TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.
Gracias muchas a quienes me leen y otras tantas a quienes me dejan un review por ahí. Gachias.
… Dedico este capítulo a mi personaje favorito de YGO, que como todo antagonista, es siempre malinterpretado y muchas veces rebajado por comodidades del anime lo que le ha provocado una mala fama infundada sobre su personalidad, pues como decía The Who en Behind Blue Eyes, nadie sabe de la tristeza detrás de unos ojos azules…
Con esta canción,
Himno del Amor,
Yo te canto ahora
Todo mi dolor.
Es tan fuerte, es tan grande,
Que rompe el corazón.
Esta melodía,
Himno del Amor,
Te la canto y siento
Todo mi dolor.
Es tan fuerte, es tan grande,
Que rompe el corazón.
… Ha nacido mi destino
Que morirá sin ti…
…(Melodrama, Andrea Bocelli)
CAPITULO XVII. LA NUEVA CARTA.
/Shhh… estoy aquí, hikari, no llores, he vuelto para protegerte. No tengas miedo. Deja que mis brazos te consuelen, limpia tus lágrimas en mi pecho; apóyate en mí para levantarte de nuevo. Que el fango y los ríos de sangre que el dolor te ha puesto alrededor no toquen tus preciosos pies descalzos. No tengas miedo, aquí estoy para ti. Si la muerte ha de venir a robar tu alma, tendrá que llevarse primero la mía porque aún en la muerte, siempre estaré contigo…/
-¡Argh! ¡No! ¡Hiciste trampa Kaiba!
-Ni en tus sueños eso pasaría, perro.
-No, no y no. Déjame ver tu mazo. Está truncado.
-Definitivamente no le vas a poner tus mugrientas manos encima a mis cartas.
-Mira, Kaiba, exijo verlas o daré por anulado el duelo.
-Que ingenuo. Perdiste, perro. Ya ríndete de una buena vez.
-¡Jamás!
-Me voy. Este duelo se acabó desde hace mucho.
-Volveremos a vernos, Kaiba. Soy tan bueno como tú.
-Quizá eso sea cierto perro; pero mientras sigas lamiendo botas, no lo serás.
-¡Kaiba!
-Adiós.
Ahí está de nuevo esa sensación tan confusa.
Ya lleva demasiado tiempo aquí, dentro de mí, invadiendo mis preciosos pensamientos que deberían estar dedicados a cosas más importantes que a darle cabida a esto. Pero ahí está.
La culpa de todo la tiene Joey Wheeler.
Ese estúpido perro es quien me ha contagiado con sus rarezas. Nunca debí dejarme manipular por Mokuba para convencerme de que ese saco de pulgas podía fungir como su niñero y compañero de juegos a causa de mis ausencias. Fue una completa estupidez.
Y si que lo es, puesto que de nada sirvió traerle si ahora debo vigilarlos a los dos como niños chiquitos. Mokuba no sabe aún controlarse pero el perro idiota si, y lo único que hizo fue alentar a mi hermanito a cometer más travesuras en toda mi casa.
Jarrones rotos, vidrios estrellados, alfombras quemadas, incendios en la cocina… la lista hubiera llegado a desastre nacional si no les hubiera puesto un alto. La desventaja de todo eso fue que tengo que hacer como centinela de ambos en todo el tiempo en que el perro está con Mokuba. Pero de nadie es culpa más que mía por haber permitido que ése viniera a la mansión.
Ignoro bajo que motivos esta extraña sensación comenzó a hacerse presente cada vez que Wheeler viene a casa. Tal vez se deba a que he tenido que escuchar sus altisonantes historias sobre su pasado pandillero o sus problemas con su padre alcohólico. Si está intentando darme lástima si lo ha conseguido, su vida no es nada en comparación a la mía. Lo que tengo me ha costado un precio muy grande que dudo el perro tenga las agallas de sacrificar.
Aquí viene ese jueguito de nuevo. Wheeler aprovecha una pausa en el videojuego con Mokuba para mirarme, pensando que no le veo que lo hace, mientras pretendo que miro la pantalla de mi laptop cuando estoy fijándome en el reflejo suyo. ¿Qué mira? Lo que más me confunde es esa sonrisa, primero creí que era de burla y bien apunto estuve de reclamarle, dejándolo en evidencia. Sin embargo, noto que es otro tipo de sonrisa a la que culpo de esta sensación.
Cada vez se hace más fuerte.
Mokuba le llama y vuelven a jugar entre risas y algunos comentarios fuera de lugar de mi hermanito sobre mi persona que dudo le interesen al perro. Lo cierto es que si siento celos de que Mokuba comparta tiempo con él pero es más mi deseo por verle crecer como un chico normal que ese egoísmo. Pero esta sensación también me provoca otro tipo de celos, celos de que el saco de pulgas también esté conmigo y ya no sé si estoy vigilándoles o fingir que lo hago solo por mirar a Wheeler sonreír como estúpido.
-Mokuba, levántate.
-Jajajaja… es que… Jajajaja… Nisama…
Mi hermanito se ha rodado por la alfombra por el simple chiste que Joey le ha contado. No me queda más que esperar a que su euforia termine.
-Jajajajajajaja…
Su risa llena toda la salita donde estamos fingiendo comer a la manera tradicional con cojines alrededor de una mesita aunque este intento barato tiene el fallo de que en lugar de comida típica está una pizza a medias con refrescos y golosinas alrededor.
-¡Ay, no! ¡Tengo que ir al baño! ¡Jajajajajajajaja!
Ruedo mis ojos mientras Mokuba sale corriendo casi tropezando hacia el pasillo para buscar el baño más próximo. Mientras tanto, tomo su jugo favorito para llenar su vaso decorado con pulpos de ojos saltones. Joey también ríe pero sigue con sus ojos calvados en mí. Ya no juega a las escondidillas, lo hace de frente. Debería alabarle por ya no ser tan cobarde pero esta monopólica sensación es un grillete que me impide hacerlo.
-¿Qué tanto me ves?
-Como pretendes ser el rudo cuando eres un niño lindo, Seto.
Gruño enfadado dando un mordisco a mi trozo de pizza. Como me fastidia cuando Joey se siente psicoanalista conmigo. El sigue mirándome ahora ladeando un poco su cabeza, sus cabellos rubios por tanto se mecen con el movimiento…
¿Qué demonios estoy pensando?
Me ha hecho mal la pizza porque siento mis mejillas algo tibias. Joey ríe sacudiendo su cabeza.
-Espera.
Viene hacia mí y yo debería ponerme de pie y gritarle de una buena vez que se largue de mi casa por abuso de confianza entre otras cosas pero solo estoy como idiota mirándole acercarse. ¿Por qué mi corazón late tan aprisa?
Respingo al sentir su mano rozar una de mis mejillas. ¡Qué atrevido perro maldito!
-Listo.
Se retira mostrándome un trocito de salami entre sus dedos que luego se lleva a la boca. Que modales los suyos. Mi corazón aún está agitado. Mokuba regresa completamente tranquilo pero trayendo consigo un instrumento de tortura.
-¡Vamos a jugar al Twister! (1)
Es la primera vez que sudo frío.
¿Por qué esta sensación es así de oprimente? ¿Qué tiene que me hace perderme en la confusión y el atontamiento cuando estoy con Joey? Ya me ha llenado mi vida de cosas inesperadas que me descontrolan y perturban, tengo que ponerle un alto a la situación. No puedo seguir así. Aunque por otro lado si quiero.
Pero no debo querer.
-Apreciaría que dejaras de mirarme.
-¿Sucede algo con que lo haga?
-Sí.
-¿Qué es?
-Me haces sentir mal.
Mmm, eso fue muy vago pero ya lo dije. Joey levanta ambas cejas para sonreír como el idiota que es y acercar su silla a la mía, va a rayar la fina loseta de mi biblioteca con eso. Ah, como no le cae encima un estante de libros y me libra de su presencia.
-Yo también me siento así.
¿Qué?
Pretendo sin mucho éxito que no le escuché. ¿Dónde está Mokuba cuando le requiero para interrumpir? Las letras de mi libro de historia universal se transforman en signos inteligibles por más que trato de concentrarme en ellos. Paso a la siguiente hoja pero la mano de Joey me detiene, apretando mi mano bajo la suya.
Nunca creí que un contacto humano pudiera ser así de cálido.
¡No! No no no no no nonononononononono…
Suficiente. Giro mi cabeza para darme a respetar y lo único que consigo es que Joey acerque su rostro a milímetros del mío. Nos vemos uno al otro en un silencio que percibo dice más de lo que me quiero aceptar. Sus ojos dorados en donde me reflejo tienen un brillo que hace latir mi corazón tan rápido que se me saltará del pecho. El calor que emana su cuerpo es como un afrodisíaco que está nublando poco a poco mi razón.
No, Joey. No cierres los ojos, quiero seguir…
Corto circuito.
Falla del sistema.
Todos abandonen el barco, niños y mujeres primero.
El misterio de la vida revelado en una visión providencial llena de emociones conjugadas en un torbellino de sensaciones como millones de galaxias explotando al mismo tiempo en una singularidad donde el tiempo y el espacio se tuercen para completar un círculo infinito de casualidades. Un pequeño big bang nacido únicamente con el contacto de labios en un tierno beso.
Claro que podría.
Pero ciertamente me vería ridículo.
¿Qué tan cierto es eso?
Mentiras piadosas.
Son las tres de la madrugada y aún no concilio el sueño. Este día fue con mucho, el mejor de mi vida. Después de que casi mato a una docena de psicólogos, terapeutas y a mi hermanito, por fin tengo en claro que Joey Wheeler tiene una relevancia en mi vida y en mi corazón como nunca pensé que alguien llegaría a tenerla. Y eso es mucho decir en mi persona.
Le invité a salir y aceptó. Paseamos por el parque, el centro comercial, la bahía, el parque de diversiones, el museo. Jamás había caminado tanto pero también jamás me había divertido igual. Joey sabe como hacerte sentir muy bien. Terminamos cerca de los juegos que están próximos a la preparatoria donde nos contamos más uno sobre el otro.
Cuando creí que el se echaría a correr de escuchar los horrores por los que Gozaburo me hizo pasar, una vez más me sorprendió cuando sus brazos vinieron a rodearme para darme un consuelo que hasta entonces no había escuchado. Su comprensión y apoyo hicieron que mi biografía ya no fuera tan terrible. Se hacía difusa con su sonrisa y sus lágrimas.
Finalmente, me llevó casi a rastras hasta una pequeña tienda de curiosidades donde me compró una bandita de tela y en la cual escribió su nombre en signos tribales para enredarla en mi muñeca.
Negra de pintura roja. Tenía que ser Joey Wheeler.
Luego vino el beso con la promesa de repetir pronto la experiencia. Claro que se repetirá hasta el fin de los tiempos. Estoy decidido. Joey tiene que venir a vivir con nosotros. Mokuba incluso ya ha pensado como decorar su habitación, quizá deba aclararle que el cachorro estará con su amo y señor.
Si, eso es. Lo voy a planear con cuidado. Así como el me regaló este día yo haré que ese momento sea un recuerdo inolvidable. Será una memoria exquisita ver su rostro de tonto cuando le diga 'Te amo'.
-Presten atención, mis pequeños, estamos por hacer un paso importante en nuestro plan de la renovación del Todo, es esencial que no se comentan errores y nos mantengamos lo más tranquilos posibles.
-Sí, padre –respondieron al unísono Khura y Kaho, caminando detrás de él.
Fornidos guardias abrieron cada uno una gruesa y pesada puerta de piedra, dejándolos pasar hacia el recinto donde Seto se hallaba en medio de aquel sello mágico, quieto, sin ninguna expresión aparente en su rostro. Irkalla le miró unos momentos y luego se dirigió a Kaho.
-Adelante, mi niña.
Asintiendo, Kaho sacó de un pañuelo color vino las tres cartas de los Dragones Blancos de Ojos Azules que presentó a Irkalla. Éste con una uña negra dibujó sobre ellos algunos signos y se las devolvió a la pelirroja que entró al sello, cambiando su figura de inmediato a la de Maga Roja, caminando alrededor de Seto, fue dejando una a una las cartas en las lápidas que anteriormente tallara. Una vez que lo hiciera, de sus palmas hizo brotar sus báculos que de inmediato emitieron una luz negra y una luz blanca respectivamente y que dirigió sobre las lápidas para formar unas cadenas luminiscentes que rodearon las piedras. Terminada su tarea, se volvió a Seto, a quien le hizo una reverencia para después salir del sello y colocarse a la derecha de Irkalla.
-Excelente, hija mía –comentó éste, volviéndose a Khura- Es tu turno.
Khura se adentró al sello, si figura se mantuvo igual, salvó sus ojos que se engrandecieron y cuyas pupilas tomaron la forma dragonesca. Caminando como un depredador alrededor de Seto, fue haciendo círculos cada vez más estrechos, hasta que por fin quedó al lado suyo, acercándose a su oído para comenzar a susurrarle con ese sonido especial, de encantador y dragón.
-¿Cuánto tiempo? ¿Cuánto? Milenios han pasado desde la primera ocasión en que tu corazón se quebró por primera vez, hace tanto que igual pareciera una ilusión, una fantasía en lugar del recuerdo amargo. Pero dejó una marca indeleble, que nunca se borró. Dime, ¿acaso alguien te ha preguntado si estás bien? ¿Acaso aquellos que dijeron ser tus amigos te preguntaron si tenías alguna pena en el alma?
"Nadie sabe por lo que has pasado y a nadie le ha importado, por eso has debido encerrarte en una coraza para no ser lastimado. Por eso has tenido que luchar solo contra tus miedos y tus fracasos, porque nunca una mano estuvo ahí para salvarte. Siempre sirviendo. Siempre callando el dolor que has sentido. Únicamente las paredes de tu corazón saben las lágrimas que has derramado en tu interior y te han desgarrado todos estos milenios.
Tu alma divina y preciosa rebajada a un simple mortal que tenía que soportar duras pruebas solamente para terminar siendo el fiel sacerdote de un Faraón que lo único que le importaba era salvar su propio pellejo a costa de la vida de los demás. ¿Le importó que tuvieras que matar a tu propio padre Akunadin? Claro que no. ¿Le importó que Kisara muriera? Claro que no. Y tú solo podías obedecer porque confiabas en él, porque creías que era el hijo de Ra que salvaría el mundo. Y lo hizo dejándote solo con un reino devastado. Es tan fácil solucionar las cosas así.
¿Acaso alguien llegó a consolar tu alma? Nadie estuvo ahí.
Cagando con los errores de otros porque nadie más quería solucionarlos. Pero tú lo hacías por una razón muy importante, la misma razón que hizo que reencarnaras una y otra vez, repitiendo la misma historia y quebrando tu espíritu en el proceso. Ahogándote en tu dolor, en esas noches solitarias y frías, sin que a nadie le importara.
Soportar las humillaciones de los demás, sintiéndote abandonado y despreciado por tus dotes, un niño genio que debió madurar a tierna edad porque quienes decían protegerle solo te tiraron al olvido como quien se deshace del juguete viejo. Y de nuevo estabas ahí, saliendo adelante por la misma razón que te ha ocurrido todo esto, siendo el padre, la madre, el hermano y el amigo de un bebé indefenso. Vendiéndote a un hombre sin escrúpulos para seguir adelante, porque nunca nadie se acercó a ti para protegerte y cuidarte, nunca nadie quiso hablarte de lo que significaba ser importante para alguien. Tú hiciste tu propia definición. Siempre solo. Siempre peleando solo.
¿Quién vino a rescatarte cuando Gozaburo te golpeó casi hasta la muerte? ¿Quién te socorrió cuando te usaba como su ramera barata? ¿Quién limpió tus lágrimas llenas de sangre cuando te torturaba para complacerse? Nadie. Nadie.
Pero seguiste adelante, porque seguías aferrándote a esa pequeña flama en tu interior, esa pequeña esperanza que llevabas buscando desde hace milenios. Una promesa que esperabas ver hecha realidad. Y así, una vez más, hiciste todo a un lado para poder sobresalir, para que te vieran y notaran que existías. Para demostrarles que eras capaz de las más grandiosas maravillas. Porque eres el Dragón de Luz. ¿Y que hicieron los demás? Te llamaron egoísta, insensible, manipulador, ambicioso… te nombraron de mil maneras horribles. Como siempre lo han hecho.
Eso no te detuvo, continuaste luchando. Y un día por fin encontraste tu promesa. Saltaste a ella lleno de felicidad y alegría y todos aquellos fantasmas desaparecieron al instante como si un hechizo los hubiera eliminado. Tu vida llena de dolor por fin tendría una recompensa. Eso fue lo que pensaste, ¿no es verdad? Al fin… alguien te amaba.
Y te aventuraste con él, siempre esperando alguna pequeña señal, por pequeña que fuese, que te dijera que serías bien correspondido. Todo tu ser estaba atento a él, para no perder ni un instante de su sonrisa, de sus palabras, de su cariño. Pero todos fueron ilusiones vanas, porque nunca se fijó en ti, nunca quiso siquiera pensar en lo que le ofrecías, y de nuevo, por última vez, te despreciaron vilmente. Una vez más tiraron tu ser a la fosa del olvido.
Ahora todos esos años y años de soledad y sufrimiento se colapsan en un solo pensamiento, el resumen de tu vida desgarrada se concentra en una sola verdad que tu alma quiere gritar angustiada porque ya no soporta más el dolor que te ha venido consumiendo, tantas promesas rotas y tantas decepciones han terminado con tu ser."
Khura se acercó más a Seto que seguía inmóvil. Los labios del pelinegro rozaron su oreja.
-Joey Wheeler no te ama…
Sin más palabras, Khura regresó al lado de Irkalla, arrodillándose frente a él para ser acariciado por su cabeza, antes de levantarse y colocarse a su lado izquierdo. Así, los tres siguieron contemplando al ojiazul que no se movía.
Permanecía quieto como si las palabras de Khura no le hubieran afectado. Entonces sus ojos azules temblaron, y ese estremecimiento recorrió su cuerpo, volviendo a la normalidad. De nuevo, seguía sin moverse. Irkalla sonrió.
-Los tontos egipcios proclamaron las tres partes esenciales del alma. Y muchos les siguieron esa idea tan infantil. La verdad es que no son tres sino siete... –su mano señaló a Seto- Kha, el cuerpo, el alma de la sangre que forma la carne… -luego señaló a su sombra en el sello, diferente a él, el alma de Seth- Ba, el alma del aliento, el alma de que respira dentro del cuerpo… -su dedos apuntaron a la gran lápida egipcia que ostentaba una de las cartas de Duelo- Khaba, la sombra, el alma de la cubierta, que envuelve… -luego a otra - Akhu, la Inteligencia o Percepción, el alma de lo conoce todo… -y la última- Seb, el Alma hereditaria, el alma que es procreadora…- después señaló el nombre de Kisara inscrito en el sello circular interior del suelo- Putah, el primigenio intelectual, el alma primordial de conocimiento absoluto… -y por último señaló a donde un círculo de luz tenue bajo los pies del castaño- Atmu, el alma divina, la chispa eterna que nunca muere y reside oculta en lo más profundo del ser.
Levantó ambas manos y las tres lápidas se izaron en el aire rodeando a Seto, brillando con una luz resplandeciente, pura.
-Miren hijos míos, una nueva carta está por nacer.
Los ojos azules de Seto miraron al techo, abiertos de par en par. Su mirada vacía pasó a ser profundamente triste, desconsolada… abandonada.
-Joey no me ama… -musitó.
Una lágrima solitaria escapó por su mejilla, y cayó justo al centro del sello donde apenas resplandecía aquel círculo. Irkalla movió de nuevo su mano, las cadenas alrededor de las lápidas se rompieron. El sello mismo comenzó a palpitar.
-Yo puedo destruir y reconstruir a mi complacencia. Y ahora, por fin, puedo crear al verdadero Dragón de Luz.
El sello destelló una luz que iluminó todo el recinto, obligando incluso a Kaho y Khura a cubrirse de ella. El sonido de piedra resquebrajándose se escuchó por unos segundos y luego el ronquido de tres dragones. La luz se desvaneció hasta que por fin solo quedó alrededor de Seto, que fue elevado en el aire por ésta, como envolviendo su cuerpo.
-¡MUERE! –exclamó Irkalla.
Una explosión brotó de sello y se unió a Seto, las lápidas que habían sido pulverizadas junto con las cartas, quedando únicamente en polvo blanquecino, igualmente se unieron a ese torbellino que de pronto pareció modificar el cuerpo del castaño. Una luz tenue brotó de su pecho y desapareció junto con el sello. Ahora Seto estaba envuelto en una especie de túnel de luz que giraba vertiginosamente a su alrededor, sin permitir verle claramente.
-P-Padre, ¿qué no se supone…? –quiso preguntar insegura Kaho.
-Así es, hija mía, pero la esencia de este dragón es demasiado fuerte, aún cuando nos hemos encargado de atacar su alma principal se resiste a morir. De cualquier forma ya está hecho, su renacimiento es inevitable solo que tomará un poco más de tiempo al contrario de ustedes.
Irkalla se acercó a Seto, sonriendo.
-Cuando el proceso haya concluido, el Dragón de Luz habrá nacido y con ello podremos dar paso a nuestra última etapa. Dejemos al ojiazul aquí, este campo de luz no puede ser atravesado por ser alguno pues se trata de su esencia misma. No es necesario vigilarle. Vengan. Tienen aún trabajo por hacer.
Khura se acercó al túnel olfateando. Una sonrisa nació en sus labios y fue corriendo tras Irkalla que ya comenzaba una plática animada con Kaho. Al salir, los fornidos guardias volvieron a cerrar las pesadas puertas, igualmente retirándose.
La figura luminiscente de Seto siguió flotando en su torbellino de luz blanca. Su mirada azul que apenas podía distinguirse entre el movimiento, mostraba su enorme tristeza.
-Joey no me ama…
Está nervioso. Que bien. Tengo la sartén por el mango.
Joey se pasea apresurado de un lado a otro, secando sus palmas inquietas en los costados de su uniforme azul. Una semana de planeación y todo va viento en popa.
-Hay algo que quiero decirte, Joey.
-Cielos, yo también Seto.
Ah, intuye algo. Cachorro travieso.
-Joey, he estado pensando en…
-No, Seto.
-¿Qué?
-Mira, sé lo que pareció, ¿de acuerdo? Pero… no puede ser.
Su mirada se entristece con sus palabras. Algo no anda bien aquí.
-Pero, Joey…
-Lo siento, Seto, en serio. Mira, además no podemos estar juntos de ninguna manera y… bueno, de cualquier forma no podría fijarme en ti. Es imposible. Lo siento. Adiós.
Se marcha casi volando, saltando torpemente la pequeña valla que divide el patio trasero de la preparatoria hacia el corredor de árboles que da a la entrada principal.
¿Qué fue lo que sucedió?
Estoy más que estupefacto. No comprendo esas palabras tan catastróficas de Joey. No tienen lógica por más que las pienso. Sin pies ni cabeza.
Un momento…
Ah, creo saber cual es el problema. Sí… ese cachorro tan descuidado… le asusta el cambio tan radical. Pero ni siquiera me dejo explicarle como sería. Tampoco yo estoy acostumbrado pero podemos lograrlo paso a paso.
Ese Joey.
Tomando mi portafolio, le sigo, reestructurando mi discurso para que el cachorro tonto entienda de una vez por todas como serán nuestras vidas juntas. Me imagino la cara que pondrá de disculpa. Cuando lo haga me lo comeré a besos. Me importa un bledo si nos ven, puedo comprar esta preparatoria mil veces si quiero. Seguramente fue a los casilleros, pues ahí dejó su mochila.
Le escucho hablar, como lo hace siempre que…
Yugi…
Joey le toma por la cintura para besarle hasta dejarle sin aliento.
Como solía hacerlo conmigo.
Riendo con él… como solía hacerlo conmigo.
Abrazándole… como solía hacerlo conmigo.
Se marchan sonriendo, desapareciendo pronto. Nunca me vieron porque permanecí tras uno de los anchos casilleros, congelado. No hay más ruidos en este cuarto que el lento casi nulo latido de mi corazón y mi casi inexistente respiración. Jamás había sentido frío como este que cala hasta más allá de mi espíritu. No puedo moverme, es como si fuera un muñeco al que se le ha acabado la cuerda y no hay nadie alrededor para girar su llave.
El reloj de la escuela suena. Ya es muy tarde. Debo irme a casa, Mokuba ya debe estar ahí, preocupado de no verme llegar. Todavía tengo que preparar el informe bursátil para la Junta Directiva y la presentación de la semana entrante. De seguro mi hermanito tiene un cerro de tarea de la cual solo un porcentaje mínimo entiende y deberé ayudarle. Es mejor que me de prisa.
Casi no siento mis pasos, como si caminara en una gruesísima alfombra. La tarde ya viene aunque los colores se me antojan secos y pálidos, faltos de vida. Pronto pasa un taxi. El frío continúa, no sé por qué.
Está doliendo, está doliendo demasiado.
Llego a la mansión solo para encontrar que Mokuba no está. Escucho el sonido de las tijeras de Makyo, como autónomos, mis pies caminan hacia él. Está con las rosas debajo de mi ventana.
-Buenas tardes, Makyo.
-Amito, ha llegado. No vi su limusina.
-Gracias por cuidar de los jardines.
-Ah, es un placer ya lo sabe, amo. Además, sus flores siempre crecen para usted.
-Qué hermosas están las rosas.
-¿Amo?
No puedo seguir con la plática, entro a la mansión. Johannes me pregunta si estoy bien, claro que lo estoy. Soy el CEO de Kaiba Corp, por supuesto que no puedo estar mejor. Subo a mi habitación para dejar mis cosas y abrir las puertas anchas de mi estudio. Un aroma conocido llega a mí.
La ventana abierta deja pasar el olor de las flores de cerezo del árbol que crece junto. Ya están completamente abiertas, y algunas ya caen, despidiéndose con el sol de su vida.
Ya no más, por favor. Es demasiado este sentimiento.
¿En que pude equivocarme? ¿Por qué me besó si nada de lo que decía sentir era en serio? ¿Por qué regalarme esta bandita si solo…?
No, no quiero pensar en ello, tengo tanto miedo de lo que pueda pasarme. Mokuba aún depende de mí, la Corporación aún depende de mí y con ella, todos los que laboran. Esto no puede pasarme, las consecuencias las sufrirían inocentes. Y todo porque…
¡No!
¿Por qué Yugi y yo no? Sigo sin comprenderlo. Y este dolor se está haciendo un monstruo terrible, millones de agujas enterrándose con lenta crueldad sobre mi corazón que ya no quiere latir más porque con cada latido vienen esos recuerdos que ahora se están burlando de mí. Ese sentimiento del que me quiero desprender tan rápido como sea posible.
Quiero llorar, gritar, despedazarme.
Cierro al fin la ventana, el vidrio claro me devuelve mi reflejo. Dice más de lo que me obligo a no pensar. Ese lamento que escapa por mis ojos. La pena que me consume como el fuego que quema un bosque olvidado en una tierra perdida.
Auxilio. Quiero, necesito, debo escupirlo con todas mis fuerzas.
¡Duele!
Por favor, que alguien me ayude… está hiriéndome demasiado, no puedo soportarlo… mamá… papá… tengo miedo… mucho… no sé que hacer, esto no me había pasado nunca… alguien… alguien ayúdeme…
-¿Ni sama? –apenas escucho la voz de Mokuba que viene hacia acá.
Debo hacer algo por controlarme, tengo muchas cosas que perder si dejo que esto continúe. Mi hermanito es mi prioridad, no debí… tengo que enfocarme solo en él… si, así será mejor. Todo estará mejor cuando esto se vaya.
Tiene que irse.
Mokuba ya está aquí, dejando su pesada mochila en uno de lo sillones del estudio. Vamos, Seto, concéntrate. Tú siempre has podido hacerlo… y solo.
-Seto…
-Era una pena pero desafortunadamente tenía que rechazarme.
No tenía porqué decirlo de esa manera… será que duele tanto que necesito… no, no necesito. TENGO de deshacerme de esto antes de que sea demasiado tarde o las consecuencias las sufrirá también mi hermanito y eso no puedo permitirlo bajo ninguna circunstancia.
Mokuba toma mi mano con algo de temblor. Siempre ha sabido conocerme, no puedo esconderle del todo como me estoy sintiendo pero expresarlo es otra cosa. No puedo. No debo.
-Oh, Ni sama…
Es que… Joey… estaba tan seguro y…
-Está con Yugi, después me di cuenta de eso. Qué estúpido fui.
-Pero…
¿Estuvo burlándose de mí todo el tiempo? ¿Jamás quiso sentir nada por mí? Todo esto que pasé para aceptar lo mucho que… ¿todo era mentira? ¿Por qué hizo todo eso si no iba a aceptarme entonces, sabiendo que yo le pediría algo tan importante? ¿Qué estuvo fuera de lugar? ¿O yo hice algo mal? No puede ser, estoy seguro que no lo fue. ¿Qué clase de broma enferma me jugó?
-Sólo me dejé llevar por una tonta e inmadura impresión mía. Lo curioso es que el Campeón de Duelo de Monstruos me ha ganado una vez más. Ja.
Mokuba reprime un sollozo, apretando mi mano entre las dos suyas. Me siento como si tuviera un motor a presión que ha llegado a su límite y estallará, pero con una agonía tan inmensa que me siento quebrarme por dentro… quisiera hacer tantas cosas… entre ellas gritar… gritar de un dolor que me está ahogando y no puedo controlarlo, me siento realmente confundido con todo esto.
-¿Sabes, Moki? Hay algo que me… molestó… me dijo "bueno, de cualquier forma no podría fijarme en ti"… ¿qué significa eso?
¿Qué no podemos estar juntos porque no pertenezco a su mundo? ¿Le da miedo amarme tal y como soy? ¿Quién soy? ¿Soy perverso?
-Seto, yo…
-En fin –con un suspiro, me vuelvo a mi hermano para revolver sus cabellos- Ya pasó, ¿por qué llegaste tan tarde?
Mokuba no puede reprimir un par de lágrimas al verme a los ojos. ¿Qué será lo que verá más? ¿Mi decepción, tristeza, dolor o…? Me estoy asfixiando. Desearía tan cobardemente que algo sucediera en este momento, que algo pasara para que yo olvidara este sentimiento que ya ni quiero pensar en su nombre porque me hiere peor que todas mis pesadillas juntas. Y esas han sido titánicas.
Mejor me arrodillo frente a mi hermanito. No, no debo dejar que se ponga así. El no debe sufrir esto.
-Hey –le susurro- Sólo fue una pregunta que debe hacer un hermano mayor.
-Lo siento, Ni sama; yo creí que Joey…
No, ya no pronuncies su nombre. Está prohibido para mí.
-Shh, está bien, no pasa nada. Dime, ¿qué te parece si hoy dejamos la tarea para mañana y jugamos con uno de tus locos videojuegos, eh? Te concedo un poco de golosinas, pero solo un poco.
-Sí –musita apenas Mokuba sin dejar de mirarme.
-Anda, yo tengo que quitarme el uniforme al igual que tú. Le diré a Johannes que nos prepare uno de tus postres favoritos. Me hará bien descansar este fin de semana.
-Está bien, Ni sama.
Mokuba me da un abrazo fuerte pero silencioso antes de besar mi mejilla y salir con mochila en mano. Es tan inocente y dulce, mis esfuerzos han valido la pena. No pasa por el mismo infierno que Gozaburo me hizo vivir a mí. Todo está bien. Sí, todo esta en orden.
Me vuelvo de nuevo a este ventanal que refleja mi rostro sereno aunque ausente para mi gusto. Trato tan empeñosamente en volver a lo que era pero no puedo. Este miedo, este dolor no se van por más que los ahuyento. Son fantasmas que se hacen más terribles a medida que les echo un vistazo. Y ni evadiéndolos en la indiferencia de mis recuerdos donde las asquerosidades de mi padrastro, las torturas y las humillaciones de toda mi vida se guardan celosamente, ni siquiera arrojándoles ahí está sirviéndome de algo.
Es tan fuerte, que siento que rompe mi alma.
¿Tengo un alma?
Mi mano de nuevo está en el ventanal, como queriendo borrar esa mirada. Ah, esta bandita… por todos los cielos que espantoso dolor… es mejor que me la quite, sí. Así está mejor, quema mi piel. Ya sé lo que haré con ella.
Debo solemnemente jurarme a mí mismo que esto acabó aquí, que ya no pensaré más sino en las ocupaciones dentro de la Corporación, los asuntos de la escuela y el futuro de Mokuba. Nada más. Estoy cansado de esperar por un milagro.
Ya basta.
El trino de los pájaros que habitan en mi árbol de cerezo me llegan difusos a pesar de estar cercanos. De hecho todo se me hace tan difuso como si estuviera desapareciendo de mi vista y sólo un blanco vacío de silencio mortal se fuera quedando en su lugar. La bandita se quema tímidamente en la rama que le he puesto, un pétalo de las flores de cerezo le ha caído encima para incinerarse junto con ella.
Quiero llorar de nuevo.
No, no debe ser. Ya no más de esto, por favor. Estoy tocando el abismo y si caigo me perderé. Por favor, alguien venga a mí… me siento tan solo… y con tanto dolor… ya no puedo, ya no. Aquella mano que portaba esa infamia se ha ido a mi pecho, sobre mi corazón que no late casi. Tal es la tristeza por…
No, olvídalo. Nunca jamás debo volver a nombrar este sentimiento.
Nunca.
Nunca más.
Si lo hago… moriré…
(1) Ese jueguito de círculos de colores donde uno tiene que pretender ser un contorsionista para no perder, muy práctico para el contacto humano. XD
Continuará…
