.
-Sabe, detective, un día nos retirarán nuestras placas pero por faltas a la ley de tránsito.
-Tú y tus locuras.
El sedán llegó a la estación de policía, estacionándose en el lugar reservado para personas discapacitadas. Stan peleó con Meiran por las llaves para tomar el volante y colocarlo en un sitio permitido. La detective rió al ver su gesto, caminando al interior de la estación donde uno de los oficiales le saludó, llamándola a la barra de atención.
-Le dejaron un recado, detective.
-¿Uh¿A mí?
Meiran tomó el papel que le tendieron.
"Meiran,
Ya sé que tienes muy poco tiempo, pero esperaba que al menos hubieras llegado a recogerme del teatro como habías prometido. Espero que termines tus asuntos pronto.
Shashenka"
-FUCK!!!
-¡Pei, Meiran!
El Jefe del Departamento de Policía le amonestó, jalándola de un brazo, haciéndole perder el papel entre una pila de los mismos en la barra.
-Ahora no puedo tolerarte esas majaderías tuyas. Ven conmigo.
-Jefe, en verdad no puedo, debo…
-No es petición, Pei.
-Pero…
-Tenemos visitas.
Meiran le miró con el ceño fruncido, parándose de puntillas para ver sobre le hombro de su jefe. En la oficina de éste se encontraba un hombre muy alto, fornido en traje color arena y abrigo café que se paseaba tranquilamente con las manos enlazadas por su espalda, su piel era apiñonada, de cabellos negros con una barba fina pero tupida.
-¿Quién es?
-El mismísimo Director de la Fundación Fénix.
-¿Qué…?
-Vamos.
A rastras, la detective entró a la oficina, mirando con recelo al visitante.
-Señor Smarik, ella es Pei Meiran, nuestra mejor detective en toda Ciudad Domino.
-Un placer saludarle, señorita –el director de la fundación le habló con voz de tenor y acento árabe, tendiéndole una mano gruesa y unos ojos negros clavados en ella.
-Sí… -Meiran apenas le saludó.
-Su jefe me ha hablado de su gran capacidad como detective y feroz peleadora –siguió Smarik con una sonrisa- Justo lo que necesitamos.
-¿Necesitamos? –la joven miró a su jefe con una ceja arqueada.
-La Fundación ha sufrido un robo importante y requiere de alguien de cualidades intelectuales como las tuyas para descubrir al ladrón y recuperar lo que perdieron EN TOTAL DISCRECION.
-Ah, bueno, yo no sé…
-Por favor, detective, nuestra Fundación está dispuesta a recompensar generosamente a este cuerpo policiaco si nos ayudan.
-No lo dudo.
-Pei…
Smarik rió.
-Sé que cosas se hablan sobre nosotros, detective; y comprendo su respuesta. Pero solo son habladurías de personas envidiosas de la labor altruista de nuestra sociedad. La Fundación Fénix no tiene nada de lo cual avergonzarse y en este caso, he venido personalmente a buscar a la mejor sabueso pues lo que hemos perdido no solo tiene un valor histórico sino sentimental.
Meiran solo parpadeó confundida. El director de la fundación tomó asiento, mirando a la ventana.
-Verá detective, como sabe, cuido de los hijos de nuestro querido benefactor y presidente, Kaho y Khura. Son unos chicos prodigio cuyo coeficiente intelectual no tiene precedentes. Eso es una carga para un par de niños que lo único que anhelan es convertirse en los Indiana Jones de la actualidad. Kaho, mi pequeña traviesa, fue huérfana a causa de una terrible tragedia familiar, su lazo con su pasado es ese pequeño codex de salmos que su madre le obsequió. El mismo que esta mañana le fue robado de su habitación.
-¿Ajá? –Meiran se cruzó de brazos, arqueando una ceja.
-Ella siempre lo cargaba consigo y de hecho por pocos saben que traía un antiquísimo salmo egipcio. Está desconsolada. Como vuelvo a repetir, ese viejo codex es su único recuerdo brillante que se superpone sobre la matanza de su madre y el abandono de su padre. Perderlo es perder su cordura, su alegría, su jovialidad.
Smarik hizo una pausa, poniéndose de pie y caminando hacia Meiran.
-Dígame, detective¿Qué haría usted para recuperar aquello que es lo único que le devolvería su felicidad robada por una espantosa tragedia de la cual usted solo fue víctima?
La pregunta hizo un efecto profundo en Meiran, los dos varones la miraron algo extrañados al ver que su semblante palideció por unos segundos, visiblemente perturbada. La joven se removió en su lugar para darse tiempo a reaccionar. Smarik siguió.
-¿Lo ve? Kaho estuvo muchos años rehabilitándose de esa amarga experiencia. ¿Sabe lo único que le hizo volver a la normalidad? El regalo de su madre. Ese codex. Es su tótem de buena suerte, su protector mental y sentimental contra la locura y el suicidio. El tiempo corre antes de que ella se nos pierda de nuevo. Por eso estoy aquí, detective, rogándole su ayuda y dispuesto a hacer lo que sea por mi pequeña, protegida y amada nena. Se merece una vida llena de risas y travesuras. ¿Eso es un pecado, detective?
-… no…
El director sonrió satisfecho, tomando su mano para estrecharla.
-Gracias –le dijo, conmovido antes de volverse al jefe de policías- Iré a la fundación para darle a la detective acceso total a nuestras instalaciones. Un auto privado será enviado para recogerla¿está de acuerdo?
-Claro, Señor Smarik, la policía de Ciudad Domino se siente agradecida por su confianza.
-Sé que mantendrán esto en auténtica discreción, es un asunto familiar para mí… bueno, me retiro. Jefe, detective, gracias de antemano por su ayuda.
Smarik salió de la oficina, dejando solos a Meiran y su jede, el cual se acercó a ella preocupado.
-Creo que esto te afectó de una manera especial, Pei¿no me digas que aceptaste el caso porque…?
-Es mi asunto. Debo prepararme –la joven tomó el picaporte de la puerta.
-Meiran, cosas malas suceden todo el tiempo y no siempre somos culpables de ello.
-Disculpe, Jefe, no traje mi cuaderno de apuntes. Me voy –acto seguido Meiran abrió la puerta y salió a toda prisa.
Stan estaba como siempre ocupado ordenando sus escritorios cuando se percató de ella, algo triste y pálida.
-¿Detective?
-¿Qué harías para recuperar aquello que es lo único que te devolvería tu felicidad robada por una espantosa tragedia de la cual solo fuiste víctima?
-Err… -Stan parpadeó varias veces- ¿Mi vida?
-Y a veces no es suficiente –musitó la joven con los ojos rozados.
El ayudante se quedó con las palabras en su boca, pues Meiran corrió directo a los sanitarios. Quiso seguirle pero un barullo entró por las puertas. Media docena de policías sujetaba a otra media de adolescentes bandoleras, todos con los rostros blancos de lo pálido y ojos como platos que gritaban sin parar.
-¡PUDRANSE TODOS USTEDES¡ES CIERTO¡LO VIMOS¡ERA UN JINETE¡ERA LA MUERTE!
Stan los dejó pasar para dirigirse a la cafetera y prepararle a su singular compañera ese café cargado que tomaba para no ser presa de los nervios y despejar su mente de esos fantasmas que él aún desconocía pero ya deseaba borrar de sus ojos tristes.
El joven se sonrojó, dándose cuenta que hacía tiempo solo pensaba en la joven detective, lo que indudablemente terminaba en una conclusión:
-Estoy enamorado de Meiran…
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Seto abrió sus ojos al escuchar el débil sonido de su puerta abrirse. Un aroma de comida recién hecha anunciaba la entrada de Khura, quien de puntillas caminó hasta la cabecera del ojiazul para colocarle su bandeja de comida, acomodando en su cuello una servilleta de tela como si fuese un niño.
-Gracias, Khura –murmuró con voz débil.
-Shh, anda, come bonito. Le prometí a Mokuba cuidar de ti si él cuidaba de mi monstruo.
Kaiba sonrió apenas, levantando un poco su cabeza para beber la cucharada de caldo que Khura le había traído. Con infinita calma, el marcialista le dio de comer, limpiando de vez en cuando la comisura de sus labios o entibiando sus alimentos. Una vez que el castaño terminó, Khura retiró la bandeja y le arropó de nuevo con sus frazadas para después acariciarle una pálida mejilla.
-Ya estás recuperándote. Verás que pronto regresarás a tu compañía y a tus estudios. Ahora descansa, yo te cuidaré.
Sonriéndole apenas, Seto apenas le miró, sus agotados párpados se cerraron al poco rato; cayendo enseguida en un profundo sueño casi inconsciente. El pelinegro le observó. Con una gentil mano retiró unos mechones de su frente para darle un beso tierno. Dejo su rostro a milímetros del ojiazul. Entonces una sonrisa macabra apareció en su expresión y de súbito besó a Kaiba con algo de brutalidad aunque éste yacía agotado como para sentirlo.
-Pronto, amor mío, pronto –ronroneó Khura con sus ojos púrpura brillando- Muy pronto estaremos juntos, seremos uno solo para toda la eternidad y viviremos en el nuevo paraíso que crearemos tú y yo. Tú y yo, mi amor.
Las cartas de los Dragones Blancos de Ojos Azules parecieron brillar débilmente pero Khura los intimidó con un siseo extraño, riendo con verdadera malicia.
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Continuará…
