TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.
Why does my heart... feel so bad?
Why does my soul...
Why does my soul... feel so bad?
(Why does my heart feel so bad?, Moby)
Somos fácilmente engañados por aquellos a quienes amamos.
… Moliere.
CAPITULO XVI. DOS MUNDOS.
Ryou fue el primero en despertar, encontrándose a media calle desierta en algo que parecía una tarde nublada. Sus ojos parpadearon confundidos sin saber a ciencia cierta si acaso seguía durmiendo o lo que veía era realidad.
-¿D-Dónde están los demás? –se preguntó, levantándose poco a poco.
Podía darse cuenta de que la cuadra estaba deshabitada y no solo eso, lucía como si hubieran pasados siglos enteros pues todo estaba ya en ruinas, caminos abandonados y llenos de vidrios rotos de las ventanas junto con algunos puentes destrozados y postes de luz tumbados en las aceras o autos chocados… era como una escena post apocalíptica de una muy realista película.
Sacudiéndose el polvo de su ropa y cabellos. Ryou caminó hacia un local de revistas que reconoció por el malgastado anuncio, quedándose en la esquina de la acera para ubicarse mejor. Estaba seguro que todos habían salido de la Tienda de Juegos y avanzaban en grupos y ahora se hallaba en medio de una ciudad desierta.
-¡Ryou!
La voz de Tea le hizo respingar pero a la vez alivió su angustia. La chica corrió hacia él para abrazarlo con alegría.
-¡Que bueno que estás vivo! ¡Oh, creí que me había vuelto loca!
Ryou sonrió al escucharla.
-Bienvenida al club, Tea. ¿Sabes que nos ocurrió?
-No, no tengo ni la más remota idea. ¿Me creerías que desperté en el Parque?
-Lo creo. ¿Has venido caminando desde allá?
La chica asintió varias veces dando una media vuelta a su alrededor.
-Por un momento creí que me hallaba en medio de un sueño o más bien una pesadilla. Pero ahora que te veo, se que no estoy delirando.
-Jejeje, si, yo digo lo mismo. Sería bueno buscar a los demás.
Asintiendo, Tea tomó la mano de Ryou mientras se dirigían hacia una calle, mirando atentos a cualquier señal de movimiento. Así pasaron un largo trecho y fue Ryou quien esta vez distinguió entre unos arbustos de una casa a Tristán.
-¡Mira, Tea! ¡Por allá!
Ambos corrieron presurosos hacia el chico que parecía plácidamente dormido cual bebé a pesar de su posición incómoda. Tea le dio unas palmadas en sus mejillas para despertarle.
-¿Tristán?
Éste apretó sus ojos y se paró de golpe asustando a los otros que se separaron de él.
-¿Qué? ¿Cuándo? ¿Cómo?
-¡Tristán! ¡Me asustaste! –le regañó Tea- ¡No hagas eso!
-¿Eh?, ah que cosas más raras, soñé que estaba en mi casa arreglando mi moto… -el muchacho miró a su alrededor- ¿No será este mi sueño?
-No lo creo –le respondió Ryou con una sonrisa.
Tristán se rascó la cabeza, confundido todavía.
-Recórcholis, ¿qué sucedió?
-Les tendieron una trampa –habló una cuarta voz detrás de ellos. Los chicos se volvieron de inmediato.
-¡MARIK!
El egipcio les saludó con una reverencia.
-He venido a ayudarlos, parece que son el blanco de un odio encarnizado.
-Cielos, Marik, no lo tomes a mal pero no hables como si te entendiéramos.
-Lo siento, Tristán –rió el egipcio, observándolos- es curioso que estén sin un rasguño, pareciera que solo querían hacerles perder el tiempo.
-Esto, Marik…
-Pido disculpas de nuevo –Marik levantó ambas manos- Vamos dentro de la casa, estar afuera no es seguro.
Algo asustados, los demás le siguieron hasta entrar a la casa que igualmente estaba abandonada. El egipcio les hizo sentar alrededor de la barra de la cocina.
-Mi hermana y Odión deben estar buscando a los demás, pronto nos reuniremos todos.
-¿Qué nos sucedió, Marik? ¿Por qué todo está así? –quiso saber Tea.
-Es seguro que fueron hechizados antes del incidente, por eso no saben…
-¿Incidente?
Marik asintió.
-Una oleada de seres de otro mundo atacó Ciudad Domino, al igual que otras metrópolis del mundo. Los cielos oscuros de nubes y tormentas aparecieron de súbito con varios fenómenos naturales. Aquí fueron afortunados de que el ejército les hubiera llevado a refugios antes de eso, aunque las personas que no estaban dentro… pues… fueron llevadas.
-¿Llevadas? ¿A dónde?
El egipcio señaló al cielo, los otros se miraron entre sí.
-Esto no tiene sentido –comentó Ryou- Atemu nos dijo que ya no había…
-Ese no es la mayor preocupación, amigos, sino que el Inframundo comenzó a fusionarse con el mundo de los vivos. Esto que vemos es la última tierra de nuestra dimensión. Pronto estaremos en el reino de Osiris.
-Me asustas, Marik.
-Lo lamento, Tea. Mi hermana se percató de que la fuente de todo provenía de esta ciudad y por eso buscamos llegar lo antes posible –Marik suspiró- Temo por el Faraón, ha estado usando su poder y ahora es probable que se encuentre debilitado.
Tea se llevó una mano al dije que colgaba de su cuello. El egipcio notó su gesto y le sonrió.
-No te preocupes, Tea. No era eso a lo que me refería.
-¿Entonces, a qué?
-Bueno, Tristán, no puedo decirles porque el Faraón no me dio su consentimiento sobre el asunto.
-¿Uh? ¿Qué está sucediendo? –se unió Ryou.
Un chillido agudo cortó su interrogatorio. Marik cerró puertas y ventanas de la cocina usando sus manos para crear conjuros sobre éstos. Los demás observaron entre asustados y confundidos. Una vez que terminó el egipcio, todos se quedaron quietos. Los chillidos se escucharon más cercanos, unidos a sonidos de garras y alas entre otras cosas menos inteligibles. Tea se abrazó de Tristán, atemorizada. Después de unos minutos de esos ataques, todo volvió a la normalidad.
-Se han ido –dijo Marik, mirando las ventanas cerradas- Ahora comprenden cuando hablé de la extrañeza de que ustedes se encontraran intactos en plena calle desierta.
-Marik, ¿qué fue lo que nos hicieron? Yo recuerdo por última vez que salía detrás del Faraón de la Tienda de Juegos.
-Y yo –habló Tristán.
-Igual –terminó Ryou.
Los ojos violeta del egipcio les examinó a cada uno.
-Un poderoso hechicero les hizo caer en una especie de ensoñación, jugando con su mente para hacerles creer que lo que veían en sueños era real. Pero no solo eso, también los separó unos de otros a distancias enormes. Todo en un único ataque. Realmente se trata de un mago sin igual.
-Hey, Marik, es el enemigo del que hablas.
-Es verdad, Tristán. Y de nuevo, eso no es lo que me sorprende sino que esta magia tiene un poder que ya conocen.
-¿De quién hablas? –cuestionó Ryou con el ceño fruncido.
-De Mahado.
Miskra avanzó seguro sobre el puente frágil que conducía a la piedra flotante en medio de unas tinieblas bajo él y cuyo fin no era visible. En medio de la pequeña piedra estaba clavada una especia de espada aunque lucía más como una llave de cuatro hojas enterradas en la piedra flotante. A una mano el General la tomó para sacarla. Sus músculos se remarcaron por el esfuerzo pero aquella llave larga cedió, comenzando a salir. Sus filos dentados chirriaron al ir rasgando la piedra; una vez que estuvo fuera, Miskra se dio vuelta tranquilamente llevándose la llave. Salió de ahí para encontrarse con sus cuatro jinetes y escolta que se arrodillaron levemente antes de ponerse de nuevo en pie.
El General les arrojó aquella llave gigantesca que los cuatro tomaron del grueso mango para clavar sus filosas garras y separarla en cuatro partes, formando así cuatro espadas irregulares y dentadas que los jinetes observaron apreciativamente. Siempre coordinados, los cuatro se arrodillaron para sentar el mango de sus espadas en el suelo y poner la punta de las hojas contra sus pechos protegidos por una armadura. Sin titubear, se clavaron sus propias espadas que no les atravesaron sino fueron absorbidas por los cuerpos de los jinetes. Una vez que terminaron, miraron hacia Miskra.
-Cada parte de la Llave de Cuatro Puntas es ahora parte suya que protegerán con su vida y la usarán para acrecentar sus poderes en contra de nuestros enemigos. Vayan ahora y rompan la Rosa de los Vientos.
Con una reverencia, los cuatro jinetes se marcharon. Miskra salió de ahí pasando por un portal mágico que le llevó a la sala del trono donde Irkalla le esperaba con una enorme sonrisa.
-Mi buen Miskra, eres solemne cuando debes serlo pero práctico cuando es necesario, mi aprecio es tuyo por eso.
-Milord.
-Kaho, muéstrame.
La pelirroja, sentada a su lado, extendió sus manos. Su Espejo del Milenio hizo brotar una esfera donde se distinguían galaxias diminutas flotando tranquilas. De pronto, cuatro puntos brotaron del espacio vacío, formando un cubo luminoso donde sus vértices atravesaron aquella esfera de galaxias y se contrajo hasta romperla en miles de lucecitas que se extinguieron. Irkalla se carcajeó.
-El mundo mortal ha perecido.
Su vista cayó en su mascota atada a una cadena que terminaba en la mano de un muy confortable Khura echado en unos cojines mullidos.
-Dime, Ozha, ¿aún sigues creyendo que alguien me vencerá?
La gárgola de piedra levantó su mirada de ojos verdes hacia él. Su collar de metal negro era el único adorno sobre su piel rocosa y grisácea.
-Subestimas a los humanos, Irkalla.
-¿Qué yo subestimo a los humanos? Oh, mi querida mascota. Tú los subestimas y en grande.
-Pueden cometer errores pero su corazón revela los más grandes milagros.
-Claro, por eso esconden tantas mentiras, ¿no es así?
Ozha miró a Khura y a Kaho.
-¿No se dan cuenta todavía que Irkalla solo los quiere para conseguir su propósito? Les sacrificará para establecer su reino maldito.
-Sigues teniendo una imaginación muy pobre, imbécil –siseó Kaho.
-Shh, no te alteres hija mía –Irkalla acarició su cabeza- ¿Les hablas de la muerte a mis hijos inmortales, Ozha? Cuando eras humano tenías mejores ideas.
-Tus tretas con Seto no funcionarán.
-Oh, ya veo. Bueno, no quiero que funcionen solo que me den el tiempo necesario para completar las cosas; y eso a manos de Joey Wheeler ha resultado una maravilla. Me lo entregó en bandeja de plata. ¿Por qué molestarme en atacar al Faraón cuando Yugi Mutou lo hizo mejor de lo que yo hubiera planeado? No, mi querido Ozha, los humanos son los malos del cuento.
-¿Y tú crees que reviviendo estos dos cuerpos y fusionándolos con monstruos, cartas y hechizos es mucho mejor que un humano? Son viles marionetas.
Khura le dio un tirón a la cadena, haciendo a la gárgola inclinarse.
-Yo no tengo un collar en mi cuello –le dijo burlón- Y me parece que somos obras perfectas. No sé si te has dado cuenta, pero mi hermanita y yo tenemos una libertad absoluta. Algo de lo que no pueden presumir tus humanos.
-Es una ilusión. Irkalla usó su rencor para hacerles sus esclavos. Les dio poder para darles la sensación de que son invencibles, pero la verdad es que son borregos al matadero.
Irkalla rió bajito, bajando de su trono para ir donde la gárgola que no se intimidó con su presencia.
-Eres la mejor mascota que uno puede pedir. Pero no hables de ilusiones, rencores, esclavos y demás cuando TUS humanos lo hacen a diario, a cada instante, a cada pensamiento. ¿Qué yo usé el odio de mis hijos para convertirlos en lo que son? Oh, que gran culpa, pero obsérvalos. Un Dragón Negro, Una Maga Roja y pronto un Dragón Blanco. Ya no sienten odio, ni dolor, ni ira o amor. Están por encima de las cadenas mortales. Seres superiores que han gobernado TU mundo a su antojo. Ja ja ja ja ja.
-Ríe todo lo que quieras, pronto los Dioses estarán atacando tu fortaleza y serás destruido como debió ser hace eones.
El Dios Oscuro se llevó una mano a su mentón.
-Mmm, los vivos no pueden estar en el mundo de los muertos; así que los Dioses de la Muerte acabarán con los intrusos y entonces los Dioses de la Vida defenderán a sus protegidos reclamando que son los muertos los invasores. Comenzarán a pelear entre sí y pronto una guerra divina se levantará. No creo que les de tiempo de visitarme.
-Eso no ocurrirá, Irkalla.
-Permíteme… Kaho, amor, ¿nos dejar ver?
Honkie miró al cielo con sus ojos enormes y perlados, quejándose un poco. Bajó corriendo de la torre de luz de donde se había colgado para brincar vigorosamente hasta Joey que flotaba en una burbuja de luz.
-¡HOOOOOOOOOOOOOOONK! –chilló con todas sus fuerzas.
La burbuja se estremeció con su chillido y se rompió como una pompa de jabón, dejando caer al rubio sobre una charca de lodo. Joey despertó al instante, sucio y desconcertado.
-¡Yugi! ¿Qué paso? ¿Dónde estoy?
El plumífero ser se le acercó como frunciendo el ceño.
-¡HOONK! ¡HOOOONK!
Joey se puso de pie, mirando su ropa enlodada.
-¿Qué rayos sucede? ¿Dónde están todos? –su vista cayó en Honkie- ¿Qué…?
Con aire ofendido, Honkie se dio media vuelta. Joey le siguió en el acto, aún muy perturbado.
-Espera, Honkie, no comprendo…
-¡JOEY!
La voz de Serenity les hizo girarse. La chica les saludó a lo lejos, alegre de verlos.
-¡Hermanita!
Ambos extendieron sus brazos para correr a su encuentro. Justo al dar el primer paso, una explosión de magma les hizo caer de costado al salir disparada cerca de ellos, seguida de un temblor que fue aumentando de intensidad.
-¡SERENITY!
-¡HOONK!
Joey se puso de pie para ir a su rescate, pero la tierra a sus pies se fracturó salvajemente y varios pedazos se levantaron metros arriba entre los hermanos. La chica gritó asustada cuando más explosiones le rodearon.
-¡JOEY!
-¡SERENITY!
-Todo el estadio está asegurado y monitoreado, debemos mantener la calma entre los civiles; mientras podemos hacer un plan de evacuación en caso de que otro ataque dañe las instalaciones. Por ahora, eso es todo, pueden retirarse.
Soldados y policías se dispersaron. Meiran en una esquina lejana solo suspiró para ir en busca de café cargado. Uno de sus compañeros estaba en la pequeña máquina, sirviéndose uno.
-Pei, tienes una cara de pocos amigos.
-Y tú no eres uno de ellos.
-Oh, vamos, ¿te asustaron esas cosas?
-En lo absoluto, estoy acostumbrada a verte.
El otro detective suspiró. Meiran le quitó su café para darle un sorbo.
-¡Hey!
-Haces buen café.
-En fin… oye, Pei, ¿crees que sea el fin del mundo?
-¿Por qué dices semejante barbaridad?
-Bueno, primero esos cambios en el clima, terremotos, piedras que salen de la nada, el mundo volteándose de cabeza y ahora ataques de seres monstruosos… suena un poco a cataclismo, ¿no te parece? Ve esa pobre gente allá abajo, muere de miedo y tiene razón.
-Confiemos en que sobreviviremos a esto.
-Pues alguien que ya se rindió fue Stan.
Meiran se tensó al escuchar su nombre.
-¿Qué tiene? –preguntó como casual.
-Antes de que esta locura creciera, le había pedido al Jefe su traslado. ¿Pues que le hiciste?
-¿Yo? Nada.
-Tenía una cara como si se le hubiera muerto su madre la última vez que le vi… ¡Ah! ¡Míralo, allá va!
La detective se giró hacia donde su compañero le señalaba. Stan bajaba de las gradas al campo donde una multitud se hallaba temerosa e intranquila. El chico estaba con su ceño fruncido y clavando su mirada en algo. Meiran siguió la trayectoria, descubriendo con preocupación que se dirigía a Shashenka, quien se hallaba en medio del campo.
-Shit! –ella le devolvió el café a su compañero.
-¡Pei, me quemaste!
Meiran bajó saltando los asientos lo más rápido posible, Stan casi alcanzaba la pequeña camilla donde Shashenka estaba hecha ovillo, abrigada con una delgada frazada, temblando mientras se mecía ella misma.
-¡Stan! –le llamó la joven sin ningún resultado.
Ella brincó el retén para correr hacia Shashenka cuando un enorme sismo sacudió el estadio. Los gritos no se hicieron esperar. Meiran se detuvo un momento antes de proseguir. Entonces los asientos de un extremo del estadio salieron volando cuando un chorro de magma brotó de ahí. El caos se desató.
-¡AAAAAAAAAHHHHHH!
La detective sintió su piel erizarse cuando escuchó el grito aterrador de la rusa, así que corrió lo más rápido que pudo, chocando o aventando a las personas que histéricamente iban y venían. El domo del estadio salió despedido cual hoja de papel. Los gritos aumentaron entre llantos desesperados cuando el cielo se oscureció y las nubes negras pasaron a un rojo vivo como llamas enormes que empezaron a descender.
Pero Meiran no miraba hacia arriba sino al frente con los ojos abiertos de par en par. Stan apuntaba con su arma a la cabeza de Shashenka.
-¡NOOOOOOOOOOOOO!
El suelo se partió, rocas enormes emergieron para elevarse por encima de la altura del estadio. Las nubes piroplásticas cayeron sobre éste.
Ozha abrió sus ojos, asombrado. Irkalla rió.
-Ya no hay más tierra de los vivos y de los muertos. El límite ha desaparecido y la Muerte puede correr libre por las llanuras de la Tierra.
-¡Los matarás a todos! –gimió la gárgola.
-Esa es la idea –le espetó Khura, bostezando.
-Kaho, tesoro, deja tu espejo con Ozha para que siga viendo el show. Nosotros tenemos que retirarnos a nuestra reunión familiar.
La gárgola se volvió a Irkalla que le sonrió asintiendo.
-Así es, el tiempo ha llegado.
-No puedes…
-Ah, vamos, no seas tan pesado. Ya sabías que esto terminaría así, no hagas esos pucheros. Síganme, hijos míos, Seto espera. Ozha, no olvides apagar el televisor, jejejejeje.
Kaho, Khura e Irkalla salieron de la sala del trono entre risas y miradas burlonas hacia la gárgola que buscó seguirles sin conseguirlo pues su cadena se había quedado atada a un grillete en el suelo, sin más remedio que observar impotente las escenas dentro del Espejo del Milenio.
Atemu volvió a tomar aire, a pesar de que éste le quemaba los pulmones pues además de estar enrarecido, el olor a azufre y ceniza fina hacía difícil de respirarlo.
-Ishizu, Odión, ¿se encuentran bien?
-Sí, Faraón –respondió la joven, descubriéndose de su manto.
Los tres se pusieron de pie luego de que Atemu quitara su campo de protección, dejándoles ver el funesto cambio en el paisaje que ahora lucía a un infierno dantesco con un cielo de nubes de fuego, aire caliente con un suelo mezcla de lo que fuera Ciudad Domino con obeliscos, arcos y muros de extraño material.
-Debemos buscar a los demás cuanto antes –habló el Faraón luego de un momento de silencio- Deben seguir atrapados.
Ishizu y Odión asintieron, comenzando a caminar en un suelo que si bien parecía como si fuera una enorme brasa consumiéndose, estaba helada. Atemu iba frente a ellos, siempre vigilando. La joven egipcia echó otro vistazo al brazo izquierdo del Faraón, ahora vendado, que había recibido el golpe de aquel hechizo rojo que les cayera en la Tienda de Juegos y que le había lastimado seriamente al evitarle.
Atemu había sido el único en no caer en aquella magia, aunque si había sido conducido a una parte de Ciudad Domino lejana a los demás, donde los Ishtar le habían encontrado. El poder del Faraón había sido mermado para cuando el desastre empezó a manifestarse siendo aquel campo de protección lo único que el tricolor pudiera hacer de momento.
Al fin llegaron a lo que parecía una barranca cuyo fondo no era apreciado pues desaparecía en un oscuro y humeante abismo.
-¿Cómo cruzaremos? –preguntó Odión.
El Faraón sacó una carta de duelo que al instante se transformó en un muy verdadero Belerofonte. Los otros dos se quedaron algo asombrados al ver a la bestia tan real.
-Ahora las cartas pueden volverse de carne y hueso – explicó Atemu haciendo una seña para que subieran en él.
-¿Podremos ir los tres, Faraón? –inquirió Ishizu preocupada.
El tricolor sonrió, guiñándole un ojo y azuzando a Belerofonte que levantó sus alas en vuelo. En ese instante Atemu levitó a su lado, flotando junto con la bestia sobre el abismo. Odión rió a verlo.
-Cuando mencionaste que tus poderes estaban recuperándose, no figuré algo así, Mi Señor –comentó mientras cruzaban- Sorprendente.
-Ojalá pudiera hacer más –replicó el Faraón.
Una vez que tocaron suelo e Ishizu y Odión bajaron, Belerofonte desapareció.
-Ahora, debemos elegir una…
Atemu no pudo terminar. Un ronco y ensordecedor gruñido se hizo presente. Sin perder tiempo, los tres corrieron hacia donde se escuchaba, refugiados tras unos pilares inclinados.
-¿Qué es eso? –exclamó Ishizu.
-Cerberos, el Guardián del Inframundo (1) –respondió el Faraón preocupado- Los Dioses comienzan a caminar entre nosotros, nuestro mundo desaparecerá si no hacemos algo.
-Mi Señor, pero aún no sabemos quien usa una magia igual a la de Mahado en tu contra. Puede volver a atacar, así como ese Dragón del Caos –dijo Odión.
-Yugi me necesita… pero más aún Seto… si tan solo supiera si los demás están a salvo…
-Confiemos en ellos, Faraón. Ahora tenemos que destruir las artimañas de esta Oscuridad antes de que su red nos atrape por completo –Ishizu se acercó a Atemu- Y el Dragón Blanco no debe aparecer aún.
-Lo sé… Seto, perdóname… nunca debí dejarte ir.
-Miskra, quisiera pedirte un favor.
-Ordena milord.
-Que cambien a Yugi de celda, necesito que esté a la vista y al alcance. Quiero cazar un pez gordo.
-Sí, mi señor.
-Por cierto, Miskra. ¿No deseas hablar con ese jovencito?
-¿Milord?
-¿Sabes que está triste, no es así?
-Sigo sin comprender tus palabras, excelencia.
-Estaría estupendo que le hablaras, es otro favor de mi parte. Dame el regocijo de ver la expresión del Faraón cuando le reproche en cara su responsabilidad. Es que la culpa, Miskra, como les persigue la culpa. Y como me divierte verlos huir de ella.
-Si tú lo deseas, milord, lo haré.
-Gracias, Miskra. Ahora iré a ver el nacimiento de mi tierno Dragón de Luz.
(1) Cerberos, según la mitología griega, es un perro de tres cabezas que vigila la entrada al reino de Hades, el mundo de los muertos. Lindo cachorrito.
Continuará…
