TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.
Gracias muchas a quienes me leen y otras tantas a quienes me dejan un review por ahí. Gachias.
So in your infinite wisdom
show me how this life should be
all your love and glory
doesn't mean that much to me?
If there's a kingdom beyond it all?
is there a god who loves us all?
do we believe in love at all?
I'm still pretending, I'm not a fool.
... (Kingdom, David Gahan).
CAPITULO XXIII. MENTIRAS BLANCAS.
Yugi miraba a ambos lados del pasillo, gimoteando de cuando en cuando en parte por la fuerza con la que el guardia le jalaba y en parte por el temor que le inculcaba ver ese altísimo y ancho pasillo lleno de columnas y arcos con motivos grotescos en una piedra negra y a veces filosa. Por fin dieron vuelta en uno de los arcos y subieron por una escalera en forma de caracol que al pequeño tricolor se le antojó interminable aunque las garras clavadas en su clavícula no le dejaban retrasarse, casi arrastrándole al ritmo del enmascarado y agresivo guardia.
Subieron hasta tomar otras escaleras rectas y mas cortas que se intercalaban con pequeños salones llenos de antorchas e inciensos y se encontraron ante un par de gigantescas puertas lisas que a lo lejos bien parecían una puerta falsa sino es que al estar casi pegados a ellas, Yugi se pudo percatar de su división por la cual el guardia pasó una garra. Goznes y un hueco chillido antecedieron al movimiento de las puertas que se abrieron ante ellos. La sala a donde entraban era igualmente alta y oscura aunque se notaba más detallada y con cortinas translúcidas intercaladas entre los capiteles de las torcidas columnas que sostenían el techo abovedado.
El guardia le jaló hasta el final donde se hallaba un trono sobre una plataforma alta, arrodillándose y obligando a Yugi a imitarle. Una risa socarrona llenó el amplio espacio.
-Nos vemos de nuevo, joven duelista. Espero que tu estancia en mi palacio te haya parecido confortable.
-Irkalla… -Yugi frunció su ceño.
El dios oscuro se puso de pie para bajar y estar frente al tricolor, ordenando al guardia dejarlos solos.
-Aunque tu presencia me llena de orgullo, lamentablemente debemos despedirnos.
-¿Q-Qué quiere decir eso?
-El Faraón viene en camino… a rescatarte.
Los ojos de Yugi se iluminaron.
-¡Yami!
-Y no viene solo, toda esa cuadrilla de estúpidos le acompaña. Cosa que no me extraña.
-¡No le digas así a mis amigos!
-Ah… lo olvidaba –Irkalla se inclinó para mirarle con una sonrisa maliciosa- También viene el joven Wheeler.
-Joey… -un tímido rubor apareció en las mejillas de Yugi.
-Sí, tu meloso novio también viene en camino, tan decidido a volverte a ver.
-¿Por qué te burlas así de nosotros?
Irkalla rió palmeando sus manos y caminando en círculos alrededor de Yugi.
-Ah, Yugi, Yugi, Yugi… –el dios se puso detrás de él- Te lo digo de corazón, estoy sumamente orgulloso de ti.
El guardia que trajera a Yugi entró una vez más, esta vez trayendo consigo a Ozha a quien jalaba de su cadena.
-Ozha, querido, espero que hayas descansado lo suficiente. Quiero que lleves a Yugi hasta donde Miskra para que los demás lo vean. Si quieres ir con ellos, realmente no me interesa, solo procura dar mi recado como habíamos acordado, por favor.
La gárgola miró a Yugi quien dio un par de pasos atrás ante su figura.
-Pero, ¿qué están esperando? Vayan, vayan queridos míos. No quiero intrusos merodeando en mis pasillos que tan lustrosamente han sido limpiados. Por favor, disfruten del poco tiempo que les queda ya de existencia.
Con un par de palmadas, la cadena de Ozha desapareció y la gárgola caminó hasta donde Yugi para tomarlo en brazos. El tricolor forcejó temeroso ante su agarre aunque poco pudo hacer contra la piel de roca. Irkalla rió una vez más, señalándole a Ozha el camino a tomar. Siempre en silencio, la gárgola salió volando, dejando atrás a un muy complacido dios de la oscuridad.
-Wow, esto de volar sobre monstruos bastante verdaderos es algo sin igual. Ojala tuviera una cámara para tomarles fotos –comentó Tristán.
Todos rieron mientras iban tras el Faraón, luego de haber descansado e ideado un plan para rescatar a Yugi mientras Atemu pelearía por la última parte de la llave de la Rosa de los Vientos. Tea Serenity iban en un monstruo; Tristán y Marik en otro mientras que Ryou y Joey les seguían en otro más. Habían dejado al resto para dejarlos reposar un poco más, al cuidado de Ishizu y Odión.
-Estamos acercándonos, puedo sentir la presencia del último Pilar –Atemu frunció su ceño- Es extraño… no se mueve a pesar de ya habernos detectado.
-¡No perdamos tiempo! –exclamó Joey.
El Faraón hizo una seña a sus monstruos de duelo para aumentar la velocidad. Pronto avistaron unas tierras como dunas blancas donde se levantaba el arco bajo el cual había dos figuras esperándoles. El guerrero fornido de máscara blanca como su capa, sacó su espada dentada y se lanzó directo contra Atemu quien no dudó en hacer lo mismo, preparando su arma dorada.
El encuentro fue de lo más breve. El enmascarado blanco ni siquiera hizo el mínimo esfuerzo por blandir la espada en contra del Faraón. Simplemente dejó que Atemu le atravesara su armadura, desapareciendo en una nube blanca y dando libertad al Faraón de tomar la pieza faltante que brilló al unirse con el resto, formando al fin una larga y pesada espada de cuatro hojas que Atemu ondeó aun sin poder creer lo que acababa de pasar, como el resto que parpadearon confundidos.
-¿Pasó lo que creo que pasó? –preguntó Ryou.
Todos bajaron a las arenas blancas. Ryou abrió sus ojos como platos al ver quien era la segunda figura bajo el arco.
-¡El Director de la Fundación Fénix! ¡Smarik!
-El General Miskra, por favor –le corrigió aquel- Estoy al mando del ejército del señor Irkalla, soy su más leal sirviente y mano derecha.
Y en verdad que así lucía, con una armadura oscura y una capa ondeando serena. El general tenía un cabello negro en una coleta que fue tornándose blanco lo mismo que su fina barba en el mentón. Sus ojos oscuros se tornaron púrpuras mientras sonreía ante la mirada perpleja de los demás.
-Faraón, aquellos cuatro Pilares que has aniquilado con eminente facilidad no eran realmente dignos rivales tuyos. Claro, sirvieron a su propósito de destruir el mundo mortal pero su poder no era de tu talla, y ambos lo sabemos.
-Pareciera que no te importan tus hombres, general.
-Al contrario, no puedo estar más orgulloso. Finalmente terminaron su vida en el modo en que más lo deseaban, y eso era sirviendo al plan maestro de nuestro amo y señor.
Tristán bufó burlón.
-Eso quisieran.
Miskra le sonrió, volviéndose luego al Faraón.
-Ya tienes la Rosa de los Vientos en tu poder. La pregunta es, ¿podrás devolverla a su lugar?
-Absolutamente.
-¿Aún cuando yo lo impediré?
El general avanzó unos pasos para levantar una mano, señalando el arco.
-Este portal te llevaría directo a donde debes enclavar la Rosa de los Vientos para detener la destrucción del mundo mortal. Pero para ello, primero deberás derrotarme a mí.
-Ten por seguro que lo haré, General Miskra.
-Para darte un mayor aliciente, Faraón, me permito hacer una oferta sin igual. Si yo gano, todos ustedes se mueren. Si tú ganas, no solo podrás ir al enclave sino también rescatar al pequeño Yugi.
-¿Y como sería eso? –inquirió Joey.
-Ah… eso solo lo diré al Faraón si me vence, claro.
-Esto no suena muy bueno –susurro Marik.
-Entonces, Faraón Atemu, ¿aceptas el duelo?
-¡Sí!
Miskra asintió, sacando de su cinto las cartas que Irkalla le diera. Atemu entrecerró sus ojos, haciendo lo mismo.
-¿Acaso crees que puedes controlar las Cartas Malditas?
-Ja, pero Faraón, esa poca confidencia en tus enemigos siempre ha sido tu talón de Aquiles. Dejemos a un lado suposiciones y comencemos el duelo.
Todos los demás se retiraron a una distancia prudente al tiempo que Atemu y Miskra tomaban sus posiciones, uno frente al otro.
-Tenemos que encontrar a Yugi –murmuró Joey a los otros.
-¿Y cómo? Aún no estamos en el Palacio donde le tienen –replicó Marik- Y seguro que este tipo tiene una trampa para nosotros.
-Ese general… tiene un aire conocido –comentó Ryou mirándole.
-Pamplinas, estos monstruos salieron de la nada a matarnos. Eso es lo único seguro. Y ahora estoy de acuerdo con Joey, tenemos que ingeniárnoslas para salvar a Yugi mientras Atemu pelea con el general ése.
-De acuerdo, Tristán, si tienes alguna idea, compártela con nosotros.
-Pues…
Un rugido interrumpió sus planes, la carta del Dragón Negro de Ojos Rojos brotó de la mano de Miskra para situarse detrás de éste. De nuevo, estaba cambiado y era aún más grande y de coraza más filosa y puntiaguda.
-¡Mi carta! –gruñó Joey.
Miskra lanzó otra carta que quedó flotando boca abajo. Atemu por su parte invocó a los tres dioses egipcios. El general sonrió despectivo.
-Claro, claro.
-¡Obelisk, ataca!
El fornido dios lanzó su puño contra el Ojos Rojos que la resistió sin ningún problema, rechazando al dios egipcio como si se tratara de una pelota de playa. Joey jadeó sorprendido.
-Mi carta jamás ha tenido ese poder.
-Atemu está en problemas –gimió Tea.
-Es esa carta boca abajo –señaló Marik- está dándole mayor poder. Estoy seguro.
-Pero ninguna carta boca abajo funciona sino hasta que esté revelada.
-Cierto, Ryou, pero recuerden que si tiene en su poder las Cartas Malditas, éstas no siguen las reglas convencionales.
Miskra ordenó en ese momento atacar. El dragón negro se fue se lleno contra Slaifer que apenas pudo resistir la cruel mordida que arrancó la segunda boca del dios. Todos estaban más que estupefactos.
-Tenemos que hacer algo –dijo Serenity.
-¡Faraón!
Los tres dioses contraatacaron. Miskra se carcajeó cuando el Ojos Rojos los lanzó cual muñecos de trapo con sus garras y cola, haciendo cimbrar el suelo. Salvo el Faraón y Miskra, los demás cayeron al suelo.
-¡Cetro del Milenio! –llamó Atemu.
-Quizá olvidé decir que no me ganarías, Faraón.
-¡Atemu, cuidado! –gritó Tea.
El dragón negro se arrojó sobre el Faraón que apenas le esquivó, lanzando un golpe de luz contra su coraza, ayudado por el Cetro del Milenio. Miskra levantó un brazo. El Ojos rojos gruñó al tiempo que aumentaba de tamaño, girándose de súbito a donde los demás y sin perder tiempo les arrojó una llamarada de fuego.
-¡NO!
Atemu se interpuso justo a tiempo, elevando un escudo protector aunque el ataque alcanzó a rozar su brazo antes de completar la barrera.
-¡Jajaja! ¡Ahí lo tienes Faraón! Eso es lo único que te darán tus amigos, problemas.
-¡Cállate! –Tea se rasgó su suéter para vendar el brazo de Atemu- ¿Estás bien?
-Hay un poder aumentando la fuerza del Ojos Rojos –jadeó el Faraón- Y crece cada vez que ataca sin alterarle su centro de equilibrio. Eso jamás lo había visto en ninguna carta. Tiene que ser la Carta del Dragón Omega, tiene que serlo. Es el único dragón que puede fortalecer a otro sin perder poder –se volvió a los demás- Vayan por Yugi, yo distraeré lo suficiente al general para que ustedes pasen por el portal. ¡Háganlo!
-¡No tan rápido, Faraón!
Miskra sacó su espada curveada, lanzándose sobre Atemu que le salió al encuentro mientras los tres dioses atacaban por tiempos al Dragón Negro de Ojos Rojos. Marik jaló a Tea y Serenity, llamando a Ryou, Tristán y Joey.
-¡Vámonos ya!
Todos echaron a correr hacia el portal. Atemu atacó a Miskra con una serie de estocadas con el fin de distraerle, lo mismo que los tres dioses egipcios que sujetaron al Ojos Rojos para darles el tiempo suficiente a entrar por el portal. Justo cuando ponían un pie dentro, fueron despedidos por un par de alas rocosas que brotaron de la nada. Una gárgola de piedra salió, trayendo consigo a un atemorizado Yugi en brazos.
-¡YUGI!
-¡JOEY!
Ozha les reunió. De inmediato Marik se preparó para atacarle pero la gárgola negó con su cabeza.
-No soy su enemigo.
-¡Sí que lo eres!
-Hablemos después –Ozha se giró al Faraón- ¿Dónde está Seto? Solo él puede ayudar al Faraón.
-¿Qué?
-Joey, ordena a la carta detenerse.
-Escucha, tu monstruo…
-¡Ordénale!
Joey le miró confundido. Atemu cayó pesadamente al suelo, con una severa herida en el costado, hecha por la espada de Miskra que corrió para rematarle. El Dragón Alado de Ra graznó en agonía cuando el Ojos Rojos quebró sus alas como si fuera una vara seca, enterrando con una garra la cabeza de Slaifer en la arena y destruyendo el brazo de Obelisk que trató de rematar en su contra. Ozha jaloneó a Joey.
-¡Ordénale!
Un haz de luz dorada lanzó lejos a Miskra aunque se puso de pie de inmediato. El dragón negro miró al grupo.
-¡Ordénale!
Joey se plantó frente a los demás. Pasando saliva, levanto una mano al dragón.
-¡Te ordeno que te detengas!
Miskra bufó divertido.
-¡Destrúyelos Ojos Rojos!
El dragón no dudó en obedecer al general, abriendo sus fauces para alimentar un fuego aún más candente. Atemu se levantó pesadamente, sacando su espada dorada y haciendo brillar su ojo en su frente, mientras entonaba un conjuro antiguo. Miskra se volvió a él, gruñendo.
-¡JOEY, ORDÉNALE!
-¡Eso es lo que hice maldita sea!
-¡NO LO HICISTE BIEN!
El rubio se mesó los cabellos, todos echaron a correr para huir del inminente ataque. Las espadas del general y el Faraón chocaron con furia.
-¡ORDÉNALE!
-¡ARGH, MALDITA SEA, NO SE COMO!
El Dragón Negro de Ojos Rojos elevó sus alas, extendiéndolas por completo mientras su pecho se inflaba para reunir todo el aire posible antes de expulsarlo en forma de fuego piroplástico sobre el grupo que corría con todas sus fuerzas. Slaifer se interpuso pero su cuerpo fue carbonizado, Obelisk hizo lo mismo mientras el Dragón Alado de Ra transformado en fénix se arrojaba contra el dragón negro. Ninguno de los dos tuvo éxito. Las llamas consumirían a Yugi y los demás.
-¡CUIDADOOO!
Todos se cubrieron con sus brazos pero ningún fuego les alcanzó. Asombrados, se descubrieron para ver a un igualmente dragón blanco puro que desaparecía aquellas llamas como si fuera un simple viento. El Ojos Rojos retrocedió al verle, mientras que el dragón blanco parecía aumentar de tamaño, abriendo sus fauces para lanzar un rugido que cimbró aquellas dunas. Las cartas volvieron a la mano de Miskra que dejó al Faraón para cruzar el portal antes de que aquel rugido desapareciera el arco mágico. Finalmente, el dragón se volvió al grupo, mostrando sus penetrantes ojos azules. Ozha sonrió.
-Hola, Seto.
El dragón empezó a encogerse en medio de una suave neblina hasta que no hubo más que el antiguo sacerdote que ayudó a Atemu a ponerse de pie.
-¿Estás bien?
-Gracias, no debiste hacerlo.
-No importa, hecho está.
Respirando aliviados, los demás sonrieron. Yugi se abrazó a Joey.
-¡Sabía que vendrías por mi!
-Claro…
Con su sonrisa típica, Yugi se volvió al Faraón.
-Gracias, Yami por haber hecho esto, espero que tus cartas no hayan sido dañadas. Lo lamento mucho.
-Nada tienes que lamentar, aibou. Los dioses egipcios están bien. El dragón blanco fue de gran ayuda –respondió Atemu mirando a Seth.
-Fue una imprudencia total venir así, tan desprevenidos y obligando a Seto a usar su poder cuando aún está inestable.
-¿Inestable? –inquirió el Faraón- Pero, yo…
-Aún no está equilibrado, necesita de un eslabón más para conseguir su regreso.
-¡Un momento! –gruñó Joey- ¡Tu maldita gárgola parlante! ¡No puedes venir con Yugi como tu prisionero y hablarnos en ese tonito!
-¡Pero él me sacó del Palacio de Irkalla! –exclamó Yugi, mirando a Ozha- El también quiere huir de Irkalla y ayudarnos, Joey.
-Hm…
-Vámonos de aquí, tengo entendido que el Faraón construyó un sitio protegido con el poder de los dioses.
-Este monstruo sabe mucho –murmuró Tristán a Ryou.
-El Faraón necesita descansar por si no se han percatado –Seth les miró con severidad- Pueden lanzar sus aguijones en casa.
Nadie ya dijo nada, Atemu trajo de vuelta a sus monstruos de duelos y todos marcharon de regreso al pequeño templo donde ya les esperaban los demás con algo de preocupación.
-¡YUGIIII!
-¡ABUELITOOOO!
-¡Lo lograron! ¡Lo lograron!
-¡HOOOONK!
Atemu llamó aparta a Ozha y a Seth.
-¿Qué fue eso de el último eslabón?
-Hay peligro, Faraón. No mentiré al decirte que esto me lo dijo el mismo Irkalla, pero desafortunadamente son ciertas sus palabras –la gárgola miró a Seth- Pudiste detener su maldición al poner una sola esencia al mando pero no durará. Sabes bien que el dragón blanco necesita al dragón negro. Lamentablemente el dragón negro no está disponible, así que hay que buscar otra alternativa de equilibrio… la más cercana posible.
-¿Y esa es? –Seth arqueó una ceja.
Ozha bajó su cabeza con un suspiro.
-Me temo que lo único que se me ocurre es… pues…
-Habla.
-El eslabón del matrimonio… el rito crearía un vínculo con tu poder y así estarías a salvo.
-De no hacerlo, ¿Qué me pasaría?
-Pues caerías de nuevo en la forma en que Irkalla te puso. Pero peor aún, te convertirías en un dragón indomable que bien terminaría de destruir tu mundo e incluso podrías asesinar a tu hermanito dada la demencia que te dominaría por la maldición del oscuro.
-Eso no puede ser así.
-Lo lamento, Faraón, así lo es.
-Supongo que tienes a alguien en mente para unirme en matrimonio.
-Yo… no… no, no tengo a nadie.
-Lo temía.
-Puedes retirarte, Ozha.
-Faraón, aún hay cosas…
-Más tarde.
Ozha suspiró acongojado, saliendo de ahí para toparse con los demás que murmuraban sobre él. Joey se le puso enfrente.
-Tú y yo tenemos cuentas pendientes.
-No sabes lo cansado que estoy, Joey. Y no tengo ánimos de pelear contigo.
-Pero lo harás.
Ozha negó con la cabeza. Meiran se le acercó curiosa.
-Eres un monstruo viviente, que ciertamente no me inspiras confianza.
-Meiran… -los ojos de la gárgola parecieron alegrarse al verla aunque luego se apagaron- Bueno, supongo que todos quieren saber de mí. Pues bien, mi nombre es Ozha, Irkalla me asesinó hace ya tiempo y encarceló mi cuerpo en esta gárgola de piedra por toda la eternidad como castigo por inmiscuirme en sus asuntos. Fui… quizá sigo siendo su mascota, con quien sus hijos se divierten a costa de mi sufrimiento. No quiero causarles compasión con eso, bien lo tengo merecido. Por mi culpa Seto…
-¡Nisama está bien ahora! –exclamó Mokuba.
-Je… si, Mokuba. Pero yo guié a Irkalla hasta él. Merezco todo esto que me pasa, incluido Joey.
-¡Hey!
-¡HOONK!
Honkie llegó a él para saltar a su hombro y tallar su cabeza emplumada contra su mejilla a modo de caricia reconfortante. Ozha sonrió con tristeza.
-Pequeños, quisiera decirles que todo estará bien pero les mentiría. Nada esta bien, todo solo va de acuerdo al plan maestro de Irkalla. Ojala tenga el tiempo de cambiar las cosas antes de que sea demasiado tarde.
-Ozha… gracias por traer a mi nieto –Solomon se adelantó a él.
-No es nada, los dos dejamos de ser útiles para el dios oscuro, es una suerte que nos dejara vivos. Aunque si me lo permiten, creo que no es tan buena suerte.
-¿Por qué? –preguntó Ishizu.
-Irkalla es la maldad pura, sin remordimientos ni moral que le ate a sus acciones. Así que si algo le estorba simplemente lo elimina.
-¿Tú sabes como vencer las Cartas Malditas?
Ozha y Honkie se miraron.
-Ambos lo sabemos. Lo único malo de todo esto es que no somos nosotros quien debe hacerlo. Son ustedes y digamos que no lo han hecho bien.
-De nuevo con eso –bufó Joey.
-Como ya le he mencionado al Faraón, el dragón blanco necesita un equilibrio y yo he sugerido que un lazo de matrimonio podría lograrlo. Créanme cuando les digo que no querrán ver lo que puede pasar en caso contrario, lo que hizo el dragón negro con las cartas de los dioses egipcios se vería como un tierno cuento infantil al lado de lo que pasaría con Seto.
-Seth, querrás decir –dijo Joey.
-En fin… ¿tienen alguna pregunta?
-Yo no entiendo nada –replicó Tristán.
-Ese es un buen comienzo.
-Ozha, ¿sabes como derrotaríamos a Irkalla? –inquirió Marik.
-Ambos dragones deben unirse y acabar con su poder. Ciertamente no lo matarían pero le dejarían lo suficientemente vulnerable para que los dioses le atraparan y desaparecieran al fin. Es toda una utopía. No saben cuan fuerte se volvió ese dios con el paso de los milenios. Necesitamos más de un milagro para lograrlo, y yo solo veo que se agotan a cada segundo.
-El Faraón no pudo llevar la Rosa de los Vientos a su lugar.
-Esa era otra trampa, ese sitio ya no existe. Los dioses deben crearlo de nuevo.
-¿Y por qué no lo hacen? –quiso saber Tea.
-Sencillo, porque no saben que ha desaparecido. Ellos creen que viven en el Inframundo y que los mortales osaron invadir sus tierras. Sé que ya hay dioses que se han dado cuenta de la verdad pero… ¿creen que les interesa nuestro mundo siendo ellos inmortales?
-Irkalla puede matarlos.
Ozha se giró a Ryou.
-¿Recuerdan esas historias donde los seres humanos debían probar que eran dignos del favor de los dioses? Taran, taran, es completamente cierta.
-Pero si todos están muriendo, ¿cómo…? –Marik jadeó sorprendido- No hay humanos…
-Están despareciendo a velocidad luz –completó Ozha- Así que los dioses no escuchan ninguna plegaria, entonces no hay problema alguno y si no hay problema alguno…
-No hay Rosa de los Vientos…
-No hay ningún desastre a remediar, más que un grupo de mortales insolentes que deambulan por el Inframundo y a los cuales hay que aniquilar.
-Demonios… -masculló Tristán.
-Y que lo digas, jovencito. Estoy… alegre de estar entre ustedes pero no sé si pueda ayudarles en mucho desde que noto muchos problemas por aquí.
-Mira, Ozha del infierno…
-¡Joey!
-Lo siento, Yugi.
-Solo quiero pedirles que se mantengan unidos pase lo que pase. Y por todos los dioses, traten de ser lo más honestos posibles. Ahora, si me permiten, hasta una gárgola de piedra necesita reposar su adolorido cuerpo.
-Hay que descansar nuestras mentes –opinó Solomon- Sigamos el ejemplo de Ozha, luego comenzaremos a armar este rompecabezas.
Todos asintieron, tomando una dirección para ir a descansar. Poco después, Seth salió de donde Mokuba para llenar una jarrita de agua en una de las fuentes que Atemu levantara. El ojiazul miró su reflejo en el agua cristalina y se perdió en sus pensamientos hasta que alguien se acercó a él.
-Gracias por salvarnos –le dijo Joey a sus espaldas.
-Yo no te salvé –Seth terminó de llenar la jarrita- Salvé al Faraón. Y vete de aquí si aprecias tu pellejo infiel.
-¿Te has dado cuenta de que siempre que estoy en peligro tú apareces?
El castaño se volvió a él, ofendido.
-El papel del centro de mi universo no te funciona más, perro. Creer que lo que hago tiene por motivo tu persona es algo insolente y hasta blasfemo. Eres lo más hipócrita que Ra pueda haber visto. Estás aquí alardeando frente a mí cuando a escasos metros se halla el amor de tu vida… si hablas con la verdad, por supuesto. Tu lengua ha probado ser de cruel ponzoña.
-¿Qué es eso de que tienes que casarte con alguien?
-Vaya… -el ojiazul rodó sus ojos- No lo sé, hereje. Pero de cualquier forma no te concierne, ¿o sí?
-Sí me importa –afirmó con firmeza el rubio, mirándole a los ojos.
-Mentiroso… como siempre has sido. Si me permites, debo llevar…
-Mírame a los ojos y dime que me odias.
Seth se echó a reír.
-¿En dónde crees que estás? ¿En un drama barato? Hazte. A. Un. Lado.
-No lo haré, hasta que tú y yo…
-Te prohíbo mencionarnos en la misma línea, infiel –el ojiazul le tronó los dedos- Anda, perrito, perrito, Yugi está silbándote para que vayas a lamerle sus pies.
-¿Seth? –llamó Atemu desde lejos.
El antiguo sacerdote pasó de largo con una mueca burlona mientras Joey gruñía con los puños apretados. Atemu apareció por una esquina, lanzando una mirada de advertencia al rubio antes de seguir los pasos de Seth pero Joey les detuvo.
-¡Ustedes dos ya me tienen harto! –gritó, despertando a los demás- ¿Quiénes se creen? ¿Eh?
-¿Qué estás tratando de decir? –Atemu se volvió.
-Faraón, no…
-¡Ya me harté! ¡Eso es lo que pasa! ¡Siempre es mi culpa! ¡Siempre soy el único que comete errores! ¡Pues sepan que ustedes dos también han hecho miles de estupideces!
-¡Oh, por favor, déjame iluminar tu mente, Joey!
Atemu caminó en furiosas zancadas hacia Joey que se preparó con sus puños para atacarle. Yugi y los demás salieron a ver que sucedía. El rubio le dio un empujón al Faraón que no se movió, clavando sus ojos violetas con enojo sobre aquél.
-¿Eso es lo mejor que puedes hacer?
-Yami…
-Chicos –gimió Tea- ¿Qué están haciendo?
-Por todos los cielos, viejo. Cálmate.
-Mi señor, por favor. No deberías pelear…
Ishizu quiso interponerse pero Marik le detuvo justo a tiempo cuando Joey y Atemu intercambiaron un par de puñetazos que cayeron sobre ambos por igual. Yugi miraba horrorizado la escena sin comprender la razón de la pelea, lo mismo que el resto. Salvo Ozha y Honkie cuya tristeza en sus expresiones era más que evidente. Tanto como el rubio como el Faraón se separaron. Nadie habló, temerosos de hacer estallar algo peor.
Todo estaba en tenso silencio, Joey y el Faraón frente a frente sin moverse ni un centímetro. El rubio no despegaba su vista de los ojos violetas de Atemu que de igual manera le dirigía una mirada de pocos amigos –si no es que enemigos- y no parecía menguar en lo absoluto. Tea iba a moverse pero Tristán le detuvo. Una vez más, ya nadie se atrevió a hacer nada.
-Entonces, Joey, ¿Qué harás? –tronó la voz del Faraón- Bien has estado haciendo error tras error y esta vez ya has ido demasiado lejos. Si vas a estar empeñado en destruir lo que trato de salvar será mejor que te elimine de una buena vez.
-Ah, claro y te quedas con todo, ¿no?
-Tanto te importara…
-Mira, Atemu…
-¡NO! Tú eres quien debe mirar, Joey. Te lo dije antes de que todo esto pasara pero sigues sin escuchar ni aprender. Ya no más, se acabó. O haces lo que digo y te alejas o mueres.
-¡El que se morirá serás tú!
Joey se abalanzó sobre Atemu quien sin inmutarse le recibió su puño solo para darle un giro y torcer su brazo, obligándole a darle la espalda, cosa que aprovecho el Faraón para tensar más su brazo y luego arrojarlo cual muñeco al suelo sin mucha consideración. Los demás contuvieron el aliento. Atemu avanzó sobre el rubio quien apenas se levantaba para propinarle un par de certeros golpes en su mandíbula y rostro con movimientos propios de un marcialista. A dos manos, el tricolor empujó al aire a Joey quien hizo un arco en el aire y cayó pesadamente en el suelo de loseta.
-¡FARAÓN! –gritó Tea muy asustada.
Atemu siguó a Joey y le levantó por el cuello, apretando su garganta. Se acercó lo suficiente para no ser escuchados por el resto.
-¿Por qué no peleas? ¿Acaso perdiste tu valor o es que Yugi no es tu verdadera razón? Seto murió por tu culpa y estoy tratando por todos los medios de que su esencia no se pierda. Si lo quieres, dilo ya con sinceridad… pero si no es así, Joey, créeme, te mataré. Solo estás acabando con él sin piedad alguna.
-Tú… cof… tú…
-Voy a unirme a Seto, para que lo sepas. Estoy decidido, ambos estamos bien muertos y así podremos ayudarnos mutuamente, más yo que le podré proveer con eso parte de mi alma para subsistir. Si tienes una mejor opción, soy todo oídos… pero ya no quiero más de tus estúpidos pensamientos de niño malcriado y caprichoso… de un perro miedoso.
El Faraón le soltó sin más. Dándose media vuelta, se encaminó hacia donde Seth le miraba abrazando a Mokuba, sin mirar a nadie más que al ojiazul. Ishizu le siguió de inmediato al igual que Odión y Marik. Tea, Serenity, Ryou y los demás, por su parte, corrieron al rubio.
-¿Estás bien?
Joey tosió un poco.
-He estado mejor…
-Pero, Joey, ¿cómo es que están peleando de esa manera con Atemu? ¡Es nuestro amigo! Y no estamos como para hacer esto entre nosotros –le recriminó Yugi con lágrimas congeladas en sus ojos- Joey, ¿qué es lo que pasa entre ustedes?
-Yo…
-Asesino.
Todos los pares de ojos se levantaron hacia Mokuba. El rubio suspiró.
-Moki, te juro…
-Mataste a mi hermano y no te basta con eso, eres un maldito desgraciado. ¿Sabes algo? Espero que Yugi se muera para que sientas lo que es perder a alguien.
-¡Mokuba! –Serenity abrió sus ojos asustada.
-Si supieras lo que es en verdad tu hermano… ni siquiera Kaho tiene tanta maldad…
El pelinegro echó a correr a donde Atemu. Joey tomó aire y se puso de pie al fin, sacudiéndose sus ropas. Tea iba a decirle algo cuando miró a Makyo frente a ellos. Contrario a lo que esperaban, el anciano le tendió un pañuelo al rubio para limpiar su rostro de la sangre.
-Gracias… -musitó perplejo Joey.
-De nada –el jardinero se dio vuelta para regresar a su cama.
-Déjenme –ordenó el rubio, empujando a todos, hasta Yugi.
-Pero…
-Quiero estar solo.
-¿Qué es lo que está pasando, hermano?
-Por favor, Tristán. Es en serio, déjenme solo. Por favor.
-Joey…
-Yugi, luego te alcanzo.
Intercambiando una mirada, todos se marcharon, dejando al rubio limpiándose la sangre y rumiando sus pensamientos.
-¿Por qué sigues haciendo eso, Joey? –salió Ozha de entre las penumbras con Honkie en el hombro.
-¡Ah! ¡Tú!
-Hooonk…
-¿Qué ganas con esa situación?
-¿De qué rayos me hablas?
-¿Sabes por que la carta no te obedeció?
-Supongo que tú si lo sabes.
-Honk.
-Joey –Ozha le puso una mano rocosa en su hombro- ¿Por qué insistes? ¿Por qué? El dragón no te escuchó porque no usaste tu corazón.
-¿Mi corazón? –el rubio se quedó pensando, con el ceño fruncido- Espera… cuando Hades…
-Así que ya te has dado cuenta de que los dioses a ti no te lastimarán por lo que ocultas en tu pecho.
-¿Qué?
-Hooonk. Honk.
-Cuando te liberes, mi querido dragón. Cuando te des cuenta de lo que debes hacer. Ese día, serás completamente feliz y nos habrás salvado a todos.
-Pero…
-Si pudiera hacer ver a través de mis ojos, comprenderías hasta lo más obvio que pasas por desapercibido. El tiempo se agota, Joey. Estamos muriendo.
-Eso fue lo que dijo Seto cuando… estaba… estaba…
-Si escucharas… si tan solo escucharas…
La gárgola le soltó cuando se escuchó apagada la voz de Yugi llamando a Joey. Ozha levantó sus ojos verdes al rubio y luego se giró para volver a desaparecer en las sombras, envolviéndose con sus alas de piedra y tomar una posición al lado de una columnata. Para sorpresa de Joey, Honkie igualmente se transformó en parte de la gárgola. Yugi le alcanzó de nuevo, limpiándose unas lágrimas traicioneras.
-¿Joey? ¿Por qué? –Yugi tomó su mano con preocupación.
-Tenía… debía hacerlo…
-¿Seguro estás bien?
-Claro, Yugi.
-Te noto distante, confundido.
-Ah, pamplinas –Joey le sonrió antes de tomarle por los hombros para darle un beso- Como dijo la piedra esa, estamos cansados y nos hace falta dormir bien.
-Sí, gracias por el beso. Te extrañé mucho… y tenía miedo de verte pelear así con Yami.
-No debiste. Ya sabes como son estas cosas entre viejos amigos…
-Te amo, Joey.
Éste le apretó contra su pecho, tomando aire.
-Vamos a dormir.
-Fue un duelo de lo más aburridoooooo…
-Kaho, tesoro lindo, sabes bien que aún no es tiempo.
-Padre, pudimos matarlos en ese mismo momento.
-No, aún falta dar el último golpe a los dragones. Khura ya tiene todas las piezas, una vez que Joey renuncie a Seto, el tiempo final arribará y con él, mi cielo, podrás obtener tu venganza.
-¿Por qué vendrían de nuevo?
-Ah, Khura, pues muy simple. Porque vamos a estar sobre ellos. Literalmente.
Kaho y Khura rieron divertidos. Irkalla se volvió a Miskra.
-¿Cuál fue tu impresión sobre el Faraón?
-No sabe nada, milord.
-Bien, ahora dejemos que lo sepan todo. Los corazones humanos no saben que hacer cuando descubren la verdad. Por lo general, terminan matándola. Jajajajajajajajajaja…
Continuará…
