TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.
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So
while I'm turning in my sheets
And once again, I cannot sleep
Walk out the door and up the street
Look at the stars
Look
at the stars, falling down,
And I wonder where, did I go wrong
... (Same Mistake, James Blunt)
CAPITULO XI. VENCIDO.
Lo más parecido era a ese pájaro verde y gigantesco de Plaza Sésamo. Aunque solo tuviera una pata y su pico fuera más como una trompeta que otra cosa. Pero igual era plumífero en varios tonos, un cuello largo; una cabeza melenuda con algo parecido a una cresta de gallo y si pico/trompeta dorado como bañado en ese metal al igual que su única para de tres dedos, dos delanteros y uno de soporte, rechonchos.
Pero lo que más le llamaba la atención eran esos enormes ojos redondos de color perla casi blancos que por nada se confundían con su córnea pálida. Eran dos canicas que no dejaban de moverse como su cabeza redonda.
Joey se mesó los cabellos mirando alrededor de su recámara. Aquella cosa estaba en medio de su cama, quizá no media más allá del cuarto de metro pero definitivamente no era un muñeco.
-Okay, okay, calma Joey, esto debe tener una explicación. Repasemos. Te levantaste, fuiste a la prepa, tuviste tus clases, regresaste a casa y te lo encontraste. No es tu cumpleaños ni el aniversario con Yugi, entonces…
-¡Honk! –chilló la criatura, haciendo respingar al rubio.
-¡Demonios!, ¿será broma de Tristán?
-¡Honk!
-Ahora si lo he visto todo –Joey se acercó a esa cosa plumífera- ¿Eres… un… monstruo de duelos?
-¡HOOOONK! –ese pico/trompeta se estiró al quejarse.
-Creo que eso es un "no".
-Honk.
-Si fueras malo, ¿ya me habrías atacado, verdad?
-¡Honk!
-Entonces, ¿eres bueno?
-Honk –la criatura asintió.
-¿Sabes decir otra cosa que no sea eso?
-¿Honk?
-Me parece que no.
-Honk…
-Em –Joey se rascó la cabeza- Veamos, yo me llamo Joey, Joey Wheeler.
-Hoonk…
-Eso –el rubio suspiró- ¿Tú eres…?
-¡Honk!
-Claro –rió el otro- ¿Estamos de acuerdo si te llamo… um… Honkie?
-Honk –el plumífero ser asintió.
-Ok.
-¡Honk! ¡Honk!
Honkie brincoteó en la cama, aparentemente feliz, sacudiendo su cabeza. Joey se atrevió a sentarse en la orilla, con los pies preparados por si tenía que echar a correr en cualquier momento.
-Honkie… ¿puedo… tocarte?
-Honk.
Los dedos del rubio se deslizaron entre las plumas, encontrándolas suaves como la seda y su pata y pico flexibles como goma, al igual que su cresta que se le antojó como de gelatina.
-Jeje, eres lindo, Honkie.
-¿Honk?
-¿De dónde eres?
Honkie pareció encogerse de hombros, al levantar sus minúsculas alas.
-Hooonk…
-¿Llegaste a mi por accidente o me buscabas?
-¡Honk!
-¿Me buscabas?
-¡Honk! ¡Honk! –la criatura asintió casi pegando su pico a la cama.
Joey lo tomó para colocarlo en su regazo, reflejándose en esas canicas perladas que parecían sonreírle mientras se movían a la par de su cabeza.
-Honkie, quizá no lo sabes, pero las cosas se están volviendo raras, extrañas… confusas para mí.
-¿Honk?
-Sí, y no sé si es buena idea que te quedes conmigo, digo, estoy hablando con una cosa rara.
-¡Honk!
-Hey, dije no sé, es que… no eres algo que le suceda a uno muy a menudo y de hecho me estoy preguntando si no he perdido la razón.
-Hoonk…
-Hoy mi Yugi peleará contra Kaho.
-¿Honk?
-Iré con él.
-Honk.
-Aunque no quiera, no sé porque decidió pelear solo. Quizá Atemu le metió esa idea en la cabeza. A veces me da la impresión de que está celoso de mí.
-¡Honk!
-Es que… no sé Honkie… yo… soy feliz con Yugi… todo funciona muy bien entre nosotros, me da una seguridad que necesito, no quiero riesgos ni estar angustiado de no saber que pasará mañana… así me sentía con…
-¡HOOONK!
Honkie saltó del regazo de Joey para ir a brincos hasta su máquina contestadota picoteándola.
-¡Hey! Debemos hablar sobre el maltrato al mobiliario –Joey le alcanzó, dándose cuenta de que tenía un mensaje- ¡Rayos!
Aprisa, presionó el botón. La voz de Tea chilló al instante.
-"¡Joey!, ¡Ven aprisa al puente elevadizo del canal!, ¡Yugi se fue con Kaho!, ¡Tristán los vio!, ¿Qué no se supone que estarías acompañándolo?"
-¡NO!
Joey tomó sus llaves y salió despedido, azotando la puerta. Honkie quiso alcanzarlo pero solo se quedó mirando su partida con tristeza.
-Hoonk…
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-Estás perdida, Kaho.
La pelirroja rió, mirándose las uñas.
-Asdfkghj…. Mira quien lo dice, el Rey de las Trampas.
Yugi apretó sus puños, furioso. Atemu le habló a través de su link, "oculto" como un espíritu tras el pequeño duelista.
//Calma aibou, está probándote//
/No me digas que me calme/
//Aibou…//
-¿Hasta cuando estarás con esa carta en modo de defensa?
-Yugi, no puedes vencerme, ¿por qué molestarme en atacar?
-Eres ingenua si crees que no podré mover tu defensa. Me vengaré de lo que le hiciste a Joey.
-Yo no le hice nada.
-¡Mentirosa!
//… aibou//
Yugi tomó aire, sacando una carta de su disco. Kaho usaba igual el suyo, pero solo con una carta disponible y otra boca abajo en modo de defensa. Atemu no le quitaba la vista de encima a ésa, tratando de reconocer aquellos signos en su reverso.
-Uso mi escudo Garnak en modo de defensa y mi Quimera cambia a modo de ataque, además coloco una carta boca abajo.
-Sí, claro –respondió Kaho, bostezando- Paso mi turno.
-¡Toma en serio el duelo!
La pelirroja se giró al escuchar pasos. Tea, Tristán y Joey llegaban corriendo al lado de Yugi.
-Más perdedores.
-Ya es suficiente –dijo Yugi molesto- Esta vez no podrás hacer otro de tus trucos.
-¿Trucos? El que tú hagas trampas no implica que el resto de los duelistas seamos así.
-Sigue mintiendo.
-Yo no hago trampas para ganar. Te he estudiado Yugi Mutou, siempre usas algún truco sucio para ganar tus duelos. Pobre Setito, el tan fuerte y honrado perdiendo ante el más grande estafador.
-¿De que hablas? –gruñó Joey.
-Quien debe cobrar venganza soy yo. Te probaré que si alguien está mintiendo en este duelo, ese eres tú, Yugi.
-¿Así? ¿Y como? –fanfarroneó Tea- Solo eres una chiquilla mimada que cree poder manejar una carta que le compró su papi.
Kaho se carcajeó con ganas, levantando sus manos en son de paz.
-Askdfghj… seguro… bien, entonces hagamos esto: quien gane tendrá la razón.
-Me parece bien –Yugi prepasó su mano- y cuando te derrote devolverás la carta de Joey y dirás lo que le has hecho a Mokuba. El confió en ti y lo traicionaste.
-Que miedo, pero no he traicionado a Moki, de hecho, ustedes lo hicieron. Especialmente el perrito Joey.
-¡Ya cállate! –le gritó Tristán.
-Déjenme a mí, chicos –Yugi se plantó firme- ¡Hora del duelo, Kaho!
Ella sonrió sacando su única carta que había en su disco.
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Seth miraba la luna llena, quieto, al pie del balcón de ese hotel turco. Un monolito se levantaba al lado de la catedral de Santa Sofía. Reflectores le iluminaban, débilmente. Poso una mano sobre su pecho, Seto dormía sereno, sin perturbaciones.
Un relámpago cayó de la nada, golpeando el suelo. Otro más. Otro. Una tormenta eléctrica azotó la ciudad de Estambul. Seth corrió al lado de Seto, quien ahora se removía en sueños, inquieto. Su mano fantasma se posó en su frente.
Miedo.
/Shh, mi pequeño/
Mokuba. Lágrimas. Desesperación.
/No, no, no escuches… es una trampa/
Mokuba atrapado. Solo.
/¡NO! Es mentira/
Frío. Soledad. Muerte.
/Mi hikari, es una trampa. No le escuches, vena mí/
La tormenta se volvió más agresiva. Ahora los rayos caían y danzaban cual tornados sobre la población. Los gritos de las personas no se hicieron esperar cuando empezaron las explosiones y fuegos por doquier.
Seth abrazó al otro ojiazul, sintiendo de lleno lo que su corazón estaba experimentando.
Mokuba…
Joey…
Dolor…
/Seto, no mi tesoro… no llores… resiste, estoy contigo/
Un relámpago tronó y cayó en el balcón, danzando desafiante. Seth levantó una mano y una carta de los Dragones Blancos de Ojos Azules brilló contra el rayo.
/Por el poder de Ra, no vas a tocarlo. ¡Kisara, protégelo!/
Un rugido del dragón opacó el chirriante del relámpago que pareció huir de ahí. Seth volvió su mirada a Seto, quien dormía de nuevo tranquilo.
/Eso es mi pequeño. Ya estoy aquí y no dejaré que te hagan daño/
Seth canturreó una antigua melodía egipcia, envolviéndole con su magia. Afuera, la tormenta dejaba una espantosa escena de incendio, humo, gritos y llantos. El antiguo sacerdote cerró sus ojos tranquilo.
Un espantoso rugido se hizo sentir, la tormenta volvió y esta vez sus mortales tronidos empezaron a hacer añicos a Estambul por donde caían. Seth abrazó con fuerza a su protegido.
/Vienen de nuevo…/
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-Por última vez, Kaho, ¿atacarás o no?
La pelirroja parecía haber encontrado más interesante arreglar sus largas trenzas que prestarle atención a Yugi, quien ya tenía a Quimera, el Caballero Celta y Kuribo en modo de ataque mientras que su poderoso Escudo Garnak seguía en defensa. En cambio la chica seguía con su misma carta boca abajo en defensa y otra en mano.
//Aibou… algo no está bien… sus puntos de vida están por desaparecer y no se mueve aún… deberías dejarme…//
-¡Está haciendo trampa de nuevo! –respondió en voz alta el joven.
Los ojos sanguinos de Kaho se posaron en él de nuevo.
-¿Estás hablando conmigo… o con tu Faraón Atemu?
Tea, Joey y Tristán se quedaron helados al escucharle, mirando a Yugi que no atinó a decir palabra alguna.
-¿Creías que no sabía tu sucio secreto? –continuó la chica- Tsk, tsk, Yugi malo. Por eso siempre ganabas tus duelos, si eran dos jugadores contra uno. Si Seto te hubiera enfrentado solo, serías menos que escoria. Pero claro, eres el Campeón de los Duelos de Monstruos, siempre pavoneándote de tus victorias y de ser el "salvador" del mundo… ¿a quién salvaste? Solo te hiciste famoso con tus locuras, no veo que el mundo haya cambiado ni un ápice por tus actos. Ah, y el Faraoncete siempre tan cobarde, ocultándose en esa baratija que osas llamar Rompecabezas del Milenio.
-¿Cómo…?
-Ay, Yugi, eres taaan idiotita. Supones tantas cosas pero no sabes nada en realidad. Crees que tus amigos te son fieles, pero buscan su propio beneficio, piensas que te aman, pero diría que en realidad eres la opción segura y no la verdadera. Te enorgulleces de tu Yami pero él es un maldito asesino bastardo… como tú.
-¡No le llames así! –bramó Joey- Tienes miedo de perder y tratas de distraerlo. Yugi, ¡véncela!
Yugi se giró a verle, emocionado. Atemu cortó unos segundos su enlace con el chico para no dejarle sentir su opresión. Kaho rió.
-¡Llamo a mi dragón! ¡Ataca hermano!
La chica puso en su disco su única carta en modo de ataque. Detrás de ella, brotó del suelo una silueta negra que se tragó el Kuribo de Yugi, restándole sus puntos respectivos. Los demás abrieron sus ojos como platos.
-Es el Dragón Negro de Ojos Rojos –musitó apenas Tristán.
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Los tres Dragones Blancos de Ojos Azules flotaban alrededor de la cama en una especia de triángulo protector. Seth abrazaba con fuerza a Kaiba, mirando desafiante la oscuridad que ya los había rodeado.
/En el nombre de Ra, ¡desaparece!/
Los ojiazules brillaron de nuevo, tratando de anular esas tinieblas que no retrocedieron.
/Si tan solo tuviera mi cetro…/
Un latigazo de temor azotó su mente y volvió su mirada a Seto.
/Shh, no escuches mi pequeño, es mentira; no escuches… no escuches… /
El antiguo sacerdote temió por ellos.
/Ra, ayúdame/
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Atemu percibió la energía de Seth en toda su magnitud, quedando perplejo.
//¿Seth? ¿Estás bien? ¡SETH! ¿QUE OCURRE?//
-¡Yugi, cuidado! –gritó Tea.
El Ojos Rojos devoró al escudo Garnak, para sorpresa de Yugi, sus puntos de vida también bajaron mientras el dragón se saboreaba al otro monstruo. Si bien era como el antiguo dragón, estaba mucho más grande y su coraza era más puntiaguda, filosa.
-¿Qué le hiciste a mi carta? –gruñó Joey.
-Uno, no es tu carta. Dos, halló la verdad –respondió inmutable Kaho.
-¡Deja de mentir! –intervino Yugi- Y aún no termina el duelo.
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/Faraón, ocúpate de Yugi. Kisara y yo podemos proteger a Seto. ¡Esto es un ardid, quieren a tu hikari!/
Seth jadeó cuando un rayo negro le atacó, lastimándolo. Seto tembló en sus brazos.
/Mi hikari, escúchame… ese no es Mokuba… te están tendiendo una trampa… no vayas… sigue mi voz y regresa a mí… por favor…/
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//Aibou… detente… esa carta boca abajo es la responsable de la transformación del Ojos Rojos… debemos detener este duelo…//
/¡No necesito tus consejos! ¡Soy un duelista profesional!/
//Aibou… no tenemos tiempo… Seth//
-¡Llamo a mi Maga Oscura!
La rubia y conocida figura de la carta apareció en el campo de duelo. Kaho borró su sonrisa, sin quitarle los ojos de encima a esa carta.
-¿Qué sucede, eh? ¿Ya reconoces que mueres de miedo? –se pavoneó Joey al ver su reacción- ¡Acábala, amor!
Yugi levantó una mano para ordenar el ataque cuando se quedó paralizado. El Rompecabezas del Milenio brilló y en lugar del pequeño duelista apareció Atemu, deteniendo el ataque.
-Se acabaron tus artimañas, Kaho Alkrila.
-Faraón.
-¡Hey, Atemu! ¿Por qué le hiciste eso a Yugi?
-Ahora no, Joey.
/¡YAMI! ESTE ES MI DUELO ¡REGRESA AL ROMPECABEZAS!/
-Mmm, te crees muy poderoso con tus chucherías del Milenio, Faraón, pero son una barata imitación del verdadero poder. Yo te mostraré lo que es un verdadero Artículo del Milenio.
-¿De que hablas, Kaho?
La pelirroja torció sus labios. El Ojos Rojos, tras ella, posó la punta de su hocico en su hombro para ser acariciado como una mascota con su amo. Kaho le pasó una mano.
-¡NO LO TOQUES! –estalló Joey, sin soportar como estaba siendo usada su carta.
/Yami, por última vez…/
//No, aibou…//
/¡¡Lo arruinarás!!/
//Déjame hacerlo//
/¡NOO! ¡TU ODIAS A JOEY POR ESTAR CONMIGO Y PERDERAS EL DUELO A PROPOSITO!/
Atemu parpadeó.
//Eso no es…//
Un enorme relámpago cayó entre Atemu y Kaho. Para sorpresa de todos, la pelirroja lo tomó entre sus manos para transformarlo al instante en una especie de aro que fue solidificándose hasta quedar como un marco redondo de oro puro.
-Este es mi Espejo del Milenio –anunció Kaho con orgullo.
-¿Espejo? ¡Si no tiene ningún espejo! –reclamó Tristán.
Poniéndose en guardia, el Faraón entrecerró sus ojos.
-No existe tal artículo…
/Yami, déjame el duelo a mí/
Kaho miró a la Maga Oscura con un odio que hizo a la carta retroceder. Volviendo sus ojos a Atemu, levantó el Espejo del Milenio frente a él.
-Esto es verdadero poder.
/¡YAMI!/
// Aibou, no… ¡SETH!//
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El antiguo sacerdote egipcio gritaba de dolor al ser atacado por una ráfaga de rayos negros que igualmente sometían a las tres cartas, pero ni aún así Seth soltó a su hikari ni tampoco los dragones blancos retrocedieron de su posición.
/¡DEJAME EN PAZ, FARAÓN. EL VERDADERO PELIGRO ESTÁ FRENTE A TI!/
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Kaho soltó el Espejo que flotó en el aire, comenzando a girar de forma horizontal. El Faraón notó entonces que aparecía una especie de reflejo suyo que cambiaba al de Yugi y así sucesivamente conforme a los giros que fueron haciéndose cada vez más veloces.
/YAMI ES MI TURNO, ¿HARAS LO MISMO QUE CUANDO EL ORICALCOS?/
Atemu bajó su mirada al sentir el reproche en las palabras de Yugi. La pelirroja sonrió triunfal; sus manos se extendieron frente al Espejo que brilló al tiempo que el Dragón Negro de Ojos Rojos de manera simultánea con su fuego al resto de las cartas en el campo de duelo.
-¡FARAÓN! –gritó Tea.
Una enorme explosión inundó el sitio, dejándose ver en el cielo de Ciudad Domino. Solomon y Ryou que iban en un auto hacia el lugar de la pelea, frenaron, sintiendo la vibración de la explosión a pesar de estar aún muy lejos, observando asustados el fuego de la ola gigante de fuego que se divisaba a lo lejos.
-Kami sama, esto no puede ser bueno.
-Señor, será mejor que nos apresuremos.
-¡A toda velocidad! ¡Sujétate Ryou!
Solomon iba a pisar el acelerador cuando el cielo oscureció por completo en un abrir y cerrar de ojos. Las nubes negras que danzaban furiosas se llenaron de relámpagos muy peligrosos y cercanos a la ciudad.
-¿Qué…? –Ryou abrió sus ojos como platos.
Lentamente, de esas nubes comenzaron a descender enormes estalactitas muy parecidas a aquel monolito en el centro de Ciudad Domino, sólo que éstas eran filosas como si hubieran sido rotas en su punta que lucía amenazante contra el suelo que nunca llegaron a tocas, quedando a flote a unos cuantos metros del suelo.
-Señor… -Ryou pasó saliva- ¿Q-Qué es eso?
-No lo sé hijo, y no me gusta para nada.
El auto arrancó de nuevo. Mientras pasaban por las calles y avenidas, ambos miraron el caos generado por aquellas estacas gigantes en el cielo. Solomon tuvo una idea, y encendió la radio para escuchar que se decía.
-"… esto parece una locura, el infierno mismo sobre nosotros… se nos informa que es un fenómeno global… el mundo ha quedado en tinieblas y…"
-¡Yugi!
Armado de más valor, Solomon aceleró hasta llegar al canal. Una enorme mancha de ceniza rodeaba todo y el mismísimo puente había desaparecido. Bajando del auto, los dos corrieron a buscar a los demás, llamándolos a voces, hallando a Tea, Tristán y Joey inconscientes a los pies de una torre eléctrica.
-Yo me encargo de ellos, busque a Yugi, señor.
-Sí, buena idea.
Solomon bajó a lo que fuese el canal, ahora seco por la explosión. Su mirada desesperad no avistaba nada entre la casi desaparecida neblina de humo. Divisó un cuerpo, metros más allá y corrió a él notando que buscaba ponerse de pie con dificultad.
-¡YUGI!
Sus intenciones de abrazarlo se congelaron cuando la niebla se despejó por completo y en lugar de su nieto pudo mirar al Faraón, vestido como tal y llevándose una mano a la cabeza.
-Ra…
Atemu abrió sus ojos, realmente adolorido y sin comprender el porqué porque lo sentía si solo era un espíritu y no una persona viva. Su vista reconoció a un perplejo Solomon.
-No… Yugi…
El ardor de la ceniza le irritó los ojos al tricolor que al llevarse una mano a ellos se dio cuenta de su piel bronceada. Su corazón palpitó acelerado y con temor se miró el resto de su cuerpo, notando que vestía como en el Egipto Antiguo, con su propio cuerpo.
-¡NOOOOOOOOOOOOOO!
Estaba ahí, de pie… vivo.
Vivo.
Y sin Yugi de nuevo.
-¡Aibou!
Con los ojos húmedos, Atemu corrió en círculos, buscándole, llamándole. Desesperado tomó entre sus manos su Rompecabezas para invocar su poder y localizar a Yugi. Nada. Después usó el Ojo del Milenio. El mismo resultado.
-No… no… no… no… no…
Un poco histérico, revisó donde había estado Kaho, la pelirroja igualmente había desaparecido.
-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Ryou y los demás ya despiertos, corrieron hacia él. Joey le miró confundido y algo asustado.
-¿D-Dónde está Yugi? –caminó varios pasos hacia el tricolor- ¿Atemu? ¿Dónde está Yugi? –sus puños se crisparon- ¡ATEMU!
Éste se llevó las manos a sus sienes, claramente agobiado. Solomon bajó su cabeza, Tea se llevó algo llorosa una mano a su boca; Tristán cerró sus ojos y Ryou desvió su mirada.
-¡MALDITO BASTARDO! ¡DEVUÉLVEME A YUGI! ¡EL NO ESTÁ MUERTO! ¡NO LO ESTÁ! ¡NOOOO!
Joey sacudía cual muñeco a un desamparado Faraón que no hizo nada por defenderse. El rubio entonces le propinó un puñetazo que lo lanzó al suelo con extrema violencia. Atemu no se movió de todos modos.
-Yugi… -sollozó Tea.
-¡YUGI, NOOOO! –Joey pataleó al aire, furioso.
-No… -musitó pálido Atemu.
-¡CÁLLATE IDIOTA! ¡VOY A MATARTE!
Con una mano temblorosa, el Faraón señaló al cielo negro. Uno a uno, fueron mirando sin comprender aún. Joey levantó su vista pero la devolvió sobre el tricolor más enojado aún.
-Créeme que ése es el menor de tus problemas, Atemu.
-No…
-¿Qué pasa, Atemu? –preguntó Solomon al ver la expresión de éste.
-No…
-Voy a…
-Espera, Joey –le detuvo Ryou con un brazo- ¿Faraón?
Los labios de Atemu temblaron tratando de hablar.
-N-No… n-no p-puede… s-ser….
-¿Qué es, Atemu?
-No…
Exasperado, Joey le tomó de la túnica, levantándolo del suelo, dispuesto a golpearlo una vez más.
-Yo te voy a…
-Es el Inframundo… -murmuró casi sin aliento el Faraón.
Todos miraron de vuelta al cielo, boquiabiertos. Incluso Joey soltó a Atemu al escucharle. Un viento frío los envolvió y se miraron preocupados pues todos habían percibido en ese viento cierto aroma a muerte.
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Yugi miraba a su alrededor con lágrimas en los ojos. Cuatro rocosas y negras paredes, el piso de mármol negro y el techo lleno de viguetas igualmente oscuras con cuatro antorchas en las esquinas iluminando su pequeña cárcel. Lo último que recordaba era haberse visto reflejado en aquel objeto de Kaho Alkrila, después unas perturbadoras tinieblas y al volver a abrir los ojos se hallaba en esa habitación si podía llamársele así, sin ninguna puerta o ventana aparente.
-¿Yami?
Un crujido se escuchó del piso. El jovencito se giró de inmediato. Perplejo contempló como un Khura vestido en una especie de usanza hindú pero de larguísima túnica ascendía de la nada hasta estar de pie completamente frente a él.
-Bienvenido seas a nuestra morada, Yugi Mutou. En unos momentos te servirán tus alimentos.
-¿Dónde estoy? ¿Qué me han hecho? ¿Y mis amigos?
-No debes temer. Realmente eres un ser insignificante a los ojos de mi padre. No eres nada. Así que nada te ocurrirá.
-¿Mokuba está aquí?
Khura dio unos pasos a su alrededor lentamente. Su larga túnica verde oscuro se ondeó elegante a su movimiento.
-El Espejo del Milenio absorbe el cuerpo y alma de su reflejante y puede enviarlo a cualquier sitio, dimensión o tiempo. En tu caso, transmutó tu persona con la del Faraón, eso es algo nuevo. Él ahora tiene su propio cuerpo, aunque no por mucho tiempo… ¿no es maravillosa mi hermanita?
-¡Son unos monstruos!
-Oh, ¿Cuándo te enteraste?
Yugi parpadeó asustado.
-Tú…
-Fui el primero en nacer, luego Kaho. Nuestro padre tiene un poder sin límites.
-¿Q-Qué eres tú?
Khura entrelazó sus manos detrás de él, como un maestro que se dispone a explicar un tema, caminando en círculos alrededor de Yugi.
-Yo era el fin del Todo pero luego me apresaron y casi me eliminan. Padre me liberó y me dio un cuerpo nuevo junto con un corazón… bueno mi cuerpo no es completo aún pero falta poco para ello. Kaho fue más fácil, su cuerpo se regeneró aunque su corazón se debilitó un poquito por ello. Nada grave.
-Hablas como si fueran… como si fueran esas…
-Las Cartas Malditas –Khura se plantó frente al jovencito con una enorme sonrisa- ¡Tarán! Estás viendo al Dragón Omega. Un placer conocerte.
Yugi retrocedió por mero instinto.
-No… n-no…
-Qué complicado eres.
-Imposible…
-Para quien pregona el Corazón de las Cartas y que éstas son sus amigos me resultaste algo incrédulo. Nosotros estamos vivos, igual que tus cartas de duelo, solo que a diferencia de tus monstruos, nosotros ya hemos visto la verdad.
-¿De qué verdad hablas?
Khura le guiñó un ojo.
-La mentira. Ustedes son mentira.
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Makyo se limpió su nariz con un estornudo, sentado en su habitual banca dentro del almacén de jardinería. Suspiraba de cuando en cuando con la vista en su regazo, sin percatarse de una presencia que camino con sigilo y en silencio hacia él.
-Makyo…
-¡Amo Kaiba, has regresado! –aquél levantó su rostro sorprendido- Yo… amito…
Seto tomó asiento junto a él y el anciano le miró preocupado al notar sus ojeras y palidez casi sepulcral. Se le veía cansado pero más aún triste. El ojiazul contemplaba sus manos que envolvían algo entre sus delgados dedos.
-Yo también le extraño Makyo.
-El amito Mokuba es un chico fuerte y sé que no le pasará nada hasta que usted le encuentre.
Kaiba sonrió apenas.
-Ya no me siento tan fuerte.
-Amo –Makyo posó una mano rugosa en su rodilla- Hasta la montaña más alta tiembla de cuando en cuando.
-Algo me pasa Makyo y no atino a pensar que es. Siento que me tragaran arenas movedizas.
-No se dé por vencido, amo. Usted siempre ha salido adelante.
-Lo hacía porque tenía a Moki a mi lado y… -Seto se encogió de hombros- Él es mi única familia, no tengo más nada que a él.
-¿Y usted amo? ¿Cuándo hará algo por usted?
Un par de tristes ojos azules miraron al anciano.
-Estoy cansado de mí.
-Oh, amo…
El castaño tomó las manos de Makyo para darle aquello que las suyas ocultaban. Eran los dos relicarios que ambos hermanos solían portar. Con algo de miedo, el anciano quiso devolverlas pero Seto negó en silencio, sosteniendo aún aquellas manos del jardinero.
-Por favor… tengo la sensación… de que no duraré mucho tiempo…
-¡No, amo!
-No sé si pueda encontrar a Mokuba pero no dejaré de hacerlo. Solo que… si las cosas no salen bien… sé que tú nunca nos olvidarás, Makyo.
Éste se soltó por fin, para tomarle por los hombros.
-Amo, no deje que su oscuridad se lo coma, aún hay esperanza.
-Es extraño… yo tengo el dinero y el poder para tener lo que quiera, para hacer lo que quiera… y lo único que deseo es que alguien piense en mí.
Makyo gimoteó.
-No quiero que esos relicarios se pierdan como me estoy perdiendo yo. Es como salir a tomar aire en medio de un océano infinito y cada vez es más difícil. Mi hermano te veía como a su amigo… y yo también, Makyo; por eso sé que en tus manos estarán esos relicarios a salvo. Realmente no quiero mi nombre en un libro de historia o un monumento a mi memoria… solo quiero… un corazón que no me olvide.
-Amo, aún en las tinieblas más perversas un rayo de luz puede cambiarlo todo.
Seto le miró sonriendo un tanto melancólico.
-Gracias, Makyo.
La voz de Roland llamando al CEO les interrumpió. Kaiba se levantó, arreglando su traje y endureciendo sus facciones. Roland apareció poco después.
-Señor, el auto está listo. El satélite sigue buscando y la computadora ya ha accesado a la Terminal de la CIA y la INTERPOL.
-Hm. ¡Vámonos!
-sí, señor.
El castaño se marchó a paso decidido sin mirar atrás. Makyo se puso de pie lentamente para verlo desaparecer tras una esquina de la mansión. Sus dedos temblorosos acariciaron los relicarios que miró con ojos llorosos. Giró su cabeza alrededor hasta que caminó casi corriendo hasta su camioneta que abrió para sentarse y colgar los relicarios en el espejo retrovisor.
-Ellos van a volver, Mary Sue, ya lo verás, y cuando lo hagan todos estos males se irán y los llevaremos de paseo por todo el Japón, si señor. Ellos volverán… y mi amito Mokuba querrá salirse sin permiso de nuevo y… y… y el joven amo Seto me pedirá que arregle su árbol de cerezo junto a su estudio… si… eso pasará… -Makyo comenzó a sollozar- … todo será como antes, Mary Sue… mi amo Seto es un dragón de luz y es invencible… invencible…
El anciano abrazó el volante para echarse a llorar sobre él.
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Continuará…
