TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.

AUTORA: clumsykitty.

GENERO: Pos yaoi, que otra.

PAREJAS: Puf, muchas.

SERIE: Yu-Gi-Oh.

DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.

WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.

SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?

NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.

Uhh… lamento mucho actualizar hasta ahora, cosas muchas impidieron que lo hiciese, pero seguimos aquí en este mundillo adorable. Gachias por leer!

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Nun liebe Kinder gebt fein acht
ich bin die Stimme aus dem Kissen
ich hab euch etwas mitgebracht
hab es aus meiner Brust gerissen

Mit diesem Herz hab ich die Macht
die Augenlider zu erpressen
ich singe bis der Tag erwacht
ein heller Schein am Firmament
Mein Herz brennt

Sie kommen zu euch in der Nacht
Dämonen Geister schwarze Feen
sie kriechen aus dem Kellerschacht
und werden unter euer Bettzeug sehen

... (Mein Herz Brennt, Rammstein)

CAPITULO IX. LA PÉRDIDA.

-Nisama¿puedo pasar?

-Adelante, Moki.

Un Mokuba cabizbajo entró apurado a la oficina de Seto en Kaiba Corp. Aún estaba vestido en su uniforme de secundaria junto con su mochila. El pelinegro se detuvo justo al lado de su hermano mayor en actitud de sumisión.

-¿Qué sucede? –le preguntó el otro sin dejar de teclear en su laptop.

-Es que… -el chico jugó nervioso con sus manos.

-Estoy escuchando…

-¿No estás enojado por lo que hice?

-Claro que no, Moki. Yo le había prometido a la Fundación Fénix un aporte de la Corporación Kaiba a sus investigaciones, quizá Renacimiento fue demasiado pero no importa. Hemos ganado más bonos y nuestra demanda creció. Además, mientras puedas seguir viendo a esa novia tuya me parece perfecto.

Mokuba se ruborizó hasta las orejas.

-Nisama…

-¿Algo más, hermanito?

-Bueno, sí. Regresaré a la escuela. Tenemos una reunión el equipo de Kendo y de ahí ya iré a casa. ¿Está bien?

-¿No irás a verla hoy?

El sonrojo volvió.

-No… es que… van a reunirse los de la Fundación. Ya van a anunciar sus descubrimientos y ella estará ocupada.

Seto dejó de teclear para mirar a su hermano. Le sonrió.

-Está bien, Moki. Quiero que Roland pase por ti en la escuela, así que le llamarás cuando salgas ¿de acuerdo?

-Sip –Mokuba le abrazó- Te quiero, Nisama.

-Y yo, hermanito.

-Que bueno que ya estás mejor, así podremos volver a salir juntos¿verdad?

El ojiazul abrazó a Mokuba.

-Claro, todo va a mejorar.

Con un apretón, el pelinegro se retiró de la oficina con un adiós de su mano para su hermano mayor que esperó hasta que desapareciera tras la puerta para retornar a su trabajo, echando un vistazo a la fotografía que tenía de su pequeño hermano.

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Joey reposaba plácidamente en el sofá de su departamento, viendo como sus amigos iban y venían con sus cosas, trayéndole un vaso de agua, comida o un almohadón. Era su primer día de escuela y todos habían decidido festejarle su salida del hospital hasta entonces, para dejarle descansar otro poco. Su sonrisa de satisfacción se cortó al recibir un certero coscorrón a manos de Meiran.

-¡Hey! –le reclamó- Lastimas a un convaleciente.

-Más convaleciente tienes las neuronas, deja esa pereza que bien puedes levantarte a ayudar.

-Para qué si ellos lo hacen muy bien sin mí.

Meiran quiso darle otro coscorrón pero Joey lo esquivó con maestría. Yugi vino de la cocina con un plato de frutas y un tenedor que puso en las manos de Joey.

-¡Provecho! –le sonrió feliz.

-Emm, gracias Yugi… dime¿dónde está Atemu?

-Desde que mi nieto le retó, el Faraón ha desaparecido de nuestra vista –le respondió Solomon uniéndose a ellos, igual, que Tea, Ryou y Tristán.

-Qué raro.

-No tanto, Joey. Sabemos que Atemu siempre ha sido sensible a las palabras de Yugi –comentó Tea.

Todos se sentaron alrededor del rubio, excepto Meiran que permaneció de pie tras Joey.

-Usted debe estar muy cansada, detective –le hablo el anciano- Ha cuidado de Joey todo este tiempo.

-No se preocupe, sobreviviré.

-¿Qué te sucede, Meiran? Estás como distante.

-Nada, Yugi. Solo que no sé que pensar de ciertas cosas… y otras… no sé que sentir. Pero no me hagan caso, que hoy Joey por fin regresó a la escuela.

-Meiran, acabas de amargar mi fiesta –le dijo éste.

Todos rieron, haciendo más bromas al respecto cuando de momento una muy fúrica Shashenka entraba intempestivamente, llamando la atención de todos que le miraron atónitos.

-¡LLEVO HORAS ESPERANDOTE! –rugió la delgada chica.

-Enka… no… -Meiran levantó las manos en son de paz.

-¡CLARO, SIEMPRE PONES ALGO ANTES QUE YO¡NUNCA SOY LO COMPLETAMENTE BUENA PARA SER IMPORTANTE EN TU VIDA!

La joven detective palideció sin atrever a moverse.

-… Enka…

-¡ERES UNA ESTUPIDA QUE JUEGA A LA HEROÍNA CUANDO NI SIQUIERA PUEDES CUMPLIR UNA PROMESA!

Hubo un largo silencio incómodo en la pequeña sala. Nadie se atrevía a moverse, solo mirándose los unos a los otros y después a Meiran cuyo rostro expresaba lo mucho que deseaba llorar. Shashenka, por su parte, le miraba con un rencor intimidante y su cabello descompuesto de su acostumbrada coleta de ballet le hacía ver más agresiva.

-¡YO TE HE DADO TODO PERO TU JAMAS SERAS SUFICIENTE¡TE ODIO!

Con eso, Shashenka se dio vuelta y salió azotando la puerta tras de sí.

Pasaron minutos considerables antes de que Meiran fuera la primera en moverse, claramente perturbada y apenada.

-Yo… lo siento… debo… vendré luego Joey…

Ella salió aprisa. Solomon miró con compasión la puerta por donde había desaparecido. Yugi tomó la mano de un Joey triste mientras Ryou, Tea y Tristán se limitaron a bajar su mirada.

-Shashenka no la merece.

-No, Tristán, no digas eso –le corrigió Joey dejando su plato de frutas a un lado- Meiran la ama como no tienes idea. Solo es esos "episodios" de Shashenka que le perturban, pero estoy seguro que las dos son una excelente pareja.

-Pues herir no es amar, Joey –intervino Tea con un suspiro- Ya sabemos de esa actitud de Shashenka, pero creo que todos estarán de acuerdo conmigo que esto fue demasiado humillante para Meiran¿cierto chicos?

-Yo también apoyo a Joey en que ellas se quieren mucho, aunque a decir verdad nunca he presenciado que Shashenka sea cariñosa con Meiran –opinó Yugi con pena.

-Algún día –murmuró Solomon- Algún día la frágil Shashenka se dará cuenta de que Meiran es todo para ella. Solo espero que no sea demasiado tarde.

-¿Lo crees abuelito?

Solomon, que ya estaba cerca de la puerta, les hizo una seña para que todos callaran. Cuando todo ruido ahí cesó, alcanzaron a escuchar el sonido de platos quebrándose en la pared, además de otros objetos con fuerza y los gritos inteligibles de Shashenka que apenas dejaban escuchar el débil sollozo de Meiran.

-Algún día… -musitó Solomon.

El teléfono de Joey sonó, haciendo respingar a todos los presentes.

-¡Rayos! Moriré de un infarto –comentó Tristán.

El rubio estiró un brazo para levantar el auricular.

-¿Sí?... soy yo… ¿qué…? –el rostro de Joey se quedó sin color.

-¿Joey que pasa? –Yugi se le acercó.

Aquél tembló un poco, tirando el teléfono al devolverlo a su lugar. Con ojos como platos, se volvió al grupo que lo miraban apremiantes.

-Chicos… -pasó saliva- … la policía… quieren…

-Joey, me asustas –le convino Tea.

-… no han localizado a Seto y… quieren…

-Joey, hijo¿qué pasó? –Solomon se paró junto a él.

-… soy el primer contacto de su celular y…

-¿Joey, que tratas de decir? –esta vez Yugi apretó la mano del rubio que tenía entre la suyas.

Joey miró a todos como si fueran desconocidos, apenas respirando.

-… han asesinado a Mokuba…

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Stan limpiaba su chaqueta de gamuza de pequeñas pelusitas adheridas, escuchando paciente los reportes de los policías y mirando de cuando en cuando al ventanal que daba a la entrada de la secundaria; esperando que en cualquier momento arribara el auto que Meiran manejara. Volvió a checar el mensaje de su celular como confirmando la respuesta a su llamado. Forenses y criminalistas abarrotaban el amplio corredor. Policías murmuraban entre sí, acordonando el salón de clases.

-¿Ya contactaron al hermano mayor? –preguntó al policía junto a él.

-Parece que sí, detective.

Un rechinido de llantas anunció la llegada de un sedán que se estacionó en el primer espacio disponible. Todas sus portezuelas se abrieron, bajando Meiran, Joey, Yugi, Tea y Solomon de ellas.

La detective lideró con prisa al grupo, subiendo veloz las escaleras hasta llegar donde Stan, quien no pasó por alto el rostro demacrado de Meiran ni sus párpados hinchados y rojos.

-Detective¿está…?

-¿Qué pasó?

Stan miró por encima de su hombro al grupo, como cuestionando su presencia ahí.

-Son amigos de los Kaiba –le informó ella- Ahora, por lo que más quieras, dime como ocurrió.

Tomando aire, Stan dirigió una mirada al salón que era inundado de luces de las cámaras de los forenses.

-Sucedió aproximadamente hace no menos de una hora, el encargado de la guardia nocturna notó la luz encendida y la puerta abierta siendo que la escuela estaba ya cerrada y… lo descubrió…

Dos autos más llegaron presurosos, uno siguiendo al otro. El primero, negro y lujoso dejó ver a un Kaiba que no se molestó en cerrar la portezuela, corriendo hacia dentro del edificio. El segundo, un auto policíaco, llevaba a un par de detectives junto con Tristán y Ryou que habían dado con Seto, pues le habían escuchado decir en clase que iría a una biblioteca privada, razón por la cual no tenía encendido ningún localizador.

-¡Mokuba! –sonó un grito angustiado de un Seto alterado que corrió de inmediato hacia donde el salón- ¡MOKUBA!

Stan le detuvo, forcejeando con él.

-Espera, será mejor si…

-¡QUITAME LAS MANOS DE ENCIMA¡MOKUBA!

La lucha se volvió más violenta y Meiran se unió a Stan.

-Seto, escucha…

-¡QUIERO VERLO!

La decisión del ojiazul fue mucho mayor y librándose del par, entró al salón de clases solo para quedarse congelado en la puerta. Joey y los demás le alcanzaron a una seña de Meiran que pretendía sacarlo de ahí.

El salón de clases era una escena macabra. Sus paredes estaban llenas de sangre fresca aún, que goteaba del techo o escurría de las paredes blancas. Pequeños pedazos de carne, órganos y vísceras estaban desperdigados por el suelo, como si hubieran sido expulsados por una fuerte explosión cuya fuente estaba en el centro del salón de clases donde yacía ensangrentada la mochila de Mokuba. Un forense levantó del charco de sangre el relicario que siempre traía consigo el pelinegro.

Seto lo miró como no creyendo, su cuerpo tembló ligeramente y palideció súbitamente. En su pecho comenzó a nacer una opresión a la par que sentía su garganta seca al contemplar el espantoso espectáculo. Sus manos que habían sido puños ahora se encrespaban lentamente.

-Por favor, conserva la calma –se apresuró a decir Stan a su lado- Estaba por explicarles a todos que esto no es un asesinato, es una escena montada.

-¿Qué? –bufó Meiran incrédula.

-¿Dónde está mi hermano?

-No lo sabemos, no hay una sola evidencia que nos diga que fue lo que pasó exactamente.

-¡Eso es mentira¡Ustedes son policías y deben hacer su trabajo!

-Seto… -llamó Yugi.

-No es tan fácil, además…

-¡Esas son excusas¡Mi hermano está perdido y lo único que hacen es jugar con sus pertenencias como niños de preescolar!

Todos miraron ante la explosión del ojiazul, cuyo rostro dejaba entrever la desesperación y angustia que le estaban consumiendo. Varios policías murmuraron y los forenses siguieron con su trabajo. Meiran y Stan se miraron sin saber que más decirle.

-Escucha –Joey se adelantó para sorpresa de todos- Meiran y su equipo…

-¡TU NO ME DIGAS QUE HACER! –escupió furioso Seto.

-¡Solo trato de ayudarte!

-¡PUES NO QUIERO TU AYUDA!

Gruñendo, el rubio tomó del brazo a Kaiba para llevarlo a fuerzas, peleando con Seto entre gritos incoherentes y jaloneos, fuera de la escena pavorosa y sangrienta hasta el extremo del pasillo donde le encaró también enojado.

-Cierra la boca y escúchame, yo sé de antemano como te sientes por lo de Mokuba pero eso no te da derecho a gritarles a todos cuando están haciendo lo mejor que pueden para saber que le pasó.

-Pues no es suficiente –Seto se zafó de su agarre- Y no me toques ni mucho menos alardees de lo que yo siento.

-Yo también me siento mal.

El ojiazul entrecerró sus ojos.

-Claro, de la misma manera en que te sentiste mal cuando me besaste y después me rechazaste alegando que ya eras novio de Yugi.

Joey se quedó pasmado, mirando rápidamente hacia el grupo que los observaba asombrados. Sus ojos se posaron en el joven tricolor. Pasó saliva.

-Eso… yo no…

-Eres un maldito bastardo, entraste a mi casa fingiendo ser al gran amigo de Mokuba y luego casi me seduces¿o ya se te olvidó? Pero claro, ahora juegas a la palomita inocente y hasta pretendes ayudarme a encontrar a mi hermanito. No, perro idiota. Esa técnica no te va a funcionar otra vez conmigo. Maldita sea la hora en que me enamoré de ti.

Con una media vuelta, el castaño volvió a donde el salón de clases, tomando aire y observando todo con detalle. Sacó de su chaqueta un celular para marcar a Roland, a quien le dio unas furiosas instrucciones. De la misma forma pidió el relicario de Mokuba que ya era llevado como evidencia para usarlo en su búsqueda.

-Lo sentimos, Señor pero es evidencia policíaca y…

-Mis laboratorios son mejores y yo soy más rápido que ustedes.

-Dénselo –ordeno Meiran.

-Pero, detective…

-Nada, Stan, tiene razón, esto es enfermizo ya.

Kaiba tomó esa bolsa y se marchó con la misma premura con que llegó, haciendo caso omiso de la prensa que moría por sacarle una sola frase. Todos los demás se quedaron pasmados otros minutos hasta que por fin Tea habló.

-No sé ustedes, pero esto se está convirtiendo en un juego macabro.

-El chico sigue desaparecido, y eso no garantiza que esté vivo –observó la joven detective- Ese muchacho Seto, es comprensible que esté más que alteradísimo porque sabe bien que hay un 50 de probabilidades de que su hermano esté muerto, un pensamiento no muy agradable, incluso para mí.

Todos se quedaron quietos y cabizbajos. Meiran se acercó a Joey.

-¿Por qué eras el primer contacto del chico, Joey?

Éste miró sus manos, notando que estaban temblorosas.

-Era el mejor amigo de los Kaiba…

La joven le miró asombrada.

-Pero tú nunca…

-Porque dejé de verlos cuando Yugi y yo nos hicimos pareja.

-¡Detective! –llamó Stan a Meiran con urgencia.

Mientras la joven se dirigía de regreso al salón de clases. Yugi corrió a abrazar a Joey, echándose a llorar como Tea y Ryou que eran consolados por un serio Solomon y un acongojado Tristán.

La noche reinó por completo. Afuera, la prensa amarillista buscaba romper la barrera de policías fuera de la secundaria. Oficiales iban y venían con perros de rastreo. El equipo de investigación tomaba sin cesar fotos, recogiendo muestras de sangre y las evidencias.

Joey, como despertando de un mal sueño, por fin abrazó a Yugi, masajeando su espalda y llorando con él en silencio. Miró por el ventanal, recorrió con su vista la escena como si fuera una película muda. De nuevo se giró al patio, notando el gentío alrededor de la escuela. Sus ojos amielados se encontraron con unos púrpura malvados cuyo dueño le sonrió a lo lejos. La ira del rubio brotó de la nada cuando Khura le dedicó un muy burlón adiós antes de darse media vuelta y subir a un auto blindado que siguió el camino por donde Seto se había marchado.

-Joey –llamó Meiran, saliendo del salón con las manos enguantadas y extendiendo un papel.

-¿Qué… qué sucede?

-Es para Yugi.

-¿Qué?

Este se volvió del pecho de Joey al escuchar su nombre. La detective le tendió una bolsita de plástico donde una etiqueta ostentaba "Para Yugi Mutou". Aquel la tomó después de que la joven le proporcionara unos guantes a modo de protección. Joey leyó con Yugi en silencio mortal.

"Faraón,

El momento de la justicia ha llegado¿serás capaz de salvar una vida o seguirás escondido en el Reino de las Sombras?"

-¿Q-Qué…?

-Eso mismo quisiera saber, Yugi –le dijo Meiran, dejando ver su enfado- Algo no me están diciendo y eso realmente me molesta. No estoy de humor para más bromas.

-¿Más bromas¿De qué bromas hablas?

-Pues, Joey, la sangre que ven ahí en ese salón es sangre artificial, mezclada con unas cuantas porquerías más. Solo la mochila de Mokuba tiene rastros auténticos de su sangre. Es una escena montada con vísceras de cerdo que lucen exactas a las de los de un ser humano. Ahora, esta nota claramente alude al secuestro del pequeño Mokuba. Hora de cantar, pajarillos.

-Meiran –Yugi se limpió sus lágrimas- Si Mokuba no está muerto, aún…

-Eso no lo podemos asegurar.

-La Fundación…

-¡Argh¡La Fundación! Solo saben echarle la culpa a la Fundación Fénix.

-Pero, Meiran –Joey le miró sumamente confundido- Tú misma tenías sospechas…

-Las tenía, bien has dicho. Sucede que la Fundación está embarrada de toda suciedad para salvar la vida de Kaho Alkrila. Su cuerpo vive gracias a la nanotecnología y medicamentos de experimentación, y eso cuesta demasiado niños.

-¿Cómo sabes eso?

-Ay, Joey. ¿Crees que solo fui a tomar el té con ellos?

-P-Pero… pero… -tartamudeó Yugi.

Meiran se mesó los cabellos, apretando su mandíbula y quitándose con fastidio los guantes para arrojarlos a un contenedor de basura de los forenses.

-No necesito repetir la mala situación en la que me encuentro¿verdad? –siseó a los muchachos- Así que cuando tengan algo que se llama evidencia y no conjeturas de niños ya saben donde pueden buscarme.

Con eso, la detective se marchó con una media vuelta, dejando atónitos a la pareja. Solomon, Tea, Ryou y Tristán se les unieron.

-¿Ya les dijo Meiran que no es la sangre de Mokuba, si no una sangre artificial? –comentó Tea al instante- Tengo fe en que lo encontrarán.

-Joey, hijo¿Qué pasa? –preguntó el anciano con preocupación.

Yugi y Joey se miraron antes de que el rubio respondiera con toda seriedad.

-Estamos solos.

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El sedán manejaba silencioso y precavido por la avenida con el cielo nocturno sobre él, iluminado por las lámparas de la carretera. Stan, al volante, miraba de reojo a Meiran, dormida a su lado por el cansancio físico y mental. Iban rumbo al barrio bajo en busca de aquél ladronzuelo e informante de la detective de quien sospechaban era autor del robo en la Fundación.

La carretera comenzó a hacerse irregular conforme se adentraban al lúgubre paisaje. Stan apagó las luces para conducir en desierta oscuridad, buscando entre basureros y desperdicios a su objetivo.

-Estaciónate aquí –ordenó Meiran tan despierta como su joven ayudante.

-¡Detective¿Cómo…?

-Shh, no hagas más ruido.

Ambos bajaron con cuidado del auto, sacando su arma y quitándole el seguro. En su acostumbrada práctica, Meiran le hizo saber al otro que ella incursionaría mientras Stan le apoyaba a sus espaldas. Así, fueron explorando los callejones hasta que la detective dio con un angosto y sin nada de luces callejón de donde un chillido de ratas se alcanzaba a escuchar. Stan sacó su pequeña linterna y alumbró.

-¡NO!

Meiran corrió al cuerpo semidescompuesto de un adolescente que parecía seguir abrazando un morral atado con cuerdas viejas. Aún podía distinguirse sus ropas holgadísimas y viejas manchadas de sangre y carne que los roedores dejaban ver. Con ayuda de su compañero ahuyentaron a las ratas que ya devoraban su carne muerta. Los ojos café de la detective se llenaron de lágrimas al examinarle, tapándose la boca con una mano con el fin de ahogar un sollozo.

-¿Era… él…? –preguntó Stan, examinando el cadáver.

Meiran asintió.

-Townie… -musitó su nombre.

-Fue un disparo a quemarropa, detective. Posiblemente con una escopeta o alguna metralleta. En estos barrios es usual el móvil del robo –Stan notó el morral- aunque le hubieran arrebatado todo.

Buscando algo con que tomar el morral sin ensuciarse, Stan se levantó a mirar alrededor hasta encontrar un pedazo de periódico con el cual tomó el morral de las frías y algo huesudas manos del desafortunado chico. Quitando los amarres, tanto él como Meiran descubrieron que llevaba aún el códice de Kaho Alkrila.

-Muy sospechoso, de haber sido un robo, este codex no hubiera aparecido –observó Stan.

-Oh, Townie –Meiran le sollozó- ¿Quién te hizo esto?

Un crujido a sus espaldas les hizo volverse, apuntando con sus pistolas. Solo el viento se escuchó. De nuevo se hizo presente otro crujido y de un basurero un gato moteado y flaco salió caminando despreocupado. Los dos detectives se relajaron.

-¿Llamo a la Estación, detective?

-No, chico. ¿Quién querrá abrirme un caso por un niño de la calle muerto en el barrio bajo? Además, las ratas se han comido buena parte de su cuerpo para hacerle una autopsia. Ah, Townie¿por eso no acudiste a mis llamados? Me parece que lo único que podemos hacer es darle algo de sepultura.

-Sí, detective.

Stan le obedeció. Juntos tomaron como pudieron el cadáver para llevarlo a una esquina donde le "sepultaron" con tantos periódicos y cartones que pudieron hacerse. El joven tomó el codex para alcanzar a Meiran que ya subía al auto de nuevo en el asiento del copiloto, mirando al exterior y mordiéndose una uña. Stan se dio cuenta que seguía llorando y posó una mano con cautela en su hombro.

-Detective…

-Estoy bien, déjame.

Dejando el codex en el asiento trasero, Stan usó ambas manos para obligarla a girarse y mirarle.

-Meiran –le llamó por primera vez con su nombre- No es tu culpa.

Los ojos llorosos de ésta le encontraron. La joven se echó a los brazos a llorar desconsolada.

-Ya no puedo más –confesó- Siempre termino lastimando a los que quiero.

-Shh, calma Meiran, eso no es cierto. Aquí estoy yo, contigo.

Stan le meció un poco, dejando que llorara en su pecho y acariciando apenas su cabello castaño y rebelde.

-Todo está bien, Meiran.

Ella lloró otro poco más, abrazándose al cuerpo del joven. Una mano gentil tomó su mentón, haciéndole mirar un par de ojos verdosos donde se vio reflejada abatida, cansada. Meiran dejó escapar otras lágrimas, cerrando sus ojos. Unos labios se posaron sobre los suyos con delicadeza y ternura. La detective se sobresaltó dispuesta a separarse.

Un eco tremendo como un temblor inusitado los sacudió y ambos se aferraron al auto, desconcertados. El sismo duró un tiempo considerable. Los basureros cayeron, los perros, gatos y demás fauna salvaje corría despavorida sin dirección. Las pocas ventanas con cristales se rompieron, uno que otro poste de luz cayó además de los ladrillos de los edificios.

Cuando todo terminó, tanto Meiran como Stan salieron del auto.

-¡Detective, mire!

Stan señaló una grieta en el suelo no muy abierta pero si muy larga que parecía dirigirse en zigzag al centro de Ciudad Domino.

-Vamos a la Estación –ordenó Meiran subiendo al auto, esta vez al volante.

El sedán dejó el barrio a gran velocidad. Encendieron la radio policíaca pero una molesta interferencia les hizo apagarla. Stan probó con la radio local.

-… ¡es increíble!... No… no hay palabras para describirlo… Kami sama… es como una señal… ¡es espantosa! –gritaba al parecer un reportero.

Meiran y Stan se miraron, la detective arqueó una ceja.

-Dudo que se refiera a la grieta.

Siguió manejando, esquivando a la ruptura en el suelo que serpenteaba por su camino. Al subir el puente de la autopista, Stan casi salta de su asiento, señalando hacia el centro de Ciudad Domino que se avistaba a su costado.

-¿Qué rayos es eso? –gritó apuntando con su dedo.

Meiran detuvo la marcha, igual asombrada. En plena autopista, aunque desierta, bajó del auto para mirar mejor.

-Por todos los cielos…

Justo en el corazón de Ciudad Domino, un gigantesco monolito se erguía, iluminado por una luna roja cuya luz dejaba ver su tallado que le cubría por completo, con caracteres que no supo reconocer con un color verdoso, como si hubiera estado hundido en un pantano. Por su tamaño a lo lejos, Meiran calculó que debía medir al meno lo que un rascacielos de más de 100 pisos.

-¡Shashenka! –exclamó asustada Meiran, entrando de nuevo al auto.

Stan le imitó a tiempo sin comprender que significaba ese nombre.

-¿Q-Quién es Shashenka, detective?

La joven le miró extrañada, parpadeando.

-Yo… cielos… Stan, escucha… lo que pasó hace rato debes olvidarlo. Estaba confundida, no te hagas ideas falsas sobre mí.

-Pero…

-Además, ya debes haber escuchado sobre mí.

-Solo que es la mejor detective.

Meiran se echó a reír.

-Esas golpizas han surtido su efecto. No, Stan. Mira, eres un chico guapo y todas esas cosas, pero no puede haber nada entre nosotros.

-¿Por qué somos compañeros de trabajo? –preguntó herido el joven.

-No, porque soy lesbiana y Shashenka es mi pareja.

Una vez más, el silencio reinó dentro del sedán. Meiran clavó su vista en la carretera, ya no por precaución sino más bien para evitar ver el rostro desilusionado de Stan, quien bajó su cabeza para ocultar sus lágrimas, girándose bruscamente hacia la ventanilla.

-Te dejaré en la Estación.

El joven no le contestó.

Meiran apretó el volante. Por el espejo lateral del auto le pareció ver que detrás de ellos pasaba algo como una figura fantasmal pero al seguir mirando solo notó el paisaje deprimente de aquel barrio que se alejaba por el horizonte. Pisó el acelerador, sin más que decir.

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Miraba hacia donde el monolito. Desde donde se encontraba no podía ver que pasaba en su alrededor pero el helicóptero rodeándole le daba una buena idea de que ocurría. Sus labios duros se torcieron en una mueca despectiva, apoyándose en su elegante bastón negro de mango de diamante con incrustaciones de oro y plata que formaban un fénix. Sus gruesas manos, bailotearon como divertidas.

Una chica pelirroja se le acercó.

-Ya encontraron mi codex.

-Perfecto –le respondió con voz gruesa y ronca.

Un jovencito de larga cabellera negra se les unió.

-Seto ha salido de Ciudad Domino.

-Perfecto –volvió a repetir.

Sus ojos aquamarinos se llenaron de un brillo extraño.

-Prepárense, hijos míos.

- Sí, padre –dijeron los dos al unísono.

Los dos muchachitos hicieron una reverencia al alto hombre moreno, antes de abrazarle con extrema devoción.

Arnas Alkrila, sonrió satisfecho.

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Continuará…