TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.
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Say
your prayers little one
Dont forget, my son
To include
everyone
Tuck you in, warm within
Keep you free from
sin
Till the sandman he comes
Sleep with one eye
open
Gripping your pillow tight
Exit light
Enter
night
Take my hand
Off to never never land
Somethings
wrong, shut the light
Heavy thoughts tonight
And they arent of
snow white
Dreams of war, dreams of liars
Dreams of dragons
fire
And of things that will bite
Sleep with one eye
open
Gripping your pillow tight
Exit light
Enter
night
Take my hand
Off to never never land
Now I lay me
down to sleep
Pray the lord my soul to keep
If I die before I
wake
Pray the lord my soul to take
Hush little baby, dont
say a word
And never mind that noise you heard
Its just the
beast under your bed,
In your closet, in your head
Exit
light
Enter night
Grain of sand
Exit light
Enter
night
Take my hand
Were off to never never land
... (Enter Sandman, Metallica).
CAPITULO XII. CONMOCIONES.
-Solo para que dejemos claro el asunto… ¿por qué vamos al departamento de Joey y dejamos a Atemu remodelando la Tienda de Juegos?
-El Faraón ya se volvió loco –respondió Joey a Tristán- y es mejor así, quien sabe que esté planeando hacer.
-Eso de pegar las cosas al techo es algo inusual incluso para él, ¿no crees, hermano?
-Pues tener al Inframundo como techo no es precisamente normal.
-Gracias por el comentario, Tea.
-Chicos, cálmense ya –intervino Ryou.
-Llegamos –anunció Solomon, deteniendo el auto.
Todos bajaron en silencio y consternados aún por los recientes eventos. Tea titiritó de nuevo al sentir ese aire frío de temperatura cada vez más baja. Ryou le pasó su chaqueta.
-Este frío cada vez peor me está preocupando ya –dijo Tristán.
Joey sacó la llave de la entrada al edificio y entraron tomando el ascensor. Desde que el cielo se llenara de lo que Atemu llamaba el primer portal al Inframundo, el caos comenzaba a dejarse ver; aunque una gran parte de las personas trataba de disimular su miedo siguiendo con sus actividades comunes. El Faraón les había pedido dejarlo en la Tienda de Juegos para "prepararla" sin más explicaciones y ellos decidieron ir a casa de Joey, manteniéndose juntos el mayor tiempo posible.
El elevador se detuvo y el grupo salió cabizbajo.
-¡JOEY!
La voz de Serenity hizo levantar la mirada del rubio que no dudó en correr hacia ella, seguido por el resto. La pelirroja le abrazó emocionada.
-¡Hermanita! ¿Qué…? ¿Cómo…?
-Llegué antes de que esas cosas salieran del cielo, afortunadamente; pero no te encontré en casa.
-¿Por qué no llamaste a mi celular?
-Lo hice.
Ante esto, Joey buscó su celular, encontrándolo dentro de su chaqueta… quemado.
-Esto… ¿estuviste esperándome aquí desde entonces?
-No te preocupes, tu vecina me abrió la puerta.
-Ahh… vaya.
Los demás tomaron su turno para darle la bienvenida.
-¡Serenity, que alegría verte!
-Gracias, Tea, Ryou, Tristán.
-Eres una buena noticia, después de tantas malas –dijo Solomon, abrazándola.
Joey sonrió feliz pero luego se asustó al pensar en cierta cosa plumífera.
-¿Has dicho que entraste…?
-Sí, hermano. ¿Por qué?
-Em… ¿no encontraste nada inusual?
-¿Además de tu basurero?
-Esto…
-Te estás quemando, hermano –le bromeó Tristán.
-¿Por qué haces esa pregunta, Joey? -inquirió Tea.
El rubio solo se rascó la cabeza nervioso y entró con los otros pisándole los talones.
-¿Honkie?
-¿Qué?¨
-Shh, cállate Tristán, ¿Honkie?
Todos miraron extrañados a Joey. Tristán miró a Serenity diciendo en silencio "está loco". La chica rió.
-¿De casualidad eso que buscas es un muñeco raro, hermano?
Joey se giró de inmediato.
-¿Lo viste?
-Pues si, porque solo tú lo pondrías a secarlo en el horno de microondas.
-¿QUÉÉÉ?
El chico corrió a la cocina. Efectivamente, dentro del horno estaba su extraño amigo plumífero tomando una siesta. Joey lo sacó con cuidado para mostrarlo a todos.
-Chicos, miren lo que vino a mí. Es Honkie. Está vivo.
Cinco rostros desencajados contemplaron aquella cosa que se removió para acomodarse mejor entre los brazos de Joey.
-¡TE TOPASTE CON ESE MONSTRUO Y NO SE TE OCURRIO DECIRNOS NI UNA PALABRA! –gritó Tristán.
-¡HOOOOOOOOONK!
Honkie respingó al escuchar el grito de Tristán, haciendo a las chicas gritar también cuando chilló asustado.
-¡Tristán, lo asustaste!
-¡HOOONK!
-¡Argh! ¡Joey! ¿Qué es eso?
-¡HOOONK!
-¡Tea, no grites!
Honkie saltó de los brazos de Joey para correr debajo de la mesita d cocina, asustado y tembloroso.
-Hoooonk…. Hooooonk…
-¡Ya todos cálmense! –exclamó Joey- Es inofensivo.
-Creí que era un muñeco solamente –dijo Serenity con una mano en su pecho- Como siempre compras…
-No, Serenity. Esto es diferente, es… no sé… es Honkie.
-¿Dónde lo encontraste?
-No lo encontré, Solomon, cuando llegué de clases él estaba sobre mi cama esperándome.
-¿Cómo sabes que es un "él"?
-Yo… no lo sé… solo lo supongo.
-Hola, Honkie –le sonrió Ryou a la criatura.
-Hoooonk…
-Parece lindo –se unió Serenity, extendiéndole una mano.
Honkie pareció olerla y de manera tímida subió en ella para ser envuelta en los brazos de la chica.
-Es tan suave.
-Hey, después de todo, no luce tan peligroso –comentó Tristán.
Pronto, todos estaban acariciando a Honkie que se bamboleó contento ante tanta atención, olvidando el susto anterior.
-Hooonk…
-Creo saber porqué le has llamado así –rió Tea.
-Es de lo más extraño. ¿Será un monstruo de duelos?
-¡Honk!
-Creo que eso es un no, Solomon.
-Jajaja, igual digo. Cielos, necesito sentarme.
Todos fueron a la salita a tomar un lugar como meditando lo que estaba sucediendo a s alrededor. Honkie les miró a todos, balanceando su cabeza de un lado a otro, atento.
-¿Honk?
Solomon le sonrió a la criatura.
-Dime, Honkie, ¿nos conoces?
La cabeza peluda asintió.
-Honk.
-¿Sabes lo que está pasando?
Otro "sí" con la cabeza. Los muchachos le miraron esperanzados.
-¿Sabes quien provoca esto?
Honkie asintió vigorosamente. Joey y los demás intercambiaron sonrisas.
-¿Sabes en dónde está?
La criatura se zafó de los brazos de Serenity para saltar a la ventana, señalando con su hocico trompeta hacia el cielo oscuro y amenazante. Los demás suspiraron un poco decepcionados.
-Creo que tenemos un problema –murmuró Ryou.
-Hallaré la manera de subir hasta allí… y entrar… como que me llamo Joey Wheeler.
-Hoonk.
-Y a todo esto, ¿por qué tu visita improvisada, Serenity? –preguntó Solomon.
-¿Honk?
-¡Es cierto, de la emoción casi lo olvido!
La pelirroja corrió a su maleta mientras Honkie volvía al regazo de Joey, acurrucándose sobre él.
-Sabes, viejo, yo diria que Honkie es un ella y le gustas.
-Cállate, Tristán.
-Honk.
-¿Ves? Ella me apoya.
-Ni siquiera sabes que dice.
-¿Honk?
Serenity volvió con una carta de duelo en mano.
-Tengo algo que darle a… -se detuvo a media sala, parpadeando- … es cierto, ¿dónde está Yugi?
Todos bajaron su cabeza al momento.
-Fue culpa de Atemu –respondió Joey.
-Hijo…
-¡Honk!
-Verás, hermanita… él…
Más tarde, luego de escuchar lo sucedido y que a pedido de Solomon escucharan los noticieros por radio, donde se enteraron de la pérdida de numerosos satélites de comunicación, el grupo volvió a quedarse en silencio hasta que Serenity volvió a hablar, aún con la carta en manos.
-Supongo que es demasiado tarde.
-¿Para qué, hermanita?
Ella les mostró la carta que sostenía con tanto celo. El Sello de Oricalcos.
-¿QUÉÉÉ? –gritó Tristán.
-¡HOOOONK!
-Deja de gritar, Tristán –le regañó Tea.
-¿Quién te dio esa carta? –quiso saber Solomon.
-Pegasus fue a vernos a casa. Dice que la rescató de donde pelearon contra Dartz, en medio del océano y la guardó. Pero con las cosas que han sucedido, no pudo entregarla personalmente al Doctor Hawkins que debía darla a Yugi. Temiendo que el enemigo buscara arrebatársela, me mandó enseguida hacia Ciudad Domino. Es la única carta que puede vencer al enemigo, eso me dijo.
-¿Honk?
Joey se mesó los cabellos.
-Dámela, es demasiado peligrosa para ti –el rubio la tomó para guardarla en su chaqueta.
-¿Qué fue lo que exactamente te dijo Pegasus, hija?
-Honk.
-Que había que destruir las otras dos cartas con este Sello o de lo contrario la humanidad lo lamentaría… creo que fue demasiado tarde.
-No, Serenity. Ese Espejo del Milenio fue un as bajo la manga que no esperábamos… y… el Faraón…
-Hey, Joey, ya lo discutimos. No fue culpa de nadie.
-Lo sé, Ryou.
-¡Honk!
-Solo una Carta Maldita contra otra Carta Maldita –musitó Tea.
-Honk.
Joey tomó a Honkie entre sus manos.
-Dime que puedes ayudarnos.
Honkie asintió varias veces.
-No sé de donde vengas o que seas realmente, pero voy a depositar mi confianza en ti.
-¡HONK!
-Chicos, debemos prepararnos. Las cosas empeorarán.
-Tienes razón, Tea. De hecho, había pensado…
Joey calló como el resto al escuchar el sonido de un disparo, proveniente del departamento de Meiran y Shashenka. Todos se pusieron de pie y el rubio, dejando a Honkie en brazos de Serenity, corrió a ver que había pasado con ellas.
-¿Meiran? ¿Están bien? ¿Meiran?
Los demás esperaron en la puerta de Joey, asustados. El rubio ya en la otra puerta, la empujó hasta conseguir abrirla suavemente, dejando a todos ver una escena escalofriante.
Meiran sostenía una pistola humeante. Su cuerpo estaba lacerado y sangraba de la cabeza, hombro y pierna izquierda. Sus brazos tensos apuntaban a la nada en medio de la sala. A sus pies, una Shashenka más que pálida, lloraba aferrada a su pierna; aparentemente, sin ningún rasguño. Todo el departamento estaba hecho añicos.
-¿M-Meiran?
Ésta se volvió a Joey, apuntándole, sin pensarlo dos veces el rubio levantó sus manos en son de paz.
-Hey, hey, Meiran soy yo, Joey.
La detective le miraba como aterrorizada. Parpadeó varias veces, respirando agitadamente. Tardó un poco más en bajar su arma, reaccionando al fin.
-¿Joey?
-¿Meiran, que sucedió?
Ella no le contestó, inclinándose a abrazar a la rusa que de inmediato se escondió en su pecho, echándose a llorar con más fuerza.
-Shh, ya pasó Enka, ya pasó.
Viendo que Meiran recobraba su cordura, Joey entró en zancadas para revisar a ambas de sus heridas.
-¿Tú no…? ¿Tú no…? ¿No te pasó? –tartamudeó la castaña.
-¿Pasarme qué?
-Los monstruos –Meiran miró a su alrededor- ¿N-No te atacaron a ti?
Joey negó, temeroso.
-Nunca vi ni escuche ninguno, Meiran, más que tu disparo.
-Ellos… ellos querían lastimar a Enka… ¡Eran demasiados! ¡TUVISTE QUE HABERLOS VISTO!
Shashenka tembló y Meiran besó su frente.
-Lo siento, nena. Joey, nos atacaron, lo juro.
-Meiran, en verdad…
-Joey…
El rubio se giró al escuchar a Ryou en la puerta, señalando una pared de la sala. Joey siguió su dedo. Toda la pared estaba rasgada por unas garras que a juzgar por el daño habían sido enormes, levantando la dura madera y el tapiz para dejar entrever la siguiente habitación.
El corazón de Joey palpitó con fuerza al pensar que el daño lucía hecho por garras de dragón.
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-Estás demente.
Atemu no le respondió nada a Seto, terminando de sellar los vidrios de la entrada a la Tienda de Juegos y tapizándolas con alfombras.
-Listo.
Cruzado de brazos, Kaiba miró al techo de la tienda. Estaba todo de cabeza, literalmente, pegado al techo y una escalera hecha de varios cajones "subía" al piso desnudo.
-Me voy. Hice mal en venir a buscarte.
-No, Seto, espera. Aquí estarás a salvo.
-¿Perdón?
El Faraón levantó una mano señalando al cielo.
-Lo que ves allá arriba solo son las puntas de una enorme cordillera de montañas.
-¿Montañas? –el ojiazul frunció el ceño.
Atemu se le acercó, tomando su mano a la fuerza.
-Seth, se lo que estás haciendo. Pero no funcionará si lo haces solo. He preparado esta casa como una fortaleza porque como ya te habrás dado cuenta está a punto de suceder algo horrible.
Seto le miró pero sus ojos permanecieron nublados.
-/Suéltalo/
-Tú…
-/Ni siquiera sabes la mitad de todo, Faraón/
-Sólo estás haciendo que se evada y tu poder ya está mermándose, Seth y para la próxima vez que los ataquen perderás a Seto.
-/¿Por qué te interesamos?/
-No hagas esa clase de preguntas.
-/Mi hikari está a un paso de ser vencido, ¿y me pides que lo confíe a quien le ha herido?/
-Perdí a Yugi… no quiero perderlo a él, debes…
Gritos provenientes de la calle se dejaron escuchar cuando la tierra comenzó a vibrar por un temblor increíble que hizo caer al Faraón y a Seto, quien salió de su trance.
-¿Qué…?
Atemu le abrazó para jalarlo hacia el barandal de la escalera.
-No me sueltes.
-¡Quítame las manos de encima!
El sismo creció y ante la sorpresa del castaño, la casa comenzó a girar. Incluso el mismo resbaló cuando la inclinación se hizo más prominente.
-¡Seto!
Atemu se vio forzado a tomarle por la cintura, sujetándose fuertemente del barandal improvisado que soldara a la rudimentaria escalera. Los gritos aterrados de las personas fuera hicieron enchinar la piel del CEO.
-Pero, ¿qué está ocurriendo?
-No me sueltes, viene lo peor. ¡Fue demasiado pronto!
Por mero instinto y algo de temor, Seto se abrazó al Faraón. Ahora colgaban como si fueran banderines y el temblor se acentuaba, haciendo crujir toda la casa que resistió gracias a la magia que Atemu convocó del Rompecabezas del Milenio.
-Atemu…
-Ra, protege a los demás, no pude traerlos aquí a tiempo.
-¿Qué está pasando? –preguntó de nuevo el ojiazul.
-Te lo dije. Somos nosotros quienes estamos de cabeza sobre el Inframundo.
-¿Entonces estamos… dando vuelta? –Seto abrió sus ojos asombrado- No… ¡Mi hermano! ¡Moki!
-¡Él está bien! ¡No me sueltes!
-¡Tú no sabes eso!
-¡Confía en mí!
Una nueva ola sísmica hizo bailotear todo. El Faraón sujetó con todas sus fuerzas al castaño casi enterrando sus dedos en el barandal que igual se movía frenético. Explosiones, gritos, crujidos, llantos y alaridos se mezclaron con el estremecimiento del sueño que duró un largo tiempo.
Seto miró por encima de su hombro a la puerta tapizada como si a través de ella pudiera ver lo que sucedía fuera. Se sujetó con ambos brazos del Faraón al sentir que la gravedad les abandonaba, sintiéndose algo inseguro y desorientado lo que hizo que apretara sus párpados.
El temblor cesó. Kaiba abrió sus ojos. Estaban a oscuras, todo era silencio y él mismo se hallaba sobre el cuerpo del Faraón, en las escaleras que ahora sí tenían sentido. Lo que Atemu había hecho cobraba un uso útil pues el piso era ahora el techo.
-¿Atemu? –el ojiazul le sacudió- ¿Atemu?... perfecto te has desmayado –gruñó revisando los signos vitales del Faraón- Te consigues un cuerpo para quedar inconsciente, que logro. Si tuviera algo de luz…
Bajando las escaleras, Seto buscó a tientas una lámpara que halló en un cajón. Volvió con el Faraón iluminando su rostro.
-Creo que fue un golpe en la cabeza… ya despertarás. Ahora debo salir de aquí.
Subió las escaleras, estirando una mano para alcanzar la perilla de la puerta. Ahogados gemidos y llantos se escuchaban de fuera. Sus dedos rozaron la perilla. Un brazo le jaló por la cintura.
-¡No lo hagas! –exclamó el Faraón.
-¡Suéltame!
-Seto, no abras aún la puerta.
-¿Por qué no?
Sin soltarle, Atemu levantó una mano para retirar un trozo del tapiz que cubría el ventanal de la tienda. Kaiba no contuvo su asombro.
De cabeza, ahora sobre aquellos picos; escombros, autos y sobre todo personas caían en aquellas nubes negras que los engullían.
-Esto es imposible.
-No puedo estar más de acuerdo contigo. Solo espera a que… todo pase… y buscaremos a los demás.
-¿Ya puedes quitarme la mano de encima?
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-¿Están todos bien? –preguntó Joey tosiendo.
-Sí… creo… -respondió Tristán sacudiendo el polvo de su cabeza.
Todos estaban polvorientos, golpeados y bastante desorientados. Los muebles y objetos destrozados o rotos les rodeaban. Ryou se hallaba en el techo del pasillo. Joey, Meiran y Shashenka ya se acercaban a la puerta ayudándose de los escombros y esquivando los obstáculos. Tea, Serenity, Tristán y solomon se ayudaban a ponerse de pie.
-¿Honkie? –llamó Serenity.
-¡Honk!
La criatura brincaba alegre sobre una desarmada mesa de centro.
-Ven –la chica le tendió sus brazos.
Honkie corrió a su pecho mientras todos se reunían con Ryou en el pasillo, sentándose para ser revisados por Solomon y Meiran.
-¿Hemos… hemos dado la vuelta? –preguntó asustada Tea al ver a su lado la lámpara del techo del pasillo.
-Imposible, ¿cómo vamos a hacer eso? –rebatió Tristán.
-Meiran, déjame ver tus heridas –ordenó Solomon, rasgándose un trozo de su manga de camisa para vendarle.
En silencio, el grupo observó como la detective era vendada. Shashenka hecha ovillo, se aferraba a ella, sollozando en hipos. Una vez cerrada su herida y más serena, Meiran pareció recobrar su cordura.
-Tenemos que ir a un sitio donde estemos a salvo de muebles, objetos o cualquier otra cosa que se desprenda, rompa o quiebre –ella miró a ambos lados del pasillo- Vengan, las escaleras de emergencia no están lejos.
En una fila india todos le siguieron, ayudándole a abrir la pesada puerta ahora inversa y entrando poco a poco, dejándose caer en las escaleras de metal. Meiran les miró unos segundos, como meditando su siguiente paso.
-Ustedes chicos, quítense el cinturón –dijo, haciendo ella lo mismo- Tea, Serenity, sujétense de uno de ellos. Nos amarraremos a los pasamanos e iremos escalando por esta cara de las escaleras con mucho cuidado y sin prisa, ¿de acuerdo? Justo como los profesionales. Iremos al techo.
-Pero, ¿por qué amarrarnos así? –preguntó Serenity, aferrándose a Joey con Honkie bien metido dentro de su chaqueta.
-Quizá volvamos a girar…
El grupo quedó en un silencio temeroso.
-Todos imaginan sobre lo que estamos ahora, ¿cierto? –inquirió Meiran terminando de asegurarse al pasamanos y tomando a Shashenka que de inmediato se le colgó al cuello- Tenemos que ver como nos moveremos, y en un caso extremo, podremos usar las líneas de luz como soportes para pasar de un lado a otro. No podemos confiarnos de los cimientos de este edificio.
Tea ahogó un gemido de terror.
-¿No será mejor entonces ir al lobby? –opinó Solomon.
Meiran negó.
-Buena posiblidad, pero como dije, el cableado tiene una resistencia mayor además de no tener ya corriente alguna en este momento. Tengo una ligera idea de cómo podemos ir a un sitio seguro, solo espero que este desastre sea nuestro único problema –terminó, viendo sus heridas. Los demás asintieron, comprendiendo.
-Vamos –Joey tomó la iniciativa- Serenity, sujétate bien.
-¡Sí!
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Atemu y Seto estaban sentados uno frente al otro en completo silencio. El ojiazul de ojos cerrados y brazos cruzados así como sus piernas mientras que el Faraón con el ceño fruncido, posando su mentón en la palma de su mano.
-¿Qué harías si esa historia sobre nosotros fuera cierta? –Atemu rompió la quietud con su pregunta.
-¿Por qué debo ocuparme de algo incierto sobre un pasado que no recuerdo?
-Sólo quería hacer un poco de plática.
-Yo quiero largarme de aquí. Debí quedarme en Kaiba Corp.
-Está bien, lo admito. Amo a Yugi, y si, tenía una ilusión de que el sintiera algo por mí.
Seto abrió sus ojos.
-¿No me digas que tenías esperanzas de que el enano fuera célibe por ti, verdad?
-Ya sé, es una tontería. Está muy bien con Joey, así debe ser.
-Así debe ser –el ojiazul desvió sus mirada.
-No… lo siento, Seto… no quise decir…
-Ya, no importa.
-Quizá Joey…
-Faraón, estábamos muy cómodos con tu bocota cerrada.
-¿Has hablado con Seth?
-Oh, cielos, estás comenzando a alucinar de nuevo.
-Sería muy buena idea. De hecho, es por Seth que estás en tus cabales. Él está soportando tu dolor para evitar que colapses.
-¿Colapsar? –Kaiba arqueó una ceja.
-Tu amor por Joey es más profundo de lo que quieres admitir.
El castaño hizo una mueca.
-¿Y por qué tanto interés, Atemu?
Aquél se encogió de hombros, sonrojándose.
-Sé que no somos los más cercanos y…
-Cierto.
-… pero comprendo como te sientes…
-No lo creo.
-… eres parte importante de mi vida.
Seto no pudo evitar un bufido en son de burla.
-Que hayas perdido una oportunidad con Yugi no significa que vengas a mí como tu consuelo amoroso. Me ofendes, Faraón.
-No, no es eso, Seto. Tú eres aquí mi única familia, y antes te deposité toda mi confianza como lo hago ahora. No me perdonaría que algo te ocurriera.
-Esto se pone interesante. Según tú, ¿Qué puede pasarme?
-El enemigo quiere tu poder interior y hará hasta lo imposible por obtenerlo.
-Ja. ¿Y tú como piensas que lo evitarás?
-No lo sé… aún.
El ojiazul negó con la cabeza.
-Veo tu intención pero ya he olvidado Joey, así que no te preocupes más.
-Mentira.
-Claro que no.
-Por supuesto que sí.
-Lo niego rotundamente.
-Entonces cásate conmigo.
-¿QUÉ?
Atemu rió.
-¿Lo ves? Tu amor por Joey es auténtico, fuerte e indestructible… como el mío.
-Deja tus poesías para un tonto.
-No respondiste.
-¿A qué?
-¿Te casarías conmigo?
Los ojos azules de Seto se endurecieron, fulminando al Faraón que soportó el ataque con temple.
-Me largo.
-Respóndeme.
-Lo que haré será decirle a Yugi lo patético que eres.
-Hazlo si es lo que deseas, pero respóndeme.
-¡Escúchame bien! –el castaño tomó por el cuello al tricolor- Déjame en paz y vete a contar tus fantasías reprimidas a alguien más.
-¿Es un sí o un no?
-¿Qué hago aquí? –Seto le soltó- Me voy.
Con una furiosa media vuelta, el ojiazul se dispuso a salir sin más palabras para Atemu quien igualmente se paró, estirando un brazo para detenerle. Un nuevo temblor sacudió la tierra y antes de que ambos pudieran aferrarse a algo dieron varias vueltas frenéticas esta vez. Se movían como si estuvieran dentro de una tómbola. Atemu hizo brillar su Rompecabezas, tomando la muñeca de Seto para sujetarle y flotar en medio de la tienda que no paró de girar. El Faraón se concentraba en sus alrededores, escuchando de nuevo los gritos de terror de las personas afuera. Se volvió al castaño.
-Hay que…
Enmudeció.
Frente a él no estaba Seto, ni Seth. Era un nuevo ser que le era desconocido por completo. Esa personificación tenía un porte gallardo. Aunque Atemu no podía distinguir del todo su figura le llamó la atención su largo cabello brillante en un estilo quizá egipcio. Más que una persona, al Faraón le pareció estar viendo una divinidad. El tricolor parpadeó inseguro. Quizá era como si por alguna extraña razón Seto, Seth y Kisara se hubieran fusionado en un solo ser que irradiaba una luz blanquísima y muy cálida además de pacífica.
Sin dudarlo, se aferró a la ahora blanquecina y fina mano que sujetaba, como temeroso de que esa visión fuera a escaparse. El resplandor que emitía ese ser le dejaba completamente anonadado pues la luz no tenía comparación alguna, y el Faraón mismo ya había contemplado en todo su esplendor a Ra y otros dioses pero ningún recuerdo de ellos igualaba siquiera la luminiscencia que ahora observaba y que le transmitía una paz y felicidad plenas e inmensas.
Como si estuviera en el Paraíso mismo.
Esa contemplación lo distrajo de un libro que salió disparado de su broche en el librero y fue a dar contra su cabeza, desequilibrando y haciéndolos caer al suelo.
Aquella conmoción había cesado afortunadamente, de nuevo, todo estaba en su normalidad. Seto abrió lo ojos, mareado. Una mano sujetaba su muñeca. Se zafó al instante.
-¡Te he dicho que no me toques!
-¡Seto!
Kaiba se puso de pie no muy seguro de su equilibrio. Sus pasos se dirigieron a la puerta que abrió aún ante la protesta del Faraón.
El cielo era claro y brillante como cualquier otro día. Nada de nubes negras ni estalactitas tenebrosas colgando de la nada. Pero el desastre si estaba presente, edificios en ruinas, cables de luz con cuerpos enredados en ellos, incendios, humo y caos.
-Hay que buscar a los demás –habló Atemu al lado de Seto.
-Tú los buscarás, yo iré a Kaiba Corp.
-Seto…
-Adiós.
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Joey, Meiran y los demás miraban asustados el paisaje apocalíptico frente a ellos. Afuera, en el techo del edificio, contemplaron una Ciudad Domino en ruinas, humaredas y fuegos por doquier, llamadas de auxilio, gritos, llantos y explosiones se dejaban escuchar.
-Esto es horrible –Serenity ocultó su rostro en el pecho de Joey.
-¿Todo el mundo estará así? –quiso saber Trsitán.
-¿Quién puede hacer tal cosa? –preguntó a su vez Solomon- hemos girando como trompos.
-Lo que sea que lo haya provocado no tiene ni la mínima compasión por la humanidad –opinó Tea igual de asustada.
-¡Hey! –Meiran señaló en el cielo.
Un helicóptero de la Fuerza Aérea estaba patrullando y al divisarlos en el techo se les acercó de inmediato. Su cruz roja era la muestra de ser un vehículo de rescate. La larga compuerta se abrió y un soldado se asomó. En su casco igualmente estaba pintada un a cruz roja.
-¿Se encuentran bien? –les gritó por sobre el ruido de las aspas.
Todos asintieron. Honkie no se movió, pareciendo un muñeco.
-¡Suban pronto! ¡Los llevaremos a un refugio!
Uno a uno fueron subiendo al helicóptero que hizo otro par de rondas más para rescatar más sobrevivientes. En su interior, paramédicos militares les atendían sus heridas ya de vuelta al complejo militar en las afueras de una devastada Ciudad Domino.
-¿Saben que ocurrió? –preguntó Meiran cuando la atendían.
-Aquella macrocélula en el Océano Pacífico comenzó a extenderse hasta cubrir todo el globo en cuestión de minutos –le respondió el paramédico- Registramos una alteración en su campo electromagnético cuando sucedió el fenómeno. Todo se hizo trizas excepto los aviones y cargueros que lograron despegar antes de eso, como nosotros.
-¿O sea que pasó en todo el mundo? –Tristán no pudo evitar preguntar.
-Así es, las zonas más afectadas fueron las ciudades y metrópolis. Esa cosa desapareció así como sus pulsos, creemos que…
-¿Qué pulsos? –interrumpió Joey.
-Esa nube gigante pulsaba como si emitiera ondas de radio, salvo que no era así, en América dijeron que quizá era un organismo viviente pero no se apoyó esa idea. Decía que desapareció, esperamos que ya no haya más fenómenos de estos.
-¿Nunca descubrieron la fuente de esa macrocélula? –inquirió Ryou.
-Jamás, todo lo absorbía o destruía. En lo personal, me pareció de lo más demoníaco.
Hubo silencio. Serenity miró a Honkie que fungía su papel de muñeco emplumado a la perfección aunque la criatura dejó escuchar un apagado lamento.
-Hooonk…
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Seto suspiró aliviado en su centro de mando, metros bajo tierra en Kaiba Corp. Ambos cerebros de las IA, Renacimiento y la propia de Kaiba Corp estaban intactos a pesar de la conmoción y seguían rastreando cualquier pista sobre el paradero de Mokuba. Con más calma, tomó asiento en el suelo lleno de papeles. Renacimiento cambió su pantalla llena de vertiginosas imágenes a estática.
-¿Qué rayos…? –el ojiazul se puso de pie para arreglarla.
Una sola imagen al frente apareció. El rostro de Seto se endureció al instante.
-Arnas Alkrila.
-Ah, veo que has hecho tus deberes… no podía esperar menos de mi lindo dragón.
-Habla de una vez.
-Ooohh, ¿no te gustan las tretas, eh? Bien, seamos claros y hablemos de negocios.
-¿Dónde está mi hermano?
-Tsk, tsk. Primero la sopa y luego el guisado.
Kaiba apretó sus puños.
-Si le haces algo, por mínimo que sea, lo pagarás con tu vida.
-Calma, calma. Como ya dije, vamos por pasos, y por el momento quisiera intercambiar unas palabras con Seth.
-¿Qué…?
-Antiguo sacerdote, sé que me escuchas. Háblame.
El castaño iba a reclamarle cuando su cuerpo se tensó, como si hubiera sido hipnotizado.
-Te saludo, Faraón y Alto Sacerdote Seth. He esperado mucho por este día.
-¿Qué deseas? –habló Seth por medio de los labios del CEO.
-No tienes que pasar por todo esto, ni sufrir como lo has hecho, yo te ofrezco la oportunidad de una nueva vida, llena de poder absoluto.
-El poder no me interesa.
-Hazlo por tu hikari. Vamos, nada tienes que temerme, ¿o acaso te he hecho daño?
-Tu juego de palabras no funciona conmigo.
-Soy honesto. No resistirás mucho en ese estado tan lamentable en el que te estás ahogando. Ni tampoco Kisara.
-Aléjate de nosotros, te lo advierto.
-¿Cómo voy a hacerlo… –Arnas sonrió malicioso- …cuando por fin te he encontrado… hijo mío?
El castaño retrocedió.
-Yo no soy tu hijo.
-Claro que sí, solo que no lo recuerdas. Pero no te preocupes, yo lo comprendo. He hecho, soy muy comprensivo con mis hijos.
-Aléjate de nosotros.
-Ah, vamos, Seth cariño. La diversión apenas comienza. ¿Quieres ver?
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Continuará…
