TITULO: El Fin Absoluto del Mundo
TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.
Gracias muchas a quienes me leen y otras tantas a quienes me dejan un review por ahí. Gachias.
So you think you can stone me and spit in my eye?
So you think you can love me and leave me to die?
Oh baby! Can't do this to me baby!
Just gotta get out-just gotta get right outta here-
... (Rapsodia Bohemia, Queen).
CAPITULO XVIII. RUINAS.
Ozha avanzó con lentitud hacia aquel torbellino de luz pura, su andar era más bien melancólico y desahuciado, arrastrando su larga cadena atada a su collar negro. Se pasó una mano por su cuerpo rocoso, sobando apenas aquellos rasguños profundos que Khura le hiciera al "jugar" con él como hacía años que lo acostumbraba hacer.
Cuando vio la luz lanzó un suspiro desganado como si fuese un sollozo ahogado, deseando con todas sus fuerzas poder llorar como lo hacían los seres humanos. Ya habían pasado varios días desde que la nueva carta fuese creada pero era hasta ahora que su amo y señor, Irkalla el Oscuro le había permitido venir a verle. Cuando alcanzó una distancia prudente se arrodilló, sus ojos verdes miraron con tristeza hacia el torbellino silencioso.
-Perdóname, perdóname en verdad, fui yo quien le dio la pista a Irkalla sobre tu paradero, si nunca hubiese sido tan soberbio jamás te hubiese encontrado. Pero la vanidad del hombre es enorme y su precio siempre es la vida de inocentes. Ya te han asesinado por la codicia del poder. Han destruido todo tu ser solamente para saciar el hambre de venganza del Oscuro. Perdóname, Seto. Ya lo único que puedo hacer es estar contigo hasta el final. Que los Dioses se apiaden de nosotros.
Inclinando su cabeza, la gárgola extendió tranquilamente sus alas de roca para envolverse con ellas mientras se abrazaba a sus piernas, quedándose así inmóvil como una estatua vigilante de aquella luz que parpadeaba en sus vertiginosos giros silenciosos.
-Ojala apareciera un milagro…
-¡ESTUPIDO! ¡ESTUPIDO! ¡MIL VECES ESTUPIDO!
-¡QUERIA LIBERARTE!
Stan cayó de espaldas al suelo en un giro brusco cuando el puño de Meiran se estrelló directo en su nariz.
-¡Maldita sea, Stan! ¡Yo amo a Shashenka! ¡Ni muerta le dejaría de amar! ¿Qué no lo comprendes?
La detective se mesó sus enmarañados y polvosos cabellos, llorando y dejándose caer de rodillas. Estaban bajo los escombros –o eso al menos pensaban- de lo que había sido el estadio luego de que la onda piroplástica les cayera encima. Meiran al tratar de detener a Stan de dispararle a Shashenka se había separado de ella y no tenía ni la más remota idea de donde estaba.
-Te juro que voy a molerte a palos en cuanto salga de aquí.
-Llevamos días buscando una salida.
-Voy a encontrarla así tenga que cavar con mis propias manos.
El joven se sentó trabajosamente, tosiendo al sentir el aire contaminado.
-Sheriozha era un drogadicto que alucinaba monstruos que le perseguían…
-¡Cómo te atreves…!
Una vez más, Meiran se abalanzó contra Stan, tumbándolo de nuevo pero el muchacho no desistió esta vez.
-¡Le investigué! Sus trabajos eran rechazados por la Academia de San Petersburgo por su historial clínico –Stan habló rápidamente, deteniendo un poco a Meiran- Intentos de suicidio, sobredosis de narcóticos, periodos de neurosis…
-No sabes nada –siseó la detective levantando un puño.
-Causó la muerte de una chica en Kiev.
-¿Qué? –la joven parpadeó entre enojada y confundida.
-Por eso comenzaron a relegarle y dejarle solo con sus locuras, había asesinado y no quería hacerse responsable. Lo que le pasó sólo fue consecuencia de sus acciones Meiran, no de un irreal monstruo que le devoró. Me sorprende que no sepas hasta donde puede llegar un rencor.
-Lo estoy viendo.
La detective le dejó ahí en el suelo y comenzó pasearse de un lado a otro.
-Lo siento, Stan, pero no te puedo creer y menos ahora. ¡Quisiste matar a Shashenka!
-¿Cuándo fue la última vez que te dijo "te amo"? –preguntó aquel mirando el techo de escombros.
Meiran se giró a él.
-Eso no te…
-¿Cómo puedes pregonar amar a alguien y hacerle daño? No es humillar, sufrir, llorar todos los días por cosas que no son tuyas –el chico irguió su cabeza- Shashenka sabía que tenia poder sobre ti, tu correa era la muerte de su hermano.
-Cállate, Stan.
-Eres tan hermosa… tan fuerte… como un águila, y Shashenka te tiene en un corral de cerdos, con un grillete encadenado al suelo.
-Stan…
-¡Has vivido cada segundo de tu vida para Shashenka y ella no ha pensado mas que en si misma!
La detective no dijo nada. De espaldas a Stan pasó furiosa una mano por sus mejillas húmedas, apretando sus dientes para no dejar escapar un sollozo. El joven se puso de pie decidido, plantándose detrás de Meiran, la giró para verle de frente.
-Yo no digo que nunca te amo o siempre fue una mala contigo, pero Shashenka se ha encerrado en un mundo del cual tú no tienes cabida. Y sigue ahí, sin tomarte en cuenta, sangrando el amor que sientes por ella porque sabe que te sientes culpable de la muerte de su hermano. Por eso no te dijo nada cuando volvió, así jamás te enterarías de su verdad –la mirada de Stan se endureció- ni de cuantas veces ella y su hermano follaron…
Los ojos de Meiran se abrieron como platos y el color de su piel desapareció.
-¿Qué blasfemia…?
-¡Ya te lo dije, investigué por mi cuenta! Tengo a la mejor maestra –Stan sonrió a medias- Le dije a todos que buscaba una plaza en otro sitio pero la verdad es que me fui a Rusia porque no soportaba verte tan infeliz y me duele decirte esto pero… ¿por qué crees que Shashenka simplemente te aceptó así como así? No puedes cambiar de preferencia en un parpadeo. Ella y su hermano mantenían relaciones incestuosas y para cubrir su abominación te usaron de escudo. ¡Que toda la culpa caiga sobre Meiran!
-¡NOOO!
-No miento –Stan sacó un pequeño dispositivo de su bolsillo- Aquí lo tengo todo.
Meiran comenzó a llorar de nuevo, negando con la cabeza. Stan se le acercó, abrazándole sin ninguna resistencia por parte de la joven. Con ternura acarició su espalda temblorosa.
-Shh… lamento decírtelo en este momento, pero ya no puedo más. No puedo permitirme seguir observando como sufres así. Perdóname.
El joven detective le envolvió en sus brazos. Un chasquido se escuchó y él abrió sus ojos al sentir la punta del arma de Meiran en su sien.
-Pudiste haber investigado todo pero nadie sabe que Shashenka no me dijo nada al regresar. NADIE –se separó de él en el acto, apuntándole a su cabeza- ¿Quién jodidos eres tú?
-Meiran, soy Stan.
-No, tú no eres Stan, él nunca dispararía contra mi Shashenka. ¿Quién eres?
-Yo, Stan.
-¡RESPONDE O TE MATO!
El muchacho dio un paso hacia ella, levantando sus manos en son de paz. Meiran disparó. Un humeante hoyo se creó en la frente del chico, atravesándole el cráneo. La bala se incrustó en una viga caída. Limpia, sin sangre. La detective contuvo la respiración.
Stan seguía de pie.
Una lenta y malévola risa quieta empezó a salir de los labios del joven al tiempo que sus ojos se ennegrecían.
-Esta bien, tienes razón –habló ahora con una voz más profunda- Stan se quitó la vida cuando lo rechazaste –dijo, abriéndose la chamarra para mostrar las cortaduras en sus brazos- Pero me pareció buena idea usar su cuerpo para conocerte. Es que eres tan bonita.
-¿QUIEN ERES TU?
-Ah… el corazón humano, tan… débil… dudaste de Shashenka… tsk, tsk… Meiran mala. ¿Dónde quedó ese amor tan fuerte e incorruptible? Parece que una simple duda lo esfumó. Es que la verdad, el amor no existe, solo es una quimera humana.
La mano de Meiran tembló con el arma, caminando hacia atrás con un escalofrío en el cuerpo.
-¿Qué…?
-Verás, Meiran querida, yo nunca pierdo. Si dejaba que establecieras una relación con Shashenka no ibas nunca a engendrar a mi nuevo hijo.
La castaña tembló de pies a cabeza, completamente aterrorizada.
-… y ahora ha llegado el momento, linda; no sabes como esperé poseer ese cuerpo tuyo… una descendiente directa de Abraxas… todo queda en familia, ¿no es así?
Todo el cargador de la pistola de Meiran se vació sobre aquel cuerpo muerto que se acercó a ella sin inmutarse. La detective usó el mango como arma para golpearlo pero solo consiguió lastimarse su muñeca.
-¿Cómo quieres que le llamemos? ¿Ragnarok? Sería apropiado… Armagedon… bueno, ya lo pensaremos después…
Meiran echó a correr, solamente para ser tacleada con violencia y quedar desnuda en un abrir y cerrar de ojos por un par de garras negras.
-¡NOOOOOOOOOO!
Makyo manejaba lentamente por el anchísimo camino que zigzagueaba de vez en cuando. Miraba de un lado a otro, consternado de ver un paisaje completamente desconocido para él. Gruesas columnas de humo se elevaban del suelo hacia un cielo nublado de un rojizo oscuro cuyos nubarrones se arremolinaban furiosos entre relámpagos que brincaban de nube en nube. Largos y extraños monolitos se erguían a lo largo del camino de tierra y piedra. El motor de Mary Sue roncaba sereno por entre ellos.
-No tengas miedo, Mary Sue, no dejaré que nada te pase.
Encendió sus luces, para ver mejor en la débil neblina de humo que los rodeaba, el parabrisas de la camioneta se movía lentamente para retirar el hollín y el vapor acumulado de aquella atmósfera de aire enrarecido. Los ojos del anciano cayeron sobre los relicarios que le balanceaban por el movimiento.
-Hay que encontrarlos, Mary Sue. Seguro están atrapados en algún lugar.
Se pasó una mano vendada por su frente sudorosa. Había sufrido algunos golpes, cortaduras y raspones; pero nada grave que no pudiera soportar. Descendía de una familia de samurai y el código bushido vivía en él. Una figura se atravesó en su camino y pisó a fondo el freno, haciendo rechinar las llantas y sacudiéndose violentamente al hacerlo.
-¡Kami Sama, qué…!
Las luces dieron de lleno a la figura. Una chica pelirroja con un muñeco de plumas entre sus brazos corrió a su lado, Makyo bajó la ventanilla.
-¡Señor, por favor ayúdeme! ¡Perdí a mi hermano! –sollozó la chica.
-Claro, hija. Anda, sube, sube. Es peligroso andar a pie.
Con pasos presurosos, la joven subió a la vieja camioneta sin soltar su muñeco emplumado.
-¿Cuál es tu nombre pequeña?
-Serenity, señor. Gracias por ayudarme.
-Yo soy Makyo –el anciano le tendió una mano que ella tomó- Esta camioneta es Mary Sue. Vamos a buscar a tu hermano, ¿sabes por dónde le viste por última vez?
-No… -Serenity se limpió sus lágrimas- Yo… estábamos… ni siquiera sé donde me encuentro…
Makyo la abrazó al verla llorar de nuevo, la pelirroja tenía rasgada su ropa, además de ese polvo rojizo oscuro y con varias cortaduras. Solo su extraño muñeco parecía no haber sufrido ningún percance.
-Shhh, no llores linda… Mary Sue es muy fuerte, seguiremos en ella hasta que encontremos a tu hermano ¿de acuerdo?
-Sí… gracias de nuevo.
-No tienes que agradecer, Serenity –Makyo bajó su mirada- Veo que aprecias ese juguete, ¿es de tu hermano? –señaló hacia el bulto en sus brazos.
Serenity rió un poco, desconcertando al anciano.
-No es un muñeco… verá… está vivo… es Honkie, una criatura mágica. Pero cuando todo se sacudió, se golpeó la cabeza por protegerme y se ha quedado inconsciente.
La chica extendió sus brazos para mostrarle al anciano. Honkie lucía dormido, sus redondos y enormes ojos estaban casi cerrados, dejando ver apenas su interior perlado. Todo el cuerpo de la criatura lucía flojo y Serenity le acomodó de nuevo sobre su pecho.
Makyo, por su parte, no dijo nada. Su rostro desencajado hablaba por él. Al fin, pasó saliva girándose al frente apara retomar el volante y seguir conduciendo.
-Ya estoy viejo para esto… -musitó- ¿Y… no es dañino?
Serenity rió de nuevo.
-Para nada… de hecho es muy dulce, ya verá cuando vuelva en sí.
-Está bien –respondió Makyo aún no muy convencido- Todo ha cambiado tanto…
El camino lago y sin fin continuaba al frente. Un zumbido extraño llegó a los oídos de Makyo quien miró de reojo sin encontrar nada en los espejos retrovisores.
-Algo no está bien –le dijo a Serenity- Hay que ocultarnos.
Giró a Mary Sue a un lado de la carretera, donde una gigantesca lápida se hallaba apoyada sobre un edificio en ruinas. La camioneta se escondió bajo ese hueco que formaba, apagando el motor y las luces. Serenity abrazó aun más a Honkie.
-¿Qué es, señor?
-Shh…
El zumbido se hizo evidente, con un ligero temblor del suelo, luego de un silencio mortal. La pelirroja iba a preguntarle a Makyo cuando de la nada una guadaña plateada y filosa de tamaño colosal pasó frente a ellos, ondeando al viento y haciendo ese zumbido que hizo vibrar la camioneta con todo y ocupantes. La mano del anciano calló oportunamente el grito de susto de la pelirroja.
Asustados, los dos observaron como una especie de pierna llena de corteza de árbol y roca apareció por un costado del edificio. Luego otra, con un ondeo de una túnica negra, dejando ver por fin el cuerpo titánico de un humanoide cuyos movimientos erráticos hacían balancearse su larga y peligrosa guadaña. Su cabeza cadavérica llena de ramas secas y raíces le hacían ver como un ser con cuernos retorcidos, sus ojos negros y huecos al igual que una boca que más bien parecía una fractura en ese rostro pálido, formaba su aspecto terrorífico. Las largas y enredadas garras sostenían firmes la guadaña que una vez más bailó en el aire.
De los escombros al otro lado, frente a los ocupantes de la camioneta, se dejaron escuchar gritos y un pequeño grupo de personas salieron despavoridas, huyendo de aquella enorme criatura que al verles izó la guadaña contra ellos. Todos los cuerpos fueron cortados en dos. Sin embargo, lo que más impactó a Serenity y Makyo fue ver pequeñas pero luminosas llamas salir de los cadáveres y ser absorbidas por entre las fauces del monstruo, el cual, satisfecho; se giró para seguir su camino, siempre ondeando su guadaña.
Hasta que se perdió de vista. Makyo se atrevió a hablar, soltando a Serenity.
-¿Qué… qué fue eso…? ¡Por Kami Sama!
-Es… -Serenity parpadeó- … es como aquél ser… tiene una guadaña… cazador de almas… el Grim Reaper… (1)
-¿Qué? ¿Qué eso no es de su cuento de Halloween? ¿Qué hace aquí?
La pelirroja le miró.
-No lo sé… solo vive en el reino de los muertos… caminando con su guadaña para recoger las almas…
-Pues esas personas no estaban muertas –el anciano apretó el volante- Debemos seguir y encontrar un refugio seguro. Esto es el infierno mismo.
Serenity solo asintió. La camioneta se desvió un poco para rodear los cadáveres y continuar por ese ancho camino.
Joey se abrazó a sus piernas, acurrucado tras una gruesa columnata de piedra negra. No tenía ni la más mínima idea de cómo había llegado a ese lugar, ni mucho menos como salir. Sentía que ya llevaba semanas en ese ancho pasillo y terminaba siempre en círculo. Todas las desviaciones eras exactamente iguales sin nada con que guiarse pues aún las débiles antorchas que apenas iluminaban estaban dispuestas en distancias iguales entre sí como los demás objetos y él no tenía nada con que trazarse una ruta.
-¿Honk?
El conocido sonido de su amigo plumífero hizo al rubio erguirse como un rayo, abriendo sus ojos de par en par para localizarlo.
-¡Honkie! ¿Dónde estás?
-¡HONK!
Joey corrió hacia donde nacía el eco pero se halló de nuevo en otro pasillo vacío.
-¡Honkie!
-¡Honk! ¡Honk!
Quieto, el chico esperó otro poco antes de dar con la ubicación de Honkie en ese semioscuro laberinto de pasillos. Su amigo le siguió llamando con insistencia.
-¡No te muevas! ¡Voy por ti!
-¡HOOONK!
Una luz fuerte se divisó por un pasillo, señalándole a Joey una salida que tomó a toda carrera. Animado y siguiendo el eco, corrió con ese paso hasta terminar frente a unas enormes puertas de piedra igualmente negra y tallada con símbolos extraños, una de las puertas estaba entreabierta.
-¿Honk?
-¡Ah, Honkie! –Joey respingó asustado al escucharle de improviso tras él- ¡No vuelvas a hacer eso! ¡Ven acá!
Tomándolo en brazos, el rubio se acercó curioso a la puerta sin lograr ver nada por una aparente luz inestables cuyos rayos de luz escapaban por la abertura de la gruesa puerta sin ningún sonido de por medio.
-¿Qué habrá?
-¡Honk! –la criatura le dio un picotazo.
-¡Hey! ¿Por qué hiciste eso?
Honkie señaló con su pico trompeta hacia el pasillo.
-¿No quieres entrar a ver?
-¡Honk! –negó el otro.
Joey suspiró, dándose vuelta con Honkie para marcharse. Caminó unos cuantos pasos y se detuvo como si alguien le hubiera llamado.
-¿Honk?
Sus ojos amielados se quedaron estáticos, perdidos en algo más allá. Lentamente, el rubio se dio vuelta, caminando de regreso a las pesadas puertas. Honkie se revolvió nervioso y sacudió sus pequeñas alas tratando de hacer volver en sí a Joey sin ningún resultado.
-¡Hooonk! ¡Hooooonk!
Joey siguió hasta tocar con una mano la puerta entreabierta de la cual se apoyó lo suficiente para deslizarse dentro. Era un salón amplio de techos altos y columnas torcidas que le sostenían, todo tallado de la misma piedra de ese lugar. En el centro estaba un torbellino que despedía una luz irregular como si miles de faros giraran vertiginosamente. Los brazos del rubio cayeron a sus costados y Honkie rodó por el suelo hasta que una piedra en el suelo detuvo su trayectoria.
-HONK!
El plumífero ser se puso de pie tan rápido como pudo para regresar con Joey. Este seguía mirando el torbellino como si algo en este le interesara. Honkie llegó a él y le picoteó con fuerza en un pie pero ni aún así reaccionó el rubio. De súbito, el chico levantó sus manos con la clara intención de tocar el torbellino.
-HOOOOOOONK!
Tal grito desesperado hizo eco en el salón, despertando a aquella roca con la que chocara Honkie. La gárgola de piedra despertó, estirando sus alas que crujieron por el movimiento al tiempo que sus ojos se abrían confundidos.
-¿Qué…?
-¡HOOOOOOONK! –chilló Honkie al verle vivo.
Pero Ozha no le miró, sino a Joey que estaba a milímetros de tocar el torbellino.
-¡No lo hagas, Joey! ¡Morirás! ¡NO…!
Sus advertencias murieron, pero no por una desgracia sino por una maravilla. Joey atravesaba el remolino sin daño alguno. Ozha frunció su ceño sin aliento pero su sorpresa aún no acababa. Joey avanzó otro poco. El torbellino se hizo más inestable como si quisiera desaparecer, extinguiendo su luz cuando el rubio dio un tirón. La luz pareció expandirse cual explosión y luego todo volvió a la normalidad.
Joey recibía en brazos a una figura luminiscente que terminada de caer como si fuera una pluma en el aire. La gárgola se le acercó más que confundida y perpleja.
-Joey…
Honkie, debajo del rubio, se encogió un poco al ver acercarse el monstruo de piedra pero su cabeza se alzó para llamar al chico. Chilló un poco al ver debajo de la brillante figura las manos de Joey negras y afiladas como garras de dragón. La criatura sacudió su cabeza, cerrando sus redondos ojos. Cuando los volvió a abrir, las manos de Joey estaban normales.
-Hoonk…
Sin poder contenerse más, Ozha sacudió el hombro de Joey para sacarlo de su trance.
-¿Eh? ¿Quién…? –el rubio parpadeó rápidamente en cuanto sus ojos se toparon con los de la gárgola, retrocediendo en el acto- ¡AAHH! ¿Qué cosa eres tú? ¿Dónde estoy?
-¡Honk!
-Eso es lo que quisiera saber yo –murmuró Ozha.
-¡Hablas! ¡AAAH!
Joey dio otro paso más hacia atrás, deteniéndose al notar que sostenía algo, enseguida sus ojos bajaron a la figura en sus brazos.
-¿Pero qué rayos…?
-No le sueltes –le previno la gárgola- Es Seto.
-¡HOONK!
Con brincos espaciados, Honkie llegó con Joey que no cabía en su estupor, sus ojos abiertos como platos decían lo muy atónito que se encontraba en ese momento.
-¿Cómo…? ¿Por qué…?
-No sé como lo lograste, pero lo cierto es que has hecho algo imposible.
-¿Quién eres tú? ¿Qué hago aquí? ¿Por qué estoy cargando a Seto? ¿Dónde estamos?
-Vaya que eres un bocazas, tranquilízate.
-Hoonk…
-¡Contéstame!
Ozha suspiró, sentándose en una de las bases de las gruesas columnas, plegando sus rocosas alas que tronaron un poco. A pesar de todo, Joey no soltó a Seto.
-Bueno, presta atención porque es una historia muy larga.
-Como si fuera a irme…
-¡Honk!
La gárgola miró a Honkie, bastante interesado aunque la criatura no le prestaba atención sino a la figura brillante en los brazos del rubio.
-Emm… tú… gárgola o lo que seas… ibas…
-¡Ah! Oh, claro. Para comenzar mi nombre es Ozha… no es mi verdadero nombre pero no importa ahora. Soy prisionero de Irkalla el Oscuro a quien tu conoces como Arnas Alkrila, y éste lúgubre lugar es su palacio maldito.
-¿QUE? ¿ESTOY DENTRO DE SU PALACIO?
-Ejem… sí, no sé por que razón te dejaría entrar…
-Jajaja, ni siquiera debe saber que estoy aquí.
-¿Honk?
-¡JOEY! –gritó molesto la gárgola, haciendo respingar al chico.
-Lo siento.
-Irkalla, antes conocido como Angra Mainyu (2) es la maldad pura, la Oscuridad Eterna. El Caos y la Destrucción. El desea gobernar el universo entero, incluso la vida misma. Quizá resulte demasiado grande su visión para nosotros si digo que desea con todas sus fuerzas recrear su propio reino. Para ello necesita destruir todo lo que vemos y lo que no, porque se ha dicho que será vencido por la Luz, el bien. Una tarea de semejante magnitud requiere de un proceso de reinversión de las cosas largo y muy meticuloso. Le ha llevado eones dejar sus planes en dimensiones donde su poder no tiene obstáculos para llevarlos a cabo. Su último y crucial paso es romper el Ouroboros (3) de tal forma que sean extinguidas la Luz y la Oscuridad que él devorará para obtener el último y más grande poder y así destruirlo todo para crear su propio reino de terror.
Joey parpadeó confundido.
-Y que tenemos…
Ozha se bajó para acercarse a él, mirando a Seto que aún relucía en esa tenue luz que poco a poco iba desapareciendo.
-El Ouroboros tiene por "llaves" la Luz y la Oscuridad que se complementan y equilibran el Todo y que se hallan en dos dragones que juntos simbolizan el origen de la vida misma, su alquimia. Irkalla se encargó de buscar esos dragones, fragmentando sus esencias para esconderlas el tiempo suficiente para ser olvidados. Entonces fue guiando esos tesoros ocultos hasta un sitio donde el pudiera manipularlos.
-Emm, Ozha yo…
-Con increíble astucia reunió las piezas del Dragón de Luz, el Dragón Blanco –Ozha se inclinó sobre el rostro de Seto- Y le ha impuesto una maldición.
Joey igual miró al castaño que volvía a la normalidad, aparentemente. En verdad lucía como alguien completamente diferente. Su cabello castaño era largo y arreglado en un estilo egipcio coronado por una diadema de piedras preciosas, su figura esbelta estaba envuelta en un blanco traje de lino blanco y seda translúcida sujeta a sus ornamentos, igualmente labrados con incrustaciones de piedras multicolores. Sin embargo, al rubio no le pareció que fuese e mismo Seto Kaiba que conocía sino una versión andrógina de de rasgos delicados que bien podría pasar por su hermana gemela.
La gárgola rió bajito al ver lo embelesado que estaba Joey pero luego calló, con una expresión más seria.
--La verdad… es que… Seto está muerto.
-¿QUE? –el rubio jadeó atónito- ¿Entonces…?
-Este ser que sostienes en brazos solo es la reminiscencia de lo que fueron Seth, Kisara y Seto. Irkalla consiguió… bueno, es lo que queda de los fragmentos del Dragón de Luz; pero no por mucho tiempo –Ozha levantó un delgado brazo para mostrar su piel- Mira estas marcas oscuras, apenas son visibles, ¿las notas?
-Ah… ¿qué son?
-La maldición de Irkalla, cuando este último vestigio sea vencido por el poder del Oscuro el Dragón de Luz brillará por última vez como una estrella que muere para ser devorado por Irkalla y usar su poder.
-Pero dijiste que necesita otro dragón…
La gárgola miró de forma extraña a Joey quien pasó saliva.
-También hizo lo mismo con el otro dragón y lo único que necesita del Dragón Negro es su corazón, pero a diferencia de Seto, el otro puede ser reemplazado… si lo permite el dragón.
-¿Cómo?
-Lo que has escuchado.
-Entonces… ¿Seto está realmente muerto?
Ozha asintió cabizbajo.
-Lo que hiciste fue detener ese proceso de reconstrucción pero por un tiempo breve nada más. Es inevitable lo que pasará.
-¿No hay nada que pueda hacer?
La gárgola fijó sus ojos en Joey tanto tiempo que éste se removió inseguro. Ozha bajó su cabeza de nuevo.
-Quizá, pero hasta yo tengo mis dudas.
-Dime que hacer, prometo…
-No –la gárgola levantó una mano de filosas garras- Joey, esas promesas pusieron a Seto en este predicamento en primer lugar. Ya no repitas el mismo error.
-Un momento, ¿cómo sabes…? ¿Cómo sabes mi nombre?
-Sé muchas cosas, más de las que debería.
Joey se puso de pie con Seto en brazos. Honkie que ya dormía pegado a él se despertó con el brusco movimiento mientras que Ozha le miró asombrado.
-¡Honk!
-¿Qué haces?
-Voy a salir de aquí.
-Pero, Joey…
-¿Honk?
El rubio caminó a zancadas a la puerta, antes de cruzar se dio vuelta hacia la gárgola.
-Voy a arreglar esto, ¿y sabes algo, Ozha? Se enmendar mis errores.
Con ello, Joey salió seguido por un muy alegre Honkie. La gárgola le miró estupefacto y luego formó una sonrisa.
-Aún hay esperanzas –murmuró antes de salir tras ellos.
Makyo y Serenity exploraban las ruinas de una mansión. El anciano usaba una lámpara que apenas iluminaba esas penumbras mientras que la pelirroja iba de su brazo, temerosa; sin dejar de sostener a Honkie que seguía dormido.
-Parece que aquí podemos descansar un poco.
-Sí, luce seguro.
-Lo siento, hija. No tengo alimento que ofrecerte.
-Descuide, estoy bien.
-Si encuentro una tubería en buenas condiciones, quizá podamos beber algo de agua.
Ambos consiguieron entrar a lo que parecía ser una amplia cocina. Makyo se apresuró a buscar el grifo fe agua, removiendo más escombros en lo que Serenity buscaba donde sentarse a descansar.
-Creo que aún funciona –Makyo movió algunas conexiones- Sí… parece… -con un tirón empujó la llave que dejó escapar agua limpia- ¡Kami Sama!
Con rapidez buscó algo en que tomarla, hallando dos pequeños envases de plástico que limpió de la ceniza y polvo.
-Lamento ofrecerte agua de esta manera pero no hay más.
-Gracias, Makyo, es suficiente.
El anciano buscó sitio al lado de Serenity mientras bebían el agua en silencio.
-¿Qué hacías antes de que esto ocurriera, hija?
-Estudiaba… en América, Artes Dramáticas.
-¿Actriz?
-Sí, jeje… ¿y usted Makyo?
-Jardinero en una mansión.
-¡Vaya! Debió ser un trabajo pesado.
-Tenía ayudantes, además, de vez en cuando el amo me ayudaba.
-¿En serio? La gran mayoría ni siquiera aprecia lo que tiene en sus casas.
-Ah, lo sé. Pero mi amo no era así. Cuando llegaba cansado de sus juntas y esas cosas iba al invernadero a ayudarme a regar las pequeñas plantas y platicábamos largo rato.
-¿Y de qué hablaban?
-De todo, hija. El clima, la ropa, comida…
-Sin duda usted tenía un amo singular.
-Mucho, yo escuchaba comentarios de que le decían cosas muy feas, que era un hielo y no sé que más. Pero eran envidias, mi amo casi siempre tenía su mirada cuando estábamos en el invernadero. Claro, él no se daba cuenta de que yo le espiaba pero es verdad, como si pensara en algo que le doliera.
-¿Nunca le mencionó nada?
-En eso si era orgulloso, se guardaba el dolor para él y su único momento de tranquilidad era cuando platicaba con sus plantas.
-¿Hablaba con ellas?
-Oh, sí. Jeje. Incluso un día le dije en broma que hasta parecía un sol para ellas, porque como se que avivaban las flores cuando él llegaba.
-Increíble. Como me gustaría conocerlo.
-Y a mi presentártelo –Makyo suspiró- Pero él ya se sentía muy mal antes de que todo esto se destruyera… temo que no haya sobrevivido…
El anciano reprimió un sollozo. Serenity le pasó un brazo por los hombros.
-¿Es a él a quien busca?
Makyo asintió.
-Ha sufrido mucho, yo le vi desde pequeño… y sé de sus lágrimas… él no merece sufrir… ni morir por ello…
-Lo encontraremos, Makyo.
-Como a tu hermano.
-Así es –la pelirroja le sonrió- Ambos son fuertes y no se dejaran vencer…
Un crujido del exterior cortó la plática. Makyo buscó su lámpara para apagarla, abrazando a Serenity.
-No hagas ruido.
El sonido se acercó y pudieron distinguir que eran pasos inseguros que pronto estuvieron en la cocina. Serenity distinguió en la oscuridad una silueta femenina.
-¿Hola? –se escuchó una voz cansada.
Makyo se puso de pie, encendiendo la lámpara para iluminarla. La pelirroja gritó de alegría, caminando a la mujer.
-¡Meiran!
Ésta igualmente se sorprendió.
-Serenity… estás a salvo, ¿dónde están los demás?
-No lo sé, no hemos visto a nadie… ¿estás bien?
Con la luz de la lámpara se dieron cuenta de que Meiran tenía feroces rasguños en la cara, hombros y muslos; sangrando de varias de ellas. La detective se miró antes de sonreír débilmente.
-Estoy bien, me alegra encontrarlos. He caminado tanto que parecen días…
-Meiran, él es Makyo y me rescató en el camino.
-Gracias por cuidarla, señor. Yo cuido de su hermano… cuidaba…
-Vena, señorita, déjeme revisarla –dijo Makyo.
-No gracias… en verdad… solo necesito algo de agua.
-¡Claro!
Serenity llenó su envase de nuevo, pasándoselo a Meiran que se sentó con dificultad, ayudada con Makyo.
-¿Qué le sucedió, señorita?
-Meiran, díganme Meiran… me caí…
-¿Seguro está bien?
-Sí… solo quisiera dormir un poco… -la castaña bebió aprisa su agua- Gracias, Serenity, Makyo.
-De nada, señorita. Venga, recuéstese aquí –Makyo le hizo un espacio con largos tablones caídos- Serenity, será mejor que tú también descanses.
-¿Y usted?
-Me aseguraré de que nada se acerque sin que lo escuchemos y luego dormiré. No se preocupen, les cuidaré.
-Estoy tan cansada… -musitó Meiran ya recostada, al punto del colapso.
Serenity se quedó junto a ella, con Honkie en el medio. Makyo salió a buscando cuerda o alambre con que hacer una cerca alrededor como si fuera una trampa rudimentaria. Cuando terminó, se fue al lado de las chicas que ya dormían, arrancó una cortina semiquemada para cobijarlas y se sentó en el suelo, a su lado, para cerrar sus ojos.
(1) Grim Reaper: el huesudito con la guadaña que se usa mucho en las películas y en las fiestas de brujas… ajá… ese mero…
(2) Angra Mainyu: el malo, requetemalo, supermalo, es lo más malo que puede haber, de la mitología persa. Tan malo es que todos los dioses le temen.
(3) Ouroboros: símbolo alquímico representado por un dragón que devora su propia cola, ejemplifica el ciclo de la vida y muerte. El Todo, la Unión.
Continuará…
