TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.

AUTORA: clumsykitty.

GENERO: Pos yaoi, que otra.

PAREJAS: Puf, muchas.

SERIE: Yu-Gi-Oh.

DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.

WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.

SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?

NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

La suerte no es más que la habilidad de aprovechar las ocasiones favorables.
O. S. Marden

CAPITULO XIII. MALA SUERTE.

Pequeños campamentos llenaban las avenidas por las que Joey junto los demás caminaban hacia la Tienda de Juegos, luego de dejar el refugio militar donde Meiran y Shashenka permanecieron. Con pesar observaron el gran número de heridos y muertos entre aquella desolación en una tarde rojiza y más fría que antes. Tea iba abrazada a Tristán, Serenity con Joey junto con Honkie, Ryou ayudaba a un cansado Solomon un poco atrás.

Tras una larga marcha, llegaron donde Atemu que ya les esperaba en la puerta, vestido con ropas más modernas.

-¡Atemu! –Tea corrió a él- ¿Estás bien? ¿De dónde sacaste esas ropas?

-Magia –respondió el Faraón- Lamento que ustedes hayan salido heridos. Vamos, vengan dentro.

El grupo entró. Tristán lanzó un silbido al ver todo pegado de cabeza.

-La Casa del Tío Chueco –bromeó.

-Era necesario, deberán permanecer aquí de ahora en adelante.

-Pero…

Atemu les calló. Con una mano fue pasando por cada uno, sanando sus heridas y golpes. Cuando llegó con Serenity, se detuvo estupefacto al ver a Honkie.

-Ra, ¿qué es eso?

-Honkie, un amigo de Joey –respondió la pelirroja- Pero está muy asustado desde el temblor.

La chica extendió un poco sus brazos para que Atemu viera mejor a la criatura, la cual abrió sus ojos un poco y de inmediato brincó de aquellos cálidos brazos para inspeccionar el lugar, pareciendo muy a gusto cuando se colgó de cabeza sobre el resto, usando su única pata como seguro.

-HOOOOOOONK.

-Parece que le agradó tu decorado, Atemu –opinó Joey- ¿Esto te parece bien, Honkie?

-Honk –asintió éste, con alegría y sacudiendo sus alas.

-¿Dónde lo encontraste, Joey?

-Apareció en mi recámara, Atemu. ¿Puedes decirnos algo de él?

-Solo que posee una cantidad de energía increíble.

Todos miraron al Faraón.

-¿Cómo?

-Honkie emite una energía pura, pero no sé a que se deba… se parece tanto a… -el tricolor sacudió su cabeza- No detecto su origen, lo siento.

-¿A qué re refieres con origen, Faraón? –quiso saber Ryou.

-Mortal, inmortal, demonio, etc., a eso me refiero.

-Hooonk.

-Pues creo que no le gusta que hablen así de él –dijo Joey, extendiendo sus brazos a Honkie para atraparle- Ven acá.

La criatura se dejó caer, acurrucándose de inmediato en su pecho.

-Y veo que tiene una conexión especial contigo.

-Atemu, quítate de la cabeza que solo tú eres el centro del universo –respondió Joey mirándole con reproche.

-Niños, niños –Solomon se colocó entre ellos- No iremos a ningún lugar si de nuevo volvemos a pelear. Mi nieto está perdido, Mokuba ha sido secuestrado y el mundo peligra allá afuera. Lo que menos necesitamos es dividirnos.

-Lo lamento, Joey. Prometo que traeré a Yugi de vuelta.

-YO traeré a Yugi de vuelta.

-Honk.

-Joey…

-Tiempo fuera chicos –Tea se unió a Solomon- Ahora hay que pensar que haremos.

-¿Honk?

Atemu juntó sus palmas, de entre ellas salió un pequeño resplandor dorado. Cuando se apago, en sus manos había seis pendientes ámbar.

-Tómenlos. Con esto podrán protegerse cuando el caos regrese una vez más.

-Espera, ¿qué estás tratando de decir? –preguntó asustado Tristán.

-Estamos en el ojo del huracán, lo que vieron no es nada. Ignoro que planea Arnas Alkrila.

De inmediato, todos tomaron un pendiente que se colgaron al cuello.

-Hoooonk… -chilló el plumífero ser, mirando a Joey.

-Em… Faraón, ¿no podrías hacer uno para Honkie?... cielos… ahora que lo pienso…

-Lo siento, pero no puedo hacer más. Eso sería poner en riesgo mi propia existencia sin saber si serviría de algo. Estos pendientes se alimentan de mi poder.

-O sea que si te pasa algo estamos fritos.

-¡Tristán! –Tea le dio un coscorrón.

-Gracias, Faraón –intervino Solomon- Sé que no debes esforzarte mucho en usar magia cuando ya has gastado demasiada en hacer esta fortaleza y nuestros pendientes cuando aún no enfrentas ese poder superior del enemigo.

Atemu asintió.

-Así es, Arnas Alkrila, como ya mencioné, es el causante de lo que pasó. Debo confesar que solo es una prueba del poder la Carta del Mago Rojo.

-¿Hoonk?

-¡Sí, me lo dijo Pegasus! –exclamó Serenity.

-¿Pegasus?

-Bueno, Faraón, estás tú en lugar de Yugi, así que te lo diré. Las Cartas Malditas fueron activadas antes de que el Libro de los Muertos fuera robado.

-¿Qué? Explíquense.

-Sí, Tristán. Pegasus me hizo aprender esto: quien obtuvo las Cartas Malditas las ha completado y su poder catastrófico será padecido por todo el mundo y solo el Sello de Oricalcos anulará su poder.

-Pero… ¿entonces por qué la Fundación Fénix desearía el Libro de los Muertos si ya despertó a las Cartas? –inquirió Ryou.

-Porque todo este tiempo no buscaban otra cosa que apoderarse de Seto. El resto fue una mascarada.

-¿QUEEEEEEEEEEE?

-¡HONK!

El Faraón se dio vuelta.

-Fue mi error, ni vi que Arnas preparó todo para tenderle una trampa a Seto. El Libro de los Muertos le es necesario para dominar a Seth que le está protegiendo por todos los medios junto con Kisara.

Joey bufó, mesándose los cabellos.

-Mira, Atemu. Sabemos que Seth fue tu pariente y eso, pero de ahí a darle una importancia…

-A menos que su ser se complemente con su opuesto, el poder de Arnas asestará un tiro de gracia sobre Seto. Un vínculo poderoso como una unión… matrimonial, le podría proteger igual que un escudo hasta hallar la manera correcta de salvarle.

-Creo que me perdí de algo –habló Tristán, algo atónito.

-De manera inconsciente, Arthur y Rebeca lo intuyeron –todos se giraron a Solomon al escucharle- Aquellos eventos climáticos no eran otra cosa que el creciente poder de las Cartas Malditas, y mi viejo amigo se les adelantó al arrebatarles el Libro de los Muertos. Toda esa fachada de la Fundación es un mero pretexto para ocultar su rastreo cronológico de las reencarnaciones de Seto, estudiarle y vencerle con el único fin de apoderarse de su esencia. ¿O me equivoco, Faraón?

-Tomaron a Mokuba como señuelo y… -Atemu pasó saliva- … me distrajeron con Yugi.

-¿Cómo que te distrajeron? –Joey se le acercó- ¿Eso que quiere decir?

-Serenity, ¿Pegasus te dio el Sello de Oricalcos? –el Faraón esquivó la pregunta y mirada del rubio.

-La tiene Joey…

El tricolor le vio por el rabillo del ojo.

-Ahora, amigos, es tiempo de planear nuestro movimiento. Arnas no puede ver ni escuchar aquí. Hay un campo de protección. Este lugar siempre será nuestro punto de reunión y deben venir aquí si desean ayuda o refugio.

-Me da miedo lo que estás diciendo, Faraón –dijo Tristán.

-Lo siento, la verdad es que no puedo ayudar al resto del mundo por mucho que lo desee. Si disminuyo más mi poder, ustedes morirían –un gemido de horror salió de todos- Arnas sabe que estoy buscando su fortaleza y así como yo improvisé este refugio, él ha creado su muralla de resguardo y para derribarla debo destruir sus pilares. Ustedes pueden ayudarme a localizarlos si así lo desean, pero cuando lo hagan, se los suplico enormemente, vuelvan aquí.

-Faraón, ¿qué ocurre en esos pilares? –preguntó Solomon.

-Verán… Seto estuvo aquí y…

-¡SETO ESTUVO AQUÍ!

-¡Honk! ¡Honk!

-¡Cállate, Joey!

-Cuando él estuvo aquí –prosiguió Atemu- hubo una presencia vigilándonos y le siguió cuando se marchó. Era un pilar.

-¿Honk?

Varios pares de ojos miraron al egipcio muy confundidos.

-Si dejé ir a Seto es porque debía asegurarme de que el Pilar no sospecharía que yo le había reconocido. Es el Pilar de la Muerte.

-¿Muerte? –inquirió Tristán con un hilo de voz.

-Así es, su presencia física traerá la muerte en gran escala de seres humanos en varios kilómetros a la redonda. Por ello mi advertencia, una vez que sea localizado, solo yo puedo hacerle frente y es en serio… estoy muerto… aunque posea este cuerpo ficticio… es solo una marioneta, pero ustedes no.

-Hooonk.

Atemu le sonrió a Honkie.

-¿Tú también puedes ver a los Pilares?

-¡HOONK!

-Honkie, ¿cuántos son?

Meneando su cabeza, la criatura apuntó a los cuatro puntos cardinales estirando al máximo su pico trompeta.

-Honk, Honk, Honk, Honk.

-Norte, Sur, Este y Oeste.

Joey miró asombrado a su singular amigo.

-Honkie… tú…

-Escúchenme todos – pidió el Faraón- Mi mejor recomendación es que permanezcan aquí. Los cuatro pilares pertenecen no solo a puntos cardinales sino a los cuatro puntos del cosmos, por lo tanto, su poder es peligroso para un ser humano normal. Debo enfrentarles con algún tipo de "burbuja" protectora o vidas inocentes perecerán sin remedio. Y debo hacerlo antes que el mismo Arnas Alkrila les otorgue más poder. Es la única manera de llegar a Yugi y Mokuba. Estoy dispuesto a sacrificarme por ellos, pero tendré más posibilidades con el Sello de Oricalcos –el tricolor miró fijamente a Joey- Te devolveré tu felicidad y a Yugi, pero necesito en verdad esa carta. Por favor, Joey, ¿podrías dármela?

-Hooonk… ¿Honk?

-Faraón –gimoteó Tea- ¿Sacrificarte?

-Es necesario, tengo el presentimiento que el poder del enemigo será tan grande que solo lo podré vencer absorbiéndolo y destruyéndolo con el Sello de Oricalcos… conmigo dentro.

Un denso silencio reinó en la Tienda de Juegos y nadie se atrevió a mirar al Faraón, salvo Joey cuyo rencor aún no menguaba del todo. Honkie le picoteó su pecho y el rubio de mala gana sacó la Carta Maldita, extendiéndola al tricolor acercándosele hasta quedar frente a frente.

-Si Yugi…

-Él volverá –le cortó Atemu- Pero sabes tan bien como yo que no es él tu preocupación.

-¿Qué…?

-Tú también eres un dragón, Joey… por eso… gracias por la carta.

El Faraón la guardó con el resto de cartas que le acompañaba. Miró a todos, dedicándoles una sonrisa de apoyo antes de darse media vuelta para abrir la puerta. Solomon le detuvo.

-Faraón, tu esfuerzo es incomparable, pero creo que los chicos estarán de acuerdo conmigo que en que también es nuestro mundo y nuestras vidas; así que no nos quedaremos de brazos cruzados observando como un malvado juega con nosotros.

-Así es –se unió Ryou.

-Y que lo digas –dijo Tea y Tristán.

-Estamos contigo, Atemu –Serenity se adelantó.

-¡Hooonk!

-Sí, bueno –terminó Joey.

Atemu sonrió divertido.

-Les agradezco sus palabras, y sé que juntos de esta manera venceremos.

Con la mano en el picaporte, el Faraón se giró para abrir la puerta mientras todos los demás se le unieron, entusiasmados.

Ninguno de ellos alcanzó a ver el rayo rojo que les golpeó.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

-… el Principio de Conservación de la Materia nos dice que la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma…

La profesora Kabuki escribía con su elegancia habitual en el pizarrón mientras los alumnos sacaban su libro de física para comenzar a hacer sus ejercicios.

Joey parpadeó atónito, mirando a todos lados con el ceño fruncido.

-¿Sucede algo, Señor Wheeler? –preguntó la profesora al verlo sin hacer nada.

El rubio no le respondió. Aún más extrañado, bajó su vista pasando sus manos por su uniforme azul como si estuviera soñando.

-Joey, ¿qué haces? –murmuró bajito Yugi a su lado para no ser reprendido.

-¡YUGI! –Joey se le abalanzó para abrazarlo.

El grupo enteró se echó a reír, con algunos silbidos burlones, haciendo sonrojar al tricolor que buscó deshacerse de un amoroso Joey.

-¡Joey Wheeler! –la profesora caminó hasta él- ¡Silencio todos! ¿Puede explicarme lo que está sucediendo, jovencito?

Joey dejó a Yugi para mirar a sus amigos. Tea, Ryou y Tristán le miraban sonrientes pero confundidos. Los ojos del rubio buscaron a Kaiba pero curiosamente su sitio donde regularmente tomaba clases estaba ocupado por otro estudiante. Miró por todo el salón notando entonces que no existía un pupitre extra.

-¿Seto?

El grupo murmuró consternado, la profesora posó una mano en el hombro de Joey.

-Hijo, estás asustándome, ¿qué te ocurre?

-Joey… -Yugi miró angustiado al chico.

-Ven conmigo, Wheeler. Los demás, ¡a trabajar!

La profesora Kabuki jaló fuera del salón de clases a un Joey que aún no acababa de entender la situación. Su vista recorría jubilosa y asombrada los pasillos llenos de estudiantes, profesores, risas, regaños y bromas.

-Todo está bien.

Sin embargo, se detuvo en seco cuando se dio cuenta de que la profesora le había llevado hasta la enfermería de la preparatoria.

-¿Qué hacemos aquí?

-No estás bien, Wheeler. Será mejor que te revise la doctora.

Entraron. A Joey le sentaron en la camilla de observación donde la medico le revisó cuidadosamente.

-Está normal. No presión alta o baja, pulso normal y reflejos en su lugar. ¿Qué sucede? –preguntó a la profesora.

-Preguntó por Seto Kaiba.

La doctora se volvió a Joey con la boca abierta. Luego bajó su mirada, guardando sus instrumentos en un cajón contiguo.

-Es normal, hay casos de reacción post traumática hasta varios años después. No hay de que preocuparse. Puede dejarlo un momento aquí, luego le enviaré de regreso a su salón de clases.

-De acuerdo, gracias doctora.

La profesora salió sin más comentarios. Joey, que hasta entonces había permanecido callado, bajó de la camilla para acercarse a la mujer.

-¿Qué sucede? ¿Por qué todos se comportan así?

La médico se dio media vuelta, sonriéndole con benevolencia y arreglando sus mechones rubios.

-Joey, pequeño, ¿no lo recuerdas?

-¿Recordar qué?

La doctora le abrazó, acariciando su espalda.

-Hace casi un año que Seto Kaiba intentó matarte a Yugi y a ti en la entrada de la escuela. Tú forcejeaste con él, para proteger a Yugi. Fue un accidente, amor. No accionaste el gatillo de la pistola a propósito…

Joey sintió un escalofrío recorrer su espalda al tiempo que abrió sus ojos de par en par.

-… tú no mataste a Seto Kaiba.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

-¿Estás bien, Joey?

-¿Eh?... sí, Yugi… gracias.

Tanto el rubio como el tricolor caminaban de regreso a casa, por el camino del río, donde el sol vespertino se reflejaba en su ribera tranquila. Yugi miraba de cuando en cuando a Joey; con un suspiro, por fin se animó a preguntar.

-¿Por qué quería matarnos, Joey?

El otro se detuvo en seco.

-Sé que aún no querías hablar del tema, pero hoy mencionaste su nombre como si nada hubiera pasado… y recuerdo como peleaste con él… no querías…

--No sigas.

-Lo lamento.

-No sé porque lo hizo. No entiendo nada.

Caminaron otro tanto en silencio. Una vez más, Yugi detuvo a Joey, tomando su mano.

-Yo creo que Seto estaba enamorado de ti y sintió celos de que tú estuvieras conmigo.

-¿Qué?

-Yo… bueno… Joey… no sé…

Joey le soltó como su si mano le quemara la piel.

-¡Eso no es cierto!

-Joey…

Sin más, el rubio echó a correr.

-¡JOEY!

Escapando del llamado de Yugi, Joey corrió sin rumbo fijo. La cabeza le daba vueltas. El no recordaba ningún disparo, muerte o pelea con Seto. De hecho, su último recuerdo antes de ese día de clases era al Faraón abriendo la puerta de la Tienda de Juegos dispuesto a vencer al famoso Arnas Alkrila.

Joey se detuvo.

-Honkie…

Levantó su vista. Estaba cerca de la playa, en la zona de embarques. Sus ojos distinguieron un carguero con unas iniciales bastante conocidas para él.

KC.

Un nudo en su garganta se hizo presente. ¿Por qué no recordaba eso? ¿Qué había pasado con Atemu, Honkie… todos los demás? ¿Estaba volviéndose loco?

-Creí que nunca te vería por aquí –dijo una voz detrás de él.

-Mokuba…

-Veo que también recuerdas mi nombre –rió el chico, colocándose a su lado.

Joey le examinó. El pelinegro no vestía uniforme sino un traje del mismo corte que su ahora difunto hermano mayor, hasta el porte era el mismo. Sin sonreír más que lo necesario y con aquella mirada penetrante que caracterizaba al ojiazul. Era más que evidente quien había tomado el mando de Kaiba Corp.

-Moki, yo… -el rubio pasó saliva.

-Mi hermano descansa en paz, Joey. Dejemos las cosas también así. Jamás creí que Nisama se transformaría tanto por ti… que llegara a tales extremos… pero mi consuelo es pensar que ya no sufre más por eso.

Joey bajó su mirada.

-Hay que seguir adelante, Joey. Se que en medio de su locura, mi hermano hubiese deseado verte feliz con Yugi.

-Perdóname.

-No tengo nada que perdonarte. Al contrario –el chico se volvió al rubio- Me debes una partida de videojuegos.

-Moki –Joey le abrazó- Es una promesa y Joey Wheeler siempre cumple sus promesas.

-Hecho.

Con un apretón de manos, ambos se retiraron del lugar. Joey, un poco más tranquilo, regresó a su casa observando en el camino todo a su alrededor: las personas platicando alegremente, niños jugando, risas, colores, incluso el clima era sumamente agradable.

-¿Habré estado soñando? -se preguntó subiendo a su departamento.

Unas risas conocidas llamaron su atención. Justo en la puerta de su departamento, Meiran y Shashenka se besaban y reían con sumo cariño. El rubio parpadeó atónito al ver no solo a una amorosa Shashenka colgarse del cuello de la detective sino además sus ropas coloridas y no las oscuras y tristes que solía usar.

-Cariño, una mosca se sentirá tentada de usar tu boca como refugio –bromeó Meiran a Joey quien sacudió su cabeza.

-¿Meiran? ¿Shashenka?

Ambas mujeres se miraron divertidas antes de volver sus ojos a Joey.

-¿Te sientes bien, pequeño? –preguntó la rusa, pegándose a Meiran.

-Tú… Shashenka… pero, Meiran…

-Jajajaja, tanta maratón de sexo con Yugi te atrofió el cerebro, tesoro.

-¡MEIRAN! –el rubor no se hizo esperar en las mejillas de Joey.

La detective rió, mostrándole al rubio una pequeña canasta de panecillos.

-Los hicimos para ti, Joey.

-Oh… gracias… -éste se acercó a tomarlos.

Meiran y Shashenka intercambiaron miradas antes de retirarse a su departamento no sin antes despedirse de un apabullado Joey que entró a su casa, dejándose caer en el sofá.

-Algo no está bien… es como si la muerte de Seto hubiera traído felicidad a todos…

Joey tomó un panecillo para observarlo y olerlo.

-Pero esto huele muy bien.

Justo cuando iba a darle una mordida, su timbré sonó. De mala gana, dejó sus cosas para ir a abrir. Un sonrojado Yugi vestido casualmente le sonrió con un pastel en manos que le ofreció.

-Tu favorito –dijo tímidamente.

El rubio le miró unos momentos y luego le sonrió de oreja a oreja.

-Que más da –murmuró para sí jalando dentro a Yugi.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Una lágrima corría silenciosa por la mejilla de Seto. Sus ojos azules contemplaban ausentes el ancho monitor donde un apasionado Joey comía a besos a un muy jadeante y ruborizado Yugi mientras le llevaba lentamente hacia la cama.

-¡BASTA! –gritó Seth con ojos húmedos- ¡ESTÁS LASTIMANDOLO!

-Dime, Seth. ¿El corazón de Joey miente?

-¡APARTA ESTO DE SU VISTA!

-Dime, ¿no es un corazón corrupto y vil?

-¡BASTA!

-¿Acaso no ha elegido la mentira sobre la verdad?

-¡Suficiente!

-Dime, dime, Seth. ¿Estoy mostrándote un engaño?

-¡No más, por favor!

El ojiazul se dejó caer sobre sus rodillas, apoyando sus palmas en el suelo donde pequeñas gotas cayeron de sus desconsolados ojos. La imagen en el monitor desapareció, quedando en su lugar Arnas quien sonrió compasivo al castaño.

-Aún cuando lo destruyera todo, Joey Wheeler seguiría y moriría en su fantasía que le he creado, porque es un humano y ellos son almas viles presas de sus instintos y pasiones. Tú no, mi adorado dragón, desciendes de la casta divina y tu luz solo espera aflorar como lo hacen las flores en primavera. Déjame ayudarte en ese camino, déjame arrancarte esa pena que embarga tu alma. Déjame encontrarte la verdadera felicidad.

-Tú no conoces la verdadera felicidad –dijo Seth, al fin, poniéndose de pie.

-Por supuesto que no, al igual que Seto, me fue arrebatada pero he luchado por ella y ahora que estoy por alcanzarla quiero compartirla y que mejor que mis amados hijos.

-A costa de la vida humana.

-Seth, Seth, ¿Qué importa? Lo que has visto se hará realidad… lo sabes… los humanos son así.

-Seto también es humano.

-Oh, vamos, eso ni tú te lo crees. ¿O me dirás que cuando estuviste con Kisara no te diste cuenta de que tú eras diferente?

-No voy a traicionar a…

-¡Él ya te traicionó! ¡Ha jurado a Joey devolverle su Yugi! ¿Y Seto? Lo han condenado al olvido.

-No…

-Confía en mí, Seth. Aparta las dudas y deja que mi mano te guíe.

-No puedo…

-Sólo déjame a mí las cosas. Para cuando todo haya concluido, tú serás eternamente feliz.

Seth inclinó su cabeza. Arnas torció una sonrisa.

-Desde ahora te aparto del dolor y las mentiras como el pastor protege a su oveja más pequeña de los lobos hambrientos. La Humanidad te ha despreciado y herido demasiado tiempo. Es entonces que te aparto de ellos. Tu Luz brillará en mi nuevo Paraíso, perfecta… y completa al lado de la Oscuridad.

Arnas terminó la conexión, girándose en sus talones con una enorme sonrisa de satisfacción.

-Bien hecho, encárgate de los demás. Deja que el Faraón se reúna con los suyos, no puede hacer nada de cualquier forma. Es tiempo de romper el umbral que separa a los vivos de los muertos.

Su mano ancha acarició una larga cabellera roja cubierta por un casco carmesí oscuro y puntiagudo.

-Mi amada Maga Roja…

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Continuará…