TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.
Gracias muchas a quienes me leen y otras tantas a quienes me dejan un review por ahí. Gachias.
Those who are dead are not dead
They're just living in my head
And since I fell for that spell
I am living there as well
Oh..
There must be something more
... (42, Coldplay)
CAPITULO XXI. CORAZÓN DE DRAGÓN.
La pequeña tira de papel ondeaba suavemente, oscilando de un lado a otro con elegancia a pesar de que sus orillas estaban carbonizadas y las arrugas habían destrozado el fino papel del cual estaba hecha. Pero aún con todo esto, se mecía graciosamente mientras iba bajando. De súbito, volvió al techo entre un revoloteo brusco provocado por el fino soplido de Shashenka que ya llevaba un tiempo considerable jugando con la tirita.
-Creo que ya se volvió loca –comentó Tea.
-Quizá, o quizá somos nosotros los locos.
-No digas eso Marik, solo obsérvala. Ni siquiera ha preguntado por Meiran.
-Eso no significa que la haya olvidado. Quizá su mente no quiere pensarlo por el dolor de la sospecha de una pérdida fatal.
-Egoísmo es para mí. El mundo siempre tiene que girar alrededor de ella.
-O bien ella está cansada de girar alrededor de todos.
-¿Por qué la defiendes tanto Marik?
-Tristán, no la defiendo de nada. La comprendo que es diferente.
-¿Comprender?
-Así es, en su mente hay tantas cosas que carecen de sentido juntas, pero por partes son la llave de muchas respuestas.
-Hablando otra vez en acertijos. El encierro ya está afectándonos.
-Jejeje, lo siento, Tristán.
-Y sacando el tema a flote, ¿cuándo subiremos de nuevo a la superficie, Marik?
-No lo sé, Ryou. Espero por una señal.
-Deberíamos al menos echarle un vistazo –opinó Tristán, suspirando.
-Mala idea. Recuerden que Shashenka aún no está en condiciones de caminar. Si algo o alguien nos llegara a ver y deseara lastimarnos, ella sería el primer blanco.
-Genial.
-Maldito seas, Irkalla.
-Ah, vamos, Ozha. Eso lo dijiste desde el primer día que llegaste aquí, es un tema ya… oxidado.
-¿Puedo matarlo?
-Khura, cariño. Sabes de antemano que eso no es posible. Ya está muerto.
-Cierto. Yo lo maté.
Tanto Irkalla como Khura se echaron a reír. Ozha simplemente se conformó con levantarse del suelo, cuidando de no deshacerse o agravar sus heridas hechas por Khura, limpiándose del polvo y buscando alguna posición cómoda donde la gruesa cadena negra atada a su collar no le rozara su adolorido cuerpo de piedra que a pesar del material funcionaba como una piel normal.
-Ozha, si te dejo libre es para que des mis recados –dijo Irkalla luego de reír un rato- Debiste decirle a Joey lindo como se vencerán los otros Pilares. Ahora que ya está con el Faraón, esa información era de vital importancia.
-Sin mencionar el hecho de que para liberar a Yugi deberán conocer al General Miskra.
-Tsk, tsk, mal hecho Ozha. Desde que te convertiste en un vanidoso, se te olvidó como ser útil.
Irkalla tomó el mentón de Ozha para hacerle mirar a sus ojos aquamarinos llenos de burla.
-Dime, mi querida mascota, ¿por qué demonios me has desobedecido? ¿Quieres que haga sufrir a…?
-¡NO!
-¿No? Oh, vaya, ahora si dices no. Pero te has atrevido a no hacerme caso sabiendo de antemano que, mi pequeño Ozha, si tú me fallabas, habría consecuencias.
-C-Cualquier cosa pero no le hagas daño.
-¿Por qué no? Después de todo, son familia –dijo burlón Khura.
-Una muy adorable familia –Irkalla rió despectivo- Khura, te dejo con él para que sigas divirtiéndote, hijo. Papá debe arreglar los desperfectos.
-Jejejejeje, gracias papá.
La gárgola miró uno y otro antes de acercarse por última vez a Irkalla quien le empujó con fuerza y desprecio al suelo antes de darse vuelta y salir de la sala de donde solo se escucharon después gritos de dolor mezclados con risas de cruel diversión.
Joey no podía despegar su vista del escenario tan surrealista que se presentaba ante sus ojos. Una especie de burbuja flotante en medio de un mar de ceniza, fuego y escombros de cosas que ya no poseían una forma comprensible. El cielo de nubes rojizas bailando alrededor de esa esfera de protección creada por Atemu mientras permanecía de frente al gran dios chacal.
Anubis, de tamaño gigantesco, miraba con sus ojos brillantes y rasgados al cuerpo que el Faraón le presentaba mientras eran entonados cánticos funerarios que hablaban de la historia del alma que el tricolor deseaba recuperar. El dios chacal movió su cabeza de un lado a otro como si meditara aquellas palabras antiguas. Su mano bajó a donde la burbuja brillante para tomar el pequeño y frágil cuerpo de Seto y elevarlo a las alturas hasta donde su hocico pudiera insuflarle el aliento de vida que solo Anubis puede conceder a un alma perdida.
El rubio contuvo su respiración. Era el único que se había atrevido a seguir al Faraón después de que este les dijera como y donde iría con Seto a donde el dios del Inframundo para traer de vuelta el alma del Alto Sacerdote Seth. Joey tenía algunos problemas para respirar pues ahí el aire era mucho mas enrarecido que en otros sitios además de tener ese humo caliente y ceniza flotando por todos lados sin mencionar que el lugar donde se hallaba oculto y que no era otra cosa sin un enorme tubo de cañería de concreto se cimbraba de cuando en cuando por los movimientos del enorme Anubis a varios metros lejos de él.
El Faraón elevó sus brazos al dios chacal que gruñó de una manera extraña, alzando su cayado que al tocar las nubes hizo que éstas comenzaran a arremolinarse como si de pronto un tornado fuera a formarse ahí mismo. Fumarolas de lava y fuego se desprendieron de la tierra hirviendo mientras Anubis volvía a soplar su aliento de vida sobre la figura inerte pero levitante de Seto. El castaño comenzó a resplandecer esporádicamente. Entonces el dios chacal dejó caer el cayado sobre su cuerpo.
Joey quiso gritar pero se contuvo a tiempo, tapando su boca para no ser escuchado. Para su sorpresa, el ojiazul no sufrió daño alguno, su cuerpo pareció ser como un holograma cuando el cayado le tocó. Justo después su resplandor aumentó de la misma manera en que Anubis lo hizo antes de envolver entre sus garras al castaño.
Después, el rubio ya no supo más.
-¿Joey…? ¿Joey?
-… uh…
-Despierta, Joey.
El rubio abrió sus ojos pesadamente, parpadeando un poco antes de poder enfocar adecuadamente su vista en un rostro conocido.
-¿Atemu? ¿Dónde estoy?
-A salvo.
-¿Qué…?
-No debiste seguirme, pudiste haber muerto calcinado.
-Yo…
-Eres un desgraciado afortunado. Ahora, ponte de pie y camina. Vamos a buscar a un Pilar.
Joey así lo hizo, sacudiéndose la ceniza aún tibia de su cuerpo. A lo lejos, estaban Ishizu y Odión platicando con Mokuba que sostenía a Honkie entre sus brazos mientras el plumífero ser canturreaba algo. El Faraón por su parte, se hallaba no muy lejos, mirando al horizonte. El rubio frunció su ceño acomodándose sus maltrechas ropas. Se giró para ver por su propia cuenta algo. Y en verdad así fue.
-Seto…
El ojiazul también miraba al horizonte en la misma dirección que Atemu solo que más distante. Su pose erguida y firme le dijeron al rubio que no había más amenaza de desaparición lo que le dio un enorme alivio y sin pensar dio unos cuentos pasos hacia él.
-Cuida tus movimientos, infiel. No puedes poner un solo dedo en mi persona.
-¿Qué rayos...?
El castaño se dio vuelta. Su mirada azul, fría y sobre todo penetrante se clavó en Joey por unos segundos que se hicieron como mil años antes de que le abandonaron.
-Que Ra maldiga tu alma pecadora y te condene al sufrimiento eterno.
Joey parpadeó atónito ante las palabras que acaba de escuchar pero no pudo replicar pues Seth le dejó así boquiabierto para ir al encuentro de el Faraón, arrodillándose con su cabeza baja.
-Mi Señor, el Pilar se halla en el noroeste, y aunque está lejos de nosotros no se mueve de su sitio.
-Gracias, Seth, pero levántate. Aquí no hay más Egipto, ni reino ni protocolos.
Atemu se inclinó para ayudarle a ponerse de pie. Cuando el ojiazul lo hizo, el tricolor le sonrió y su sonrisa fue correspondida. Mokuba corrió a ellos, lanzándose al castaño para capturarlo por la cintura.
-¡NISAMA!
-¿Sucede algo hermanito?
-Solo estoy feliz de verte mucho mejor.
-Y así será por siempre. Pero Honkie está sofocándose.
-¿Eh? ¡AH!
La emplumada criatura suspiró hondamente cuando el pelinegro se separó lo suficiente como para que respirara.
-Hooonk…
-Jejejeje, lo siento Honkie. Nisama, ¿Qué haremos?
-Buscar otro Pilar para que el Faraón lo derrote y pueda obtener otra pieza de la Rosa de los Vientos. Cuando haya armado las cuatro partes, podremos dirigirnos al palacio de Irkalla.
-Wow, sabes mucho, Nisama.
-Por algo soy el hermano mayor.
-¡Nisama!
A lo lejos, Joey frunció su ceño, caminando a donde Ishizu y Odión.
-¿Por qué Mokuba actúa así?
-Para él, es su hermano Seto.
-¡Pero no lo es!
-Claro que no, pero Seth comprende la importancia de no contradecir a Mokuba –le explicaba Odión.
-¿Es decir que Mokuba es el único que no sabe que es Seth?
Ishizu rió.
-Tú eres el único que no comprende las cosas, Joey.
-Grrr…
-Debes estar emocionado de que ahora que todo está mejor, el Faraón podrá derrotar a los Pilares y con ello rescatar a Yugi de las garras del Oscuro.
-Esa es la razón por la que estoy aquí.
-¿Y por qué miras tanto a Seth?
-¡No lo hago!
-Bueno, todos estaremos tranquilos si no tocas a Seth ni a Mokuba –Odión puso una mano en el hombro de Joey- Vamos a figurar que estamos en punto neutro y que todo está completamente normal, ¿Qué te parece Joey?
-Siento que me trataran como a un retrasado mental.
-No es eso, sino que solo así pareciera que tú puedes estar a gusto.
-Ishizu…
Mokuba rió alegre, llamando la atención de los tres. Atemu se volvió a los Ishtar.
-Hora de partir, ¡Quimera, ven!
-¡Wow! ¡Un Monstruo de Duelo vivo! ¡Eres genial Atemu!
-Atemu… -gruñó entre dientes el rubio.
El camino ahora parecía un grisáceo desierto lleno de enormes estelas de piedra negra que apuntaban a un cielo casi blanco del cual no se distinguía gran cosa salvo una que otra nube enorme y quieta. De vez en cuando se avistaba un pedazo de hierro o de columna que sostuviera algún edificio, así como estatuas rotas o autos clavados cual alfiler en la arena gris.
-¿No es extraño que este camino que hemos seguido jamás ha sufrido una desviación? –preguntó Solomon mirando hacia el exterior, bajando el vidrio de la portezuela.
-Pienso que alguien o algo nos quiere guiar a algún lugar -respondió Makyo.
-Lo difícil es adivinar si es con una buena intención.
-O quizá solo hemos tenido suerte –terció Serenity- Porque no nos han atacado pero tampoco hemos encontrado más personas.
-Salvo Meiran.
-La señorita sigue ausente –Makyo se giró un poco para verla en la parte trasera, durmiendo.
-Temo que Shashenka haya muerto.
-Solomon, ¿usted lo cree?
-Sí, Serenity. Es lo único que puede poner así a Meiran.
Los tres se quedaron en silencio, solo con el ronroneo de Mary Sue llenando el vacío en el aire. Entonces Serenity pareció recordar algo.
-Makyo, ahora que lo pienso, jamás me ha dicho el nombre de su amo.
-Ah… carece de importancia, no es posible que le conocieran.
-Pero podría ser de utilidad, quizá se nos presentara la oportunidad de preguntar por él.
El jardinero miró a Solomon.
-Era un joven empresario. Pero… insisto, es mejor así.
-¿Sucede algo, Makyo? –inquirió Solomon.
-No… solo que ese dato preferiría guardármelo si me lo permiten. No quiero parecer grosero ni mucho menos, pero mi aprecio por mi amo es tal que hasta su nombre me es atesorable. E insisto, carece de importancia.
-Está bien…
-Perdone señorita Serenity. No quiero sonar rudo con usted.
-Es usted muy leal a su amo, Makyo. Lo admiro, como los samuráis a los Shogunes.
-Jejeje, podría decirse.
-Ya no existen muchas personas… bueno, que digo, si ya no hay más personas… pero Makyo, es usted admirable.
-Gracias, Solomon. Usted también lo es.
-¡Miren allá! –gritó emocionada Serenity- ¿Ese no es el Estadio de Ciudad Domino?
-¡Por la barba de mi abuelo que sí! –se unió Solomon- ¡Estamos en Ciudad Domino!
Sin esperar a que se lo dijeran, Makyo giró el volante para ir a donde se avistaban las ruinas del estadio. La camioneta tembló un poco por el encuentro de un suelo empedrado y desigual pero eso no mermó el entusiasmo que llenó a los tres al ver por fin una imagen familiar.
-No está completamente en ruinas, debe haber alguien dentro, estoy seguro. El estadio ha resistido todos estos embates y debe ser un buen refugio. Kami sama, que así sea –rezó esperanzado Solomon mientras llegaban.
Por fin la camioneta se detuvo, y los tres ocupantes no perdieron tiempo en bajar a inspeccionar. Si bien la entrada y aberturas en los muros estaban llenas hasta el medio con la arena caliente además de los escombros del mismo estadio. Lucía como el mejor refugio que pudieran haber encontrado desde que Mary Sue estuviera en la larga e interminable travesía solitaria. Makyo quiso empujar una viga y Solomon se le unió mientras Serenity les quitaba arena y basura para poder desplazarla mejor.
-¡A la cuenta de tres! –dijo Makyo- ¡Una! ¡Dos! ¡TRES!
La viga crujió al ser movida, haciendo un eco en el interior. Con una caía pesada pero hueca por el tipo de suelo, cayó a un lado con una neblina suave de arena que hizo toser levemente a los tres.
-Ahora, solo tenemos que…
Un grito les puso los pelos de punta, era un grito de miedo y auxilio al mismo tiempo. Solomon se puso delante de Serenity quien se aferró a él mientras Makyo tomó la primera barra de metal que vio como un arma protectora, listo para defenderlos de ser necesarios.
-¡SHASHENKA!
Como si hubiera salido de la nada, Meiran pasó corriendo entre ellos, dejándolos estupefactos. Tanto por el grito como por el salto desesperado de la joven detective que no vaciló en entrar en esas penumbras en la búsqueda de su pareja cuyo grito le había despertado. Luego de intercambiar miradas confusas, los tres le siguieron a un paso un poco más precavido, llamándola.
-¡Señorita, regrese!
-¡Meiran!
La castaña tiraba con ansias de unas sillas empotradas en un pasillo y que impedían su trayectoria. Solomon iba a detenerla cuando se dio cuenta de que del otro lado también había movimiento.
-¡SHASHENKA! ¡YA VOY!
-¡MEEEIIIRAAAAAN!
Serenity hizo a un lado a los dos ancianos cuando una de las sillas pasó cerca de ellas, lanzada con fuerza por la detective que no escatimaba en fuerzas con tal de despejar el camino. La desesperación en el rostro de Meiran era más que evidente, y le cegaba de tal forma que no se percataba de sus manos que sangraban ya por los pedazos de metales o hendiduras de las sillas que rasguñaban sus brazos y dedos. Al fin, un hueco se hizo y un par de pálidos brazos salieron de ahí.
-¡MEIRAN!
-¡SHASHENKA!
Meiran tomó aquellos brazos para jalar a la rusa que se deslizó sin problema por entre el hueco, llorando histéricamente y sujetándose de la castaña en cuanto tuvo la oportunidad, hundiendo su rostro en el cuello de la misma.
-Shhh, ya estoy aquí, nena…
Saliendo de su estupefacción, Solomon se les acercó, notando la rodilla vendada de la chica.
-Está viva… Kami sama, gracias.
-Nena… -sollozaba Meiran, meciéndola- … te encontré Enka…
-¡Shashenka! –llamó alguien más desde dentro.
-¿Ryou?
-¿Solomon?
-¡RYOU!
El anciano se asomó por el agujero, sonriendo emocionado.
-¡Solomon! ¡Cielos! ¡Tea, Tristán y Marik están conmigo!
-¡Vengan! ¡Vengan! ¡Alabadas sean las estrellas!
-¡Tristán!
-¡Serenity! ¿En verdad eres tú?
-¡Sí! Jejejeje.
-¡Todos vengan ya!
Con la ayuda de Makyo, todos al fin se reunieron entre abrazos y risas de alegría. Luego de intercambiar incesantes saludos y una que otra anécdota de cómo sobrevivieron, al fin todos se calmaron, sentándose en un círculo.
-Gracias, señor Makyo por traerlos –habló Ryou.
-No es nada, no es nada. Solo lamento la pérdida del pajarito.
-Oh, Honkie…
-Pero aún no comprendo, ¿cómo dieron con el Estadio?
-Suerte, Tea. Llevamos varios días recorriendo todo esto.
-Y nosotros escondidos como dijo Marik. Ya quería hacer un motín en su contra –bromeó Tristán.
-Marik sabe lo que hay allá afuera, ¿cierto?
-Sí, Señor Mutou. Y con la señorita Trievsky herida, no era posible movernos.
Ante la mención, Meiran levantó su vista húmeda de pequeñas lágrimas.
-… g-gracias…
-No tienes que dar gracias, Meiran, también fue suerte de nosotros encontrarla.
-Chicos, quiero escuchar que ha ocurrido con ustedes –pidió Solomon- Tenemos que saber.
Horas más tarde, cuando todos se habían enterado de lo pasado se dispusieron a descansar en un extremo del Estadio más amplio que donde Marik y los demás descansaran. Solomon jaló discretamente del brazo al egipcio para hablar aparte.
-Marik, gracias por todo.
-De nada, Señor Mutou.
-Hay algo que sabes, ¿verdad?
-La joven señor –Marik señaló con su mentón a Shashenka- tiene algo.
-¿Qué es?
-Aún no lo identifico bien. Pero sé que tiene que ver con todo esto.
-Dioses.
-Su pareja, también.
-¿Qué? ¿Meiran?
-Está escondiendo algo grave.
-¿Marik?
-Y lo suyo si es muy malo para todos –el egipcio suspiró- Tenemos que hallar de inmediato al Faraón. El tiempo apremia y la Oscuridad está ganando la batalla.
-¿No hay manera de que puedas… ayudar… o lo que sea a Meiran?
Marik negó.
-No está en mi ese poder.
-Primero creí que se hallaba así por la muerte de Shashenka, pero… bueno, Makyo me dijo que cuando les encontró estaba gravemente lastimada y que sangraba tanto que era imposible decir cuales eran las heridas pero que Meiran no quiso que la tocaran… fue ella misma quien se atendió. ¿Qué pudieron haberle hecho?
-Solo ella lo sabe. Pero hay una maldad rodeándola.
Solomon cerró sus ojos.
-Pobre criatura, Shashenka, esto… tienes razón, Marik. Hay que hallar al Faraón. Pero… ¿cómo?
-Jejeje, hay una manera muy rápida pero será después. Todos estamos cansados y conmocionados. Debemos reposar un poco antes de la siguiente sacudida.
-Ok… ni siquiera yo tengo la fuerza para discutírtelo. Tantos misterios y trampas… en verdad cansan el alma.
-Eso es lo que Irkalla quiere de todos. Tenemos que resistir. Y eso puede empezar por descansar, Señor Mutou. Es mejor dejar nuestras divagaciones para después.
-Y que lo digas, Marik. Y que lo digas.
Abrazadas, en una esquina Meiran y Shashenka intercambiaban palabras, aunque era más por parte de la castaña que de la bailarina que lloraba más que cualquier otra cosa.
-Tranquila, Enka. Ya estoy aquí.
-… snif… ¿por qué…? ¿Por qué me dejaste?
-No, princesa, nunca te dejé.
-Te fuiste… estabas… estabas muy ocupada.
-Shashenka no digas eso.
La rusa se zafó de sus brazos para girarse y darle la espalda a Meiran, haciéndose ovillo.
-… me dejaste sola… te necesitaba… y me dejaste…
-Enka, ¿de que hablas?
-… te vi… estabas ahí… con él…
-Sha… ¡no!... escucha…
-Siempre me mientes… siempre… dices una cosa… y estás haciendo otra…
-Yo no…
-… me quedé atrapada… monstruos… y tú… no estabas… ¿por qué?
-Ah… yo… pasó algo…
Shashenka ya no replicó, escondiendo su rostro entre sus manos para seguir sollozando. Meiran quiso poner una mano en su hombro tembloroso pero la rusa le rechazó de un manotazo.
-¡No me hables!
-Enka…
-Me das asco. Te odio.
Meiran palideció al escuchar las palabras. De sus ojos se escaparon un par de gruesas lágrimas. Con penosa lentitud se dio vuelta para recargarse de la pared y abrazar sus piernas, meciéndose un poco.
-Pero… no fue mi culpa…
El pequeño niño corría con todas las fuerzas con que sus pequeñas y débiles piernas le dejaban sobre la ardiente arena. Sus lágrimas a pesar de seguir escapando de sus ojos se secaban por el sol infame que quemaba su piel reseca y adolorida en su mayoría por raspones, cortaduras y las heridas provocadas por los animales salvajes que ya se había topado anteriormente. Tropezó un poco pero volvió a la carrera, girando su cabeza lo suficiente para ver el rastro de sus pasos y aquello de lo que huía.
El humo del incendio ya había alcanzado el cielo azul inmaculado. El olor a muerte y sangre aún eran percibidos a pesar de la distancia. El corazón del niño latía con mucha fuerza, no tanto por la carrera sino por el miedo y el desamparo que le gritaban que ya lo había perdido todo. Se volvió al frente para seguir corriendo, reprimiendo un sollozo. Sus ojos se posaron por fugaces segundos en la tira que su muñeca portaba.
Una fina y rústica tira de lino que su hermanita le hubiera tejido.
-¿Miskra?
-Te escucho, milord.
-¿Están preparados tus jinetes?
-Sí, mi señor. El Faraón ha mordido el anzuelo.
-Excelente. Otra cosa, ¿estás listo para enfrentarlo?
-Sí, milord.
-Recuerda dejarle saber que debe hacer el siguiente rito para salvar a Seto.
-No lo olvidaré, mi señor.
-¿Estabas recordando algo, Miskra?
-No, buscaba las armas para mi encuentro con el pequeño.
-Ah… jejeje, bien hecho General. Veo que ya comprendes que ritmo estoy llevando en sus corazones.
-Solo un poco, milord.
-¿Quién es el siguiente?
-Carmesí. Guerra.
-Jajajajaja. Si bien tengo entendido, tiene un muy mal carácter. Me siento tentado a ordenarle atacar a Joey, pero eso sería un riesgo.
-Yo le recomendaría el dragón.
-¿Por qué, Miskra?
-Milord, usted lo ha dicho. El miedo entre ellos los orilla a cometer traiciones.
Irkalla se carcajeó hasta las lágrimas.
-¡Fabuloso! ¡Jajajajajaja! ¡No se me había ocurrido! ¡Sí! ¡Miskra, ordena un ataque frontal!
-Enseguida, mi señor.
El altísimo y fornido guerrero enmascarado miraba a su alrededor con cierto hastío. Su capa roja como su máscara se ondeaban al viento ardiente que llenaba el paisaje apocalíptico. Unos esqueléticos demonios de filosos dientes se aproximaron a él, escalando la roca sobre la cual estaba encaramado. El jinete solo les miró despectivo y cuando los tuvo al alcance, fue rompiendo uno a uno sus cuerpos con sus garras carmesí, alargando lo más posible su única distracción del momento.
No bien terminada con el último cráneo cuando una luz dorada apareció a lo lejos en su costado. Tirando los cuerpos de los demonios, el guerrero se giró para verla mejor. Un resoplido se dejó escuchar en el cielo de nubes ardientes antes de que la luz brillante del Dragón Alado de Ra bajara directo al enmascarado, disparándole su fuego divino. El otro solo rió desganado sin ningún movimiento de protección, dejando que el disparo cayera de lleno sobre él.
El dragón volvió a donde Atemu aparecía, con su monte de cartas en mano, listas para ser usadas. El humo levantado por el ataque se dispersó pero no había más guerrero, solo un hueco en la tierra.
-Mi hermano era bastante torpe y lento. No supongas que todos seremos así.
El tricolor se giró al momento, encontrando al enmascarado justo metros detrás de él.
-Para ser el famoso Faraón, me pareces bastante inútil. De ser tú, ya habría vencido a mi enemigo.
-Tienes una lengua muy ponzoñosa.
-Sincera, prefiero decir. Pero, estamos aquí porque quieres lo que hay dentro de mí. Ven por él si es que acaso tienes el valor de enfrentarme.
-También eres arrogante.
-Yo soy Carmesí, la Espada y Pilar de la Guerra. Mi brazo izquierdo sostiene la ira en los corazones así como su rencor. Mi brazo derecho sostiene la espada que se afila con esos sentimientos y acaba con naciones enteras.
-¿Qué naciones puedes destruir aquí?
Carmesí rió.
-Humanos. Tan simples y sin sentido.
-Tú también eres humano.
-Ja. Ese truco barato no te servirá. Yo no soy humano. Soy… ajajajaja… soy lo que soy.
-¡Pelemos!
-Calma, Faraón. Yo creo que si vamos a batirnos a muerte sería cortés presentarnos debidamente, ¿no lo crees? Es decir, quiero estrechar la mano de Joey Wheeler.
-¿Qué…?
El enmascarado desapareció. Atemu se giró a todos lados, buscando en vano su presencia.
-¡Slaifer!
Trayendo al dragón, el tricolor montó en el para ir a toda velocidad a donde había dejado resguardados a los demás. Sus ojos se abrieron de par en par al ver a Carmesí caminar con cruel lentitud hacia ellos, esgrimiendo ya su espada curva de filosos dientes retorcidos. Ishizu y Odión estaban haciendo lo imposible por levantar un escudo protector.
-¡NO!
Atemu se lanzó sobre Carmesí al tiempo que éste se giraba para recibir su ataque. Ambos rodaron por el suelo en un furioso intercambio de golpes. Odio jaló a Ishizu y Mokuba para subir en Quimera y huir. Seth les siguió listo para subir en Belorofonte cuando chocó con Joey. Sus ojos de inmediato mostraron la furia hacia el rubio.
-Cuida por donde miras, infiel.
-Oye tú…
-¡Vámonos! –les llamó la egipcia.
Ambos subieron en el monstruo, uno rehuyendo del otro. El Faraón seguía debatiéndose con el enmascarado rojo bajo ellos. Estelas de luz y fuego les rodeaban, así como gruesas columnas de arena, ceniza y humo que imposibilitan ver como se desarrollaba el enfrentamiento.
-Debemos irnos lo más lejos posible. El Faraón no podrá pelear con todo su poder si estamos cerca –habló Odión a los otros dos cuando estuvieron a una distancia prudente.
-Hacia el este –señaló Seth- Hay…
-¡AAAH!
Quimera fue atacada desde el suelo por un poderoso ataque de luz roja que lanzó a todos por el aire y quemó por completo a la criatura.
-¡NISAMAAAA!
Seth no lo pensó dos veces. Se lanzó al aire en busca de Mokuba. Joey le miró estupefacto sujeto a Belorofonte que bramó antes de ir por Odión e Ishizu. Sin embargo, los ojos del rubio no se despegaban de los hermanos Kaiba que caían en veloz picada.
-¡NISAMA!
-¡SUJÉTATE BIEN DE MI, MOKUBA! ¡NO ME SUELTES POR NADA!
El pelinegro apretó sus ojos, escondiendo su rostro en el pecho de Seth que le rodeó con ambos brazos, mirando al cada vez más cercano suelo con el viento silbando en sus oídos por lo frenético de la caída. Los ojos del castaño relampaguearon y su figura se iluminó por completo y un par de grandes y blancas alas de dragón brotaron de su espalda que se ondearon con fuerza, haciendo un hueco de aire que amortiguó su caída en picada, pareciendo que más bien flotaban con calma.
Sin embargo, de entre nubes un segundo ataque de fuego salió disparado hacia ellos. Un gruñido dragonesco brotó del pecho de Seth, inhábil de hacer algo a tiempo. El golpe era inminente.
-¡JOEY!
Todo sucedió muy rápido. Atemu salía de entre las nubes de ceniza con Obelisk y espada dorada en mano para atacar a Carmesí quien ondeó su espada al aire con la vista fija en Seth quien apenas esquivó su ataque de fuego solo para girarse y verle venir de frente. Mokuba también le vio y gritó asustado. Carmesí ya no traía puesta su máscara. Su rostro estaba desfigurado lleno de una boca que iba de oreja a oreja llena de filosas hileras de colmillos llenos de baba y sangre con unos ojos huecos pero sangrantes.
Seth levantó una mano que se transformó en una garra para resistir el embate de Carmesí quien abrió sus fauces para morderle cambiando el giro de su espada hacia el pecho del ojiazul, donde Mokuba se abrazaba aterrorizado mientras los tres caían al suelo. La mano gruesa de Obelisk buscaba alcanzarles en vano con Atemu ya en el aire y el filo de su espada apuntado a la cabeza de Carmesí.
Un segundo ronquido lleno los cielos, una explosión de fuego y ceniza les envolvió. Los Ishtar tuvieron que maniobrar en el aire para no caer por la fuerza de la onda explosiva que se extendió varios metros alrededor.
-¡FARAON! ¡SETH! ¡MOKUBA!
Ishizu y Odión aterrizaron y bajaron de Belorofonte aprisa para ir a donde un hueco enorme despedía las últimas hileras de humo. La egipcia respiró aliviada al ver que el Faraón se ponía de pie, lleno de sangre oscura y ostentando en una mano la segunda pieza de la Llave.
-¡Mi Señor!
Seth y Mokuba también se levantaban del suelo, el ojiazul sacudiéndose él y a su hermano de la ceniza que les cayera.
-¡Nisama!
-Faraón, ¿qué sucedió?
El tricolor negó con su cabeza, mirando a los Kaiba. Ishizu ya no dijo nada.
-Quimera ha desaparecido. Carmesí pudo destruirle para siempre.
-Lo siento, Faraón.
-Debemos seguir –el tricolor suspiró- Seth, Mokuba, ¿están bien?
-¡Sí! ¡Gracias Atemu! –exclamó el chico, aún abrazado a su hermano.
-Seth, Mokuba, dejen que Ishizu les revise por si tienen alguna herida.
Ambos hermanos asintieron. Ishizu les llevó un poco más aparte para revisarles. Odión se acercó al Faraón.
-¿Señor?
-Llévate a Joey. Estoy cansado.
-¿J-Joey? ¿Dónde…?
Odión no dijo más. Joey estaba a los pies de Atemu, inconsciente y lleno de la ceniza y polvo del ambiente.
-¿Qué pasó realmente mi señor? Lo último que bien recuerdo es a Joey arrojándose a donde ustedes. Muchacho loco, no sé por qué hizo eso.
-Dices bien –Atemu miró al rubio- Esta vez fue el Dragón Negro de Ojos Rojos quien nos salvó. El auténtico dragón…
Continuará…
