TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.

AUTORA: clumsykitty.

GENERO: Pos yaoi, que otra.

PAREJAS: Puf, muchas.

SERIE: Yu-Gi-Oh.

DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.

WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.

SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?

NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.

Gracias muchas a quienes me leen y otras tantas a quienes me dejan un review por ahí. Gachias.

BLACK: por todos los caballos, dragones, vagabundos, psicópatas, niños de la calle, esclavos, asesinos, presos y demás personajes con los que nos hemos llenado y alimentado por largo tiempo. Cosas negras y podridas forever.

¿LOCURA? ¡NO! ¡ESTO NO ES UNA LOCURA! ¡ESTO ES…! ¡L E M M ON!


jo daag tumne mujhko diya us daag se mera chehra khila

The scar you gave me; my face bloomed from it.


rakhuungi isko nishaani banaakar maathe par isko hamesha sajaakar

I'll make of this a keepsake, and decorate my forehead with it forever.


o pritam o pritam bin tere mere is jivan mein kuchh bhi nahin

O darling, o darling, without you there is nothing at all in my life,


nahin... kuchh bhi nahin

no... nothing at all


bite lamhon ki yaadein lekar bojhal qadmon se voh chalkar

Taking memories of past moments, going with heavy steps,


dil bhi roya aur aankhein bhar aayi man se aawaaz hai aayi

the heart wept and the eyes welled up; the spirit cried out.


vo bachpan ki yaadein vo rishte vo naate vo saawan ke jhule

Those childhood memories, those bonds and those affections, those promises of everlasting love


voh hansna voh hansaana voh ruuthkar phir manaana

Laughing, making him laugh, fighting and then making up;


voh har ek pal mein dil mein samaayi diye mein jalaaye

each and every moment of love, burning like a lamp in my heart;


le ja rahi huun main le ja rahi huun main le ja rahi huun

I am taking it with me, I am taking it with me, I am taking it with me!


o pritam o pritam bin tere mere is jivan mein kuchh bhi nahin

O darling, o darling, without you there is nothing at all in my life,


nahin... kuchh bhi nahin

no... nothing at all


hamesha tumko chaaha aur chaaha aur chaaha...

I always loved you, loved you more and more


haan chaaha chaaha chaaha chaaha

Yes, I loved


bas chaaha chaaha chaaha chaaha

I just loved


haan chaaha chaaha chaaha chaaha

Yes, I loved


aur chaaha chaaha chaaha chaaha...

I loved more and more...

... (Hamesha Tumko Chaaha, Devdas)

CAPITULO XXVI. OUROBOROS.

-¿Por qué estás aquí?

-Porque necesito saber algo.

-¿Saber? ¿Estoy yo dispuesto a responder?

-¿Realmente amas a Atemu?

-Esa respuesta solo la conoce mi corazón. Solo a él respondo.

-No lo amas, ¿verdad?

-Tu inquietud no me antañe. Será mejor que te marches pues una amenaza de muerte se cierne sobre tu alma pecadora. Y manchas con tu presencia mi matrimonio.

-Esas palabras no las dices sinceramente.

-¿Qué es lo que te preocupa? ¿Verme feliz? ¿Saber que no eres el centro de mi vida?

-…

-Adiós, infiel.

-Seth…

El sacerdote ya no le escuchó. Se dio vuelta para rodear la tienda y dirigirse a un paso calmado a donde Marik e Ishizu quienes le sirvieron un pequeño plato de comida hecha por ellos. Mokuba, Makyo y Ozha se les unieron.

-¡Joey! –le llamó un cariñoso Yugi- ¡Se enfría y está muy bueno!

Con un suspiro de resignación, el rubio se unió a su grupo de amigos que ya comía entre risas y comentarios alborozados sobre la próxima ceremonia a realizarse.

-Jamás imaginé ver una auténtica boda real egipcia –decía Tristán masticando apurado.

-Y entre Atemu y Seth. Wow.

-Bien dicho, Ryou. Por lo mientras, debo decir que me gusta el comienzo.

-Jajaja, eres un glotón.

-Tea, sin indiscreciones.

-Recuerden que no solo es una boda, sino un rito de unión para permitirle al Faraón extender su protección sobre el Dragón Blanco e invertir la maldición de Irkalla –comentó Solomon.

-Bodas o dragones, esto está buenísimo. ¿No te parece Joey, amigo?

-Sí, Tristán.

-Imagina, hermano, cuando podamos hacer una para ti y Yugi –rió Serenity.

Coros y aullidos burlones no se hicieron esperar. Yugi se sonrojó mientras que Joey hizo su mejor esfuerzo por sonreír. Tristán le atrapó entre sus brazos para alborotarle sus cabellos. El rubio quedó mirando justo al ojiazul que le igual le observó.

Lejos de ser una mirada de desprecio e indiferencia, era más bien de tristeza… y angustia. Un azul zafiro que Joey conocía bien… porque ya se había visto en esos ojos antes.

Todo se congeló para el rubio ante la realización de ver la verdadera mirada escondida ante él.

/Seto…/

Todo este tiempo, siempre había sido Seto.

Seth jamás había vuelto.

-Amigos míos, familia mía. Que este banquete sea un preludio favorable a los ritos de matrimonio que hemos de celebrar –dijo Atemu de pie en medio de todos- Ra nos bendiga y permita que Seth y yo nos unamos para toda la eternidad.

-¡Vivan los novios! –gritó un jubiloso Tristán. Los demás rieron.

-Y ahora, habremos de iniciar.

Asintiendo, los Ishtar se encaminaron a los demás para darles las finales instrucciones sobre lo que tenían que hacer. Todo el grupo se hallaba sumamente emocionado, salvo dos pares de ojos que se miraban furtivamente, más una mirada color miel que comenzó a desesperar.

El Faraón se dirigió a donde Marik y Odión quienes con una reverencia le siguieron dentro de su tienda. Joey se metió las manos a los bolsillos para calmar sus inquietas manos. Sintió esa mirada de nuevo y se giró para descubrir a Seto con sus ojos azules fijos en él. Los demás ya se habían retirado presurosos. El rubio miró a todos lados antes de dar un paso hacia el ojiazul pero Ishizu salió de la tienda donde estuvieran las cosas para Seth, llamándole.

-Es hora.

Joey simplemente se quedó ahí, confundido y azorado. La risa de Yugi y Tea le hizo volverse a la tienda donde éstos conversaban. Por última vez echó un vistazo hacia el castaño a tiempo para verle antes de que la egipcia cerrara por completo la tienda. Por una fracción de segundos, ambas miradas se conectaron y el rubio sintió enormes ganas de correr hacia Seto al ver los ojos de éste humedecerse.

Joey…

-¡Joey! ¿Qué esperas? –le llamó Yugi.

La tienda se cerró, dejando solo a Joey. Apretó los dientes y se giró de manera brusca para echar a correr hacia Yugi dentro de la tienda.


Meiran, Serenity y Tea seguían en fila a Ishizu quien sostenía una pequeña lámpara de incienso a un paso ceremonioso y calmado. La fila rodeó el fuego en el centro del improvisado templo y luego se dirigió a donde Seth esperaba tras unas delgadas cortinas blancas.

La egipcia elevó la lámpara, haciendo un lento círculo frente al ojiazul quien era descubierto de las cortinas por el resto de las mujeres que tomaron las flores dispuestas en el suelo para desprender sus pétalos y hacer un camino para Seth. El cántico suave y acompasado de Ishizu precedió su mano ofrecida al castaño para ponerse de pie.

Joey no podía despegar su vista de Seto. El arreglo que Ishizu hiciera en el, terminada de darle ese aire místico que su aspecto ya reflejaba. Su blanquecino traje de boda adornado y bordado en hilos de oro y plata con las muñequeras y tobillos que tintineaban a su andar así como la lustrosa diadema en su cabeza y de la cual caía su largo velo, hacía juego con su pectoral, cinturón y aretes que brillaban como por una luz inexistente.

Los pies descalzos pero decorados con el sánscrito egipcio del ojiazul pisaron la alfombra de pétalos dejas por las jóvenes, caminando hasta el pequeño altar donde el Faraón ya le esperaba, igualmente vestido en su galas reales y ostentando el látigo y el cayado divinos. A su lado, se hallaban Odión, Marik, Ryou y Solomon. Los cuatro comenzaron a responder al cántico de Ishizu, iniciando ya con ello la ceremonia matrimonial.

-¿Hoonk? –chilló bajito Honkie en brazos del rubio.

Éste contuvo su respiración cuando el castaño pasó a su lado. Esos ojos azules de nuevo le miraron como diciendo miles de cosas en unos breves segundos, cosas que Joey entendía. Cosas cuyo nombre él estaba dejando ir. Seth siguió su marcha y Joey suspiró, bajando su mirada. Un apretón suave de manos le hizo ladear su rostro a Yugi quien le sonrió inocentemente.

Joey le correspondió sintiendo como se despedazaba por dentro.

Atemu tomó la mano blanquecina y llena de adornos propios de la ocasión de un ausente Seth. La fila de mujeres se unió a la de los varones que acompañaban al Faraón, haciendo un círculo alrededor de los novios. Atemu le sonrió al castaño y comenzó un himno religioso mientras su mano libre lanzaba a una charola a sus pies las dádivas a los dioses, pidiendo su bendición para el matrimonio. Marik le pasó un pergamino donde el Faraón inscribió el nombre en egipcio de Seth y el suyo, usando su magia para formar un sello divino alrededor antes de pasárselo al ojiazul, juntando las manos de ambos.

Todos sonrieron emocionados y listos para escuchar lo que vendría, los votos matrimoniales. Atemu les miró, deteniéndose un poco en Yugi que abrazaba a Joey.

-Prometo que mi aliento será para ti, que mi corazón solo latirá para ti. A partir de este día, mi vida de une a la tuya como el mar se une al cielo en el horizonte. Mi alma y mi cuerpo solo tendrán una esencia que es la tuya. Ra, en el cielo divino es mi testigo del amor que aquí profeso. Que su ira caiga sobre mí, que me arroje a los pantanos del tormento eterno y sea destrozado mi espíritu si llego a lastimarte.

Seth le miró unos instantes y luego tomó aire para decir sus votos mientras los demás arrojaban un puñado de pétalos sobre ellos antes de volver a formar el círculo. Joey y Yugi quedaron ahora detrás de Atemu. El rubio se topó de nuevo con esa mirada azul llena de tristeza.

Hubo cierta pausa silenciosa antes de que Seto comenzara. Joey sintió su mirada de lleno sobre él, dejándole paralizado.

-Yo te he amado, con tanta fuerza y a cada aliento mío por todos los días de mi vida, a nadie más que a ti, a nadie después de ti. Mi corazón te adora con cada latido, y para siempre he de vivir sintiendo ese palpitar. Mi vida sin ti está vacía, incompleta. Por eso nunca jamás dejaré de amarte. Sin ti, no soy nada, nada en lo absoluto. Solo un vacío. Junto a ti es donde debo estar, donde quiero estar. Siempre he de amarte, Ra lo sabe porque le negué mi corazón para entregártelo.

Un cierto escalofrío recorrió la espalda de Joey. Su pecho se agitó un poco. Quería grita y detener la boda; quería desaparecer de ahí o morir de súbito. Quería tantas cosas pero lo único que hizo fue permanecer ahí, soltándose de esos ojos azules que igual le abandonaron para terminar con los ritos. Atemu le obsequió un anillo nupcial a Seto y con ello dieron por cumplida la ceremonia. El Faraón le sonrió cordial al castaño y le besó ambas manos con reverencias.

Todas las jóvenes arrojaron el resto de los pétalos mientras que los demás corearon versos de celebración y fiesta. Ishizu fue la primera en felicitarlos y pronto ambos recién casados eran abrazados por todos. Makyo no ocultó sus lágrimas de felicidad cuando fue su turno, dándole un apretado abrazo a su señor. Al hacerlo, se percató que Joey se dirigía a ellos para hacer lo mismo.

-Estoy tan feliz, amo Kaiba. Al fin has encontrado alguien que te querrá como debe ser. Sé feliz, amo –le susurró.

-Gracias… Makyo.

Éste siguió abrazándole. Joey tosió un poco para llamar la atención de ambos pero Atemu ya llegaba donde Seto.

Hay que celebrar, y como dice Tristán, comer como se debe –rió, mirando a Makyo- ¿Puedo llevarme a mi pareja?

-Por supuesto, Su Majestad.

-Jejejeje, solo Atemu. Gracias por cuidármelo. Seth, vamos.

El ojiazul apenas pudo girar su rostro un poco para mirar a Joey. Mokuba y Tristán se interpusieron alborozados y pronto su júbilo contagiaba a los demás que siguieron a la pareja a donde la comida ya esperaba entre risas y bromas.

-¿Joey, no vendrás? –Yugi tomó suavemente su mano.

-Claro, Yugi. Es una comida como no habíamos probado antes.

-Y además nuestros amigos se han casado. Seto se ha salvado, tú y yo estamos juntos. Ya todo está bien.

-Sí… -el rubio desvió su mirada unos segundos- Todo está bien.

A lo lejos Ozha solo atinó a suspirar abatido. Bajó del pilar desde donde estuviera observándolo todo para reunirse con los demás que festejaban a los novios. Honkie le chilló, bajando de los brazos de Joey para ir con él. Ambas criaturas se miraron.

-Sí, lo sé –dijo Ozha- Cuando el corazón es prisionero, la verdad es mentira.


Atemu y Seth estaban solos en su habitación, mirándose uno al otro sin decirse nada y sin moverse tampoco de sus lugares, el Faraón sentado en una silla frente a la cama y Seth sentado en la orilla de la misma. Un fuego de incienso se quemaba silencioso en las cuatro esquinas mientras que lámparas improvisadas iluminaban la recámara.

Al fin, el tricolor rió.

-Es extraño, ¿no? Parecemos dos perfectos desconocidos que no tienen nada que decirse.

-Lo lamento, pero no tengo nada que decir.

-Ni yo tampoco.

Tomando un poco de aire, Atemu se puso de pie solamente para ir a sentarse al lado de Seth quien ladeando un poco su cabeza le miró curioso.

-¿No vamos a hacerlo?

-Jajaja, no lo tomes a mal, Seth, pero tienes poco tacto em… romántico.

-Deben estar escuchando –dijo el ojiazul señalando con un dedo a las puertas cerradas.

-No, todos estaban cansados y después de tanta conmoción al fin sus cuerpos encontraron una cama y techo seguros donde descansar.

-En otras palabras, están roncando como cerdos.

El Faraón se carcajeó.

-Digamos que sí. Seth, tienes un humor muy negro.

Éste se encogió de hombros, arreglando su sari blanco.

-Es la verdad.

-¿Tú no estás cansado?

-Quizá pero no tengo el ánimo de dormir.

-Deberías –Atemu le arregló unos cabellos sueltos- Es un honor estar contigo.

-Las zalamerías no van con un regente divino.

-¡Jajajajaja! –el tricolor negó con su cabeza- Gracias por corregirme.

-¿Qué quieres hacer?

-Bueno, tengo que decirte que algo me inquieta. Creo que el General de Irkalla anda cerca y me gustaría cerciorarme de que estamos a salvo. Una cosa fueron los Pilares y otra muy diferente la mano derecha de Irkalla que ahora parece ser el mismísimo Bakura.

-Pues adelante.

-Es que no se me hace cortés… tú sabes… dejarte en nuestra "noche de bodas".

Ahora fue Seth quien rió discreto.

-Me arrojaré a la primera ventana que vea por la afrenta. Vamos, Faraón, tengo tu alma unida a la mía. No creo que por una noche que te marches a protegernos a todos vaya yo a sentirme cual doncella difamada. Vete, que Ra te proteja y no olvides que debes volver. Aún hay cosas por hacer, tenemos que salvar un mundo.

-No lo olvidaré –le sonrió Atemu- Me voy, descansa.

-Intentaré.

Atemu salió de la recámara en silencio, cerrando las puertas tras él. Seth, por su parte, recorrió su habitación con un gesto de aburrimiento y luego se recostó en la cama, cerrando sus ojos. Se sentía como en una barca sobre un mar tranquilo pero sabiendo que estaba en el ojo de un huracán. No estaba seguro de que ocurriría después ni tampoco quería meditarlo mucho porque siempre había un nombre que saltaba entre sus reflexiones.

Joey.

Seth suspiró un poco. Ese rubio invadía su mente por más que buscaba sacarlo de ahí. Invadía sus sentimientos por más que trataba de odiarle. Era una necedad, aunque no estaba seguro si de Joey o suya. Pero el hecho era que le inquietaba constantemente.

El ojiazul se removió. Pensar en ello le producía sensaciones que no controlaba y era mejor dejarlas en paz antes de que algo ocurriera. Respiró profundamente para calmarse y buscar dormir como le había sugerido el Faraón. Simplemente no podía, poco a poco, iba sintiendo como si un tambor dentro de él comenzara a retumbar en su ser con una oleada de calorcillo que lejos de ser incómodo era reconfortante. Seth se giró en su costado. Puso su mente en blanco para ya no pensar en nada y dormir de aburrimiento pero esa sensación solo tomó fuerza. Un poco desesperado, el castaño se quedó boca arriba y abrió sus ojos.

De nuevo ocurría, pero de manera diferente. Su sangre comenzaba a hervir o eso le parecía, como si estuviera dentro de un horno y no una recámara. Jadeó un poco y cerró sus ojos esperando a que todo pasara.

No fue así.

Un hormigueo apareció, recorriendo toda su espalda. Arqueándose un poco, Seth se removió más inquieto, lamentando haber dejado ir a Atemu.

/No…/

No era a Atemu a quien quería. Era a Joey.

-Joey…

Un gruñido fue la respuesta a sus palabras casi mudas. Como de rayo, se sentó para encontrarse con un rubio mirándole fijamente. Seth se quedó sin palabras. Joey tenía casi rojos sus ojos y sus manos empezaron a tornarse negras a la par que unas garras oscuras nacían de sus uñas. Con sorpresa para el ojiazul, el rubio también sudaba como si estuviera bajo un sol ardiente y respiraba con dificultad.

-Joey…

Éste casi le saltó encima, desgarrando las delgadas cortinas que envolvían la cama y que se enredaron entre sus cuerpos cuando el rubio le abrazó con fuerza para robarle un largo beso apasionado. Ese calor se hizo más insoportable y el aire le faltó al castaño. Joey le liberó sus labios para atacar su cuello. El ojiazul despedía un aroma intoxicante que estaba provocando un deseo en el rubio con una magnitud sin precedentes. Tenía que poseer a Seth.

Y tenía que poseerlo ya.

Un débil gemido escapó de los hinchados labios de Seto al tiempo que abrazaba por la espalda al rubio, como queriendo desgarrar sus ropas y verle desnudo. Sentir su piel sudorosa y llena de un aroma exótico y provocativo. Sus ojos azules brillaron y de sus propias manos brotaron garras pálidas que cortaron la tela de la ropa de Joey, haciendo también unos rasguños que sangraron. El rubio siseó ante el dolor que lejos de distraerle solo le proporcionó más placer, mordiendo ahora la blanca piel del castaño que descubría frenéticamente, peleando con los adornos dorados que impedían el curso de sus labios en ese cuerpo que se contorneaba al ritmo de sus caricias.

Trozos de tela fue lo que quedó de aquellas manos ansiosas de explorar el cuerpo del otro, como si siglos hubieran pasado entre ellos antes de este encuentro. Los besos se hicieron más fervorosos. La mano del ojiazul fue directa al miembro de Joey para apretarlo, masturbarlo; teniendo una pronta respuesta y las fogosas caricias del rubio sobre su cuello y hombros. Ambos rodaron por la cama, rasguñando, mordiendo, besando y lamiendo como si sus cuerpos fueran a desaparecer en un instante y quisieran recordar cada milímetro de piel, cada gemido y jadeo que llenaba la habitación.

No había gentilezas sino una ansiedad desbordada. Seto le rodeó con sus piernas la cintura de Joey al tiempo que éste le sentaba sobre su regazo, gruñendo al sentir su ya duro pene rozar apenas al entrada del castaño que provocativo rehuía de ser dominado. Ambos se miraron jadeando y con sus ojos brillando de deseo y desesperación. El ojiazul le besó de forma violenta al tiempo que se dejó caer sobre aquel órgano viril de un solo golpe, haciendo a ambos gritar tanto de dolor como de placer.

Los ojos de Seto se hicieron por completo azules así como los ojos de Joey se tornaron rojos como la sangre viva. Garras negras y blancas se entrelazaron al tiempo que sus cuerpos iniciaban un vaivén lento. Sus lenguas entrelazadas en un juego de poder y ese calor exquisito lleno de placer puro rodeándoles. El castaño le rodeó el cuello, abrazándole con fuerza mientras se arqueaba al sentir ese goce doloroso nacer dentro de él y que sus gemidos constataban. El rubio lamió el cuello ofrecido, tomando aquellas caderas para hacer más profundas las embestidas, dirigiendo un ritmo más acelerado.

Se sentían completos, invencibles… eternos.

El ojiazul lanzó un gemido largo cuando el miembro de Joey presionó certero su próstata, enviando una descarga eléctrica por todo su cuerpo como una ola de placer gigante. Sus garras se clavaron en los hombros del rubio lo suficiente para dejar heridas profundas. Aquellos hilillos de sangre que escapaban fueron lamidos por Seto mientras era observado por un extasiado rubio que no podía despegar su vista de aquella imagen erótica que él mismo provocaba.

-¿Qué tanto miras?

Joey parpadeó confundido, jadeando un poco.

-¿Ves algo interesante?

Seto le miró por el rabillo del ojo unos segundos antes de volver su vista a la carpeta de piel que sostenía entre sus manos y donde había unos papeles que firmaba elegantemente. Joey le observó por segunda vez. Estaba parado frente al enorme ventanal de lo que parecía una nueva oficina principal de CEO de Kaiba Corp., vestido en un pulcro traje blanco de seda con una corbata azul cielo y unos finos lentes para escritura.

-Parece que el ratón le comió la lengua al cachorro.

El rubio bufó divertido por alguna razón. El castaño se veía tan bien como siempre pero eran innegables aquellas leves arrugas en su rostro, signo de la edad madura que no le había arrancado a sus cabellos castaños su finura ni pulcritud con que se hallaban arreglados.

Joey dio unos pasos hacia él. Kaiba le volvió a mirar de reojo y pudo distinguir una leve casi minúscula sonrisa traviesa, bien disimulada. El rubio quedó detrás de él y pasó sus brazos alrededor de su cintura, dándole un beso en su mejilla.

-¿Qué pasa, cachorro? ¿Extrañas a tu amo?

El rubio se encogió de hombros. Seto bufó, cerrando su carpeta y quitándose sus lentes para descansar su cabeza en el hombro de Joey, mirando hacia la ventana. El rubio siguió su mirada, quedando asombrado de su propio reflejo. Sus cabellos largos con algunos mechones plateados apenas asomándose en sus sienes cayendo graciosamente sobre sus hombros, una barba de candado bien afeitada, cejas gruesas de unos ojos que a la luz vespertina brillaban como el oro puro acompañando su sonrisa feliz de un Joey maduro y sereno vestido en un traje negro de corbata roja.

-Dime, Señor Wheeler, ¿no crees que nos merecemos unas largas vacaciones en alguna cabaña escondida en las montañas luego de cuidar de nuestros demonios?

-No lo sé, Señor Kaiba, ¿exactamente de que tipo de vacaciones hablamos? –se escuchó decir en una voz gruesa y aterciopelada.

-Unas que nos den un descanso merecido –el ojiazul giró un poco su cabeza para darle un suave beso en su cuello- Después de todo, es tu culpa haber adoptado media docena de torbellinos por hijos y esperar que nada pasara en nuestras vidas.

-Valió la pena.

-Como todo lo que hacemos juntos –ronroneó Seto con un leve mordisco al lóbulo de su oreja.

-Señor Kaiba, no despierte al dragón que luego no podrá contener.

-Ah, veamos si acaso tú puedes domar a mi dragón, Señor Wheeler.

Joey parpadeó confundido. Un hormigueo recorrió su espalda, sacándolo de su ensoñación. El éxtasis tocando a la puerta.

-¡JOEY!

El castaño rasguñó con fuerza la espalda del rubio cuando su orgasmo le alcanzó, los rastros de su afrodisíaco placer ensuciando sus vientres. El cálido interior de Seto se contrajo y Joey gritó a su vez al sentir su cuerpo tensarse y terminar dentro del ojiazul entre frenéticas embestidas, tratando de recuperar el aire y la razón.

Ambos cayeron, abrazados, sudados y con la evidencia de su pasión entre sus cuerpos y corriendo por los muslos de Seto que se sujetó de Joey como si su vida dependiera de ello. Cayendo ambos en la dulce ensoñación del momento, permanecieron así por un tiempo considerable mientras sus cuerpos volvían a la "normalidad", desapareciendo esas garras y formas dragoniles que nacieran durante el encuentro.

Horas después Joey sería el primero en despertar, sobresaltándose de inmediato al hallarse en plena recámara nupcial con Seto en brazos y el cual no se inmutó con su movimiento. El rubio jadeó al ver lo que había ocurrido entre ellos, sin saber a ciencia cierta como era que él había llegado hasta ahí. Dejando al castaño en la cama, se puso de pie, buscando arreglar sus destruidas ropas y la cama misma sin mucho que hacer. Pequeños hilos de sangre mezclada con semen eran visibles en las piernas de Seto.

-Oh, no…

Joey buscó en el pasillo inmediato algo con que limpiarse y limpiar al castaño, apenas encontrando un pequeño jarrón con flores. Tirando a un lado éstas últimas, usó el agua perfumada para desaparecer aquella evidencia que le hizo enrojecer hasta las orejas cuando tuvo que tomar con cuidado al ojiazul para limpiarle.

Cual ladrón de medianoche, Joey salió de puntillas de ahí con el corazón latiendole a mil por hora. No tenía el menor recuerdo de su encuentro con Seto pero lo que había visto decía mucho de lo que pasó. Culpa y remordimiento vinieron a él de inmediato. Con algo de asco y pena arrojó los trozos de tela que usara como pañuelos, manchados con su pecado y que se quemaron en silencio en la pequeña pira de fuego donde no hace mucho Atemu y Seth tomaran sus votos.

-Seto…

Casi corriendo, volvió a su recámara, vistiéndose y arropándose como un niño temeroso bajo sus cobijas, temblando un poco. Se sentía complacido, tranquilo y eso no debía ser pues prácticamente había violado al castaño –con ayuda de su parte- en su plena noche de bodas con el Faraón y a escasos metros de distancia de Yugi, su pareja, a quien podía ver durmiendo inocentemente a través de una malla de tela que dividía sus camas.

Joey apretó sus ojos, conteniendo un sollozo. Se debatía entre el placer que aún sentía y la culpa. Abrazó su almohada buscando un sueño intranquilo que le despejara de ese conflicto que se enterraba en su corazón y martilleaba su mente con ideas torcidas. Luego de varias vueltas en su lugar, por fin se quedó dormido; el aroma a flores en su piel del ojiazul le arrulló.

Seth miraba hacia donde los demás descansaban, entre ellos, Joey. Sus ojos parecían más tristes que furiosos. No tenía ninguna tela rasgada ni joya rota. Estaba tal cual Atemu le dejara, salvo quizá unas marcas en sus caderas y su cuello de unas garras y unos labios ansiosos. Ahogados pasos se acercaron a él y un beso fue depositado en su sien.

-Te dije que descansaras.

-Preferí esperarte.

-Bien, ya estoy aquí, fue una falsa alarma. Por ahora.

-Entonces descansemos hasta el alba.

-Vamos.

El Faraón tomó su mano, entrando a su recámara que no lucía deshecha ni nada parecido. Como si nada nunca hubiera ocurrido.

-Te noto más contento.

-Porque ya estás aquí.

-Jajaja, por hoy, creeré eso.

Seth levantó una mano y las llamas de las antorchas desaparecieron, dejándolos en la penumbra. Atemu sonrió.

-Tienes una magia elegante y serena. Siempre he envidiado eso.

-Hora de dormir, Faraón.

-Como tú digas, Seth.

Con un tirón de su mano, Seth hizo que el Faraón cayera en la cama junto a él y guió los brazos del tricolor alrededor suyo. Atemu se tensó primero pero luego suspiró relajándose, acurrucando a Seth en su pecho de manera protectora.

-No me sueltes –ordenó el castaño.

-No, su Excelencia.

Seth gruñó, cerrando sus ojos. El tricolor le imitó.

-Hueles a chocolate con miel.

-Deja de decir estupideces, Faraón.

Atemu sonrió, acomodándose para descansar. Seth permaneció en su posición un momento antes de abrir sus ojos a la oscuridad de la recámara. Aquellos ojos azules se humedecieron y una lágrima corrió fugitiva por su mejilla. Seth la capturó en su mano y la llevó a sus labios.

No tardó mucho en quedarse dormido.


Continuará…