TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.
Gracias muchas a quienes me leen y otras tantas a quienes me dejan un review por ahí. Gachias.
Tu desconfianza me inquieta
y tu silencio me ofende.
…Miguel de Unamuno
Las mentiras más crueles
son dichas en silencio.
… Robert Louis Stevenson
El dolor que se calla,
Es más doloroso.
… Racine.
CAPITULO XIX. SOBREVIVIENDO.
¿Cómo describir algo que se desconoce? ¿Cómo nombrar algo cuya palabra no existe en la mente? ¿Qué hacer cuando no se sabe nada en lo absoluto?
Todo era tan ajeno pero a la vez tan conocido, y no había manera de poder expresarlo a los otros de la misma forma en que lo estaba percibiendo. Miles de ideas y sentimientos mezclados tratando de huir de su mente y de su boca pero sin encontrar el medio adecuado para hacerlo.
Una expresión de angustia se dibujó en su rostro mientras observaba a su alrededor, deseaba hablar pero no sabía como; tenía cierta desesperación por contar sobre su situación pero ni siquiera entendía que significaba eso.
-Hey, ¿te sientes bien?
Sus ojos azules se posaron en aquella figura de piedra y moho viviente. Ozha tomó su mano blanquecina y él respingó asustado.
-Shh, lee mi mente, aprende. Sé que puedes.
La gárgola hizo que su dedo índice tocara su sien. Como una lluvia fina cayendo dentro de su ser, imágenes de formas abstractas que podían emitir un sonido, inundaron su visión y jadeó asombrado.
-¿Qué le haces?
-¿Honk?
-Vengo diciéndotelo todo el camino, Joey. Necesita una manera de comunicarse… es un ente de memorias dispersas y confusas…
Joey bufó mirando alrededor. Estaban en algo parecido a un jardín acuático donde viejos pilares de piedra misteriosa estaban envueltos por enredaderas que sostenían gruesas lianas de vegetación extraña a los ojos del rubio, el cual optó por sentarse frente a Ozha y Seto en un pequeño kiosco destrozado en su cúpula por una rama de árbol, dejando pasar la luz de un sol que no se veía por ningún lado en un cielo claro.
La gárgola les había llevado por un pasadizo secreto que hace años había encontrado y revisado. Por fin, habían llegado lo más lejos que Ozha consiguió hacerlo, de ahí en adelante era un camino desconocido.
-¿Aún sigues desconfiando de mí?
-Mira, gárgola parlante, hasta ahora solo hemos caminado por lugares raros sin una salida clara y además te la has pasado toqueteando a Seto.
-Siento que esto último es lo que más te molesta, ¿no es así?
-¿Honk?
-¡Claro que no!
Joey miró a Seto que respingó ante su grito, pegándose a Ozha como protección. Éste rió y se puso de pie.
-Está bien, esperen aquí. Hallaré una salida.
-No señor, iremos contigo. Seguro es una trampa.
-Eres muy desconfiado.
-Eres un monstruo.
-Eres un idiota.
-Eres un perdedor.
-¡HOOOOOOONK!
Honkie brincó molesto entre ellos, como deteniendo su millonésima discusión de la jornada. Ozha torció su rocosa boca y asintió, agitando un poco sus alas.
-De acuerdo, sígueme, Joey.
-Hm.
-Honk.
El rubio se acercó a un temeroso Seto, ofreciéndole una mano.
-Hey, tenemos que seguir.
Un par de ojos azules le miraron confundidos. Joey suspiró haciendo una vez más unos gestos mímicos para darle a entender que debía hacer. De súbito, Seto rió.
-Vaya, ahora te doy risa –observó Joey.
El otro le miró, ladeando su cabeza de un lado a otro. El rubio echó a caminar, seguido por Honkie y seguro de que así le seguiría también Seto pues era como habían estado manejándolo desde que el castaño "despertara". Metiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón, Joey no tuvo que esperar mucho para escuchar los temerosos pasos del ojiazul que le alcanzaban.
-Joey… -escuchó musitar y estuvo a punto de detenerse pero se resistió.
Seto corrió un poco, alcanzando su paso al fin.
-Joey.
-Sí, aja. Camina, seguimos a Ozha.
El castaño giró su cabeza, mirando a la gárgola metros más adelante antes de volverse a Joey.
-Joey.
-Vaya, es lo único que sabes decir. Igual que Honkie.
-¡Honk! –se quejó aquél.
Siguieron caminando así, Seto mirando a Joey y éste evitando su mirada, avanzando de cuando en cuando con pasos apresurados.
-¿Honk?
-¿Qué pasa Honkie?
-Honk.
El plumífero ser extendió sus alas como si deseara se llevado en brazos. Joey rodó sus ojos y lo levantó para acurrucarlo en el hueco de uno de sus brazos.
-Eres un flojo.
-Honk.
-Joey… -murmuró Seto.
-Cielos, ahí vamos de nuevo –suspiró el rubio sin prestarle atención.
-Joey.
-Sigue caminando.
-¡Honk!
Esta vez, Honkie picoteó su pecho para detenerle. Joey frunció su ceño pero antes de quejarse tuvo que girarse hacia donde el pico/trompeta de Honkie señalaba y que no era otra cosa que el castaño el cual sangraba de sus ojos, manchando ya su blanquísimo traje.
-¡Seto!
Soltando al pequeño ser, Joey corrió a un muy confundido ojiazul que miraba sus manos manchadas de las lágrimas de sangre que había tocado de su rostro.
-¡Pero que rayos…! ¿Seto, que…?
-D-Duele… -el castaño el miró angustiado.
-¿Qué? ¿Dónde? ¡Señala!
Un dedo tembloroso apuntó al corazón.
-Duele. Joey.
-Seto, ¿qué sucede? ¡No entiendo! ¡Ozha!
Seto le miró y bajo su vista a sus manos para pasar a Honkie que le observaba atento. Entonces se acercó al rubio, clavando sus ojos en él.
-Tú dueles. Mi corazón. Joey.
-Que sí.
-Que no.
-Te digo que sí.
-Te digo que no.
-¡Tristán!
-¡Tea!
-Ra, dame fuerzas para entenderlos.
Tea y Tristán se mostraron la lengua mutuamente antes de girarse y darse la espalda cruzados de brazos. Marik y Ryou intercambiaron una mirada para volverse colina abajo y revisar una vez más lo que tenían enfrente, fuente de discusión entre Tea y Tristán.
-Te digo que es el Estadio de Ciudad Domino –dijo la chica al otro.
-¡Claro que no! ¡Es el Madison Square Garden!
Marik suspiró, decidiéndose a bajar con el fin de revisar de una vez por todas el lugar. Ciertamente las ruinas no permitían definir a que lugar pertenecía, pero sin duda había sido un estadio. Ryou se unió a Marik.
-Es bueno verles pelear.
-Jejeje, sí, lo sé. Eso significa que aún no se dan por vencidos. Mira, por allá.
Ryou se dirigió a donde Marik señalaba. Un cartelón casi desprendido de la pared estaba cubierta de densa ceniza que Ryou retiró con su antebrazo, revelando un anuncio en japonés.
-Es Ciudad Domino. Tea tenía razón.
-Puede servirnos de refugio. Hemos vagado sin rumbo mucho tiempo.
-Y no menciones la comida… o el agua…
-Seguro que encontraremos algo… si no fue carbonizado.
-¡Mira, Tristán! ¡Te lo dije! –exclamó Tea, llegando con aquél- ¡Eres un tonto que no reconoce ni su propia ciudad!
-Grrr, ya verás.
-Chicos, busquemos algo de comida –opinó Ryou.
El estómago de Tristán gruñó y los demás rieron.
-Bueno, ya escucharon mi opinión. Cuanto antes mejor.
-Vamos –rió Tea, jalándole.
Vagaron por un rato entre los escombros hasta que la memoria gastronómica de Tristán supo localizar el sitio donde hubiera una máquina de bocadillos. Casi corriendo a ella, los cuatro se dieron cuenta que ya había sido usurpada. Tristán suspiró, dejando caer sus hombros.
-Adiós comida.
-Aún hay algo –observó Ryou- Es demasiado grande.
-Y solo una persona lo robó –dijo Marik, señalando el suelo- Una persona se esconde aquí.
-¿Qué?
El egipcio les indicó que miraran más allá. Un rastro de basura corría por un camino escondido entre pilares caídos y asientos atravesados en la pared. A juzgar por la falta de cenizas sobre las envolturas, era claro que habían sido tomadas no hace mucho.
-¡Sobrevivientes! –gritó Tristán- ¡Debemos ayudarles!
-O que nos ayuden a nosotros –bromeó Ryou- ¿Qué hacemos?
-Vayamos a investigar, por supuesto –dijo Tea, liderando el camino.
Decididos, el grupo caminó sigiloso con la pista de las envolturas guiándoles. Así bajaron hasta donde parecía ser los vestidores. Una vez ahí, Marik tuvo que usar un poco de magia para encender un fuego tímido e iluminar el camino lleno de escombros.
-No otro rastro más que la basura –murmuró Ryou.
-Quizá me equivoque pero… ¡Shhh! ¡Silencio!... ¿Escuchan? –musitó Marik.
En algún lado alguien sollozaba. Era un lamento quieto y suave, tan frágil como un llanto de bebé.
-Es una mujer –dijo Tristán- ¡Por allá!
Casi a gatas, el chico corrió por entre casilleros tirados y escombros de escaleras y columnas hasta dar con una esquina protegida por una gruesa columnata del soporte principal donde una figura hecha ovillo sollozaba. Cuando la luz creada por Marik le alcanzó, Tea fue la primera en sorprenderse.
-¡Shashenka!
Ésta al escuchar su nombre, se giró veloz para mirarles aterrorizada, antes de lanzar un grito agudo pero y cansado.
-¡Shashenka, somos nosotros, amigos de Joey! ¿Nos recuerdas? –trató Ryou.
La rusa solo se pego más a la esquina como huyendo. Marik se dio cuenta de que sangraba de una rodilla, así que se acercó a ella, decidido.
-Lo siento –le dijo antes de tocarle en su sien.
Shashenka cayó desmayada, siendo atrapada por Tristán que miró un poco enfadado al egipcio.
-¿Qué hiciste?
-Necesita atención y en su estado hubiera sido imposible. Tea, Ryou, ayúdenme a llevarla a donde la máquina de comida. Debo revisarla.
Aunque algo confundidos, Tea y Ryou asintieron, abriéndole el paso a Tristán y Marik hasta llegar al sitio. El egipcio apuntó la luz sobre la rodilla de la joven, Tea gimió preocupada.
-Necesito cerrar su herida –Marik miró a Tristán- Sostén la luz mientras tanto.
-¿No me quemaré?
El egipcio rió.
-Lo dudo. Ryou, ¿podrías regalarme un trozo de tu camisa?
-Seguro.
-Tea, busca en la máquina algo con que limpiarle su herida.
-¡Enseguida!
Con rudimentarios materiales e improvisando un poco, Marik consiguió cerrar la herida de Shashenka que ahora dormía más serena. Una vez que le hubieran armado una camilla, le colocaron ahí para su reposo. El egipcio sacó de la máquina unos bocadillos que repartió entre todos antes de sentarse a su lado.
-Otro día más sangrando y hubiera muerto. Así que de ella era ese rastro.
-¿C-Cuál…?
-Jejeje, Tristán. Un Guardián de Tumbas debe saber buscar rastros.
-Gracias Marik.
-No es nada, Tea. Veo que la conocen.
-Sí, ella es Shashenka Trievsky, bailarina de origen ruso y es la pareja de Meiran Pei, quien a su vez es tutora de Joey y amiga nuestra también.
Marik le miró atento.
-Tiene un nombre extraño.
-Pues porque es rusa –intervino Tristán saboreando su bocadillo.
-Y algo loca –terminó Tea.
-¿Uh?
-Tea… -le recriminó Ryou con la mirada.
-¿Por qué dices eso, Tea?
-Bueno, Marik, ella padece algún trastorno –la chica señaló su cabeza- Siempre anda rara.
-¿Rara? ¿Qué es raro para ustedes?
-Pues a veces… es agresiva… otras, como ahora… paranoica… no sé.
Marik miró de nuevo a Shashenka.
-Cierto es que tiene algo raro, pero no es una enfermedad… más bien… algo más.
-¿Cómo qué? –quiso saber Ryou.
-No lo sé.
-Ah, vamos –intervino Tristán- Estoy agotado de tantas emociones y de correr de quien sabe que monstruos mitológicos. ¿Qué tal si dejamos su jueguito de Sherlock Holmes para después y dormimos?
-Jejejeje, mi amigo, tienes razón. Es mejor que descansemos –rió Marik- Parece que aquí no hay peligro, podremos dormir. Después decidiremos que hacer.
-Muy bien, así se habla –Tristán se tiró al suelo, bostezando- Ojalá despierte y esto sea un sueño-
-Ojalá, Tristán –Ryou le imitó.
-Tea, tú también descansa. Yo vigilaré un rato a Shashenka –dijo Marik.
-Puedo relevarte.
El egipcio asintió con una sonrisa.
-Gracias, yo te despertaré.
-Eso es una promesa, ¿de acuerdo?
-De acuerdo. Ra es mi testigo.
-¡Pues yo prefiero no ver a ningún dios! –bromeó Tristán cerrando sus ojos.
Marik rió bajito, observando como todos caían en un sueño profundo rápidamente, debido al cansancio de la larga travesía que llevaba días sin parar. Siempre huyendo o refugiándose para no terminar aniquilados por monstruos extraños o gigantescos dioses como salidos de un libro de historia. El egipcio se acercó a la rusa para revisarle su herida.
-Tienes una magia muy poderosa dentro de ti –susurró- Creo que guardas algún secreto en tu interior. Solo espero sea algo bueno.
-Interesante. Por eso ahora están tan callado.
-Mira, Ozha, te lo esto contando no para que me sermonees pero si me ayudes.
-Ya te lo había dicho. Seto está muerto y esto que vemos es un cuerpo que pronto se desvanecerá una vez que la maldición de Irkalla florezca por completo. Lo que te dijo es un eco de una memoria que a mi buen gusto es tan poderosa que ni la magia del Oscuro ha podido erradicar.
Joey se removió inquieto.
-Aún no puedo creer… que Seto esté muerto.
-Oh, sí que lo está. Dime, tengo curiosidad, ¿Qué vas a hacer una vez encontrada la ruta de vuelta con los tuyos? ¿Simplemente echarás por la borda a tu Seto y regresarás por Yugi?
-Ese tonito tuyo me molesta.
-Es más molesto hacer brotar un amor sincero y luego despreciarlo.
-¿Qué insinúas?
-Irkalla no ha usado ni la décima parte de su poder para lograr todo esto. ¿Sabes que ha hecho solamente?
-¿Qué?
-Dejar que todos ustedes cometan error tras error. Él sabe muy bien que volátil es un corazón humano, por eso ha jugado con ustedes de esa manera. Es más fácil huir que hacer frente a la verdad cuando ésta quiere destruir todo lo que tenemos y a lo cual nos negamos a renunciar por mera comodidad mediocre, a decir verdad.
-Tus palabras no me afectan.
-Las tuyas mataron a Seto.
-¡Deja de decir eso, maldita sea!
Ozha solo sacudió su cabeza, girándose al ojiazul que dormía a su lado, abrazándose a un igual dormido Honkie.
-No puedes rescatar a Yugi. Está en la bóveda superior.
-¿QUÉ? ¿LO SABÍAS Y NO ME LO DIJISTE? ¡ERES UN DESGRACIADO! ¡DIME DONDE ESTÁ!
-Necesitas del Faraón para lograrlo.
-¿QUEEEEEE? ¿DE ESE…?
La gárgola señaló a donde unas dunas de arena blanca comenzaban no muy lejos de ellos.
-Sigue derecho, estoy seguro que terminarás en un portón. Ahí llegarás con los tuyos. Cuida de Seto, y si acaso quieres, prolonga su desaparición.
-¿No vendrás con nosotros?
Ozha negó, mostrando su collar.
-Soy su esclavo, si salgo de este palacio, es capaz de barrer la Tierra para traerme de vuelta.
-Creí que dirías que te mataría.
-Ya estoy muerto, Joey. Mi alma está atrapada en este cuerpo de piedra.
El rubio se quedó mudo, sorprendido. La gárgola le sonrió a Seto antes de tomarlo con cuidado entre sus brazos para dárselo a Joey.
-Cuídalo, están frágil como un botón de rosa en una tormenta de invierno pero fuerte como el Dragón de Luz que guarda en sí los secretos de la creación. Está perdido, Joey, las tinieblas le rodean y solo hay una forma de salvarlo. Rezo porque la descubras a tiempo.
-Ozha, yo…
-Difícil es hacer lo correcto cuando sabemos que lastimaremos a alguien a hacerlo. Pero créeme que ese dolor es nada comparado con el que crea la mentira continua. Esa mata a la felicidad misma. Váyanse, nos volveremos a ver cuando regreses con el Faraón.
-Entonces, hasta luego.
-No dudes, Joey.
El rubio asintió. Girándose para entrar en ese desierto blanco con un muy liviano Seto en brazos que a su vez cargaba a Honkie. Ozha sonrió al verlos pero su expresión cambió a tristeza.
-Tu maldad es realmente cruel y despiadada, Irkalla. Has posado la única probabilidad de salvarnos en dos jovencitos confundidos y temerosos. Que los Dioses se apiaden de nosotros.
La gárgola extendió sus alas para envolverse en ellas y convertirse en polvo grisáceo que se arremolinó por un viento inexistente, regresando por el camino antes andado. Joey no se giró a verle, caminando en línea recta como le había indicado Ozha.
De alguna manera, en su corazón, había cierto alivio al haber encontrado primero a Seto.
Khura caminaba lentamente por el ancho pasillo, su túnica larga y bordada se ondeaba a su andar. Pronto dobló en una esquina para toparse con unas largas escaleras que subió con la misma elegancia hasta toparse con Irkalla.
-Ah, hijo mío. Que bien que has venido.
-Padre, ¿por qué dejaste que se llevara a Seto?
Irkalla le llamó a su regazo, sentando en un trono de oro con una pequeña cascada a un lado. El pelinegro le obedeció, aunque su rostro no dejaba de mostrar cierto enfado. Irkalla le tomó su mentón, acariciándolo.
-Estoy comenzando a creer que dudas de mí, Khura.
-Prometiste que Seto se quedaría conmigo.
El dios oscuro rió, abrazándole como a un niño y besando su mejilla.
-Mi niño, así será. ¿Recuerdas que te mencioné que tu Dragón Blanco aún no podía renacer?
-Sí.
-Bueno, si lo dejábamos ahí en la cámara, le hubiera tomado eones a mi poder romperle por completo. Como sé que mi Khura quiere estar ya con él por la eternidad, decidí adelantar el proceso. Ahora que Joey lo tiene consigo, el daño será peor y en un pestañeo, Seto vendrá por ti.
Khura le miró unos segundos y luego su rostro se iluminó al comprender sus palabras. Sonriendo, abrazó por el cuello a Irkalla.
-¡Gracias, padre!
-De nada, tesoro. Ahora, ¿puedes hacerle un favor a papá?
-¡Claro!
-Necesito un poco más de caos, busca a los humanos escondidos y échalos a los guardianes de los muertos. Si te da hambre, puedes comer uno que otro.
-Sí, padre. Voy enseguida.
Con un beso de despedida, Khura saltó del regazo de Irkalla para bajar aprisa las escaleras, convirtiéndose en un monstruoso dragón negro que serpenteando su cuerpo; desapareció por el ancho pasillo. Irkalla torció sus labios a modo de sonrisa.
-Sigue así, Joey. Lo estás haciendo muy bien.
-Sí, mira. Tenemos dos familias, ¿no? Por un lado está Akunamkanon con su hijo Atemu y luego por el otro Akunadin con su hija única, Seth. Los dos son medios hermanos pero para esos tiempos eran como hermanos, hermanos, así hermanos. Entonces ambos hermanos concertan el matrimonio de sus hijos y ya sabes. Toda pomposa la cosa y pues a los cuatro o cinco años Atemu y Seth se casaron. Sin embargo, había problemas internos y el Faraón Akunamkanon decidió que Seth debía quedarse con su papa Akunadin allá en Amarna donde era Sacerdote Supremo. Bueno, pasaron los años y todo se vio tranquilito, en parte porque el papá de Seth creó una orden secreta entre los sacerdotes más confiables para proteger la Familia Real. Esa orden era conocida por unos objetos sagrados que Akunadin repartió entre ellos como símbolo de esa lealtad. ¿Me vas siguiendo?
-Sí, creo…
-Asdkghj… Bueno, pues eso objetos pronto fueron así como el poder más grande después del Faraón, por supuesto. Para ese entonces Atemu y Seth ya eran adolescentes, así que Akunamkanon manda llamar a Seth porque pues ya era tiempo de dar nietos, ¿no? A Seth le dan uno de esos objetos de hecho, un cetro; además de presentarle ante el pueblo en una festividad a Isis, así queda formalmente como la futura reina de Egipto…
Ah, pues bien, todo lindo y hermoso como cuento de hadas. Entonces muere el Faraón sospechosamente y Atemu sube al trono. Houston, we have a problem. Un sector de los sacerdotes que no obtuvieron los objetos por obvias razones, o sea los renegados; se reúnen en un pueblito de mala muerte para conspirar en contra de Atemu y Seth antes de que ambos alcanzaran más o menos los 18 que era cuando todo quedaba consumado. Pesados los tipos con las ceremonias. ¿Hasta ahí vamos bien?
-Aja.
-Ok, pues esos sacerdotes comienzan a hacer desastres aquí, desastres allá, desastres más allá hasta que llega la confrontación final en Tebas donde se arma la de Troya. Para ese entonces Seth ya había dado a luz a un pequeño, el heredero de Atemu y anda que los sacerdotes le echaron el ojo. Otro problema a borrar. Obviamente, los protectores esos que te mencioné se opusieron. Los renegados, nada tontos, se aliaron con los invasores persas y ¡cuaz!, golpe de Estado. Pero Atemu no era tan tonto y les devolvió el ataque. Bueno, aquí va lo triste, el murió joven en la batalla final aunque eso puede traer la paz a Egipto.
Como el pequeño Aibou aún no podía ni caminar, Seth toma el trono como Faraona Regente hasta que su hijo pudiera alcanzar la edad para ser el Faraón. Ok, es la regente y ya todo se calmó, etc., etc. ¡Qué va a ser! Como se quedó solita, los persas aprovecharon para invadir Egipto y matarla de una buena vez. Ella no se dejó y salió a los trancazos pero mandó a su hijo a las tierras macedonias bajo una identidad secreta para protegerle. Otra familia real en Luxor vio el chance y la emboscó camino a los persas, con quienes luego hicieron las pases. Adiós Seth. Borraron toda huella de ella y Aibou de los registros y se plantaron como la nueva dinastía. Obviamente, el pequeño Aibou tuvo que quedarse en Macedonia como vil mojado inmigrante. He ahí que pasó su vida en esos lares hasta su muerte y su descendencia se dispersó hasta Japón. ¿Cómo la ves, Moki?
El pelinegro estaba estupefacto. Sentado en una cómoda salita donde estaba tomando el té con Kaho que le contaba emocionada su gran descubrimiento histórico.
-Cielos, no puedo creerlo -Mokuba miró las fotos de los monolitos egipcios en la mesita frente a él- Diría que pasó algo tan diferente… tan diferente…
-Pues es que de eso tiene toda la culpa el Doctor Hawkins. Se valió de la poca información del período Atemuense para decir que existieron monstruos y que los antiguos egipcios jugaban algo llamado el Duelo de las Sombras. Patrañas, no eran monstruos sino códigos secretos de la Orden Dorada como le llamo yo a esos sacerdotes elegidos por Akunadin para su misión. El Duelo de las Sombras no era otra cosa sino nuevos ritos que el Faraón Atemu estaba creando para consolidar la religión egipcia. Pero que iba a saber el Doctorcito si nunca ha sabido leer jeroglíficos. Lo que la desesperación mediocre hace.
-¿Kaho?
-¿Sí?
-¿Y saben quienes son los descendientes de… ese Aibou?
-Bueno, la línea de sangre se expandió como huevo si me comprendes. Tener una descendencia directa es casi imposible. Tenemos el rastro de una familia potencial en Japón pero aun no es seguro… es que los padres han muerto y los hijos fueron adoptados… parece, y digo parece, por un hombre millonario. Para saber donde y cuando se requiere de una orden del Tribunal de París y eso toma muchisisisisisisimo tiempo.
Mokuba pasó saliva.
-¿Adoptados?
-Aja, la madre era la portadora así que su ADN mitocondrial sería definitivo si halláramos a sus hijos. No te preocupes, eso es lo de menos. Ya verás que cuando esto se publique, todo el mundo será descendiente, jejejeje.
El chico rió con ella, terminando su té. Miró a la ventana cerrada, pensativo y preocupado. La pelirroja le observó pasando su dedo alrededor de su taza.
-Soy una completa idiota, ¿verdad? El mundo se acabó. No hay donde publique algo… ya no hay nada.
Mokuba se volvió a ella.
-¡No, Kaho! Es que… bueno… solo pensaba en Nisama… debe estar muy preocupado al no verme. Le conozco. ¿Crees que Khura haya llegado a tiempo?
-Eso espero –susurró ella.
-Ah, perdón Kaho, soy un egoísta. Tú también debes estar preocupada por tu hermano.
-¿Por ese menso? Jejeje, no te creas, Moki. Pues si, este búnker es muy cómodo y hermético, así ni parece que hubiera algo feote allá arriba. Yo tengo fe en que nuestros hermanos sabrán cuidarse y encontrarnos.
Los dos adolescentes se quedaron cabizbajos. De pronto unos golpes fuertes en la pesada puerta de metal les hicieron respingar y levantarse como rayos, ambos corriendo a la entrada.
-¡Khura!
-¡Seto!
Sin perder tiempo, abrieron entre los dos la puerta. Khura estaba ante ellos, con las ropas rotas y herido de sus costados.
-¡Idiota! –Kaho le abrazó.
-¿Khura? ¿Y Nisama? –gimió Mokuba al verle solo y en ese estado.
Khura se soltó de Kaho para arrodillarse frente a él.
-Quise que se quedara a mi lado, Moki, pero Joey no me lo permitió. Quiere castigarlo… es que Yugi se perdió y culpa a tu hermano y a un tal Atemu de su desaparición… yo… bueno… le rogué que me dejara venir por ti para que estuvieras con tu hermano… no están muy lejos, quizá a un kilómetro delante de aquí, pero….
Mokuba ya no le escuchó. Salió corriendo del búnker a buscar a su hermano mayor. Kaho se cruzó de brazos mientras Khura se puso de pie para rodearle con un brazo alrededor de sus hombros.
-¿Le dijiste?
-Claro, pedazo de idiota. ¿Qué andas haciendo por acá?
-Padre me pidió que sacara a los humanos escondidos bajo tierra.
-Comprendo. ¿Tan rápido lo hiciste?
-Cuando los humanos tienen miedo, son borregos mansos al matadero.
-Ah, lo que daría por ver el rostro de Moki cuando encuentre lo que queda de su hermano.
-Puedes hacerlo.
-Cierto.
-Vámonos. Este agujero va a ser abierto por completo en un momento a otro por Anubis.
-Grrr, ok.
Ambos salieron del hoyo que gracias a la magia de Kaho pareció ser un búnker antinuclear. El hechizo desapareció dejando ver el espantoso hueco lleno de escombros y cadáveres, un grotesco escenario que se unía al paisaje infernal que les rodeaba.
-Hm, pues debemos despejar el camino de Mokuba. Padre no querrá que le suceda algo antes de encontrarse con Joey y Seto.
-Bien dicho bicho, pues mueve ese dragonesco trasero que me llevarás sobre tu lomo.
-Como tú digas hermanita.
-¡Andando!
-¡Honk!
Joey miró cansado a su alrededor, el desierto blanco no tenía fin por donde quiera que se le viera, ya no estaba muy confiado de haber estado caminando en línea recta. Agradecía que el aparente sol no le quemara la piel, aunque su sed era verdadera igual que su hambre.
-¡Honk!
Volvió su mirada a Honkie que le brincoteaba desde el regazo de Seto que ya despierto le devolvía una mirada atenta. El rubio suspiró antes de sentarse frente a él. Quizá no era el hecho de que el desierto le perturbara sino estar a solas con el ojiazul…
-¿Honk?
… Y saber que veía a un muerto.
-Creo que estamos perdidos.
-Hoonk.
El castaño miró a ambos lados y luego le sonrió.
-Está bien.
-Tenemos que salir de aquí.
Seto bajó su mirada a Honkie que talló su redonda y plumífera cabeza contra su mentón muy complacido.
-¿Joey?
-¿Qué sucede? –suspiró de nuevo éste.
-¿Qué soy?
Joey le miró sin saber que decir. Recorrió su rostro tan andrógino y a la vez tan conocido en ese atuendo egipcio de aire místico.
-Eres Seto Kaiba.
-Seto Kaiba… -repitió el ojiazul cerrando sus ojos como si con ello recordara- Joey, ¿sabes qué es Seto Kaiba?
-¿Saber? Te refieres a si te conocía, sí, te conozco.
Seto se acercó interesado.
-Dime, ¿Seto Kaiba es algo bueno?
-Amm… -Joey se rascó la cabeza, nervioso- Supongo.
-¿Supongo?
-Bueno… es que… tú… pues eras algo especial.
-¿Especial? ¿Qué es especial?
-Eras extremadamente inteligente, dirigías una compañía que llevaba tu nombre, la Corporación Kaiba y eras el número uno en la preparatoria, un alumno excelente. Rico, famoso, creador de los discos de duelos y además fuiste el Campeón del Duelo de Monstruos. Poseías los tres Dragones Blancos de Ojos Azules.
-Dragones… -murmuró el otro.
-Sí, bueno y tenías un hermanito… Mokuba.
-¿Mokuba?
-Así es.
El ojiazul meditó sus siguientes palabras.
-¿Ser extremadamente inteligente, rico, famoso y tener dragones con un hermanito Mokuba es bueno?
Joey suspiró agotado.
-Sí… supongo… todos te envidiaban.
-¿Tú también?
-¿Eh? Bueno, sí… un poquito.
Un par de ojos azules se clavaron en el rubio.
-¿Por qué?
-Bueno, Seto, lo tenías todo… yo… me costaba más trabajo… algo así.
El castaño parpadeó unos segundos y luego se miró a sí mismo.
-¿Así es Seto Kaiba?
-¡Jajajajajaja! ¡No! –rió Joey- Si te hubieras visto en un espejo desde el primer momento hubieras mandado matar a quien te puso esas ropas encima. De ninguna manera el orgulloso y pedante Seto Kaiba iba a dejar que alguien se burlara de él.
-¿Matar? ¿Orgulloso? ¿Pedante? ¿Burlara?
-Cielos –el rubio cerró sus ojos arrepentido- Mira, no tiene caso hablar de eso.
-¿Por qué no tiene caso?
-¡Por que no! ¡Ya no importa más! –los ojos de Seto se entristecieron y Joey se mesó los cabellos- Alguien ayúdeme…
-¡HONK! –Honkie alcanzó a darle un picotazo en la cabeza.
-¡Hey!
-¿Joey?
-Dime, Seto.
-¿Por qué me conocías?
Joey levantó su vista solo para desviarla al horizonte blanco sin fin.
-Los Duelos. Yo también era un duelista. Tenía el Dragón Negro de Ojos Rojos. Por eso nos conocimos… en un principio.
-¿Conocernos fue bueno?
-Kami Sama, Seto…
-Dime.
El rubio se puso de pie.
-Escucha, ahora lo único que quiero saber y hacer es como largarnos de aquí para encontrar al idiota del Faraón y rescatar a Yugi, ¿ok?
-Yugi…
Seto se puso de pie, lentamente con la mirada perdida hacia el suelo. Agonizantes segundos para Joey transcurrieron antes de que levantara su rostro.
-¿Honk?
-Yugi es bueno para ti.
Sin más, el ojiazul se giró para comenzar a caminar con Honkie en brazos y dejando atrás a un perplejo Joey que tardó en reaccionar antes de echar a correr para alcanzarlo.
-Seto, escucha, no quise decirlo así, es que…
-Salida.
Un delgado y adornado brazo señaló hacia un gigantesco arco en medio de la arena blanca. De lejos lucía como de piedra roja aunque igual parecía de un mármol negro. El rubio se giró, parpadeando para asegurarse que lo que veía no era un espejismo.
-Vámonos –le sonrió el castaño.
-Honk.
-¡Espera, Seto! ¡Seto!
Éste no le prestaba atención, así en pasos rápidos avanzó hacia el portal. Joey tuvo que correr para alcanzarle de nuevo, pero esta vez sus pies se congelaron en la arena cuando estaba a metros del arco.
-¿Qué…?
A través del arco podía observarse como si fuera una lente de cámara un infierno carbonizante del otro lado. Peor aún, un pandemonium de seres humanos gritando, peleando entre sí y buscando huir de los demonios voladores que les atravesaban con largas y ardientes lanzas.
-¡SETO, NO!
Joey abrazó al ojiazul antes que avanzara más. Éste giró su cabeza para mirarle extrañado.
-Es la salida.
-Sí, pero, ¿no lo ves? Hay un desastre del otro lado.
Seto miró el arco, pero para él todo era igual; lo único que veía era más desierto del otro lado. Mientras hacía esto, Joey le atrapó un poco más a él, notando un leve aroma a flores que hizo erizar la piel de su cuerpo.
Aroma de flores para un muerto.
Cerró sus ojos y recostó apenas su frente contra los cabellos castaños acomodados en ese extraño peinado, intentando no llorar. Seto estaba muerto, y su corazón le decía que en buena parte a causa de sus palabras y sus decisiones, de las cuales ya no estaba tan seguro.
-No quería que te pasara esto –gimió.
-¡HONK! –chilló el plumífero ser.
Joey fue despedido con violencia contra la arena igual que Honkie. El rubio sacudió su cabeza atónito para encontrarse con un ojiazul de ojos relampagueantes de furia que le miraban con sumo rencor, sus manos tenían filosas garras así como los colmillos que le mostraba.
-¡NO OSES DECIR BLASFEMIAS EN MI PRESENCIA! –gruñó airadamente- ¡QUE POR RA TÚ NO SIENTES NADA! ¡MENTIROSO Y HEREJE!
-Seto, yo…
-¿CÓMO OSAS TOCARME, INFIEL? ¡OSIRIS LO PROHIBA!
Joey se quedó estupefacto y sin palabras. Una cosa era tratar con una ambigüedad de Seto Kaiba y otra muy diferente ver a un iracundo Sacerdote Seth. Un fuego blanco rodeó a éste, agitando la arena que comenzó a levantarse. Lentamente, unos signos empezaron a brotar en su pálida piel como si fueran manchas de tinta negra vivientes que se movían a través de su cuerpo, multiplicándose.
-¡SETO! ¡NO!
-¡NI OSES EN DAR UN PASO MÁS! ¡NO VOLVERÁS A TOCARME, LO JURO POR ISIS!
-¡TRATO DE SALVARTE!
-¡ACABASTE CONMIGO!
Un par de lágrimas escaparon de los ojos dorados de Joey pero con un manotazo los borró para ponerse de pie e ir con el ojiazul que esta vez rugió cual dragón. La arena se arremolinó salvajemente y los signos empezaron a cubrir su cuerpo.
-¡TE SALVARÉ AUNQUE NO QUIERAS!
En un arrojo de valor, Joey se abalanzó contra Seto para abrazarle con fuerza. Ambos forcejearon. Las garras del castaño lastimaron los costados y espalda del rubio pero ni aún así le soltó.
-¡MUERETE! ¡TE ODIO!
-¡SÍ, ODIAME! ¡PERO LO SIENTO! ¡LO SIENTO DE VERDAD, SETO!
-¿POR QUÉ NO ME ESCOGISTE A MI?
Joey ahogó un sollozo, hundiendo su rostro en el cuello del ojiazul. Sus brazos le apretaron más.
-Es que no he dejado de pensar en ti…
Una explosión de luz blanca le envolvió, le quemaba pero el miedo a perder a Seto hizo que no se soltara de éste. El brillo fue tan intenso que por breves momentos perdió la noción de todo a su alrededor. En medio de esa conmoción, sintió un calor acogedor rodeándole y envolviéndole a su vez como una tibia caricia que parecía susurrarle que todo estaba bien. Esa hermosa y tranquila sensación le inundó y se sintió feliz después de tanto tiempo que incluso olvidó su propio nombre o donde estaba. Como si esa luz hiciera una magia en él de tal éxtasis que en ese momento no había nada más que esa paz y armonía.
Joey cayó pesadamente en la arena, tosió un poco de ésta para luego abrir sus ojos y sacudirse el resto del polvo blanco.
-¿Seto?
El castaño yacía metros más allá, como si solo durmiera tranquilamente. Joey corrió hacia él, respirando aliviado al notar que las marcas negras habían desaparecido.
-Gracias… -murmuró.
Seto se removió, abriendo sus ojos para encontrarse con el rostro sonriente de Joey.
-¿Cómo te sientes?
Con un grito infantil, el ojiazul se arrastró lejos de él; se miró su traje blanco y adornos de piedras preciosas que trató de quitarse en vano a manotazos antes de abrazar sus piernas, meciéndose y mirando a todos lados.
-¿Otosan? ¿Okasan? –gimió.
-¿Qué diablos…? –el rubio le miró asombrado- Actúas como…
-¡Otosan! ¡Okasan! –lloriqueó, escondiendo su rostro entre sus brazos.
Honkie brotó de la arena, sacudiéndose todo.
-¡Hooonk!
-¡Honkie! –le llamó Joey.
-¡Honk!
La emplumada criatura brincó a él, restregándose en su pecho. Al escuchar el llanto de Seto, se volvió a aquel.
-¿Honk?
-Lo sé, Honkie. No sé que le pasó.
-Honk.
Las canicas perladas que Honkie tenía por ojos examinaron al rubio y luego señaló al ojiazul con su pico/trompeta.
-Honk.
-¿Qué?
-¡Honk!
-No entiendo.
-Hooonk.
Honkie escapó de los brazos de Joey para ir con Seto, meciendo su redonda cabeza de un lado a otro y bailoteando un poco.
-¿Honk? Hooonk. ¿Honk?
El castaño levantó su rostro, mirándole.
-Honk. Hoooonk. ¡Honk! ¿Honk?
Un gorgoteo infantil escapó de los labios de Seto que se talló uno de sus rozados ojos con su muñeca.
-Hoooonk. ¿Honk? Hoooooonk.
Honkie sacudió su emplumada cola, haciendo reír al castaño. Joey arqueó una ceja, mirando la escena hasta que comprendió.
-Es… un niño… Seto de niño…
Se acercó, esta vez más cauteloso. La mirada azul del otro aún dejo ver desconfianza.
-¿Honk? Hoonk. Honk. Honk. Honk.
Joey recibió un picotazo en su cabeza y Seto rió aún más.
-¡Hey, deja de hacer eso!
-Honk –Honkie se giró al castaño- Honk… Hoonk. ¡Honk!
Seto miró a joey con algo parecido a asombro y sin más le echó los brazos al cuello casi tirando al rubio que apenas conservó su equilibrio.
-¡Joey chan! –rió feliz.
-¿Qué diablos estás diciéndole? –gruñó el rubio a Honkie.
-¡Honk!
Joey suspiró y sin más remedio, tomó a un infantil Seto en brazo con una facilidad que le hizo quedarse congelado un largo tiempo. El ojiazul era más liviano que antes.
-Todo va a estar bien –murmuró el rubio con preocupación, tomándose la libertad de besar los cabellos de Seto que solo se acurrucó entre sus brazos.
-Hoonk.
Joey se volvió al olvidado arco. El desastre seguía visible. Tomando aire, aseguró su liviano peso en sus brazos.
-Cierra tus ojos y pase lo que pase, no los abras.
Seto asintió débilmente, aferrándose a él. Honkie saltó a su hombro del cual se enganchó con su única y rechoncha pata.
-¡Honk!
-Así es, Honkie. Allá vamos.
Otosan-Okasan: algo así como papá y mamá en japonés.
-chan: se usa para referirse a las jovencitas japonesas, para un varón debe ser –kun, así que Honkie le jugó una mala pasada a Joey… jejeje.
Continuará…
