TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.

AUTORA: clumsykitty.

GENERO: Pos yaoi, que otra.

PAREJAS: Puf, muchas.

SERIE: Yu-Gi-Oh.

DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.

WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.

SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?

NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.

Gracias muchas a quienes me leen y otras tantas a quienes me dejan un review por ahí. Gachias.


I am not your running wheels,

I am the Highway.

I am not your carpet ride,

I am the Sky.

I am not your blowing wind,

I am the Lightening.

I am not your autuum moon,

I am the Night...

Night...

... (I am the Highway, Audioslave).

CAPITULO XX. SIN DESCANSO.

-¡Slaifer, ataca!

Una onda explosiva sacudió el suelo carbonizado, haciéndolo resquebrajarse violentamente hacia el cielo nublado por la fuerza del impacto. Una gruesa nube de ceniza y polvo rodeó la zona del impacto y un rugido de dragón se dejó escuchar en los cielos.

Atemu fijó su vista en aquella devastación, jadeando pesadamente y con su Monte de Cartas en mano, en espera del ataque de vuelta del Pilar de la Devastación.

Cuando aquella marea de nubes polvosas se dispersó, una figura se vio en medio del cañón dejado por el ataque de la carta del dios egipcio. El guerrero de máscara y larga capa verde se sostenía como si solo descansara de su larga espada dentada clavada en el suelo. Su mirada negruzca se clavó en el Faraón al tiempo que levantó su arma para ondearla al viento y crear un círculo d energía que fue despedido en contra del tricolor que apenas pudo evitarlo saltando al lomo de Slaifer que le rescataba.

El Pilar le siguió con la mirada, igual de tranquilo. Entonces ondeó su capa que se transformó en un par de alas puntiagudas que le izaron al cielo en busca de Atemu, repitiendo su ataque multiplicado cientos de veces. Slaifer abrió su segunda boca para contraatacarle mientras que el Faraón sacó el Cetro del Milenio con el cual aumentó el poder del Dragón del Cielo.

El impacto fue tan gigantesco que la onda expansiva tocó el suelo, pulverizando todo a su alrededor y lanzando los escombros cientos de metros a la redonda, dejando un desierto ardiente en su lugar. El guerrero rió y señaló ese suelo devastado antes de dejarse caer sobre el mismo con su espada apuntando a la tierra.

-¡NO! –gritó Atemu.

Slaifer voló para impedirle su cometido. El Faraón se lanzó sobre el guerrero.

-¡Por Ra que no habrás de provocar más daño!

Sacó la Balanza del Milenio que fusionó con el Cetro para hacer una espada dorada con la cual embatió al Pilar con todas sus fuerzas. Aquella espada dentada del Pilar no pudo resistir ese poder y cayó pesadamente al suelo junto con su portador, siendo clavado por el arma de Atemu. El tricolor esperó varios minutos hasta asegurarse que el guerrero en verdad estaba muerto. Retirando su espada, se hincó para quitarle la verde máscara, revelando un rostro desfigurado de algo que pareció humano alguna vez y que ahora sangraba un líquido putrefacto mientras su cuerpo iba pudriéndose lentamente. El Faraón tomó la espada dentada del guerrero que a su contacto se transformó en una pieza de diseño complejo pero claramente incompleto.

-Ra, gracias por esta victoria.

Del cielo, Quimera bajó con Ishizu y Odión sobre su lomo. La egipcia bajó rápidamente para felicitar al tricolor.

-¡Faraón, has vencido al Pilar!

-¡Ahora tienes la primera pieza de la Llave, mi señor! –se unió Odión.

-Pero a que precio…

Atemu y los otros miraron a su alrededor el desierto dejado por el combate, con enormes hoyos quemándose en su interior. El Faraón suspiró agotado, mirando el fragmento de la Llave de la Rosa de los Vientos que soportaba los cuatro puntos cósmicos y que necesitaba para restaurar todo lo que Irkalla estaba destruyendo.

-¿Estás bien, Faraón?

-Sí, Ishizu, gracias. Solo que el sabor de esta victoria me es amargo. Por Isis, que traté hasta lo imposible porque estas tierras fueran dañadas. Ahora ignoro que ha desaparecido…

-Mi señor, solo piensa que podrás salvar a la Tierra venciendo cada uno de los Pilares.

-Tienes que descansar, Faraón.

Atemu se volvió a Slaifer el cual rugió levemente antes de desaparecer para volver a su carta sagrada lo mismo que Quimera. El tricolor guardó de nuevo su monte y miró a la egipcia.

-Gracias por preocuparte, Ishizu.

-Estamos para servirte, Faraón. Ojalá pudiéramos hacer mucho más.

-Suficiente es para mí su apoyo… no todos creen en mí.

-Mi señor…

-Shhh…

Los tres se quedaron en silencio a la señal de Atemu. Pronto escucharon como el sonido de unas espadas chocando entre sí. Sin perder tiempo, el Faraón levantó un escudo protector sobre Ishizu y Odión. En ese momento, la tierra se abrió para dejar salir a un gigantesco dios de piel azul, collares de calaveras y seis brazos con espadas curvas. Sus ojos furiosos se posaron en Atemu que le miró sin inmutarse cuando estuvo bajo su sombra.

Shiva le examinó como quien examinara algo que parece sospechoso. El viento se meció a la par de los siseos que escaparon de su boca antes de que el dios indio se diera vuelta para seguir avanzando hasta perderse en el horizonte. Fue hasta entonces que Atemu descubrió a los Ishtar.

-Una vez más, gracias Faraón –dijo Odión.

-No hay nada que agradecer.

-Preferiría que no gastaras tu poder sobre nosotros mi señor.

-No, Ishizu. Los dioses de la muerte no tendrían compasión de ustedes y los torturarían por toda la eternidad por el simple hecho de estar en sus "dominios". No puedo permitir eso bajo ninguna circunstancia.

La mirada de Atemu se notaba cansada, pero no por la pelea. Ishizu se le acercó.

-Faraón, no dejes que la desesperanza te haga tropezar. Lo lograrás.

-Me preocupa que Joey no lo logre.

-Ra en los cielos eternos sabe por qué tiene que ser así.

-Hay que seguir.

Los tres caminaron hasta dejar ese desierto abierto en dos que poco a poco fue cayendo a un abismo oscuro que le devoró en un inquietante silencio.


-¡Auch!

-Jeje, eres débil

-¡No soy débil!

-Gritas como una niña.

-¡Honkie, esto es tu culpa!

-¿Honk?

-Grrr…

Joey cerró sus ojos mientras la nueva faceta de Seto le curaba sus brazos rasguñados y cortados luego de pasar por el portal y por entre aquel pandemónium de humanos y demonios peleando entre sí, unos por sobrevivir y los segundos por comerlos. Se hallaban dentro de las ruinas de un edificio, bien escondidos de los seres sobrenaturales que rondaban afuera en busca de más comida viva.

-Listo.

-Gracias.

-¡De nada!

El ojiazul le sonrió feliz mientras que Joey solo se limitó a mirar sus vendajes improvisados. Luego de pelear con uno que otro demonio, el castaño había echado a correr despavorido hasta ese edificio donde se ocultaban para gritar de miedo hasta que una vez más colapsó. El rubio le miró de reojo, había cierto cambio de color en sus ojos, como un azul más claro. Así quizá era su personalidad.

-¿Kisara?

-¿Sí, Jo?

-¿De dónde vienes?

-¿Honk?

-Ah… bueno… no lo recuerdo muy bien. Madre estaba buscando a sus hermanas, eran trillizas aunque diferentes según recuerdo sus historias. Una tenía sus ojos púrpura, otra rojizos y madre azules como yo. Pero nuestra tierra natal la desconocíamos… madre contaba que era una tierra prohibía para los mortales.

-Vaya…

-Era importante que nos encontráramos con las demás, pero no sé porque. Madre murió antes de poder decírmelo. ¿Tú lo sabes?

-Ojalá supiera.

-¿Por qué siempre estás así, vencido?

-Eso no es verdad.

-Sí lo es. Como si algo te pesara con demasía.

-Estás imaginando cosas, Kisara.

-Honk.

Hubo un pequeño silencio antes de que "Kisara" respondiera, sus ojos azules miraron su regazo a la par que sus manos se posaban cruzadas sobre su corazón.

-Yo, Putah, vengo del Infinito y soy hija de la Luz. Yo, Khaba, protejo y cuido a la Luz. Yo, Akhu, la sabiduría reside en mi Luz. Yo, Seb, de mi proviene la creación de la Luz. Aquí, aquí –sus manos golpearon suavemente sobre su pecho- vive el gran dragón. La Luz. Yo encontré su corazón, estaba dentro de mi amo Seth, latía de amor y yo le cuidaba. Yo le prometí estar con él siempre y jamás nos separaríamos. Nos convertimos en uno solo, el Dragón Blanco de Ojos Azules. Ba y Kha siempre de la mano, siempre caminando por el tiempo. Mi amo Seth me amaba porque yo amaba su corazón y lo abrazaba con mis alas para que la maldad no lo manchara. El amor de mi amo Seth era puro.

Joey le miró fijamente, acercándose un poco.

-¿Seth te amaba tanto?

-Porque yo conocía su secreto y lo protegía.

-¿Secreto? ¿Qué secreto?

Un par de ojos azules se levantaron para clavarse en los suyos dorados.

-Su corazón amaba al Dragón Negro.

Joey se quedó estupefacto y tardó varios segundos en reaccionar antes de sacudir su cabeza y parpadear claramente confundido.

-¿Cómo? ¿Qué Dragón? ¿Qué no te amaba a ti?

-El amor tiene muchos rostros y muchas formas. Seth me amaba porque yo amaba su corazón que latía de felicidad por el Dragón Negro.

-Kisara… ¿q-quién era ese dragón?

-El Faraón Atemu.

-¡Honk!

Un gruñido de desaprobación escapó de los labios del rubio sin que pudiera evitarlo, sus puños se apretaron hasta quedar casi blancos de los nudillos. Era un sentimiento bastante conocido.

Celos.

/ ¿Y por qué rayos siento celos del estúpido de Atemu? /

-Eso es… Atemu… Atemu no es ningún dragón…

-Sí, el Dragón Negro de Ojos Rojos estaba en Atemu y Seth le amó.

-¡Mentira!

-Yo vi ese dragón. Ahí estaba.

Joey jadeaba furioso y se mesó los cabellos. Su rabia nacía como un volcán en erupción. Honkie se le acercó, clavando sus redondos y perlados ojos en él. Entonces algo le inquietó.

-Kisara, ¿el dragón vivía en Atemu?

-Sí, nosotros lo sabíamos nada más.

-Pero no era Atemu.

-El sol y la luna siempre están buscándose a través de la bóveda celeste pero jamás pueden reunirse hasta que un día el milagro se realiza a través de un eclipse y por breves segundos los dos astros pueden mirarse de frente. Así la Luz y la Oscuridad. El Faraón le trajo a mi amo el Dragón Negro y por un momento tan breve como un suspiro ambos estuvieron juntos…

-¿Atemu y Seth? –casi bramó Joey.

-… y vencieron al mal, pero éste se llevó su corazón y el Faraón encerró esa maldad para que no dañara más. Ahora el corazón del Dragón Negro se perdió. Nosotros estamos juntos pero no así el Dragón Negro de Ojos Rojos, sin corazón, pueden poner mentiras en su lugar.

El rubio suspiró desviando su mirada.

-El corazón de las cartas…

-Atmu, Blanco y Negro son uno mismo, comparten el mismo Atmu. Son el Atmu. Pero estamos perdidos.

-¿Por qué…?... ¿Kisara?

-¡HONK!

Joey se volvió al ojiazul que ahora miraba a todas partes como si estuviera perdido, sus manos buscaban tocar algo en el aire. El rubio le tendió una mano pero no fue tomada. El azul de los ojos del castaño palidecía.

-¿Dónde estás? –su voz resonó como si fuera un eco de mil voces- ¿Por qué nos dejaste?

-Yo… Kis… Seto estoy aquí.

-No veo tu corazón, ¿Dónde estás? ¿Por qué no vienes?

-Seto, aquí estoy, frente a ti.

-Nos duele, no nos dejes. No nos abandones. ¿Por qué ya no nos amas?

-Seto…

-¿Por qué nos dejaste? ¿Dónde estás?

-Yo… ¡Seto, despierta!

Los palidísimos ojos azules se llenaron de lágrimas al tiempo que elevaba sus brazos al cielo.

-Nos duele, sálvanos. Nos duele, vuelve a nosotros. Moriremos.

-¡No, Seto! ¡Basta! ¡Aquí estoy!

Joey le tomó por los hombros para sacudirle con algo de desesperación. Entonces el castaño se volvió a él, posando una mano sobre su pecho.

-Sin tu amor, desapareceremos…

-¡SETO! ¡NO DIGAS ESO! ¡AQUÍ ESTOY! ¡NO TE DEJARE! ¡SETO! ¡SEETOO! ¡SEEETOOO!

El ojiazul se desvanecía en sus brazos, y una vez más, con un peso más liviano que antes. Joey le trajo a su pecho, abrazándole mientras gruesas lágrimas escapaban de sus ojos. Se meció junto con aquél cuerpo tan ligero, besando una fría y pálida frente.

-Aquí estoy, no te dejaré nunca, nunca. Por favor, Seto, no te mueras. Déjame arreglar las cosas, por favor, por favor. Por favor. Por favor.

Sus lágrimas caían en el rostro andrógino que tomó con una mano para acariciarle como quien toca una fina y delicada pieza de cristal. Sollozando se acercó a sus labios.

-Tócalo y te mueres, perro del infierno…


-… fueron épocas muy buenas… en aquellos momentos… mi joven amo reía como nunca le había visto. Era como si hubiese encontrado su felicidad, tú me comprendes, eso que solo lleva tu nombre y que hace que las demás cosas sean hermosas a tus ojos. Irradiaba alegría. Bueno, claro solo para quien supiera ver sus gestos porque era igual de callado y meditabundo. Recuerdo cuando podaba los arbustos cerca de la sala de juegos, le vi sonreír y hasta sonrojarse con una sincera felicidad que hasta dejé caer mis tijeras de la sorpresa y lloré de alegría. Me dije "mi señor ya es feliz".

-¿Pero que pasó?

-Lo ignoro tanto, pero ese joven dejó de ir a la mansión y todo se volvió frío y oscuro como si solo hubiera muerte alrededor. Mi amo ya no volvió a ser el mismo… se perdía en un dolor amargo que le consumió poco a poco… yo maldije el día que conoció a ese muchachito. Destruyó a mi señor en la única manera que nadie había podido lograrlo, le arrebató lo que más atesoraba y no había compartido desde que llegara a la mansión. Luego llegaron personas extrañas… mi joven amo enfermó… después desapareció con su hermano… y yo… yo me prometí encontrarlos… es que…

-Le comprendo, Makyo, no necesita decirlo.

-Creo que hablo de demasiadas desgraciadas, ¿verdad?

-No, jejeje. Hay cosas que pasan por más que nos empeñemos en combatirlas.

-Y es una pena que a una chica tan bonita le sucedan. A veces no entiendo a la Vida.

-No se preocupe, yo he sido afortunada como ya le contado. Mi hermano, Joey, él si que ha pasado malos momentos.

-¿J-Joey?

-¡Ah, es cierto! Disculpe Makyo, jejeje. Mi hermano se llama Joey Wheeler. Mi nombre completo es Serenity Wheeler.

Por un fugaz segundo, las manos de Makyo apretaron el volante, casi disminuyendo la velocidad. Para no ser traicionado por la ola de emociones que brotaron en él, desvió su mirada al frente de la carretera.

-Vaya…

-¿Sucede algo?

-Oh no, claro que no. Tu hermano es famoso, ¿no es así? Un duelista.

-Entre otras cosas, sí.

-Debes estar muy feliz por él. No siempre se tiene a un hermano duelista tan famoso.

-Jajajaja, no crea, Joey tiene sus defectos también.

-¿Y tiene una novia, cierto? V-Valentine…

-¿Mai? Jajajaja, ¡no! Verá, señor, mi hermano también tiene un novio.

-¿Bromeas?

-No, sé que debe sonarle raro pero así es.

-¿Quién es?

-Ah, pues si sabe de duelos entonces conoce a Yugi Mutou. Es él.

-No lo conozco personalmente pero sé de quien hablas. Me da mucho gusto Serenity por tu hermano. Tener alguien que te ame es difícil de conseguir… y retener.

-No se preocupe por su amo, Makyo. Siempre aparece alguien mejor.

-Oh, no sabes como he orado por ello…


-¡HOOOOOOOOONK!

-¡Escúchame!

-¡No quiero escucharte!

-¡HONK!

-¡Mokuba!

-¡Aléjate de nosotros! ¡Déjanos!

-¡No lo haré!

-¿Por qué no estás revolcándote con tu Yugi, eh?

Joey quiso refutar pero en lugar de eso dio un par de pasos hacia Mokuba quien abrazaba a un inconsciente Seto. El pelinegro no dudó en amenazarle de nuevo con un tubo maltrecho.

-¡Lárgate!

-¡Déjame explicarte!

-¡HOOONK!

-¿Qué explicarás, eh? ¿Qué eras mi amigo y le rompiste el corazón a mi hermano?

-Mokuba…

-Perro infeliz, que bien te salió tu comedia de "soy tu mejor confidente", lo único que buscabas era joder a mi hermano, ¿no? Y luego contarlo a los cuatro vientos.

-¡Basta de eso! ¡Yo jamás…!

-Maldito hipócrita, aún recuerdo como… ¡te odio! ¡Mira lo que le hiciste!

-¡Yo no quería hacerle daño!

-¡HOONK!

-Vete al infierno, no soy idiota. Nunca te importó mi hermano.

-Mira, Moki por favor…

-¡VETE DE AQUÍ! ¡VEEETEEE!

Un chillido llamó la atención de Joey, quien se quedó unos segundos quieto antes de volver con Mokuba, tratando en vano de hacerlo entrar en razón.

-Mokuba, ahora no, mira hay algo…

-¡No me digas lo que hacer!

-Shhh…

-¡Vete ya!

-Mokuba…

-¡No quiero estar contigo!

Joey esquivó su golpe con el tubo y se abalanzó contra el pelinegro para cubrirle la boca.

-No hagas ruido, algo viene y…. ¡Argh!

Mokuba le mordió con fuerza para liberarse de sus brazos.

-¡ESOS TRUCOS YA NO SERVIRÁN! ¡MENTIROSO! ¡HIPOCRITA! ¡ASESINO!

-¡No…! ¡Cállate! Shhh…

-¡FUERA!

-Mokuba, harás que nos maten.

-¡COMO SI ESO TE IMPORTARA! ¡YA MATASTE A MI HERMANO! ¿POR QUE NO ACABAS CONMIGO TAMBIEN? ¡ANDA! ¡ASESINO!

Un crujido del techo puso pausa a su pelea. De un hueco se asomó una garra filosa que abrió un boquete aún mayor para dejarse caer sobre el polvoso suelo y mirar a sus próximas presas. Era una especie de gárgola cobriza que babeaba sangre y algo parecido a un vómito negro.

Joey se puso entre los Kaiba y la gárgola buscando con la mirada algo con que defenderlos. El monstruo abrió sus fauces y se arrojó contra el rubio.

-¡AAAH!

-¡HOOOOOOOOOONK!

Un rayo dorado alcanzó a la gárgola, carbonizándola. Joey cayó de espaldas, entre asombrado y confundido lo mismo que Mokuba que sin dejar de abrazar a su hermano miró por el hoyo hecho por el ataque para descubrir que o quien había sido.

-¡ATEMU!

El Faraón apareció con Ishizu y Odión, caminando lentamente hasta los recién rescatados.

-¿Están todos bien?

-¡Honk!

-Igual me alegra verte, Honkie.

-¡Atemu, mi hermano!

El tricolor apresuró su paso para encontrarse con Mokuba y examinar a Seto. Joey se levantó con cierto gesto de disgusto pero no dijo palabra alguna. Atemu posó una mano en el hombro del pelinegro.

-¿Puedo llevármelo?

-S-Sí…

Con sumo cuidado, el Faraón levantó en brazos a Seto antes de girarse a Odión.

-Tenemos que encontrar el Libro de los Muertos. Ya. Dejaremos a los Pilares de momento. Seto es mi prioridad.

-Sí, mi señor. Aquí están tus cartas.

-¿Honk?

El egipcio le tendió el Monte de Cartas del cual Atemu sacó a Kuribo, que brotó de su carta para flotar frente al Faraón con su característico gorgoteo.

-Encuentra el Libro y vuelve a mí.

Kuribo gorgoteó con más fuerza y se giró para volar a los cielos nublados con rapidez.

-¿C-Cómo hiciste eso? –preguntó Joey.

-Honk. Honk.

-Solo el Faraón tiene el poder para darle cuerpo a los seres que habitan en el Reino de las Sombras. Es su magia milenaria la que los hace de carne y hueso –explicó Ishizu.

-Ah –fue lo único que dijo el rubio sin mirar al Faraón.

-¡Eres increíble Atemu!

-No es nada, pequeño Mokuba. ¿Tú estás bien?

-¡Sí! ¡Tengo cosas que contarte!

Joey gruñó un poco. Mokuba corrió al tricolor para tirar de su túnica blanca.

-Atemu, ¿mi hermano puede salvarse?

-No lo sé, Mokuba. Pero ya no permitiré que siga destruyéndose –contestó con sus ojos mirando de reojo al rubio- En cuanto esté mejor, haré hasta lo imposible por traerlo de vuelta, derrotando a Irkalla.

-Gracias…

-Ten fe, pequeño. Ya estoy aquí.

El pelinegro le abrazó con fuerza. Ishizu que estaba al lado de Joey le miró seria.

-El jovencito Kaiba te tiene rencor.

-No pedí tu opinión.

-¿Tú hallaste a Seto?

-Sí.

-¿Y lo trajiste hasta aquí, solo?

-Sí…

-Pero no has dado con su cura.

-Mira…

-No has querido ver la cura. El tiempo se acaba y será ahora el Faraón quien tome tu lugar.

-Cállate.

-Si prefieres el silencio para no escuchar tu corazón, nada tengo que hacer.

Ishizu le dejó para unirse al Faraón que ya salía de aquellas ruinas junto con Mokuba y Odión. El tricolor miró al ojiazul entre sus brazos y suspiró.

-Ya estoy aquí, Seth. Voy a recuperarte -sus ojos violetas se posaron en Joey- ¿Vendrás con nosotros?

-No tengo remedio –gruñó aquél- Atemu… necesito de tu ayuda.

-Vaya, el perro al fin se da cuenta de que no puede hacer las cosas él solo –dijo sardónico Mokuba.

-¡Tengo que rescatar a Yugi!

El rubio contuvo la respiración. Tanto Atemu como Mokuba le miraban de una manera que le hizo arrepentirse mil veces de la manera en que se expresó. El Faraón finalmente asintió.

-Te auxiliaré, pero quien necesita más ayuda de manera urgente es Seto.

-Y ya deja de culpar a mi hermano y al Faraón de tus idioteces, perro.

-¡Óyeme, Mokuba…!

-¡Suficiente! –les calló el tricolor- Vámonos.

Odión se acercó a Ishizu para susurrarle.

-Esta jornada será muy dura.

-Hooonk –chilló Honkie a su lado.


Parecía ya como si fuera de noche. Las nubes que se arremolinaban en el cielo incluso lucían más quietas con un tono mucho más oscuro. Solo el ronroneo de la máquina de Mary Sue se podía escuchar en ese camino interminable.

Makyo echó un vistazo a Meiran en la parte trasera de la camioneta. La detective parecía más una estatua que otra cosa desde que la encontraran, no había pronunciado palabra alguna desde aquellas dichas en esa mansión abandonada. Ahora dormía cansada. El anciano suspiró y se volvió a Serenity que igualmente dormía con Honkie entre sus brazos, apoyando su cabeza en el respaldo antiguo de la camioneta. Los ojos de Makyo se ablandaron luego de observarle unos segundos. No podía culpar a la chica de las atrocidades de su hermano. Como buen samurai sabía que la ofensa era exclusivamente del joven Wheeler.

Siguió manejando. Los parabrisas se movían lentamente para retirar la fina ceniza que caía sobre el parabrisas y que las luces de Mary Sue también iluminaban sobre el camino como una lluvia fina. Honkie se removió un poco, gorgoteando. Makyo sonrió. El plumífero ser les había guiado exitosamente hasta una gasolinera de donde habían obtenido víveres y combustible para seguir su búsqueda que ya comenzaba a lucir imposible.

-¿Qué…?

Una figura se aproximaba a lo lejos, a mitad de camino y levantando ambos brazos en son de paz. Makyo fue disminuyendo la velocidad hasta que estuvo frente a la persona. Era un anciano cubierto en algo que fue una capa de algodón. Makyo sacó una lámpara antes de bajar al encuentro de la figura.

-¡Buen hombre! ¡Necesito ayuda!

-¿Quién es usted?

-Mi nombre es Solomon Mutou. Y necesito ayuda para mi amigo, Arthur.

-¿Mutou ha dicho?

-Sí, señor. ¿Le conozco?

-No, pero alguien en mi camioneta, sí.

Makyo le llamó para mostrarle a Serenity. Solomon lanzó un grito de alegría que hizo despertar tanto a la pelirroja como a Honkie quien dio un respingo antes de sacudir sus alas.

-¡Serenity! ¡Honkie!

-¡Hooonk!

-¡Señor Mutou!

Después de unos efusivos abrazos, Solomon se volvió a Makyo para hacer una reverencia solemne.

-Señor, no tengo palabras con que agradecerle esto.

-No hay nada que agradecer, Señor Mutou.

-Por favor, dígame Solomon.

-¿Señor? ¿Por qué trae esa capa rara?

-¡Ah! ¡Síganme! ¡Arthur está por allá!

Makyo, Serenity y Honkie volvieron con Mary Sue para seguir a Solomon que les condujo a través de la rara vegetación en un camino que fue haciendo la camioneta hasta donde unos pilares caídos y entrecruzados formaban un pequeño refugio improvisado. Las luces de Mary Sue dejaron ver a un hombre tendido dentro, cobijado por frazadas quemadas y roídas como todo lo que les rodeaba.

-¿Debemos despertar a Meiran? –preguntó Serenity a Makyo.

-¿Meiran? ¿Meiran está con ustedes? ¿Dónde? –Solomon abrió sus ojos como platos.

-En la parte trasera –indicó Makyo luego negando con la cabeza- La señorita está agotada, será mejor para ella descansar todo lo que le sea posible.

-Veamos al Doctor Hawkins.

Arthur Hawkins dormía entre jadeos pesados, como si le costara trabajo respirar. Solomon tocó un poco su hombro para despertarle.

-Amigo, he traído ayuda.

-Gracias… Solomon…

-Iré por agua y algo con que curar sus heridas –ofreció Makyo.

Honkie saltó de los brazos de Serenity para mirar más de cerca al doctor. Éste a su vez le miró extrañado.

-Es el ser del que te hablé, Arthur –explicó Solomon- Honkie.

-Honk.

-Ex… extraordinario…

-¿Dónde encontró al doctor? –quiso saber Serenity.

-Después de toda esa catástrofe, nos topamos el uno al otro pero en ese momento de la nada brotaron una cuadrilla de Shinigamis (1) que nos atacaron, mi amigo resultó el peor malherido.

-Cielos… lo siento, doctor.

-No… no lo lamentes… Serenity…

Makyo volvió con algunas cosas y entre los tres se dedicaron a curar al Doctor Hawkins, el cual no apartaba su vista de Honkie que tras los demás igualmente le observaba como si ambos intercambiaran palabras solo con su mirada. Por fin, el doctor se volvió a Solomon.

-Hay… algo que… no te he dicho…

-Amigo, eso puede esperar.

-No… es importante… es sobre… el Dragón Negro…

Eso hizo que Serenity y Solomon se detuvieran.

-¿Qué es? –preguntó el último.

-El… Dragón Blanco… es… paz… equilibrio… el Dragón Negro… lo opuesto… caos… rabia… por eso… es fácil destruirlo… y revivirlo…

-Arthur no comprendo que quieres decir.

-La carta… es la única… que tiene… su esencia… y su corazón… su corazón…

-¿Sí?

-… su corazón… está sellado… prisionero…

-¿Sabes en dónde mi amigo?

El Doctor Hawkins miró a Honkie.

-… en… un joven…

-¡HOOONK!

La criatura chilló mirando el cielo que enrojecía como si fuego viviente estuviera corriendo por las nubes. La temperatura comenzó a subir al tiempo que la tierra se cimbró. Mary Sue se meció por el movimiento, despertando a Meiran que lanzó un grito al ver el escenario.

-¡Honkie vuelve acá! –Serenity salió corriendo tras el plumífero ser que huía despavorido.

-¡Serenity! ¡No te apartes! –Makyo le detuvo.

-¡Arthur!

-¡Honkie!

Un enorme rugido se escuchó. De entre las nubes de fuego descendieron cuatro enormes y escamosas patas de dragón que brillaban reflejando el fuego vivo por su color negro. Cuando las garras tocaron el suelo, lo desgarraron al tiempo que se apoyaban para dar un paso. Todos se ocultaron tras los pilares, asustados. El dragón era tan inmensamente grande que ni siquiera podía divisarse su cuerpo por entre las nubes, solo esas patas descomunales que caminaron lentamente, haciendo temblar todo a su alrededor.

-Kami Sama…

El dragón rugió de nuevo y esta vez su rugido esfumó las nubes como si de polvo fino se tratara. Todos abrieron de par en par sus ojos al ver por completo a la bestia. Ni siquiera alcanzaban a divisar el final de su cuerpo ni su principio. Pero el crujido y movimiento de sus escamas era aterrador como si fueran miles de cuchillos acomodándose a cada paso que daba. Un ventarrón de fuerza increíble les azotó. Solo atinaron a pensar que era el aleteo de sus alas. Por un momento una tormenta de ceniza levantada del suelo les envolvió.

La tierra tembló por última vez y luego se calmó. Tosiendo, todo el grupo salió una vez que se cercioraron de que ya no había amenaza. Ya no había más nubes de ceniza o de fuego, en su lugar un increíble paisaje digno de cualquier libro de fantasía justo arriba de ellos. Como si estuvieran viendo un gigantesco cartel del Paraíso.

-¡Por todos los cielos! –exclamó Serenity.

-De hecho, parecen todos los cielos –opinó boquiabierto Solomon.

-¿Vieron el tamaño de esa cosa? –terció Makyo.

-Fue el Dragón Negro, en su verdadera forma.

-Pero el doctor…

-¡Arthur!

Meiran estaba con él, sujetando su muñeca. El hombre lucía dormido pero cuando la detective soltó su brazo para mirarles negando con su cabeza en silencio, se dieron cuenta de que el Doctor Hawkins había fallecido.

-Arthur…

-Iba a decirnos algo del corazón del Dragón Negro.

-Sí, Serenity. Pero…

-El doctor no resistió la conmoción –dijo Meiran- Tenía perforado un pulmón y además había sangrado demasiado.

-Lo lamento, Solomon –Makyo uso una mano en el hombro de aquél.

-Él no quería decirlo pero yo ya lo había notado.

-Al menos ya no sufrirá más.

-No, Makyo. El orden de todo ha sido alterado. El alma de mi amigo no tiene un lugar a donde ir y reposar, los muertos caminan con los vivos y los vivos son el alimento de los dioses. Nada es lo que debería de ser. Y solo podremos volver a la normalidad si los dos dragones se unen para vencer a Irkalla.

-Honkie… ¿dónde estás? –gimió la pelirroja.

-No hay más tiempo, Serenity –Solomon suspiró- Tenemos que buscar al Faraón. Sólo el puede encontrar a los demás y a Honkie. En este momento, es el único con el poder para protegernos.


-… sé lo que parece pero te juro que Kaho nunca me lastimó.

-Entiendo, Mokuba.

-Ja, pero te usó como un títere.

-Nadie te pidió tu opinión, perro.

-Vuelve a decirme así y te juro…

-¿Qué? ¿Me entregarás a Irkalla como lo hiciste con Seto?

-Mokuba, Joey…

-¡Honk!

-Escúchame bien, mocoso. Tú y tu hermano solo han sido embaucados por ese par de monstruos que lo único que quieren es aprovecharse de sus inútiles almas.

-Ah, vaya, ahora somos inútiles y traidores.

-Por Ra, deténganse.

-Honk.

-Faraón, aquí viene Kuribo de regreso –dijo Odión poniendo fin a la discusión.

El peludo monstruo regresó con Atemu, gorgoteando como si con ello le dijera sobre su misión. El Faraón asintió para devolverlo a su carta antes de mirar a los demás.

-Lo que temía, el Libro de los Muertos sigue bien escondido. Ni con todo lo que Irkalla ha hecho ha podido sacarlo de su escondite. Tengo que darle su crédito a Rebeca.

-¿Y que harás ahora Faraón?

-Sencillo, llamaré a Anubis.

-¿Qué?

-Cállate, Joey. No todos son tan inservibles como tú.

-¡Mokuba!

-Joey, Mokuba. Me obligarán a convertirlos en estatuas si continúan peleando.

-Lo siento, Atemu. Pero Joey no debería estar aquí.

-TÚ no deberías estar aquí, niño.

-Yo no fui quien jugó con Seto y todavía se dio el lujo de entregarlo a un dios maligno porque su inocente Yugi andaba perdido.

-¡Te lo voy a repetir una vez más! ¡Yo no tengo nada que ver con lo que le pasó a tu hermano!

-¡Honk!

-Sigue mintiendo, perro. Has hecho error tras error que ya no sabes que nueva excusa inventar para taparlos a todos, pero lo cierto es que tu porquería ya sale a flote.

-¡Hooonk!

-¡Mokuba!

Antes de que alguien pudiera hacer algo, Joey le dio un puñetazo al pelinegro. Y recibió otro mucho más duro a cambio. Atemu le tomó por el cuello y lo lanzó bastante lejos solo para propinarle varios golpes más. Joey ni siquiera pudo esquivarlos. El Faraón le sacudió cual muñeco, clavando sus ojos furiosos en el rubio.

-¿Sabes algo? –siseó- Tengo muchos deseos de acabar contigo. Si hay algo que no tolero es la manera en que te estás comportando, Joey. Mira hasta donde hemos llegado por ello. Has dejado a un niño sin su hermano mayor, has destruido al mundo y aún sigues sin entender. Por favor, ya no me des una razón más para matarte porque te juro que lo haré sin vacilar.

-Tú… cof…

-Te he tenido una pacienta infinita y por Ra que fue un grave error. Pero ya no más, Joey. Si no vas a hacer nada entonces tampoco me estorbes y mucho menos le pongas la mano encima a un niño que está desesperado por recuperar a la única familia que tiene.

Atemu le soltó, fastidiado.

-No te entiendo, Joey. He estado pensando y pensando y pensando, y no te entiendo. Yo… Isis, al menos yo trato de hacer algo más que desesperar. ¿Crees que no quiero recuperar a Yugi? Claro que sí, pero si Seto desaparece bajo la maldición de Irkalla no habrá más Yugi que rescatar. Pero… pero mírate, Joey… ¿qué es lo que estás haciendo? Rescatas a Seto y luego frente a todos lo desprecias. Por supuesto que lo que le dijeron a Mokuba es una mentira, pero no voy a discutirla, porque está DEMASIADO herido para comprender razones. Y tu actitud con él no ayuda en lo absoluto.

Se arrodilló junto al rubio que se limpiaba con el dorso de su mano la sangre de sus labios.

-Somos amigos, por todos los dioses. ¿Qué nos está pasando? Ra es mi testigo cuando te digo de corazón que es para mí una felicidad el verte a ti y Yugi juntos. Pueden estar juntos, merecen estar juntos. Pero ahora, en este preciso momento, eso pasa a segundo plano. No quiero volverte a ver discutir con Mokuba sobre algo que, seamos sinceros, él tiene razón en reclamarte…

-Pero…

-No, no Joey. Irkalla es más sincero que tú y que Horus me perdone, pero es cierto. Mírame a los ojos y respóndeme como hombre, ¿qué harás sobre Seto?

-Ah… yo…

-Sólo dilo, Joey. Entre tú y yo. Pero ya no me mientas.

-Atemu… yo… yo estoy con Yugi…

El Faraón levantó su rostro al cielo al tiempo que cerró sus ojos con un largo suspiro. Poniéndose de pie, devolvió una cruel mirada sobre el rubio.

-Te prohíbo tajantemente dirigirle una sola palabra a Seto. No tienes permitido entablar una conversación con Mokuba. Y mucho menos tienes la libertad de darme tu opinión.

-¿Qué?

-Si te veo cerca de Seto, estás muerto. No, JAMÁS volverás a renacer. No dejaré nada de ti.

Joey se levantó como de rayo para encararse al Faraón.

-¿Qué es todo eso?

-La única salida que nos has dejado a todos. Asume las consecuencias, Joey. Lo último que te diré es que me has decepcionado. Ignoro en que momento de tu camino dejaste de ser osado y valiente pero eso me entristece de sobremanera. Que Ra te perdone porque yo no lo haré.

Sin más, Atemu se dio vuelta para volver al grupo. Joey parpadeó atónito y bastante dolido. Se sentía como el peor criminal de la historia. Honkie le miró desde donde Seto y bajó su redonda cabeza para echarse sobre el castaño que era tomando en brazos por el Faraón. Fue Ishizu quien se le acercó cuando todos marchaban.

-Ven, Joey. El Faraón buscará al dios Anubis para pedirle que traiga el alma completa de Seth y así poder equilibrar su esencia, evitando su desaparición.

-¿S-Seth? Querrás decir Seto.

-No. Seth. Será el Alto Sacerdote Seth quien vuelva.

-Oh…


(1) Shinigami, es un dios menor de la muerte, que gusta de cazar a los muertitos. Folklore japonés.


Continuará…