TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.
Gracias muchas a quienes me leen y otras tantas a quienes me dejan un review por ahí. Gachias.
I remember when, I remember, I remember when I lost my mind. There was something so pleasant about that place,
Even your emotions have an echo, In so much space.
And when youre out there,
Without care,
Yeah, I was out of touch,
but it wasnt because I didnt know enough,
I just knew too much.?
Does that make me crazy?
Does that make me crazy?
Possibly
And I hope that you are having the time of your life,
But think twice,
Thats my only advice.
Come on now ,
who do you, who do you, who do you,
who do you think you are,
Ha ha ha bless your soul,
You really think youre in control.
Well, I think youre crazy,
I think youre crazy
I think youre crazy
Just like me
My heroes had the heart
to lose their lives out on a limb,
And all I remember, is thinking, I want to be like them.
Ever since I was little,
ever since I was little
Oh it looked like fun,
and its no coincidence Ive come,
And I can die when Im done...
But maybe Im crazy,
Maybe youre crazy,
Maybe were crazy,
Probably
…(Crazy, Gnarls Barkley).
CAPITULO XXII. HOGAR DULCE HOGAR.
-¿Nisama?
-¿Qué sucede?
-Cuando Atemu derrote a Irkalla, ¿todo volverá a la normalidad?
-Así será, Mokie.
Mokuba abrazó a Seth, sonriendo más tranquilo mientras el ojiazul le cepillaba sus cabellos con ternura. Ambos sentados en una columna caída de un incierto templo. Joey les observaba en otro extremo de lo que hubiera sido un atrio, con el ceño fruncido levemente. Recordaba haber visto esa escena anteriormente, en casa del CEO. Los mismos gestos y mirada, que bien no podían decir mucho pero bien hablaban lo que el castaño no decía con palabras.
-Si sigues haciendo eso, Atemu te reñirá de nuevo –habló Ishizu a su lado, haciéndolo respingar.
-¡Ishizu! ¡No hagas eso!
-¿Qué es lo que tanto miras, Joey?
-Nada.
-Te inquieta Seth, ¿no es verdad?
-Claro que no.
-Seth siempre ha sido muy fuerte, incluso si ha tenido que vencerse a sí mismo. Si existe alguien en quien el Faraón podría confiarle su vida, es sin duda Seth. Por algo fue el Alto Sacerdote de Egipto y mano derecha de…
-¿Por qué siempre tienen que estarlo alabando? –le interrumpió fastidiado el rubio.
-No son alabanzas, Joey –replicó la egipcia, mirándole- Son los hechos que te molestan porque no hay ni una palabra tuya escrita en ellos.
-Yo no quiero estar entre ellos.
Ishizu negó con al cabeza.
-Cuídate del Faraón, un solo pensamiento tuyo en dirección a Seth y serás comida para los muertos.
-No le tengo miedo al fanfarrón ése.
Joey se puso de pie para salir de ahí y caminar en cualquier otra dirección. Honkie le llamó pero no le hizo caso, caminando más rápido.
/ ¿Quién se cree Ishizu para sermonearme de esa manera? A mi no me importa ni Seth ni Atemu. Yo solo quiero rescatar a Yugi y ya. /
Sus pasos le llevaron hasta una pequeña habitación sin techo, soportando a duras penas una gruesa columna torcida que había caído encima. Haciendo a un lado enredaderas y algunas telarañas, Joey entró para apoyar su espalda en una de las golpeadas paredes, cruzándose de brazos.
El silencio le calmó un poco, a lo lejos se distinguía la voz de Ishizu llamándole junto con los chillidos de Honkie pero pronto fueron ahogados por el vasto silencio que le rodeaba. El rubio suspiró con fuerza, cerrando sus ojos. Al fin tenía algo de tranquilidad luego de un viaje lleno de insultos, desprecios y preguntas tercas sobre sus decisiones.
-Que tranquilidad…
Abrió sus ojos para mirar a la luz sobre ellos a modo de cielo aunque no podía ubicar la fuente. La paz y silencio eran reconfortantes. Sobre todo el silencio.
/ ¿Silencio?/
Parpadeando, Joey miró alrededor. Quizá estuvieran en medio de la nada, pero eso no significaba que se apagara el sonido de la ceniza flotando en el aire, ni el siseo de las basuras o restos quemados deslizándose por el suelo. Los ojos del rubio entonces notaron un pedacito de pared que caía en silencio.
O más bien, que estaba a medio camino de caer. Paralizada en el tiempo.
Eso alertó a Joey que se irguió para mirar a todos lados. Algo no andaba bien. Entonces un lento y apagado siseo se acercó a él. El rubio se echó hacia atrás al ver escurrirse una especie de neblina negra desde afuera, cayendo desde las grietas de las paredes al centro donde comenzó a arremolinarse. Podía haber una luz blanca y tibia sobre él pero el frío que empezó a sentir era todo lo contrario, haciéndole tiritar. La neblina negra espesó, levantándose del suelo formando una figura humana. Joey jadeó sorprendido, buscando moverse pero sin tener respuesta de sus atemorizadas piernas.
La neblina condensada comenzó a tener mejor forma y un joven poco mayor que el rubio apareció de ella. Largos y lustrosos cabellos negros lacios que caían sobre unos hombros marcados pero no tan fornidos de un cuerpo atlético embestido en una armadura oscura de características griegas como la túnica que igualmente le envolvía con bordes dorados. Los ojos negros cuales obsidianas se clavaron en él. La piel del joven era tan pálida que la luz sobre él hacía que luciera casi azul. Joey le miró boquiabierto de arriba abajo. Aunque el joven tenía sus pies, en sandalias, posados sobre el suelo; parecía más bien flotar sobre esa ahora casi translúcida neblina alrededor de él.
-H-Hades… -murmuró temeroso el rubio.
El dios de la muerte le sonrió aunque ningún sonido humano saliera de sus labios. Una mano se levantó para señalar el corazón de Joey que no acertaba a moverse ni un milímetro.
-¿Qué…? No, por favor –suplicó, al ver el gesto- Yo…
Atemu ya le había advertido sobre los encuentros con los dioses de la muerte. Ellos, seguían pensando que aún estaban en sus reinos del Inframundo, así que cualquier ser vivo que se atravesara en su vista debía ser ejecutado al violar tierra de muertos con su presencia.
Pero Hades solo señalaba a su corazón, como si le cuestionara por ello. Su boca se movió para hablar pero los sonidos que Joey escuchó eran inteligibles, no humanos. El dios griego frunció un poco su ceño en una actitud curiosa y señaló ahora el cielo brillante, hablando todavía más. Joey negó con la cabeza, dando a entender que no comprendía que era lo que estaba tratando de decir el dios de la muerte quien se acercó a él para susurrarle al oído en una voz que puso los pelos de punta al rubio.
-No debess tener esse corazzón…
Un dulce canto se escuchó de la nada, haciendo que Hades se girara en una dirección, sonriendo feliz antes de volverse al rubio y desaparecer en esa neblina negra de la misma manera como había aparecido. Cuando todo pasó, Joey al fin pudo moverse, cayendo de rodillas al suelo y jadeando. Una de sus manos tocó su pecho, sintiendo su corazón latir a mil por hora y con una fuerza que le parecía que su torso iba a romperse en dos.
-¿Q-Qué fue todo eso?
Los sonidos volvieron, el pedacito de pared al fin cayó al suelo con un chasquido seco.
-¡JOEY! –Atemu llamó.
Éste se puso de pie con un poco de esfuerzo justo en el momento en que Atemu entraba a toda prisa en la maltrecha habitación.
-¿Estás bien?
-Sí…
-Hades venía en esta dirección. Ishizu te llamó para alertarte. ¿No la escuchaste?
-Sí… pero…
-¡Debes tener más cuidado! ¡Si el dios te hubiera visto estarías muerto! ¡Tuviste suerte de que Perséfone le llamara!
-¡Oye Atemu! –Joey gruñó- ¡No me trates como a un niño pequeño!
-¡Te comportas como uno!
-¡Pues para tu información, Hades no me hizo nada!
-¿Qué?
-Sí, señor todopoderoso. No eres el único con influencias aquí.
-¿Cómo que no te hizo nada?
-Así es. Trágate eso, Faraón.
Una dura bofetada fue su respuesta. Joey se sobó su rojiza y adolorida mejilla, mirando con rencor al tricolor.
-No me hables así que no lo tienes permitido –siseó Atemu- Si Hades no te tocó fue por una muy buena razón y que más vale que me la digas si no quieres otra bofetada.
-Atemu, hijo de…
-¡Habla! ¿Qué fue lo que te dijo?
-¡No te lo diré y hazle como quieras!
Joey esperaba otro bofetón pero para su sorpresa, Atemu le arrojó cual vil muñeco con un empujón sobre su pecho en contra de la pared que cedió al impacto, cayendo con el rubio y haciéndose añicos al impactarse con el suelo. La columna torcida también cayó, fragmentándose en una polvareda de ceniza levantada por la conmoción.
-No te des una importancia que no tienes Joey –tronó la voz de Atemu- No quieres hablar, no lo hagas. De cualquier forma nos la hemos arreglado sin tu ayuda y seguiremos haciéndolo así.
El Faraón se dio media vuelta. Dejando a un Joey adolorido y tosiendo el polvo con fuerza. El rubio se puso se pie para seguir con la riña pero Seth ya estaba al lado de Atemu.
-¿Te encuentras bien?
-Sí, no pasó nada. Solo Joey que se tropezó de nuevo.
Seth sonrió.
-Pensé que Hades te había salido al paso.
-No, gracias por la preocupación, Seth.
-No es preocupación, sino cuidado a mi señor.
Atemu tomó su mano para llevarle lejos de ahí. Joey sentía que hervía por dentro, pateando al aire para apaciguar su rabieta. Una risita burlona se dejó oír.
-¿Celoso perro estúpido? Me parece excelente. Mi hermano se murió por tu culpa así que apenas estás empezando a pagar por lo que le hiciste.
-Mokuba…
-Y me voy a encargar que así sea.
El pelinegro corrió a donde Atemu y Seth, dejando estupefacto a Joey quien ahora recibió un picotazo en su pie.
-¡HOONK!
-¡Ay! ¡Deja de hacer eso!
-¡Honk!
-¡Argh! ¡Los odio a todos!
-Hoooonk.
-Ni me mires así, Honkie. No estoy de humor para tus honkinadas.
-¡HONK! ¡HONK! ¡HOOOONK!
-Tú lo serás.
Tebas lucía cogedora y mística desde donde le veía, sentado en la ardiente arena del desierto de Egipto, cubriéndose del voraz sol con su capa carmesí de orillas blancas. Entre sus brazos se hallaba el Anillo del Milenio y las cartas que el Oscuro le diera. Su plan estaba funcionando a la perfección y era hora de poner a prueba a los demás.
-Miskra, me parece adecuado darte estas dos cartas.
-¿Milord?
-Bueno, lo sé, soy un indeciso, pero es que mis pequeños ya no pueden esperar a infligir más daño a los sucios mortales de pacotilla que se hacen llamar amigos.
-Como lo ordenes.
-Preferentemente una carta la dejarás boca abajo y tendrás ésta en modo de ataque.
-Sí, milord.
-Yo sé que deseas con todas tus fuerzas partirle la cara al Faraón pero ese momento ya vendrá, por ahora., seguiremos de acorde a mi plan maestro.
-El Faraón solo me interesa en lo relativo a tus decisiones, mi señor.
-Gracias, Miskra. Nunca dejaré de decirte lo buen general que eres.
-Un honor estar a tu lado, milord.
-Y ya tengo lista tu salita de té.
-Todo de acuerdo al plan.
-Dios de dioses. Ése soy yo, Miskra. Pero dejemos que ellos sigan ilusionándose.
Todos se mecían de acuerdo al ritmo de la marcha de Mary Sue, mirando sus pies para no intercambiar más miradas en un silencio cansado e incómodo en la parte trasera de la camioneta. Serenity miró al cielo claro y se recostó sobre el pecho de Tristán quien le abrazó por los hombros, sonriéndole. Tea, Marik y Ryou se recostaron sobre la camioneta vieja cuyo motor rugía como canción de cuna para ellos. Meiran, un poco más apartada de ellos, parecía dormir intranquila.
Makyo seguía manejando, entre él y Solomon se hallaba una cansada Shashenka que se abrazaba a si misma en un esfuerzo por dormir durante el viaje, vigilada por Solomon que suspiraba al verla. Todo el camino había estado así, con Meiran y Shashenka separadas por una aparatosa y cruel discusión a gritos que había dejado a todos con mal sabor de boca. Los dos ancianos habían decidido que lo mejor era separar a la pareja aunque eso no le había agradado a la joven detective cuyo humor se hizo más volátil, sin dirigirles la palabra a ninguno de ellos.
Mary Sue continuó recorriendo ese ancho e interminable camino con un cielo cada vez más claro como si se acercaran al sol mismo. Ryou se removió en su asiento y sacó de su gastada chamarra el pendiente que Atemu les diera para mirarlo con melancolía. Marik le observó, acercándose a é.
-Ese pendiente… ¿te lo dio el Faraón?
-Así es, cuando aún estábamos en Ciudad Domino en la Tienda de Juegos para que…
-¿A quién más le dio un pendiente?
-Tea, Serenity, Tristán, Solomon, Joey…
-¡Dioses!
-¿Qué sucede? –preguntó alarmado Ryou ante la expresión de Marik.
-Pues podemos reunirnos de inmediato con el Faraón, eso sucede. Y todo gracias a este pendiente.
-¿Cómo puede ser eso? –se unió Tea al escucharlos conversar.
-¿Puedes prestármelo un momento? –pidió el egipcio a Ryou.
-Claro.
Marik lo tomó entre sus manos, comenzando a orar en lengua antigua. Los demás al frente de ellos se despertaron curiosos y más cuando el pendiente comenzó a brillar como si fuera un faro de un puerto, con su luz oscilando hasta que por fin señaló en una dirección cual potente lámpara mágica. El egipcio sonrió y tocó a la ventanilla para que Solomon le abriera.
-¿Qué sucede hijo?
-Señor, abróchense sus cinturones. Estamos por reunirnos con el Faraón.
-¿Qué?
-¡Sujétense!
La luz brillante se hizo más nítida y se clavó en el suelo con un golpe hueco y casi silencioso, apenas perturbando la quietud de las ruinas que le rodeaban. Una nube blanca y espesa brotó en su lugar y rodeó el espacio por breves segundos antes de que fuera desapareciendo lentamente para dejar ver a una vieja camioneta con sus faros aún encendidos justo en el centro.
Tristán fue el primero en bajar de la parte trasera, mirando asombrado a su alrededor aunque también algo confundido.
-Bueno, tengo que decir que esto no es precisamente un hotel de cinco estrellas pero se ve agradable.
-¿En qué lugar estamos? –preguntó Tea al bajar con ayuda de Marik y Ryou.
-Es la Tienda de Juegos –respondió el egipcio.
-¿QUE? ¿Mi casa?
Solomon también dio unas vueltas en su sitio como no creyendo. Razón tenía al ver unas ruinas grotescas y llenas de enredaderas mezcladas con algo que parecían ventanas y pisos marmoteados.
-El pendiente los traería sanos y salvos a al Tienda de Juegos donde el Faraón dejo clavado un conjuro de protección. Henos aquí.
-Pero, Marik, yo no le veo forma alguna a la casa del Señor Mutou –inquirió Serenity.
-Porque ya no estamos en ese sitio tal como lo conocieron, es lo que queda de él, y debo decir, afortunadamente.
-¿Afortunadamente? –Tea le miró preocupada.
-Gran parte de nuestro mundo ya ha desaparecido.
Salvo Shashenka, todos los demás bajaron y salieron para inspeccionar sin alejarse mucho de Mary Sue. Más que unas ruinas de una casa y tienda de videojuegos parecía un pequeño templo abandonado aunque apacible a pesar de su extraña estructura.
-¿Pero, y el Faraón? –Tea le buscó por todos lados.
-Por allá –señaló Marik en el horizonte.
Todos se asomaron por la ancha ventana oval por donde el egipcio señalaba, y aunque al principio no distinguían nada e incluso Tristán iba a preguntarle a Marik sobre ello; luego se percataron de un grupo que venía caminando hacia donde ellos se encontraban. Serenity gritó de alegría al ver entre ese grupo a su hermano.
-¡JOOOOEEY!
Éste se quedo quieto al escucharle a la distancia y luego echó a correr a su encuentro. Marik igual sonrió al ver ya más cerca de su hermana y a Odión llegar. Sin embargo, el mayor júbilo fue para Makyo quien al ver a Mokuba sus ojos se llenaron de lágrimas, hincándose sumamente conmovido al ver que venía acompañado de su hermano mayor.
-Amos…
-¡MAKYO!
Mokuba corrió feliz a abrazarle, casi tirando al anciano al suelo por su euforia que ya estaba esparcida por todo el grupo –salvo Meiran- que ya intercambiaban saludos y risas ante el encuentro.
-¡Hermano, estás a salvo!
-Igual tú, Serenity.
-Hermano… lo siento… perdí a Honkie…
-¿Honkie? Honkie ha estado conmigo todo el tiempo.
-¿Qué?
Joey se volvió a donde aparecía Honkie, en el hombro de Atemu y canturreando feliz al tiempo que sacudía sus plumas. Serenity parpadeó confundida.
-Pero…
-¡Faraón! –Tea casi se desmaya al verlo- ¡Qué alegría!
-Amigos –les sonrió éste con una reverencia.
No tardó mucho para que Tea y los demás empezaran a mirar a Seth con extrañeza pero sin atreverse a hacer un comentario.
-¿Ves lo que veo? –susurró Tristán a Ryou- ¿Qué el ricachón parece…?
-Lo veo.
-Y es el señor de quien Makyo me habló –murmuró Serenity-.
-Oye viejo, ¿por qué…?
-Una larga historia –suspiró Joey ante la pregunta cortada de Tristán.
Makyo se cubría su rostro para sofocar un sollozo de alivio mientras Mokuba le abrazaba con fuerza. Seth se paró frente a ellos y tomó las manos del anciano para hacer que le mirara.
-No existe razón válida para estas lágrimas.
-¡AMO! –el jardinero le abrazó sus piernas- ¡Estás vivo! ¡Amo! ¡Amo!
Seth le sonrió mientras tocaba la cabeza casi calva del anciano cuya mirada de felicidad no tenía comparación. Joey les miraba con su usual confusión que no pasó desapercibida por Serenity ni Tristán.
-¿Qué pasa hermano? ¿Por qué Seto está así?
-Tengo mucho que contarles.
-Pues créeme que tengo tiempo para escucharte, hombre -replicó Tristán- De todo lo raro que hemos visto, esto se lleva las palmas.
-No entiendo como Makyo no de puede dar cuenta de que no es Seto –murmuró Joey.
-¿Qué? Viejo, habla claro.
-No es Seto, es Seth, el antiguo sacerdote primo de Atemu.
-Ahora si que entiendo menos.
Joey iba a explicarles cuando Atemu se paró en el medio, llamando su atención.
-Amigos míos, debo confesar que no había pensado en este método de reunión que realmente nos habría ahorrado tantos infortunios pero ahora gracias a Marik y su conjuro he podido localizarlos en esta marea cambiante de tiempos y espacios y reunirnos aquí, en la Tienda de Juegos donde nos viéramos juntos por última vez –les explicó- Sé que no luce como antes y eso se debe a la fusión de los mundos que espero poder revertir pronto. Aquí, como se los dijera, están a salvo de la maldad no solo de Irkalla sino de la ira de los dioses que no dudarían en arrebatarles sus almas para devorarlas. Pero Marik, Ishizu y Odión están juntos, su magia unida también nos ayudará. Deben estar ansiosos de saber muchas cosas, la primera y más notoria es el retorno de Seth.
El Faraón levantó una mano hacia él quien a su vez le sonrió.
-He podido detener su destino a tiempo y además reunirle con Mokuba a quien igualmente teníamos por perdido. Solo resta ahora, rescatar a Yugi y vencer a Irkalla.
-Em, disculpa Atemu la interrupción pero… ¿por qué Set… Seth está así?
-Esta es una imagen vaga de todo lo que soy, lo que fui y lo que puedo ser –contestó Seth con calma, clavando sus ojos en Tristán- Quizá te resulte chocante porque tu mente no acepta lo que no puede comprender.
-¿Qué…?
-Pero es mi amo, mi señor Kaiba –respondió Makyo orgulloso.
-¡Nisama! –Mokuba le abrazó.
-Pero…
-Existe en el sagrado orden del cosmos un portal que mantiene en equilibrio todo lo que vemos y también lo que no. Es un círculo absoluto, poderoso y místico que ha existido desde que la Vida es vida. Aquí le conocemos como el Ouroboros. Ese círculo mágico está resguardado por sus dos caras: la Luz y la Oscuridad que son nada más y nada menos que dos dragones. El dragón blanco de la luz estaba sellado bajo las almas de diferentes esencias que Irkalla se las ingenió para reunirlas todas al fin. Ese dragón era Seto, cuando Irkalla le atrapó iba a despertarle en su verdadera forma para robar su poder pero Joey lo impidió aunque no de la manera correcta –Atemu miró al rubio con severidad- Para estabilizar su poder es que traje del mundo de los muertos a Seth a quien están viendo.
Todos los ojos se posaron en el impasible ojiazul. Makyo frunció su ceño pero no dijo nada.
-Esto… pero Atemu, dijiste que son dos dragones, ¿qué sucede con el otro?
-El Dragón negro de la oscuridad, el tiene una historia distinta y más abrupta. A diferencia del dragón de luz, este dragón solo fue separado de su cuerpo y corazón. ¿Cómo y por qué? Ni siquiera yo lo sé. Pero al parecer Irkalla si lo sabe y ha reunido su cuerpo y esencia. Buscaba el Libro de los Muertos por varias razones, entre ellas localizar el corazón de ese dragón y los trozos del dragón blanco. Sin embargo… parece que puede reemplazar el corazón del dragón oscuro sin mayor problema.
-¿Por qué dices eso, Faraón?
-Creo que no lo saben… Khura y Kaho son las dos Cartas Malditas…
El silencio reinó por largo tiempo. Los rostros desencajados de los demás hablaban por sí mismos. Honkie observó a todos sin hacer ningún ruido desde que se habían encontrado, solo fijaba su vista en Joey y Seth alternadamente.
-Hooonk… -gimió al fin.
-Así es, amigos. Irkalla tiene el poder suficiente para darles ese aspecto a un par de cartas que son capaces de vencer a las Cartas de los Dioses Egipcios. Pero aún peor es el hecho de que cuando Joey perdió su carta del dragón negro Khura alcanzó un poder casi invencible.
-¿Por qué? –casi gimió Tea.
-Esa carta era el cuerpo del Dragón Negro, el original y guardián del Ouroboros…
Ahora casi todos miraron al rubio que se balanceó sobre sus pies algo incómodo. Atemu continuó.
-Para distraer a los dioses que pueden detener a Irkalla es que rompió la Rosa de los Vientos. Es una especie de "llave" que sostiene todas las realidades y mundos donde están. O debieran estar. La rompió en cuatro partes y cada parte la dio a cuatro guerreros que cabalgan por todo este desastre –el Faraón extendió su mano de donde brotó una especie de truncada y complicada llave que mejor asemejaba a una espada- Tengo ya tres partes reunidas, sé que la ultima deberá estar cerca de la entrada al Palacio de Irkalla y por ello estará esperándome con alguna sorpresa. He de marchar solo…
-Momento, Faraón –le interrumpió Tea- Creo que habíamos acordado que siempre te apoyaríamos y eso no ha cambiado en lo absoluto. No irás solo, nosotros te ayudaremos.
-Lo que pasa es que el Faraón no los cree dignos de su poder –refunfuñó Joey.
-El hecho de que la vida de mi hermano te valiera un cuerno no significa que todos los demás nos gusta sacrificar a las personas valiosas por sentirse inseguro –le rebatió Mokuba.
-Cálmense todos –intervino Solomon.
-¡Tú ya déjame en paz! –exclamó Joey al pelinegro.
-¡Honk!
-Viejo, ¿por qué le gritas así a Mokuba?
-¡Ajá! ¡Te da miedo que tus amiguitos sepan lo mierda que eres!
-¡Escúchame mocoso del infierno…!
-Cuida tu boca, infiel.
-¿Por qué hablas así, Seto?
-Muchachos…
-Joey, hermano, ya tranquilízate.
-¡Qué me voy a tranquilizar!
-¡Mentiroso!
-¡Amito Mokuba!
La discusión estalló. Entre quienes deseaban calmar a los que peleaban como los que dejaron escuchar razones. Fue un disparo al aire lo que paralizó a todos. Meiran, metros atrás, sostenía un arma que humeó por el recién disparo y que apuntó a todo el grupo por igual.
-Otro grito más y la próxima es para ustedes.
-Meiran…
-Pelean por estupideces cuando nuestro mundo se ha hecho trizas. Maduren de una vez por todas y muevan ese trasero para resolver esta situación, caso contrario entonces cierren el hocico.
Fue Atemu el primero en reaccionar al sonreír ante las palabras de la chica.
-Gracias por poner el orden.
-Hm, ahora ¿Dónde vamos a dormir?
-Si me permite, detective…
Meiran bajó su arma mientras Atemu elevó sus brazos, cerrando sus ojos. Todo el lugar se cimbró levemente. Las ruinas comenzaron a enderezarse. Pilares se reconstruyeron, la ceniza se disipó de los pisos, paredes, ventanas que iban armándose ante la mirada estupefacta de todos que ya se sujetaban de algo para no caer por el movimiento. Poco a poco, el templo se irguió completo y lleno de vida, mezclado con los restos de lo que fuera la casa de Solomon Mutou quien sonrió al reconocer algunas cosas.
Cuando el Faraón acabó, todos recorrieron el amplio y confortable sitio. Meiran por su parte, solo se limitó a donde había quedado la vieja camioneta para ver por la ventanilla a Shashenka que dormía imperturbable ante la conmoción. Una mano se posó en su hombro.
-Señorita, yo no sé mucho de estos asuntos pero estoy seguro que la jovencita le hablará pronto.
-Gracias, Makyo.
-Y creo que es usted quien necesita más ayuda…
La detective se dio vuelta para verle.
-¿Por qué lo dice?
-Algo le pasó, señorita, lo veo en sus adoloridos ojos. Yo soy un mero extraño y viejo llorón que quizá no pueda ayudarle pero veo que tiene amigos que harían todo por usted. Confíe en ellos.
-Yo… - Meiran tomó aire- Me parece que no tiene muy buena opinión de Joey.
Makyo sonrió benevolente.
-Mi amo está aquí, nada más importa. Hable con ellos, señorita. Sé que puede hacerse algo, no beba sola de esa copa de hiel.
-No… nadie puede ayudarme, Makyo… ya es tarde…
-Señorita…
-Mírela –la joven se volvió de nuevo a Shashenka- Que bella es cuando duerme así de cansada. Tengo que agradecerle al pequeño que la curó, sería una lástima que su rodilla se hubiera estropeado. Debería verla bailar, es… como un hada flotando en el aire… mágica… perfecta… tan… sublime que no parece de este mundo…
Un par de lágrimas escaparon de los ojos de Meiran que se encargó de borrarlas de sus mejillas en el acto antes de mirar a Makyo.
-Tengo que pedirle un favor, Makyo.
-Adelante.
-Déme su palabra de samurai que cuidará de ella.
-Señorita… no diga esas cosas.
-Por favor.
-Está bien –el anciano suspiró- Makyo Uhimura le promete bajo palabra de honor samurai cuidar de la joven Shashenka.
-Gracias, significa mucho para mí su gesto.
-Usted prométame que se cuidará.
-Solo le puedo decir que no dejaré que nada la lastime… ni a ella ni a ustedes.
Ambos asintieron en silencio y volvieron dentro donde los demás ya se repartían entre risas y bromas una recámara donde dormir. Serenity abrazaba jubilosa a Honkie que igualmente tallaba su redonda y suave cabeza contra su mejilla.
-Me alegra tenerte de nuevo, Honkie.
-Hooooonk.
-¿Cómo le hiciste para estar conmigo y con Joey?
-¿Honk?
-Jejeje, bueno, no importa, nos has reunido y eso es suficiente.
Seth llevaba a Mokuba a una amplia cama, limpiando su rostro maltrecho por tantas carreras y peleas que habían enfrentado antes de llegar. El pelinegro le observaba alegre y aliviado.
-¿Nisama?
-¿Qué sucede?
-¿También iremos a rescatar a Yugi?
-El plural "iremos" no aplica en estas circunstancias. Iré a ayudar al Faraón.
-Pero…
-Soy tu hermano mayor y es una orden. Aquí estarás a salvo.
-Kaho no es mala… no lo es, Nisama… solo que tiene un odio muy profundo en su corazón.
-Hay heridas cuyo dolor transforma hasta las almas más nobles en monstruos.
-¿Van a matarla?
El ojiazul le miró quieto unos segundos, antes de abrazarle alborotando sus cabellos.
-Primero habrá que vencer a Irkalla, luego veremos que sucede con tu novia, ¿de acuerdo?
-Gracias… Nisama…
-No eres un bebito, deja esas lágrimas ya.
-Amo Kaiba –Makyo tocó en su puerta, entrando e inclinándose ante los hermanos- Quería decirte en privado que estoy muy feliz de volverte a ver, mi señor.
-Gracias Makyo, es mutuo.
Levantando su mirada, Makyo sonrió.
-Eres mi verdadero amo.
-Y mi Nisama –completó Mokuba.
-De entre tantas cosas desafortunadas, al menos estamos juntos –el castaño les sonrió- Sigamos así.
Los Ishtar por su parte comentaban lo que había sucedido entre ellos. Marik le refirió a Ishizu el poder que había separado al grupo desde el inicio.
-¿Mahado dices?
-Sí, me parece importante mencionarlo al Faraón.
-¿Por qué el Mago Rojo tendría un poder como el sacerdote Mahado? –cuestionó Odión.
-Es un misterio, como otras tantas cosas –respondió Ishizu mirando a lo lejos a Joey con sus amigos- Los corazones son capaces de ocultar muchos secretos, incluso de sus mismos dueños.
El guerrero blanco miraba al horizonte por donde Miskra igualmente observaba, ambos de pie de frente a un enorme arco tallado en una piedra tosca y cubierta en algunas partes por moho y enredaderas que brillaban cobrizas a la luz irreal que caía sobre ellos.
-Ya vienen.
-Sí, general.
-Tu vida servirá a los planos de nuestro amo. Sírvele entonces con orgullo.
-¡Larga vida a Irkalla!
Miskra bajó su mirada a las cartas en su mano izquierda.
-Una vez más, pelearemos Faraón.
Continuará…
